La Batalla De Cuba
Víctor Rico Galán
México y Cuba: dos pueblos en la historia, México, Centro de Investigaciones Científicas Jorge L. Tamayo, México, 1982.
El general Lázaro Cárdenas, viajero infatigable, no se mueve en estos días de la ciudad de México. Su increíble actividad, al servicio siempre de las causas más justas del pueblo mexicano y del hombre de todas las latitudes, se concentra ahora en una tarea concreta, que tiene, sin duda, gran importancia continental y mundial: la organización de la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz.
A este congreso, que se celebrará en la capital de nuestro país en marzo próximo, acudirán delegados de toda Iberoamérica para discutir los problemas de la paz, la soberanía y la autodeterminación de los pueblos. Salta a la vista que se trata de cuestiones íntimamente relacionadas entre sí: el principal factor que perturba la paz en el Continente es la actitud intervencionista de los Estados Unidos, que tiene fundamento en su negativa a reconocer soberanía plena a los pueblos latinoamericanos.
No es necesario ir muy lejos ni volver la vista al pasado para encontrar las pruebas concretas de este hecho general. La soberanía de las repúblicas que se encuentran al sur del río Bravo sólo es válida cuando se ejerce en función de ciertos requisitos previamente establecidos por los Estados Unidos; pero deja de serlo cuando tales requisitos no se cumplen. Así, la flota de guerra norteamericana se apresura a proteger a tiranuelos como Idígoras o Somoza, ante la más leve amenaza de que pierdan el poder; pero, en cambio, los aviones yanquis violan el cielo de Cuba todos los días.
El gobierno de los Estados Unidos defiende con la fuerza la soberanía de Idígoras y Somoza, porque son los agentes de su propio poder, ejercido por trasmano, sobre Guatemala y Nicaragua. En cambio, niega al pueblo cubano su derecho inalienable a ejercer el poder en su territorio y a construir su propio destino en la forma que mejor le parezca.
La inmensa fuerza militar norteamericana se convierte en una especie de superpolicía política, destinada a impedir la justísima rebelión de los pueblos latinoamericanos contra los déspotas que los oprimen, y a propiciar el retorno de esos déspotas allí donde el pueblo crea su poder autónomo.
Es por eso que la Conferencia Latinoamericana que organiza el general Lázaro Cárdenas, pondrá el problema de Cuba en un primer plano, según lo prevé el llamamiento que se ha redactado: «Comprendemos que la defensa de Cuba es la defensa de Latinoamérica y que las agresiones sistemáticas a Cuba, tanto como las violaciones de los espacios aéreos, terrestres y marítimos de cualquiera de nuestros países, representan un grave atentado a la soberanía nacional de nuestros pueblos, la seguridad de América y la paz del mundo».
Nada más natural que el hecho de que un congreso con tales temas se celebre en México, porque nuestro territorio ha sido, más que ningún otro, campo de batalla de Latinoamérica en su lucha por la soberanía y la autodeterminación. Es el nuestro un territorio dolorosamente mutilado en batallas perdidas, pero, al mismo tiempo, orgullosamente poblado por los frutos de la victoria. En nuestros campos, se yerguen las torres petroleras, como testimonio permanente de la derrota infligida por un pueblo resuelto, al poder inmenso que nunca, hasta entonces, había sido desafiado.
El hombre que en aquellos días supo conducir a México al triunfo, organiza ahora la Conferencia por la soberanía. Han pasado más de veinte años y Lázaro Cárdenas sigue en la brecha, con su historia y su leyenda a cuestas, con su grandeza que no conoce el desmayo o la fatiga, y que pertenece ya a la mitología americana. Lázaro Cárdenas tiene un pedestal en el corazón de cada hombre de esta América oprimida. Podría retirarse a descansar y dejar a otros la responsabilidad de las nuevas batallas. Pero no lo hace.
No lo hace porque es algo más que un hombre: es el símbolo de su pueblo y de todos los pueblos de Iberoamérica. Cuando Cárdenas lucha, luchan millones de latinoamericanos que no se rinden ante los obstáculos aparentemente insuperables; cuando habla Cárdenas, su voz tiene ecos multitudinarios. Por eso habla tan pocas veces: sólo cuando está seguro de que lo que dice va mucho más allá de una opinión personal.
En marzo próximo, a la sombra de Cárdenas, bajo el manto de su grandeza. Iberoamérica se reunirá en México para ganar la batalla de Cuba. La ganaremos, general.