LAS LUCHAS OBRERAS DESPUÉS DE LA CLASE OBRERA

LAS LUCHAS OBRERAS DESPUÉS DE LA CLASE OBRERA

Hegemonía Transnacional y Subalternidad Obrera

La expresión “Luchas Obreras” en el 2015 puede parecer anacrónica y nostálgica, evoca gloriosas fotos en blanco y negro del inicio del siglo pasado y las páginas amarillentas de libros empolvados, ambos repuestos desde décadas en los estudios de canutos y resignados maestros de historia. Sin embargo, los obreros siguen existiendo y la explotación que en México sufren en sus vidas cotidianas se ha radicalizado extremadamente, conforme al desarrollo del capital transnacional en el país.

ocombate 43 canal1 copiaLa creación de nuevos espacios de producción en la frontera con Estados Unidos, a partir de la mitad de los años sesenta, ha afectado profundamente la estructura económica y política de México, produciendo importantes transformaciones socio-territoriales: flujos migratorios masivos, desde todo Centro-América han poblado la zona fronteriza ofreciendo a las maquiladoras mano de obra dócil y barata, sin experiencia en el trabajo industrial. La delicada transición del campo a las líneas de las plantas de ensamble ha creado una fuerza de trabajo dispuesta a aceptar las violencias de las nuevas oligarquías “glocales”1. Empresas transnacionales, grupos empresariales locales, sindicatos charros, instituciones públicas locales, estatales y federales, organizaciones no-gubernamentales internacionales, fuerzas policíacas y militares, cuerpos armados especiales, en colusión con el crimen organizado, constituyen el aparato ideológico y los brazos armados de una estructura hegemónica que perpetra una sistemática violación de los derechos laborales, humanos y ambientales de las trabajadoras y los trabajadores; que reprime, agrede, golpea, viola, desaparece y mata para mantener el control económico y político del territorio.

Los estudios políticos y económicos  han descrito ampliamente  las políticas globales que subyacen a la hegemonía del capital extranjero en el territorio mexicano, esclareciendo detalladamente los mecanismos perversos a través de los cuales las complejas geometrías de poderes trasnacionales se traducen a nivel local, en la vida cotidiana de los trabajadores, forzándolos a una condición subalterna. Las ciencias sociales, a partir de la mitad de los años noventa, a través de rigurosas investigaciones nos han reportado el cuadro de una fuerza de trabajo ideológicamente aniquilada, aplastada por el poder económico y político de las grandes firmas mundiales del sector electrónico y automotriz, fragmentada y políticamente desubicada frente a la reconfiguración del panorama industrial diseñado por importantes reformas estructurales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

A más de veinte años del desarrollo de este complejo sistema de explotación, recientes conflictos laborales, señalan, en territorios específicos, la gestación de una cultura y una identidad obrera resistente, genuinamente radicada en la nueva coyuntura.

¡Oigan! ¡Ya no tenemos miedo!

El miércoles dieciséis de abril del 2014, a las siete de la mañana, sesenta obreros del primer turno de Teksid Hierro de México, una empresa del Grupo italiano “Fiat-Chrysler-Automobile” (FCA), que desde el 1996 produce monoblocks en Ciudad Frontera-Coahuila, levantaron dos barricadas a las entradas de la empresa, para tomar la planta junto con los compañeros del turno nocturno, que estaban trabajando desde las siete de la noche.

El paro, más que el resultado de una atenta reflexión y una consecuente estrategia política, señala un momento de ruptura: la superación del umbral de la tolerancia de los trabajadores y con eso del miedo que hasta ese momento los había obligado a aceptar los abusos de la empresa.

ocombate 68 canal1“La gente andaba bien enojada, pero no sabía como actuar”, planteó una de las trabajadoras líderes del movimiento.

Los mil doscientos obreros y obreras de Teksid están obligados a llevar a cabo turnos extenuantes de doce horas diarias, por seis días a la semana, enfrentando procesos productivos muy complejos y fatigosos, sin la herramienta y las medidas de seguridad necesarias, por menos de siete mil pesos mensuales.

“No te cuidan la salud. Cuando te lesionas o algo no te mandan al seguro. Te mandan antes al almacén, para que termine el turno y no vayas al seguro, para que no te tengan que pagar el infortunio.”

La precariedad y la impotencia de los trabajadores es estructurada institucionalmente por las irregularidades contractuales y la ausencia sindical. Obreros y obreras, empleados desde decenas de años por contratos eventuales con duración semestral, no conocen el contrato colectivo, ni el reglamento interior de trabajo, y denuncian la indiferencia del sindicato titular, la Confederación de Trabajadores de México (CTM), frente a las violaciones y los acosos de la empresa.

“Ahí había un imperio, había un cacique con su mafia: comandaba él. No sabíamos nada de reglas, o sea que teníamos que contar con un sindicato..” —narra una trabajadora— “Las mujeres no tienen valor, cuando entraban tenían que hacerse algo de él, era muy borracho y te buscaba afuera…”.

La gota que hizo derramar el vaso, que llevó a la exasperación a la fuerza de trabajo de la empresa italiana fue la comunicación de la reducción del cincuenta por ciento de las utilidades2: siete mil pesos contra los quince mil del año anterior, no obstante el importante incremento de la producción. Los trabajadores empezaron a juntarse de forma autónoma y clandestina, dentro de la planta, durante el turno nocturno, para hacer un balance de la situación y organizar una respuesta a la negación fraudulenta de un derecho constitucional.

“Todo eso fue fuera de la ley, lo íbamos a hacer para nosotros, porque el sindicato ni si quiera sabíamos que existía.”

El sábado diecinueve de abril, al cuarto día de paro, la participación de los trabajadores era integral, mil doscientos obreros y obreras estaban ocupando la planta, reclamando, además de la repartición de las utilidades, el cambio sindical, la reincorporación de los tres trabajadores que desde el dieciséis del mismo mes habían sido despedidos, el pago de los días de paro y el despido de los empleados de recursos humanos.

Una red de solidaridad espontánea facilitó víveres, asesoría, apoyo mediático y logístico:

“¡Haz de cuenta que empezó la revolución! Fueron pocos días, pero días de una entrega que no tienes una idea…” declara con entusiasmo una obrera, describiendo la sorprendente y repentina explosión de un movimiento compacto y radical.

El carisma y la actitud de los miembros del movimiento presidieron la designación espontánea de los líderes que se presentaron a la mesa de negociación, convocada por la empresa en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje.

El día del encuentro con los trabajadores, el rostro de la oligarquía glocal manifestó, con toda su violencia, la cohesión de una clase comprometida en defender sus privilegios: a la salida de la Junta de Conciliación y Arbitraje, trabajadoras y trabajadores encontraron las camionetas de cien golpeadores, que los agredieron con palos, para que desistieran de la lucha. La narración de los obreros señala la colusión de las autoridades de la Junta Local de Conciliación y Arbitraje en la agresión:

“Ya cuando estábamos ahí, entró el presidente de conciliación y nos dijo: ¿muevan las camionetas no? Porque las tienen aquí al frente y van a parar un trailer. ¿No las pueden poner ahí a la vuelta? Y nosotros salimos a mover las camionetas. Pues cuando volvimos a salir en el estacionamiento estaban los golpeadores. …y ni una patrulla.”

Los matones fueron reconocidos como miembros de la CTM y obreros de los Altos Hornos de México (AHMSA), una de las fundidoras de acero más grandes de América Latina, ubicada en Monclova-Coahuila y privatizada en 1991 por Salinas de Gortari, actualmente propiedad del Grupo Acerero del Norte. Algunos trabajadores, empleados en AHMSA desde hace más de treinta años, afirmaron que reclutar golpeadores en las líneas es una estrategia de rutina de la empresa, que señala la vinculación del capital privado con el crimen organizado: “Son siempre los mismos, los de recursos humanos les pagan el día o algo más, y les dan marihuana y cocaína”.

Los trabajadores, gravemente heridos por la agresión, decidieron  resistir,  volvieron a la planta y siguieron el paro con los compañeros. El día siguiente se abrió una nueva negociación dentro de la planta, con la Junta de Conciliación, la Secretaría de Gobernación, Teksid y CTM. Los trabajadores buscaron apoyo en el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Méxicana, que les ofreció asesoría legal y soporte logístico. No obstante los cuestionamientos que acompañan la historia reciente del Sindicato Minero, el apoyo del gremio fue estratégico para los trabajadores. Las alianzas internacionales de la organización sindical permitieron poner un freno a la represión y a las irregularidades que los obreros estaban viviendo. La oportuna denuncia de los hechos a la organzación global de sindicatos, IndustriALL Global Union, que incluye una red mundial de sindicatos de Fiat Chrysler, fue fundamental para desbloquear las negociaciones a favor de los trabajadores.

El movimiento autónomo de los obreros de Teksid consiguió el reparto de utilidades según la ley, la reincorporación de los trabajadores despedidos, el pago de las horas de paro, la libre afiliación sindical a través de un recuento de votos secretos y el compromiso de la empresa de no tomar represalias.

La noticia de la lucha de los obreros de Teksid se difundió rápidamente por las plantas de Frontera y Monclova, donde los trabajadores viven condiciones similares. En pocos días se organizaron otros dos paros, en Gunderson-Gimsa, una empresa que nació en 2007 de la asociación entre el grupo estadounidense “Grienbrieer Companies” y el Grupo Industrial Monclova que, con dos mil ochocientos trabajadores, produce vagones de ferrocarril que exporta mundialmente; y Pytco, una empresa fundada en 1998 en Monclova por industriales mexicanos, que produce tuberías y perfiles de acero, que exporta a Canadá, Estados Unidos, Europa y América Latina. Un total de tres mil quinientos obreros bloquearon la producción por más de una semana y consiguieron el mismo resultado que en Teksid.

Sin embargo las empresas no respetaron los acuerdos firmados, revalidaron el contrato colectivo a la CTM, sin recuento, a través de un procedimiento completamente extraño al protocolo definido por la ley, despidieron a más de seiscientos trabajadores involucrados con el movimiento, los boletinaron como subversivos, cancelándoles la posibilidad de un nuevo empleo en todas las empresas del Estado y de la República sindicalizadas por la CTM, y organizaron grupos de choque que los atacaron numerosas veces, dentro y fuera de la fábrica.

Actualmente los obreros de las tres empresas siguen en la lucha, con el apoyo del Sindicato Minero empezaron una causa en contra de Teksid, Gunderson-Gimsa, Pytco y CTM para llegar al recuento de votos. Durante el procedimiento legal, repetidamente interrumpido por irregularidades, los trabajadores fueron difamados por la prensa, los abogados del Sindicato Minero fueron amenazados por golpeadores, uno de los dirigentes locales de la organización sindical fue intimidado a ser desaparecido junto con su familia y la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, durante la última audiencia, fue invadida por más de trescientos cincuenta miembros de la CTM.

La situación en Ciudad Frontera y Monclova es muy delicada, las relaciones de poder que por años han permitido la explotación de la fuerza de trabajo se están resquebrajando gracias a la lucha de poco menos de cinco mil trabajadores. La oligarquía dominante está usando el monopolio de la ley y la violencia para reprimir el movimiento y reafirmar la hegemonía. Pese a los resultados que conseguirá el movimiento, se trata de un proceso que señala importantes transformaciones en los equilibrios de poder que presiden las relaciones industriales en el Estado de Coahuila.

CONCLUSIONES: Una moneda lanzada al aire

El movimiento de los obreros de Coahuila, desde el punto de vista de sus reivindicaciones, reproduce un modelo clásico de conflicto obrero-patronal: la disputa se centra en cuestiones salariales, de seguridad, de salud laboral y de representación sindical. Sin embargo, las modalidades de la lucha presentan rasgos peculiares, coherentes con el sistema de relaciones industriales glocales, que caracteriza el capitalismo transnacional en México.

En esta disputa es importante la definición de la escala de la lucha: se trata de un proceso conflictivo, resultado del enfrentamiento entre actores caracterizados por intereses y poderes asimétricos, cuyo objetivo es la configuración de una geometría de relaciones de fuerza favorable a las propias metas. En este proceso el caracter transnacional de la empresa, única, indivisible y trans-territorial, se enfrenta con una fuerza de trabajo fragmentada y vinculada a territorios específicos. La empresa, está interesada en mantener a nivel local el proceso de negociación de las condiciones laborales, aprovechando la fragmentación de la fuerza de trabajo.

La estrategia de los obreros de Coahuila, al contrario, apunta a la elevación de la escala de la lucha, a la búsqueda de apoyo internacional, con el objetivo de reconfigurar a favor propio los equilibrios de poder, llevando el conflicto a la arena global.

Tanto el desarrollo del proceso de negociación, como la línea jurídica adoptada por el movimiento son ejemplos de esta estrategia. En ocasión de la primera mesa de negociación, los obreros se representaron autónomamente, consiguiendo golpes, amenazas e irregularidades por la empresa, la CTM y la Junta Local de Conciliación y Arbitraje; fue solamente denunciando la agresión a IndustriALL y gracias a las presiones de ésta, que se lograron una nueva fase de negociación y el acuerdo final. La línea jurídica del Sindicato Minero comparte el mismo objetivo, llevar el juicio a nivel federal, declarando incompetente a la Junta Local de Conciliación y Arbitraje.

El movimiento obrero de Coahuila, ha sido capaz de desarrollar y articular una lucha radical detonada por la exasperación, con una estrategia política fruto de una atenta reflexión, fundamentada en un conocimiento profundo de las relaciones industriales. Los instrumentos clásicos de la lucha obrera,  como el paro, la huelga y la construcción sindical, son acompañados por el desarrollo de redes internacionales y el uso atento de redes sociales y nuevas tecnologías.

Cuando pregunté a un obrero del movimiento qué se esperaba de una lucha tan radical como la que están llevando a cabo desde hace un año, me contestó: “Es una moneda que está en el aire…”.

Numerosos actores internacionales se están interesando en la suerte de la moneda lanzada en el aire por los cinco mil obreros de Monclova y Frontera, aunque al momento ninguna fuerza política mexicana se ha acercado a los trabajadores.

El apoyo político sería un respaldo fundamental para los obreros de Teksid, Gunderson y Pytco, para ampliar la perspectiva de la lucha que están llevando a cabo y desarrollar las potencialidades que implica para las relaciones industriales en la zona fronteriza, ya señaladas por la rápida expansión del movimiento en el área de Coahuila. Sin embargo, por su parte, el movimiento de los obreros de Frontera y Monclova constituiría un recurso valioso, desde el punto de vista cuantitativo y cualitativo, para cualquier fuerza política capaz de ofrecerle respaldo y espacio de desarrollo.


1 La categoría Glocal se opone a la distinción binaria entre Global y Local que preside a la concepción tradicional de los procesos de globalización. La narración neoliberal, que representa la globalización como el resultado de la acción del mercado global sobre los territorios locales, se substituye por una concepción dinámica y relacional de este proceso. Lo global en este sentido no se distingue y opone a lo local, al contrario, actores locales, élites urbanas y regionales, concurren con organizaciones tranasnacionales en el proceso de re-estructuración institucional y territorial que conocemos con la categoría globalización. El argumento de la globalización económica y el achicamiento del Estado, en esta perspectiva, plantea y justifica la extensión de la jurisdición de las leyes del mercado al manejo del territorio, invisibilizando la multiplicación de actores locales y globales que participan en la regulación de procesos sociales estratégicos; en el caso en cuestión la gestión de las relaciones industriales.

2 La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, prevé que en abril de cada año las empresas publiquen los ingresos anuales para el “reparto de utilidades”: una práctica que impone a las personas físicas y morales con actividad de producción o distribución de bienes y servicios, con más de un año de actividad y de trescientos mil pesos de ingreso, la repartición con los trabajadores del diez por ciento de la ganancia anual (Artículo 126, Fracción VI, Ley Federal del Trabajo, en Diario Oficial de la Federación el 19 de diciembre de 1996). Se trata de un derecho establecido por el Artículo 123, apartado A, de la Constitución, que apunta a desarrollar un mayor equilibrio entre capital y fuerza trabajo, elevando el nivel económico de los trabajadores, y busca mejorar la producción con el esfuerzo conjunto de trabajadores y empresa, a través un dispositivo de captura y re-distribución de la plusvalía (Constitución publicada en el Diario Oficial de la Federación el 5 de febrero de 1917, texto vigente, Última reforma publicada DOF 18-06-2008).