La Cartilla de derechos de las mujeres fue presentada en la conferencia mañanera del pueblo el pasado 7 de marzo. Es parte de una política nacional para impulsar la toma de conciencia colectiva sobre los derechos de aquellas que conforman más de la mitad de la población y que, sin embargo, son también las más pobres de este país de acuerdo con cifras de CONEVAL1.
Existen antecedentes de este ejercicio. El gobierno capitalino, bajo la administración de la entonces Jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum (2018-2024), ya había publicado un documento parecido, #NoEstásSola. Cartilla de derechos de las mujeres, pensada como una guía para reconocer y actuar ante la violencia contra las mujeres; además del listado de derechos, incluía las formas y modalidades de violencia de género así como el contacto de los servicios de atención. A la par, durante el gobierno del expresidente López Obrador, se publicó una versión adaptada de la Cartilla moral de Alfonso Reyes, como parte de los materiales seleccionados para los Programas Emergentes de Actualización del Maestro y de Reformulación de Contenidos y Materiales Educativos.
La nueva Cartilla de derechos de las mujeres presentada por la Presidenta Sheinbaum y la Secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, es un cuadernillo de 46 páginas, ya disponible en línea, que contiene 15 derechos, que no son los únicos existentes pero son considerados esenciales para una primera versión. Va a entregarse en todo el país, tanto a mujeres como a hombres, a través de distintos mecanismos como las futuras redes de mujeres denominadas “tejedoras de la Patria” y mediante asambleas de mujeres. Para realizar este esfuerzo monumental, se necesitará la impresión de millones de ejemplares, su entrega a lo largo y ancho del país, una estrategia de formación con alcance nacional para acompañar la entrega y su traducción y difusión a lenguas indígenas.
En este trabajo, no nos detendremos a analizar la propuesta política y de contenidos vertida en la Cartilla –proponemos hacerlo por entregas–, el contexto en que se desarrolló esta herramienta o el alcance o los retos de la estrategia nacional para repartirla; esbozaremos apenas una problematización sobre uno de los derechos con el que abre la Cartilla: el derecho a ser feliz.
Si bien es un derecho que no se encuentra en nuestra actual Constitución Política, como aspiración ha sido recuperada tanto por concepciones liberales como por tradiciones revolucionarias, con sentidos distintos. Vaciada de su contenido político y edulcorada por los discursos de la posmodernidad neoliberal, también es recuperada por los neofascismos contemporáneos, que gobiernan a través de una política de las emociones. Walter Benjamin ya advertía sobre la estetización de la política que acompañaba al fascismo histórico, no sólo como una exaltación de lo bello por lo bello (el arte por el arte) que excluye a la política de cualquier otro tipo de juicio, sino como una forma de reducir la política a la generación de emociones. Si al esteticismo de la política que el fascismo propugna, “el comunismo le contesta con la politización del arte” nos dice Benjamin ([1936], 1982), a la emocionalidad subjetiva de la política neofascista, la izquierda responde con la politización de la felicidad.
¿Qué significa el derecho a la felicidad y por qué reivindicarlo en una Cartilla de derechos de las mujeres? ¿Hay lecturas de izquierda y de derecha sobre la felicidad como derecho? ¿El neoliberalismo y su cultura posmoderna han transformado la noción de felicidad en un sentimiento de bienestar individual desconectado de las condiciones materiales de existencia? ¿Qué relación existe entre este derecho reivindicado en la Cartilla con la razón ilustrada, la revolución burguesa de Jefferson y la revolución plebeya de Morelos y de Artigas? Son preguntas que guían la escritura de este texto.
El giro afectivo y empoderador del neoliberalismo
El pasado 24 de marzo, en otra conferencia mañanera, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó que México haya alcanzado el décimo lugar en el Informe Mundial de la Felicidad (2022-2024), resultado de un estudio elaborado por el Centro de Investigación sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford, en vinculación con la empresa encuestadora Gallup y la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU. En dicho ranking, los países europeos –particularmente nórdicos– acaparan las posiciones, con la excepción de Costa Rica en el sexto lugar, Israel en el octavo y México en el décimo. “La paz y la prosperidad son resultado de la ampliación de derechos. Hoy somos un país cada vez más justo, con un pueblo alegre y empoderado”, sentenció la presidenta, a propósito de lo que arroja un indicador que puede ser muy problemático y que ha sido elaborado con criterios individuales, alejado de las condiciones sociales y materiales, así como validado por la visión liberal de la ONU.
El sexenio pasado, el entonces presidente Andrés Manuel López Obrador también echó mano de este tipo de indicadores; en 2019 retomó los resultados del mismo Informe Mundial sobre la Felicidad. El hoy extinto Inai (Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales), turnó una solicitud de información a la Presidencia para que proporcionara el estudio que demostraba que el pueblo de México se encontraba “feliz, feliz, feliz”, como había afirmado AMLO. Existía un estudio nacional: la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE, 2019) del INEGI, realizada con una metodología para medir la percepción individual sobre las condiciones de vida2, la cuál era retomada de la organización internacional y think tank OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), también conocida como “el club de los países ricos”.
Por su parte, el ranking mundial de la felicidad recuperado por Sheinbaum, se basa en una metodología para medir la clasificación global de la felicidad que recupera una pregunta de la Encuesta Mundial de Gallup para elaborar el Informe Mundial sobre la Felicidad. La pregunta es: “Imagina una escalera con escalones numerados del 0 al 10. La cima representa la mejor vida posible y la base, la peor. ¿En qué peldaño de la escalera te sientes en este momento?”, porque entienden la felicidad como un mero sentimiento individual y un tema de ascenso social meritocrático. Este tipo de investigaciones inició en Bután, país que patrocinó la Resolución 65/309 de la ONU del 19 de julio de 2011, donde se establece que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano y se invita a los gobiernos a dar mayor importancia a la felicidad y al bienestar en la determinación de medir y alcanzar el desarrollo social y económico. Para abril de 2012, la ONU presentó el primer Informe Mundial sobre la Felicidad y en junio, la Resolución 66/281, dónde se proclamaba el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad, fecha en torno a la cuál se publica el informe cada año.
Pero, ¿qué entiende la ONU por felicidad? Hay quienes hablan de un “giro afectivo”, y en particular, de un “giro hacia la felicidad” (Ahmed, 2019), para referirse a la forma en que se ha impuesto la felicidad –traducida en la aspiración al éxito económico– como un imperativo incuestionable en el horizonte político, que es fomentada tanto por la multimillonaria industria de la felicidad, del bienestar (wellness) y de la farmacéutica –con su crisis de opiáceos–, como por la “nueva ciencia de la felicidad” impulsada en el Norte Global. Implica un modelo de subjetividad del llamado “pensamiento positivo” –echeleganismo en México, las “leyes de la atracción” y del manifestar al universo lo que quieres–, que converge con procesos de individualización resultado de las transformaciones que trajo consigo el neoliberalismo, que terminan por legitimar una serie de estilos de vida sobre otros y refrendan estructuras de poder (Tocino Rivas, 2023).
Esto es parte del ethos neoliberal, que construye una subjetividad donde la concepción del yo se encuentra en constante expansión hacia su autorrealización (Illouz, 2010): el éxito. Esto, como una medida para la productividad y, al mismo tiempo, como una suerte de mecanismo de defensa para impedir que las personas se perciban a sí mismas de otro modo fuera de la lógica del empoderamiento individual. En el caso de las mujeres, esto va muy de la mano con las concepciones del feminismo neoliberal (Rottemberg, 2020), que extiende la idea de la exitosa CEO y la girl boss, imágenes con la que es más fácil identificarse dentro del horizonte del sentido común de la subjetividad neoliberal, antes que la toma de conciencia de clase como trabajadoras oprimidas y explotadas por el capitalismo neoliberal y patriarcal, para comprender la importancia de transformar la realidad.
La felicidad que vende el feminismo neoliberal con su ethos empresarial, es la promesa de alcanzar el feliz equilibrio individual entre el trabajo y la familia, que depende de las habilidades personales de las mujeres y de su libre elección. Es decir, el equilibro feliz es resultado de que la supermujer organice ella misma sus tiempos, sin abrogarle ninguna responsabilidad al Estado o al capital en la reproducción de estructuras que mantienen la división sexual del trabajo y la desigualdad entre las mujeres. Para alcanzar ese éxito no importan los obstáculos para el acceso a los derechos laborales ni sociales, sino la mera percepción aspiracionista que guía el camino hacia la felicidad. Ahí hay un discurso de clase, en esa felicidad a la manera neoliberal, porque las mujeres pueden sentirse felices y empoderadas sin realmente estarlo, mientras la percepción del futuro sea una brillante promesa. Porque la felicidad está en el futuro exitoso que traerá la frugalidad, el apretarse el cinturón, el ahorro, la inversión en sí misma, y no en el aquí y el ahora con las condiciones sociales y materiales que determinan la existencia en el presente.
Repolitizar la felicidad pública
La felicidad como objetivo político emancipatorio fue una de las consignas de la Ilustración y de la era de la revolución. Rousseau, por ejemplo, distinguía entre la felicidad privada, como aquella experiencia satisfactoria enteramente subjetiva y personal, de la felicidad pública, entendida como la capacidad de las asociaciones políticas para religar a los sujetos a través de mecanismos que solventaran las necesidades del vivir bien (Garciamarín Hernández, 2023). Es decir, la felicidad pública subraya las necesidades de contar con condiciones materiales para la vida digna. Estas ideas ilustradas ponían en cuestión a la Iglesia, que prometía la felicidad en el cielo y no en esta tierra; una felicidad que, para los ilustrados, se podía alcanzar a través de la razón. Pues, como decía Epicuro, filtrado por la Ilustración: “No era posible disipar el temor acerca de las cosas supremas, sin examinar la naturaleza del universo […] Sin la investigación de la naturaleza no era posible conseguir placeres puros” (Miranda, 1989).
La idea de la felicidad con sentido político acompañó también a la era de la revolución. Se encuentra presente en documentos como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, cuando se reclaman los derechos naturales, inalienables y sagrados “en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos”. En la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América escrita algunos años antes, en 1776, Thomas Jefferson escribía: “Sostenemos como evidentes dos verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. Una búsqueda que justificaba el derecho de rebelión, al sentenciar que “El pueblo tiene el derecho de […] instituir un nuevo gobierno que […] a su juicio ofrecerá mayores posibilidades de alcanzar la seguridad y la felicidad”, denotando una dimensión colectiva de la felicidad como un objetivo político.
Ahora bien, aunque la felicidad se concibiera no sólo como un sentimiento individual sino como una aspiración colectiva de derechos y bienestar determinada por las condiciones de existencia, también estaba reducida a aquellas personas que podían ser ciudadanas. Las mujeres, las personas esclavizadas, los habitantes de los pueblos colonizados, los varones empobrecidos y los animales no tenían derecho a esa búsqueda de la felicidad. No olvidemos que, a la par de la publicación de estos documentos políticos, también veían la luz la Vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft y la Vindicación de los derechos de los brutos (es decir, de los animales) de Thomas Taylor, obras publicadas en 1792. La discusión animalista estaría presente en la misma Revolución francesa, en la voz del jacobinos como François Boissel (Serna, 2019), que impulsaban el reconocimiento de los derechos de los animales como integrantes de la comunidad política. ¿Tendrían también derecho de rebelión?
La era de la revolución con su concepción pública de la felicidad también estuvo presente en Nuestra América, donde otras concepciones políticas de la felicidad, más democráticas y verdaderamente universales, se manifestaron, como encontraremos en José María Morelos y José Gervasio Artigas.
El derecho de las infelices en Nuestra América
Cuando hablamos de la dimensión política de la felicidad desde una mirada latinoamericanista, es imposible no pensar en los infelices de Artigas, el prócer de la Banda oriental del Uruguay. En el Reglamento Provisorio de la Provincia Oriental para el fomento de su Campaña y seguridad de sus hacendados de 1815, que intentaba hacer un reparto agrario, se estipulaba que “Los más infelices serán los más privilegiados”. ¿Quiénes? “Los negros libres, los zambos de igual clase, los indios y los criollos pobres, todos podrán ser agraciados con suertes de estancia si con su trabajo y hombría de bien propenden a su felicidad y a la de la Provincia. Serán igualmente agraciadas las viudas pobres si tuvieren hijos y serán igualmente preferidos los casados a los americanos solteros y estos a cualquier extranjero”.
El Reglamento estuvo vigente desde su creación en 1815 hasta la invasión portuguesa de 1816, logrando adjudicar tierras a las familias humildes que manifestaron anhelos de trabajo, antes de que la Revolución oriental fuera derrotada. Los infelices eran los sin tierra, los desposeídos, los proletarios; era su condición de clase como sujetos carentes de medios de producción lo que les volvía infelices. En el entendido de que la felicidad no era una emoción o un sentimiento individual, sino el vivir bien, la vida digna. Algo parecido encontramos en el documento insurgente de 1814, la Constitución de Apatzingán, que fue resultado del Congreso de Chilpancingo convocado por José María Morelos. Allí aparece la felicidad pública en el artículo 4º: “[…] los ciudadanos, unidos voluntariamente en sociedad, esta tiene derecho incontestable a establecer el gobierno que más le convenga, alterarlo, modificarlo y abolirlo totalmente cuando su felicidad lo requiera”. En este artículo se parafrasea el derecho de rebelión para la felicidad pública y en el artículo 8º aparece nuevamente como objetivo la felicidad común: “Cuando las circunstancias de un pueblo oprimido no permiten que se haga constitucionalmente la elección de sus diputados, es legítima la representación supletoria que con tácita voluntad de los ciudadanos se establece para la salvación y la felicidad común”.
Doscientos años después de la promulgación de la Constitución de Apatzingán, la Cartilla de derechos de las mujeres recupera el derecho a la felicidad, pero volviendo a una dimensión individual:
Tú tienes derecho a tener un hogar donde vivas feliz, a ir a la escuela desde pequeña, a decir lo que piensas, a caminar con seguridad por donde quieras y a cualquier hora; a vivir sin miedo, a soñar y cumplir tus sueños, a tener un trabajo, una casa y si así lo quieres, a construir una familia. También tienes derecho a no establecer una familia si no lo deseas (p. 10).
Subrayar el derecho de las mujeres y las niñas a vivir en un hogar donde puedan ser felices, parece estar más relacionado con el derecho a una vida libre de violencia, de sentirse seguras en un lugar donde no se les maltrate ni se les violente, y que puedan habitar espacios de manera libre.
El derecho de las mujeres de poder decidir sobre sus cuerpos–vidas es un derecho fundamental que siempre entendemos a nivel individual, dado que las libertades fundamentales garantizadas en la ley están planteadas de la misma manera, como derechos individuales. En la Cartilla, también se incluyen los derechos sociales, pero llama la atención que la felicidad no esté planteada también así, como un derecho colectivo y vinculado con las condiciones sociales y materiales de vida. Si no es así, hay un riesgo de conectar con las narrativas neoliberales que le plantean a las sujetas y sujetos que sus condiciones de vida son fruto de su carácter y de sus decisiones meramente personales. Este entendimiento individual se refleja en el lenguaje, pues la Cartilla se dirige a las mujeres en su condición de individuas: “Conoce tus derechos”, les dice, que es distinto de decir: conozcamos nuestros derechos.
El derecho “a soñar y cumplir con tus sueños”, relacionado con la felicidad individual, resuena inmediatamente con la idea de la “brecha de sueños” que se ha llegado a repetir en el segundo piso del gobierno de la 4T para visibilizar la desigualdad en la educación de las niñas y jóvenes. Pero la llamada brecha de sueños o dream gap es también una campaña de la empresa Mattel para Barbie, que busca “concientizar sobre las limitaciones que enfrentan las niñas para alcanzar su máximo potencial”, individual, por supuesto.
La felicidad colectiva es el derecho de las infelices, de las pobres, de las desposeídas, de las mujeres trabajadoras que son también el pueblo, que conforman a la mayoría del pueblo. La felicidad no puede ser sólo el derecho individual de vivir bien y sin violencia, es el derecho de todo el pueblo a la vida digna. El contenido del feminismo humanista y anti-neoliberal del segundo piso de la Transformación, que no es sólo discurso sino que se materializa en política pública, puede profundizarse y marcar mayor distancia con el sentido común que nos legó el neoliberalismo. Así como con el discurso de los personeros del capitalismo neoliberal, que se presentan como aliados de las mujeres: las transnacionales, supuestamente comprometidas con la igualdad sustantiva y la paridad en los consejos empresariales; y los organismos internacionales, caballos de Troya del caduco Consenso de Washington, que hoy nos hablan de la igualdad de género como un “ganar ganar”, sin inmutarse por su papel en la profundización de las brechas de desigualdad y las políticas económicas que empobrecieron a las mujeres trabajadoras.
El derecho a la vida digna de las infelices es el derecho de todas: a la propiedad de la tierra como defendió Artigas y a vivir con dignidad y en comunidad, no sólo en el hogar, sino en naciones libres y soberanas.
Referencias
Ahmed, Sara, (2019). La promesa de la felicidad. Una crítica cultural al imperativo de la alegría. Buenos Aires: Caja Negra.
Benjamin, Walter ([1936], 1982). “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”. En Discursos interrumpidos I, 17-59. Madrid: Taurus Ediciones.
Gobierno de México (2025). Cartilla de derechos de las mujeres. México: Gobierno de México/Secretaría de las Mujeres, URL: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/982216/Cartilla_de_Derechos_de_las_Mujeres_07_marzo_25.pdf
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Enrique Méndez, Néstor Jiménez y Dora Villanueva (23 de agosto de 2019). “Insiste AMLO en que “el pueblo está feliz”, y lo probará con documentos”, La Jornada, URL: https://www.jornada.com.mx/2019/08/23/politica/005n1pol.
Helliwell, JF, Layard, R., Sachs, JD, De Neve, J.-E., Aknin, LB y Wang, S. (Eds.). (2025). Informe Mundial sobre la Felicidad 2025. Universidad de Oxford: Centro de Investigación del Bienestar, URL: https://happiness-report.s3.us-east-1.amazonaws.com/2025/WHR+25.pdf.
Illouz, Eva (2010). La salvación del alma moderna. Terapia, emociones y cultura de la autoayuda. Buenos Aires/Madrid: Katz.
Miranda, José Porfirio (1989). Hegel tenía razón. Crítica de la ciencia empírica. México: UAM-A.
Reyes, Alfonso (2018). Cartilla moral. México: Secretaría de Educación Pública, URL: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/427152/CartillaMoral_.pdf
Rottemberg, Catherine (2020). El auge del feminismo neoliberal. España: Universitat Jaume I.
Serna, Pierre (2019). Como animales. Historia política de los animales durante la revolución francesa (1750-1840). Zaragoza: Universidad de Zaragoza.
Tocino Rivas, María (2023). “Dos apuntes a propósito del “giro hacia la felicidad”: de la crítica del neoliberalismo al “giro afectivo””. Éndoxa: Series Filosóficas, 51 (225-246), https://revistas.uned.es/index.php/endoxa/article/view/28944/27825.
Villanueva, Dora. (18 de mayo de 2021). “Rechaza OCDE que tenga línea neoliberal o ser “club de los países ricos””. La Jornada, URL: https://www.jornada.com.mx/notas/2021/05/18/economia/rechaza-ocde-orientacion-neoliberal-o-ser-club-de-los-paises-ricos/.
- En México hay 24.8 millones de mujeres en situación de pobreza, de las cuales 4.8 millones se encuentran en pobreza extrema, en comparación con los hombres que suman 22 y 4.3 millones, respectivamente. ↩︎
- El cuestionario de la ENBIARE pregunta cómo las personas califican 12 aspectos de su vida y lo promedia. Las valoraciones más altas se reflejan en los rubros de la vida privada: las relaciones personales, la ocupación, la vivienda, el estado de salud, los logros personales y la perspectiva de futuro y vecindario, donde el promedio rebasa los de 8 puntos de 10. Mientras que las calificaciones relacionadas con la situación general del país y las condiciones de seguridad que, afectan grandemente la calidad de vida, quedan desdibujadas en la percepción del bienestar. ↩︎