{"id":1962,"date":"2018-04-06T00:11:00","date_gmt":"2018-04-06T06:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1962"},"modified":"2020-06-09T18:44:28","modified_gmt":"2020-06-10T00:44:28","slug":"argentina-dos-momentos-constitutivos-en-disputa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=1962","title":{"rendered":"ARGENTINA: DOS MOMENTOS CONSTITUTIVOS EN DISPUTA"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1920 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/objetos-35web.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"268\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/objetos-35web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/objetos-35web-300x201.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>En uno de sus textos m\u00e1s l\u00facidos, Ren\u00e9 Zavaleta supo expresar que \u201chay un momento en que las cosas comienzan a ser lo que son, y es a eso a lo que llamamos el <i>momento constitutivo<\/i> ancestral o arcano; o sea, su causa remota\u201d. Si bien no lo explicita del todo, resulta evidente que alude a situaciones como el proceso de acumulaci\u00f3n originaria descrito por Marx en <i>El capital<\/i>, pero tambi\u00e9n a los m\u00e1s recientes que, a decir de Gramsci, se identifican con las crisis org\u00e1nicas en el seno de un bloque hist\u00f3rico: ciertas coyunturas cr\u00edticas de una sociedad donde la hegemon\u00eda, hasta ese entonces arraigada en las masas, se resquebraja y deja de operar como concepci\u00f3n predominante del mundo para ellas, permitiendo que emerjan otras propuestas y horizontes de sentido.<\/p>\n<p>Siguiendo este planteamiento, consideramos que en Argentina hoy se encuentran en juego dos formas de interpretar \u2013y sobre todo incidir en\u2013 la actual coyuntura, que nos reenv\u00edan a momentos constitutivos del pa\u00eds. La hip\u00f3tesis que queremos compartir es la siguiente: si <i>1880<\/i> funge de parteaguas fundante, pues condensa la culminaci\u00f3n de la mal llamada \u201cConquista del Desierto\u201d (eufemismo para aludir al casi total exterminio de los pueblos ind\u00edgenas, en particular el mapuche, y a la privatizaci\u00f3n de sus territorios), que sienta las bases materiales del \u201corden\u201d capitalista, esto es, del poder socio-econ\u00f3mico terrateniente y del monopolio coercitivo del Estado burgu\u00e9s, <i>diciembre de 2001<\/i> constituye, como reverso relacional, otro momento constitutivo, en tanto contexto an\u00f3malo y de crisis aguda, que en palabras de Zavaleta \u201cexige la caducidad de la capacidad de dominaci\u00f3n por la clase a que sirve el Estado y, a la vez, cierta incapacidad coet\u00e1nea de los oprimidos en cuanto a la construcci\u00f3n de su poder, incapacidad siquiera moment\u00e1nea\u201d.<\/p>\n<p>A riesgo de resultar simplistas, ambos forman parte de una historia que \u2013cual tiz\u00f3n encendido y pese al tiempo transcurrido o los pretendidos \u201ccierres\u201d\u2013 a\u00fan no es plenamente historia ni pasado desvinculado de nuestra memoria colectiva y presente de lucha. En el primer caso (1880), porque sintetiza la consolidaci\u00f3n de un poder econ\u00f3mico y pol\u00edtico que se entrelaza y confluye para apuntalar las relaciones mercantiles y defender los intereses capitalistas, desde una perspectiva de racialidad colonial, que casi 150 a\u00f1os despu\u00e9s hace revivir la consigna de \u201cOrden y Progreso\u201d para justificar el desalojo de un corte de ruta o de territorios ancestrales, hoy devenidos estancias de empresarios transnacionales, espacios sumidos en el engranaje de los agronegocios, o bien, parques nacionales bajo potestad exclusiva del Estado. En el otro (2001), debido a que puso en crisis la hegemon\u00eda de las clases dominantes e hizo visibles nuevas formas de pensar-hacer pol\u00edtica m\u00e1s all\u00e1 de las instituciones estatales, a trav\u00e9s de la acci\u00f3n directa en las calles, el ejercicio de la horizontalidad y la construcci\u00f3n de poder popular, la emergencia de asambleas barriales, la autogesti\u00f3n obrera de empresas quebradas por la patronal y la configuraci\u00f3n de movimientos piqueteros o de base territorial, al calor del <i>que se vayan todos<\/i> como consigna aglutinadora y de experimentaci\u00f3n militante.<\/p>\n<p>Se trata de dos momentos constitutivos, por tanto, tra\u00eddos al presente y crudamente enfrentados. Uno, recreado desde <i>arriba<\/i>, del que se valen y al que apelan la burgues\u00eda y el Estado para quebrar la resistencia popular y garantizar su f\u00e9rreo disciplinamiento. El otro, enhebrado desde <i>abajo<\/i>, que nos remite a poner el cuerpo en la lucha y ejercitar la pol\u00edtica desbordando los l\u00edmites establecidos, a disputar el sentido de lo p\u00fablico desde lo comunitario, en contra no s\u00f3lo del mercado sino incluso del Estado, a evitar el encapsulamiento y las modalidades tradicionales de intervenci\u00f3n popular, y que ha tenido numerosos destellos de insubordinaci\u00f3n plebeya, entre ellos uno tan reciente y vivo como el de las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001.<\/p>\n<p>En efecto, la desaparici\u00f3n y muerte del joven artesano Santiago Maldonado a comienzos de agosto de 2017, en medio de un megaoperativo encabezado por la gendarmer\u00eda, que \u201cliber\u00f3\u201d a sangre y fuego una ruta del sur del pa\u00eds, donde unos pocos mapuches reclamaban por tierras ancestrales que hoy se encuentran en manos de Benetton (el mayor terrateniente de Argentina, con casi 1 mill\u00f3n de hect\u00e1reas en su poder), igual que el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel, joven integrante del mismo pueblo que os\u00f3 recuperar junto a un grupo de familias territorios apropiados por el Estado y obtuvo como respuesta la muerte el 25 de noviembre a manos de la prefectura naval (fuerza policial militarizada junto con la gendarmer\u00eda cuya funci\u00f3n estriba en la \u201ccustodia\u201d de las fronteras y no la represi\u00f3n protestas), si bien no resultan hechos aislados, dan cuenta de la vigencia y reactualizaci\u00f3n de aquel momento de acumulaci\u00f3n originaria, a partir de un poder desaparecedor y expropiatorio a cargo del Estado, que opera al servicio de los (falsos) due\u00f1os de la tierra.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-1919 alignright\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/objetos-34web.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"322\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/objetos-34web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/04\/objetos-34web-300x242.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/>Este poder, inaugurado a escala nacional con las masacres de pueblos ind\u00edgenas y el despojo de sus territorios a finales del siglo XIX, y replicado en coyunturas cr\u00edticas como la de la Patagonia rebelde (donde cientos de obreros rurales migrantes fueron asesinados por exigir la vigencia de derechos laborales elementales) o la de la dictadura c\u00edvico-militar instaurada el 24 de marzo de 1976 (que dej\u00f3 como saldo 30 mil detenidos-desaparecidos, pese a que el gobierno de Macri se esmere en cuestionar ese n\u00famero), se solventa en un momento que contin\u00faa marcando a fuego, como rasgo indeleble del bloque hist\u00f3rico argentino, la din\u00e1mica de la lucha de clases y la estructura socioecon\u00f3mica del pa\u00eds. Si bien esta l\u00f3gica no estuvo del todo exenta en las \u00faltimas d\u00e9cadas en Argentina, a partir de diciembre de 2015, con un gobierno compuesto casi en su totalidad por gerentes, apologistas de la \u201cmano dura\u201d y empresarios \u2013cuyos apellidos, por cierto, en muchos casos nos reenv\u00edan a la vieja oligarqu\u00eda que molde\u00f3 al Estado con sus manos\u2013 cobra intensidad inusitada.<\/p>\n<p>Por ello no deber\u00edan leerse como un exabrupto las recientes declaraciones del presidente Mauricio Macri \u2013nada menos que en el Foro Econ\u00f3mico Mundial de Davos\u2013, quien asegur\u00f3 que \u201cen Sudam\u00e9rica todos somos descendientes de europeos\u201d. Esta afirmaci\u00f3n ha estado acompa\u00f1ada por infinidad de gestos medi\u00e1ticos de quienes integran su gabinete, en particular de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que con una similar apelaci\u00f3n al \u201corden\u201d blanco y occidental ha dejado traslucir un profundo revanchismo racista y odio de clase que valide la construcci\u00f3n del \u201cenemigo interno\u201d y legitime la escalada represiva. Teniendo como caballo de batalla la \u201cguerra\u201d contra el narcotr\u00e1fico y la inseguridad, se intenta interpelar al imaginario social autoritario y conectar con cierta necesidad de protecci\u00f3n, respeto de las leyes y deseo de restablecimiento de la \u201cnormalidad\u201d, que se complementa con el refuerzo de prejuicios y estigmas tendentes a asociar juventud pobre con delincuencia, protesta social con ilegalidad y pueblo mapuche con terrorismo, en pos de fortalecer una visi\u00f3n de mundo que avale \u2013e incluso exija\u2013 una intensificaci\u00f3n de la faceta coercitiva del poder estatal.<\/p>\n<p>Cabe por tanto preguntarse si no estamos en presencia de un fen\u00f3meno semejante a lo que Zavaleta denomin\u00f3 <i>hegemon\u00eda negativa<\/i>; es decir, \u201cuna construcci\u00f3n autoritaria de las creencias\u201d, asentada en este caso en una delicada combinaci\u00f3n de apelaci\u00f3n al miedo y a la autopreservaci\u00f3n individual, con \u201ctolerancia cero\u201d y castigo ejemplificador de quienes azuzan el \u201ccaos\u201d o cuestionan la propiedad privada. Quiz\u00e1s la novedad est\u00e9 dada por la mixtura de ciertos dispositivos de militarizaci\u00f3n y despotismo estatal que cobran mayor relevancia para gestionar la inseguridad, con un \u201cemprendedurismo\u201d de raigambre societal, que incita a la poblaci\u00f3n a devenir empresaria de s\u00ed misma con base en l\u00f3gicas meritocr\u00e1ticas, pero tambi\u00e9n a participar activamente en la garant\u00eda del orden (construcci\u00f3n vecinal de \u201cmapas del delito\u201d, grupos de wasap de \u201calertas barriales\u201d, voluntarios dispuestos a suplir en las escuelas a maestras en huelga), desde lo que Esteban Rodr\u00edguez caracteriza como <i>vigilantismo<\/i> o giro policialista, dirigido a estigmatizar y combatir al \u201cotro\u201d que no comparte, o parece amenazar, sus formas de vida.<\/p>\n<p>Pero si las clases dominantes tienen a 1880 como momento constitutivo y horizonte de sentido, a partir del cual actualizar su v\u00ednculo con el Estado y aspirar a validar en t\u00e9rminos hegem\u00f3nicos la matriz de acumulaci\u00f3n capitalista y gobernabilidad en Argentina, los sectores populares y las clases subalternas tambi\u00e9n poseen momentos clave, a\u00fan relampagueantes como recuerdos y sedimentos activos en su memoria hist\u00f3rica, y que fungen de n\u00facleos de buen sentido de los cuales adue\u00f1arse para enfrentar, en instantes de peligro como el actual, la vulneraci\u00f3n de derechos, los m\u00faltiples atropellos y las renovadas estrategias de explotaci\u00f3n que la burgues\u00eda y el imperialismo buscan concretar, en el marco de un contexto de crisis global, desorientaci\u00f3n te\u00f3rica, reprimarizaci\u00f3n de la econom\u00eda e inestabilidad pol\u00edtica en la regi\u00f3n.<\/p>\n<p>Resulta significativo entender aqu\u00ed que si Macri no ha podido avanzar de manera m\u00e1s enconada en la imposici\u00f3n de su proyecto \u201crefundacional\u201d, no ha sido a ra\u00edz de las desavenencias en la coalici\u00f3n gobernante sino por la correlaci\u00f3n de fuerzas que en t\u00e9rminos pol\u00edticos \u2013y pese a las urgencias\u2013 lo ha obligado a optar por una modalidad m\u00e1s de tipo \u201cgradualista\u201d. Contra todos los pron\u00f3sticos, el triunfo electoral de Cambiemos en la mayor\u00eda de los distritos en octubre de 2017 no signific\u00f3 un \u201ccheque en blanco\u201d para acelerar el ritmo de esas transformaciones de corte neoconservador. A pocos d\u00edas de lanzar su propuesta de \u201creformismo permanente\u201d y enviar al Parlamento un paquete de leyes profundamente regresivas, la realidad le mostr\u00f3 un panorama muy distinto del que supon\u00eda.<\/p>\n<p>Las jornadas de resistencia popular del 14 y 18 de diciembre desmintieron la caracterizaci\u00f3n que durante todos estos a\u00f1os se hizo de la crisis de 2001 como un proceso definitivamente clausurado. La multitudinaria concentraci\u00f3n en Plaza Congreso, la capacidad de lucha y <i>aguante<\/i> de decenas de miles de personas de las m\u00e1s variadas tradiciones y or\u00edgenes, poniendo el cuerpo durante horas \u2013en medio de gases y de balas de goma\u2013 en sus calles aleda\u00f1as y alrededores para rechazar el proyecto de (contra)reforma previsional impulsado por el macrismo, as\u00ed como la posterior revitalizaci\u00f3n de la protesta en diversas esquinas de los barrios de la ciudad, musicalizada por cacerolas y c\u00e1nticos que nos reenviaban al <i>que se vayan todos<\/i>, e incluso la confluencia nocturna de much\u00edsimos j\u00f3venes de nuevo frente al Congreso para apoyar la protesta, dan cuenta de una memoria pol\u00edtica en com\u00fan, que no fue diezmada y se mantuvo en estado latente en infinidad de militantes, pero tambi\u00e9n como saber plebeyo sedimentado en la cultura popular.<\/p>\n<p>Estas jornadas evidenciaron que un sector importante del pueblo tiene mayor osad\u00eda, combatividad y predisposici\u00f3n para la lucha de la advertida por analistas de escritorio, bur\u00f3cratas timoratos y dirigentes de viejo cu\u00f1o en sus c\u00e1lculos matem\u00e1ticos. Y tambi\u00e9n demostraron que el entramado social y la acci\u00f3n directa mancomunada para poner freno a los intentos de contraofensiva neoliberal, como ocurri\u00f3 en diciembre de 2001, pueden ser recreados en las calles, en la medida en que lo inaugurado con estas jornadas hace 16 a\u00f1os no ha tenido un cierre pleno ni fue del todo eclipsado en la subjetividad de las masas, ya sea producto de un aniquilamiento pol\u00edtico o de un quiebre radical de la resistencia. Claramente, la llegada de Macri al gobierno no es fruto de una derrota inapelable del campo popular, y all\u00ed reside una diferencia fundamental con relaci\u00f3n al ciclo menemista.<\/p>\n<p>Hoy, el intento de las clases dominantes y el Estado de quebrar esta capacidad de lucha y de disciplinar de manera certera a los sectores populares, como requisito imperioso para superar la crisis y relanzar un nuevo ciclo expansivo de inversi\u00f3n y acumulaci\u00f3n capitalista, est\u00e1 encontrando gran resistencia en las calles.<\/p>\n<p>Buena parte de las iniciativas y los movimientos gestados al calor del cataclismo de 2001 apunt\u00f3 precisamente a la recuperaci\u00f3n del protagonismo de los de abajo, a trav\u00e9s de novedosas formas de deliberaci\u00f3n y acci\u00f3n. Este entramado organizativo, si bien ha sufrido reconfiguraciones y no siempre logr\u00f3 sostener en el tiempo plataformas de articulaci\u00f3n unitaria acordes con la coyuntura, lejos est\u00e1 de haber sido subsumido o neutralizado por el poder estatal y mercantil, por lo cual tiende a cumplir un papel de suma relevancia como retaguardia activa para defender derechos y amalgamar intereses comunes. Por ello, pese al panorama sombr\u00edo que se avizora en Argentina como consecuencia de un nuevo paquete de ajuste neoliberal que se busca imponer, no estamos en presencia de un pueblo trabajador doblegado.<\/p>\n<p>Las enormes concentraciones y huelgas activas convocadas por centrales sindicales y organizaciones de izquierda, la perseverancia y el creciente protagonismo p\u00fablico del movimiento de mujeres, la importancia de los organismos de derechos humanos en un contexto de creciente criminalizaci\u00f3n de la protesta y p\u00e9rdida de garant\u00edas elementales, la resistencia de comunidades y asambleas autoconvocadas contra las pol\u00edticas de despojo y extractivismo, la irrupci\u00f3n de sectores de la econom\u00eda popular y del precariado urbano, y las recientes jornadas de insubordinaci\u00f3n de diciembre han revitalizado modalidades de protesta basadas en el antagonismo y la acci\u00f3n directa, que evidencian una situaci\u00f3n de profundo dinamismo desde abajo. El escenario de simult\u00e1nea recesi\u00f3n interna, aumento de precios, despidos, precarizaci\u00f3n de la vida y tarifazos, articulado con una coyuntura mundial adversa que incluye una baja sustancial de los <i>commodities<\/i>, constituye el contexto donde se desenvolver\u00e1, sin duda de manera cada vez m\u00e1s aguda y dram\u00e1tica, la lucha de clases en el corto plazo.<\/p>\n<p>Las crisis son momentos propicios para producir teor\u00eda cr\u00edtica y, al mismo tiempo, resignificar las pr\u00e1cticas; de balancear lo vivido, enmendar errores y proyectar nuevos horizontes emancipadores en funci\u00f3n de los desaf\u00edos que nos depara un presente tan complejo de asir. Pero al margen de estas tareas impostergables, algo resulta claro: <i>el l\u00edmite de todo ajuste no es otro que la reacci\u00f3n de los ajustados.<\/i><\/p>\n<p>Como en muchos momentos hist\u00f3ricos similares \u2013nunca id\u00e9nticos, salvo en clave de farsa o de tragedia, pero siempre presentes en la memoria popular\u2013, las clases subalternas demostrar\u00e1n, en la praxis misma de su experiencia colectiva, c\u00f3mo se resuelve en esta ocasi\u00f3n el apotegma. Una vez m\u00e1s habr\u00e1 que saber sopesar en clave gramsciana <i>el pesimismo de la inteligencia con el optimismo de la voluntad<\/i>. Ahora es cuando.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En uno de sus textos m\u00e1s l\u00facidos, Ren\u00e9 Zavaleta supo expresar que \u201chay un momento en que las cosas comienzan a ser lo que son, y es a eso a lo que llamamos el momento constitutivo ancestral o arcano; o sea, su causa remota\u201d. 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