UNA GENERACIÓN INDIGNADA

UNA GENERACIÓN INDIGNADA

I. INTRODUCCIÓN

La explanada está llena, cientos de estudiantes discuten, toman el micrófono, proponen. La escena se repite en decenas de universidades, por la tarde las calles y las plazas se llenan de jóvenes hartos e indignados. Es octubre del 2014, solo unas semanas antes el gobierno de Peña Nieto se encontraba en su cúspide celebrando las reformas estructurales y el “Mexican moment”. Y de pronto, a finales de septiembre, en respuesta a la barbarie cometida contra los normalistas de Ayotzinapa, un movimiento juvenil y estudiantil se expandió por las universidades, navegó por las redes sociales y se adueñó de las calles. Al mismo tiempo los estudiantes politécnicos se lanzaron a uno de los movimientos más importantes en su historia. ¿De dónde surgieron estos jóvenes? ¿Cuáles son sus ideas y sus referentes? ¿Por qué consiguieron movilizarse y organizarse tan rápidamente?

En este artículo sostenemos que las movilizaciones del 2014 en realidad forman parte de un nuevo ciclo de participación juvenil que, con sus altibajos, se ha desarrollado desde el 2012. Los estudiantes que en 2014 pararon sus escuelas, tomaron las calles y realizaron asambleas masivas son los mismos que en 2012 irrumpieron en las redes sociales, “cercaron Televisa” y cuestionaron la imposición de Peña Nieto. Se trata de una generación indignada y movilizada como no se veía en mucho tiempo. Aquí analizamos la forma en que esta generación se ha constituido y movilizado.

flores 26II. DEL #YOSOY132 AL 2014

En 2012 con la irrupción del movimiento Yo Soy 132 el movimiento estudiantil logró salir de una larga etapa de letargo. Desde la huelga de la UNAM de 1999-2000 los estudiantes no habían logrado realizar grandes movilizaciones pero en 2012 con el 132 se inició una nueva etapa. En unos cuantos días los estudiantes se manifestaron por las redes sociales y sobre todo formaron decenas de asambleas en todo el país. Las movilizaciones no sólo se dieron en las universidades más politizadas, como la UNAM, la UAM o el IPN, sino que se extendieron a las universidades privadas (Ibero, ITAM, UVM, etc.) y a universidades de toda la república. En Guadalajara, Xalapa, Ciudad Juárez y otras ciudades se realizaron movilizaciones sin precedentes.

Durante varios meses, entre mayo y diciembre del 2012, el movimiento Yo Soy 132 se mantuvo activo y generó un nuevo proceso de politización. La presencia de las universidades privadas fue muy importante porque incorporó a un nuevo sector con sus propias formas e ideas y le dio al movimiento una legitimidad muy grande. De igual forma las redes sociales fueron un elemento novedoso con el que los estudiantes pudieron comunicarse entre sí y con el resto de la población. Por otro lado estas dinámicas se articularon con la tradición asamblearia de las universidades públicas. En la síntesis de todos estos procesos surgió el 132 y se politizó toda una nueva generación.

Así, se formaron núcleos de activistas que sobre la marcha, sin mucha experiencia previa, se fueron politizando. No se logró consolidar una organización permanente pero el movimiento dejó núcleos politizados y una experiencia política para miles de estudiantes. Una nueva generación se había incorporado al activismo.

A principios del 2013 el ciclo de movilizaciones parecía agotado y muchos dieron por hecho que el 132 había sido una experiencia fugaz pero no pasó mucho tiempo para que los jóvenes volvieran a salir a las calles.

En septiembre del 2013 ante la represión en contra de la CNTE en el zócalo de la Ciudad de México los estudiantes se movilizaron en las universidades. El 18 de septiembre más de una decena de escuelas de la UAM, la UNAM y el IPN pararon en solidaridad con los maestros. Las asambleas fueron realmente masivas con  cientos  o miles de estudiantes, en cada una de las universidades.

Ese mismo año, en diciembre, a partir del alza del precio en el boleto del metro se organizó por las redes sociales el movimiento #PosMeSalto que realizó varias movilizaciones juveniles en la Ciudad de México. Durante varias semanas se organizaron marchas y sobre todo “saltos” en los torniquetes del metro para no pagar el nuevo precio en el boleto del metro. Esta vez la movilización no se organizó tanto por las escuelas sino que se articuló directamente por las redes sociales.

Se trataba de la misma generación movilizada por diferentes causas y vías. El problema es que después de cada una de las movilizaciones no quedaba mucha organización y en cada proceso se tenía que empezar de nuevo. Muy pronto la generación indignada se expresó en una nueva coyuntura.

III. 2014: DEL IPN A AYOTZINAPA

En septiembre del 2014 el movimiento estudiantil regresó con una fuerza inesperada. De diferentes ríos el movimiento estudiantil y juvenil se expresó en todo el país. Ante la crisis política desatada por la barbarie cometida contra los normalistas de Ayotzinapa el 26 de septiembre un movimiento mayoritariamente estudiantil se expandió por todo el país y expresó la indignación del conjunto de la sociedad. Por otro lado unos días antes los estudiantes del IPN sorprendieron a todos con un movimiento masivo que estalló la huelga en demanda de una mejor educación y en contra del autoritarismo.

El movimiento del IPN tuvo una dinámica propia por sus tradiciones de lucha y por ser una comunidad mucho más definida y articulada. Su disciplina y su organización durante las movilizaciones fueron excepcionales para un movimiento juvenil. El proceso de politización fue muy intenso y las demandas pasaron de cuestionar el nuevo reglamento interno a exigir la democratización del IPN con un Congreso Nacional.  La huelga logró mantenerse desde el 30 de septiembre hasta el 12 de diciembre y al final resultó victoriosa. El proceso de negociación pública, transmitida por Canal 11, contrastó mucho con la tradición de cooptación y negociaciones cerradas que ha impuesto la clase política. La huelga se levantó con logros importantes, como la abrogación del reglamento y la renuncia de la directora, y sobre todo con una perspectiva de transformaciones importantes. El Congreso Politécnico será un momento fundamental para democratizar a la institución y continuar con la movilización estudiantil.

Por su parte el movimiento en solidaridad con Ayotzinapa se aglutinó en una Asamblea Interuniversitaria en la que se retomaron muchos elementos del 132 pero ahora en otro contexto y con otra maduración. En el 132 la Ibero marcó el inicio del movimiento y simbólicamente tuvo un gran liderazgo, en cambio en 2014 ese papel lo jugó la normal de Ayotzinapa. Entre estas dos escuelas, en los dos extremos del movimiento estudiantil, se sintetizan las diferencias de los dos movimientos. El 132 más festivo y creativo; 2014 marcado por la indignación ante las desapariciones y con un tono más popular. En los dos casos movimientos muy plurales y heterogéneos con la capacidad de articular a una buena parte del espectro juvenil mexicano, el que va, precisamente de la Ibero a Ayotzinapa, tanto en términos sociales como políticos e ideológicos.

Es interesante observar que muchos de los núcleos que surgieron en el 132 volvieron a expresarse en el 2014. En decenas de universidades de todo el país resurgieron las asambleas y las movilizaciones; ya sea en Xalapa, en Tlaxcala o en Ciudad Juárez, se activaron los núcleos de activistas que habían surgido en 2012. De igual forma las universidades privadas se consolidaron como un nuevo espacio de participación. El Claustro de Sor Juana, por ejemplo, realizó varios paros por primera vez en su historia y la Ibero se sumó con un “paro activo” en solidaridad con Ayotzinapa.

En medio de las movilizaciones los activistas formados en 2012 jugaron un papel muy importante. En parte por esta acumulación el movimiento alcanzó una extensión y una magnitud pocas veces vista. Los paros escalonados en decenas de escuelas de todo el país, incluyendo a las normales rurales y al IPN en huelga, alcanzaron un nivel que no se veía en décadas.

Estas movilizaciones muestran la irrupción de una nueva generación en el movimiento estudiantil. Una generación que se ha expresado en diferentes coyunturas pero que tiene ciertos rasgos que la diferencian de las anteriores.

En primer lugar esta generación ha expresado su malestar frente al sistema político y su desconfianza frente a los partidos políticos. La  izquierda institucional, en pleno proceso de descomposición, es vista cada vez con más suspicacia. Por otra parte el zapatismo, que durante años marcó al movimiento juvenil, sigue presente pero ha perdido fuerza1. En cambio la Primavera Árabe, los Indignados españoles y en general los movimientos juveniles en el mundo han marcado su imaginario. Las redes sociales, la información y una gran capacidad de comunicación han sido una constante en todos los movimientos. Las redes sociales y el proceso asambleario han definido su organización.

No sabemos en qué terminará esta experiencia pero es alentadora la formación de una nueva generación activa para el movimiento estudiantil. Ante la crisis de legitimidad del sistema de partidos, incluyendo a la izquierda, los estudiantes se han constituido como un actor movilizado que expresa el malestar de amplios grupos de la sociedad y en especial de la juventud.


1 Sobre este punto ver: Modonesi, Massimo “De la generación zapatista al #YoSoy132. Identidades y culturas políticas juveniles en México” en OSAL núm. 33, CLACSO, Buenos Aires, mayo de 2013. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20130508114542/OSAL33.pdf