{"id":1016,"date":"2016-05-18T10:57:56","date_gmt":"2016-05-18T04:57:56","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1016"},"modified":"2020-06-10T13:32:58","modified_gmt":"2020-06-10T19:32:58","slug":"cdmx-o-valle-del-anahuac","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1016","title":{"rendered":"\u00bfCDMX O VALLE DEL AN\u00c1HUAC?"},"content":{"rendered":"<p><b>La ciudad y los marxistas<\/b><\/p>\n<p>El descubrimiento del campo te\u00f3rico y pol\u00edtico denominado \u201cciudad\u201d ha sido relativamente tard\u00edo para los marxistas. Aunque contamos con indicaciones maravillosas por el d\u00fao Marx-Engels: del primero, en <i>El capital<\/i> y su esfuerzo por comprender la nueva fuerza productiva que era el capital industrial asentado en conglomerados urbanos distintos del campo; del segundo, en su juvenil y excelso trabajo sobre la \u201csituaci\u00f3n de la clase obrera en Inglaterra\u201d, \u00e9stas son apenas indicaciones y sugerencias dispersas. Un compa\u00f1ero hoy por infortunio ausente, Jorge Fuentes Mor\u00faa,<sup>1<\/sup> busc\u00f3 problematizar el <i>despotismo urbano<\/i> en la obra de Marx y Engels mediante el rescate de las posibilidades de interpretaci\u00f3n en los cl\u00e1sicos; se trata de un trabajo precursor y no del todo atendido.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-943 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/memoria25827.jpg\" alt=\"memoria25827\" width=\"247\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/memoria25827.jpg 900w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/memoria25827-768x1227.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 247px) 100vw, 247px\" \/>El tema de la ciudad no es central en los a\u00f1os posteriores a la escritura de los dos te\u00f3ricos cl\u00e1sicos; los imperativos de la guerra y las revoluciones desplazaron la atenci\u00f3n necesaria. Tuvimos que esperar a los trabajos de Lewis Mumford o Henri Lefebvre para identificar conceptos como <i>espacio<\/i> o <i>urbano<\/i> o la compleja relaci\u00f3n entre la ciudad y el capital. \u00c9sta apareci\u00f3 entonces \u2014de manera principal en la Europa capitalista que aspiraba a destruir el mundo campesino\u2014<sup>2<\/sup> como el lugar de la lucha pol\u00edtica por excelencia. M\u00e1s tarde, a esos autores se sumaron las obras de Jean Lojkine, Christian Topalov y, m\u00e1s recientemente, David Harvey y Neil Smith, adem\u00e1s de las de Andr\u00e9 Gorz, en su cr\u00edtica respecto a la \u201cideolog\u00eda social del autom\u00f3vil\u201d, y Marc Aug\u00e9, sobre la bicicleta y el metro. Hoy ya es posible, a partir de ellos y otras referencias, hablar con propiedad de una teorizaci\u00f3n a prop\u00f3sito de la <i>revoluci\u00f3n urbana<\/i>.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 porque el mundo campesino y agrario, as\u00ed como los contingentes comunitarios ind\u00edgenas, tienen mayor arraigo en Latinoam\u00e9rica, el tema de la ciudad apareci\u00f3 tard\u00edamente y no por fuerza de manera central. Ya en las primeras indicaciones de la obra de An\u00edbal Quijano encontramos el problema de la urbanizaci\u00f3n en su especificidad latinoamericana (la marginalidad). A su manera, el por entonces soci\u00f3logo marxista espa\u00f1ol Manuel Castells hac\u00eda lo propio: estudi\u00f3 el proceso de crecimiento urbano en zonas del norte de M\u00e9xico. La urbanizaci\u00f3n en Latinoam\u00e9rica era un proceso en ciernes; el mundo campesino y la posibilidad de una revoluci\u00f3n agraria resultaban m\u00e1s reales que los relatos construidos paralelamente por Lefebvre a prop\u00f3sito de la ciudad localizada en Europa. Aquella producci\u00f3n inicial, hoy ya lejana en sus problem\u00e1ticas, no demerita que volvamos a los estudios sobre la urbanizaci\u00f3n y la marginalidad como elementos constantes, si bien diversos. El capitalismo en su desarrollo espec\u00edfico en Latinoam\u00e9rica decidi\u00f3 el rumbo de aquel debate en nuestra regi\u00f3n: la modernizaci\u00f3n \u2014la mayor de las veces autoritaria\u2014 impuso un tipo de construcci\u00f3n de la ciudad posterior a la d\u00e9cada de 1960 y no antes.<\/p>\n<p>Con la modernizaci\u00f3n capitalista vinieron los procesos no s\u00f3lo de industrializaci\u00f3n sino, tambi\u00e9n, de ampliaci\u00f3n del espacio y centralidad de las ciudades; y con ellas, evidentemente tambi\u00e9n la segmentaci\u00f3n, la divisi\u00f3n, la concentraci\u00f3n y el trazado de una nueva geograf\u00eda, que asign\u00f3 un lugar suyo a las distintas ramas de la producci\u00f3n y a las clases. Se vio entonces la emergencia de nuevos agentes de reclamos: lo que en M\u00e9xico se llam\u00f3 a mediados de los ochenta el Movimiento Urbano Popular (o en Chile movimiento de los \u201cpobladores\u201d), operando desde d\u00e9cadas previas, gan\u00f3 de a poco un lugar en las coordenadas de la izquierda, as\u00ed como en una m\u00e1s o menos efectiva conquista de derechos inmediatos. Las demandas por agua, pavimentaci\u00f3n, alumbrado, seguridad y un largo etc\u00e9tera configuraron las formas de politizaci\u00f3n de contingentes atrapados entre el viejo patr\u00f3n industrial y la entonces nueva configuraci\u00f3n neoliberal. En aquellas luchas convivieron por igual los ex obreros industriales jubilados o despedidos con los j\u00f3venes hijos del neoliberalismo, sin empleo seguro y cada vez m\u00e1s arrinconados a lo que hoy denominamos \u201cprecarizaci\u00f3n laboral\u201d. Tales luchas terminaron de asentarse a mediados del decenio de 1990, cuando la ciudad comenz\u00f3 a reconfigurarse como hoy la habitamos.<\/p>\n<p><b>Nuestra ciudad:\u00a0<\/b><b>capitalismo y colonialismo<\/b><\/p>\n<p>La urbe que habitamos es resultado de un largo proceso hist\u00f3rico. Ciudades importantes del mundo capitalista como Nueva York, Berl\u00edn o Madrid eran p\u00e1ramos apenas habitados cuando Tenochtitl\u00e1n era ya una construcci\u00f3n humana en pleno desarrollo, un complejo asentamiento lacustre que desarroll\u00f3 de manera importante la agricultura, el comercio, la cultura y, con ello, toda una civilizaci\u00f3n . Cargado con el esplendor y la ca\u00edda de esta \u00faltima, se configur\u00f3 un espacio que vive entre esos dos mundos: habitamos una <i>ciudad hist\u00f3rica<\/i>; sobre los restos de la antigua civilizaci\u00f3n derrotada se impuso una nueva, por la fuerza y el convencimiento. Esa configuraci\u00f3n hist\u00f3rica ha <i>sobredeterminado<\/i> hasta nuestros d\u00edas el trazado y la disposici\u00f3n pol\u00edtica y clasista de la ciudad. Si ya en el siglo XVI\u00a0el l\u00edmite de la ciudad era la calle de San Pablo, el pueblo de indios, de pobres y de la prostituci\u00f3n, hoy lo es una gran mancha urbana localizada al oriente de la ciudad: tierra de los expulsados de las sucesivas modernizaciones capitalistas; es decir, de la fuerza de trabajo que d\u00eda tras d\u00eda se traslada al norte, al sur y, sobre todo, al poniente de la ciudad \u201ca que se le curta el pellejo\u201d, como escrib\u00eda Marx. El sur qued\u00f3 como el reservorio <i>verde<\/i> de la ciudad y con no pocos resquicios del viejo mundo ind\u00edgena y comunitario, al tiempo que la modernizaci\u00f3n capitalista le impuso ser el lugar de la \u201ccultura\u201d: as\u00ed, junto a Tlalpan y Coyoac\u00e1n, fuentes inagotables de \u201ccultura\u201d, conviven los m\u00faltiples pueblos de Xochimilco y Tl\u00e1huac. Durante los a\u00f1os del desarrollismo autoritario encabezado por el PRI, el norte de la ciudad qued\u00f3 ce\u00f1ido en gran medida por la disposici\u00f3n industrial: Azcapotzalco era sin duda la joya de aquella corona, con sus grandes f\u00e1bricas y refiner\u00edas; hoy apenas un recuerdo met\u00e1lico de una industrializaci\u00f3n desmontada en los a\u00f1os del neoliberalismo. El poniente rico se dispuso quiz\u00e1 con mayor claridad desde los tiempos del Imperio de Maximiliano, con su bosque, su lago y su castillo: la modernizaci\u00f3n neoliberal le agreg\u00f3 el espantoso conjunto de emporios de Santa Fe, cuya arquitectura posmoderna de la \u201ctransparencia\u201d busca olvidar que aquel lugar se asienta sobre un antiguo basurero; aun as\u00ed, no muy lejos de ese manantial de riqueza capitalista se encuentran verdaderos enclaves populares (\u00a1el propio pueblo de Santa Fe!), los cuales hacen de contraste y contrapeso a esa microciudad de los <i>nuevos ricos<\/i>, producidos por el neoliberalismo. Al centro qued\u00f3 el espacio de un poder simb\u00f3lico y financiero, hoy adem\u00e1s trasminado como espacio de turismo y de la novedosa \u201cgentrificaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Las distintas fases del capitalismo han ordenado la ciudad, asignando una divisi\u00f3n territorial del trabajo a cada espacio; sin embargo, junto a la divisi\u00f3n espacial del trabajo ha pervivido una constante colonial: la <i>blanquitud<\/i> se apropi\u00f3 de importantes segmentos de la ciudad, prohibiendo al pueblo ind\u00edgena, moreno y mestizo (este \u00faltimo, un ind\u00edgena \u201cdesindianizado\u201d, a decir de Bonfil Batalla) habitarla. En tanto, algunos territorios quedaron en manos de estos sectores, con lo cual se formul\u00f3 una divisi\u00f3n tanto capitalista (las zonas industriales, las de habitaci\u00f3n popular, las de consumo cultural, las de habitaci\u00f3n de los dominantes y gobernantes) como <i>colonial<\/i>. Hoy, este proceso es claro cuando se observa la construcci\u00f3n hacia el oriente popular y pobre (ind\u00edgena y mestizo) y el poniente propio de la <i>blanquitud<\/i> y del criollismo. Basta observar el cambio del paisaje de la ciudad de un costado a otro de la calzada de Tlalpan y un poco menos violento tambi\u00e9n despu\u00e9s de la avenida de los Insurgentes: ambos trazos, verdaderos dispositivos de gesti\u00f3n del tr\u00e1nsito de los sectores sociales ordenados tanto clasista como colonialmente. Ese ordenamiento es por supuesto un complejo de complejos; los puntos cardinales de la ciudad se encuentran atravesados por distintas l\u00f3gicas de producci\u00f3n y consumo del espacio diferenciado: en todas conviven elementos de una cultura subalterna y popular con los mecanismos del consumo capitalista de nuestros d\u00edas.<\/p>\n<p><b>\u00bfCDMX o Valle del An\u00e1huac?<\/b><\/p>\n<p>Ser\u00eda dif\u00edcil establecer el momento preciso en que la izquierda mexicana descubri\u00f3 que la ciudad era campo de lucha y, por tanto, <i>espacio<\/i> crucial para establecer nuevas relaciones sociales. En el rescate de la memoria de la lucha de nuestro pueblo habr\u00e1 que decir que la Revoluci\u00f3n Mexicana misma puso en primer momento la importancia de ese espacio urbano, pese a haber sido centralmente campesina. Basta revisar los trabajos de Francisco Pineda o de Pedro Salmer\u00f3n (desde la perspectiva del villismo) respecto a la impronta zapatista sobre la ciudad, cuyo momento m\u00edtico, desde nuestro punto de vista insuficientemente invocado en el imaginario de la izquierda, es el 6 de diciembre de 1914: verdadero <i>acontecimiento<\/i> en que el pueblo pobre e ind\u00edgena se toma el espacio de la ciudad burguesa, todav\u00eda en muchos sentidos porfirista. Los zapatistas, con excelsitud descritos por Francisco Pineda, quienes ocupan la ciudad y derrotan a Obreg\u00f3n y a los carrancistas. Ellos descubren de a poco la ciudad y le imponen un gobierno distinto, la gestionan y la administran no sin poca ayuda de los anarquistas. De las victorias de 1914 a las derrotas cruciales de 1915 habr\u00e1 que esperar largas d\u00e9cadas para que las fuerzas de izquierda vuelvan a apoderarse de la ciudad. En tanto, el propio Obreg\u00f3n se venga de esa ciudad y en los a\u00f1os veinte suprime las municipalidades, con lo cual se inicia un proceso de despojo del derecho democr\u00e1tico de elecci\u00f3n de autoridades. Quiz\u00e1 1968 sea el cl\u00edmax del (re)descubrimiento de la ciudad: basta leer los espacios narrados por un testigo de la calidad de Paco Ignacio Taibo ii en su <i>68<\/i> para darse cuenta de lo que pertenec\u00eda socialmente a los estudiantes y lo que les era ajeno de la ciudad. Ser\u00e1 para esta generaci\u00f3n del 68 una gran revelaci\u00f3n encontrar la ciudad con sus conflictos, sus nuevos resquicios, sus conjuntos de hierro y acero, as\u00ed como sus caudalosas contradicciones. Ah\u00ed, la izquierda se vuelve consciente de la urbe: de la necesidad de luchar por ella, de sus habitantes cada vez m\u00e1s distantes y ajenos a la cultura pol\u00edtica oficial, de la ausencia de derechos y la pertinencia de conquistarlos. En aquella larga y maravillosa coyuntura se descubre la especificidad pol\u00edtica de la ciudad. Ah\u00ed surge la propuesta de un nuevo estado para la federaci\u00f3n, el llamado Estado del An\u00e1huac. En aquella propuesta, las izquierdas condensaban la especificidad de la ciudad: la de ciudadanos que, si bien carentes de derechos formales, conquistaban su derecho a participar en las calles, de los que se opusieron con militancia al r\u00e9gimen autoritario del pri y de a poco fueron evaporando la hegemon\u00eda pol\u00edtica del partido de Estado, apostando a las diversas opciones pol\u00edticas de la izquierda.<\/p>\n<p>Los que salieron a las calles primero de la mano los estudiantes, luego de la insurgencia sindical posteriormente encontraron ante las desgracias de 1985 la necesidad de formar el Movimiento Urbano Popular hasta converger (fraude electoral de por medio) en la Convenci\u00f3n del An\u00e1huac, formada por m\u00e1s de 100 organizaciones sociales. Retomando la consigna de la creaci\u00f3n del Estado del An\u00e1huac como eje de una construcci\u00f3n popular de la ciudad, esta convenci\u00f3n dio origen a la Asamblea Democr\u00e1tica de Representantes Vecinales, Organizaciones Sociales, Civiles y Populares del An\u00e1huac. El nombre <i>An\u00e1huac<\/i> quedaba anclado a la participaci\u00f3n popular y la movilizaci\u00f3n democr\u00e1tica que abr\u00eda la posibilidad de transformar la ciudad.<\/p>\n<p>En el An\u00e1huac se visibilizaba la propuesta de una ciudad que apelaba a la memoria de la lucha del pueblo mexicano, pero tambi\u00e9n a reivindicar algo m\u00e1s que un pasado muerto, la presencia ind\u00edgena. Frente a ello, la neoliberal y tur\u00edstica designaci\u00f3n cdmx no s\u00f3lo tiene poco que ofrecer o decir a la izquierda, sino que lejos est\u00e1 de representar la materializaci\u00f3n de las aspiraciones de la izquierda, que ha mantenido como una bandera de lucha leg\u00edtima una concepci\u00f3n de ciudad puesta al servicio de los habitantes.<\/p>\n<p><b><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-946 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/memoria25832.jpg\" alt=\"memoria25832\" width=\"400\" height=\"240\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/memoria25832.jpg 900w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/memoria25832-768x460.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>\u00bfQu\u00e9 pol\u00edtica para la ciudad?<\/b><\/p>\n<p>Las izquierdas de nuestros d\u00edas (como sucede siempre) tienen diversas estrategias. Una minoritaria y hasta ahora testimonial ha optado por el concepto de \u201canticapitalismo\u201d. El anticapitalismo es (creemos que mal) entendido como un (\u00fanico) programa que encabeza una (supuesta) organizaci\u00f3n de vanguardia y no como el efecto de m\u00faltiples luchas que configuran relaciones sociales alternativas. M\u00e1s all\u00e1 de la radicalidad de las consignas, hay en aquella propuesta gran pobreza sobre lo espec\u00edfico de lo <i>pol\u00edtico<\/i> en la ciudad. M\u00e1s all\u00e1 de ellas, nada testimonial y profundamente ancladas en formas de reproducci\u00f3n de la pol\u00edtica \u201ctradicional\u201d otras fuerzas marcan el ritmo del ejercicio del poder. Se trata de las izquierdas socialdem\u00f3crata y nacionalista, las cuales han optado desde que triunfaron en 1997 (entonces en una tensa unidad) por la v\u00eda del \u201cderecho a tener derechos\u201d. Morena encabeza hoy esa estrategia de construcci\u00f3n de la ciudad y probablemente vaya desplazando al PRD\u00a0en la forma de constituirla. Esa estrategia no s\u00f3lo ha permitido la posibilidad de elegir autoridades locales (algo imposible hace 20 a\u00f1os): ha logrado que las luchas y demandas feministas y de la diversidad sexual se materialicen en la factibilidad del aborto seguro y por decisi\u00f3n o del matrimonio igualitario, s\u00f3lo por mencionar los temas donde los derechos de los habitantes de la ciudad destacan respecto al <i>retraso pol\u00edtico<\/i> de otros espacios del pa\u00eds. Las izquierdas socialdem\u00f3cratas y nacionalistas capitalizaron la existencia de multiplicidad de movimientos reivindicativos, cristalizando la fuerza de \u00e9stos en distintos derechos, significativos e importantes sin duda.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay que hacer cr\u00edtica de la izquierda partidista anclada a\u00fan en el \u201cderecho a tener derechos\u201d como horizonte \u00faltimo de movilizaci\u00f3n y construcci\u00f3n de la ciudad. Pero tambi\u00e9n debe hacerse porque las paradojas que han llevado a la izquierda socialdem\u00f3crata a su actual nivel de descomposici\u00f3n pol\u00edtica son resultado de esa tendencia que tuvieron de servirse del movimiento social, en sus distintas expresiones, y particularmente del Movimiento Urbano Popular, pues si bien contuvieron y restaron fuerza a ese movimiento con programas sociales, que \u2014cierto\u2014 mejoraron la calidad de vida de un sector de la poblaci\u00f3n de la ciudad, representaron a la vez la exclusi\u00f3n y sectorializaci\u00f3n de la vivienda urbana a las zonas perif\u00e9ricas.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, los tres gobiernos anteriores al actual posibilitaron una estrategia de construcci\u00f3n de derechos, de satisfacci\u00f3n de demandas, al tiempo que permit\u00edan la existencia de un poderoso corredor financiero y tur\u00edstico que ha hecho impensable un proyecto de vivienda popular en la zona centro, a la vez que se patrocina la gentrificaci\u00f3n y estetizaci\u00f3n <i>clasemediera<\/i> de la zona centro-poniente de la ciudad.<\/p>\n<p>Hoy organizan y disponen del entramado de la ciudad los sectores del capital: ya en contubernio, ya golpeando y desplazando, ya convenciendo o negociando con los pol\u00edticos, se ha impuesto como el organizador simb\u00f3lico y material de la urbe. Tras los derechos ganados y conquistados por una ciudadan\u00eda joven, se teje tambi\u00e9n la del derecho supremo de los capitales: los auges inmobiliario que destroza colonias y barrios populares, automovil\u00edstico que hace invivible la ciudad (y con \u00e9l las jugosas ganancias de la industria petrolera, hoy en manos transnacionales), el de la educaci\u00f3n privada repartida en la ciudad seg\u00fan la demanda de sus clientes (universidades para ricos e \u201cinstitutos\u201d educativos de dudosa calidad para los marginados, todos articulados por el trabajo precarizado) y el de las transnacionales del supermercado (Walmart como el Moloch del intercambio mercantil), que destroza peque\u00f1os negocios y precariza el trabajo a l\u00edmites infames (basta ver el crecimiento de los <i>call center<\/i>, regados por la ciudad, organizando y determinando la vida de los j\u00f3venes). Tras la estrategia del \u201cderecho a tener derechos\u201d se entreg\u00f3 la organizaci\u00f3n de la ciudad a los capitales m\u00e1s importantes: financieros, automotrices, inmobiliarios, de la construcci\u00f3n. El s\u00edmbolo del dominio del capital en la ciudad est\u00e1 en el establecimiento del corredor tur\u00edstico y financiero que va de la Torre Mayor pasando por Reforma-Alameda-centro hist\u00f3rico: la joya de la ciudad burguesa al amparo de la socialdemocracia de los derechos (exclusivamente) sociales.<\/p>\n<p>Hoy no hay <i>una<\/i> fuerza unificada capaz de frenar estos m\u00faltiples procesos que acontecen y configurar la ciudad capitalista. Existen, s\u00ed, fuerzas dispersas, que resisten el embate del capital y sus m\u00faltiples demonios: los que luchan contra el dominio del autom\u00f3vil, los que buscan la distribuci\u00f3n de peque\u00f1os productores, los que apuestan por formas comunitarias de la vivienda, los que tratan de llevar expresiones art\u00edsticas y culturales a los puntos del oriente y norte de la ciudad que han sido reducidos a un verdadero <i>apartheid<\/i> social (de violencia y exclusi\u00f3n), los que procuran establecer centros de atenci\u00f3n de los migrantes extranjeros y nacionales, especialmente ind\u00edgenas, los que en la ciudad ensayan relaciones distintas, m\u00faltiples, no mercantiles, solidarias. Minoritarios hoy quiz\u00e1, pero muestra de que es posible una pol\u00edtica efectiva (y no s\u00f3lo panfletaria o de islotes aislados) de construcci\u00f3n de otra ciudad. En esos m\u00faltiples registros, pensamos, podr\u00eda avanzarse hacia una izquierda que democratice la ciudad; es decir, que cuestione las pol\u00edticas privatizadores y expoliadoras, pero que entienda tambi\u00e9n la diversidad que se alberga cuestionando el colonialismo interno y la forma clasista de la ciudad. Ello, sin embargo, requiere considerar, como dec\u00eda Zavaleta citando a Marx, que estamos en la \u00e9poca cuando <b>nada ocurre con autonom\u00eda de nada<\/b> y, por tanto, la ciudad es parte de la decadencia nacional y espacio de articulaci\u00f3n de fuerzas hacia proyectos antineoliberales. Avanzar desde un gobierno alternativo para la ciudad tiene que considerar m\u00faltiples problem\u00e1ticas dejadas a la suerte del mercado. Se requiere para ello la construcci\u00f3n alternativa de la ciudad, que vuelva a poner el transporte en manos del monopolio estatal; proyecte el crecimiento y las necesidades educativas de calidad, hoy a todas luces insuficientes; evapore las formas precarias de trabajo en el propio gobierno; democratice el acceso al consumo cultural m\u00e1s all\u00e1 de los ejes actuales; e impulse decididamente una campa\u00f1a de infraestructura ciclista y desincentive el uso del autom\u00f3vil particular. Eso, por mencionar s\u00f3lo los clivajes principales e inmediatos de una concepci\u00f3n distinta de la ciudad.<\/p>\n<p>No hay que albergar la <i>revoluci\u00f3n urbana<\/i> a un futuro m\u00edtico o un golpe espectacular de fuerza, sino a un presente cotidiano de lucha con sus m\u00faltiples entramados, sus intersticios, sus hiatos: molecularmente tambi\u00e9n se puede construir la ciudad alternativa, una ciudad para la vida; ah\u00ed est\u00e1 el esp\u00edritu del estado del An\u00e1huac.<\/p>\n<hr \/>\n<p><sup>1<\/sup> Fuentes Mor\u00faa, Jorge. <i>Marx y Engels contra el despotismo urbano<\/i>, M\u00e9xico, Universidad Aut\u00f3noma Metropolitana-Iztapalapa. Y de \u00e9l mismo, <i>Gramsci: pol\u00edtica y regi\u00f3n<\/i>, M\u00e9xico, UAM-I.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> De ah\u00ed la intenci\u00f3n de John Berger por fijarse en el mundo campesino europeo en su trilog\u00eda <i>De sus fatigas<\/i>.<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> https:\/\/centrourbano.com\/usos-sociales-del-agua-en-la-ciudad-prehispanica-la-historia-de-la-urbanizacion-lacustre\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La ciudad y los marxistas El descubrimiento del campo te\u00f3rico y pol\u00edtico denominado \u201cciudad\u201d ha sido relativamente tard\u00edo para los marxistas. Aunque contamos con indicaciones maravillosas por el d\u00fao Marx-Engels: del primero, en El capital y su esfuerzo por comprender la nueva fuerza productiva que era el capital industrial asentado en conglomerados urbanos distintos del &#8230; <a title=\"\u00bfCDMX O VALLE DEL AN\u00c1HUAC?\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1016\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre \u00bfCDMX O VALLE DEL AN\u00c1HUAC?\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":19,"featured_media":943,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25,120],"tags":[128,11,43,102,127],"class_list":["post-1016","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mexico","category-ciudad","tag-henri-lefebvre","tag-mexico","tag-marxismo","tag-ciudad-de-mexico","tag-david-harvey"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1016","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/19"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1016"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1016\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1024,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1016\/revisions\/1024"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/943"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1016"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1016"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1016"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}