DE GRECIA A EUROPA: UN CAMBIO DE PARADIGMA ES POSIBLE

DE GRECIA A EUROPA: UN CAMBIO DE PARADIGMA ES POSIBLE

Histórico. Este fue el adjetivo más utilizado por Alexis Tsipras desde el palco en la plaza Omonia durante la clausura de los comicios en Atenas el pasado 22 de enero. Helpida, esperanza, la palabra clave de la campaña electoral. Y, en efecto, se respiraba un aire de historia en aquella plaza que, abarrotada, ha cantado Bella ciao. Un palco rodeado por los dirigentes de la izquierda europea, conscientes del alcance político que representa el voto no solo para Grecia sino para toda Europa. Y por muchísimos militantes de La otra Europa con Tsipras, organizados en la “Brigada Kalimera”.

Un palco ocupado al mismo tiempo por Tsipras y Pablo Iglesias, el líder de Podemos, que confirma el alcance europeo del desafío. Iglesias habla en griego, habla del viento del cambio que parte de Grecia y pasa por España para terminar por recorrer toda Europa. Syriza, Podemos, venceremos: el eslogan que saluda a Tsipras después de la victoria del 25 de enero.

Histórico, de una historia que da saltos y en la cual irrumpe materialmente la posibilidad de la alternativa. La victoria de Syriza representa una ruptura, una ruptura en primer lugar en el plano ideológico del TINA (There Is No Alternative) de thatcheriana memoria, que impone el neoliberalismo y las políticas de austeridad. Una ruptura fundada sobre la concreción de la posibilidad del cambio después de la victoria electoral y sobre la realización del programa de Syriza, presentado en Salonicco el pasado septiembre. Una ruptura madurada en aquella ampliación del “frente de lo posible” que marcó las jornadas de Génova 2001 (en las cuales Tsipras y los jóvenes de Synaspismos buscaron en vano tomar parte, debido a que fueron detenidos por la policía italiana), y después los foros sociales europeos.

Recomposición del bloque social

La victoria de Syriza nace también de un pensamiento ya presente anteriormente, la idea de que otra Europa es posible. No es un simple cambio de gobierno, sino un posible cambio de paradigma de la política en Europa: una ruptura no solo del paradigma de la austeridad, sino también del progresista, que toma como base el modelo socialdemócrata.

El programa de Salonicco —adoptado por el nuevo gobierno griego— representa un cambio respecto a la política de austeridad no solo para Grecia, sino para Europa: una conferencia europea sobre la deuda, un new deal para Europa, la exclusión de las inversiones públicas de los vínculos de estabilidad, el rol del Banco Central Europeo como prestador de última instancia; por mencionar los puntos principales.

Señal de cambio son las medidas emprendidas por el primer Consejo de ministros (lamentablemente integrado solo por hombres) griego: de la reapertura de la televisión de Estado al incremento del salario mínimo para las trabajadoras y los trabajadores; desde la electricidad gratuita para grupos sociales enteros que no tenían acceso a ella al regreso de la contratación colectiva; de la restauración de los primeros auxilios para aquellos que no disponen de servicios de salud al fin de la privatización del puerto de Atenas.

Medidas que muestran que carece de fundamento cualquier comparación entre Tsipras y Renzi, quien ha construido una retórica de la flexibilidad como estrategia para ocultar el hecho del pleno respeto de los pactos de estabilidad, poniendo en marcha una mayor precarización del trabajo a través del Jobs Act.

Es evidente que no bastará la solidaridad con la experiencia griega, se requerirá un apoyo real y tangible, dado que la victoria electoral no es aún, obviamente, la victoria del cambio, los ataques y los chantajes de la Troika serán (y ya son) durísimos y las dificultades enormes. La consciencia de que la victoria electoral representa solo el inicio de un complejo desafío era dislumbrada por Tsipras meses antes de las elecciones:

“Quien está mojado no tiene miedo de la lluvia”. El pueblo griego no tiene nada que perder sino las cadenas, para ello deben tener confianza en Syriza. Estamos trabajando sobre los posibles ataques de la oligarquía y planeando nuestra reacción. Una cosa es vencer en las elecciones, otra es tener el poder real. A la gente no le pedimos solo el voto, sino caminar juntos para implementar el cambio deseado y para iniciar políticas de igualdad social. La verdadera lucha iniciará después del triunfo electoral, no antes. Nuestra experiencia de gobierno tendrá como epicentro los movimientos porque sin el apoyo de las personas no podremos poner en práctica nuestras ideas. De esto estamos plenamente convencidos y conscientes.1

La necesidad de practicar la rupturas también se debe —explica el dirigente de Syriza— a la elección de no mantener acuerdos con quien ha sostenido las políticas de austeridad y de elegir el apoyo de ANEL para no tener obstáculos en la aplicación del programa de Salonicco.

La victoria de Syriza es también señal del fin del paradigma progresista: el neoliberalismo sella el divorcio entre capitalismo y democracia (en última instancia, entre lo social y lo político): la impermeabilidad de la gobernabilidad y la no representación ponen en crisis el esquema según el cual un ciclo de luchas pueda determinar su eficacia sobre el terreno de la misma representación. La subsunción del Partido Socialista Europeo (PSE) en aquel “extremismo de centro” de la gran coalición que está gobernando Europa, contribuye a destruir la Europa del welfare y manifiesta el agotamiento del impulso progresista del modelo socialdemócrata.

Syriza elige no hacer ningún acuerdo con el Pasok, pues considera no modificable la austeridad. Se convierte en fuerza de gobierno no en virtud de alianzas y compromisos, no porque intenta “situarse en la izquierda”, sino en virtud de su alteridad y de su capacidad de formular alternativas de sociedad antes de llegar al gobierno.

Por lo tanto, es la experiencia de Syriza, incluso antes de su afirmación electoral, lo que proporciona un paradigma no para importar sino para traducir por parte de la izquierda europea, en primer lugar la del sur, y no en último lugar la italiana, sobre al menos dos puntos fundamentales: izquierda de alternativa/izquierda de gobierno; alianzas y unidad de la izquierda.

Syriza significa en griego coalición de la izquierda radical. Recoge el consenso propiamente en virtud de ser alternativa. Ello debería ayudar a deconstruir la narración itálica según la cual radicalidad significa ser minoritario o testimonial, es por lo que el tema de la izquierda en el gobierno coincide con aquello de las alianzas políticas. Syriza se convierte en la izquierda de gobierno justamente en virtud de su alteridad y por su capacidad de formular la posibilidad de una sociedad alternativa.

Y aquí llegamos al segundo nodo, el de la unidad. Syriza obtiene consenso porque es capaz de ir al fondo de los conflictos contra las políticas de austeridad, desde las huelgas hasta la ocupación de la plaza Syntagma; porque en la Grecia masacrada por las políticas de austeridad, en la verdadera “crisis humanitaria” que lastima al pueblo, construye formas de mutualismo, de solidaridad social y autogestión: desde los comedores a los servicios de salud. Syriza es una coalición intensa no solo como unión de pequeños partidos, sino como coalición social y política que se plantea el tema de la recomposición del bloque social. Como ha repetido en varias ocasiones el mismo Tsipras, “es necesario unir aquello que el neoliberalismo ha dividido”. En otras palabras, justo lo contrario de una idea pragmática de unidad.

ocombate 29Viento de cambio

El viento de cambio puede soplar sobre España, que con cierta probabilidad irá a las votaciones a finales de 2015, tomando forma en experiencias distintas a las de Syriza (no sin analogías programáticas) y distintas entre ellas, desde la consolidada de Izquierda Unida hasta las nuevas formaciones como Podemos y Guanyem Barcelona.

Podemos se forma con el objetivo de convertir a la mayoría social golpeada en una nueva mayoría para el cambio político, es decir, de transformar la mayoría social expropiada en una nueva mayoría para el cambio político. Nace gracias al cambio en el sentido común producto del movimiento de los indignados, aún sin ser una directa expresión electoral. Fundada por jóvenes militantes y estudiosos de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid y a través del notable peso mediático de Pablo Iglesias. En el contexto de una país fuertemente marcado por la crisis democrática, así como social, Podemos se hace intérprete del conflicto arriba/abajo, democracia/oligarquía.

La campaña de Podemos asumió que, en política, los significantes viven luchas en su interior y su elección depende del conjunto de posiciones que se agrupan tras ellos. Esta visión constructivista del discurso político permitió interpelaciones transversales a una mayoría social descontenta, que fueron más allá del eje izquierda-derecha, sobre el cual el relato del régimen reparte las posiciones y asegura la estabilidad, para proponer la dicotomía “democracia/oligarquía” o “ciudadanía/casta” o incluso “nuevo/viejo”: una frontera distinta que aspira a aislar a las elites y a generar una identificación en relación con las nuevas dicotomías.2

El primer significante que Podemos resignifica, sobre la base de la experiencia latinoamericana, es pueblo: como en el pensamiento laclausiano, el populismo no sería en sí ni de derecha ni de izquierda. El pueblo es un significante objeto de una disputa hegemónica: el grupo social que atribuye significado al significante pueblo se vuelve hegemónico.

Sucede algo muy distinto en el contexto catalán, marcado por una fuerte densidad social y por un profundo arraigo social de los movimientos, por una conexión muy estrecha entre instituciones de movimiento y representación: Guanyem Barcelona, la unión de la izquierda plural que se presentará a las elecciones de primavera, nace en estrecha relación con las luchas y las plataformas anti desalojo y por el derecho a la vivienda.

Un viento de cambio sopla en el sur, desde el Mediterráneo sobre Europa. Si, por un lado, las políticas de austeridad han producido una mayor jerarquización de las economías de los Estados miembros, incrementando la brecha entre el norte y el sur y determinando en el sur del continente niveles de desocupación juvenil dramáticos; por el otro se consolida la consciencia de la izquierda europea sobre la necesidad de conectar las fuerzas de izquierda del Sur en un proyecto alternativo para toda Europa: hacer de la cuestión meridional y mediterránea una cuestión continental, para invertir la lógica de los PIGS (del inglés: Portugal, Italy, Greece y Spain), de las “tareas para casa”, de la fortaleza europea. Puntos que han atravesado el South fórum rEUvolution organizado en enero en Barcelona por el Partido de Izquierda Europea y que probablemente adquirirá connotación dentro de la discusión del próximo Foro Social Mundial en Túnez.

El viento de cambio, la brecha que se ha abierto en Europa, y la reapertura de una fase de conflicto social ausente por mucho tiempo a nivel de masas en Italia (desde las manifestaciones del 24 y 25 de octubre, pasando por la huelga social, hasta la huelga general del 12 de diciembre de 2014) constituyen los dos elementos principales de novedad para la izquierda italiana: o mejor dicho abren un horizonte de posibilidades y también de gran responsabilidad.

Con esta responsabilidad se ha concertado la asamblea de La Otra Europa con Tsipras desarrollada en Boloña el pasado 17 y 18 de enero. La intuición (que dio comienzo a la lista) de una propuesta política constitutiva de perfil europeo se convierte en el manifiesto Nos encontramos en una encrucijada —que  junto a otras contribuciones ha abierto la discusión de Boloña— hipótesis al interior del Partido de la Izquierda Europea. El corazón de “una propuesta política que para ser creíble debe ser unitaria y al mismo tiempo radical”, la construcción de una “casa común de la izquierda y de los demócratas italianos en un cuadro europeo” firmemente anclado en lo social. Un proyecto, al que han sido invitados a incorporarse sujetos políticos organizados y aislados, “estratégicamente alternativo al neoliberalismo como visión del mundo, y en oposición —en el plano electoral europeo y nacional— a las fuerzas políticas que lo han encarnado y al mismo PD que sobre esa visión del mundo ha fundado, no solo ahora, su política de gobierno”.

El desafío que tenemos frente a nosotros es la construcción de una coalición social y política popular, alternativa, hegemónica, un sujeto activo del conflicto contra las políticas de austeridad en Europa. No es la importación de un modelo, un simple “hagamos como” que nos otorgue la receta de nuestro arraigo social y popular. Por el contrario, uno de los puntos de la búsqueda para la construcción de una izquierda europea en Italia es su deber volverse nacional-popular, lo que implica un análisis de la peculiaridad de la sociedad italiana y un replanteamiento de las formas de organización del conflicto y del consenso.

Hegemonía y espíritu de división

La izquierda en el proceso de americanización que ha caracterizado, más que en otros países europeos, al sistema italiano en los últimos veinte años, se ha reencontrado gradualmente sin clases y sin pueblo. La pasividad de la sociedad italiana, consecuencia de veinte años de berlusconismo y antiberlusconismo, de la eliminación de las cuestiones sociales del debate político, se ha anclado en el sistema electoral mayoritario y bipolar, en la expulsión estructural del conflicto de la representación. Materialmente, el proceso de precarización del trabajo ha destrozado la resistencia y solidaridad social.

La fragmentación de la izquierda italiana es consecuencia de esta división entre lo social y lo político, de la carencia de arraigo de un bloque social que al mismo tiempo se ha desintegrado paulatinamente. El tema de la unidad, una vez más, no puede ser solo, ni principalmente, el de la recomposición política. El tema de fondo sigue siendo la reconexión entre lo social y lo político: no la representación de un bloque social, sino su reconstrucción; no la autosuficiencia de la “unidad de la izquierda”, sino la conexión de conflictos y luchas. Como en la conmovedora película Pride, ambientada en la Inglaterra thatcheriana, que cuenta una historia real de solidaridad entre la lucha de los mineros de Gales y un colectivo lésbico gay.

Si el neoliberalismo ha producido individuos solos y disciplinados por la competitividad, en la actualidad un proceso de subjetivización política no puede ser otro que, en primer lugar, un hacer sociedad. Conflicto, mutualismo, construcción de hegemonía: estos son los senderos a considerar en la consciencia de la búsqueda todavía por hacer sobre las formas de la organización del conflicto precario, así como sobre nuevas formas de formación del sentido común y del consenso, sobre la necesidad de construir “otros poderes” en la sociedad, instituciones de movimiento, auto-organizaciones de los subalternos. Tampoco faltaron experimentos importantes en Italia, como la huelga social del pasado 14 de noviembre (su slogan era cruzamos los brazos, cruzamos las luchas).

En primer lugar es necesaria la construcción de una fuerza política como transformación de las relaciones de fuerza. Por veinte años la izquierda italiana se ha caracterizado por una progresiva subsunción de sus grupos dirigentes a la lógica de la gobernabilidad. Era tal la profunda grieta entre Craxi y el Berlinguer de la alternativa democrática. A la disolución del PCI siguió, al poco tiempo, el apoyo al sistema electoral mayoritario. Y sobre el tema del gobierno y de las alianzas (la posibilidad de construir la alternativa a través de la alternancia) se consumaran numerosas y profundas divisiones en la izquierda.

La experiencia de Siryza muestra que la construcción de una izquierda de gobierno, con vocación mayoritaria, pasa por la necesidad de postular una alternativa de sociedad, por la alteridad de las prácticas y formas políticas. Gramscianamente, la lucha por la hegemonía presupone el “espíritu de escisión”. Esta debería ser la base para un cambio de paradigma en la izquierda italiana.


* Diputada al Parlamento Europeo. Dirigente del Partido de la Refundación Comunista.

1 Entrevista a Alexis Tsipras in Mateo Pucciarelli, Giacomo Russo Spena, Tsipras chi?, Il leader greco che vuole rifare l’Europa, Roma, Alegre, 2014, p.20.

2 Iñigo Errejón, “Podemos”, la nueva fuerza española, en le Monde Diplomatique, agosto 2014. Cfr. Anche Matteo Pucciarelli, Giacomo Russo Spena, Podemos, la sinistra spagnola oltre la sinistra, Roma, Alegre, 201, p.20.

Traducción: Jazmín Carbajal y Aldo Guevara.