Solidaridad con la Revolución de Cuba

Lázaro Cárdenas

Colección folletos del CEMOS

Al cumplirse el VIII aniversario de la iniciación del Movimiento «26 de Julio», la Revolución Cubana continúa consolidándose y marchando hacia adelante, gracias al apoyo resuelto y valiente de su pueblo.

La lucha del pueblo cubano no ha sido fácil. Ha sido una lucha larga, penosa y heroica por abolir la miseria y la injusticia. Y si bien cuenta hoy con entusiasta solidaridad en numerosos pueblos del mundo, en su contra están el temor, la hostilidad y la violencia de los enemigos del progreso, dispuestos, como se ha visto ya, a la agresión y el atropello por encima de las más elementales normas del derecho internacional y la convivencia pacífica.

Se censura al gobierno cubano por haber aceptado la cooperación económica y técnica de varios países socialistas. Se presente intencionada y dolosamente ese hecho como un peligro para la paz del Continente. Pero ¿qué podía hacer el gobierno de Cuba para defenderse? ¿Transar con sus enemigos y traicionar la Revolución y las aspiraciones del pueblo? ¿Cómo pensar que un país pequeño, con una economía de monocultivo, sin grandes recursos financieros, pudiera por sí solo responder con eficacia al bloqueo económico de los grandes monopolios extranjeros? Lo que Cuba ha hecho es lo mismo que otros países y lo que muchos más volverán a hacer en condiciones análogas: aceptar la ayuda que otras naciones han estado dispuestas a darles.

Si los países de América hubiesen apoyado la Revolución Cubana, si la solidaridad latinoamericana se hubiese manifestado, para evitar el colapso económico de la República hermana, probablemente Cuba no habría requerido de otros apoyos. Pero negarle la ayuda que angustiosamente ha necesitado y pretender exigirle que no la busque en otras latitudes, no sólo es absurdo, sino monstruoso. ¡No se puede, legítimamente, pedir a un pueblo que renuncie a sus derechos y se muera de hambre en aras de una solidaridad que no se practica con él!

En condiciones ejemplares, que revelan de lo que es capaz un pueblo unido que lucha por su libertad y su independencia, Cuba ha logrado contrarrestar el boicot que pudo haberla sumido en el desastre. Pero la Revolución continúa amenazada. El imperialismo, la gran prensa mercantil internacional y algunos gobiernos latinoamericanos siguen pretextando dolosamente -para preparar una nueva embestida-, que Cuba ha establecido un régimen comunista que pone en peligro a toda América.

¿Qué gana el gobierno norteamericano al tratar de derrocar al gobierno de Cuba? ¿Considera que va a contar con la solidaridad de los pueblos latinoamericanos por el solo hecho de amedrentarlos o en el mejor de los casos ofreciéndoles ayuda económica, para lograr una prosperidad que en el fondo no podrá conseguirse sin una transformación democrática profunda y un ambiente de genuina cooperación internacional?

Nuestros pueblos han sido víctimas, especialmente desde los años de la segunda guerra, de un comercio exterior que se traduce en su creciente empobrecimiento, pues los grandes países industriales, y en particular los Estados Unidos, nos compran barato y nos venden caro, perjudicándonos además frecuentemente con el «dumping» y otras prácticas desleales. Mientras en otras zonas del mundo se avanza en el proceso del desarrollo económico, en Latinoamérica se agudizan el estancamiento y el afán de explotar irracionalmente sus riquezas, su trabajo barato y sus mercados.

Quienes censuran nuestra solidaridad con la Revolución Cubana, olvidan que ante el caso de Cuba nadie puede ser indiferente; olvidan la comunidad de nuestro origen, la similitud de nuestros problemas y aspiraciones, y el hecho de que en Cuba se está jugando la suerte de Latinoamérica. Ocultar o soslayar nuestra simpatía hacia el pueblo cubano, en un momento de grave crisis en el que se enfrenta a múltiples formas de agresión, sería traicionar el ideario de nuestros movimientos nacionalistas antifeudales, democráticos y antiimperialistas; sería contribuir consciente o imprudentemente al suicidio colectivo de nuestros países. 

Urge agruparse para la defensa serena y enérgica de nuestro patrimonio nacional, frente a la agresión de las fuerzas conservadoras de dentro y de fuera. De ello depende la posibilidad de consolidar nuestra soberanía e independencia. La subordinación creciente al imperialismo puede llevar a formas de coloniaje peores aún que las que correspondieron a la época de la conquista y la dominación monárquica española.

El destino de la Revolución Mexicana, el porvenir del país, la integridad del territorio, la libertad de los mexicanos, la responsabilidad y el prestigio de la patria, no pueden someterse a ninguna hegemonía exterior.

En nuestra condición de ciudadanos, defendemos la política de autodeterminación y de no intervención, de respeto a la inviolabilidad territorial, a la soberanía y la independencia. Reafirmamos y defendemos los postulados de la Revolución Mexicana al simpatizar y solidarizarnos con los pueblos que luchan por su emancipación. Con nuestra actitud contribuimos modestamente a fortalecer las instituciones creadas al amparo de nuestra Carta Magna, contra quienes las han desviado o traicionado y contra quienes nunca han aceptado las reformas económicas, sociales y culturales consagradas en los artículos 3o., 27, 28, 123, 130 y otros preceptos avanzados de nuestra Constitución.

La defensa de Cuba no es ajena a la defensa de los intereses nacionales. Es la misma causa; la causa de la libertad e independencia por la que a lo largo de su historia han luchado nuestros pueblos. A nombre de quienes suscribimos la Declaratoria final de la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, saludamos fraternalmente al pueblo revolucionario de Cuba y hacemos votos por la consolidación definitiva de sus conquistas sociales.

México, D. F., 25 julio 1961.

Lázaro Cárdenas