1. LA CONFRONTACIÓN ENTRE NARRATIVAS Y LA COMPRENSIÓN DE PROCESOS HISTÓRICOS
El cierre de nuestro diplomado sobre las transformaciones en la historia de México coincide con una agria disputa sobre las narrativas de lo que ocurrió en nuestro país a partir de las elecciones presidenciales del 2018, su presente y su futuro inminente.
De manera tal vez reductiva, distingo dos narrativas: a) la que insiste en que se abre un periodo de destrucción de las instituciones democráticas, de reflujo en la economía y de desorden creciente en la vida social, que ahora ya apunta a un cambio de régimen autoritario o dictatorial y b) la que plantea, que la llamada 4T ya nos colocó en una fase post capitalista donde el neoliberalismo se desmantela, en ocasiones, casi por decreto.
Pesa mucho en la primera de esas narrativas su noción de régimen, a veces restringida a las reglas de la competencia electoral, en otras, a las reformas más prolongadas del tejido institucional y que de manera reductiva se colocan al inicio de la “transición democrática”. Pero muy poco se considera lo que en la historia es un cambio de régimen, es decir, un cambio en la polis, en la comunidad política, donde cambia el Estado y la vida de la sociedad.
Eso fue lo que ocurrió con las conquistas de tres partes del mundo por el Occidente expansivo, cuyo último capítulo fue el modelo “universal” de convivencia luego de la caída de la URSS, y su nuevo evangelio de democracia reducida a reglas electorales, mercados libres, individualización extrema y Estados mínimos.
A ambas narrativas les hermana la idea de la destrucción o creación de un orden de convivencia política en la tradición jacobina de un golpe de mano, de una ruptura del statu quo de donde nace lo nuevo ya formado. Pero en la historia eso no existe.
Lo que sí se registran son cambios de régimen como procesos muy conflictivos y prolongados, pues, para colocar el ejemplo de lo que hoy vivimos, las fuerzas que prosperaron durante 6 sexenios, el periodo neoliberal, aún son dominantes en la vida empresarial, financiera, cultural y mediática.
México está inserto como una economía próspera exportadora con EUA y la inversión privada representa el 90% de la inversión total del país según cifras del Plan México. Prensa, radio y televisión privadas son las dominantes y diario les recetan el credo neoliberal a millones de gentes de que no hay más salida que regresar a la “democracia”.
El mismo neoliberalismo se construyó como nuevo orden firme en tres sexenios (de la Madrid, Salinas y Zedillo) y se prolonga ya con graves fisuras y descomposiciones otros tres sexenios. La revolución mexicana se nombra a sí misma hasta diez años después de haber ocurrido, y su cambio de régimen se consolida por fin con el Cardenismo.
2 ¿CÓMO DISTINGUIR EL CAMBIO DE RÉGIMEN ENTRE UN UN ORDEN AÚN CONSISTENTE Y UN NUEVO RUMBO AÚN INCIERTO?
La 4T llega con un discurso de largo proceso histórico, que anima a la vez la creencia de que las transformaciones se harán en un sexenio. En el mejor de los casos, AMLO redirecciona, como lo hizo Miguel de la Madrid, el rumbo del país, y en parte como Salinas, crea las bases y los cimientos para desplegar procesos prolongados de cambio, pero tiene que convivir con una gran coalición de poderes aún vigentes y en parte articulados. Hay que hacer un cambio dentro del más consolidado y hegemónico orden neoliberal de América Latina. Estamos en una “guerra de posiciones” como llamó Gramsci a las luchas por las hegemonías, la dirección cultural para construir sistemas alternativos a los existentes.
Pero tiene en sus manos, ahora, al principal instrumento de las transformaciones vividas del Porfiriato a la fecha, al Estado, entendido no sólo como tejido legal, con recursos fiscales propios, la fuerza ya territorializada del ejército y la guardia nacional, la capacidad para reformar instituciones y, sobre todo, con el apoyo popular. En México el Estado fuerte de la revolución logró su plena soberanía cuando cambió su relación con la sociedad y les dio prioridad a las poblaciones mayoritarias;cuenta con largas tradiciones de luchas de las izquierdas políticas, sociales y culturales que han contendido por la justicia social, el desarrollo incluyente y la soberanía plena.
Del 2015 a la fecha, el “centro político” que sostuvo al neoliberalismo con fachada democrática, fue desbordado por poblaciones hartas de ser excluidos de las bonanzas y de cargar con los costos de la austeridad, la desindustrialización y la pobreza, generados por la globalización unipolar. Los electorados desertaron del “centro”.
México y los progresismos de América Latina fueron la excepción a la izquierda, de un viraje masivo en Occidente hacia los nacionalismos de derecha. En el tiempo actual de la multipolaridad en ascenso, México llega puntual a la pelea por un Estado soberano que negocia desde el interés nacional sus inserciones con el mundo.
Por eso, más allá de las narrativas dominantes, estamos frente a un proceso que es en realidad un campo de batalla donde lo principal es: a) si hay una dirección de las transformaciones o se carece de ella, b) si existen o no las áreas estratégicas para lograr el cambio de régimen; c) si en el fragor de los campos de lucha, se advierten signos importantes de frenar y cambiar las tendencias propias del neoliberalismo, y se inauguran nuevas posibilidades; d) si se logra neutralizar de manera política, pacífica y legal a las fuerzas opuestas que ahora coinciden dentro del país y fuera, con el Trumpismo de USA, y aumentar el poder soberano en su alianza con las mayorías populares, donde el cambio de régimen, en contra o a favor, ocurra en el marco democrático y no en la desestabilización abierta.
3. LAS ÁREAS ESTRATÉGICAS PARA ORIENTAR UN CAMBIO DE RÉGIMEN
Les sugiero para su propia reflexión interrogar, no a las narrativas, sino al proceso histórico vivido, para precisar si en estos siete años se ha definido otra directriz del rumbo nacional y en qué áreas estratégicas esto ocurre en su doble dimensión, como freno a inercias sistémicas y colocar a la vez otro rumbo, los raíles, para el combate diario por un cambio de régimen en el mediano plazo.
Les presento mi ejercicio.
La posibilidad de restaurar un Soberano pleno, reconocido fuera y dentro de sus fronteras: México fue de los mejores alumnos para aprender, aportar y aplicar el evangelio neoliberal de mercados como rectores de la vida económica y social, democracia mínima, individualización extrema y Estados acotados en su soberanía.
Colocarse en otra ruta significa innovar en la fórmula histórica mexicana del Estado fuerte para abrir otro ordenamiento de la vida social en su conjunto. Hacia afuera de sus fronteras, ser reconocido como un par entre pares, en igualdad y respeto. Hacia adentro, como poder que coordina, conduce y limita a los poderes sociales, territoriales y corporativos, en apego a las garantías individuales y sociales de la constitución. En ambas tareas el neoliberalismo fracasó. Dejó un estado vasallo y fragmentado con poderes internos desbocados. Tampoco creo que la 4T haya logrado ya resolver esos problemas enraizados, pero hay signos a considerar de cambios importantes.
Sólo que ahora el Estado fuerte tiene que innovar en una democracia expansiva, con derechos integrales, participativa y de reconocimiento de la diversidad, que coincida sin embargo en la grandes luchas por la justicia, la igualdad y la libertad de individuos con vínculos éticos y responsable de aportar a la vida en comunidad política.
La creación de una mayoría política: Si se observa el proceso político vivido en estos 7 años hay la constante construcción de una mayoría electoral que se desdobla en la conquista del Ejecutivo, el príncipe moderno de Maquiavelo, en bloques crecientes de gobernadores y presidentes municipales, así como en mayorías en el poder legislativo y la reforma del poder judicial.
Así, la 4T es la mayor y mejor experiencia del progresismo latinoamericano en más de 25 años de existencia. Con una presidenta que oscila en condiciones de ofensiva del Trumpismo con niveles de aceptación del 70 al 80% de la población, podría decirse que la tarea principal de reconstrucción soberana avanza, dentro de las reglas políticas de la competencia electoral y respetando las garantías constitucionales a los derechos de libre expresión y organización de los ciudadanos.
Y para ello, como ocurre en todo juego de fuerzas, se ha tenido que ceder en asuntos muy difíciles como las migraciones, pero se ha avanzado en actos de soberanía como el paquete de reformas que reorientan la economía, la democracia y la justicia, aún de manera incierta y con errores y omisiones, pero ya en otra dirección.
Fortalecer las mayorías populares y de clases medias: me refiero a la difícil tarea de reconstruir los entornos de ingresos, derechos integrales, mayor representación de sus intereses en agendas de partidos y de gobiernos, con una constante rendición de cuentas y con la extensión de la revocación del mandato. Ahí lo que resalta es el freno a la tendencia neoliberal que deterioraba esos entornos y la enorme distancia creada entre partidos, gobiernos y las mayorías populares. La política popular había desaparecido de la escena. Ahora la política puede depender de su desempeño para cumplirle a sus electores, con los inevitables negritos en el arroz.
Aprovechar el momento de consolidar naciones productivas en la reorganización del mundo: las potencias más destacadas del mundo, USA, China, Rusia, Alemania y la India, saben que el presente y el futuro inmediato es de las naciones que se fortalezcan como entidades productivas, donde las inversiones no se orientan hacia la especulación financiera sino a la producción real. Y donde se pueda retornar a la dignidad de los trabajadores, su cuidado y educación para aumentar la productividad. Es un momento propicio a las diversas formas de coordinación e impulso de las empresas productivas y de reforzar el mundo del trabajo. La fórmula y las políticas orientadas desde el sexenio de AMLO, y que ahora tienen su concreción en el Plan México, apuntan a aprovechar el “momento chino” de México, cuando creció como potencia exportadora a cambio, muy importante, de que las corporaciones extranjeras se asociaran con empresarios nacionales y de acceso a las tecnologías. Ahora que USA se amuralla con el nearshoring para no depender de la “fábrica del mundo” que es China, e incluso como efecto no esperado de los aranceles que les dificultan a otros países como a la India el acceso al gran mercado de USA, hay la oportunidad nacional para consolidarse como fuerza productiva destacada.
Ejercer soberanía para regular la dependencia hacia el mercado de USA y para comprometer socialmente a las empresas. Pasar del capitalismo desregulado, sin responsabilidad social y ambiental, de economías especulativas y sin apego a un plan e interés nacional, a lo que apuntaba la “economía moral” de AMLO, el cumplimiento de normatividades, los frenos al extractivismo y la desposesión. El Plan México es el aterrizaje de esas directrices en un plan a mediano plazo, lo que está en veremos es si también es capaz de regulaciones precisas que impidan regresar al capitalismo salvaje, y sobre todo, si a mediano plazo se orienta hacia una diversificación de su plataforma exportadora hacia la multipolaridad, a los mercados de los BRICS
Revertir las tendencias a la descomposición social. Dentro de los graves déficits del neoliberalismo es que concentró la atención y los recursos en la conformación de una plataforma exportadora, pero descuidó y deterioró la seguridad, la salud, la educación y la vivienda, entre otros componentes del nivel de bienestar, en las regiones del país, de manera más acentuada, en las que están fuera del TMec.
Desde AMLO la tendencia es hacia restablecer al Estado soberano como productor de bienes públicos de calidad y de alta cobertura, pero la red de agujeros que se provocó con las privatizaciones en esas áreas, y por lo tanto, el retiro estatal no sólo de los bienes públicos, sino de su cobertura como fuerza legal y de seguridad pública en las regiones del país, la proliferación de asociaciones entre lo ilegal y lo legal, entre circuitos del crimen, de las policías y militares, de empresas y bancos y de las clases políticas, apunta hacia una descomposición de las sociedades regionales y a la fractura del poder soberano.
Mucho de ello pervive, e incluso penetra a las amplias coaliciones de Morena. Es un terreno pantanoso donde cada paso adelante puede pisar en falso. Pero destaca la continuidad de medidas, por ejemplo, en seguridad y en salud, donde a pesar de los reveses, hay continuidad entre la implantación territorial de infraestructuras y personal capacitado, y la actual lucha abierta por el control de territorios en manos de poderes sociales y feudos políticos criminales, o bien, los avances a cuentagotas en el sistema de salud público que frenó las privatizaciones.
4. LAS DOS ORIENTACIONES DE UN CAMBIO DE RÉGIMEN EN EL SEGUNDO SEXENIO DE LA 4T
La peculiaridad de intentar avanzar en un cambio progresista cuando las coaliciones de poder afines al neoliberalismo y la frontera con el Imperio gozan de cabal salud pero carecen del apoyo popular y del Estado, hace posible, más allá de los discursos encontrados, que en verdad existan dos posibilidades de cambio de régimen, una, ya desfasada del tiempo histórico del mundo multipolar que asciende, que es restauradora del Neoliberalismo unipolar, y otra que pugna por una forma histórica de capitalismo con correlaciones de fuerza a favor de las mayorías populares y con tendencias a una mayor socialización de la vida y de los bienes públicos.
La grave crisis de las oposiciones y del “centro” antes hegemónico, encuentra ahora un poderoso aliado, los EUA de Trump y su intento de vasallaje al proyecto de nación soberana, y que reviva la idea de confrontar y vencer a la 4T. Cada atropello o amenaza es festejada, y echa a volar el deseo o la imaginación de ver cancelada la reforma judicial, de que haya intervención militar de los poderosos vecinos que lo que menos quieren es inmiscuirse en otra guerra abierta, no así a la desestabilización constante y con mecanismos variados.
Pero lo cierto es que el calendario electoral federal (2027-2030) revive sus ánimos y que se propongan desde ahora armar coaliciones de centro – derecha para “restablecer la democracia” o bien, fundar nuevos partidos simpatizantes del nacionalismo trumpista, como el naciente partido México Republicano, con cercanía a Ricardo Salinas Pliego. Y ahí, el acoso de USA hacia la 4T es un poderoso combustible para sus ambiciones. Uno de sus problemas fuertes, es que tanto el centro derecha como la derecha nacionalista unipolar, carece de vínculos con la mayoría de los votantes.
La otra dirección del cambio de régimen es consolidar la mayoría electoral y contar con los mecanismos republicanos de los tres poderes para, en efecto, avanzar en esas áreas estratégicas que comentamos. Su principal reto es transitar y neutralizar el clima de desestabilización que ya asoma. Sin embargo, en 2018 eso era una utopía, ahora es una posibilidad en curso, que ya veremos si cristaliza en el largo proceso para lograr, en efecto, un cambio de régimen como comunidad política, como sociedad y Estado.