{"id":2967,"date":"2019-11-10T15:36:00","date_gmt":"2019-11-10T21:36:00","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2967"},"modified":"2020-06-10T20:05:49","modified_gmt":"2020-06-11T02:05:49","slug":"la-guerrilla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2967","title":{"rendered":"LA GUERRILLA"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>El porqu\u00e9 de valientes<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTierra quer\u00edan; denles tierra hasta que se harten\u201d, dijo el general Praxedis Dur\u00e1n ante los cad\u00e1veres de los guerrilleros que atacaron el cuartel Madera, en Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965. Ese militar era un ejemplo de los que en muy diversas regiones del pa\u00eds se convirtieron en caciques latifundistas contrarios al sentido del movimiento armado (1970-1917) en que participaron.<\/p>\n\n\n\n<p>La lucha de los campesinos mexicanos por la tierra hab\u00eda intentado, antes de pasar a las acciones armadas, que sus justas reivindicaciones se cumplieran apelando a la legalidad. Pero \u00e9sta nunca fue tomada en cuenta por el Estado, que es no s\u00f3lo el gobierno sino el hemisferio que lo complementa, donde se integran terratenientes, industriales, comerciantes, agricultores, mineros y dem\u00e1s individuos comprendidos en la categor\u00eda de empresarios. La burgues\u00eda en activo. A tales reivindicaciones se vino oponiendo el gobierno en nombre de ambos hemisferios.<\/p>\n\n\n\n<p>La discusi\u00f3n en torno de la guerrilla se aviv\u00f3 a partir de las declaraciones del historiador Pedro Salmer\u00f3n sobre la condici\u00f3n del comando que pretendi\u00f3 secuestrar al industrial Eugenio Garza Sada. A sus integrantes los llam\u00f3 <em>valientes<\/em>. Y lo eran, no porque lo acribillaron sino desde el momento en que tomaron las armas, en lo cual pusieron su vida \u2013cual supone quien parte a una acci\u00f3n b\u00e9lica\u2013, como de hecho la entregaron en numerosos casos. En el operativo resultaron muertos ese l\u00edder empresarial, que, lo mismo estaba en su derecho de portar un arma y accionarla al verse objeto de un ataque, como sus dos guardaespaldas y dos de los guerrilleros participantes en el frustrado intento.<\/p>\n\n\n\n<p>Si no se entienden las causas de la guerrilla, una sola expresi\u00f3n puede causar una reacci\u00f3n ululante de capitalistas due\u00f1os de diversos medios y giros de producci\u00f3n, entre ellos grandes empresas de comunicaci\u00f3n masiva, y de todos los que s\u00f3lo por hallarse en su radio de gravitaci\u00f3n ideol\u00f3gica los siguen en actitud gregaria y pueden llegar al extremo de linchar medi\u00e1ticamente a quien formul\u00f3 un juicio de valor en su calidad de funcionario sin la menor reflexi\u00f3n. No s\u00f3lo eso: tambi\u00e9n pedir la muerte para uno de los guerrilleros amnistiados. Quienes piden la muerte \u00bfse han ocupado alguna vez de defender la vida?, \u00bfde cambiar un estado de cosas donde no se respetaban la protesta pac\u00edfica ni la vida misma?, \u00bfen qu\u00e9 pa\u00eds han vivido?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La necesaria mirada hist\u00f3rica<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La historia puede acudir en favor de los argumentos y de la ubicaci\u00f3n sobre quienes reclaman la paz y, al mismo tiempo, promueven la violencia. Violencia fue volcarse contra la candidatura pac\u00edfica de Francisco I. Madero a quien ahora, sin rubor, se exalta como palad\u00edn de la democracia. Del mismo grupo que provienen se <em>apost\u00f3<\/em> por el golpe de Estado y el sacrificio de Madero, Pino Su\u00e1rez, Belisario Dom\u00ednguez y tantos otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Los industriales de Monterrey colaboraron con las fuerzas represoras de la dictadura porfiriana para cortar en seco el recorrido electoral de Madero y para que en la propia capital de Nuevo Le\u00f3n fuese hecho presa y ser as\u00ed excluida de la campa\u00f1a comicial, perdida como la ve\u00edan los c\u00edrculos porfirianos y su mancuerna empresarial.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa arbitrariedad fue la gota que derram\u00f3 el sentir de los mexicanos: en ella vieron un agravio m\u00e1s contra un cambio pol\u00edtico buscado por la mayor\u00eda con un m\u00ednimo de politizaci\u00f3n. Las revoluciones que han implicado el recurso de las armas para realizar transformaciones necesarias s\u00f3lo se explican por la feroz resistencia de quienes detentan el poder pol\u00edtico y econ\u00f3mico \u2013vale decir, el Estado\u2013 para dar paso a cambios de posible mejora pol\u00edtica y social.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya como presidente de la Rep\u00fablica, Madero volvi\u00f3 a ser el blanco de las antiguas fuerzas pol\u00edticas y econ\u00f3micas del antiguo r\u00e9gimen. Protagonizaron y respaldaran de diversas maneras el golpe militar de Huerta, F\u00e9lix D\u00edaz, <em>et al<\/em>, para derrocar a Madero. Los industriales de Monterrey condenaron la violencia que supuso la confiscaci\u00f3n de la Cervecer\u00eda Cuauht\u00e9moc y la ruda actitud de Francisco Villa al exigirles la aportaci\u00f3n de 1 mill\u00f3n de pesos para la causa revolucionaria. \u00bfPor qu\u00e9 los revolucionarios tomaban tales medidas? \u00bfNo como pago a su apoyo al golpe de Estado? Enrique Gorostieta Gonz\u00e1lez, uno de los hombres de esos industriales (era cu\u00f1ado de Luis G. Sada), ocup\u00f3 las Secretar\u00edas de Justicia, y de Hacienda en el gabinete de Victoriano Huerta.<\/p>\n\n\n\n<p>El golpismo ya estaba presente en el grupo de los empresarios regiomontanos en el apoyo que el grupo contrario al presidente Madero proporcion\u00f3 al general Bernardo Reyes. El gobernador, cuya memoria no se cansan de exaltar, hab\u00eda regresado de su exilio diplom\u00e1tico para intentar el derrocamiento del futuro m\u00e1rtir de la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>El respeto de la ley y del estado de derecho invocados por ese grupo empresarial resulta un gesto m\u00e1s que pragmatista y de doble moral: hip\u00f3crita.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cristiada como ejemplo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La cristiada, si bien tuvo motivos ideol\u00f3gicos manipulados por la Iglesia cat\u00f3lica, encarn\u00f3 tambi\u00e9n otras causas relacionadas con el malestar manifestado en la poblaci\u00f3n campesina del pa\u00eds, pese a la revoluci\u00f3n y los primeros gobiernos emanados de los c\u00edrculos militares que la protagonizaron. El c\u00f3digo agrario no fue promulgado sino hasta 1934. Y no podr\u00eda negarse que la guerra de los cristeros, cuya masa la integraban campesinos de diversas partes del pa\u00eds, aunque concentrada sobre todo en la regi\u00f3n del Baj\u00edo, tambi\u00e9n proven\u00eda de las filas zapatistas y villistas que hab\u00edan participado en la lucha armada contra la dictadura y entre las propias facciones revolucionarias.<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente el hijo de aquel pol\u00edtico apoyado por los industriales de Monterrey dirigir\u00eda la guerrilla cristera: el coronel ascendido a general durante el gobierno de Huerta de nombre Enrique Gorostieta Valverde. Durante a\u00f1os, la historia oficial u oficialista lo present\u00f3 como un mercenario que accedi\u00f3 a ser el \u201cjefe militar supremo de la insurrecci\u00f3n\u201d por la cantidad de 3 mil pesos oro. Jean Meyer, el estudioso especializado en el tema <em>(La Cristiada. Historia de la guerra mexicana por la libertad religiosa)<\/em>, deja en claro el pensamiento estrat\u00e9gico, religioso, \u00e9tico, pol\u00edtico y con luces de estadista que aqu\u00ed intento resumir:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>1.<\/strong> Su evaluaci\u00f3n sobre las caracter\u00edsticas de las fuerzas cristeras es la de quien observa detenidamente y sin prejuicios la manera en que se integra y comporta en el campo de batalla y en sus descansos una tropa espont\u00e1nea y cuyos individuos no todos responden a una creencia honesta. Ello contribuye, seg\u00fan Gorostieta, a la falta de disciplina, la presencia de vicios, el relajamiento y los excesos propios de toda guerra exacerbada por razones ideol\u00f3gicas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>2.<\/strong> El jefe militar est\u00e1 consciente de las condiciones precarias de las fuerzas que comanda, la complicidad de Estados Unidos con quienes llama <em>traidores<\/em> y que impiden \u201cemprender operaciones militares en gran escala\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>3.<\/strong> A efecto de fortalecer sus acciones militares para defenderse \u201ccontra los conculcadores de nuestra libertad\u201d, establece: \u201cLa guerra de guerrillas, formidable siempre que un pueblo lucha contra una tiran\u00eda organizada, puede dar margen a situaciones m\u00e1s peligrosas que la que trata de corregir, si no se le conduce con mucho tino, y para hacerlo no se usa de una mano de hierro. Nuestra lucha, a pesar de haber sido una verdadera guerra de guerrillas, a pesar de estar extendidas por un vast\u00edsimo territorio que dificulta su direcci\u00f3n, tengo orgullo de declararlo, est\u00e1 tan distante de la anarqu\u00eda y del desorden como nuestros enemigos de la justica y del honor\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>4.<\/strong> Observa igualmente que los jefes de tropa permanecen leales a su cometido, pero que entre ellos hay serias pugnas de poder.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>5<\/strong>. El general Gorostieta subraya las medidas organizativas, log\u00edsticas y \u00e9ticas que toma para que las fuerzas bajo su mando subsanen errores y puedan a la vez subsistir con m\u00ednimos recursos y \u201ccon el menor desgaste posible de la riqueza p\u00fablica\u201d. Estas medidas se extienden hasta la necesidad de que las relaciones entre los integrantes de las diversas unidades militares cristeras sean \u201ccordiales hasta el l\u00edmite. Los jefes deben excederse en demostrar su camarader\u00eda y hospitalidad con objeto de obtener el cari\u00f1o y la estimaci\u00f3n de compa\u00f1eros subalternos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>6.<\/strong> El cuidado que pon\u00eda Gorostieta en la organizaci\u00f3n de su ej\u00e9rcito respond\u00eda a sentimientos relacionados con el objetivo social que buscaba. \u201cLa paz, la anhelada paz, tiene que ser fruto de una labor de amor, s\u00f3lo de amor, <em>y si nos vimos obligados a ir a la guerra precisamente para poner fin a la pol\u00edtica y el reinado del odio y la matanza, de la persecuci\u00f3n y el rencor, tenemos la santa obligaci\u00f3n de salir de esta dura prueba hermanados indestructiblemente\u2026<\/em> (cursivas de AN) para poder esperar el triunfo sobre la tiran\u00eda, definitivo y salido a nuestra patria devolvi\u00e9ndonos todas nuestras libertades para poder estar a salvo de nuevos directores, para que la sangre que de manera tan generosa ha sido derramada no lo haya sido en vano, necesitamos enfrentarnos de la manera m\u00e1s resuelta con dos problemas de importancia trascendental para el porvenir: acostumbrar a nuestro pueblo a la idea de que tiene obligaci\u00f3n de servir a la patria en el ej\u00e9rcito sin retribuci\u00f3n pecuniaria alguna\u2026 acostumbrar a nuestros soldados a respetar y obedecer a la autoridad civil y hacerles entender que el ej\u00e9rcito de una naci\u00f3n sirve para defender su soberan\u00eda e integridad y dar protecci\u00f3n a la poblaci\u00f3n civil: de ninguna manera para abusarla, tiranizarla\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>7.<\/strong> Manda obedecer estrictamente una serie de consignas respecto a la guerra; entre ellas, la destrucci\u00f3n de construcciones y propiedades del enemigo, as\u00ed como el asalto y las requisiciones para obtener bienes en met\u00e1lico, a t\u00edtulo de pr\u00e9stamos y mediante recibo firmado por el responsable militar, y muchas otras acciones propias de \u201cla guerra de guerrillas que, debilitando al enemigo, lo pondr\u00e1 a merced nuestra, cuando nos convenga pasar a la guerra en mayor escala\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Gorostieta, seg\u00fan Meyer, era no s\u00f3lo un estratega militar sino un estadista que orientaba al movimiento cristero hacia la toma del poder y la conquista de \u201ctodas las libertades c\u00edvicas\u201d (no nada m\u00e1s las religiosas). Esta idea form\u00f3 parte del contenido en el pacto, sumamente peligroso para el gobierno posrevolucionario, al que lleg\u00f3 con los rebeldes escobaristas en marzo de 1929.<\/p>\n\n\n\n<p>Meyer pudo valorar al general Gorostieta Velarde en su dimensi\u00f3n militar y pol\u00edtica. Cuando sali\u00f3 publicado su libro, en 1972, a\u00fan no se publicaban las cartas del militar a su esposa. En el epistolario, Meyer reconoci\u00f3 a posteriori la dimensi\u00f3n humana de Enrique Gorostieta, a quien deform\u00f3 o calumni\u00f3 abiertamente la historiograf\u00eda de los triunfadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Como en todas las luchas de una milicia espont\u00e1nea, imbuida radicalmente de un credo y necesitada de triunfo, pero inexperta en el manejo de las armas y la estrategia militar, en la de los cristeros no se hicieron esperar los errores y excesos. Por m\u00e1s que se empe\u00f1aran el militar de mayor jerarqu\u00eda y otros jefes de su movimiento en que la guerra produjese los menores da\u00f1os a la poblaci\u00f3n y a los bienes p\u00fablicos, en diversos momentos no pudieron impedirlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cristeros no lograban conseguir apoyos considerables para su lucha. Y en su desesperaci\u00f3n por hacerse de recursos llegaron a cometer actos letales contra la poblaci\u00f3n civil, como ocurri\u00f3 tras la derrota sufrida a manos de las tropas federales en San Francisco del Rinc\u00f3n, Guanajuato. Entre los varios cl\u00e9rigos que participaron en el movimiento cristero, uno fue Jos\u00e9 Reyes Vega, apodado \u201cel Pancho Villa de sotana\u201d por su car\u00e1cter exaltado, impulsivo y dado a los amor\u00edos, y las ejecuciones sumar\u00edsimas ordenadas por \u00e9l en federales que hac\u00eda prisioneros su cuerpo de ej\u00e9rcito. Reyes Vega comand\u00f3 el asalto a un tren que transportaba, adem\u00e1s de su pasaje ordinario, un cargamento de dinero. Se supon\u00eda que ese efectivo iba a servir para financiar operativos militares y otras acciones relacionadas con el movimiento cristero. El enfrentamiento con los soldados que custodiaban el tren produjo la muerte de varios asaltantes \u2013entre ellos, el hermano de Reyes Vega\u2013. Este eclesi\u00e1stico procedi\u00f3 entonces a ordenar el incendio de los vagones del convoy. El saldo fue de m\u00e1s de 50 personas, entre soldados y civiles, muertas, y \u2013desde luego\u2013 un gran desprestigio para la cristiada.<\/p>\n\n\n\n<p>Episodios como el referido se repitieron en el curso de la guerra. En ellos era recurrente que sufrieran personas no involucradas en el conflicto b\u00e9lico, como ancianos, mujeres y ni\u00f1os, a quienes las armas cristeras no distinguieron de los enemigos que ten\u00edan enfrente.<\/p>\n\n\n\n<p>Los ataques ideol\u00f3gicos de los pol\u00edticos del r\u00e9gimen arreciaron contra los cristeros cuando empez\u00f3 a observarse que sus filas se nutr\u00edan con antiguos combatientes revolucionarios: eran, al fin, campesinos que no ve\u00edan que los gobiernos de la revoluci\u00f3n cumplieran sus promesas en torno a la tierra y su poblaci\u00f3n. Por ello, el ej\u00e9rcito cristero lleg\u00f3 a reunir m\u00e1s efectivos que los que tuvieron las fuerzas de Villa y Zapata juntas. Su origen, aunque heterog\u00e9neo, les daba cohesi\u00f3n no s\u00f3lo en lo que significaba su condici\u00f3n de <em>gens<\/em> pegada a la tierra, sino por su credo religioso. Escribe Meyer: Sorprende \u201cver c\u00f3mo los agraristas (campesinos identificados con el gobierno posrevolucionario) eran tan cat\u00f3licos como los cristeros\u201d. S\u00f3lo un porcentaje reducido de ellos, agrega, manifestaba ser contrario al clero, pero ninguno a la religi\u00f3n. \u201cTodos afirman ser cat\u00f3licos y manifiestan su veneraci\u00f3n a la virgen de Guadalupe; todos son practicantes y han asistido al catecismo; su pr\u00e1ctica religiosa no es diferente de la de los cristeros\u201d. Esto lo sab\u00edan los militares devenidos gobernantes que los combat\u00edan; de ah\u00ed su temor a que creciera su influencia pol\u00edtica. Viv\u00edan momentos en que el control social pod\u00eda escapar a su conquista.<\/p>\n\n\n\n<p>Parte del movimiento cat\u00f3lico de oposici\u00f3n al gobierno de Plutarco El\u00edas Calles fue el magnicidio de \u00c1lvaro Obreg\u00f3n. El sonorense hab\u00eda logrado imponer al Poder Legislativo una traici\u00f3n institucional, pues no otra cosa fue que los parlamentarios aprobaran la reelecci\u00f3n del caudillo cuando una de las consignas que dieron origen a la revoluci\u00f3n hab\u00eda sido la de la no relecci\u00f3n del presidente de la Rep\u00fablica. Le\u00f3n Toral, el cat\u00f3lico magnicida, fue parad\u00f3jicamente el restaurador de ese principio, que no se ha vuelto a tocar desde entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>El episodio de la guerra cristera ha sido condenado por pol\u00edticos del r\u00e9gimen priista, periodistas que lo sirvieron sin mayor nivel de investigaci\u00f3n, los medios de comunicaci\u00f3n m\u00e1s proclives a \u00e9l, historiadores y cronistas de semejante jaez. Los cristeros no han sido objeto de cr\u00edtica por la derecha tradicional, pues en \u00e9stos gravita el catolicismo, uno de los ingredientes legitimadores de su argamasa pol\u00edtica. Pero nunca, tampoco, esa derecha que ha llegado a mantener varios puntos de intersecci\u00f3n con los gobiernos del PRI ha querido verse identificada con ellos, con la oposici\u00f3n del sector m\u00e1s fundamentalista de la Iglesia cat\u00f3lica y el magnicidio de Obreg\u00f3n, pese a que reconozca <em>in pectore<\/em> la validez de esos hechos. Se ha mantenido a una distancia conveniente de ellos y ha preferido no atacar a la guerra cristera como s\u00ed ha dirigido su ataque (rabioso) contra la lucha armada de los movimientos guerrilleros animados por una ideolog\u00eda de izquierda.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de Meyer, varios los libros y art\u00edculos se han escrito sobre la cristiada. Buena parte de sus autores coincide en lo que ha se\u00f1alado Mar\u00eda Hidalgo Casares: \u201cNi\u00f1os m\u00e1rtires, asaltos de trenes, ind\u00f3mitos guerrilleros, v\u00edas f\u00e9rreas pobladas de ahorcados, poderosos masones, brigadas de valientes mujeres con voto de silencio, emboscadas en sierras des\u00e9rticas, caballeros de Col\u00f3n antimas\u00f3nicos, el Ku Klux Klan y grandes traiciones de un gobierno anticlerical\u2026 Son protagonistas, hechos y elementos rigurosamente hist\u00f3ricos que jalonan la guerra religiosa m\u00e1s dram\u00e1tica, sangrienta y desconocida de la historia de Am\u00e9rica. Tal tragedia fue pr\u00e1cticamente borrada de los libros de historia, donde los combatientes luchaban al grito de \u201c\u00a1Vivan Cristo Rey y la virgen de Guadalupe!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p><strong>R\u00e9gimen tir\u00e1nico, guerrilla\u00a0y venganza de Estado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La extensa referencia a la guerra cristera tiene, para los prop\u00f3sitos de este art\u00edculo, un car\u00e1cter ejemplificativo. Las rebeliones populares son resultado de una situaci\u00f3n social en la que un gobierno o r\u00e9gimen son percibidos como una tiran\u00eda alejada de su programa, sus promesas y los valores y las acciones declarados en perjuicio de sectores amplios de la poblaci\u00f3n. Los n\u00facleos m\u00e1s radicales (la vanguardia) sienten el atropello y la cerraz\u00f3n como un agravio intolerable, y deciden combatir con las armas al mal gobierno. En esta interpretaci\u00f3n pueden interpretarse todas las luchas libertarias ocurridas en M\u00e9xico, antes, en el transcurso y despu\u00e9s de su independencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Las deprecaciones por la paz de la derecha nunca se han manifestado ante reclamos pac\u00edficos de car\u00e1cter popular o las v\u00edctimas hechas a grupos de civiles por diversas causas por la polic\u00eda, el Ej\u00e9rcito o bandas paramilitares. Excepci\u00f3n fue, hay que decirlo, la posici\u00f3n del Partido Acci\u00f3n Nacional bajo la direcci\u00f3n de Efra\u00edn Gonz\u00e1lez Morf\u00edn en el transcurso y despu\u00e9s del movimiento estudiantil de 1968. No por nada esa corriente panista fue desplazada a iniciativa del grupo empresarial de Monterrey.<\/p>\n\n\n\n<p>El sinarquismo, la corriente pol\u00edtica m\u00e1s radical de la derecha pol\u00edtica, tampoco pudo contar, como los cristeros, con el apoyo que s\u00ed tuvo el Partido Acci\u00f3n Nacional, cuyo principal l\u00edder, Manuel G\u00f3mez Mor\u00edn, era un hombre pragm\u00e1tico y encuadrado en un capitalismo que no ve\u00eda conveniente para su desarrollo la presencia de radicalismo alguno en el \u00e1mbito pol\u00edtico.<\/p>\n\n\n\n<p>A la guerrilla urbana de los decenios de 1960 y 1970 se le ha querido calumniar y descalificar como quiso hacerse con la guerra cristera que recurri\u00f3, como se ha visto, a la v\u00eda de la guerrilla contra un r\u00e9gimen autoritario y represivo. Ese r\u00e9gimen provoc\u00f3 cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s que un sentimiento <em>mult\u00e1nime<\/em> de agravio prendiera en diversos grupos de j\u00f3venes confluyentes en 1973 en la Liga Comunista 23 de Septiembre. A tal guerrilla de perfil urbano, pero tambi\u00e9n a la rural de esos a\u00f1os, pretende v\u00e9rsele, acaso para justificar la guerra sucia del Estado a efecto de exterminarla,&nbsp; como facinerosa que no merec\u00eda siquiera el trato legal establecido en la Constituci\u00f3n. Por el contrario, con sus integrantes s\u00f3lo proced\u00eda perseguirlos \u201ccomo perros\u201d (la expresi\u00f3n es la del polic\u00eda motejado \u201cEl Negro\u201d Durazo), apresarlos, torturarlos, desaparecerlos o asesinarlos de la manera m\u00e1s cruel y econ\u00f3mica posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Contra ellos se produjo una <em>vendetta<\/em> de clase \u2013la del Estado burgu\u00e9s\u2013, incluso acudiendo a m\u00e9todos simb\u00f3licos para que a nadie cupiese duda de cu\u00e1l era el objetivo. Cerca de la residencia de uno de los familiares de Garza Sada, el industrial muerto en el fallido intento de secuestro, fue arrojado el cad\u00e1ver de Salvador Corral, uno de los combatientes m\u00e1s reconocidos en los c\u00edrculos de la guerrilla. Este acto de lesa humanidad fue cometido en cuesti\u00f3n de horas tras la muerte de Garza Sada. Ello result\u00f3 muy indicativo, por lo dem\u00e1s, de la capacidad del Estado para perseguir il\u00edcitos cuando le interesa desplegarla; cuando no, como en cientos de casos que hayan podido implicar la participaci\u00f3n de ciertos funcionarios, polic\u00edas, soldados, jefes de variopinta jerarqu\u00eda y dejar al descubierto sus delitos o los de sus superiores en el aparato gubernamental, a esa capacidad se la ha puesto a hibernar. Un caso reciente, por la magnitud de su significado e implicaciones, es el de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Ah\u00ed, el Estado se mostr\u00f3 lerdo, mentiroso, tramposo y probablemente c\u00f3mplice del terrible crimen colectivo, que no hizo sino dejar una huella m\u00e1s de la guerra sucia que hasta el gobierno de Pe\u00f1a Nieto se continu\u00f3 luego de surcar varios gobiernos priistas y el panista de Felipe Calder\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Estado discriminatorio y represivo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la obligaci\u00f3n de perseguir y castigar delitos se hace evidente la discriminaci\u00f3n contra los guerrilleros, con quienes los funcionarios no pod\u00edan lucrar, a diferencia de los narcotraficantes, con quienes s\u00ed lo han hecho. A los primeros se les elimin\u00f3 r\u00e1pidamente y con voluntad de escarmiento; a los segundos, donde se han encuadrado militares y polic\u00edas, tras casi cuatro d\u00e9cadas, se les persigue y castiga s\u00f3lo a manera de chivos expiatorios.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dependencias oficiales y las organizaciones civiles donde tienen injerencia los l\u00edderes empresariales act\u00faan con un margen de sesgo y ocultamiento de la informaci\u00f3n sobre las acciones represivas de grupos populares como para justificar delitos entra\u00f1ados en ellas; o bien, optan por el silencio. Y cuando aparece un fen\u00f3meno como la guerrilla, se rasgan las vestiduras y, sin mediar reflexi\u00f3n, se\u00f1alan a sus protagonistas como delincuentes. As\u00ed tildaron a la guerrilla cristera, y de gavilleros no bajaban a los integrantes de las primeras guerrillas de la d\u00e9cada de 1960, en el intento de no reconocer que ciertos ciudadanos optaban por la <em>ultima ratio<\/em>, pues los caminos legales para resolver problemas de un considerable per\u00edmetro social el Estado mismo se hab\u00eda encargado de cerrarlos con medidas represivas.<\/p>\n\n\n\n<p>Una consulta epid\u00e9rmica a la cronolog\u00eda de la represi\u00f3n en M\u00e9xico puede dar una noci\u00f3n de la pol\u00edtica seguida por el Estado para responder a la solicitud de diversas demandas sociales por la v\u00eda legal.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de la crisis de 1940, donde el partido oficial recurri\u00f3 a la violencia para alterar el resultado de la elecci\u00f3n a su favor, con mayor o menor intensidad subsecuentes comicios presidenciales, estatales y municipales hicieron otro tanto. En cada una de esas respuestas violentas a la manifestaci\u00f3n de inconformidad ciudadana por las autoridades hablaron las balas de polic\u00edas y soldados y las c\u00e1rceles de uso pol\u00edtico. Reacciones semejantes tuvieron diversos gremios y contingentes de trabajadores. Tras el pacto obrero-industrial de 1946, la intolerancia y persecuci\u00f3n estatales se profundizaron: cuando no fueron el desprecio y la coerci\u00f3n para evitar que una caravana como la de los mineros de Coahuila fuera visualizada por la poblaci\u00f3n de la capital, y de all\u00ed su encierro en el deportivo 18 de Marzo, fueron las balas y la c\u00e1rcel contra petroleros, copreros, maestros, m\u00e9dicos, ferrocarrileros y otros gremios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los estudiantes no escaparon a ese tipo de respuesta. A lo largo de la d\u00e9cada de 1960, los del Instituto Polit\u00e9cnico Nacional, los de varias normales rurales, los de la Universidad Nicola\u00edta y, finalmente, los de la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico y el propio Polit\u00e9cnico fueron objeto de agresiones sangrientas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed cabe preguntarse \u00bfcontra qu\u00e9 r\u00e9gimen se levantaron los grupos guerrilleros de diversas partes del pa\u00eds? Si hubiera sido el de unas instituciones democr\u00e1ticas, una aceptable distribuci\u00f3n de la riqueza y un Estado congruente con sus leyes (la Constituci\u00f3n, sobre todo,) a las guerrillas \u2013la rural y la urbana\u2013 tendr\u00eda que juzg\u00e1rselas como una patolog\u00eda social. Pero no fue un contexto social ni de lejos democr\u00e1tico ni de una pol\u00edtica econ\u00f3mica niveladora contra el cual decidieron armarse, sino el que los mexicanos hemos conocido desde hace un siglo, para hablar s\u00f3lo del marco jur\u00eddico y social construido como consecuencia de una costosa guerra civil.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un juicio arbitrario contra la guerrilla<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A los juicios condenatorios vertidos sobre la guerrilla, incluso los que a manera de autoflagelo le han propinado algunos de sus anteriores miembros se\u00f1alando a la opci\u00f3n de la lucha armada como \u201cenfermedad infantil del izquierdismo\u201d, ha faltado adentramiento en el objeto juzgado y sobrado inter\u00e9s extragnoseol\u00f3gico y hasta mezquindad.<\/p>\n\n\n\n<p>A una fuerza derrotada puede imputarse cualquier cosa sin consecuencia previsible. Pero, veamos, \u00bfqu\u00e9 hicieron del pa\u00eds los supuestos vencedores de los grupos guerrilleros reducidos y, en buena medida, eliminados f\u00edsicamente? No un pa\u00eds m\u00e1s democr\u00e1tico y con mejor distribuci\u00f3n de la riqueza; al contrario: lo menguaron en sus posibilidades de desarrollo, soberan\u00eda y recuperaci\u00f3n de los niveles de calidad de vida que uno tras otro sexenio fueron desplom\u00e1ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante la p\u00e9rdida paulatina del PRI en el \u00e1mbito electoral, Fidel Vel\u00e1zquez, el longevo l\u00edder de la Confederaci\u00f3n de Trabajadores de M\u00e9xico \u2013encargado de convertir el complejo sindical del pa\u00eds en una miriada inconexa de sindicatos blancos\u2013, provocador como era ret\u00f3: \u201cA balazos llegamos al poder, y s\u00f3lo con balazos nos van a sacar; no con votos\u201d. Visto en retrospectiva, el reto lo hab\u00edan aceptado los guerrilleros, por m\u00e1s equivocados que hayan estado en su estrategia militar y por m\u00e1s errores pol\u00edticos y humanos que hayan podido cometer en su lucha. Sus causas, empero, quedan en pie. A partir de una concepci\u00f3n socialista, la militancia en esa lucha buscaba, seg\u00fan la argumentaci\u00f3n de Ra\u00fal Ramos Zavala, uno de los precursores de la guerrilla urbana, impulsar al pueblo a defenderse, tornar a la ofensiva y quitar el poder a un Estado que lesionaba seriamente los intereses populares; entre \u00e9stos, la integridad de los j\u00f3venes que antes s\u00f3lo hab\u00edan buscado manifestarse de manera pac\u00edfica.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El porqu\u00e9 de valientes \u201cTierra quer\u00edan; denles tierra hasta que se harten\u201d, dijo el general Praxedis Dur\u00e1n ante los cad\u00e1veres de los guerrilleros que atacaron el cuartel Madera, en Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965. Ese militar era un ejemplo de los que en muy diversas regiones del pa\u00eds se convirtieron en caciques latifundistas &#8230; <a title=\"LA GUERRILLA\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=2967\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre LA GUERRILLA\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":231,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[38],"tags":[151],"class_list":["post-2967","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-hacer-memoria","tag-guerrilla"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2967","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/231"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=2967"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2967\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2968,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/2967\/revisions\/2968"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=2967"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=2967"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=2967"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}