El general Heriberto Jara

 Juan Marinello

La Voz de México

No debe faltar una voz cubana en el ancho duelo abierto por la muerte del general Heriberto Jara. A la emocionada pleitesía con que lo ha despedido su tierra, debe unirse la nuestra.

La trayectoria vital del general Jara, que desaparece al filo de los 90 años, es una de las más hermosas y colmadas de su tiempo americano. La fidelidad a los principios que sustentaron su juventud batalladora, se mantuvo firme en los días de la ancianidad ejemplar. Y esa lealtad, en un largo camino rodeado de desvíos y deserciones, es la virtud primordial que se ha destacado en la final despedida.

Al producirse la Revolución Mexicana -el movimiento social más importante de América Latina hasta el que encabeza entre nosotros Fidel Castro-, el joven veracruzano, poderoso de cuerpo y mente, se alista entre los primeros combatientes. En la acción militar ofrece pautas de sagaz valentía y de certera previsión. Al final de la dura contienda, luce el grado más alto. En lo adelante será, con categoría nacional, el general Jara.

La acción armada fue en México, para las gentes de clara conciencia, el prólogo de una tarea difícil, la de hacer triunfar los objetivos de la rebeldía, silenciados los fusiles. Obstáculos y tentaciones se opusieron a la nueva faena; para Heriberto Jara la obra revolucionaria y su sentido democrático y antimperialista siguió exigiendo la denuncia honesta y la acción consecuente.

Los tiempos -y las gentes- cambiaron mucho. No la conciencia revolucionaria de Jara. Se han recordado ahora los más eminentes servicios prestados a México por el prócer desaparecido. Se ha hablado de su clara actitud de congresista, y de su gestión al frente de la Secretaría de Marina. Muy unido a su gran amigo el general Lázaro Cárdenas, marcó el paso en la defensa de la soberanía nacional y de los intereses populares mientras pudo, atravesó las calles y los campos; cuando los años se lo impidieron, habló y escribió sin cansancio.

Los últimos 20 años de Jara ensancharon su visión y elevaron su responsabilidad. La pupila vigilante que se había posado dilatadamente sobre su México, se extendió sobre la tierra toda. Militante de la paz -pero de una paz asentada en el hondo y permanente respeto por la soberanía de cada pueblo-, los estragos del tiempo no limitaron su beligerancia. 

El cable nos transmitía a cada instante la presencia del general mexicano en las cinco partes del mundo. En todos los climas levantó la defensa del pueblo y la condenación del imperialismo. Los combatientes heroicos de Vietnam le tuvieron como defensor esclarecido y denodado.

Si todos los pueblos oprimidos por el imperialismo le deben tributo a Heriberto Jara, Cuba ha de ofrecérselo muy en primer término. Pocos amigos de la Revolución Cubana pueden comparársele. El hondo amor de Jara por nuestra tierra no fue cosa de sus últimos años.

Los hombres de mi tiempo lo recuerdan bien, gentil y gallardo, con su gran melena romántica, en su uniforme de ministro de México en La Habana. No fue un diplomático de carrera, sino un huésped fraternal. Se volcó sobre nuestra historia, sobre nuestros hombres, sobre nuestros problemas, y se juró para siempre como soldado de la libertad de Cuba.

Quien haya leído la prensa mexicana de los años recientes y de modo singular la revista Siempre, conoce la fiera lealtad de nuestro gran amigo. Son incontables las ocasiones en que Jara explica y defiende la justicia y la razón de la Revolución Cubana. Ningún ataque a su obra o a sus líderes quedó sin respuesta inmediata y contundente. Acción alguna del imperialismo contra nuestra decisión popular pasó sin su condena y señalamiento. Su defensa tenía mucho de coincidencia ideológica; pero mucho también de vieja y tierna amistad.

Hace dos meses al abrazar en México al general Jara, me pidió, como tantas veces, que hiciese presente al Gobierno y al Partido una identificación sin vacilaciones y a todo riesgo. Ahora, que lo lloran sus compatriotas y todos los amantes de la libertad en el mundo, debe rendírsele en Cuba una guardia de honor de viril gratitud. (Servicio especial de Prensa Latina).