UN MOVIMIENTO DE CONTRAPODER

UN MOVIMIENTO DE CONTRAPODER

El recorrido del CIG y de Marichuy

A casi dos meses y medio de concluido el periodo de recolección de firmas a fin de registrar las candidaturas independientes para la Presidencia de México, quienes participamos como auxiliares y suscribimos la propuesta del Concejo Indígena de Gobierno (CIG) tenemos que hacer un balance respecto a lo que se logró, lo que miramos y escuchamos, e incluso una autocrítica respecto a qué nos faltó y lo que podríamos cuestionarnos a fin de dar continuidad al trabajo político.

La intervención de Marichuy en una parte del contexto electoral de 2018, además de evidenciar la esencia del sistema político-electoral, las trampas para obstruir la participación y delimitar quiénes son los sujetos clave para mantener el estado de las cosas, también funge como una especie de radiografía para medir la fuerza y el alcance de la organización de las luchas anticapitalistas.

Desde que la vocera del CIG, María de Jesús Patricio, Marichuy, se registró como precandidata ante el Instituto Nacional Electoral (INE), dio cuenta de los impedimentos de éste para que cualquiera ajeno a los partidos políticos pueda contender por la Presidencia o por algún otro cargo de elección popular.

Durante 4 meses se recabaron 281 mil 955 firmas para Marichuy, de las cuales 94.5 por ciento fue válido, lo que representó poco más de una cuarta parte de los apoyos ciudadanos que debían conseguir los aspirantes a la candidatura: 885 mil 593 firmas.

A manera de recuento, es preciso mencionar el bloqueo de internet y del servicio en los teléfonos celulares durante el paso de la caravana de Marichuy por Altamirano, Ocosingo y Palenque, Chiapas. En octubre de 2017, a sólo unos días de iniciada la recolección de firmas, también la portavoz de los pueblos que forman el Congreso Nacional Indígena (CNI) denunció que con su cuenta de correo electrónico utilizada para registrar a los auxiliares no tenía acceso a la plataforma del INE a fin de revisar los apoyos.

La candidatura de una mujer, indígena, anticapitalista, reveló el racismo sistémico que constituye a la clase política cuya función radica en procurar los intereses del poder económico, acaparado por 0.7 por ciento de la población mundial.1

Analizar lo que implicó el recorrido de Marichuy nos concierne también a quienes participamos de forma paralela al avance de la vocera indígena con las concejalas. Su recorrido a lo largo de 120 lugares en 26 estados del país dejó ver las formas en que el modelo neoliberal se instauró en las zonas más empobrecidas, que se ven obligadas a acudir a las urnas el 1 de julio debido a que son cooptadas por los partidos políticos mediante amenazas o, en el caso menos peor, pero igualmente violento, con el condicionamiento de la entrega de programas sociales.

¿Qué efecto tuvo la propuesta en la agenda nacional y electoral? El CIG se propuso como objetivo principal hacer visibles los problemas de los pueblos indígenas, exponer la manera en que el capitalismo despoja, explota, reprime y desprecia a las comunidades, en el campo y la ciudad. Casi 300 mil personas firmaron, y a través de los balances por redes, también se contabilizaron las que no lo hicieron pero se sintieron representadas en la propuesta; muchas de ellas no pudieron u optaron por no signar en una aplicación móvil por desconfianza hacia el mismo sistema electoral y los instrumentos de espionaje gubernamental.

La primera respuesta es que no se logró poner en la agenda nacional oficial en términos del existente antagonismo, pues desde la asamblea del CNI en octubre de 2016 se dibujaron las condiciones. El mapa de asuntos que se busca hacer visibles, conocer y sobre todo trabajar por quienes somos golpeados por lo que los zapatistas llaman la hidra es contrario a la agenda impuesta por el modo de producción capitalista.

Al inicio del recorrido, el CIG esbozó nueve temas para discutir en mesas de trabajo: territorio y tierra; autonomía, mujeres, jóvenes y niños; diversidad sexual, justicia, migrantes y personas con capacidades diferentes; y trabajo y explotación. Si el poder político tomara en cuenta las acusaciones contra empresas a las que el mismo gobierno dio concesiones para la explotación y producción minera, como a Grupo México, en Sonora, o las protestas contra la instalación de la planta cervecera de Constellation Brands en Mexicali, Baja California, la cual requiere 20 millones de metros cúbicos de agua al año en su primera etapa para producir 10 millones de hectolitros de cerveza de exportación, entonces atentaría contra el poder financiero internacional que lo domina.

Para el continuo crecimiento de la economía como la conocemos, al poder resulta indispensable que se permitan esos procesos de despojo y que la acumulación originaria permanezca como una constante, esa ocurrida sólo en la fase inicial del capitalismo.

Por eso decimos que el movimiento no se colocó ni se podía colocar en tal agenda, no como sujeto de transformación social, aun cuando se dio si acaso una pequeña apertura, por coyuntura y no por genuino interés, a conocer la palabra del CIG en los medios de comunicación masiva, varios de los cuales forman parte los grupos empresariales que durante este sexenio centralizaron 55.96 por ciento del presupuesto asignado a la publicidad oficial y que se rigen por la línea editorial conveniente al poder mismo.

En el proceso electoral, tanto en precampañas como en las actuales campañas, los candidatos presidenciales no incluyen ni incluirán en sus giras el tema de los gasoductos, de las concesiones a empresas mineras estadounidenses, canadienses o chinas, como Goldcorp. Tampoco se habla de los feminicidios, y si bien la candidata del PAN lo señala como parte de su agenda, es así sólo porque representa un botín.

Con base en otros procesos electorales, en los próximos debates presidenciales seguramente se repetirá la espotización, en lugar de poner a discusión lo que representa para el país la permanencia de empresas como Grupo Peñoles, de Alberto Baillères, Grupo Frisco, de Carlos Slim, o Grupo México, de Germán Larrea. Indudablemente, dado que no se consiguieron las firmas para el registro de Marichuy como aspirante presidencial, sabemos que será un desafío captar la atención de la sociedad civil y librar los ataques contra el CIG en lo que se sabe seguirá siendo el recorrido, en medio de los bombardeos publicitarios y el hostigamiento de los partidos donde sea que éstos vean posibles votantes.

Actualmente, los temas en la agenda nacional, al menos públicamente de dos años acá, son el Tratado de Libre Comercio de América Latina, la Ley de Seguridad Interior, la Ley de Biodiversidad –en resumen, la legalización del despojo de los territorios y los recursos naturales de los pueblos originarios o residentes–, un anuncio de los próximos desplazamientos forzados y la continuidad de las reformas estructurales a petición de la OCDE, entre otros asuntos que permitirán una negociación entre los grandes capitales durante los siguientes seis años.

Comprender este escenario no tiene la intención de ser aceptado con un tono derrotista: en todo caso, nos presenta el tablero y el acomodo de las piezas, por lo cual en las redes de apoyo, y conociendo la trayectoria andada del CNI, coincidimos en que, rebasados por estas condiciones, tenemos que dar pasos todavía más firmes en cuanto al trabajo territorial en los pueblos, las comunidades y los barrios. Escuchando los testimonios de quienes se acercaron a conocer la iniciativa del CIG, que quizás antes de esto no conocían las luchas y resistencias de los pueblos del Abya Yala (nombre que dignifica el continente donde se localizan), percibimos que todavía un grueso de la población identifica la corrupción como el principal problema del país, y he ahí otro aspecto por desmitificar desde abajo.

Lo anterior, como adelantamos al principio, nos permite hacer una radiografía, un rastreo de lo que como izquierda anticapitalista, radical, nos interpela para reconocer algunas limitaciones. Pudimos tener un acercamiento medianamente más profundo al hablar con la gente sobre las causas de los problemas que cotidianamente nos atraviesan, se aprovecharon tales momentos, tanto en el recorrido como en las actividades donde había redes de apoyo, para explicar que los efectos del sistema neoliberal no son producto de malas administraciones sino parte de las estrategias de una guerra global. Y ése es precisamente uno de los retos que deja el transitar de la vocera, trazar un programa de formación y consolidación política, definido según las necesidades de cada sitio para entender las manifestaciones del sistema actual.

En cambio, si nos hacemos la misma pregunta desde otra perspectiva, podríamos decir que hubo un avance significativo, desde donde hemos podido mirar: de mayo de 2017 a la fecha se fortaleció y amplió el CIG, pasando de 38 a 157 concejales. Igualmente, se logró que otros lugares, como en la misma Ciudad de México, se reconozcan ahora como pueblos originarios o residentes y no sólo como colonias populares sin vinculación territorial.

Si bien puede decirse que hay indignación y una fuerte búsqueda de sentido y manifestación a raíz de tragedias sumamente dolorosas para los pueblos de México, como la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa, las otras desapariciones de miles de personas debido a la guerra contra el narcotráfico, los feminicidios hechos visibles sobre todo en la parte centro del país, el presunto, y hasta ahora no comprobado científicamente triple homicidio de tres jóvenes cineastas en Jalisco, o la espontánea solidaridad hacia los damnificados de los terremotos del 7 y 19 de septiembre pasado, en las actividades que se realizaron en apoyo a Marichuy y al CIG, advertimos cierta ruptura con las generaciones más jóvenes.

La movilización no es sinónimo de organización; como ejemplo más cercano situemos lo sucedidoo algunas veces en la Ciudad de México cuando Marichuy visitó Ciudad Universitaria en noviembre, entre otras instalaciones de educación superior, y el hemiciclo a Juárez en enero, entidad donde pese a los incansables y exhaustivos esfuerzos de diversas redes de apoyo, sindicatos, estudiantes y profesores y comerciantes, no se logró el 1 por ciento que nos correspondía en la cantidad de firmas por alcanzar. La observación va dirigida hacia la afluencia en los encuentros, donde se esperaba más asistencia, lo que no quita lo relevante de dichos momentos ni hace menos nuestro empeño. Señalo esto no porque las firmas hayan sido el objetivo en sí mismo sino porque en la ciudad suele centralizarse la protesta y en varias coyunturas las calles se inundan de rabia.

Sería apresurado dar cifras exactas, pero en varios espacios era notable la asistencia de las mismas personas que al menos desde la Otra Campaña o desde la Escuelita Zapatista, incluso muchos desde el 1994 mismo, ya nos encontrábamos participando en nuestras geografías a partir de las convocatorias del Ejército Zapatista de Liberación Nacional y el Congreso Nacional Indígena. De ahí que con tono de preocupación nos preguntemos ¿qué no estamos haciendo diferente para dar el paso de la conmoción social a la organización política permanente? ¿Nuestra militancia se ha ensimismado en determinadas dinámicas? Es claro que hay una corresponsabilidad ético-política para hacer posible el trabajo intergeneracional a fin de transmitir las herramientas teóricas y prácticas cimentadas a través de la historia.

“Nuestra apuesta nunca fue por la toma del poder: siempre fue y será por la organización autogestionaria, la autonomía, la rebeldía y la resistencia”, afirmó en un comunicado el CIG luego de finalizado el periodo de firmas. Debemos analizarlo en el fondo y no dejarlo sólo en la lectura a modo de consigna, pues el diálogo y la escucha puestos en práctica por los concejales que acompañaron a Marichuy en el recorrido efectivamente nos ratificó que el horizonte no es la toma de poder, sino la construcción de la autonomía a través del ejercicio de lo que el filósofo Luis Villoro nombró contrapoder.2

Integrantes del CIG asistieron a las actividades llevadas a cabo por los pueblos indígenas. Las redes de apoyo a lo ancho del país, a modo de explicar cómo y para qué surgió la propuesta, acudieron a ejercer los acuerdos consensuados en asamblea. Ahí donde en lugar de imponer una disposición individual de un grupo sobre los demás, se postuló como horizonte la abolición del poder a fin de construir el poder del pueblo, así como crear las condiciones necesarias, objetivas de un contrapoder organizado.

La congruencia ideológica del CIG durante el paso por varios estados develó el fondo de una ética que podemos considerar parteaguas para la otra política que desde la radicalidad se ha posicionado como necesaria, basada en los siete principios del CNI, a saber que la acción política está encaminada a que la comunidad ejerce un poder sobre quienes la representan en cualquier ámbito o que tienen la responsabilidad de un trabajo colectivo.

Los análisis que nos corresponde hacer habrán de tomar en cuenta que no por nada la columna vertebral de la asociación política de los pueblos originarios, no sólo en México sino también en otras partes de Latinoamérica, es la práctica expresada en una afirmación: ja ma’ ’ay ya’tel kujtiki, mandar ’ay kujtik, que en tojolabal es “las autoridades elegidas por nosotros son mandadas por nosotros”.

Lo anterior cobra más sentido cuando escuchamos que entre los zapatistas, igual que en las decenas de pueblos originarios, se habla de “mandar obedeciendo”, lo cual significa que un representante en el nivel que sea tiene la responsabilidad de escuchar a todos cuantos componen la comunidad, construir los acuerdos y ejecutarlos. Es otro de los desafíos para el movimiento nacido desde la propuesta del Concejo Indígena.

Retomando el punto sobre el recorrido de Marichuy, fueron diversas las respuestas de las personas con las que conversábamos sobre la propuesta en la calle, en los mercados, afuera de sus casas o en lugares tan concurridos como Bellas Artes. Frente al escenario actual en el proceso electoral, desde meses algunos nos advertían que aceptaban otorgar su apoyo ciudadano, pero que votarían por el candidato que desde dos sexenios atrás ha apostado a quedar en la silla presidencial sin éxito alguno.

En un momento histórico como éste, cuando se avecina un nuevo fraude electoral contra quien incluso podemos no estar de acuerdo porque igualmente defiende los megaproyectos y la privatización de los territorios, sin duda nos demanda una mirada hacia abajo, hacia nosotras, nuestras formas de articularnos políticamente, y dejar a un lado la autocomplacencia para estar a la altura de las circunstancias y de la capacidad organizativa que el CNI y los zapatistas nos han posibilitado conocer.

De acuerdo con este escenario, es cada vez más visible la anulación del Estado-nación; se vuelve prescindible la democracia representativa y, aún más urgente, cambiar el referente que tenemos de democracia en el imaginario colectivo. De unas décadas acá, el Estado-nación se ha desdibujado, y podemos dejar la discusión para otro momento, por lo que la aparente disyuntiva que se nos presenta, entre un candidato que ha pactado con los políticos y empresarios afines al PRI y el mismo monopolio político, en el fondo no es más que una forma de autoengaño para apuntar el dedo hacia un supuesto responsable tras los comicios del 1 de julio.

¿Qué vías conocemos en términos de representatividad popular? ¿Hay otra manera de escucharnos, debatir y decidir? Si nos planteamos algo más cercano a esos otros mundos deseados, un medio es la democracia comunitaria o radical, algo que por supuesto tenemos que poner a discusión en los pasos que de ahora en adelante se fijen.

Por otra parte, frente a estas elecciones, las más numerosas en la última década, tanto en México como en Brasil, Venezuela, Colombia, Costa Rica y Paraguay, se devela, con sus debidos matices, el avance rapaz del poder financiero y el freno puesto a los movimientos de contrapoder que dispersan a las instituciones y a los medios de reproducción social en la región.

Ya en mayo de 2015, el Subcomandante Insurgente Moisés adelantaba la imperiosa necesidad de no sujetarse a lo que ocurra tras el conteo de los cuadernillos en las casillas: votes o no, organízate.


1 Informe sobre Riqueza Global 2016 de Credit Suisse, consultado en https://www.credit-suisse.com/corporate/en/articles/news-and-expertise/the-global-wealth-report-2016-201611.html

2 Villoro, Luis. El poder y el valor. Fundamentos de una ética-política, Fondo de Cultura Económica-El Colegio Nacional, México, 1997, pp. 400.