{"id":1563,"date":"2017-07-08T00:09:14","date_gmt":"2017-07-07T18:09:14","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1563"},"modified":"2017-07-08T02:49:20","modified_gmt":"2017-07-07T20:49:20","slug":"la-mujer-y-el-materialismo-historico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1563","title":{"rendered":"LA MUJER Y EL MATERIALISMO HIST\u00d3RICO"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1564\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-68web.jpg\" alt=\"\" width=\"370\" height=\"231\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-68web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-68web-300x188.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 370px) 100vw, 370px\" \/>La teor\u00eda del materialismo hist\u00f3rico ha sacado a la luz verdades important\u00edsimas. La humanidad no es una especie animal: es una realidad hist\u00f3rica. La sociedad humana es una <i>anti-physis<\/i>: no sufre pasivamente la presencia de la naturaleza, la toma por su cuenta. Esta recuperaci\u00f3n no es una operaci\u00f3n interior y subjetiva, sino que se efect\u00faa objetivamente en la praxis. De este modo, no podr\u00eda ser considerada la mujer, simplemente, como un organismo sexuado; entre los datos biol\u00f3gicos, tienen importancia s\u00f3lo los que adquieren en la acci\u00f3n un valor concreto; la conciencia que la mujer adquiere de s\u00ed misma no est\u00e1 definida por su sola sexualidad: refleja una situaci\u00f3n dependiente de la estructura econ\u00f3mica de la sociedad, estructura que traduce el grado de evoluci\u00f3n t\u00e9cnica alcanzado por la humanidad. Hemos visto que, biol\u00f3gicamente, los dos rasgos esenciales que caracterizan a la mujer son los siguientes: su aprehensi\u00f3n del mundo es menos amplia que la del hombre; est\u00e1 m\u00e1s estrechamente esclavizada a la especie. Pero estos hechos adquieren un valor del todo distinto seg\u00fan el contexto econ\u00f3mico y social. En la historia humana, la aprehensi\u00f3n del mundo no se define jam\u00e1s por el cuerpo desnudo: la mano, con su pulgar aprehensor, ya se supera hacia el instrumento que multiplica su poder; desde los m\u00e1s antiguos documentos de la historia, el hombre siempre se nos presenta armado. En los tiempos en que se trataba de blandir pesadas clavas, la debilidad f\u00edsica de la mujer constitu\u00eda una flagrante inferioridad: basta que el instrumento exija una fuerza ligeramente superior a la de la que ella dispone para que aparezca radicalmente impotente. Mas puede suceder, por el contrario, que la t\u00e9cnica anule la diferencia muscular que separa al hombre de la mujer: la abundancia no crea superioridad m\u00e1s que ante la perspectiva de una necesidad; no es preferible tener demasiado a tener suficiente. As\u00ed, el manejo de un gran n\u00famero de m\u00e1quinas modernas no exige m\u00e1s que una parte de los recursos viriles: si el m\u00ednimo necesario no es superior a la capacidad de la mujer, \u00e9sta se iguala en el trabajo con el hombre. En realidad, hoy pueden desencadenarse inmensos despliegues de energ\u00eda simplemente oprimiendo un bot\u00f3n. En cuanto a las servidumbres de la maternidad, seg\u00fan las costumbres, adquieren una importancia sumamente variable: son abrumadoras si se imponen a la mujer numerosos partos y si tiene que alimentar sin ayuda a los hijos; si procrea libremente, si la sociedad acude en su ayuda durante el embarazo y se ocupa del ni\u00f1o, las cargas maternales son ligeras y pueden compensarse con facilidad en el dominio del trabajo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-1569\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-67web.jpg\" alt=\"\" width=\"361\" height=\"266\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-67web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-67web-300x221.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 361px) 100vw, 361px\" \/>En <i>El origen de la familia<\/i>, Engels rastrea la historia de la mujer de acuerdo con esta perspectiva: dicha historia depender\u00eda esencialmente de las de las t\u00e9cnicas. En la Edad de Piedra, cuando la tierra era com\u00fan a todos los miembros del clan, el car\u00e1cter rudimentario de la laya y la azada primitivas limitaba las posibilidades agr\u00edcolas: las fuerzas femeninas se adecuaban al trabajo exigido por la explotaci\u00f3n de los huertos. En esta divisi\u00f3n primitiva del trabajo, los dos sexos constituyen ya de alg\u00fan modo dos clases; entre \u00e9stas hay igualdad; mientras el hombre caza y pesca, la mujer permanece en el hogar; pero las tareas dom\u00e9sticas entra\u00f1an una labor productiva: fabricaci\u00f3n de vasijas de barro, tejidos, faenas en el huerto; y por ello la mujer tiene un importante papel en la vida econ\u00f3mica. Con el descubrimiento del cobre, el esta\u00f1o, el bronce y el hierro, y con la aparici\u00f3n del arado, la agricultura extiende su dominio: para desmontar los bosques, para hacer fructificar los campos, es necesario un trabajo intensivo. Entonces, el hombre recurre al servicio de otros hombres, a quienes reduce a esclavitud. Aparece la propiedad privada: due\u00f1o de los esclavos y de la tierra, el hombre se convierte tambi\u00e9n en propietario de la mujer. Es \u00abla gran derrota hist\u00f3rica del sexo femenino\u00bb. Esta derrota se explica por la convulsi\u00f3n producida en la divisi\u00f3n del trabajo como consecuencia de la invenci\u00f3n de los nuevos instrumentos. \u00abLa causa que hab\u00eda asegurado a la mujer su anterior autoridad en la casa (su empleo exclusivo en las labores dom\u00e9sticas) aseguraba ahora la preponderancia del hombre: el trabajo dom\u00e9stico de la mujer desaparec\u00eda desde entonces con el trabajo productivo del hombre; el segundo era todo, y el primero un accesorio insignificante\u00bb. El derecho paterno sustituye entonces el materno: la transmisi\u00f3n del dominio se efect\u00faa de padre a hijo, y ya no de la mujer al clan. Es la aparici\u00f3n de la familia patriarcal fundada en la propiedad privada. En semejante familia, la mujer est\u00e1 oprimida. El hombre reina como soberano y, entre otros, se permite caprichos sexuales: se acuesta con esclavas o con hetairas; es pol\u00edgamo. Tan pronto como las costumbres hacen posible la reciprocidad, la mujer se venga por la infidelidad: el matrimonio se completa naturalmente con el adulterio. Es la \u00fanica defensa de la mujer contra la esclavitud dom\u00e9stica en que se le mantiene: la opresi\u00f3n social que sufre es consecuencia de su opresi\u00f3n econ\u00f3mica. La igualdad puede restablecerse s\u00f3lo cuando ambos sexos gocen de derechos jur\u00eddicamente iguales; pero esta liberaci\u00f3n exige la vuelta de todo el sexo femenino a la industria p\u00fablica. \u00abLa emancipaci\u00f3n de la mujer no es posible sino cuando \u00e9sta puede tomar parte en vasta escala en la producci\u00f3n social, y el trabajo dom\u00e9stico no la ocupe sino un tiempo insignificante. Y esta condici\u00f3n ha podido realizarse nada m\u00e1s en la gran industria moderna, que no s\u00f3lo admite el trabajo de la mujer en gran escala sino que hasta lo exige formalmente\u2026\u00bb<\/p>\n<p>As\u00ed, la suerte de la mujer y la del socialismo est\u00e1n estrechamente ligadas, como se ve tambi\u00e9n en la vasta obra consagrada por Bebel a la mujer.<sup>1<\/sup> \u00abLa mujer y el proletario \u2013dice\u2013 son dos oprimidos\u00bb. El desarrollo mismo de la econom\u00eda a partir de la revoluci\u00f3n provocada por el maquinismo liberar\u00e1 a ambos. El problema de la mujer se reduce al de su capacidad de trabajo. Poderosa en los tiempos en que las t\u00e9cnicas estaban adaptadas a sus posibilidades, destronada cuando se mostr\u00f3 incapaz de explotarlas, la mujer encuentra de nuevo en el mundo moderno su igualdad con el hombre. Las resistencias del viejo paternalismo capitalista impiden en la mayor\u00eda de los pa\u00edses que esa igualdad se cumpla concretamente: se cumplir\u00e1 el d\u00eda en que esas resistencias sean destruidas. Ya se ha cumplido en la urss, afirma la propaganda sovi\u00e9tica. Y cuando la sociedad socialista sea una realidad en el mundo entero, ya no habr\u00e1 hombres y mujeres sino s\u00f3lo trabajadores iguales entre s\u00ed.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-1565\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-64web.jpg\" alt=\"\" width=\"359\" height=\"264\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-64web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-64web-300x221.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 359px) 100vw, 359px\" \/>Pese a que la s\u00edntesis esbozada por Engels se\u00f1ale un progreso respecto a las que hemos examinado, no por ello deja de decepcionarnos: los problemas m\u00e1s importantes son escamoteados.<sup>2<\/sup> El pivote de toda la historia es el paso del r\u00e9gimen comunitario a la propiedad privada, y no se nos indica en absoluto c\u00f3mo ha podido efectuarse. Engels confiesa incluso que \u00abhasta el presente nada sabemos de ello\u00bb;<sup>3<\/sup> no s\u00f3lo ignora el detalle hist\u00f3rico de la cuesti\u00f3n, sino que no sugiere ninguna interpretaci\u00f3n. Del mismo modo, tampoco est\u00e1 claro que la propiedad privada haya comportado fatalmente la servidumbre de la mujer. El materialismo hist\u00f3rico da por supuestos hechos que ser\u00eda preciso explicar: plantea, sin discutirlo, el lazo de inter\u00e9s que vincula al hombre a la propiedad; pero \u00bfd\u00f3nde tiene su origen ese inter\u00e9s, fuente de instituciones sociales? As\u00ed, pues, la exposici\u00f3n de Engels es superficial, y las verdades que descubre resultan contingentes. Y es por la imposibilidad de profundizar en ellas sin desbordar el materialismo hist\u00f3rico. \u00c9ste no podr\u00eda aportar soluciones a los problemas que hemos indicado, ya que \u00e9stos interesan al hombre todo entero y no a esa abstracci\u00f3n que es el <i>homo oeconomicus<\/i>.<\/p>\n<p>Est\u00e1 claro, por ejemplo, que la idea misma de posesi\u00f3n singular no puede adquirir sentido m\u00e1s que a partir de la condici\u00f3n originaria del existente. Para que aparezca es preciso, en primer lugar, que haya en el sujeto una tendencia a situarse en su singularidad radical, una afirmaci\u00f3n de su existencia en tanto que aut\u00f3noma y separada. Se comprende que esta pretensi\u00f3n haya permanecido subjetiva, interior, sin veracidad, mientras el individuo carec\u00eda de los medios pr\u00e1cticos para satisfacerla objetivamente: a falta de \u00fatiles adecuados, no percibi\u00f3 al principio su poder sobre el mundo, se sent\u00eda perdido en la naturaleza y en la colectividad, pasivo, amenazado, juguete de oscuras fuerzas; s\u00f3lo identific\u00e1ndose con el clan todo entero, se atrev\u00eda a pensar: el t\u00f3tem, el man\u00e1, la tierra, eran realidades colectivas. Lo que el descubrimiento del bronce ha permitido al hombre ha sido descubrirse como creador en la prueba de un trabajo duro y productivo; al dominar a la naturaleza, ya no le teme; frente a las resistencias vencidas, tiene la audacia de captarse como actividad aut\u00f3noma, de realizarse en su singularidad.<sup>4<\/sup><\/p>\n<p>Pero esa realizaci\u00f3n jam\u00e1s se habr\u00eda logrado si el hombre no lo hubiese querido originariamente; la lecci\u00f3n del trabajo no se ha inscrito en un sujeto pasivo: el sujeto se ha forjado y conquistado a s\u00ed mismo al forjar sus \u00fatiles y conquistar la Tierra. Por otra parte, la afirmaci\u00f3n del sujeto no basta para explicar la propiedad: en el desaf\u00edo, en la lucha, en el combate singular, cada conciencia puede intentar elevarse hasta la soberan\u00eda. Para que el desaf\u00edo haya adoptado la forma de un potlatch; es decir, de una rivalidad econ\u00f3mica, para que a partir de ah\u00ed primero el jefe y luego los miembros del clan hayan reivindicado bienes privados, preciso es que en el hombre anide otra tendencia original: hemos dicho\u00a0 que el existente no logra captarse sino alien\u00e1ndose; se busca a trav\u00e9s del mundo bajo una figura extra\u00f1a, la cual hace suya. En el t\u00f3tem, en el man\u00e1, en el territorio que ocupa, su existencia alienada encuentra el clan; cuando el individuo se separa de la comunidad, reclama una encarnaci\u00f3n singular: el man\u00e1 se individualiza en el jefe, luego en cada individuo; y, al mismo tiempo, cada cual trata de apropiarse un trozo de suelo, unos instrumentos de trabajo, unas cosechas. En esas riquezas que son suyas, el hombre se encuentra a s\u00ed mismo, pues se ha perdido en ellas: se comprende entonces que pueda concederles una importancia tan fundamental como a su vida. Entonces, el inter\u00e9s del hombre por su propiedad se convierte en una relaci\u00f3n inteligible. Pero se ve que no es posible explicarlo solamente por el \u00fatil: es preciso captar toda la actitud del hombre armado con un \u00fatil, actitud que implica una infraestructura ontol\u00f3gica.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-1567\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-66web.jpg\" alt=\"\" width=\"360\" height=\"271\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-66web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-66web-300x226.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 360px) 100vw, 360px\" \/>Del mismo modo, resulta imposible deducir de la propiedad privada la opresi\u00f3n de la mujer. Tambi\u00e9n aqu\u00ed es manifiesta la insuficiencia del punto de vista de Engels. Ha comprendido \u00e9ste perfectamente que la debilidad muscular de la mujer no se ha convertido en una inferioridad concreta m\u00e1s que en su relaci\u00f3n con el \u00fatil de bronce y de hierro; pero no ha visto que los l\u00edmites de su capacidad de trabajo no constitu\u00edan una desventaja concreta m\u00e1s que en cierta perspectiva. Porque el hombre es trascendencia y ambici\u00f3n proyecta nuevas exigencias a trav\u00e9s de todo \u00fatil nuevo: una vez que hubo inventado los instrumentos de bronce, no se content\u00f3 ya con explotar los huertos sino que quiso desmontar y cultivar extensos campos. Esa voluntad no brot\u00f3 del bronce mismo. La incapacidad de la mujer ha comportado su ruina, pues el hombre la ha aprehendido a trav\u00e9s de un proyecto de enriquecimiento y expansi\u00f3n. Y ese proyecto no basta para explicar que haya sido oprimida: la divisi\u00f3n del trabajo por sexos podr\u00eda haber sido una amistosa asociaci\u00f3n. Si la relaci\u00f3n original del hombre con sus semejantes fuese exclusivamente de amistad, no se explicar\u00eda ning\u00fan tipo de servidumbre: este fen\u00f3meno es consecuencia del imperialismo de la conciencia humana, que trata de cumplir objetivamente su soberan\u00eda. Si no hubiese en ella la categor\u00eda original del Otro, y una pretensi\u00f3n original de dominar a ese Otro, el descubrimiento del \u00fatil de bronce no habr\u00eda podido comportar la opresi\u00f3n de la mujer. Engels tampoco explica el car\u00e1cter singular de esta opresi\u00f3n. Ha intentado reducir la oposici\u00f3n entre los sexos a un conflicto de clases; por otra parte, lo ha hecho sin mucha convicci\u00f3n: la tesis no se sostiene. La divisi\u00f3n del trabajo por sexos y la opresi\u00f3n que de ello resulta evocan en algunos aspectos la divisi\u00f3n en clases, pero no se deben confundir: no hay ninguna base biol\u00f3gica en la escisi\u00f3n entre las clases; en el trabajo, el esclavo adquiere conciencia de s\u00ed mismo frente al amo; el proletario siempre ha comprobado su condici\u00f3n en la revuelta, regresando por ese medio a lo esencial, constituy\u00e9ndose en una amenaza para sus explotadores; y apunta a su desaparici\u00f3n en tanto que clase. Hemos dicho en la introducci\u00f3n hasta d\u00f3nde es diferente la situaci\u00f3n de la mujer, singularmente a causa de la comunidad de vida y de intereses que la hace solidaria del hombre, as\u00ed como por la complicidad que \u00e9ste encuentra en ella: ella no abriga ning\u00fan deseo de revoluci\u00f3n, no sabr\u00eda suprimirse en tanto que sexo; \u00fanicamente pide que sean abolidas ciertas consecuencias de la especificaci\u00f3n sexual. Resulta a\u00fan m\u00e1s grave que, sin mala fe, no se podr\u00eda considerar a la mujer \u00fanicamente como trabajadora; tan importante como su capacidad productiva es su funci\u00f3n reproductora, en la econom\u00eda social y en la vida individual; en ciertas \u00e9pocas resulta m\u00e1s \u00fatil engendrar ni\u00f1os que manejar el arado. Engels ha escamoteado el problema; se limita a declarar que la comunidad socialista abolir\u00e1 la familia, una soluci\u00f3n bastante abstracta; se sabe con cu\u00e1nta frecuencia y tan radicalmente ha tenido que cambiar la urss su pol\u00edtica familiar, seg\u00fan el diferente equilibrio entre las necesidades inmediatas de la producci\u00f3n y las de la repoblaci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, suprimir no supone necesariamente liberar a la mujer: los ejemplos de Esparta y del r\u00e9gimen nazi demuestran que no por estar vinculada de modo directo al Estado puede la mujer ser menos oprimida por los varones. Una \u00e9tica en verdad socialista, es decir, que busque la justicia sin suprimir la libertad, que imponga cargas a los individuos, pero sin abolir la individualidad, se hallar\u00e1 en grave aprieto por los problemas que plantea la condici\u00f3n de la mujer. Es imposible asimilar lisa y llanamente la gestaci\u00f3n a un trabajo o a un servicio, como el servicio militar, por ejemplo. Se produce una fractura m\u00e1s profunda en la vida de una mujer al exigirle hijos que al reglamentar las ocupaciones de los ciudadanos: jam\u00e1s ha habido ning\u00fan Estado que osase instituir el coito obligatorio. En el acto sexual, en la maternidad, la mujer compromete no s\u00f3lo tiempo y energ\u00edas sino, tambi\u00e9n, valores esenciales. En vano pretende ignorar el materialismo racionalista este car\u00e1cter dram\u00e1tico de la sexualidad: no se puede reglamentar el instinto sexual; no es seguro que no lleve en s\u00ed mismo un rechazo de su satisfacci\u00f3n, dec\u00eda Freud; lo seguro estriba en que no se deja integrar en lo social, pues hay en el erotismo una revuelta del instante contra el tiempo, de lo individual contra lo universal; al querer canalizarlo y explotarlo, se corre el riesgo de matarlo, ya que no se puede disponer de la espontaneidad viviente como de la materia inerte; ni se le puede forzar como a una libertad. No se podr\u00eda obligar directamente a la mujer a dar a luz: todo cuanto se puede hacer es encerrarla en situaciones donde la maternidad sea para ella la \u00fanica salida; la ley o las costumbres le imponen el matrimonio, se proh\u00edben los procedimientos anticonceptivos, el aborto, el divorcio. Es imposible considerar a la mujer exclusivamente como una fuerza productiva: para el hombre, es una compa\u00f1era sexual, una reproductora, un objeto er\u00f3tico, una Otra a trav\u00e9s de la cual se busca a s\u00ed mismo. Es in\u00fatil que los reg\u00edmenes totalitarios o autoritarios, de com\u00fan acuerdo, hayan prohibido el psicoan\u00e1lisis y declarado que, para los ciudadanos lealmente integrados en la colectividad, no tienen lugar los dramas individuales: el erotismo es una experiencia en la que la generalidad siempre es recobrada por una individualidad. Y para un socialismo democr\u00e1tico, en el que las clases ser\u00edan abolidas, pero no los individuos, la cuesti\u00f3n del destino individual conservar\u00eda toda su importancia: la diferenciaci\u00f3n sexual mantendr\u00eda toda su importancia. La relaci\u00f3n sexual que une la mujer al hombre no es la misma que la que \u00e9l mantiene respecto a ella; el lazo que la une al ni\u00f1o es irreducible a cualquier otro. La mujer no ha sido creada por el solo instrumento de bronce: la m\u00e1quina no basta para abolirla. Reivindicar para ella todos los derechos, todas las oportunidades del ser humano en general, no significa que haya que cerrar los ojos ante lo singular de su situaci\u00f3n. Y para conocerla hay que desbordar al materialismo hist\u00f3rico, que no ve en el hombre y la mujer sino entidades econ\u00f3micas.<sup>5<\/sup><\/p>\n<hr \/>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-1570\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-65web.jpg\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"351\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-65web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/rini-65web-273x300.jpg 273w\" sizes=\"auto, (max-width: 320px) 100vw, 320px\" \/>* Extracto de \u201cEl punto de vista del materialismo hist\u00f3rico\u201d, cap\u00edtulo iii, de <i>El segundo sexo<\/i> (1949), publicado por Ediciones Siglo Veinte en 1969.<\/p>\n<p><sup>1<\/sup> Auguste Bebel, <i>La mujer y el socialismo<\/i>, Ediciones de Cultura Popular, Biblioteca Marxista, M\u00e9xico, 1978 [nota del editor].<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Simone de Beauvoir se refiere a los puntos de vista de la biolog\u00eda y del psicoan\u00e1lisis, dos momentos decisivos en su cr\u00edtica existencialista al \u201cmito de la feminidad.\u201d Su resultado es la definici\u00f3n de la mujer como <i>anti-physis<\/i>, concepci\u00f3n antropol\u00f3gica que sustenta el conocido aforismo: \u201cNo se nace mujer: se llega a serlo. Ning\u00fan destino biol\u00f3gico, ps\u00edquico o econ\u00f3mico define la figura que reviste en el seno de la sociedad la hembra humana\u201d [nota del editor].<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> <i>El origen de la familia<\/i> (p\u00e1ginas 209-210 ver. fr).<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> Gaston Bachelard realiza, en <i>La terre et les r\u00eaveries de la volont\u00e9<\/i>, entre otros un sugestivo estudio del trabajo del herrero. Muestra c\u00f3mo, por medio del martillo y el yunque, el hombre se afirma y se separa. \u00abEl instante del herrero es un instante a la vez aislado y magnificado. Promueve al trabajador al dominio del tiempo por la violencia de un instante\u00bb, p\u00e1gina 142. Y m\u00e1s adelante: \u00abEl ser que forja acepta el desaf\u00edo del universo alzado contra \u00e9l\u00bb.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> La cr\u00edtica de Simone de Beauvoir al marxismo se sit\u00faa entre su definici\u00f3n de la mujer como <i>anti-physis<\/i> y su exposici\u00f3n positiva de la constituci\u00f3n de la \u201crealidad femenina\u201d. Si comparte, con los marxistas, el an\u00e1lisis del trabajo en la dial\u00e9ctica del reconocimiento, su cr\u00edtica se singulariza por una perspectiva determinada por la \u201cmoral existencialista\u201d. Perspectiva antideterminista que concilia las ense\u00f1anzas de Alexandre Koj\u00e8ve con las de Claude Levi-Strauss. \u201cLo que define de manera singular la situaci\u00f3n de la mujer es que, siendo como todo ser humano una libertad aut\u00f3noma, se descubre y se elige en un mundo donde los hombres le imponen que se asuma como lo Otro: se pretende fijarla en objeto y consagrarla a la inmanencia, ya que su trascendencia ser\u00e1 perpetuamente trascendida por otra conciencia esencial y soberana\u201d. Sobre este fondo com\u00fan de la existencia femenina se eleva una diversidad de modos de frustraci\u00f3n, opresi\u00f3n y liberaci\u00f3n que forman la materia del segundo tomo de <i>El segundo sexo<\/i> y que habitan los principales personajes femeninos de <i>Los mandarines<\/i> [nota del editor].<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La teor\u00eda del materialismo hist\u00f3rico ha sacado a la luz verdades important\u00edsimas. La humanidad no es una especie animal: es una realidad hist\u00f3rica. La sociedad humana es una anti-physis: no sufre pasivamente la presencia de la naturaleza, la toma por su cuenta. Esta recuperaci\u00f3n no es una operaci\u00f3n interior y subjetiva, sino que se efect\u00faa &#8230; <a title=\"LA MUJER Y EL MATERIALISMO HIST\u00d3RICO\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1563\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre LA MUJER Y EL MATERIALISMO HIST\u00d3RICO\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":122,"featured_media":1564,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[167],"tags":[59,168],"class_list":["post-1563","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-emergencia-feminista","tag-engels","tag-feminismo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1563","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/122"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=1563"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1563\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1571,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/1563\/revisions\/1571"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/1564"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=1563"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=1563"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=1563"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}