{"id":2933,"date":"2020-03-05T16:00:00","date_gmt":"2020-03-05T22:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2933"},"modified":"2020-06-05T16:33:52","modified_gmt":"2020-06-05T22:33:52","slug":"ruptura-del-consenso-neoliberal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2933","title":{"rendered":"\u00bfRUPTURA DEL \u201cCONSENSO NEOLIBERAL\u201d?"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-medium-font-size\"><strong>NOTAS SOBRE LA REVUELTA DE OCTUBRE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La instalaci\u00f3n de la l\u00f3gica neoliberal en Chile no fue democr\u00e1tica. No hubo algo as\u00ed como un uso p\u00fablico de la raz\u00f3n, ni mucho menos encontramos en la plaza p\u00fablica un lugar donde la ciudadan\u00eda haya podido deliberar acerca de la administraci\u00f3n social, pol\u00edtica, econ\u00f3mica y cultural del pa\u00eds. En 1973 se cancelaron la pol\u00edtica y, con ello, la democracia; asumi\u00f3 un tirano-dictador, y se crearon condiciones para la neoliberalizacion de la econom\u00eda y la vida social.<\/p>\n\n\n\n<p>A contra pelo de una soluci\u00f3n de las necesidades comunes de la poblaci\u00f3n, a escala global la b\u00fasqueda de la recuperaci\u00f3n de la tasa de ganancia y la restituci\u00f3n del poder de clase del capital frente al trabajo organiz\u00f3 las tendencias del nuevo ciclo de acumulaci\u00f3n neoliberal. En Am\u00e9rica Latina, y en especial para el caso chileno, aquello signific\u00f3 el fin del proyecto desarrollista y, con eso, el \u00faltimo intento de integraci\u00f3n social nacional del siglo XX en el pa\u00eds, que entre 1964 y 1973 \u2013antes de la imposici\u00f3n neoliberal\u2013 intent\u00f3 culminar la transici\u00f3n al capitalismo industrial mediante la nacionalizaci\u00f3n de la acumulaci\u00f3n capitalista. La raz\u00f3n neoliberal chilena asumi\u00f3 con rapidez y de manera hegem\u00f3nica un car\u00e1cter mercantil-financiero y, en consecuencia, no integr\u00f3 a sectores populares en un proyecto nacional y productivo de desarrollo; m\u00e1s bien, gener\u00f3 una masa marginal que pobl\u00f3 forzadamente las periferias de las ciudad; y cre\u00f3 el mito de la mal denominada <em>clase media<\/em>, sectores asalariados (en su mayor\u00eda t\u00e9cnicos y profesionales) con mayor poder adquisitivo que se ciudadanizaron por medio de la integraci\u00f3n social v\u00eda consumo y una gran tendencia al sobreendeudamiento. As\u00ed, la mayor\u00eda de los habitantes del territorio nacional se forjaron ciudadanos en tanto que consumidores (\u201cciudadano <em>credit-card<\/em>\u201d)<sup>1<\/sup>&nbsp; y no en virtud de los preceptos liberales de los \u00faltimos tres siglos; vale decir, una ciudadan\u00eda con base en derechos civiles, pol\u00edticos y sociales.<\/p>\n\n\n\n<p>El crecimiento econ\u00f3mico acelerado, que suele presentarse fuera del pa\u00eds como uno de los \u00e9xitos del proceso de modernizaci\u00f3n, fue posible seg\u00fan el economista Rafael Agacino a costa de una elevada desigualdad en los ingresos, una amplia concentraci\u00f3n de la riqueza, y la sobreexplotaci\u00f3n de la fuerza de trabajo y de recursos naturales, adem\u00e1s de una precariedad del empleo y desempleo estructural.<sup>2<\/sup> Todo esto traza una l\u00ednea de la desigualdad que atraviesa a todo el pa\u00eds y configura una gran masa laboral con salarios muy bajos<sup>3<\/sup>&nbsp; y una \u00e9lite econ\u00f3mica con grandes y exponenciales concentraciones de riqueza.<sup>4<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Parece absurdo preguntarse por la ruptura del \u201cconsenso neoliberal\u201d cuando se trat\u00f3 en realidad de una imposici\u00f3n. Sin embargo, a diferencia de los patrones de acumulaci\u00f3n que lo precedieron en el siglo XX, el neoliberalismo contiene una singular caracter\u00edstica: no se trata \u00fanicamente de una nueva forma de organizaci\u00f3n de la actividad econ\u00f3mica; es tambi\u00e9n una particular l\u00f3gica para fabricar subjetividad. En efecto, de la d\u00e9cada de 1990 en adelante, con el mal llamado <em>retorno o transici\u00f3n a la democracia<\/em>, el proyecto socialdem\u00f3crata en el poder profundiz\u00f3 la neoliberalizacion impuesta por la dictadura a trav\u00e9s del Estado subsidiario<sup>5<\/sup> y una democracia semisoberana<sup>6 <\/sup>y de baja intensidad;<sup>7 <\/sup>form\u00f3 as\u00ed un verdadero \u201cconsenso neoliberal\u201d de la \u00e9lite pol\u00edtica y econ\u00f3mica chilena que intent\u00f3 fabricar en la ciudadan\u00eda una subjetividad neoliberal.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el decenio de 1990 se entr\u00f3 en un lapso en que la producci\u00f3n de la subjetividad neoliberal golpea fuerte: individualismo, p\u00e9rdida del imaginario colectivo y debilitaci\u00f3n de los tejidos sociales, adem\u00e1s del desinter\u00e9s y la privatizaci\u00f3n de la pol\u00edtica para cercarla en manos de los \u201cexpertos\u201d que sellan el divorcio entre la pol\u00edtica y el mundo social. Esta caracter\u00edstica ser\u00eda la t\u00f3nica gubernamental de los cinco gobiernos de la centro-izquierda (1990-2010 y 2014-2018) y los dos de derecha (2010-2014 y 2018-actualidad), la cual \u2013apuntamos desde ya\u2013 parece haberse modificado con el estallido social en curso e invita a pensar en una potencia popular distinta de los modos de subjetivaci\u00f3n neoliberal.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u201cconsenso\u201d, en sus dos expresiones, produjo una diversidad de realidades que, cruzadas, modificaron la vida social de los \u00faltimos 45 a\u00f1os: segregaci\u00f3n, fragmentaci\u00f3n, precarizaci\u00f3n, flexibilidad, endeudamiento, abandono y despolitizaci\u00f3n. El Estado, por una parte, ahora subsidiario y ya no de compromiso, qued\u00f3 subsumido real y formalmente en el neoliberalismo, que despoj\u00f3 derechos sociales, pol\u00edticos y sindicales, mediante la promoci\u00f3n de la primac\u00eda del mercado como regulador social. De esa manera, el Estado se volvi\u00f3 \u201cun medio de inclusi\u00f3n en el mercado\u201d para quienes han quedado fuera, y asumi\u00f3 una forma total en los planos policial, judicial, militar y legislativo.<sup>8<\/sup> La democracia de baja intensidad y semisoberana, por otra parte, promovi\u00f3 la despolitizaci\u00f3n y neutralizaci\u00f3n de la conflictividad social, pues se convirti\u00f3 en \u201cuna c\u00e1scara de participaci\u00f3n formal que oculta la concentraci\u00f3n del poder\u201d. <sup>9<\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Ambos pilares, partes integrales del \u201cconsenso\u201d, quedaron espiritualmente plasmados en la ileg\u00edtima (por origen)<sup>10 <\/sup>Constituci\u00f3n de 1980, como verdaderos sellos de agua, pues aun cuando no aparecen escritos de forma expl\u00edcita en la Carta Magna, suponen la marca inequ\u00edvoca de su verdadero propietario: las \u00e9lites pol\u00edtica y econ\u00f3mica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El estallido social de octubre es la explosi\u00f3n de la crisis (y el agotamiento) del \u201cconsenso neoliberal\u201d. Desde 2011, un trance profundo de la pol\u00edtica amenazaba la institucionalidad chilena; se trataba de una crisis dual del sistema pol\u00edtico y sus instituciones. Por un lado, se evidenciaba la incapacidad estructural del Estado subsidiario para procesar las demandas ciudadanas; y, por otro, se patentizaba una incompetencia estructural de la pol\u00edtica para representar a la ciudadan\u00eda y sus intereses.<\/p>\n\n\n\n<p>El 2011 tiene su historia. Si bien en 2001 hubo una protesta estudiantil importante, en 2006 la politizaci\u00f3n de lo social se increment\u00f3 con la movilizaci\u00f3n secundaria (la denominada <em>Revoluci\u00f3n Ping\u00fcina<\/em>), que demanda derecho a la educaci\u00f3n y el fin de la privatizaci\u00f3n del sistema educativo. Aproximadamente desde mayo de 2011 ocurre un punto de inflexi\u00f3n: la lucha por la educaci\u00f3n dej\u00f3 de ser s\u00f3lo sectorial y se convirti\u00f3 en un \u201cmovimiento social por la educaci\u00f3n\u201d. Esta transversalidad, aun cuando suele recordarse poco, tiene un antecedente cercano. A comienzos del mismo a\u00f1o (entre enero y febrero) estallaron conflictos regionales y ambientales, los cuales se mantuvieron, diferenciadamente, al menos hasta 2015; se demandaban un abandono y expresaban un descontento por pol\u00edticas del Estado en torno a energ\u00eda y desarrollo. Adem\u00e1s, exig\u00edan derecho a recursos naturales y denunciaban contaminaci\u00f3n de \u00e9stos por las grandes empresas privadas. Cuatro grandes matrices conflictivas<sup>11 <\/sup>incrementaron en el periodo 2006-2011 la politizaci\u00f3n: estudiantil, etnonacional mapuche, territoriales-ambientales y protestas regionalistas. Expresadas en n\u00fameros, tale movilizaciones significaron un aumento en nueve veces de las alteraciones del orden p\u00fablico entre 2009 y 2011.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese periodo, el Estado subsidiario fue incapaz de procesar las demandas sociales asociadas a las distintas matrices que, insatisfechas, incrementaron el malestar social cuando se cruzaron con los casos de corrupci\u00f3n y enriquecimiento il\u00edcito de pol\u00edticos y empresarios vinculados al mundo pol\u00edtico, que se destaparon y afectaron tanto a la derecha como a la centro-izquierda. El cientista pol\u00edtico Andr\u00e9s Cabrera nombr\u00f3 este fen\u00f3meno nacional como <em>Chilegate<\/em>,<sup>12&nbsp;<\/sup> en referencia a la f\u00f3rmula del \u201cincestuoso maridaje entre el dinero y la pol\u00edtica\u201d como funci\u00f3n explicativa del trastocamiento de la legitimidad de la democracia representativa cuando la pol\u00edtica parece colonizada por el empresariado.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando la revuelta social chilena en el mundo ha sido interpretada como una consecuencia directa del alza del precio del transporte p\u00fablico (30 pesos) en la regi\u00f3n metropolitana (RM), \u00e9sta fue un detonante, con otros hitos ocurridos durante el mismo 2019 (como la constante sorna de las autoridades pol\u00edticas, en especial el presidente y ministros de Estado), del malestar social, pero ahora ya no como indignaci\u00f3n sino como estallido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cabe hablar del estallido social de octubre como una implosi\u00f3n de la ciudad neoliberal, pues las propias condiciones neoliberales producen la violencia social desatada en las calles. La protesta social va de la <em>periferia<\/em> hacia el <em>centro<\/em>, donde el segundo representa la modernizaci\u00f3n y el consumo (el transporte p\u00fablico y el sector del comercio minorista, respectivamente); y la primera, la desintegraci\u00f3n. Los marginados, los \u201cdesintegrados\u201d, los \u201cno incluidos\u201d en un proyecto nacional revientan en masa las calles de las comunas y los sectores perif\u00e9ricos de las ciudades, tanto de la RM como en el sur y en el norte del pa\u00eds. De la misma manera, los \u201csemiintegrados\u201d, \u201csemiincluidos\u201d, v\u00eda deuda y cr\u00e9dito, en el proyecto de modernizaci\u00f3n neoliberal colman y toman los espacios p\u00fablicos; revientan del mismo modo las calles del centro y el pericentro. Incluso, en los sectores completamente integrados de la RM se presentan caceroleos y concentraciones. El estallido social es contra las \u00e9lites enc\u00f3mica y pol\u00edtica, pero principalmente contra lo que \u00e9stas sostienen: la mercantilizaci\u00f3n de la vida social.<\/p>\n\n\n\n<p>La violencia social, sin ser procesada por el propio sistema pol\u00edtico ni encontrar representaci\u00f3n en la democracia semisoberana ni en los nuevos referentes de oposici\u00f3n en la izquierda institucional, no adquiere forma pol\u00edtica, al menos no en su forma moderna: ni el Estado (subsidiario) ni los partidos pol\u00edticos (vac\u00edos de contenido social) representan el conflicto abierto en esta contingencia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La implosi\u00f3n de la cuidad neoliberal,<sup>13 <\/sup>que ha significado la ocupaci\u00f3n de espacios p\u00fablicos, y destrucci\u00f3n de s\u00edmbolos de la dominaci\u00f3n pol\u00edtica, econ\u00f3mica y cultural y de instituciones involucradas en casos de corrupci\u00f3n, constantes barricadas y concentraciones masivas, evasiones y saqueos, as\u00ed como encuentros, asambleas, cabildos atestados de participaci\u00f3n sin mediaci\u00f3n estatal, recibi\u00f3 del gobierno de Sebasti\u00e1n Pi\u00f1era s\u00f3lo una dr\u00e1stica represi\u00f3n, siempre a costa de la integridad de los ciudadanos (mutilaciones, violaciones, asesinatos, heridos, secuestros y torturas son cr\u00edmenes adjudicados a los excesos de la fuerza p\u00fablica).<\/p>\n\n\n\n<p>Ante la presi\u00f3n social, el gobierno de derecha levant\u00f3, por un lado, una precaria agenda de car\u00e1cter neoliberal que perpet\u00faa el sistema, que subsidia las empresas sin modificar en lo m\u00e1s m\u00ednimo los pilares del consenso neoliberal. Por otro lado, y probablemente, lo m\u00e1s significativo en t\u00e9rminos de la disputa pol\u00edtica institucional que abri\u00f3 el estallido, el gobierno se vio obligado a levantar plebiscito sobre un cambio de la Constituci\u00f3n. Entonces, aun con todos los problemas que ha tenido el proceso (paridad de g\u00e9nero, qu\u00f3rum e integraci\u00f3n de independientes), por primera vez en la historia de Chile podr\u00edamos estar <em>ad portas <\/em>de una Constituci\u00f3n con legitimidad de origen. Esto, s\u00f3lo si la pol\u00edtica \u2013empujada por el movimiento social y los sectores progresistas\u2013 alcanza a conectar con la poblaci\u00f3n movilizada o se ve obligada a constituir al <em>soberano <\/em>en fuente leg\u00edtima de gobierno.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien la ruptura del \u201cconsenso neoliberal\u201d durante el estallido social ha significado al parecer una grave fisura en la subjetividad neoliberal, o al menos en lo que denominar\u00edamos <em>la espiritualidad del modelo<\/em>, no han sido derribados los pilares de \u00e9ste \u00faltimo (Estado subsidiario-democracia semisoberana). \u00bfCabe entonces hablar del fin del neoliberalismo en Chile? No. Sin embargo, por primera vez desde el retorno a la democracia, la pol\u00edtica ha sido emplazada radicalmente por la ciudadan\u00eda (\u201cevadiendo la subjetivaci\u00f3n neoliberal\u201d),<sup>14<\/sup> y la direcci\u00f3n que tome depender\u00e1 de la reagrupaci\u00f3n en el poder de eventuales fuerzas sociales y pol\u00edticas en pugna que puedan representar lo abierto con el estallido social. A la fecha, la representaci\u00f3n de lo social en la pol\u00edtica es un espacio vac\u00edo, fr\u00e1gil y en disputa, pero cerrado por el momento a nuevas fuerzas capaces de construirse en el registro pol\u00edtico y capaz de representar el malestar frente a la imposici\u00f3n neoliberal.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el estallido social apareci\u00f3 algo que, ingenuamente, cre\u00edamos agotado con la crisis de la pol\u00edtica de 2011: una potencia popular.<\/p>\n\n\n\n<p>Suele decirse que nos encontramos en una revoluci\u00f3n cuando ocurre una intervenci\u00f3n directa de las masas en los acontecimientos hist\u00f3ricos;<sup>15 <\/sup>sin embargo, ya pasado el siglo XX, sabemos que la revoluci\u00f3n no corresponde a un acto: m\u00e1s bien, se trata de un largo proceso social, que s\u00f3lo una vez transcurridos los a\u00f1os es evaluable con ciertas certezas.<\/p>\n\n\n\n<p>La potencia popular en las calles en 2019 parece una cr\u00edtica al modo de vida que organiza lo social en lo cotidiano. As\u00ed, no se tratar\u00eda de una crisis de representaci\u00f3n exclusivamente; m\u00e1s bien, parece una crisis de<em> legitimidad de consenso<\/em>, presentada como una disconformidad plural respecto a la sociedad de mercado. Estar\u00e1 por verse si la democracia toma buena salud, se recupera, y se abre un nuevo orden social, integrador y capaz de hacer interdependientes a los ciudadanos con base en un lazo social no mediado en l\u00f3gicas mercantiles. Cabeza fr\u00eda, sabemos que el futuro no es tan pr\u00f3spero y que el capital asume formas cada vez agresivas frente a pol\u00edticas de contenci\u00f3n social. Puestas as\u00ed las cosas, habr\u00e1 que asumir que el conflicto puede ser a\u00fan m\u00e1s complejo, sobre todo cuando el capital parece, sin problemas, modificar el orden democr\u00e1tico y pasar no s\u00f3lo sobre el trabajo sino, tambi\u00e9n, sobre la vida.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><strong>Notas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>*Doctor en filosof\u00eda. Miembro del n\u00facleo de investigaci\u00f3n Espacio y Capital, del Departamento de Geograf\u00eda, Universidad Alberto Hurtado. Director de la Fundaci\u00f3n Crea.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>1<\/sup> Moulian, Tom\u00e1s (2002),<em> Chile actual: anatom\u00eda de un mito<\/em>, Lom, Santiago, p\u00e1ginas 102-110.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>2<\/sup> Agacino, Rafael (2006). <em>Hegemon\u00eda y contrahegemon\u00eda en una contrarrevoluci\u00f3n neoliberal madura. La izquierda desconfiada en el Chile pos-Pinochet<\/em>, documento de trabajo, Clacso, Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: https:\/\/www.archivochile.com\/Chile_actual\/08_p_ich\/chact_piz0004.pdf<\/p>\n\n\n\n<p><sup>3<\/sup> Un estudio reciente sobre desigualdad urbana en Santiago muestra que vivir con tranquilad en la capital cuesta alrededor de 1 mill\u00f3n 727 mil 877 pesos, mientras que el salario de la mitad de los trabajadores es inferior a 400 mil pesos y el sueldo m\u00ednimo apenas supera 300 mil. V\u00e9ase Vergara, Francisco; Aguirre, Carlos; y Correa, Juan (2019). \u201cContra el urbanismo de la desigualdad: propuestas para el futuro de nuestras ciudades\u201d, en <em>Ciperchile<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: https:\/\/ciperchile.cl\/2020\/01\/03\/contra-el-urbanismo-de-la-desigualdad-propuestas-para-el-futuro-de-nuestras-ciudades\/<\/p>\n\n\n\n<p><sup>4 <\/sup>Seg\u00fan el Banco Mundial, el 1 por ciento m\u00e1s rico acumula 33 por ciento de los ingresos totales en el pa\u00eds. Para Milanovi\u0107, quien por a\u00f1os trabaj\u00f3 en la organizaci\u00f3n multinacional, una expresi\u00f3n clara de la desigualdad se aprecia en la siguiente comparaci\u00f3n: \u201cEl 5 por ciento m\u00e1s bajo de la poblaci\u00f3n chilena tiene un nivel de ingresos que es aproximadamente el mismo que el del 5 por ciento m\u00e1s bajo de Mongolia. El 2 por ciento m\u00e1s alto disfruta de un nivel de ingresos equivalente al del 2 por ciento m\u00e1s alto de Alemania\u201d. V\u00e9ase Milanovi\u0107, Branko (2019). \u201cChile: el icono del neoliberalismo que cay\u00f3 en desgracia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: https:\/\/ctxt.es\/es\/20191030\/Politica\/29215\/chile-neoliberalismo-desigualdad-ocde-branko-milanovic.htm<\/p>\n\n\n\n<p><sup>5<\/sup> V\u00e9ase Mayol, Alberto (2012). <em>El derrumbe del modelo. La crisis de la econom\u00eda de mercado en el Chile contempor\u00e1neo<\/em>, Lom, Chile.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>6<\/sup> C\u00f3nfer Huneeus, Carlos (2014).<em> La democracia semisoberana. Chile despu\u00e9s de Pinochet<\/em>, Taurus, Chile.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>7<\/sup> C\u00f3nfer Moulian, Tom\u00e1s (2002). <em>Chile actual: anatom\u00eda de un mito<\/em>, Lom, Santiago.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>8<\/sup> C\u00f3nfer ib\u00eddem. Mayol. Obra citada, p\u00e1gina 33.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>9<\/sup> Larra\u00edn, Jorge (2018). <em>Populismo<\/em>, Lom, Santiago, p\u00e1gina 88.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>10<\/sup> Atria, Fernando (2013). <em>La constituci\u00f3n tramposa<\/em>, Lom, Santiago.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>11 <\/sup>Penaglia, Francesco (2016), <em>Subversi\u00f3n del orden transicional. Del oscurantismo posdictatorial a la esperanza<\/em>, El Buen Aire, Santiago, 2016, p\u00e1gina 57.<\/p>\n\n\n\n<p><sup>12<\/sup> <em>Pi\u00f1eraGate, MOPGate, PentaGate<\/em> y <em>NueraGate<\/em> est\u00e1n descritos y disponibles para consulta en Cabrera, Andr\u00e9s (2015). <em>\u201cChilegate\u201d<\/em>, columna de opini\u00f3n, diario <em>El Mostrador<\/em>. Enlace: https:\/\/www.elmostrador.cl\/noticias\/opinion\/2015\/02\/19\/chilegate\/<\/p>\n\n\n\n<p><sup>13<\/sup> Vargas, Roberto (2019). \u201cLa implosi\u00f3n de la ciudad neoliberal\u201d, en <em>Pl\u00e9yade<\/em>, n\u00famero especial \u201cRevueltas en Chile\u201d, diciembre de 2019.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: http:\/\/www.revistapleyade.cl\/la-implosion-de-la-ciudad-neoliberal\/<\/p>\n\n\n\n<p><sup>14 <\/sup>Pulgar, Pablo (2019), \u201cEvadiendo la subjetividad neoliberal\u201d, en <em>La Raza C\u00f3mica<\/em>. <em>Revista de Pol\u00edtica y Cultura Latinoamericana.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: http:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2019\/12\/30\/evadiendo-la-subjetivacion-neoliberal\/<\/p>\n\n\n\n<p><sup>15<\/sup> Arrizabalo, Xabier (2018). <em>Ense\u00f1anzas de la Revoluci\u00f3n Rusa, <\/em>IME, Madrid, p\u00e1gina 20.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>BIBLIOGRAFIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Agacino, Rafael (2006). <em>Hegemon\u00eda y contrahegemon\u00eda en una contrarrevoluci\u00f3n neoliberal madura. La izquierda desconfiada en el Chile pos-Pinochet<\/em>, documento de trabajo, Clacso, Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: https:\/\/www.archivochile.com\/Chile_actual\/08_p_ich\/chact_piz0004.pdf<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Arrizabalo, Xabier (2018). <em>Ense\u00f1anzas de la revoluci\u00f3n rusa<\/em>, IME, Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Atria, Fernando (2013). <em>La constituci\u00f3n tramposa<\/em>, Lom, Santiago.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Cabrera, Andr\u00e9s (2015). <em>\u201cChilegate\u201d<\/em>, columna de opini\u00f3n, diario <em>El Mostrador<\/em>. Enlace: https:\/\/www.elmostrador.cl\/noticias\/opinion\/2015\/02\/19\/chilegate\/<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Huneeus, Carlos (2014). <em>La democracia semisoberana.<\/em> <em>Chile despu\u00e9s de Pinochet,<\/em> Taurus, Chile.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Larra\u00edn, Jorge (2018). <em>Populismo,<\/em> Lom, Santiago.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Mayol, Alberto (2012). <em>El derrumbe del modelo. La crisis de la econom\u00eda de mercado en el Chile contempor\u00e1neo<\/em>, Lom, ChileMilanovi\u0107, Branko (2019). \u201cChile: el icono del neoliberalismo que cay\u00f3 en desgracia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: https:\/\/ctxt.es\/es\/20191030\/Politica\/29215\/chile-neoliberalismo-desigualdad-ocde-branko-milanovic.htm<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Moulian, Tom\u00e1s (2002). <em>Chile actual: anatom\u00eda de un mito<\/em>, Lom, Santiago.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Penaglia, Francesco (2016). <em>Subversi\u00f3n del orden transicional. Del oscurantismo posdictatorial a la esperanza<\/em>, El Buen Aire, Santiago, 2016, p\u00e1gina 57.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pulgar, Pablo (2019). \u201cEvadiendo la subjetividad neoliberal\u201d, en La Raza C\u00f3mica. Revista de Pol\u00edtica y Cultura Latinoamericana. Enlace: http:\/\/razacomica.cl\/sitio\/2019\/12\/30\/evadiendo-la-subjetivacion-neoliberal\/<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vargas, Roberto. \u201cLa implosi\u00f3n de la ciudad neoliberal\u201d, en <em>Pl\u00e9yade<\/em>, n\u00famero especial \u201cRevueltas en Chile\u201d, diciembre de 2019.<\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: http:\/\/www.revistapleyade.cl\/la-implosion-de-la-ciudad-neoliberal\/<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vergara, Francisco; Aguirre, Carlos; y Correa, Juan (2019). \u201cContra el urbanismo de la desigualdad: propuestas para el futuro de nuestras ciudades\u201d, en <em>Ciperchile.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Enlace: https:\/\/ciperchile.cl\/2020\/01\/03\/contra-el-urbanismo-de-la-desigualdad-propuestas-para-el-futuro-de-nuestras-ciudades\/<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>NOTAS SOBRE LA REVUELTA DE OCTUBRE I La instalaci\u00f3n de la l\u00f3gica neoliberal en Chile no fue democr\u00e1tica. 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