1En 2023, la Ley Federal del Trabajo fue reformada en el artículo referente a las enfermedades profesionales. Padecimientos que previamente no eran atribuibles al trabajo desempeñado, fueron reconocidos como resultado de éste. Tuvieron que transcurrir más de cincuenta años para que la reforma tuviera lugar, a pesar de que los cambios registrados en la tecnología, en la organización del trabajo y en las condiciones del trabajo fueran gigantescos. El uso de las computadoras en los centros de trabajo, de nuevos materiales, el tránsito del fordismo al toyotismo, etc. plantearon un nuevo panorama en materia de salud de los trabajadores. No obstante, la legislación quedó a la zaga de las profundas mutaciones y podría afirmarse que no es atribuible solamente a una tradicional lentitud jurídica, sino al entrecruzamiento de intereses políticos y económicos. Mucho antes del año 2023, sindicatos y académicos vinculados a éstos o bien estudiosos científicos de la problemática habían señalado la necesidad imperiosa de actualizar la ley. A la espera de la realización de la reforma, cada caso de un trabajador enfermo tuvo que ser disputado para demostrar la profesionalidad de su padecimiento, lo cual no implicaba necesariamente un desenlace favorable para él o ella.
La reforma actual no será el último peldaño por escalar: de hecho, ésta prevé la actualización de la tabla de enfermedades cada quinquenio. Pero tampoco implicará la resolución final de la grave situación de salud de los trabajadores en el contexto mexicano, porque los cambios jurídicos constituyen solamente un marco de las prácticas institucionales, un deber ser y no un ya es. Restan aún muchas asignaturas pendientes, entre otras, una sistemática investigación del universo del trabajo actual y de los riesgos de trabajo implícitos, una reorientación de las prácticas médicas en el seno de las instituciones de seguridad social e incluso un énfasis mayor durante la formación académica de los futuros profesionales en la problemática médicosocial. Esta agenda no estaría completa si no se altera sustancialmente el enfoque metodológico que rige en la ciencia actual. Se trata de la inclusión de los trabajadores en el quehacer investigativo como sujetos centrales en la generación de conocimiento. El paradigma positivista que campea aún en la ciencia médica, no obstante, su radical crítica en otros espacios disciplinares, ha desdeñado sino es que, descartado, de su mirada la experiencia acumulada por los trabajadores, considerándola muchas veces anecdótica y subjetiva y, por lo tanto, imposible de recuperar en un discurso controlado epistemológicamente. Sin embargo, los estudios más rigurosos han sido aquellos en que los trabajadores tuvieron una participación activa a la par de los académicos.
En 2023, año de la reforma de la Ley Federal del Trabajo, se cumplieron cien de una huelga pionera en México en torno al reconocimiento de una enfermedad contraída en el trabajo. Aconteció en una comarca fabril donde hacia finales del siglo XIX se fueron instalando gigantescas manufacturas de diversas mercancías, aunque predominó la textil. Orizaba, que tenía una tradición agrícola predominante hasta entonces, cambió radicalmente su fisonomía para convertirse en lo que un contemporáneo llamó el Manchester mexicano. ¿Por qué fue en este lugar donde aconteció un movimiento que colocó en el proscenio de las luchas sociales el tema de la salud obrera? La exploración histórica de la constitución de ese proletariado permite responder la pregunta. Las claves de una respuesta recuperan una de las guías teóricas más fecundas para el estudio de la clase obrera: el proletariado no nació como el sol en la mañana, dijo el historiador Edward P. Thompson. Las redes que tejen su origen y su crecimiento constituyen la base explicativa de sus diferentes luchas y de su perfil clasista ulterior.
Ahora bien, conviene interrogarse sobre la pertinencia de vincular la historia con la problemática actual de la salud de los trabajadores. Hay tal vez que invocar la lapidaria sentencia de Marc Bloch: “La ignorancia del pasado lleva fatalmente a la incomprensión del presente”. En el campo que nos ocupará a lo largo de las páginas siguientes, éste será el resorte intelectual que nos impulsa a indagar en el pasado las causas que condujeron a un nutrido contingente de trabajadores hace cien años a introducir en la agenda política la problemática de salud que los aquejaba y que decidieron trastocar. A través de sus demandas, conocemos también las respuestas de otros sujetos clasistas y, en algunos casos, nos sorprenderá la similitud con las posturas contemporáneas a nosotros en el siglo XXI. Ello no significa que el tiempo se congeló, aun si existen comportamientos sociales que persisten porque los intereses que los motivan siguen presentes. Sucede más bien que la historia no es lineal como lo pretende cierta filosofía, sino que la acumulación de logros sociales puede revertirse. Esto tampoco significa que retrocedamos en el tiempo, sino que las nuevas realidades se articulan a prácticas, discursivas y extradiscursivas, muy añejas.
Revisitar capítulos pretéritos de la Historia posee también otra pertinencia: la de revivificar una memoria que siempre es constitutiva de la resistencia a la dominación. El conocimiento de los procesos sociales -luchas, represiones, traiciones, cooptaciones por el poder- que finalmente condujeron a una victoria o a una derrota de los subalternos, constituye un dispositivo fundamental para autoreconocerse, es decir, para construir la identidad de la clase y, por lo tanto, para definir su proyecto, su rumbo y plantearse nuevos objetivos.
La salud de los trabajadores es un tópico en la actualidad opacado o francamente silenciado. Por supuesto, ello no implica que sea irrelevante o que no presente rasgos de alarmante gravedad o incluso que pertenezca a una realidad histórica enterrada y digna de ser olvidada. De hecho, las grandes mutaciones en los procesos de trabajo, las nuevas formas de contratación que se consignan habitualmente bajo la rúbrica de la precarización, así como la desindicalización propician tanto un previsible deterioro de la salud de los trabajadores como su invisibilización al mismo tiempo que la declinante vitalidad de sus combates.
Indudablemente, son los momentos de ascenso del movimiento obrero los que, durante el siglo XX, dieron lugar a los planteamientos más radicales en torno a la salud. Empero, entrañaría una actitud extremadamente pasiva atenerse a un resurgimiento de la agitación obrera para reiniciar el debate sobre la salud de los trabajadores. Más bien debe plantearse cómo ésta puede constituir una temática de reactivación de la movilización de los trabajadores. Entre otras, esa es la lección de historia que nos lega la huelga de 1923.
El texto está dividido en tres partes. La primera nos introduce en los primeros momentos de las luchas obreras y la progresiva consolidación de las organizaciones sindicales durante las primeras décadas del siglo XX. Resulta sorprendente la temprana beligerancia de estos noveles trabajadores industriales en una región que no tenía una historia remota de experiencia fabril y en un contexto político adverso como lo fue el régimen porfiriano. El primer apartado de nuestro texto constituye un paso imprescindible para comprender a cabalidad la huelga que estalló en junio de 1923, esto es, la segunda parte del artículo, y aunque de corta duración -algo más de una quincena- tuvo enormes repercusiones en las relaciones obrero patronales ulteriores. La razón de ello estriba, es la hipótesis, en que ahí donde imperaba la razón liberal para la imposición de las condiciones de trabajo, éstas quedaron sujetas a una codificación jurídica que consignó al trabajo como indisociable del trabajador y ya no una mercancía como cualquier otra, disociable de su propietario. Por último, es decir, la parte final del artículo, se consagra a explicar tanto la situación actual de la problemática como la relevancia de la reciente reforma de la Ley Federal del Trabajo en materia de enfermedades profesionales.
Dedicamos el artículo a la memoria de dos personalidades de la lucha de los trabajadores por su salud. En primer lugar, Jorge Fernández Osorio (1923-2009) quien conjugó el rigor de la ciencia médica con un compromiso sin cortapisas con diversos grupos de trabajadores, muy particularmente con los electricistas, durante toda su trayectoria profesional. En segundo lugar, Mariano Noriega Elio, fallecido prematuramente en 2013, quien igualmente dedicó su vida profesional a lo que denominó la salud de los trabajadores, oponiéndose a llamarla la salud en el trabajo, porque siempre sostuvo que el sujeto de la problemática y de su resolución eran los mismos trabajadores y no los higienistas industriales o los técnicos de la seguridad industrial o los médicos exclusivamente. Siempre los recordaremos.
Una tradición de lucha: los primeros tiempos del proletariado orizabeño
Los últimos años del siglo XIX en Orizaba fueron de grandes cambios. Porfirio Díaz seguía gobernando a México desde la presidencia del país y lo seguiría haciendo hasta 1911 al igual que muchos miembros de la clase política. El ambiente económico generado por el régimen propiciaba un sustancioso volumen de inversiones, entre las cuales el tendido de vías férreas sería el ícono más celebrado de lo que se consideraba la era del progreso incontenible.
Al calor de ese cobijo gubernamental, varios hombres de negocios tomaron la decisión de incursionar en el mundo industrial, básicamente en el textil, fundando fábricas ahí donde hasta ese momento había dominado un paisaje agrario. Aunque las dimensiones de las fábricas textiles y su moderna maquinaria eran las más impresionantes, había otras consagradas a otras actividades y menos monumentales. Durante las dos últimas décadas del siglo antepasado, Orizaba y los pueblos aledaños cambiaron radicalmente su fisonomía económica y social. Grandes empresas, sobre todo textiles, se instalaron en el lugar rodeadas de otras negociaciones de dimensiones más modestas cuya existencia era subsidiaria de aquellas. Las dimensiones de las fábricas pueden ser descritas con un indicador elocuente: en 1920, el 20% de la energía eléctrica del país era consumida por estas empresas veracruzanas.
En pocos años, Orizaba devino una comarca eminentemente industrial en la que los barcelonnettes, el compacto grupo de comerciantes emigrados de una pequeña población alpina francesa desde la primera mitad del siglo, decidió diversificar sus inversiones colocando capitales en el sector manufacturero. La magnitud del capital requerido los condujo a asociarse con una sociedad financiera parisina. El negocio era prometedor: la política arancelaria del régimen los resguardaba de la competencia extranjera, vale decir, podían fijar los precios de sus mercancías sin preocuparse por los de los productos importados que serían altamente gravados.
Para construir estos emporios fabriles fueron necesarios considerables contingentes de mano de obra que no se encontraban en el lugar, sino que tuvieron que ser atraídos de otras partes del país. Algunos de estos trabajadores, tras la terminación de las obras, permanecieron en Orizaba y devinieron obreros industriales. En efecto, tan vastas superficies fabriles requerían necesariamente de una equivalente cantidad de trabajadores, algunos con cierta experiencia en las labores manufactureras, que Orizaba no tenía. Se produjo de este modo un fenómeno migratorio que Bernardo García estudió detenidamente2 y que consistió en el arribo de contingentes desde lugares cercanos como Puebla, menos cercanos como Oaxaca y mucho más distantes como Jalisco e incluso Coahuila. Particularmente, los originarios del Valle de México eran portadores de una tradición de luchas cuya importancia se revelaría prontamente en el ámbito de las conflictivas relaciones con las empresas y sus administradores.
Las fábricas de Orizaba ofrecían salarios elevados no sólo respecto a los pagados en la agricultura, sino incluso respecto a los que prevalecían en la industria de otras regiones. Este imán combinado con el despojo de tierras a las comunidades campesinas y que proletarizó a sus integrantes permitió el aprovisionamiento de la mano de obra requerida aun si su domesticación, esto es, su adaptación al régimen fabril estuvo lejos de consumarse con su sola presencia delante de las puertas de las recién estrenadas negociaciones industriales. Los administradores tuvieron que lidiar con añejas tradiciones importadas del mundo agrario como la portación del machete, el sombrero de paja, las múltiples distracciones durante la jornada laboral, la narración de chistes en voz alta, etc. Pero también hubo formas de resistencia como el hurto de telas y los paros de las labores de manera inopinada por inconformidad con algún capataz y sus “malos tratos”. El ausentismo también provocó múltiples dolores de cabeza a los directivos. Podía deberse a que los obreros poblanos decidían regresar a su terruño de origen y no reincorporarse al trabajo el día convenido o simplemente no volver nunca más. Igualmente, la ingesta de alcohol durante el día de descanso y en cantidades cuantiosas podía impedir que el obrero se presentara al trabajo los lunes.
Este breve cuadro de las respuestas esgrimidas ante las nuevas modalidades de sujeción del trabajador revela indudablemente que, lejos de conformarse con el nuevo marco de ejercicio del poder fabril, los obreros esgrimieron un repertorio vasto de acciones.
La agitación obrera en Orizaba se distingue por su precocidad. Las enormes fábricas no abrían todavía sus puertas hacia el final del siglo XIX y ya habían estallado huelgas, lo cual suscita cierta perplejidad historiográfica puesto que corresponde al momento de apogeo del porfiriato, época que habitualmente es caracterizada como una de silenciamiento exitoso de las clases subalternas o, en otras palabras, de pax porfiriana.
La historia social ha hecho hincapié en el carácter pionero de la llamada huelga de Río Blanco de 1907 en el proceso revolucionario, que junto con los sucesos acontecidos en Cananea un año antes, serían anunciadores de la crisis del orden porfiriano y de su caída en 1911. Lo cierto es que el número de huelgas registradas a partir de 1906 creció de manera importante: si en los años previos se registran de 3 a 4 huelgas por año, a partir de 1906 son 23 las que estallaron. En este año, bajo la influencia ideológica del metodismo, por una parte, y del Partido Liberal Mexicano, por otra, se funda el Gran Círculo de Obreros Libres en Orizaba que tendrá influencia más allá de la región puesto que promoverá la fundación de sucursales de la agrupación en varios estados de la República.
En 1907, en acuerdo con el propio Porfirio Díaz, los patrones deciden realizar un paro industrial, con el fin de apaciguar al movimiento obrero, que implica la suspensión de actividades y la interrupción consecuente del pago de salarios. Esto es lo que desatará la huelga de enero de 1907, que en los hechos es un tumulto, no una huelga; es la manifestación de la ira de los trabajadores que los conducirá a incendiar la tienda de raya de las fábricas de Río Blanco, Nogales y Santa Rosa, acción que devino con el tiempo icono de la combatividad de este contingente obrero de inicios de siglo XX. La represión sobrevino inmediatamente dejando un saldo de un sinnúmero de obreros muertos, deportados y encarcelados.
No obstante, la agitación prosiguió. En las fábricas de Santa Rosa y de Nogales estallaron huelgas durante la primavera de ese año y por supuesto a partir del estallido revolucionario. La lista de paros obreros es vasta: en 1910, hubo una huelga en Santa Rosa que duró una semana; en septiembre de 1911, una por aumento de salarios en el departamento de hilados de dicha negociación fabril; en 1912 un paro de labores por inconformidad con las tarifas establecidas por el Ministerio de Fomento; etc. En otras palabras, el ciclo de rebeldía no se detiene en 1906, sino que prosigue incluso tras la represión sufrida en marzo de 1913 a manos del ejército federal tras el golpe de estado huertista. Más aún, la organización lograda en la comarca orizabeña no se detiene en sus confines, sino que el sentido de solidaridad clasista se extiende mucho más allá. Es así como en 1916 los obreros conciben la realización de una Convención Textil Nacional. Para ello, logran reunir los recursos necesarios para enviar a sindicalistas de la región a Guanajuato, Oaxaca, Michoacán, al Valle de México y a Jalisco para que se sumen a ese espacio de articulación de luchas obreras.
En síntesis, se trata de un proletariado beligerante y organizado, muy distinto de aquel contingente que en 1907 saqueó la tienda de raya como resultado de la desesperación, que paulatinamente a lo largo de las tres primeras décadas del siglo XX va conquistando derechos. Logra menos horas de trabajo, más elevados salarios, un trato digno en las fábricas al mismo tiempo que se vuelven dueños del poder local y que promueven proyectos de educación.
Enfermedad y agitación obrera: la huelga de 1923
Tras la inauguración de las fábricas, muy tempranamente un hecho fue advertido: los obreros adquirían enfermedades respiratorias y una cantidad no desdeñable fallecía por esa causa. La nombraron tuberculosis pulmonar y la atribuyeron a la inhalación de los polvos del algodón que impregnaban la atmósfera de los talleres. Probablemente no era tuberculosis, sino bisinosis que sería reconocida tiempo después como enfermedad profesional, pero la especificidad taxonómica no resulta relevante en esta narración histórica. Algunos textos escritos por los obreros durante la primera década del siglo XX aluden precisamente al alivio que sentían cuando durante el día de descanso podían salir al aire libre y respirar con menos dificultades. Una década y media después, un informe del gobierno del estado de Veracruz destacaba que, en una de las fábricas, la Santa Gertrudis de manufactura de yute, de 570 obreros, 224 padecía tuberculosis y en la Río Blanco, de 2240, 70 se encontraban enfermos del mismo padecimiento.
No era ciertamente la primera vez en la historia de la industria mexicana que la morbilidad de los trabajadores era materia de preocupación. Los mineros sabían muy bien que la silicosis era el dramático y letal colofón de unos pocos años de trabajo bajo la tierra. Incluso mucho antes, los confinados en las manufacturas obrajeras de la época colonial contraían rápidamente enfermedades pulmonares. Lo relevante a inicios del siglo XX es que la enfermedad contraída a raíz del trabajo asalariado deviene un conflicto que trastoca la matriz misma de las relaciones entre capital y trabajo y redefine la condición social del obrero.
Algunos ejemplos de la resolución de casos de accidentabilidad y de enfermedad en los años previos a 1923, es decir, anteriores a la huelga, nos darán cuenta por efecto de contraste de la mutación producida por la movilización obrera de los años veinte.
Corre el año de 1920: José Guadalupe Carrasco es un cargador de barriles de tequila al servicio de Gómez Ochoa y Cía. Sufre un accidente que lo lesiona pero que los propietarios imputan al descuido del trabajador. La Secretaría de Comercio, Industria y Trabajo interviene argumentando que “el hombre es más que una máquina”, lo cual motiva la respuesta elocuente de la empresa: “En el caso del préstamo de una máquina, habría que distinguir si es un préstamo gracioso o si la máquina se nos prestó como compensación de algo que nosotros damos. Si un desperfecto de la máquina proviene como natural consecuencia del uso que se hace de la máquina y pagamos ese uso, no nos creemos, ni legal ni moralmente obligados a cubrir el importe del desperfecto”3. En otras palabras, el pago de una remuneración al trabajador cubre implícitamente los daños que pueda ocasionar el desempeño de las tareas solicitadas.
Así como sucede con los accidentes, también acontece con las enfermedades. Si los primeros son consecuencia del descuido, es decir, de una conducta anómala, las segundas son atribuidas a la inmoralidad obrera, la cual será la justificación para desentenderse de toda responsabilidad: “A los trabajadores”, decía el propietario de una fábrica de pinturas y de mosaicos, “mientras más limitados se les tenga en sus sueldos es mayor el beneficio que se les hace y prueba de ello es que siempre que alguno es mejorado o alcanza rayas mejores que los demás, es el primero en faltar a sus labores los lunes y si le sobra dinero, el martes, presentándose a diario en estado de ebriedad”4.
En 1918, la fábrica Cerritos en Orizaba se negó a pagar medio sueldo a un obrero que padecía fuertes dolores en la espalda y en los riñones y proporcionarle medicinas y atención médica, de acuerdo a lo estipulado en la Ley del Trabajo del estado de Veracruz. La administración de la fábrica basó su rechazo en el hecho de que la nefritis era causada por el abuso de bebidas alcohólicas y por lo tanto sería injusto que se otorgara el mismo beneficio al obrero “laborioso y ordenado que por una verdadera desgracia contrajo una enfermedad que aquel otro que por sus vicios y excesos se ve presa de un mal”. Concluía: “Por obvias razones de moralidad rehusamos dar al enfermo todo auxilio”5.
El accidente y la enfermedad son, por lo tanto, sea resultado de la casualidad, vale decir, de un hecho fortuito ajeno a la voluntad del empleador, sea producto de la inmoralidad propia de una conducta apartada de las normas sociales correctas. Bajo estas circunstancias, el empleador no tiene por qué asumir alguna responsabilidad o carga legal, sino en el mejor de los casos prestar un auxilio, una ayuda o, como se denominará en ciertas empresas mineras, una caridad, en un lenguaje teñido de religiosidad cristiana.
La organización gremial de los obreros en Orizaba comenzó tempranamente y durante la contienda revolucionaria se consolidó, como fue dicho anteriormente. Era un contexto político y social diferente al prevaleciente durante el régimen porfiriano durante el cual la protesta era duramente reprimida. En el estado de Veracruz, la legislación del trabajo, emitida en calidad de reglamentación del artículo 123 constitucional durante la gubernatura de Cándido Aguilar, preveía el pago de una fracción del salario mientras el trabajador se restableciera de las lesiones sufridas a raíz de un accidente o de una enfermedad. Se trataba de un marco legal que podía respaldar demandas, pero su efectividad dependía de la fuerza política de un poder público todavía enfrascado en establecer su victoria militar más que en la resolución de controversias del ámbito civil.
Desde 1918, los sindicatos empiezan a intervenir en la resolución de casos de obreros accidentados o enfermos. En la fábrica de Santa Rosa, se constituye el Comité pro-enfermos que procura resolver el tema del pago de salarios durante la convalecencia o el de una indemnización a los deudos en caso de fallecimiento. Generalmente las negociaciones no fructifican y, por lo tanto, el litigio es canalizado a las juntas de conciliación y arbitraje donde tampoco se resuelve prontamente, concluyendo muchas veces en la muerte del obrero o la emigración de sus familiares a su lugar de origen.
El respaldo jurídico de las demandas es la ley del trabajo de 1918 del estado de Veracruz que consigna el pago de la mitad del sueldo, de las medicinas y del servicio médico durante la incapacidad en caso de contraer una enfermedad profesional. Este enunciado no resuelve sin embargo el espinoso problema de definir a las enfermedades profesionales, o sea, cuáles eran las contraídas en el desempeño del trabajo y sobre todo el de dirimir si la tuberculosis pulmonar era o no un padecimiento originado en las condiciones de trabajo de los talleres fabriles.
La argumentación de los empresarios seguirá siendo la misma: un artículo del periódico jarocho El Dictamen insistirá en que la tuberculosis se debía, entre otros, a los malos hábitos alimenticios, al desmesurado consumo de alcohol y al desenfreno sexual6.
Llegado el mes de mayo de 1923, el gobierno estatal encabezado por Adalberto Tejeda7 considera oportuno el momento de reglamentar la cuestión de las indemnizaciones mediante una ley de enfermedades profesionales. Simultáneamente, la Confederación Sindicalista de Obreros y Campesinos de Orizaba se pronuncia por adicionar a la ley propuesta por el gobernador la instalación de sanatorios sufragados por las empresas, la formación de equipos de médicos que dictaminen la profesionalidad de las enfermedades y la instalación de ventiladores en los talleres, así como aparatos de absorción de polvos.
El 7 de mayo esta agrupación comunica el contenido de una carta en la que conmina a los empresarios a resolver el conflicto aceptando pagar la mitad del salario a los obreros convalecientes hasta su total recuperación. De no hacerlo, amenaza el organismo sindical con estallar una huelga general. La amenaza no se concreta en los días y semanas siguientes, pero la presión de los sindicatos afiliados a la Confederación sube de tono. Finalmente, el 15 de junio todas las actividades económicas de la región se paralizan. Además de los obreros de las grandes fábricas textiles, el movimiento alcanza a afectar a otras empresas de menor tamaño como una fábrica de cigarros e incluso al ferrocarril urbano que conecta a la ciudad de Orizaba con su periferia fabril.
La huelga que involucra a diez mil trabajadores, pronto corre el riesgo de convertirse en la huelga de los cincuenta mil, lo cual es indicativo de que la exigencia de los orizabeños estaba latente en muchos otros contingentes del país y que condensaba una aspiración largamente contenida.
A los pocos días de estallada la huelga, Enrique Flores Magón arriba a Orizaba donde pronunciará encendidos discursos en la plaza pública, tras haber sido liberado de su encarcelamiento en Puebla. Asimismo, los trabajadores del puerto de Veracruz declaran una huelga en solidaridad con sus homólogos de Orizaba. Los de Puebla proponen seguir los pasos de los jarochos, pero la dirección general de la CROM desaconseja asumir esa acción porque, alega, la situación económica de las empresas de la entidad no podría soportar los costos laborales pretendidos por los obreros veracruzanos. Aun así, la huelga corre el riesgo de extenderse y ello es lo que conduce al presidente Álvaro Obregón a intervenir, aun si sus preocupaciones inmediatas se concentran en la resolución de las negociaciones con los acreedores internacionales de la deuda pública y en la inminente sucesión presidencial. Obregón propone entonces una solución consistente en el nombramiento de tres médicos, uno por cada sector -obrero, patronal y estatal-, para definir a las enfermedades de carácter profesional y el pago del salario, del médico y de las medicinas a los enfermos, aunque sólo las dos últimas prestaciones en caso de enfermedades venéreas y de alcoholismo.
Por su parte, el gobernador Tejeda envía al Congreso local un proyecto que prescribe el pago íntegro del salario en caso de enfermedad profesional. La iniciativa queda aprobada el día 28 de junio. Los empresarios, ante la nueva norma legal, reaccionan: la Asociación Patronal del puerto detiene todos los trabajos e invita a los comerciantes a bajar las cortinas de sus negocios en señal de protesta8.
Ante esto, la legislatura local endurece las sanciones a quienes no acaten las disposiciones emanadas de la ley: se les duplicará el monto de los impuestos que regularmente deben pagar al fisco. La Cámara de Industriales, por su parte, manifiesta su inconformidad con el pago de la totalidad del salario durante la rehabilitación del obrero enfermo, pero que además la provisión del médico y de las medicinas es “una prestación voluntaria y revocable”. Es decir, mantiene la misma postura de tiempos pretéritos en que el patrón decidía quién podía ser objeto de su generosidad y altruismo.
A lo largo del paro de labores, los dirigentes nacionales de la CROM viajaron desde la Ciudad de México a Orizaba con el objeto siempre de limitar los daños, o sea, evitar la generalización de la huelga y procurar abreviarla lo que finalmente logrará. La decisión de darla por terminada tuvo lugar el 2 de julio. La asamblea en la que se resolvió, dicen las fuentes disponibles, estuvo a punto de derivar en una reyerta, pero no queda aclarado por qué. Seguramente hubo quienes planteaban la continuación del movimiento, aunque no se puede conocer sus propuestas y por qué consideraban que los objetivos no estaban alcanzados.
La aprobación del nuevo marco legal estuvo lejos de concluir con los conflictos. Poco después del fin de la huelga, la Dirección General de Salubridad dictaminará diez casos como enfermedades profesionales, lo cual acarrea el obligatorio acatamiento patronal de las disposiciones en vigor. Seis de esos casos son de tuberculosis pulmonar. El administrador de una de las fábricas alega que en realidad los obreros enfermos padecen “la dolencia congénita de poco amor al trabajo”9 y rechaza sujetarse al decreto del gobierno estatal. Sin embargo, pocos días después el administrador de la fábrica Santa Rosa es encarcelado por esa razón lo cual representa un hecho inédito y sorpresivo para los empresarios quienes publicarán una protesta en un periódico: “Nos preguntamos asombrados si no nos encontramos en un atrevido ensayo de la dictadura del proletariado en Veracruz”10.
Si bien las amenazas de una presión fiscal e incluso de la fuerza pública eran indicativas de un cambio en la balanza del poder, subsistía la misma problemática que había dejado pendiente la ley del trabajo de 1918, a saber, la indefinición de las enfermedades profesionales. Mientras éstas no se precisaran, cada caso quedaría sujeto a una tortuosa y prolongada controversia con demostraciones de fuerza de cada una de las partes.
La solución emergerá pocos meses después de finalizada la huelga. En septiembre, queda concluido un proyecto de ley sobre riesgos profesionales que el gobierno mantiene en secrecía. Los industriales procuran conocer su contenido, pero no tienen éxito, aunque sospechan que no les sería favorable si fuera aprobado. Por ello, solicitan a “nuestros especialistas” la elaboración de un estudio cuyas conclusiones no difieren de las posturas sostenidas desde tiempo atrás. La tuberculosis, argumentan, es ocasionada por la herencia, el alcoholismo y la sífilis de los padres.
El proyecto de ley mientras tanto continúa su trayectoria legislativa y se presenta en enero de 1924. La justificación del documento sometido a la cámara de diputados local transparenta la inspiración que el autor extrajo de sus lecturas leninistas: refiere la necesaria intervención del Estado en la cuestión, “expresión de la irreconciliabilidad de las clases”.
Tres puntos son de notoria importancia. El primero plantea la responsabilidad patronal por las enfermedades contraídas por el trabajador porque “todos los polvos, la humedad, las temperaturas extremas, las intoxicaciones progresivas ponen al trabajador en modo especial favorable para la incubación y desarrollo de enfermedades que no se presentarían con un régimen de vida diferente”11. El segundo afirma que la tuberculosis es una enfermedad profesional porque “los polvos son causa indiscutible de ella”. El tercero obliga al uso de equipos preventivos. Las palabras de conclusión parecen ser una respuesta al alegato que presentó la empresa de distribución de tequila cuando el trabajador José Carrasco se accidentó y que transcribimos al inicio: “No podrá alegarse que el trabajador recibe un salario: el obrero vende su trabajo, pero no vende su vida ni su salud”. La ley quedó aprobada en junio de 1924, justo un año después de la huelga de los diez mil.
Evidentemente, el resultado inmediato de la puesta en vigor de la ley fue el de un aumento en los costos laborales de la empresa. La CONCAMIN calculaba que anteriormente se presentaban cinco casos de obreros enfermos por día; ahora eran 345. Por lo mismo, si se erogaba 1.90 en promedio por cada obrero enfermo en 1919 y 5.35 en 1922, ahora esta erogación “innecesaria e inmoral” ascendía a 549,792 pesos al año.
La burguesía industrial seguiría añorando los viejos tiempos y reiterando la persistente concepción del trabajador basada en el mito de la raza de bronce. En 1928, el órgano de difusión de la CONCAMIN aseveraba que “el obrero mexicano, y de una manera especial el indígena, tiene condiciones psicofísicas excepcionales para todo género de trabajos manuales, una gran resistencia a la monotonía y una gran propensión al ritmo, sin detrimento de su sistema nervioso ni daño de su salud”12. Sin embargo, y aunque la elevación de los costos de la mano de obra era dolorosa para los empresarios, la lucha que habían emprendido los obreros orizabeños y su desenlace tenía un alcance mucho mayor que el desembolso de una masa salarial mayor.
El cuestionamiento de los efectos sobre la salud de las condiciones de trabajo y la responsabilidad patronal por ellos implicaba una drástica mudanza de la condición obrera en la sociedad. El obrero no podía seguir siendo considerado una máquina que se presta por un tiempo, que se alquila, a cambio de un pago, y que puede ser utilizada a discreción por el arrendatario bajo el supuesto de que su usura o deterioro está incluido en el monto del alquiler. El cambio entraña que las condiciones de trabajo dejaban de ser una atribución exclusiva del empresario para devenir un ámbito regulado por el poder público y negociado y disputado por los trabajadores. En otras palabras, era el poder en la fábrica y el modo en que estaba estructurado lo que se trastornó. En ello consistió y sigue consistiendo la relevancia de la problemática de la salud de los trabajadores.
La reforma de la Ley del Trabajo de 2023: el capítulo de riesgos de trabajo
La Ley Federal del Trabajo fue emitida en 1931. Tuvieron que pasar casi 70 años para que fuera reformada y derogada la anterior. En la nueva legislación se incorporaron aspectos novedosos sobre las condiciones del trabajo, las cuales deberían contemplar normas de seguridad, higiene, prevención de riesgo de trabajo, así como la figura de aguinaldo y prima de antigüedad. Luego tuvo que transcurrir algo más de medio siglo para que nuevamente fuera actualizada.
La tabla de enfermedades profesionales contenida en la Ley Federal del Trabajo fue reformada en 2023, después de más de medio siglo de su última revisión en 1970. A pesar de todos los intentos de investigadores, de trabajadores y organizaciones sindicales que durante todo ese lapso insistieron en la necesidad de actualizar la tabla, ello no se logró sino al cabo de 53 años, cuando el entusiasmo intelectual y académico por la temática había declinado y cuando la efervescencia obrera en torno a la misma se había prácticamente esfumado. En efecto, los años setenta del siglo XX, al calor de importantes luchas, fueron de interés redoblado por la salud de los trabajadores. Tras esa década y la siguiente, cuando el neoliberalismo se enseñoreó en esta y casi todas las latitudes, la cuestión de la patología laboral cayó en el olvido, al igual que, de manera general, la preocupación de las ciencias sociales por las diversas problemáticas asociadas al trabajo, a pesar de los drásticos cambios habidos en los procesos de trabajo. Fue la pandemia de Covid 19 de los años 2020-2022 la que visibilizó nuevamente una realidad que había quedado opacada durante varias décadas.
Los aspectos de la reforma que aquí nos ocupan fueron simultáneos de otros de no menor relevancia. Durante la anterior administración se realizaron importantes cambios a las disposiciones legales en materia de derechos de los trabajadores, tales como la prohibición de la subcontratación, vale decir, el outsourcing, que obliga a la contratación por escrito, al registro en alguna institución de seguridad social y al respeto a las normas que rigen el ambiente laboral. Son igualmente importantes aquellas modificaciones que atañen a la discriminación por razones de género, el reconocimiento del teletrabajo y su reglamentación, así como el aumento del periodo vacacional13. Los incrementos al salario mínimo que resarcieron parcialmente el deterioro del ingreso registrado desde los años ochenta aunado a los programas sociales han permitido reducir los índices de pobreza, aun si ésta se encuentra lejos de su eliminación.
El 5 de diciembre de 2023 entró en vigor la reforma de la LFT a los artículos 513, 514 y 515 relacionados con la Tabla de Enfermedades de Trabajo y la de Valuación de Incapacidades. El artículo 513 es el que tipifica las enfermedades de acuerdo a las profesiones, que fue actualizada con la adición de 88 padecimientos laborales pasando de 161 a 194 padecimientos; el 514 contiene la Tabla de Valuación de Incapacidades Permanentes y el 515 que establece la obligatoriedad de revisión cada 5 años.
Tras 52 años sin cambio, era necesario actualizar las tablas, por lo que la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en el marco de la Comisión Consultiva Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (COCONASST), coordinó los trabajos asegurando que las nuevas tablas estuvieran en sintonía con los avances científicos a nivel mundial, los progresos de la medicina del trabajo y las necesidades actuales de la fuerza laboral mexicana14. La versión oficial plantea que este logro es el resultado de un esfuerzo conjunto y meticuloso entre el Gobierno de México, expertos en salud en el trabajo del país y representantes de las y los trabajadores y las y los empleadores.
Entre las adiciones más notables se encuentra la inclusión de varios padecimientos como Covid-19, enfermedades psicosociales como el estrés grave y los trastornos de ansiedad; y enfermedades específicas de la mujer, como la pérdida del embarazo y la endometriosis. Asimismo, se amplió el espectro de cánceres de origen laboral, que pasaron de 4 a 30, y las enfermedades por intoxicaciones, de 36 a 46.
Además, la nueva tabla está alineada con la Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud, que entró en vigor el 11 de febrero del 2022, lo que garantiza que esté actualizada con los últimos avances en medicina y salud en el trabajo. Además de la actualización de las tablas, la reforma plantea la publicación, en el Diario Oficial de la Federación (DOF), del Catálogo de las Cédulas para la Valuación de las Enfermedades de Trabajo15. Este nuevo documento normativo servirá como un instrumento auxiliar en la correcta evaluación y dictaminación que realizan los peritos médicos dictaminadores en medicina del trabajo en México, donde se señala la relación causal de trabajo-daño. Las tablas y el catálogo serán revisados al menos cada cinco años o cuando el progreso y los avances de la medicina del trabajo lo requieran, asegurando así su revisión y actualización continua.
Según la versión oficial, en este proceso de actualización participaron más de 50 especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), peritos dictaminadores de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCA), médicos de medicina del trabajo y otras especialidades médicas, asociados en las agrupaciones médicas de salud en el trabajo del país. Todos ellos aportaron su experiencia y conocimiento para que esta actualización fuera un reflejo fiel de las necesidades actuales en materia de salud en el trabajo.
Sin embargo, es de llamar la atención la ausencia de la participación de los trabajadores lo que implica la exclusión de sus conocimientos sobre los riesgos y los daños y, por lo tanto, se ignora su experiencia adquirida durante años de realización cotidiana de su trabajo.
Iniciaremos presentando las definiciones que aparecen en el Título IX de la Ley Federal del Trabajo (LFT) para reflexionar sobre la concepción legal y social de ‘causalidad’ involucrada en la reglamentación de los riesgos de Trabajo que a la letra se consignan de la siguiente manera: riesgos de trabajo son “los accidentes y enfermedades a que están expuestos los trabajadores en el ejercicio o con motivo del trabajo” (Art. 473): “Accidente de trabajo es toda lesión orgánica o perturbación funcional, inmediata o posterior, la muerte o la desaparición derivada de un acto delincuencial16, producida repentinamente en ejercicio o con motivo del trabajo, cualesquiera que sean el lugar y el tiempo en que se preste [ ]… Quedan incluidos en la definición anterior los accidentes que se produzcan al trasladarse el trabajador directamente de su domicilio al lugar del trabajo y de éste a aquél” (Art. 474), o sea los accidentes de trayecto. La enfermedad de trabajo es definida de la siguiente manera: “Enfermedad de trabajo es todo estado patológico derivado de la acción continuada de una causa que tenga su origen o motivo en el trabajo o en el medio en que el trabajador se vea obligado a prestar sus servicios” (Art. 475).
Concepto salud-enfermedad de la LFT
La definición del concepto de enfermedad profesional que adoptan las sucesivas versiones de la LFT no es ajena a los modelos explicativos del proceso salud-enfermedad en general. Sin duda, se trata de un concepto muy complejo que se ha ido modificando constantemente y responde a los avances científico-técnicos en la materia, pero, sobre todo, a la correlación de fuerzas entre capital-trabajo.
En la perspectiva teórica unicausal, la salud-enfermedad es la respuesta a la presencia activa de agentes externos. Constituye un fenómeno dependiente de un agente biológico causal y de la respuesta del individuo, que busca identificar el agente patógeno o el factor causal de cada enfermedad.
Este modelo permitió la investigación de medidas de control y de fármacos que revolucionaron el tratamiento individual del enfermo, “…no obstante, no explica por qué el mismo agente no produce siempre enfermedad por lo que descifra de manera parcial las causas de la enfermedad sin aclarar el rol de otros factores. El surgimiento de este modelo se dio en la segunda mitad del siglo XIX y a principios del XX, teniendo como máximos representantes a Pasteur y a Koch…”17
Es evidente que en el periodo revolucionario y en los años posteriores, o sea, en el periodo en el que se desarrollan los hechos en Orizaba, priva o domina la creencia de que las enfermedades están causadas por un agente biológico como causa única, de ahí el nombre de ‘modelo unicausal’. Además, concibe como sus consecuencias únicamente daños también biológicos, lo que implicó ignorar los avances en la concepción sanitarista europea, surgida a partir del debate sobre la tuberculosis, que consideraba que en la producción de enfermedad participaban múltiples condiciones de tipo social.
El predominio de esta visión cientificista implicó, en los hechos, ubicar como solución a las enfermedades un factor causal único, generalmente biológico y analizar sus efectos a nivel individual y nunca colectivo. Lo anterior reviste importancia pues la versión del Título IX de riesgos de trabajo de 1970 fue elaborada completamente bajo esta concepción que, epistemológicamente, fue rebasada desde principios del siglo XX.
Es decir, sus efectos propiciaron el predominio de factores de orden técnico y la causa única, como criterios fundamentales en la calificación del riesgo, lo que también contribuyó a la subestimación de su ocurrencia y su impacto en la calificación de profesionalidad de la enfermedad de trabajo.
La teoría multicausal considera que la influencia simultánea de factores que corresponden al agente, al huésped y al ambiente, son en primera instancia los condicionantes del estado de salud que guarda el individuo o un conjunto poblacional. A través del análisis de las variables que incluye este modelo se pueden conocer más de un factor participante en el fenómeno de estudio, sobre los cuales se puede actuar preventivamente.
Como principal desventaja, aparece el hecho de que no establece el peso específico de cada factor y continúa un énfasis sobre lo biológico e individual, mientras que lo social aparece incluido en el entorno. La segunda mitad del siglo XX fue la época de aparición de esta propuesta y sus representantes fueron Leavell y Clark. No obstante, la concepción de la medicina del trabajo institucional permaneció inmune a estos avances.
En el modelo ecológico, la salud–enfermedad resulta de la interacción agente–huésped-ambiente, incluso denominada la ‘triada ecológica”, que se basa, tanto en las relaciones de factores causales entre sí, como en las relaciones directas con el efecto. Es llamado ecológico pues parte del planteamiento de que la salud es resultado del equilibrio entre los tres aspectos y la enfermedad como expresión de desequilibrio: “…Si bien es cierto, este modelo retoma el análisis de las mismas variables que incluye el modelo multicausal, también es cierto que su abordaje permite asignar un valor específico a cada factor involucrado en el proceso de estudio”. Esta propuesta no explica la génesis de perfiles diferenciales de salud-enfermedad ya que carece de conceptos y métodos adecuados para abordar lo social18.
Sin embargo, esta concepción es importante porque la mayoría de las ciencias de la salud en la actualidad han avanzado bajo sus premisas teóricas, por lo que se ha constituido en paradigma dominante y, por lo tanto, con el que se forma la mayoría del personal sanitario en nuestro país. Sin embargo, aunque esta propuesta no permite el desarrollo diferenciado de perfiles de salud-enfermedad, al considerar relaciones causales entre los diversos factores y también sobre el peso específico de estos sobre sus efectos, permite la introducción de mayor complejidad en la concepción de causalidad y, por lo tanto, la ampliación del horizonte explicativo de la enfermedad.
El modelo anterior, ha marcado el desarrollo de disciplinas importantes como la medicina del trabajo y la epidemiología ocupacional, bajo las cuales se elaboraron los avances incorporados a la tabla en 2023. Bajo esta visión es que surge también la noción de “enfermedad relacionada con el trabajo” que fue propuesta por la OIT y la OMS, en la cual las variables de condiciones de trabajo pueden actuar como desencadenantes de un riesgo (accidente y enfermedad). Se consideran como tales “…enfermedades relacionadas con el trabajo aquellas en las que su etiología es en menor grado ocupacional e incluso aquellas en las que la etiología es mayormente no ocupacional, pero cuyas manifestaciones se agravan o exacerban debido a factores ocupacionales”19
Las enfermedades relacionadas con el trabajo en general se caracterizan por largos periodos de latencia en los que no existen manifestaciones clínicas. De acuerdo con McDonald, muchas enfermedades crónico-degenerativas pueden clasificarse bajo esta categoría; por ejemplo, las enfermedades músculo esqueléticas que cada vez agrupan mayor número de padecimientos, las cardiovasculares, diversos trastornos pulmonares y algunos tipos de cáncer. Los estudios de enfermedades relacionadas con el trabajo cuestionan a fondo la especificidad y la unicausalidad de una parte importante de las investigaciones ocupacionales, pues en estos estudios se ha demostrado que la incidencia y la prevalencia de muchas enfermedades llamadas generales pueden también estar muy influenciadas por la ocupación.
En resumen, cuando la relación causal entre una exposición ocupacional y una enfermedad específica es clara, la enfermedad se define como profesional, tanto desde el punto de vista médico como legal. Pero las condiciones de trabajo pueden, además, influir a contribuir al desarrollo de enfermedades no específicas, ya sea causando y/o agravando procesos y, el ámbito laboral debe ser considerado en las soluciones que se les den a estas enfermedades. Un ejemplo muy claro es el estrés, presente en cualquier ambiente, y la enfermedad cardiovascular o los trastornos de salud mental, es decir, el estrés no es específico del trabajo, pero frecuentemente es mucho mayor en el entorno laboral. Para el tema que nos ocupa, cuando las enfermedades no son debidas a factores presentes sólo en el ámbito de trabajo, pero se agravan con el trabajo serían clasificadas como relacionadas con el trabajo. Este es el principal aporte de la nueva versión de la tabla de enfermedades de trabajo.
Existen otros modelos posteriores, pero solo mencionaremos el modelo histórico social por su relevancia en México pues nuestro país fue uno de los países de origen de este modelo, que surge en el seno de la Medicina Social y la Salud Colectiva pero que, desafortunadamente está muy lejos de ser utilizado ampliamente. Dentro de sus principales características es que entiende la distribución de la salud enfermedad y los perfiles colectivos de salud, como resultado de los diferenciales entre las clases sociales, el género y la etnia.
Desde este enfoque, existen perfiles diferenciales de salud-enfermedad que guardan una estrecha relación con el contexto histórico, el modo de producción y las clases sociales. Todos los factores causales son analizados a partir de lo social-histórico:
….Introduce cinco variables fundamentales para el análisis del objeto de estudio: la dimensión histórica, la clase social, el desgaste laboral del individuo, la reproducción de la fuerza de trabajo y la producción del individuo. Su aporte especial es que incorpora la dimensión histórica-social al análisis epidemiológico, a la vez que aporta nuevas categorías de análisis y cuestiona la eficacia de la prevención y control de la salud-enfermedad manteniendo intactas las relaciones de explotación que la generan20.
En conclusión, claramente la reforma a la tabla de enfermedades de trabajo tiene como perspectiva teórica que la sustenta el concepto de enfermedades de trabajo, pero también el de enfermedades relacionadas con el trabajo lo que explica la obligada inclusión de otros tipos de patología profesional.
Como afirmamos anteriormente fueron 88 los padecimientos incorporados, algunos de ellos agrupados con otros que aparecían en la versión de 1970. En la Fig. 1 aparecen resumidos los cambios.
Dentro de las 88 enfermedades agregadas, el cáncer fue el grupo de enfermedad que registró un mayor aumento, ya que pasó de 4 a 30 padecimientos. En segundo lugar, encontramos las patologías infecciosas y parasitarias, las cuales pasaron de 21 a 41, entre las que destaca la enfermedad pandémica COVID-19, así como enfermedades del sistema digestivo.
Otro hecho a destacar es que, por primera vez, se incorporan enfermedades de tipo psicosocial, derivadas del estrés de origen laboral como la ansiedad y el burnout, también llamado “Síndrome de Desgaste Ocupacional”. Anteriormente, el estrés laboral era considerado por el Estado como una consecuencia de malos ambientes de trabajo a través de la NOM-035 de factores de riesgo psicosocial, pero no era considerado como un padecimiento en la Ley Federal del Trabajo. También se incluyen enfermedades de la mujer como pérdida del embarazo y endometriosis, por destacar algunas. Esto, por supuesto, representa un gran avance.
En resumen, lo más destacado es que las enfermedades infecciosas y parasitarias pasaron de 21 a 41, mientras que los cánceres de origen laboral crecieron de cuatro a 30, como ya fue dicho. También se creó el grupo de «padecimiento del sistema digestivo» con tres patologías.
Las intoxicaciones también aumentaron de 37 a 46, mientras que las enfermedades del ojo y el oído sumaron nueve padecimientos nuevos. A continuación, presentamos los más importantes que añadieron al listado:
- Covid-19
- Burnout
- Estrés grave
- Depresión
- Ansiedad
- Trastorno de adaptación
- Treinta tipos de cáncer de origen laboral
- Pérdida del embarazo
- Infertilidad
- Endometriosis
- Enfermedades por intoxicación
En cuanto a la Tabla de Valuación de las Incapacidades Permanentes, la novedad es que ésta ahora es más precisa, ya que especifica:
- La parte, aparato u órgano del cuerpo afectado.
- La secuela del accidente o enfermedad de trabajo.
- El porcentaje de incapacidad que resulte aplicable por cada tipo de padecimiento.
Asimismo, con la actualización de nuevas enfermedades y padecimientos, también se incorpora a las disposiciones laborales un catálogo de las cédulas para la valuación de las enfermedades de trabajo, el cual es un documento que servirá como instrumento auxiliar en la evaluación y dictaminación realizada por los peritos médicos dictaminadores en medicina del trabajo en México, y contendrán la descripción del padecimiento, las ocupaciones a las que afecta y los exámenes de laboratorio necesarios para su diagnóstico.
En este último se concentran nuevos mecanismos de valuación, incluso se especifican los procedimientos diagnósticos que se deben realizar, para todos los padecimientos. Incorpora enfermedades como el VIH, los trastornos mentales, los cánceres de origen laboral, y un sinnúmero de problemas músculo-esqueléticos21.
El artículo 514, por su parte, consiste en una tabla de tipificación, o sea, es la que define en qué profesiones y, por tanto, qué trabajadores, pueden contraer estos padecimientos. Este es el aspecto que amerita un amplio debate porque es el que determina en gran medida la invisibilización de la salud de los trabajadores, un problema intencionalmente ocultado. Se estima que de cada 100 enfermedades profesionales se reconocen sólo 5. Es así como el IMSS que cuenta con 21 millones de trabajadores asegurados reconoce únicamente 5 000 casos de enfermedades profesionales al año22. Resulta contrastante esta cifra con la estadística de Francia, donde en una población de 27 millones de trabajadores, se diagnostican 50 000 casos anualmente. La tabla de tipificación determina que únicamente se reconozca como enfermedad profesional a aquel padecimiento que tenga una causa que coincida con el trabajo desempeñado. La aplicación de un modelo unicausal de explicación para la determinación de una enfermedad profesional resulta las más de las veces en la negación de ésta. Es así como ciertas enfermedades son atribuidas a causas extralaborales a lo cual contribuye también la escasa formación académica de los médicos en esta materia (apenas mil médicos del trabajo en México). Los trastornos derivados del estrés constituyen un ejemplo paradigmático. Al igual que en Orizaba a inicios de siglo XX, la explicación de las enfermedades de los trabajadores es remitida si no a la inmoralidad de éstos como en aquella época, sí a causas individuales o incluso familiares, ajenas a las condiciones en que se realiza el trabajo.
Aprender de la historia
Cien años transcurrieron desde la lucha pionera en Orizaba que hemos narrado hasta la reforma que analizamos aquí. Esta última forma parte de un conjunto de iniciativas y de disposiciones ya aprobadas que modifican favorablemente la reglamentación del trabajo en México. Se trata de los aumentos sustanciales al salario mínimo, la formalización del trabajo realizado a través de plataformas y la reducción de las horas laborales por semana. Empero, la cristalización de dichas reformas a través de actos legislativos no debe opacar las luchas que los precedieron y que son, en última instancia, las que los posibilitaron.
Como se dijo, los años setenta y parcialmente la década siguiente fueron de relativa movilización en torno a la salud de los trabajadores en México, aunque en Europa occidental y en Estados Unidos fue mucho más intensa. Estas luchas, que visibilizaron una problemática relativamente opaca, fueron frecuentemente acompañadas por académicos quienes llevaron a cabo investigaciones acompañados por los mismos trabajadores23. Empero, en nuestro país, ello parece no haber sido suficiente para modificar la legislación del trabajo, porque poco después inició el periodo de las llamadas reformas estructurales que precisamente apuntaron contra las clases trabajadoras, aunque dio lugar a algunas conquistas importantes plasmadas en los contratos colectivos. El caso más sobresaliente fue el de los trabajadores sometidos a riesgo eléctrico del Sindicato Mexicano de Electricistas quienes obtuvieron una reducción de los años necesarios para obtener la jubilación.
La experiencia histórica de los obreros de Orizaba es ejemplar respecto al peso que guardan la organización, sindical o de otro género, y las alianzas tejidas con otros actores sociales y políticos para abordar los temas que más preocupan a la clase en su conjunto. Para ellos, fue una labor de más de veinte años hasta alcanzar el éxito en el ámbito que en este artículo nos ha interesado. El mismo reto se alza en la actualidad con la enorme dificultad que implica remontar uno de los efectos más dramáticos del neoliberalismo, el de atomizar todo proyecto de acción colectiva y, consiguientemente, de individualizar a las clases trabajadoras.
Ni en 1923 los obreros fueron al paraíso, como suele decir Bernardo García parafraseando la famosa película italiana de 1971, ni la reforma actual de la ley los conducirá allá. Sin embargo, será más fácil emprender la construcción de una utopía sin la cual no hay movilización en mejores condiciones de salud.
- Los autores agradecen al Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y particularmente a su director, Felipe Ávila, haber hecho posible el encuentro-reencuentro de los tres en torno a la temática que abordamos en este texto. ↩︎
- Entre otras obras, Un pueblo fabril del porfiriato: Santa Rosa, Veracruz, México, FCE, 1983, Santa Rosa y Río Blanco. Veracruz: imágenes de su historia, Archivo General del Estado de Veracruz, 1989 y Textiles del valle de Orizaba (1880-1925 (cinco ensayos de historia sindical y social), Xalapa, Universidad Veracruzana, 1990. ↩︎
- Archivo General de la Nación, Ramo Trabajo, expediente 212, 14 de julio de 1920. ↩︎
- Archivo General de la Nación, Ramo Trabajo, caja 222, expediente 21, marzo de 1920. ↩︎
- Archivo General del Estado de Veracruz, Conciliación, expediente 52. ↩︎
- El Dictamen, Veracruz, 18 de junio de 1924. En realidad, esta explicación de las causas de la enfermedad era precedida por una concepción microbiológica en que el bacilo de Koch cargaba la culpa, aunque el padecimiento sólo se verificaba en sujetos con conductas perniciosas: “La tuberculosis es una enfermedad infecciosa producida por la invasión del organismo por el bacilus de Koch” (El Dictamen, Veracruz, 10 de julio de 1923). ↩︎
- Este titular del Ejecutivo estatal forma parte de los denominados caudillos de “izquierda” de los años veinte, junto a Lázaro Cárdenas, Francisco Mújica y Felipe Carrillo Puerto (Alan Knight, “La construcción del Estado posrevolucionario” en Leonardo Lomelí y Ricardo Gamboa (coord..), Estado, economía y sociedad en el México posrevolucionario, UNAM-Grano de Sal, 2023). El denominador común de todos ellos es el de consolidar una base social sólida entre las clases populares e institucionalizarla mediante la creación de un partido político provincial, antecedente del PNR, y simultáneamente a través del apoyo e impulso a las organizaciones obreras y campesinas. ↩︎
- “Los obreros de la región de Orizaba, organizados en sindicatos muy poderosos, habiendo exigido que los patrones sufragaran los gastos derivados de sus enfermedades profesionales y no profesionales, al mismo tiempo que se les siguiera pagando la totalidad de sus salarios hasta la curación, las autoridades del estado con el objeto de doblegar la resistencia de los patrones dictaron reglamentos acordes a las exigencias de los Sindicatos” (Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, serie B, caja 29, Carta del encargado de negocios de Francia en México al presidente del Consejo de Estado, México, 5 de agosto de 1923 -traducción nuestra). Concluía la misiva con una frase nostálgica: “En lo que se refiere al régimen del Presidente Díaz, estas experiencias deberían convencer a nuestros compatriotas que ese tiempo feliz ya no existe”. ↩︎
- Archivo General de la Nación, Ramo Presidentes, Fondo Obregón-Calles, caja 133, expediente 407-0-1, anexo III ↩︎
- Memorándum de los industriales de Orizaba, Archivo General de la Nación, Ramo Trabajo, caja 659, expediente 6 ↩︎
- Esta y las citas siguientes pertenecen al “Proyecto de Ley sobre Riesgos Profesionales”, Jalapa, 13 de septiembre de 1923. ↩︎
- “La organización científica del trabajo y el taylorismo” en México industrial, volumen VII, no.6, junio de 1928. ↩︎
- Boletín Número 002/2021. Secretaria de Trabajo y Previsión Social. Prensa. Comunicado. 12 de enero de 2021. ↩︎
- Martínez, M (2023). Actualización de tabla de enfermedades de trabajo es un logro más en la transformación del mundo laboral: STP. El Economista. URL: https://www.eleconomista.com.mx/empresas/Actualizacion-de-tabla-de-enfermedades-de-trabajo-es-un-logro-mas-en-la-transformacion-del-mundo-laboral-STP-20231024-0080.html ↩︎
- Decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley Federal del Trabajo. Secretaria de Trabajo y Previsión Social. Diario Oficial. Decreto 04 de diciembre de 2023. ↩︎
- Esta frase se adiciona en la versión actual. ↩︎
- Arredondo, A. (1992). Análisis y reflexión sobre modelos teóricos del proceso salud-enfermedad. Cadernos de Saúde Pública, 8, 254-261. ↩︎
- Susser referido por Arredondo. (1992) en Análisis y reflexión sobre modelos teóricos del proceso salud-enfermedad. Cadernos de Saúde Pública, 8, 254-261. ↩︎
- Palacio, M & Tamez, S. (2014). Salud y Ambiente de Trabajo. En C. C Castro, E. Palacios, M. Paz, M. Garcia, G & Moreno, L. (Eds). Enfermedades crónicas y proceso de trabajo. (pp. 352-362). McGraw-Hill. ↩︎
- Arredondo, A. (1992). Análisis y reflexión sobre modelos teóricos del proceso salud-enfermedad. Cadernos de Saúde Pública, 8, 254-261. ↩︎
- NORMA Oficial Mexicana-010-SSA2-2010 Para la Prevención y Control de la Infección por Virus de la Inmunodeficiencia Humana 10 noviembre 2010. Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH y el sida. Documentos. ↩︎
- Otro factor explicativo del subregistro es el hecho de que los riesgos laborales solo puedan ser calificados en trabajadores formales que generalmente laboran en actividades industriales, implica exclusión de millones de trabajadores informales de esta prestación, pues en su mayoría se trata de trabajos precarios. Esta gran masa representa más de 50% de la Población Económica Activa (PEA) y en el cuarto trimestre de 2023 fue de 54.6% para mujeres y para hombres de 48.2%, con tasa de informalidad general del 55% (Statista Research Department 2024). ↩︎
- Por ejemplo, los trabajos de Cristina Laurell y Mariano Noriega en SICARTSA, entre muchos otros. ↩︎