Víctor Rico Galán
México y Cuba. Dos pueblos unidos en la historia, México Centro de Investigación Científica Jorge L. Tamayo, México, 1982, pp. 471-473.
La reacción del Departamento de Estado ante el discurso del diputado Sánchez Piedras en apoyo de Cuba es insolente, desproporcionada y tosca. Pero a nadie puede sorprender tal actitud, si se consideran los malos modos que usan y las oscuridades mentales que padecen los hombres encargados actualmente de la política exterior norteamericana. Más despreciable, por antimexicana, es la actitud de quienes, de este lado del Bravo, pretenden desvirtuar el sentido de lo dicho por Sánchez Piedras, quitándole importancia y gritando a los cuatro vientos que el diputado tlaxcalteca no tiene ninguna personalidad legal para definir la política internacional de México.
El licenciado Sánchez Piedras es presidente de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, y habló precisamente en el momento en que ejercía sus funciones de tal. Su declaración no tiene el valor jurídico de una definición del gobierno, pero tampoco es la opinión de un indocumentado cualquiera, sino la de un representante popular que, además ocupa lugar preponderante en el Poder Legislativo. Se trata, pues, de una opinión autorizada.
Finalmente, el licenciado Sánchez Piedras interpretaba con su declaración la política expresa del presidente López Mateos.
La circunstancia de que el gobierno no se haya definido en la situación concreta actual no impide que su posición en relación con Cuba sea conocida. Primero por lo que el licenciado López Mateos declaró en su viaje a Suramérica, y por lo que hizo y dijo con motivo de la visita del presidente Dorticós; y segundo, por la definición que él mismo hizo de la línea política de su régimen: la extrema izquierda dentro de la Constitución no puede tener más actitud que el apoyo a Cuba.
Lo más importante, sin embargo, es que el licenciado Sánchez Piedras interpretó, sin lugar a dudas, el sentir de la mayoría del pueblo de México. Es indiscutible que los mexicanos estamos con la Revolución Cubana y no podemos abandonarla frente a un imperialismo del que hemos sido víctimas con una reiteración que abarca toda nuestra historia.
Eso lo saben perfectamente quienes quieren presentar el discurso del licenciado Sánchez Piedras como una opinión personal.
Y tratan de sembrar el terror ante un imperialismo que presentan como omnipotente para presionar al Presidente de la República y hacerle desmentir sus convicciones y las de su pueblo.
Se trata de un chantaje vulgar, un capítulo más de la historia de zancadillas al presidente López Mateos y a la Revolución que han escrito ciertos diarios mexicanos.
Según ellos, el licenciado Sánchez Piedras no traza la línea política internacional del gobierno de México. Y es así, porque ese trabajo se lo reservan al Departamento de Estado. Pretenden convencer al país y al Presidente de que no hay más camino posible que la sumisión incondicional a las consignas de mister Herter; de que México no es una nación soberana sino una pobre colonia a la que no le queda más salida que callar y obedecer.
México es, por fortuna, mucho más que el grupo de agiotistas miserables que representan esos diarios. Es un pueblo vigoroso y conciente, que ha sabido luchar por su independencia y su autodeterminación en condiciones singularmente difíciles y que sabrá seguir haciéndolo. Es un pueblo digno y leal, que ha sabido censurar al gobierno cuando su política fue inadecuada, pero que sabe apoyarlo ahora, cuando el régimen toma un impulso decididamente popular.
El apoyo a Cuba es algo que está por encima de consideraciones mezquinas. Es algo que mira al futuro. Es una política de salvación para México, hostilizado sistemáticamente por un imperialismo insaciable. La política de sumisión, de buenos amigos que jamás reclaman nada, es humillante, pero, sobre todo, contraproducente. La historia reciente de México demuestra bien a las claras que esa política sólo ha producido miseria y una situación cada vez más precaria de nuestro comercio internacional.
Es necesario que México haga oír su voz con mesura, pero con energía. Y es una mentira vil que eso conduzca al país a un pleito ruinoso. Por lo contrario, tenemos detrás de nosotros a todos los pueblos hermanos del continente, y apoyarán nuestra política todos los países subindustrializados que son —ellos también víctimas del imperialismo.
México está con Cuba y triunfará con Cuba. El Presidente de la República, que lo sabe, sabe también que contará en esa lucha con el más grande y más glorioso de los apoyos: el de su pueblo.Política, 15 de julio de 1960, pág. 41.