{"id":2401,"date":"2018-12-10T02:04:47","date_gmt":"2018-12-09T20:04:47","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2401"},"modified":"2018-12-10T08:51:49","modified_gmt":"2018-12-10T02:51:49","slug":"la-critica-de-las-ideologias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2401","title":{"rendered":"LA CR\u00cdTICA DE LAS IDEOLOG\u00cdAS"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"alignleft\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"400\" height=\"321\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/p\u00e1jaros-15-web.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-2311\" srcset=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/p\u00e1jaros-15-web.jpg 400w, https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/p\u00e1jaros-15-web-300x241.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El <em>Homo sapiens<\/em> es un animal curioso ante todo; la curiosidad supone un prerrequisito de todo ser vivo para encarar de forma adecuada el ambiente. El conocimiento parte de una curiosidad selectiva ante la tarea de satisfacer las necesidades de manejar las florecientes y multifac\u00e9ticas pulsiones. Disarm\u00f3nicamente estructurado respecto a su entorno, el ser humano requiere intermediaciones, instrumentos (t\u00e9cnicas, s\u00edmbolos, idiomas) para sobrevivir, atendiendo adem\u00e1s a la posibilidad de transmitir a las siguientes generaciones para no tener que empezar desde el principio sino que cuenten&nbsp; con los logros de los ancestros que han formado un <em>h\u00e1bitat<\/em> artificial protector m\u00e1s adecuado que, al modificar la naturaleza, da como fruto la <em>cultura<\/em> en el sentido m\u00e1s amplio. Adem\u00e1s, todo esto ocurre dentro de m\u00e1rgenes espacio-temporales; es decir, tiene historia. Cuando transforma las relaciones con el entorno (Huxley: <em>umwelt<\/em>), el ser humano incide en la configuraci\u00f3n de su historia.<\/p>\n\n\n\n<p>En cualquier sociedad se consolida, institucionaliza de forma inevitable cierta relaci\u00f3n de dominio, donde el trabajo de las mayor\u00edas sirve para sostener los privilegios de las minor\u00edas. Las ideolog\u00edas (ontolog\u00edas, <em>weltbilder<\/em>) dise\u00f1adas por sacerdotes e intelectuales de diversas culturas llevan consigo representaciones sociales que cumplen en secreto la funci\u00f3n de configurar y legitimar (respectivamente mutar) la estructura entera de la vida social.<\/p>\n\n\n\n<p>En el primer cap\u00edtulo de <em>El capital<\/em>, Marx menciona a prop\u00f3sito de Arist\u00f3teles que incluso las mentes m\u00e1s brillantes no escapan de los l\u00edmites impuestos por las relaciones sociales de su \u00e9poca. Arist\u00f3teles reconoc\u00eda que, en las pr\u00e1cticas ordinarias del trueque, objetos muy diversos son considerados de valor equivalente; es decir, como mercanc\u00edas. Luego a\u00f1ade que tal conmensurabilidad es \u201cen realidad imposible\u201d, pues contradice \u201cla naturaleza real de las cosas\u201d.<sup>1<\/sup> Con este argumento, Arist\u00f3teles deja por terminado su an\u00e1lisis de c\u00f3mo determinar el valor de las cosas. Marx a\u00f1ade que, como en la sociedad griega del siglo IV, basada en el trabajo de esclavos, la igualdad de todos los seres humanos y sus labores no pueden pasar a ser pr\u00e1ctica ni te\u00f3ricamente sostenibles. \u201cEl secreto de la expresi\u00f3n de valor, la igualdad y equiparaci\u00f3n de valor de todos los trabajos, en cuanto son y por el hecho de ser todos ellos trabajo humano en general, s\u00f3lo pod\u00eda ser descubierto a partir del momento en que la relaci\u00f3n social preponderante es la relaci\u00f3n de unos hombres con otros como poseedores de mercanc\u00edas\u201d.<sup>2<\/sup> Arist\u00f3teles no pod\u00eda se\u00f1alar a\u00fan qu\u00e9 era lo \u201cen verdad equivalente\u201d entre las distintas mercanc\u00edas equiparadas: el trabajo humano abstracto invertido y acumulado en ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como te\u00f3rico, Arist\u00f3teles no pod\u00eda ir m\u00e1s all\u00e1 de las relaciones de producci\u00f3n propias de su tiempo (esclavitud). Su an\u00e1lisis de los nexos de trueque qued\u00f3 incompleto; y el enigma de la forma de valor, sin resolver. En mirada retrospectiva y desde una distancia de m\u00e1s de dos milenios, desde una sociedad como en las naciones m\u00e1s desarrolladas en que la esclavitud directa fue en gran parte sustituida por el trabajo asalariado \u201clibre\u201d (Marx hablaba de la \u201cesclavitud del sueldo\u201d), queda evidenciado c\u00f3mo lo que hoy nos parece correcto y lo incorrecto se condicionan rec\u00edprocamente. Hay prejuicios, equivocaciones, formas de \u201cfalsa conciencia\u201d ineludibles en el marco de ciertas instituciones sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa conciencia imperfecta no es simplemente falsa sino, tambi\u00e9n, germen y preludio de una \u201cm\u00e1s correcta\u201d; es decir, al mismo tiempo tambi\u00e9n (de modo relativo) cierta. Arist\u00f3teles ve\u00eda en ello un problema, y la formulaci\u00f3n exacta de \u00e9ste motiv\u00f3 a los soci\u00f3logos \u2013ciertamente muchas generaciones despu\u00e9s\u2013 a hacer el esfuerzo de buscar otra soluci\u00f3n, basada en las relaciones sociales<sup>3<\/sup> diferentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Marx, en el siglo XIX, encontr\u00f3 una respuesta a la pregunta de Arist\u00f3teles, solucionaba tambi\u00e9n el enigma actual de por qu\u00e9 y c\u00f3mo en una sociedad mercantil global, donde la abstracci\u00f3n (el dinero) que pretende igualar todo se convierte en el n\u00facleo de cualquier trato social. Presumiblemente el trabajo, es decir los costos de producci\u00f3n, se considera \u201cjusto\u201d, pero en realidad genera desigualdad inmensurable, pues pretende igualar lo inigualable.<sup>4<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el proceso de organizar las instituciones y la vida social en general surgieron necesidades no consideradas antes. Se dieron invenciones de t\u00e9cnicas, nuevas formas de cooperaci\u00f3n y modas, se aflojaron algunos tab\u00faes, surgieron tambi\u00e9n doctrinas her\u00e9ticas e innovaciones art\u00edsticas. Tales cambios entraron en conflicto con las viejas instituciones y la moral reinante. Cuando eso sucede, la legitimidad del orden heredado es seriamente cuestionada. Llega, pues, el momento de la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas. Apenas en momentos de crisis, cuando las minor\u00edas intelectuales, como la clase obrera, se rebelan, queda en evidencia la estructura del <em>ancien r\u00e9gime<\/em> en curso, mostrado entonces como un orden perecedero donde se pagan precios demasiado altos para sostenerlo. Urge, pues, reformarlo para evitar el caos. La visi\u00f3n del mundo propia del viejo orden es puesta en duda. Pero tambi\u00e9n esta postura antidogm\u00e1tica f\u00e1cilmente puede caer en el dogmatismo de otro supuesto absoluto del escepticismo total. Aqu\u00ed, el escepticismo se vuelca contra s\u00ed mismo. Las verdades alcanzadas en el marco del orden antes establecido resultan as\u00ed, poco a poco, conservadas, suprimidas y llevadas a otro nivel.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aqu\u00ed entendemos por cr\u00edtica de las ideolog\u00edas el sistem\u00e1tico y fruct\u00edfero cuestionamiento de lo que hab\u00eda sido considerado sobreentendido; es decir, asentado con fuerza en axiomas y prejuicios propiamente metaf\u00edsicos<\/em>. Ello se resume en esta frase: \u201cLa verdad es hija de su tiempo y no de autoridad alguna\u201d.<sup>5<\/sup> Las verdades otrora tenidas como definitivas pasan a estimarse provisionales; es decir, se considerar\u00edan logradas en las condiciones prevalentes cuando surgieron. Que la vigencia de cualquier verdad resulta temporalmente limitada, que lleva dentro de s\u00ed un inevitable \u201cn\u00facleo temporal\u201d<sup>6<\/sup> inicialmente no lo detectan quienes buscan la verdad. S\u00f3lo sus sucesores, por supuesto en circunstancias diversas, vuelven muy problem\u00e1ticas las certezas anteriores.<\/p>\n\n\n\n<p>Nietzsche abord\u00f3 as\u00ed la famosa duda cartesiana de \u201cpienso, luego existo\u201d:<sup>7<\/sup> \u201cLos de nuestro tiempo, todos, nos oponemos a Descartes y su precipitada superficialidad en cuanto a la duda. \u00a1Hay que plantear dudas m\u00e1s all\u00e1 de Descartes!\u201d,<sup>8<\/sup> \u201c[\u2026] un pensamiento llega cuando quiere, y no cuando lo deseo. [\u2026] As\u00ed, <em>ello<\/em> piensa y \u00e9ste, el <em>ello<\/em>, sustituye el anterior famoso <em>yo<\/em>. Dicho en forma leve, lo anterior significa que el <em>ello<\/em> y el <em>yo <\/em>supongan una y la misma cosa representa s\u00f3lo un supuesto, una presunci\u00f3n y, de ninguna manera, una certeza inmediata. La formulaci\u00f3n \u201cel <em>ello<\/em> piensa\u201d ya sale sobrando, pues el <em>ello <\/em>contiene en s\u00ed una interpretaci\u00f3n de la acci\u00f3n y no es en s\u00ed la acci\u00f3n misma. Se opera aqu\u00ed a partir de la costumbre gramatical de que pensar \u201ces una acci\u00f3n y, l\u00f3gicamente, requiere alguien que la ejecute\u201d.<sup>9<\/sup>&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En el siglo XX, soci\u00f3logos como Pareto, Scheler y Mannheim han <em>totalizado<\/em> la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas. Para ellos, cualquier pensamiento (presuntamente salvo el propio) es ideol\u00f3gico. Seg\u00fan sus doctrinas, todo lo espiritual es un camuflaje destinado a servir a los propios y particulares intereses, present\u00e1ndolos como de validez general para poder as\u00ed imponerlos. Con esto apenas podr\u00e1 distinguirse qu\u00e9 es en verdad ideol\u00f3gico y hasta d\u00f3nde uno es presa de su propia ideolog\u00eda. Dicho en otras palabras: apenas podr\u00e1 distinguirse entre lo que propaga, por ejemplo, el antisemitismo nazi del calibre de Himmler o Streicher, o los que creen ser los domadores en el circo. Las ideolog\u00edas fascistas y las estalinistas se han apoderado de modo totalitario del concepto de <em>ideolog\u00eda<\/em>. Se apropian la idea de no dejar lugar alguno para distinguir entre lo posiblemente verdadero o posiblemente falso. Al denominar su doctrina sin reflexionarlo como una \u201cideolog\u00eda\u201d, expresaron lo que estaba detr\u00e1s de su visi\u00f3n: ya no se trataba de divulgar una verdad sino de fusionar las masas atemorizadas para formar as\u00ed un s\u00e9quito supersticioso; se trataba, pues, no de ilustraci\u00f3n sino de un enga\u00f1o para las masas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las herencias de un siglo b\u00e1rbaro como el XXI es que la mayor\u00eda de la gente cuenta \u2013sin saberlo siquiera\u2013 con lo peor y ya no cree m\u00e1s en nada, mucho menos en las propias capacidades de cambiar el rumbo de las cosas para bien. Para ellos, adoptar alguna doctrina u otra es cuesti\u00f3n de su utilidad (externa e interna). Los seguidores de base y los fan\u00e1ticos extremos est\u00e1n al servicio de su visi\u00f3n del mundo y la defender\u00e1n con tanto mayor fervor cuanto menos convencidos est\u00e9n de su veracidad. <em>La xenofobia y las teor\u00edas de conspiraci\u00f3n est\u00e1n en boga porque ofrecen a quienes se sienten derrotados y ofendidos una posibilidad de descargar su ira<\/em>. Todos ellos tienen una cuenta que ajustar, y la doctrina les indica con qui\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Con eso llegamos hoy a los enigmas sin soluci\u00f3n aparente. Uno de ellos es la persistencia del antisemitismo y del antisemitismo generalizado, la xenofobia violenta. A lo largo de procesos duraderos, las instituciones reciben fuerte influencia cultural, convertida luego en parte integral de sus portadores. Para subsistir, las instituciones requieren a \u00e9stos, quienes las utilizan como pr\u00f3tesis, complemento inorg\u00e1nico del cuerpo. No nos sorprenda que los que vivan dentro del marco de las instituciones, llamadas por Hegel la <em>segunda naturaleza<\/em>, acaben consider\u00e1ndolas&nbsp; su \u201cprimera naturaleza\u201d. Las instituciones sociales y las ps\u00edquicas: la propiedad privada y el dinero, el mercado y el Estado, los sistemas de prejuicios y las religiones, la masacre y la guerra, por ejemplo, parecen invariables en nuestra historia social, parecen espec\u00edficamente humanas (como el <em>nacimiento precoz<\/em><sup>10<\/sup> y el caminar erguido). Confundir las instituciones sociales con la <em>\u201cnaturaleza\u201d humana<\/em> supone el m\u00e1ximo prejuicio. El sujeto queda inmune as\u00ed frente a cualquier cr\u00edtica y cambio posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cat\u00e1strofes ocurridas en el siglo XX fueron ante todo consecuencia de la defensa ciega y furiosa de instituciones obsoletas. S\u00f3lo cuando los individuos socialmente domesticados sean capaces de cuestionar la legitimidad de las instituciones que los dominan podr\u00e1n abrir camino a entender que \u00e9stas son obra suya y pueden ser modificadas por \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00c9sta es la tarea de la cr\u00edtica de las ideolog\u00edas<\/em>: quitar a las instituciones \u2013como la propiedad privada de los medios de producci\u00f3n o el fanatismo antisemita\u2013 su supuesta condici\u00f3n natural, con base en reconstruir los or\u00edgenes hist\u00f3ricos del prejuicio y preparar as\u00ed su revisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p style=\"text-align:right\">Traducci\u00f3n de Ra\u00fal P\u00e1ramo Ortega y Herdis Amelie Wawretzko<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Widerspruch<\/em>, M\u00fcnchner Zeitschrift f\u00fcr Philosophie, 28. Jahrgang, 2009, Heft 50 Ideologiekritik, S. 24-28<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><sup>1<\/sup> Arist\u00f3teles: <em>Nikomachische ethik<\/em> [1133 b]. <em>Philosophische schriften in sechs b\u00e4nden<\/em>. Hamburgo (Meiner), 1995, tomo 3, p\u00e1gina 114.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>2<\/sup> Marx, Karl (1867; 1890): <em>Das kapital. Kritik der politischen \u00f6konomie<\/em>, tomo I. <em>Marx-Engels-werke<\/em>, tomo 23. Berl\u00edn (Dietz), 1962, p\u00e1gina 73. Versi\u00f3n en espa\u00f1ol de Wenceslao Roces (1946): Marx, Karl: <em>El capital<\/em>, tomo I. M\u00e9xico: Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, p\u00e1gina 26.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>3<\/sup> En el marxismo, <em>relaciones sociale<\/em>s se entienden generalmente como <em>relaciones de producci\u00f3n<\/em> (<em>produktionsverh\u00e4ltnisse<\/em>; nota de los traductores).<\/p>\n\n\n\n<p><sup>4<\/sup> Marx lograba criticar la econom\u00eda burguesa cl\u00e1sica (David Ricardo) desde dentro porque anticipaba el cambio inminente del sujeto hist\u00f3rico. Sobre esto, c\u00f3nfer Korsch, Karl (1938): <em>Karl Marx<\/em>. Fr\u00e1ncfort (Europ\u00e4ische Verlagsanstalt), 1967, p\u00e1ginas 75 y 220 (anexo III).<\/p>\n\n\n\n<p><sup>5<\/sup> Brecht, Bertolt ([1938-1956] 1957): <em>Leben des Galilei<\/em>, escena 4. <em>Gesammelte werke in acht b\u00e4nden<\/em>, Fr\u00e1nkfort (Suhrkamp), 1967, tomo II, p\u00e1gina 1269.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>6<\/sup> \u201cAqu\u00ed viene a cuento la urgencia de distanciarse del concepto de pretensa verdad atemporal. La verdad no es \u2013seg\u00fan el postulado marxista\u2013 s\u00f3lo una funci\u00f3n propia del conocer: est\u00e1 ligado a un n\u00facleo temporal que afecta tanto al objeto como al sujeto del conocer mismo\u201d. Benjamin, Walter (1982): <em>Das passagen-werk [Aufzeichnungen und materialien, N. Erkenntnistheoretisches, Theorie des fortschritts], Gesammelte schriften<\/em>, tomo 5.1 (editor Rolf Tiedemann). Fr\u00e1nkfort (Suhrkamp), p\u00e1gina 578.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>7<\/sup> Descartes, Ren\u00e9 (1641\/42): <em>Meditationen \u00fcber die erste philosophie [Meditaciones de primera filosof\u00eda], zweite meditation<\/em>. Stuttgart (Reclam), 1986, p\u00e1gina 83. Casi 300 a\u00f1os despu\u00e9s, Husserl, teniendo en mente la \u201cca\u00edda\u201d y la \u201cdesconcertante fragmentaci\u00f3n de la filosof\u00eda desde mediados del siglo XIX\u201d, intent\u00f3 cuestionar de ra\u00edz la b\u00fasqueda cartesiana de supuesta verdad total: \u201cQuien reflexiona debe prescindir reflexivamente del mundo realmente existente y, con ello, el yo es llevado a la categor\u00eda de absoluto y \u00fanico. (&#8230;) Como este ego, y s\u00f3lo como tal, tengo para m\u00ed mismo certeza apod\u00edctica que es la condici\u00f3n de ser en referencia a la cual todo lo existente es condici\u00f3n previa y relativa\u201d. Husserl, Edmund ([1929] 1950): <em>Cartesianische meditationen und Pariser vortr\u00e4ge. Husserliana<\/em>, tomo I, Den Haag (Martinus Nijhoff), 1963, p\u00e1gina 187.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>8<\/sup> Nietzsche, Friedrich [1885]: <em>Nachgelassene fragmente<\/em>, julio 1882 a oto\u00f1o 1885. Parte 2; primavera de 1884 a oto\u00f1o de 1885 (25-45). <em>S\u00e4mtliche werke; Kritische studienausgabe<\/em>, Bd. 11. M\u00fcnich (dtv-de Gruyter), 1980, p\u00e1gina 641.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>9<\/sup> Nietzsche (1885): <em>Jenseits von Gut und b\u00f6se. Vorspiel einer philosophie der zukunft.<\/em> Obra citada, tomo 5, p\u00e1gina 31 (aforismo 17).<\/p>\n\n\n\n<p><sup>10<\/sup> Seg\u00fan el zo\u00f3logo Adolf Portmann, el ser humano \u2013a diferencia de otros primates\u2013 nace siempre por naturaleza de manera prematura. El <em>Homo sapiens<\/em> necesita aproximadamente un a\u00f1o y de forma imprescindible el <em>\u00fatero social<\/em> a cargo de la madre para poder sobrevivir (nota de los traductores).<br><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Homo sapiens es un animal curioso ante todo; la curiosidad supone un prerrequisito de todo ser vivo para encarar de forma adecuada el ambiente. 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