{"id":1549,"date":"2017-07-07T23:26:31","date_gmt":"2017-07-07T17:26:31","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1549"},"modified":"2020-06-10T13:32:14","modified_gmt":"2020-06-10T19:32:14","slug":"los-trabajos-y-los-dias-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1549","title":{"rendered":"LOS TRABAJOS Y LOS D\u00cdAS"},"content":{"rendered":"<h3 style=\"text-align: left;\"><b>(CORTE DE CAJA, 1984-2016) SEGUNDA PARTE<\/b><\/h3>\n<h3><\/h3>\n<p>La presente serie de art\u00edculos intenta evaluar el saldo dejado en la vida cotidiana de los trabajadores mexicanos por la reorganizaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica a que nos referimos como <i>neoliberalismo<\/i>. Un ejercicio de esta \u00edndole requiere la elecci\u00f3n de indicadores que por s\u00ed mismos representen cualidades deseadas en una comunidad cualquiera. El hecho de que el crecimiento del producto interno bruto (PIB) sea considerado la medida por excelencia del progreso social es ya un signo de la eficacia de la ideolog\u00eda, pues tal elecci\u00f3n implica la aceptaci\u00f3n del principio del capitalismo militante: que producir m\u00e1s representar\u00eda por s\u00ed mismo \u2013o principalmente\u2013 una mejor\u00eda en la calidad de vida de la poblaci\u00f3n. Al contrario de esta tendencia, el art\u00edculo anterior analiz\u00f3 el comportamiento, en las \u00faltimas tres d\u00e9cadas, de los indicadores de pobreza, desigualdad y seguridad. El resultado no es halag\u00fce\u00f1o: las primeras dos exhiben actualmente los niveles alcanzados hace 25 a\u00f1os, mientras que la inseguridad observa un descenso de lo alarmante a lo oprobioso. En el mismo periodo, las horas trabajadas por la poblaci\u00f3n aumentaron. Es decir, a la sociedad toma m\u00e1s tiempo generar la riqueza y las estructuras institucionales que la proveen de una vida m\u00e1s o menos igual de precaria.<\/p>\n<p>Una evaluaci\u00f3n consistente del periodo examinado debe ampliar el n\u00famero de indicadores tomados en cuenta, si bien resulta dif\u00edcil elegir qu\u00e9 mediciones constituyen indicadores incontestables del progreso social. Un ejemplo significativo: el aumento del tiempo de los traslados entre el hogar y el trabajo supone en las grandes ciudades la disminuci\u00f3n del tiempo perteneciente a los trabajadores para su disfrute y, como tal, es un gasto de tiempo no retribuido: el aumento de los traslados significa una disminuci\u00f3n de la calidad de vida tanto como una reducci\u00f3n salarial (en un tiempo equivalente al requerido en el traslado) o una ampliaci\u00f3n del tiempo trabajado sin retribuci\u00f3n. En sentido puesto, no resulta dif\u00edcil encontrar \u00edndices que dan una opini\u00f3n m\u00e1s favorable de la \u00e9poca. Por ejemplo, se producen avances en servicios e infraestructura, como el aumento en el n\u00famero de hogares con agua corriente (de 77 por ciento en 1990 a 89 en 2010), y el porcentaje de casas con pisos recubiertos aument\u00f3 de 86 en 1990 a 93 en 2010. Tambi\u00e9n se observa una mejora en la esperanza de vida de la poblaci\u00f3n: entre 1990 y 2012 aument\u00f3 en 4.35 a\u00f1os para los hombres y 3.44 para las mujeres; actualmente se sit\u00faa en 72.3 y 77.3. Es destacable y positiva la reducci\u00f3n de la tasa de mortalidad infantil (sobre 100 mil habitantes), de 32.6 en 1990 y 11.7 en 2016. En materia educativa, el porcentaje de menores de edad inscritos en el sistema escolar creci\u00f3 sostenidamente de 1990 a 2016 (en 1990, el n\u00famero de inscritos desde preescolar hasta nivel medio superior equival\u00eda a 75 por ciento de la poblaci\u00f3n menor de edad; en 2000, a 81; y en 2015, a 90). Pero con excepci\u00f3n de los datos referidos a la mortalidad y la esperanza de vida \u2013indudables signos de un progreso\u2013, el resto de los indicadores a\u00fan puede ser materia de interpretaci\u00f3n. Sin duda, el aumento de la matr\u00edcula del sistema educativo es un hecho positivo, pero no hay elementos para suponer que la calidad de la educaci\u00f3n haya mejorado en los \u00faltimos a\u00f1os. En cuanto a \u00edndices relativos a la calidad de la infraestructura, como acceso al agua y el material de construcci\u00f3n de los hogares, estamos ante un avance si tomamos como referencia las cifras de los a\u00f1os anteriores. Pero a\u00fan podr\u00eda objetarse que, dado el grado de desarrollo de las fuerzas productivas y el costo relativamente bajo de dichos servicios, es signo de la impotencia del r\u00e9gimen econ\u00f3mico que la cobertura no alcance todav\u00eda a 100 por ciento de la poblaci\u00f3n, como un pa\u00eds m\u00ednimamente civilizado deber\u00eda garantizar.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1550 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-01.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"637\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-01.jpg 1281w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-01-150x150.jpg 150w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-01-300x300.jpg 300w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-01-768x765.jpg 768w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-01-1024x1020.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b><i>Condici\u00f3n de los asalariados<\/i><\/b><\/p>\n<p>De entre la multitud de posibles mediciones, el ingreso de los asalariados parece un indicador confiable del estado de la vida en una poblaci\u00f3n y de la equidad del sistema de distribuci\u00f3n de recursos. En los \u00faltimos 30 a\u00f1os, el salario m\u00ednimo en M\u00e9xico ha perdido capacidad adquisitiva. La tendencia no constituir\u00eda por s\u00ed misma un dato negativo si al mismo tiempo aumentara el n\u00famero de salarios m\u00ednimos que ingresa la poblaci\u00f3n. \u00bfPero c\u00f3mo se ha comportado esta distribuci\u00f3n a lo largo de los a\u00f1os y cu\u00e1l es su significado en el ingreso de la poblaci\u00f3n asalariada? Proponemos al menos tres maneras de realizar el comparativo de su evoluci\u00f3n.<\/p>\n<p><b>1. Ingreso de la poblaci\u00f3n asalariada como porcentaje del PIB. <\/b>La tabla 2 muestra c\u00f3mo se distribuye la poblaci\u00f3n ocupada de acuerdo con el n\u00famero de salarios m\u00ednimos recibidos en 1990, 2010 y 2015. Si estimamos el ingreso medio de los miembros de cada grupo, es posible estimar el monto de sus ingresos como porcentaje del producto nacional bruto de ese a\u00f1o. En los tres a\u00f1os analizados, el conjunto de los trabajadores que recib\u00edan de 0 a 5 salarios m\u00ednimos era de aproximadamente 75 por ciento de la poblaci\u00f3n activa. En 1990, 74 por ciento de los asalariados con menores ingresos recib\u00eda en conjunto un monto equivalente a 15.3 por ciento del PIB de ese a\u00f1o. En 2010, el ingreso de 75 por ciento de la poblaci\u00f3n ocupada se redujo a 12.7 por ciento del producto bruto anual. En 2015, su participaci\u00f3n se redujo a 12.4 por ciento. Lo m\u00e1s notable de tal reducci\u00f3n es que se produce en un periodo que vio aumentar la capacidad productiva de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre 1990 y 2015, el PIB por persona ocupada aument\u00f3 en 18 por ciento, y en el mismo tiempo 75 por ciento de la poblaci\u00f3n ocupada vio reducir en 20.5 por ciento su participaci\u00f3n en el ingreso. Es decir, mientras aument\u00f3 la productividad del trabajo, disminuy\u00f3 casi en la misma medida la participaci\u00f3n de las retribuciones a los trabajadores.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1551 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-02.jpg\" alt=\"\" width=\"616\" height=\"1121\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-02.jpg 1118w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-02-165x300.jpg 165w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-02-768x1397.jpg 768w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-02-563x1024.jpg 563w\" sizes=\"auto, (max-width: 616px) 100vw, 616px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>2. <\/b><b>Ingreso de la poblaci\u00f3n asalariada en t\u00e9rminos del precio de la canasta b\u00e1sica<\/b>. Tambi\u00e9n es dable establecer una medici\u00f3n comparativa del ingreso en t\u00e9rminos del poder adquisitivo del mismo sector de la poblaci\u00f3n. La tabla 3 presenta el c\u00e1lculo. En 1995, el salario m\u00ednimo promedio (a precios de ese a\u00f1o) era de 20.15 pesos; y el costo de la canasta b\u00e1sica urbana, de 18.6 por d\u00eda. En 2010, el salario m\u00ednimo era de 57.4; y la canasta b\u00e1sica, de 71.3. En 2015, el salario m\u00ednimo era de 70.1 y la canasta b\u00e1sica se hallaba en 87.1. La columna \u201cPoder adquisitivo\u201d expresa la cantidad de canastas b\u00e1sicas adquiribles por cada sector de la poblaci\u00f3n. En 1995, los 24 millones de personas de la poblaci\u00f3n asalariada con menores ingresos (75 por ciento de la ocupada) ten\u00eda una remuneraci\u00f3n equivalente a 54 millones de canastas b\u00e1sicas: una media de 2.2 canastas b\u00e1sicas por persona. En 2015, ese sector, compuesto por 38.5 millones de asalariados, recib\u00eda el equivalente a 67 millones de canastas b\u00e1sicas, un promedio de 1.7 por persona. Ello significa que entre 1990 y 2010, la riqueza adquirible por 75 por ciento de la poblaci\u00f3n con los ingresos m\u00e1s bajos disminuy\u00f3 en 20.3 por ciento, una variaci\u00f3n muy semejante a la obtenida al analizar la relaci\u00f3n ingreso-PIB.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1552 aligncenter\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-03.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"388\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-03.jpg 1110w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-03-300x194.jpg 300w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-03-768x497.jpg 768w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/suaste-03-1024x663.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><b>3. Poder de compra promedio por cada hora trabajada.\u00a0<\/b>Finalmente, es posible analizar la evoluci\u00f3n del poder adquisitivo de las horas de trabajo. Desde 2005, el Inegi calcula la remuneraci\u00f3n promedio por hora trabajada a escala nacional. A partir de esta cifra es f\u00e1cil calcular el poder de compra de esa hora trabajada. En 2005, la remuneraci\u00f3n promedio por hora trabajada era de 25 pesos, un valor equivalente a 72 por ciento del precio de la canasta b\u00e1sica rural y 45 de la urbana. En 2016, la remuneraci\u00f3n promedio era de 30.8 pesos, equivalentes a 53 por ciento de la canasta rural y 34 de la urbana. La reducci\u00f3n significa que el ingreso por hora trabajada permite comprar una cantidad menor de bienes. De manera semejante a las dos mediciones anteriores, se observa una disminuci\u00f3n del poder adquisitivo del trabajo en un rango cercano a 23 por ciento, con el agravante de que el periodo considerado por esta medici\u00f3n abarca s\u00f3lo 10 a\u00f1os.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la primera medici\u00f3n, se produce m\u00e1s para participar en menor proporci\u00f3n del total producido. Seg\u00fan la segunda, se produce m\u00e1s para adquirir menos. Seg\u00fan la tercera, se trabaja m\u00e1s para comprar lo mismo que antes. Mantener a la poblaci\u00f3n en el mismo nivel de ingreso en el contexto de una econom\u00eda estacionaria es sencillo. Hacer que reduzca en el contexto de una econom\u00eda que revoluciona incesantemente el nivel de las fuerzas productivas supone una proeza al alcance s\u00f3lo de las etapas m\u00e1s insalubres del capitalismo. En las estad\u00edsticas sobre el ingreso, la poblaci\u00f3n trabajadora puede encontrar el correlato objetivo a la sensaci\u00f3n de que las condiciones econ\u00f3micas de la generaci\u00f3n anterior, sin ser ben\u00e9volas, fueron algo menos arduas que las de hoy.<\/p>\n<hr \/>\n<p><b>Nota sobre los datos y las estimaciones. <\/b>Las cifras de educaci\u00f3n, vivienda, esperanza de vida y mortalidad pertenecen a los censos nacionales del Inegi. La distribuci\u00f3n de la poblaci\u00f3n ocupada seg\u00fan el n\u00famero de salarios m\u00ednimos ingresados, as\u00ed como el ingreso promedio por hora, se encuentra en las Encuestas Nacionales de Empleo, y de Ocupaci\u00f3n y Empleo de los a\u00f1os respectivos. Las cifras del producto interno bruto tambi\u00e9n son publicadas por el Inegi y toman como a\u00f1o de referencia 2008. El monto del salario m\u00ednimo utilizado por la segunda tabla toma como a\u00f1o de referencia los valores de 2010. Este c\u00e1lculo y la cifra del salario nominal (el expresado bajo la denominaci\u00f3n de cada a\u00f1o) son tomados de la informaci\u00f3n que ofrece la Comisi\u00f3n Nacional de los Salarios M\u00ednimos. Para calcular los ingresos aproximados por sector de la poblaci\u00f3n por a\u00f1o, se multiplica el monto del salario por el <i>valor medio<\/i> del n\u00famero de salarios contados por cada rubro (la casilla \u201cV.M.\u201d). La suma da el ingreso diario de este sector de la poblaci\u00f3n. Los valores de la canasta b\u00e1sica (alimentaria + no alimentaria) de cada a\u00f1o son los reportados por el Coneval. El valor utilizado aqu\u00ed es el promedio de los precios de los 12 meses reportados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(CORTE DE CAJA, 1984-2016) SEGUNDA PARTE La presente serie de art\u00edculos intenta evaluar el saldo dejado en la vida cotidiana de los trabajadores mexicanos por la reorganizaci\u00f3n econ\u00f3mica y pol\u00edtica a que nos referimos como neoliberalismo. 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