UNA IZQUIERDA QUE NO EXISTE EN EL ESTADO QUE NO ES

UNA IZQUIERDA QUE NO EXISTE EN EL ESTADO QUE NO ES

El Estado mexicano –que desde la Revolución mexicana hasta los años 1980 fue un ejemplo de manual de lo que era un Estado capitalista- no es más que un semi Estado en descomposición acelerada. En efecto, ha sufrido mucho más que otros Estados de países dependientes las consecuencias de la política del gran capital en el desarrollo de la mundialización.

Es decir, la pérdida de soberanía en el establecimiento de su política financiera, monetaria, militar, jurídica, alimentaria, rural, demográfica y del control del territorio nacional. Los acuerdos internacionales subordinan a Estados Unidos, los servicios de la deuda externa, el presupuesto y la moneda nacional. La compra del armamento se realiza en Estados Unidos, las fuerzas armadas están supervisadas por Estados Unidos mediante observadores in situ, los procesos electorales son controlados por Washington al igual que la justicia, el campo fue colocado al servicio de las necesidades estacionales de los importadores del Norte y la soberanía alimentaria fue liquidada mediante el Tratado de Libre Comercio norteamericano con el resultado del despoblamiento de las regiones rurales a la opción a la  población joven entre la desocupación disfrazada de empleo informal, la emigración clandestina abandonada a sí misma o la delincuencia y el ejército de Estados Unidos declara oficialmente que controla todo el territorio hasta Centroamérica y manda técnicos militares y policiales a México para intervenir en lo que titula “defensa del orden”.

flores 0A eso se agrega la ilegitimidad y la ilegalidad del personal gobernante desde 1988 (anteriormente el PRI cometía continuamente fraudes, asesinatos políticos e ilegalidades pero tenía amplio consenso popular). El fraude descarado le robó la victoria electoral  en 1988 a Cuauhtémoc Cárdenas; los asesinatos masivos crearon las condiciones para imponer un nuevo gobierno del PRI-PAN que no cumplió con su firma en los Acuerdos de San Andrés y pasó el testimonio al PAN, que en el 2006 volvió a robarle  la elección presidencial, en este caso a Andrés Manuel López Obrador, militarizó y ensangrentó al país y en el 2012 devolvió el gobierno a su aliado priísta para que eliminase por completo en el plano jurídico, político, económico y social las conquistas de la Revolución mexicana que aún subsistían.

El resultado es un Estado sin los atributos de un Estado independiente,1 coludido con la parte más sangrienta e inescrupulosa del capital, el narcotráfico y  la delincuencia organizada, carente de consenso y dependiente por completo de la represión y los asesinatos para mantener el gobierno de una oligarquía reducida de socios del gran capital financiero internacional, donde la Presidencia media entre los señores regionales y los señores de los clanes de narcos con la cobertura de un Parlamento servil donde PRI, PAN y PRD aprueban todo a libro cerrado a cambio de la propina para los lacayos.

En este semi Estado no existe aún una izquierda alternativa. No la hay porque las tendencias mayores que dicen pertenecer a la izquierda y a la oposición no son más que la izquierda del régimen capitalista y del sistema mexicano, no su alternativa y no buscan barrerlos a ambos con la movilización obrera, campesina y popular sino modificarlos, reformarlos detrás, en el mejor de los casos, de la peregrina idea de resucitar el México reformista y nacionalista de Lázaro Cárdenas, olvidando que las conquistas de los años 30 fueron el resultado de grandes luchas violentas y que ese gobierno terminó instalando en Los Pinos a Ávila Camacho y al PRI.

El PRD, que nació de la izquierda del PRI y de su unión con diversos partidos, militantes y movimientos de la izquierda socialista tradicional, rápidamente se convirtió en la quinta rueda del carro gubernamental, como lo prueban, una vez más, los consejos de Cárdenas a sus parlamentarios que obstaculizaron la aprobación de los derechos de los indígenas, el llamado Pacto por México y el caso de Ayotzinapa.

Morena, nacido de la izquierda del PRD y de la lucha legítima y necesaria contra el fraude en el 2006, ha escogido por su parte la vía electoral, cerrando la de la organización de la resistencia civil, no organiza prioritariamente la protesta social y se limita a esperar que el peor gobierno que ha tenido México desde el general Santa Anna y desde Porfirio Díaz, respete en el futuro el resultado de las urnas. De este modo va a pasos acelerados hacia su transformación en un PRD bis.

El abstencionismo y el apoliticismo semianárquico de la Otra Campaña favorecieron a Calderón y favorecen al sistema capitalista, dejando que los indígenas del EZLN queden encerrados y abandonando cualquier formación política de sus cuadros y toda posibilidad de elaboración programática anticapitalista.

Queda así una esperanza que es aún una posibilidad: la Organización Política de los Trabajadores (OPT) creado por varios sindicatos, principalmente el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), más algunos pequeños partidos de izquierda revolucionaria.

La OPT es un partido sin registro, pero con influencia en los sectores obreros más combativos. Su principal base –el SME- es un sindicato de despedidos y jubilados cuya principal preocupación es, lógicamente, obtener una fuente de trabajo. Los sindicatos, además, son  un organismo para discutir en el mercado de trabajo las condiciones laborales y las remuneraciones de cada categoría, no la abolición del capitalismo y del régimen asalariado, y la principal preocupación de sus dirigentes más combativos es conseguir una mejor relación de fuerzas- a favor de los afiliados-frente a las empresas. Los sindicatos pueden apoyar acciones políticas y formar partidos ad hoc, pero funcionan con otras bases que los partidos políticos porque agrupan a trabajadores de diversas corrientes ideológicas sobre la base del enfrentamiento al patrón, no al sistema. De ahí que los trade unions ingleses fuesen apoyo de la derecha laborista y los sindicatos brasileños que formaron el Partido de los Trabajadores hayan sido la base del centroderecha dirigido por Lula en la dirección de ese partido.

Por supuesto, la situación extrema que vive México sin ley ni seguridad jurídica  y el alto grado de explotación y opresión capitalista no tienen nada que ver con las situaciones que dieron origen al Partido Laborista inglés en el siglo XIX, al Partido Laborista argentino en 1945, rápidamente domesticado por  el peronismo y al PT brasileño, en 1979. En México los obreros combaten hoy con la espalda contra el muro. No tienen otra opción a la barbarie que la resistencia, la autoorganización, la audacia. Y en el seno de la OPT hay revolucionarios decididos.

Todavía no está claro si la OPT tendrá o no la claridad y la fuerza necesarias para ser el núcleo de nuevos movimientos y cuál puede ser su evolución. Pero, responsablemente, para quien quiere luchar con independencia política no solo contra los ejecutores de la política del gran capital sino contra el sistema, la pequeña OPT, sin registro y  con un futuro incierto, sigue siendo la única opción.


1 Ver Guillermo Almeyra, “Notas sobre la crisis del Estado en México”, en Mabel Thwaites Rey (ed.), El Estado en América Latina: continuidades y rupturas, CLACSO-ARCIS, 2013, págs 169-189