José Luciano Franco
México y Cuba: dos pueblos en la historia, México, Centro de Investigaciones Científicas Jorge L. Tamayo, México, 1982.
Los distinguidos caballeros de la City, que antaño armaban en corso a lo más selecto de la piratería inglesa para destruir el comercio rival o apoderarse de sus galeones pletóricos de oro y mercaderías, hogaño, a través de sus bolsas, bancos, compañías anónimas, amparados tras los cañones de la Home Fleet y los manejos tortuosos de la Inteligence Service, esos mismos caballeros lanzan sus perros de presa en busca de materias primas o nuevos mercados donde colocar productos de las manufacturas inglesas. Para conseguir los fines de un imperialismo desorbitado, no vacilan en esclavizar a millares de seres humanos, ultrajando la libertad de otros pueblos encubriendo sus fechorías tras la máscara de una civilización mal llamada cristiana.
De los Merchant Adventurers del siglo xvI a la Royal Dutch de hoy, apenas si los procedimientos han cambiado. La plutocracia británica por medio de sus grupos de bancos y financieros de la City estima que a ella le está reservada la suprema posición de asegurar, a su gusto y provecho, la repartición de las riquezas del mundo, y su control. Cuenta para ello con la flota británica, la diplomacia y los medios represivos o publicitarios de la Inteligence Service.
Dispone a su antojo del gobierno inglés. Vigila cuidadosamente a los primeros ministros, en forma tal, que éstos se ven forzados a pasar obligatoriamente sus week-end en Chequers, propiedad de los Sasson (de la familia Rotschild) destacados representativos del imperialismo británico, sobre todo de los grandes fabricantes de armas, financieros y petroleros de la City.
Estos caballeros —bandidos, que obligaron a Halifax y Cham-berlain, sus agentes gubernamentales, a aceptar la anexión de Abisinia, el ataque despiadado a España y China y la ocupación de Austria, humillándose servilmente ante la bota prusiana, han puesto la cara fosca ante la actitud humana y justa del Presidente de la República Mexicana al expropiar la industria petrolera. Los diarios de Lord Rothermere: The Daily Mail, The Daily Mirror, The Sunday Despatch organizaron una campaña formidable de difamación contra el general Cárdenas. El sesudo Times y el correcto semanario The Sphere respondiendo a las indicaciones del Almirantazgo y de la oficina de Relaciones Exteriores, corearon los gritos de la prensa fascista de Rothermore e hicieron salir la manoseada acusación reacclo-naria‹ «El presidente Cárdenas se ha entregado al Comunismo».
Los banqueros de la City de Londres, los financieros de la Royal Dutch y los industriales de la Vickers, pusieron en juego sus enormes recursos de propaganda y publicidad. In su orgullosa o ignorante petulancia suponían al pueblo mexicano en las mismas condiciones de vida esclavizada de los tiempos del porfirismo científico y lanzaron a Codillo a una aventura desdichada. Petroleros y reaccionarios no se resignaron a ver un México liberado económicamente de las garras de los Imperialismos más crueles y explotadores, y buscan todas las coyunturas posibles para derramar sobre Lázaro Cárdenas su jauría lacayuna, Cárdenas, hombre del pueblo, ha cumplido la obra libertadora de Juárez, —el primero que se enfrentó triunfalmente contra la injerencia extranjera—, ha puesto en marcha los postulados de Zapata resolviendo el problema agrario del campesinado mexicano, hecho una obra de honda cultura popular, a fin de que no puedan reeditarse en esa tierra hermana los funestos caudillos al servicio del oro extranjero.
La obra internacional de Cárdenas tuvo relieves históricos al enfrentarse con el fascismo a causa de la criminal agresión contra la democracia española. Prestó su apoyo moral y material a los defensores de la libertad y la justicia, Marcó al mundo un camino a seguir en la línea justa de la defensa del derecho de los pueblos a disponer de sí mismos. En un formidable discurso pronunciado ante el Primer Congreso Nacional de la Confederación de Trabajadores de México, el presidente Cárdenas hizo, con clara visión de estadista y de hombre enterado de los problemas internacionales, el análisis completo de las invasiones y agresiones del Japón en China, de Italia en Etiopía y de Alemania e Italia en España. Fueron sus palabras la más perfecta definición de los problemas planteados a las democracias. Suyos son estos párrafos:
“No sólo los gobiernos, sino los pueblos mismos, deben evitar y sancionar los crimenes de la civilización, y ya que no puede fun onar un tribunal que detenga los salvajismos que se están dean. rrollando y consumando con las agresiones por conquistar territorios, mercados y zonas de influencia para explotar materias primas y trabajo humano barato, debemos llegar a la conciencia de las masas populares, capaces de comprender y aquilatar responsabilidades haciéndoles ver que de sus grandes reservas humana depende en definitiva, el poder de los estados y gobiernos,y que, con una acción colectiva, pueden las masas salvar a los pueblos que se ven agredidos por la ambición y por la acción del más fuerte, Sobre todo, llevemos a la conciencia del proletariado universal que la eliminación de las guerras imperialistas depende de la solidaridad pacifista de los trabajadores del mundo, que en su voluntad democrática está la palanca que retenga la carrera desenfrenada de los rearmes, con sólo moderar los presupuestos fantásticos de guerra que gravitan sobre la miseria de las masas. Ninguna suspensión de actividades sería más justificada, por su finalidad humanitaria, que la decretada contra las empresas de armamentos y la paralización de los ejércitos, instrumentos de muerte de sus propios hermanos de clase. Nada más útil, para el bienestar de los pueblos que el empleo de la maquinaria de destrucción de ciudades y hogares, como elementos de producción en campos y talleres, de estrechamiento de relaciones y de intercambio de valores.”
Las compañías petroleras llegaron a suponer que el presidente Cárdenas enfrascado en la implantación integral de la Reforma Agraria se inhibía de actuar contra sus irritantes privilegios. Una de las principales, la Mexican Eagle, subsidiaria de la Royal Dutch, cotizaba sus acciones en París en 1920 a 600 ó 700 francos. Cayeron más tarde, al anunciarse que la Revolución Mexicana iniciaba la liberación económica del pueblo, a unas docenas de francos. La banca Lazard, aliada al imperialismo inglés y representante de los intereses petroleros, hizo una activa campaña afirmando que los gobernantes de México rehuían el conflicto internacional y no expropiarían jamás sus mal habidas concesiones. Los títulos subieron a 100 francos. Confiaban en los manejos del Inteligence Service y en la propaganda de la prensa reaccionaria. Pero la situación cada día más próspera del negocio petrolero estaba en relación directa con la miseria, cada día mayor, de los trabajadores. Los trusts controladores se negaron a escuchar la voz de Cárdenas que impulsaba una solución adecuada. Y el conflicto estalló.
Cárdenas, hombre enterado de las luchas cruentas del proletariado mexicano a través de un siglo de amargas experiencias, debió recordar en aquellos momentos un artículo de Martí en el que decía
“el país pregunta a sus hombres inteligentes por qué se muere de miseria sobre su tierra riquísima, por qué la industria extranjera vive en México mejor que la industria mexicana…”
resolviendo con un amplio criterio americano aconsejaba:
Debe la polémica ceñirse – según nuestro entender humilde a estudiar los conflictos de nuestra industria: a estudiar cada ramo en su nacimiento, desarrollo y situación actual: a buscar solución propia para nuestras propias dificultades.
Y Martí debió inspirarle su resolución suprema, desafiando al imperialismo, dándole una solución propia al conflicto petrolero: las pertenencias de la Royal Dutch y de la Standar Oil pasaron a ser propiedad del pueblo mexicano.
Su resolución desató el odio contenido de los caballeros de la City y de los señores de Wall Street. La prensa reaccionaria del mundo entero se volvió contra Lazaro Cárdenas que mantuve su habitual serenidad de hombre que siente tras sí el respaldo unánime de un pueblo. Los injerencistas británicos clamaron venganza y la poderosa Albión recibió por primera en este siglo —en lo que a la América respecta— una lección que no podrá olvidar. Pero Cárdenas ha triunfado más allá de las fronteras nacionales. En la propia Inglaterra, los trabajadores le enviaron mensajes de adhesión y simpatías que se unieron a los millares que recibió de la América toda, de España, Francia, Noruega, China…. Las relaciones diplomáticas con la Gran Bretaña quedaron rotas, después de una memorable nota en la que el gobierno mexicano reafirmando su voluntad de llevar hasta el fin los postulados de su política internacional. El presidente Roose-velt aceptó la conducta de Cárdenas. Este ha sido el definitivo reconocimiento de los derechos del pueblo mexicano, que cumplía así las sugerencias del propio Roosevelt en su famoso mensaje al Congreso de la Unión, cuando dijo:
Que la libertad no está garantizada en una democracia si el pueblo tolera que la potencia privada crezca hasta devenir más fuenerte que el mismo Estado democrático
Y el pensamiento democrático de Cárdenas se hizo también sentir en el atropello realizado contra el pueblo austríaco. La protesta de Isidro Fabela ante la Liga de las Naciones contra la invasión nazi, cumpliendo la línea de política internacional de Lázaro Cárdenas, hizo que los lacayos de Hitler unieran sus voces a las del imperialismo derrotado para lanzar denuestos contra el libertador de México.
Lázaro Cárdenas ha roto, en la vida internacional, con el complejo de inferioridad impuesto a los países de la América nuestra por los financieros, las compañías anónimas y los agentes del fascismo universal. De obra grandiosa pueden los mexicanos —y también los hombres de buena voluntad del mundo civilizado calificar el gesto de Cárdenas, y decir con Vicente Lombardo Toledano:
Es un privilegio indudable en esta hora aciaga para la humanidad, vivir en un país libre como México, cuyo pueblo y cuyo jefe estan perfectamente unificados, no sólo para pelear por la conse cuencia de las conquistas de la Revolución Mexicana, sino también para luchar empeñosamente porque en el mundo se implante un régimen de libertad, de democracia y de justicia.
Mediodía, La Habana, núm. 72, 13 de junio de 1938, págs. 8 y 18.