Los anuncios de aquel Zócalo Rojo

Buenas noches.

Gerardo de la Fuente me honró al invitarme para que contextualizara una joya visual: una película de 11 minutos (sin sonido y muy pocas veces vista) con aspectos del mitin de cierre de campaña por la Presidencia de la República de Arnoldo Martínez Verdugo el 19 de junio de 1982, en el Zócalo de la Ciudad de México; acto que fue el colofón de una campaña electoral histórica.

Varios de ustedes se preguntarán: –¿por qué se invitó para eso a un reportero y además muy, pero muy, veterano?—

La respuesta posible es que fue por dos razones: conocer los ángulos que hoy percibe de aquella épica un viejo periodista de izquierda que militó en el Partido Comunista Mexicano desde 1978. Otra explicación complementaria está, casualmente, en el libro que recién entregué al Fondo de Cultura Económica. Leo un fragmento:

En 2003, veintiún años después de aquella campaña electoral, este reportero le hizo una entrevista amplia y divertida a Martínez Verdugo. Le preguntó si sabía cuántas personas estuvieron en toda su campaña por la Presidencia de la República…

–No sé mano, ¿cuántas? — retachó.

— Sólo tres güeyes aguantaron….. Todos los demás fueron cambiando –se le informó. 

— ¿Quiénes fueron?—inquirió Arnoldo, interesado.

— Roberto Rock reportero para El Universal… Rogelio Hernández López por Excélsior… –le explicaba el reportero y el dirigente de izquierda lo apuró:

–¿Quién fue el tercer güey? 

— ¡Pues, tú!… ¡El candidato! — Ambos se carcajearon. (…)

Creo que la invitación fue también por haber testificado toda aquella campaña y seguir observando la política durante otros 43 años.

Anuncios. Por eso puedo afirmar que aquel mitin del Zócalo no fue un parteaguas en el sentido que indican los historiadores (líneas imaginarias que separan dos periodos, dos épocas) sino una enorme fotografía de varios fenómenos sociales y políticos que transcurrían entonces; un momento de expresión de varias acumulaciones cuantitativas que anunciaban cambios colosales, de los que explican al México de 2025.

Primer anuncio. Más allá de lo jocoso de la charla con Arnoldo, también se mostró un principio de cambio: la apertura de la prensa a los disidentes de la izquierda socialista, como lo demostró el que los dos diarios más importantes de entonces hicieran la cobertura completa de la campaña (…)

Segundo anuncio. Aquella campaña fue de la izquierda socialista que lograba legitimidad. En 1981 el Partido Socialista Unificado de México (PSUM) se había conformado con la columna vertebral del PCM, atractor de los partidos Socialista Revolucionario (PSR), el Movimiento de Acción y Unidad Socialista MAUS), el Partido del Pueblo Mexicano (PPM) y el Movimiento de Acción Popular (MAP). Otros agrupamientos más pequeños, como Estrategia en la UNAM, se fusionaron paulatinamente. El registro legal que había obtenido el PCM lo cedió al PSUM y sirvió después para el Partido Mexicano Socialista (PMS) y al de la Revolución Democrática, al que deseamos que ya descanse en paz

Tercer anuncio. Campaña de a deveras. En Excélsior y sus dos ediciones de Ultimas Noticias, así como en otros medios de prensa convencionales se reportó que el candidato comunista recorrió más de 38 mil kilómetros, la mayoría en un autobús especial que los periodistas apodaron el Barón Rojo. Allí se informó de las visitas del candidato a gente de 202 municipios y poblados, de los 311 actos públicos (entre ellos 167 mítines, 65 comidas populares, asistencia a 10 penales para hablar con prisioneros políticos, encuentros, marchas, foros temáticos, ofrendas florales) y otras reuniones menos públicas. Al final, quedó registrado que el candidato y los “cuadros” de su partido habían hecho contacto con unas 305 mil personas.

Algo insólito en tiempos de represión.

Anuncios del Zócalo Rojo

Aquellos dos reporteros que testificamos toda la campaña la reflejamos después en el libro Zócalo Rojo (Editorial Océano, 1982). Allí incluimos un perfil de las decenas de grupos de las izquierdas políticas y sociales de entonces. En la contraportada del libro resaltamos las principales significancias del acto en el Zócalo. Esto es lo que escribimos:

Esa histórica campaña comenzó en la Plaza de Santo Domingo y al final había logrado concitar tanto apoyo popular que pudo secularizar la prohibición gubernamental de impedir la ocupación del Zócalo de la Ciudad de México a demostraciones masivas no oficiales. Allí cerró con la plancha desbordada, como no se veía desde el movimiento estudiantil.

El asombro fue general. Quizá fueron 100 mil personas, pero la plataforma central del Zócalo se llenó ese 19 de junio*. Miles de banderas, al ondear teñían de rojo la plaza; la entrada principal al Palacio Nacional parecía, a lo lejos, controlada por el marro obrero y la rozadera campesina estampados en un enorme círculo rojo.

Desde 1968 no se registraba una concentración opositora de tal magnitud y que especialmente esa noche -como diría allí Alejandro Gascón Mercado el fogoso orador nayarita—convertía al centro histórico y político de la nación en el Zócalo Rojo.

Esa imagen recorrió el país y trascendió sus fronteras. Alcanzó a funcionarios gubernamentales, causó envidias a otros partidos, estupor entre autoridades eclesiásticas y reclamó la atención de los medios de difusión masiva.

La interpretación fue casi unánime: con ese acto se rescataba la plaza de la constitución para demostraciones de oposición al Estado; se mostraba simpatía por una izquierda que cambia rápidamente y por su partido más joven y de mayor fortaleza, el Socialista Unificado de México.

Sin embargo, ese Zócalo Rojo trasciende el significado de un solo acto electoral. Se explica por el otro México, el que se mostró a través de la campaña de Arnoldo Martínez Verdugo; de otro país que no logra constituirse plenamente como nación porque no aparece en la visión y anales oficiales.

Lo que allí se expresó fue la disposición de amplios sectores populares de hacer política por el acumulado descontento por los contrastes sociales que duelen.

Ese Zócalo rojo fue la metáfora más real, de que la izquierda contemporánea en México comienza a reivindicar un lugar real en la lucha por el poder y de una insurrección cívica para la que hay que guardar capacidad de asombro… pues apenas empieza.

Hasta ahí esa lo que interpretamos hace 43 años.

(entra video…)

El anuncio más importante. 

Empero, de esas acumulaciones que expresó aquel día rojo del Zócalo, –si me permiten– quiero perfilar la que hoy considero es la más importante: la valiente disposición de varios sectores sociales de participar en la política insurgentemente.

En aquel Zócalo — como se percibe en el video encontrado por el personal del CEMOS– llegaron retadores indígenas de Chiapas y Oaxaca, cientos de jóvenes, campesinos del bajío, universitarios y otros sectores de la llamada clase media. Miles de personas acudieron a pesar de los riesgos. Seguían perdiendo el miedo al Estado autoritario y represor y con ello masificando la conciencia social o politización de más gente.

Eso lo explico ampliamente en el libro que entregué al Fondo de Cultura Económica. Cito:

Un trabajo extraordinario que documentó la acumulación de conciencia política es la crónica de México de José Agustín: Tragicomedia mexicana. 

En los años 50 se registraron insurgencias de politécnicos, ferrocarrileros, campesinos, maestros y otros gremios obreros que fueron brutalmente reprimidos;

En los 60, insubordinaciones de clases medias, médicos y estudiantes y nuevos aplastamientos con cárcel para líderes, incluido el movimiento estudiantil de 1968;

En los 70, insubordinaciones masivas de estudiantes, mineros, electricistas, sindicatos universitarios, más represión y una oleada guerrillera que fue aplastada cruelmente, con miles de desaparecidos por el Estado. Tensión política y miedo social;

En los 80. Reflujo y emergencia del movimiento urbano, emergencia de partidos y organizaciones de izquierda, hasta que ocurrió el terremoto de 1985 para que se reactivaran liderazgos populares y aparecieran otros; grandes movilizaciones por fraudes electorales;

Los 90. Estimulación de coordinadoras de movimientos sociales, asonadas estudiantiles (huelga de la UNAM contra el incremento de las cuotas, reglamentos y la vigilancia policial) e insubordinaciones electorales; y además, nuevas insurrecciones armadas;

Del 2000 al 2010. Desarrollo de grandes polos sociales opositores desde Atenco y Oaxaca; insubordinaciones generalizadas por el desafuero de Andrés Manuel López Obrador, la Marcha Iluminemos México, crecimiento y auge de organizaciones de la sociedad civil de derechos humanos y oleadas de manifestaciones pequeñas en el D.F. por inconformidades en los estados. 

2011 a 2014. Registro de grandes movilizaciones de decenas de miles y quizá cientos de miles de movimientos sociales de inconformidad, que como nunca antes en México utilizan como instrumento las redes sociales en la Internet: #yosoy132, #todossomosIPN, #queremosvivosalos43

Hasta ser millones. David Cilia Olmos, exguerrillero, sobreviviente de las represiones de los años 70, periodista y escritor, ubica mejor la progresión masiva de los movimientos:

— “Las grandes movilizaciones de 1957 a 1966 que involucraban a miles de participantes, pasarían a otro nivel de cantidad y calidad con movilizaciones que involucraron a decenas de miles de personas como en el 68, el movimiento sindical de los 70´s, el movimiento de resistencia al fraude electoral de 1988, para llegar, del año 2000 para acá, a movimientos sociales que ya pueden contarse en cientos de miles de personas”. Y hasta en millones agrega este viejo reportero. (…)

Eso es un nivel de insurrección social.

Norberto Bobbio, en su viejo Diccionario de Política explica la relación de conciencia social, politización e insurrección:

 “… cuando el poder está en crisis, porque su estructura ha entrado en contradicción con el desarrollo de la sociedad, entra también en crisis el principio de lo que lo justifica. Ocurre esto porque en las fases revolucionarias, o sea cuando el aparato del poder se deshace, caen también los velos ideológicos que lo ocultaban a la población y se manifiesta a plena luz su incapacidad de resolver los problemas que van madurando en la sociedad. Entonces la conciencia de las masas entra en contradicción con la estructura política; todos se vuelven políticamente activos…” (…)

En el libro referido anoté el gusto mayor que me ha dado observar la progresividad de la politización. Cito: 

El ahora viejo reportero de política ha sido uno de los testigos de que, desde los años 80 se fue acelerando esa politización masiva iniciada a medio siglo XX y que apuntaba hacia la izquierda. Repetía con frecuencia una ilusión:

–… Ya llegará el tiempo en el cual los mexicanos hablen de política como de la farándula o mejor aún del futbol: que se sientan medios de contención, delanteros, entrenadores, cronistas, apuesten, griten, se apasionen y se muestren públicamente. El país se transformaría cuando la gente examine diario a sus políticos como a los futbolistas y elijan a quien mejor los entienda—.

Eso se repitió por años el veterano reportero de la política desde aquella concentración en 1982 en el Zócalo, cuando los comunistas y socialistas lo tiñeron del rojo de sus banderas. En estos días de 2024 el veterano reportero asegura que la politización ya llegó a cada casa y a todos los sectores de la sociedad y no solo en los empáticos con Morena. (…)

La politización masiva o la conciencia social colectiva se alimentó de todas las insurrecciones cívicas en siete décadas. Esa politización se expresa con demostraciones callejeras y masivas ante cualquier inconformidad. Eso es un nivel de conciencia social y político más alto al de protestar solo con palabras y causa efecto colisión en otros sectores que antes no se movilizaban.

Todos los movimientos sociales, registran periodos de efervescencia y reflujos pero siempre se originan en el mismo sentido de plantear problemas, tensión y ruptura con el Estado. En ese sentido son insurreccionales, son resultado de conflictos, indicación de pequeñas y constantes rupturas, de saltos cualitativos en las relaciones entre la sociedad civil y el Estado. 

La evidencia más reciente de cómo la masificación de los movimientos sociales impulsó el crecimiento paulatino de la conciencia política y facilitó el consenso nacional por el cambio, ha sido en las urnas y se demostró en las cuatro elecciones presidenciales más recientes.

Para contraste. En 1982 Arnoldo Martínez Verdugo del Partido Socialista Unificado de México obtuvo el 3.49 por ciento de los votos (821 mil 993).

Y ya en las candidaturas de Andrés Manuel López Obrador la participación masiva fue disminuyendo la abstención.

En 2006 votaron 41.7 millones, el 59 por ciento del total de electores; en 2012 fueron a las urnas 50.1 millones (63 por ciento); en 2018 aunque la asistencia a las urnas fue de 6 millones y medio más de votantes (56 millones 611 mil) significó el mismo 63 por ciento de 2012.

Lo que asombró en ese 2018, dentro y fuera del país, fue que más de cinco de cada diez de todos los votos, ahora sí reconocidos, fueron para López Obrador (53.19 por ciento del total de votantes), lo que le dio un triunfo contundente.

Y en 2024, votaron 60.1 millones (61.09 por ciento del electorado) y seis de cada diez lo hicieron por Claudia Sheinbaum, quien representa la continuidad de la agenda de cambios de esa vasta movilización ciudadana. (…)

La gran base de la transición democrática actual fue impulsada por las fuerzas sociales acumuladas por la politización. En aquel Zócalo Rojo se mostró la posible maduración de un ciclo de avances hacia la izquierda, siempre y cuando los dirigentes supieran entender los estados de ánimo y de conciencia social de las y los mexicanos.

Eso es lo que sí hizo el líder tabasqueño, lograr que convergieran en un movimiento político las fuerzas sociales acumuladas entre distintas clases y formaciones políticas con el atractor principal de regenerar pacíficamente el Estado para devolverle su vocación social; Estado que había sido deformado y corrompido excesivamente para beneficio de una pocas elites económicas y políticas. Pero eso es motivo de otras pláticas.

Gracias.