Nuestro siguiente y último encuentro personal ocurrió en circunstancias bien distintas. Invitado especial del gobierno
Revolucionario a la celebración del primer aniversario del asalto al cuartel Moncada que se efectuaba después del triunfo de la Revolución, el general Cárdenas compartió con nosotros, aquel 26 de julio de 1959, la tribuna ante la cual desfiló nuestro victorioso Ejército Rebelde, y ese mismo día participó también en la gigantesca concentración popular que reunió por primera vez más de un millón de cubanos en la Plaza de la Revolución. Se le vio entonces, pugnando con su habitual sobriedad, profundamente emocionado y con el ánimo exaltado. Su discurso fue un torrente de fervor revolucionario y latinoamericanista. Allí, proclamó una vez más ante el mundo su respeto por la Revolución Cubana y su decisión de defenderla contra todos los enemigos que -muy bien él lo sabía- pronto se alzarían contra ella, los mismos enemigos de siempre de los pueblos de
América Latina.
Su profunda conciencia antiimperialista lo llevó a convocar y organizar, en marzo de 1961, la Conferencia Latinoamericana por la Soberanía Nacional, la Emancipación Económica y la Paz, que se efectuó en Ciudad de México y en la que el general Cárdenas tuvo atenciones especiales con los representantes de la joven Revolución Cubana. Gracias en buena medida a su conducción la conferencia sirvió de tribuna continental para denunciar los planes de agresión contra Cuba que ya se estaban fraguando, y para reafirmar el derecho de los cubanos a su autodeterminación y soberanía.
¿Cómo olvidar el gesto gallardo de Lázaro Cárdenas al recibir el 17 de abril de 1961 las primeras noticias de la invasión mercenaria organizada contra nuestro país por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos? El hecho histórico tiene matices de leyenda: el sexagenario general Cárdenas partiendo de inmediato al aeropuerto de Ciudad de México con un puñado de seguidores para tomar el primer avión que lo traiga Cuba a pelear en la línea frontal de combate contra el invasor. Frustrada la salida del vuelo, según se dice por orden presidencial directa, esa misma noche Cárdenas arenga desde el techo de un automóvil a la muchedumbre congregada en la Plaza del Zócalo, en el centro de la capital mexicana, y la exhorta a defender por todos los medios a la Revolución Cubana amenazada.
Así lo recordaremos siempre los cubanos: altivo, generoso, combativo, vertical, amigo.»
Mayo de 1995