México, pensamiento y acción

Salvador Massip

México y Cuba: dos pueblos en la historia, México, Centro de Investigaciones Científicas Jorge L. Tamayo, México, 1982.

La Sociedad de Amigos del Pueblo Mexicano se propone desarrollar una activa propaganda en favor de los fines, en primer término, estimular el intercambio intelectual entre los pueblos de Cuba y México y, después exponer en todos sus aspectos, para que sea mejor conocida, la obra revolucionaria que se realiza desde hace tiempo en la vecina nación hermana.

Desde su fundación, hace breves semanas, la Sociedad de Amigos del Pueblo Mexicano ha recibido numerosas adhesiones de todas partes de la República. El llamamiento que hiciera un grupo de cubanos de buena voluntad ha sido escuchado y atendido, lo que demuestra una vez más que todos los cubanos son amigos del pueblo mexicano. Así se explica que esta Sociedad a los pocos días de fundada cuente ya un crecidísimo número de adherentes y que todos muestren el mayor entusiasmo por cooperar a la realización de los altos y nobles fines que se propone. Es que desde hace tiempo inmemorial los pueblos cubano y mexicano han estado unidos por esa mutua y profunda simpatía que sólo es posible cuando la historia los une en una misma suerte y en un mismo destino. De hecho, México y Cuba, para mexicanos y cubanos, sólo son fragmentos de una misma patria, cuya grandeza unos y otros anhelan al unísono.

México ha despertado siempre en Cuba gran admiración; pero en estos últimos años esa admiración es aún mayor por la posición eminente en que la República hermana se ha colocado respecto de los demás países hispanoamericanos. A partir de 1910, México ha mostrado a todos cuál debe ser la actitud de un pueblo consciente de su destino frente a sus enemigos interiores y exteriores. México representa entre los pueblos de nuestra

América una misión histórica de primer orden; la de servir de guía y de orientador; y para dar el ejemplo se pone en primera fila y combate al enemigo a pecho descubierto, con ese valor a toda prueba que lo ha caracterizado a través de todas las épocas de su historia.

En estos momentos se desarrolla en México una grave crisis suscitada por la incautación que de acuerdo con las leyes hizo el Gobierno Federal de los pozos de petróleo que las compañías extranjeras se negaron a seguir trabajando por diferencias surgidas con sus obreros. Esa incautación no es una agresión arbitraria contra las compañías extranjeras. Es sencillamente, el uso legítimo que hace México de su soberanía al exigir que las compañías extranjeras cumplan las leyes vigentes en el país, leyes, que sea dicho de paso, han sido preparadas y promulgadas con arreglo a los principios jurídicos más modernos.

Digno de admiración es México, en verdad, no sólo para el pueblo cubano sino para todos los pueblos del mundo, por este hecho aparentemente natural y sencillo de hacer que se cumplan y, observen las leyes vigentes en el país. Es este, ciertamente, un hecho insólito en nuestra América. Hacer que las compañías extranjeras de países poderosos e imperialistas cumplan y guarden las leyes. Acostumbrados como estamos en todos nuestros países a que las compañías extranjeras no sólo no se sujeten a las leyes del país sino que ellas mismas dicten muchas veces esas leyes, el gesto de México tiene para todos el valor de un gesto lleno de virilidad y de gallardía.

Por otra parte, la actitud del gobierno mexicano no sólo es firme desde el punto de vista jurídico, sino desde el punto de vista social y económico. La incautación de las propiedades pertenecientes a las compañías petroleras extranjeras no es más que la etapa final de un largo proceso de recuperación del subsuelo entregado por la dictadura de Porfirio Díaz a cambio de ayuda material y moral para mantenerse en el poder explotando a las masas del pueblo mexicano. Con la incautación, el gobierno de México no ha hecho otra cosa que reivindicar para la nación lo que a la nación, por medios atentatorios contra su seguridad, le había sido arteramente arrebatado.

En la lucha por la existencia, amenazada por los imperialismos americano y británico, México no ha vacilado en ponerse valientemente frente a ellos, llegando a romper sus relaciones diplomáticas con la Gran Bretaña. Para dar ese paso, de tanta trascendencia en la política internacional, México cuenta con la fuerza moral que le da el gobierno de absoluta honestidad del presidente Cárdenas, que desde hace años administra con la mayor escrupulosidad el tesoro público, mantiene la paz en todo el territorio y lleva adelante la obra constructiva del Plan Sexenal. La fuerza moral del gobierno del presidente Cárdenas ha impedido decir a los miembros del gobierno de Londres (como dijeron muchas veces en épocas pasadas) que las propiedades e intereses de los súbditos británicos que eran objeto de incautación iban a pasar a manos de caudillos militares que agitaban al país en medio de un caos de guerras civiles. Y cuando el gobierno de Londres ha hecho comentarios sobre el cumplimiento de obligaciones internacionales, esa misma fuerza moral ha permitido al gobierno de México recordar a la Gran Bretaña su falta de pago de la deuda de guerra contraída con los Estados Unidos, de la cual, desde hace años, la Gran Bretaña no paga una sola libra esterlina.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Londres por boca de uno de sus subsecretarios ha declarado que no comprende la actitud de México. ¡Es natural que no la comprenda! Durante tanto tiempo la Gran Bretaña y los demás países imperialistas del mundo trataron a los países hispanoamericanos como colonias de explotación que no comprenden que uno de esos pueblos  se niegue a seguir siendo explotado en provecho de los que tradicionalmente se han beneficiado con su explotación.

La lucha de México por su independencia económica sería suficiente para granjearle todas nuestras simpatías si no fuera porque México, por otros motivos, es también acreedor a ellas.

México representa para los pueblos hispanoamericanos una liberación intelectual. Hasta ahora, los hombres dirigentes de nuestra América, dando la espalda a sus respectivos pueblos, han querido crear regímenes políticos y sociales siguiendo el patrón trazado por los pueblos de Europa. Nuestras constituciones están basadas en los principios de 1879, que aunque son de carácter universal sólo tienen aplicación particular a Francia y a otros pueblos europeos. Los hombres dirigentes de México, teniendo en cuenta la realidad de su país, vuelven los ojos a ella y aspiran a estructurar la Sociedad y el Estado según su clima político, social y económico. Los hombres dirigentes de México, desde 1910 en adelante, son los primeros en nuestra América que abandonan la actitud teorizante por la actitud de las realidades concretas.

Las últimas informaciones cablegráficas nos dicen que las potencias imperialistas, siguiendo los métodos que siempre han empleado en los países hispanoamericanos, tratan de fomentar desórdenes contra el gobierno del presidente Cárdenas. La crisis por la que atraviesa México se complica; pero no por eso dejará de ser superada. México triunfará una vez más contra todos sus enemigos, interiores y exteriores.

En estos momentos de prueba, los Amigos del Pueblo Mexicano, que de hecho somos todos los cubanos, debemos prestar nuestro apoyo moral al gobierno del presidente Cárdenas, que representa la continuación de la Revolución de 1910. Para mostrar de un modo concreto ese apoyo moral exhortamos a nuestros compatriotas a que se sumen a esta Sociedad, a que formen filia.

les de la misma o a que constituyan Sociedades análogas, enteramente autónomas, en las distintas ciudades de la República.

En estos momentos de prueba, México debe contar con nuestro decidido, entusiasta y desinteresado apoyo.

Pueblo, Suplemento literario. Homenaje a México, La Habana, 24 de junio de 1938, pág. 12.