Gerardo Unzueta
Rototemas, No. 12, 1959.
Cuando el público asistente al acto de “homenaje y apoyo a la victoria del pueblo cubano”, puesto en pie, escuchaba fervorosamente los Himnos de México y de Cuba, terminaba una jornada verdaderamente trascendente, de gran significado para las acciones de los pueblos latinoamericanos en defensa de su libertad. Una vez más había sido subrayada la derrota de la tesis del “fatalismo geográfico” que anatematizara Martí como teoría de cobardes.
No puede ocultarse la trascendencia del acto. Es la primera manifestación pública hecha en México en apoyo a la victoriosa revolución popular cubana y fue una vibrante asamblea en que oradores y asistentes se plantearon la defensa del triunfo alcanzado, sobre el que hoy se cierne la amenaza norteamericana.
Pero no solamente. Fue, además, un acto en el que se presentaron juntos organizaciones y movimientos que pugnan por la destrucción de una tiranía existente en México: la tiranía sindical. Al realizarse el mitin, el carácter democrático del movimiento sindical renovador, quedó más a la luz del día.
Ocho oradores —entre ellos los más destacados líderes del movimiento sindical independiente—, ocuparon la tribuna. Fueron: licenciado Franco Carreño, ministro de la Suprema Corte de Justicia y Presidente de la Sociedad de Amigos de Cuba, organizadora del acto; doctora Teresa Cassuso, embajadora del Gobierno de Cuba; Othón Salazar, en representación del movimiento Revolucionario del Magisterio; Jesús Ibarra Olivares, por el Movimiento Nacional Depurador del Sindicato de Trabajadores Petroleros; el doctor Enrique Cabrera; David Alfaro Siqueiros, en nombre del Frente Nacional de Artes Plásticas; Agustín Sánchez Delint, secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas, y Gilberto Rojo Robles, secretario de Organización del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros.
La hipocresía norteamericana y de la gran prensa “pagada con dólares”, fue objeto de la denuncia de los oradores. Quedó claro que ante los pueblos de Latinoamérica las ejecuciones de los criminales batistianos son actos de justicia revolucionaria. El propio ministro de la Suprema Corte, licenciado Franco Carreño, presentó un alegato de carácter jurídico, en el cual señaló que esos fusilamientos están fundados en el “derecho de revolución”.
Está concebido explícita o implícitamente en todas las constituciones modernas del mundo como derecho inalienable del pueblo (y que) es el derecho que asiste a un pueblo cuando un Gobierno (como el de Batista) se establece violando todos los principios de la convivencia humana y las libertades fundamentales… No se puede impedir que el pueblo se haga justicia cuando la revolución ha triunfado…” La doctora Cassuso dijo a los presentes: “Cuba en este momento es una antorcha de libertad y la libertad en estos últimos tiempos tan contradictorios, parece haberse convertido en un pecado, en una cosa que asusta y que hay que perseguir. Nosotros irradiamos sobre el mundo entero una luz ejemplar que muchas fuerzas tratan de apagar…” y todos los presentes estuvieron de acuerdo —lo cual fue expresado cumplidamente por los oradores— en que esa antorcha debe mantenerse en alto, “pues, dijo Othón Salazar, ahora la revolución de Cuba no es problema exclusivo de Cuba, sino de las mejores fuerzas progresistas de América”. “Estamos —reafirmó el doctor Enrique Cabrera— ante un movimiento revolucionario ya no puramente nacional sino continental; estamos presenciando el nacimiento de libertad antimperialista”.
En el acto mismo quedó sellado el compromiso de los participantes de mantener la unidad que se había logrado en la convocatoria del acto y proyectarla hacia todas las luchas de liberación de los pueblos latinoamericanos. Sánchez Delint, secretario general del Sindicato Mexicano de Electricistas expresó respaldado por el público: “El SME desde esta tribuna declara que está dispuesto a luchar junto con las demás organizaciones obreras, porque sabe que luchando por la liberación de los pueblos hermanos de la América Latina, se está luchando por consolidar las instituciones democráticas de su propio país y por destruir los gérmenes de dictadura que pudieran aparecer dentro de las propias instituciones de México”.
Como una de las enseñanzas principales de la victoria del pueblo cubano, fue destacada la derrota de la tesis del “fatalismo geográfico”. Gilberto Rojo Robles —último orador del acto— en nombre de los trabajadores ferrocarrileros subrayó esa derrota, al decir: “A pocos minutos de vuelo de territorio norteamericano: en Cuba, separada por un angosto brazo de mar de la Florida, cercado por otras posesiones norteamericanas y por bases militares, un pueblo pequeño, de escasos siete millones de habitantes, libra una lucha valiente y, lo que es más importante, triunfa. El fatalismo geográfico, está demostrado, es falso, nocivo para nuestros pueblos y un engaño que debemos arrancar de nuestros pueblos. Pueblos débiles, más débiles que el nuestro, se ponen en pie y resisten con decisión y enseñan el camino”.
En el acto, los oradores y el público manifestaron su condenación a la maniobra realizada por el Gobierno de Guatemala contra México y colocaron a las acciones de Ydígoras dentro del mismo marco de conspiración contra la libertad de los pueblos latinoamericanos en que antes habían sido colocadas la campaña de prensa contra el Gobierno de Cuba y las amenazas estadounidenses de intervención.