60 AÑOS DE LUCHA DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO DEL MAGISTERIO

60 AÑOS DE LUCHA DEL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO DEL MAGISTERIO

La movilización magisterial en curso contra la reforma educativa ha colocado a los docentes de todo el país en la mira de los medios de comunicación y la opinión pública, pero también en la mesa de debates académicos urgentes para comprender los orígenes de la crisis del sistema educativo nacional y los antecedentes históricos de un conflicto clave en el presente. Desde 2013 se han abierto algunas vetas que nos permiten mirar al pasado reciente preguntándonos cuánto han cambiado las formas organizativas de la disidencia magisterial y las respuestas del Estado frente a las luchas de los profesores de educación básica.

Resulta pertinente recuperar la historia de la organización de izquierda de más amplia trayectoria en el gremio docente: el Movimiento Revolucionario del Magisterio (MRM), que el pasado 3 de julio cumplió 60 años de existencia.

diego 19webHacia 1956, la Sección IX del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) –el mayor gremio de trabajadores en el país desde su fundación, en 1943–, era dirigida por Abel Ramírez Acosta, perteneciente a la corriente alemanista y repudiado por los maestros de base, entre otras razones porque se valía de un grupo de pistoleros1 para imponer su criterio en la toma de decisiones sobre los asuntos de los docentes de preescolar y escuelas primarias que agrupaba, en dicha sección, a casi 15 mil elementos. En aquel periodo, la vida sindical, en la mayor parte de los gremios corporativizados por el Estado, se encontraba anquilosada. En la década de 1940, Miguel Alemán conjuró las manifestaciones de protesta y la organización independiente: reprimió con dureza a ferrocarrileros, petroleros y mineros. Fortaleció así el sindicalismo antidemocrático, represor y corrupto.2 Daba continuidad a la política de unidad nacional impulsada durante la presidencia de Manuel Ávila Camacho, cuando México entró en la Segunda Guerra Mundial, que se invocó como eje rector para consolidar la institucionalización del sistema político e impedir cualquier atentado contra la estabilidad fundada en el presidencialismo autoritario. En 1941 se incorporó en el Código Penal el delito de disolución social, con el cual se declaró antipatriota y se justificó la represión contra toda organización o persona que cuestionara las políticas públicas, pusiera en evidencia las contradicciones del modelo de desarrollo o exigiera la puesta en práctica de los principios sociales de la Revolución Mexicana.

Las manifestaciones públicas y la actividad sindical del gremio magisterial se caracterizaban por su retórica revolucionaria, contrastante con las prácticas antidemocráticas y represivas en el SNTE.3 Los cargos en comités ejecutivos seccionales y nacionales, las comisiones sindicales o las representaciones en organismos docentes locales e internacionales representaban un trampolín en el sistema político, pues permitían a los funcionarios del sindicato formar parte de la red de operadores políticos del partido hegemónico, el PRI, ocupar algún puesto público, una diputación, una gubernatura o la dirección de alguna gran corporación, como la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado, relegando a segundo término los intereses de sus representados sindicales. Para entonces, la pluralidad que debía imperar en el snte, por estatuto, había desaparecido con la participación pasiva y más bien cómplice de las corrientes “de oposición”, que incluían a los grupos de profesores pertenecientes a los Partidos Popular, encabezado por Vicente Lombardo Toledano; y Comunista Mexicano (PCM), dirigido por Dionisio Encina. El segundo vivía por entonces una crisis interna debido, entre otros factores, a que la dirección nacional estaba aislada de las luchas populares, pues consideraba oportuna la colaboración con el Estado.

Hacia finales de junio de 1956, el Comité Ejecutivo de la Sección IX convocó a una serie de manifestaciones públicas, asambleas y mítines para exigir a la Secretaría de Educación Pública (SEP), a cargo de José Ángel Ceniceros, un aumento salarial de 30 por ciento.4 La crisis económica derivada de la devaluación del peso, en 1954, había afectado el ingreso de amplios sectores, entre ellos el magisterio al servicio del Estado,5 un gremio al que, desde los inicios del gran proyecto educativo de la posrevolución, se consideró elemento fundamental para el progreso de México aunque, de modo paradójico, debía ejercer su profesión con el sacrificio de un apostolado paciente, obediente y en absoluto combativo respecto a la exigencia de sus derechos. Una cita del famoso periodista Nemesio García Naranjo resume la idea: “Hay que puntualizar claramente que todo aquel que aspire a la noble profesión del magisterio debe examinar su conciencia para ver si está dispuesto a la pobreza y al sacrificio. La vocación de la enseñanza se parece mucho a la del sacerdocio. Si le falta la voluntad de inmolación, el aspirante debe renunciar a las aulas porque éstas se hallan en el polo opuesto de la explotación comercial”.6

Desde marzo de 1956 se realizaron reuniones en las escuelas y algunas asambleas delegacionales y seccionales, se preparaba a los maestros para la lucha por el cumplimiento de su pliego de demandas. Sin embargo, en negociaciones ocultas a la base magisterial, la dirigencia seccional y el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del SNTE acordaron con la SEP el monto y las prebendas por otorgar. El 3 de julio, Ramírez Acosta convocó a una concentración en los patios de la SEP; el objetivo, se dijo en la convocatoria, era presionar por el aumento de 30 por ciento, pero en el acto se pidió a los docentes que la manifestación se convirtiera en una jornada de agradecimiento a las autoridades por el 14 por ciento concedido mediante el acuerdo a espaldas de los maestros de base. Entonces, un grupo de profesores que habían sido compañeros normalistas de Othón Salazar Ramírez, popular por su oratoria en las luchas estudiantiles en la Escuela Normal de Maestros, lo instaron a tomar el micrófono para denunciar abiertamente la maniobra engañosa de sus dirigentes.7

Tras apropiarse del mitin, los profesores se reunieron en la plaza de Santo Domingo, donde organizaron un comité que retomó y amplió el pliego petitorio con que había comenzado la organización magisterial: aumentaron a 40 por ciento el monto de la petición de aumento salarial y exigieron servicio médico digno y retiro a los 30 años de servicio, sin importar la edad del trabajador, entre otras demandas.8 Buscaron luego apoyo en la dirigencia nacional del sindicato; sin embargo, el secretario general, Enrique W. Sánchez, de la corriente ruizcortinista, cerró filas con Ramírez Acosta para desconocer las peticiones y boicotear las acciones de la nueva organización docente.9 Desde entonces, la movilización de los maestros de la Sección IX tuvo dos ejes principales: la exigencia de mejora salarial y prestaciones, y la democratización del snte.

Al finalizar el periodo de mandato del Comité Ejecutivo seccional a cargo de Ramírez Acosta, los maestros agrupados en el Comité de Lucha pro Pliego Petitorio y Democratización de la Sección IX solicitaron al CEN del SNTE publicar la convocatoria para la elección del nuevo grupo dirigente seccional, mas no obtuvieron respuesta. Ante ello, los maestros organizaron una asamblea masiva en el Rancho del Charro, el 9 de septiembre de 1956, donde eligieron a sus representantes. Tal acción generó gran conflicto, que llegó hasta el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje, cuya resolución fue el desconocimiento de la elección; instaba a los docentes a reconsiderar su “actitud rebelde”.10 El movimiento aceptó entrar en pláticas con la dirigencia nacional, que a su vez nombró una comisión coordinadora en la que invitó a participar a miembros del Comité de Lucha. Pero el interés primordial del SNTE y del gobierno federal era desactivar la participación masiva de los docentes e incorporar como funcionarios del sindicato a los principales líderes de la disidencia. De tal forma ocurrió una de las primeras rupturas en la organización iniciada en julio de 1956, pues varios elementos de la dirección aceptaron los encargos y dieron la espalda a la base. Los miembros del cuerpo directivo del Comité de Lucha que advirtieron la estrategia del sindicato y se mantuvieron en el movimiento pidieron un voto de confianza y continuaron impulsando la organización de los maestros de banquillo, exigiendo paralelamente, durante meses, un aumento salarial a las autoridades federales y la convocatoria para elecciones seccionales al snte.

Pese a las fluctuaciones de la participación docente, los profesores de la Ciudad de México no interrumpieron su trabajo organizativo durante el resto de 1956 y todo 1957. Hacia septiembre de ese último año, el Comité de Lucha se convirtió en el Movimiento Revolucionario del Magisterio,11 a partir de entonces la corriente crítica más influyente y numerosa en el SNTE hasta 1979, cuando se formó la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE), de la cual el MRM fue una organización fundadora.

diego 14webEntre 1958 y 1959, el MRM coincidió con telegrafistas, ferrocarrileros, petroleros y estudiantes en una ola de movilizaciones sociales que cuestionaron el sistema corporativo antidemocrático y corrupto, el modelo de desarrollo capitalista posrevolucionario y el autoritarismo del gobierno, en tiempos cuando, supuestamente, se vivían el “milagro mexicano” y “la paz priista”. La respuesta de los gobiernos a la organización magisterial fue ambigua, pero sistemáticamente dirigida a impedir la democratización del SNTE y el fortalecimiento del MRM. Ruiz Cortines concedió un aumento salarial de 18 por ciento, pero lo hizo dos años luego de presentados los primeros pliegos petitorios, tras varias manifestaciones reprimidas, una guardia permanente en la sep de 38 días, paros generalizados en las escuelas y en el contexto de las elecciones presidenciales y la insurgencia sindical de 1958; permitió luego la realización de las elecciones seccionales, pero con cuatro de los dirigentes del movimiento en la cárcel, acusados de disolución social. Por su parte, López Mateos liberó a los maestros presos en diciembre de 1958, pero permitió que el SNTE y la SEP sabotearan constantemente el trabajo de la dirección de la democrática Sección IX y, con apoyo del secretario Jaime Torres Bodet, reprimió a normalistas y maestros, favoreciendo la continuidad de las prácticas verticales y pistoleriles del sindicato.12 En abril de 1960, la dirección nacional desconoció al Comité Ejecutivo encabezado por Gabriel Pérez Rivero y, como corolario, cientos de profesores fueron cesados y perseguidos en represalia por su participación en el MRM.13 Para entonces, la agrupación había extendido sus relaciones a otras secciones estatales y creado vínculos de solidaridad estrechos con los ferrocarrileros reprimidos en 1959, con quienes planteaba formar una organización sindical independiente de alcances nacionales, y generaba un proceso profundo de formación política entre sus miembros más activos.

Eran los tiempos de la Guerra Fría y del anticomunismo en Latinoamérica. El gobierno de López Mateos inclinó la balanza ante la presión de Estados Unidos y la burguesía mexicana e impidió la consolidación del sindicalismo independiente como una fuerza política de peso, del mismo modo que reprimió todo intento organizativo autónomo en el ámbito del agrarismo nacional. Pero también eran los tiempos del triunfo de la Revolución Cubana y de la formación del Movimiento de Liberación Nacional (MLN), que dieron a la izquierda mexicana motivos para repensar la Revolución de 1910 e intentar proyectos de organización con nuevas perspectivas. Los maestros del MRM no fueron ajenos a ese panorama: la experiencia ganada durante los primeros años de lucha llevó a varios de sus miembros a considerar que el sindicalismo era una trinchera limitada para cambiar la realidad, por lo cual algunos de ellos comenzaron a participar en organizaciones de diverso tipo, como la Liga Comunista Espartaco, el Frente Obrero, el MLN o el Partido Comunista Mexicano, en la búsqueda de opciones políticas transformadoras.14 En el caso de este último, es importante señalar que, debido a las discusiones generadas en él por la insurgencia sindical de finales de la década de 1950 y la respuesta represiva del Estado mexicano, a inicios de la de 1960, vivió una reestructuración interna que llevó a la destitución de Encina y a programar una ruta de acercamiento con los movimientos de masas. Ello explica el posterior ingreso en sus filas de varios líderes magisteriales, entre ellos el maestro Othón Salazar, a quien la prensa oficialista siempre calificó de comunista, pero en realidad su entrada ocurrió hasta 1964.

En las décadas posteriores al periodo formativo, el Movimiento Revolucionario del Magisterio siguió vivo: extendió su influencia hacia otros estados, como Puebla, Morelos, Guerrero, Oaxaca, Yucatán, Tabasco, Jalisco, Sonora, Sinaloa y Chihuahua; estableció contacto con asociaciones docentes de Latinoamérica con las cuales mantuvo una constante comunicación sobre las luchas magisteriales y propuestas pedagógicas desarrolladas en la región; realizó congresos y conferencias nacionales donde elaboró su plataforma programática en la que se incluyeron diversos proyectos de transformación educativa, formación pedagógica y dignificación del trabajo docente; apoyó de modo activo el surgimiento del sindicalismo independiente; denunció la persecución y represión contra organizaciones, militantes y activistas durante la guerra sucia; y estuvo presente en la primavera magisterial de 1989 que, entre otras cosas, acabó con la dirección corrupta del SNTE a cargo de Carlos Jonguitud Barrios.

Para comprender la historia del MRM debemos señalar que una de las ideas centrales que guiaron su acción fue la transformación del sindicato y el logro de sus objetivos “desde dentro”,15 por lo cual buscó mantener, si bien como minoría crítica, una representación en los órganos de gobierno del SNTE. Como en todo movimiento de amplia trayectoria, hubo disenso entre el MRM y otras agrupaciones de izquierda surgidas posteriormente al interior del sindicato; algunas discusiones fueron de tal modo relevantes que llevaron a replantear la estrategia negociadora con el gobierno y con los dirigentes del sindicato, como se puede observar al estudiar los orígenes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación.16 No obstante, entre los méritos del MRM está ser el único movimiento que permaneció activo y congruente, de entre los sectores que protagonizaron la histórica insurgencia sindical de finales de la década de 1950. Es indudable que en la mermada, pero aún viva, tradición democrática de la Sección IX está presente todavía el legado del Movimiento Revolucionario del Magisterio.

Conocer la historia del MRM permite entender la prolongada y ardua batalla que los maestros han librado contra el sindicalismo corrupto y vertical, y los grandes esfuerzos que han hecho durante décadas por ser tomados en cuenta por el gobierno. Comentaré un par de aspectos en que la historia del MRM permite reflexionar: las diferencias y las continuidades entre las luchas magisteriales de 1956-1960 y el movimiento actual encabezado por la CNTE. La disimilitud más importante son el contexto y las demandas de cada uno de estos movimientos. En las postrimerías del decenio de 1950, cuestionar la legitimidad de las dirigencias sindicales significaba poner en entredicho el régimen “emanado de la Revolución”. Denunciar el alto costo de la vida, la falta de democracia sindical y el autoritarismo del sistema; y exigir mejoras salariales, elecciones libres de representantes y respuestas efectivas del gobierno fueron acciones interpretadas como subversivas y, por tanto, reprimidas, en aquella época de la Guerra Fría y el Estado intervencionista. Por otra parte, en el contexto actual, la reforma educativa se inscribe en una serie de cambios estructurales provenientes de modelos financieros internacionales impuestos a los países periféricos para reducir las funciones del Estado y abrir a la iniciativa privada la mayor cantidad de instituciones públicas. La educación se convierte así, por un lado, en un botín que, para beneficiar sin complicaciones a quienes la codician, requiere eliminar a todos los grupos opuestos a las transformaciones neoliberales; y, por otro, la educación se adecua a las necesidades de las empresas y el mercado para formar ciudadanos “gobernables” que sean, al mismo tiempo, mano de obra barata pasiva y consumista. Para lograr todo lo anterior resulta indispensable socavar los derechos laborales de los maestros, convertirlos en máquinas enseñadoras y liquidar al magisterio disidente.

Respecto a las recurrencias, en la historia del México contemporáneo es frecuente que los movimientos sociales se conviertan en auténticas rebeliones cuando encuentran cerrados los cauces legales a su lucha. En ambos movimientos, el del periodo 1956-60 y el actual, observamos esa permanencia: cuando los maestros toman medidas contundentes para hacer oír su voz, es porque se han cansado de tocar puertas y ser ignorados o porque las opciones ofrecidas no garantizan la respuesta a sus demandas. A ello se suma la represión como respuesta habitual de los gobiernos: hostigamiento administrativo, ceses, agresiones directas de la policía y el ejército, cárcel, asesinatos, desaparición forzada.

diego 15webPor último, como parte de la estrategia contra el magisterio crítico organizado, es de particular importancia prestar atención a las persistencias en la propaganda para criminalizar al profesorado que se reproducen desde entonces en los medios de comunicación. Podríamos mencionar muchos ejemplos que muestran la cantidad de opiniones y noticias similares que la prensa publicó contra los maestros y su lucha tanto en el decenio de 1950 como en la actualidad. En ambos casos han circulado cientos de notas donde opinadores de todo tipo culpan a los profesores del mal estado de la educación; los agreden con denominaciones despectivas, discriminatorias y hasta racistas; los presentan como criminales perversos que sólo buscan crear problemas y beneficiarse de la agitación. Ese tipo de prensa evita sistemáticamente dar a conocer las demandas magisteriales y la profundidad del problema origen de su movilización, dirigiendo las críticas hacia los líderes más visibles para mostrarlos como sujetos corruptos y maquiavélicos que manipulan a la base, exhibida como incapaz de actuar por decisión propia. Por último, una idea recurrente entre la población en general es el estereotipo sobre el maestro de banquillo como una vocación de sacrificio que restringe los derechos de los docentes a las aulas donde imparten clase y, por tanto, les impide organizarse y protestar, pues se espera que antepongan los derechos de la niñez a toda costa. Con todas estas ideas en los medios de comunicación se ha alimentado, en una y otra época, una perspectiva que niega la justicia de las demandas magisteriales y justifica, además, la represión en su contra.

Hoy, cuando de nuevo los docentes han salido a las calles a protestar por el que –históricamente– representa el mayor atentado contra el proyecto educativo surgido de la posrevolución mexicana y contra los derechos laborales de los trabajadores de la educación, es necesario profundizar en la historia de los movimientos magisteriales para conocer la trayectoria, las experiencias organizativas e incluso los desaciertos de las organizaciones docentes pues, como evidencia la lucha actual, resulta imperioso explicar por qué el magisterial ha sido, en la historia contemporánea, uno de los sectores más combativos y perseverantes en las batallas por la democracia sindical, en defensa de la educación pública o en la búsqueda de proyectos pedagógicos alternativos, así como protagonista en múltiples organizaciones sociales y luchas populares. Un ejemplo es que, a 60 años del nacimiento del Movimiento Revolucionario del Magisterio, siguen en lucha algunos maestros de la agrupación, varios de ellos veteranos del periodo formativo, como el profesor Iván García Solís, quien participa activamente en el movimiento contra la reforma educativa aprobada en diciembre de 2012.


* Licenciada en historia y pasante de la maestría en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Profesora de asignatura en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la misma casa de estudios, y en la Escuela Nacional de Antropología e Historia.

1 Coronel Leandro Castillo Venegas. “Se informa en relación con el magisterio”, México, Distrito Federal, 5 julio 1956. Archivo General de la Nación, Dirección Federal de Seguridad [en adelante AGN-DFS], expediente Othón Salazar Ramírez, versión pública.

2 Raúl Trejo Delarbre. “Los trabajadores y el gobierno de Adolfo López Mateos (1958-1964)”, en Pablo González Casanova [coordinador]. La clase obrera en la historia de México, volumen 12, quinta edición, México, Siglo XXI, IIS-UNAM, 1996.

3 Manuel Ontiveros Balcázar. La lucha del MRM contra los líderes inmorales del SNTE 1957-1958, México, Pueblo Nuevo, 1989.

4 Comité Ejecutivo de la Sección IX del SNTE. “Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Sección IX. Plan de acción”, en SNTE, Boletín No. 1, 27 de junio de 1956, 1 página.

5 Comité Ejecutivo de la Sección IX del SNTE. “Salarios de los maestros de primaria en algunos países de la América Latina”, volante, 20 de noviembre de 1956.

6 Nemesio García Naranjo. “Las exigencias de los maestros de escuela. Los polvos de aquellos lodos”, en Siempre!, número 259, 11 de junio de 1958, páginas 14-15.

7 Leandro Castillo Venegas, director de la Federal de Seguridad. “Se informa en relación con el magisterio”, México, Distrito Federal, 4 de julio de 1956, AGN-DFS, expediente Othón Salazar Ramírez, versión pública.

8 Comité de Lucha pro Pliego Petitorio y Democratización de la IX. “Instructivo movimiento magisterial”, volante, 25 de julio de 1956, 1 página.

9 Coronel Leandro Castillo Venegas, director de la Federal de Seguridad. “Se informa en relación con el magisterio”, México, Distrito Federal, 30 de julio de 1956, AGN-DFS, expediente Othón Salazar Ramírez, versión pública.

10 “Editorial. El movimiento magisterial del DF”, en El Popular, 13 de septiembre de 1956.

11 Insurgencia. Órgano de combate al servicio del magisterio de base, año I, número 1, 9 de septiembre de 1957.

12 “La policía sofocó a los agitadores rojos”, en La Prensa, 5 de agosto de 1960.

13 Dirección Federal de Seguridad. “Memorándum”, México, Distrito Federal, 5 de abril de 1960, AGN, Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales, V. 2895, expediente 7.

14 Coronel Manuel Rangel Escamilla, director de la Federal de Seguridad. “Memorándum”, México, Distrito Federal, 22 de julio de 1960, AGN-DFS, expediente Othón Salazar Ramírez, versión pública.

15 Movimiento Revolucionario del Magisterio. Diez años de lucha del mrm. Trayectoria, táctica y programa, México, Ediciones del Cuerpo Directivo del MRM, 1967.

16 Enrique Ávila Carrillo y Humberto Martínez Brizuela. Historia del movimiento magisterial (1910-1989). Democracia y salarios, México, Quinto Sol, 1990.