Sol Arguedas
Revolución, No. 4, Morelia, Michoacán, julio de 1961.
Viento de cañamelares
endulza el quejido verde
de la dormida serpiente emplumada.
Cuelga púdico un antiguo llanto
en cuencos duros de corazón de agua.
Se aligeró la historia
en el corto lapso de una danza:
brazos y piernas tatuados
desde el breve recuerdo de tambores
a la esperanza sin ancla.
Resbalaban besos exangües
en dóciles labios sin dueño los sábados:
¡Ayé, ayé, ayé negrito, baila
al son de los amos blancos!
Savia negra en los bosques del alambre;
con argamasa de lágrimas
levantaron rascadores del aire:
¡Ayé, ayé, ayé negrito, suda
el ocio de los amos blancos!
II
Isla de en medio. Surtidor sólido
desde peces sombríos
hasta el polvo y el polen.
Sumergidos huracanes
afloran en mareas terrestres,
y amanecen auroras subterráneas
en nostalgias encuevadas.
III
Hombre desprendido:
eras Fidel y estás en pueblo.
Oficio cotidiano de los sueños.
Hora exacta del tiempo nuestro:
eterno y fugaz instante
de vida ajena y muerte compartida.
Soledad de cada uno en el otro,
íntimo rescate colectivo.
Casto novio de la siembra:
formador de limos
sobre márgenes que se alejan.
Ni una partícula de dolor regada
quedó en el suelo:
por el imán de su cuerpo
fueron llamadas.
Ancho y alto recipiente.
Isla poblada. Chorro caliente.
IV
Laten solidarias las arterias
del continente de nevadas cumbres
y agazapados pumas en sus selvas.
Se yergue un espinazo de machetes erizados,
mientras vigilan tensos el mordisco
y el zarpazo y el silencio,
y el bejuco que se enreda en las piernas,
y la sombra y los murmullos
de las almas oscuras que despiertan.
V
La aurora se anuncia y no hay crepúsculo.
Ronda la muerte y no hay misterios:
sólo un desmoronarse lento
de convulsa agonia,
sin agullas que caigan, ni cometas
en que tiemblen los augurios,
sin negros pájaros de las tormentas,
ni pétalos deshojando aromas en los lagos.
Sólo un lento naufragio
de vacías dentelladas y furiosos accesos,
ante peces hambrientos y velas blancas
que llegan desde lejos…
VI
Trabaja el hombre en el tiempo:
siembra una flecha en el cielo.
Resucitan los cuatro soles primeros
y un sol minero estalla en el centro.
Soroa, mayo de 1961.