{"id":3195,"date":"2020-12-06T20:26:21","date_gmt":"2020-12-07T02:26:21","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3195"},"modified":"2020-12-07T23:02:24","modified_gmt":"2020-12-08T05:02:24","slug":"dialectica-del-fuego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3195","title":{"rendered":"DIAL\u00c9CTICA DEL FUEGO"},"content":{"rendered":"\n<p>Fue el mi\u00e9rcoles nueve de septiembre de 2020, como a las cinco de la tarde, cuando la tragedia interrumpi\u00f3 abruptamente el comienzo de esta nota. El sertanista Rieli Francescato hab\u00eda traspasado unos metros los l\u00edmites de la Tierra Ind\u00edgena\u00a0\u00a0Uru-Eu-Wau-Wau -en las humedades remotas del estado brasile\u00f1o de Rondonia- y hab\u00eda subido la colina para otear los movimientos del bosque. Ni tiempo tuvo de escuchar el siseo en el aire cuando una flecha tan s\u00fabita como inesperada le alcanz\u00f3 el coraz\u00f3n.\u00a0\u00a0Rieli\u00a0\u00a0dijo \u00a1oh!, se arranc\u00f3 la flecha, corri\u00f3 cincuenta metros y se derrumb\u00f3 sobre el suelo de la pendiente, mientras se o\u00eda el pisoteo apurado de unos \u00e1lguienes que escapaban, invisibles, entre los \u00e1rboles.\u00a0\u00a0Cuando Rieli lleg\u00f3 al hospital ya estaba muerto.\u00a0\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Si usted se pregunta qu\u00e9 hace un sertanista como Rieli -y qu\u00e9 es un&nbsp;<em>sert\u00e3o-<\/em>&nbsp;le dir\u00e9 que tales t\u00e9rminos han ido ampliando el campo de sus significaciones para referirse, en el Brasil de la modernidad, a todas aquellas brasilidades que suceden lejos de las ciudades y que se centran en la sabana verde o en los caminos l\u00edquidos de la Amazonia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los hacendados del municipio de Seringueira, en ese lugar de Rondonia, hab\u00edan alertado a la FUNAI -Fundaci\u00f3n Nacional del Indio- sobre movimientos inesperados de los ind\u00edgenas n\u00f3mades, los no contactados del r\u00edo Cautario, que se hab\u00edan aventurado hacia las tierras cultivadas con intenci\u00f3n de dejar evidencia de su presencia. Roban una gallina, un hacha, pero dejan a cambio carnes silvestres. Su \u00fanica manera de decir aqu\u00ed estamos, somos nosotros porque, fuera de la frontera de la reserva que se les demarc\u00f3 -seguramente sin que ellos est\u00e9n enterados- nadie entiende, ni siquiera conoce su lengua ni sus pensamientos, ni c\u00f3mo se llaman a s\u00ed mismos, ni cu\u00e1les son sus temores o enojos frente al avance constante de la tribu blanca. Rieli viaj\u00f3 desde Brasilia para conversar con los hacendados y entender qu\u00e9 pasaba.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Los n\u00f3mades del r\u00edo Cautario siempre habian sido pac\u00edficos. Si estuvieron saliendo es porque algo no anda bien: invasiones de agricultores y madereros, el estruendo que provocan dos tractores unidos por una cadena tirante que avanzan arrasando la foresta que habitan; incendios, columnas de fuego que se menean perversamente en el bosque amenzando su mundo de subsistencia; el calor de la tierra que crepita, una legi\u00f3n de llamas enloquecidas que pareciera que acarician la arboleda antes de trag\u00e1rsela y dejar a cambio el humo pastoso que viaja incluso hasta las grandes ciudades. Nadie sabe c\u00f3mo sienten, desde su esencia milenaria, desde sus retinas forjadas en el verde de la selva y los reflejos del agua, el achicamiento constante de la tierra por donde transcurren desde qui\u00e9n sabe cu\u00e1les comienzos de la historia humana; ni con qu\u00e9 criterios diferenciar\u00edan al amigo del enemigo al enfrentarse con la tribu blanca.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo podemos derivar sin rumbo fijo por los relatos de los sertanistas que vieron y ven de cerca al indio y act\u00faan con criterios etnoambientales, unos con m\u00e1s, otros con menos soberbia civilizatoria.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La intromisi\u00f3n en el mundo ind\u00edgena amaz\u00f3nico comenz\u00f3 a mediados del siglo XVI, cuando Francisco de Orellana se aventur\u00f3 desde Quito, aguas abajo por un entrevero de r\u00edos y de numerosas naciones ind\u00edgenas que poblaban la selva tropical m\u00e1s extensa del planeta. Entre las tantas tribus que lo corrieron a flechazos para que no se acercara a la costa y las que lo regalaron con yuca y huevos de tortuga, apiadadas de su hambre, enso\u00f1\u00f3 aquella de puras mujeres atrevidamente desnudas y pintarrajeadas para la guerra que le dieron nombre a ese bosque inconcebible por el que avanz\u00f3 sin mapa y sin GPS, pregunt\u00e1ndose en cada confluencia, cu\u00e1l arroyo seguir\u00eda el camino del \u00e1rbol de la canela o -cuando hubo ca\u00eddo en la cuenta de que nunca lo encontar\u00eda -al menos el que lo llevara hacia el Este, a las costas del Atl\u00e1ntico. Eran m\u00e1s o menos los mismos tiempos en que, en alg\u00fan otro lugar de Am\u00e9rica, fray Bartolom\u00e9 de las Casas, de antiguo encomendero explotador de indios, se pasaba al bando de los que reconoc\u00edan que el ser ind\u00edgena no solo ten\u00eda alma, sino que esa alma era humana y merec\u00eda, en consecuencia, mejor trato del que recib\u00eda de los hijos de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Seductora pero rec\u00f3ndita, con sus arcanos demasiado insondables para ser requerida, la selva amaz\u00f3nica se trag\u00f3 a los europeos audaces que la hollaron y se mantuvo ajena y callada hasta que la redescubri\u00f3 la expansi\u00f3n capitalista del siglo XIX, con sus ojos angurrientos. Caucheros,&nbsp;<em>garimpeiros&nbsp;<\/em>buscadores de oro y piedras preciosas, mineros, madereros de la caoba, recolectores de casta\u00f1as, misioneros, bot\u00e1nicos piratas de los laboratorios ansiosos por patentar hierbas no documentadas, ganaderos y agricultores se fueron deslizando en sus adentros, con poco disimulo y un tanto de desamor por la vida que lat\u00eda en sus entra\u00f1as desconocidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Cay\u00f3 el imperio de Pedro II y, en medio del entusiasmo republicano y el cientificismo positivista, el Mariscal C\u00e1ndido Rond\u00f3n -que fue llamado el&nbsp;<em>militar pacifista-<\/em>&nbsp;dio vuelta la percepci\u00f3n de la otredad ind\u00edgena.&nbsp;&nbsp;C\u00e1ndido Mariano da Silva Rond\u00f3n naci\u00f3 pobre y caboclo -simplifiquemos en mestizo- en un pueblito del Mato Grosso, de madre india bororo y padre de enredadas ascendencias afroamericanas y portuguesas, de manera que la carrera militar era su \u00fanica posibilidad de acceder al estudio.<\/p>\n\n\n\n<p>Era el tiempo en que la dirigencia brasile\u00f1a de la costa Este se dio cuenta de que hab\u00eda un extenso Brasil para descubrir y usufructuar. As\u00ed pues emprender\u00eda la segunda conquista y colonizaci\u00f3n, ansiosa por sentar reales en las comarcas que vengo describiendo.<\/p>\n\n\n\n<p>C\u00e1ndido Rond\u00f3n fue llamado a ocuparse del tendido del moderno tel\u00e9grafo hacia Cuiab\u00e1 y as\u00ed fue que se adentr\u00f3 en aquellas tierras ignotas y salvajes, acarreando insumos, comandando soldados y operarios, sin descuidar observaciones geogr\u00e1ficas y cient\u00edficas, montado en pesadas carretas o a lomo de mula o a pie o embarcado en chalupas que se estrellaban en las rocas s\u00fabitas de los r\u00e1pidos, mientras los hombres desnudos pispiaban con recelo la invasi\u00f3n de su mundo y los m\u00e1s guerreros, incluidos los Bororo, cuyos genes bailoteaban en los cromosomas del propio Rondon, atacaban con sus flechas de puntas envenenadas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La novedad que aport\u00f3 Rond\u00f3n fue tener clara la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre el avance indefectible de la tribu blanca y los derechos de las naciones originarias que poblaban la selva.&nbsp;<em>Morir si fuera necesario, matar nunca<\/em>&nbsp;fue la frase con la que encar\u00f3 su modo de acercamiento, dejando la voluntad de integraci\u00f3n a criterio de las comunidades ind\u00edgenas, en los tiempos que consideraran necesarios. Se acab\u00f3, al menos para \u00e9l y para el Estado, la modalidad tradicional de atropellarlos a sangre y fuego, envenenarles los manantiales o el aguardiente que iba de regalo, dejarles como al descuido la camisa de un enfermo de sarampi\u00f3n para que un indio incauto se la probara y contagiara a toda una aldea que morir\u00eda sin remedio. Eran las maneras de despejar la tierra cuando ya la esclavitud hab\u00eda dejado de ser negocio.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00e9pocas de Getulio Vargas se inici\u00f3 la&nbsp;<em>marcha hacia el Oeste<\/em>&nbsp;con la expedici\u00f3n a la Sierra del Roncador y la cuenca del r\u00edo Xing\u00fa. En esa caravana se enrolaron los hermanos Villas-Boas que, al tiempo, no solo mostraron el atrevimiento y la templanza necesarios para quedar al frente de la empresa sino que el trato con las etnias contactadas a todo lo largo de aquella aventura les revel\u00f3 nuevas l\u00f3gicas para concebir el mundo ind\u00edgena.<\/p>\n\n\n\n<p>La propuesta de Getulio era la integraci\u00f3n y el desarrollo econ\u00f3mico de esas zonas del interior mediante el asentamiento de colonias agr\u00edcolas. Pero los hermanos Villas-Boas se hab\u00edan asombrado ante la realidad de las naciones descalzas que habitaban la selva; hab\u00edan descubierto mundos con otras identidades, con valores propios y \u00e9ticas diferentes, culturas distintas y fascinantes asidas a una historia inconcebible por inc\u00f3gnita. M\u00e1s a\u00fan, entrevieron con el rabillo del ojo que, desde el gobierno, no se podr\u00eda controlar las invasiones privadas a las tierras que ellos habitaban desde que bajaran del arca de su propio No\u00e9, y no les falt\u00f3 raz\u00f3n. Entendieron que los derechos del indio no estaban en la integraci\u00f3n indefectible y la consecuente aculturaci\u00f3n que los convert\u00eda en ciudadanos de segunda clase destinados al trabajo manual, como decantaba la propuesta de Rond\u00f3n, sino que les ofrecieron mantener sus formas de vida y la sustentabilidad de sus culturas.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el apoyo del propio Mariscal Rond\u00f3n, de intelectuales como el antrop\u00f3logo Darcy Ribeiro y el m\u00e9dico sanitarista Noel Nutel, Orlando Villas-Boas logr\u00f3 del corto presidente J\u00e2nio Quadros, en 1961, la concreci\u00f3n del Parque Nacional del Xing\u00fa: 27.000 kil\u00f3metros cuadrados a donde se invit\u00f3 a trasladarse a las comunidades ind\u00edgenas que as\u00ed lo quisieran, para vivir cuidadas y protegidas. Claudio Villas-Boas se instal\u00f3 por diez a\u00f1os en el Xing\u00fa mientras su hermano Orlando consegu\u00eda los fondos y organizaba la log\u00edstica necesaria para semejante -bienintencionado- emprendimiento.<\/p>\n\n\n\n<p>A mediados de los a\u00f1os cincuenta los relatos y las fotos de los Villas-Boas desfilaban por los medios. Navegaban r\u00edos incomprensibles, abrazaban indios emplumados que tocaban su flauta de bamb\u00fa o tensaban el arco para flechar un pez que nadaba invisible bajo el agua. Sopetones imprevistos con hombres pintados que brotaban de repente de entre la hojarasca, empu\u00f1ando sus lanzas, flasheaban la mente adolescente de Sydney Possuelo y rebasaban su sed de aventuras. Con apenas diecis\u00e9is a\u00f1os, Sydney no dud\u00f3 en tocar todos los d\u00edas a la puerta de la casa de los Villas-Boas en San Pablo hasta que alguno de ellos volviera de la selva, lo recibiera y \u00e9l pudiera meterse en sus vidas. As\u00ed empez\u00f3 la aventura de este \u00faltimo sertanista rom\u00e1ntico, trabajando de che pibe para los Villas-Boas. Como todos los nombres que he citado en esta historia, el coraz\u00f3n de Sydney, buscando la aventura de la selva, fue tocado por el indio. Cuando la&nbsp;<em>Fundaci\u00f3n Nacional del Indio<\/em>&nbsp;remplaz\u00f3 al&nbsp;<em>Servicio de Protecci\u00f3n al Indio<\/em>&nbsp;creado por Rond\u00f3n, Sydney ocup\u00f3 su lugar de funcionario en Brasilia y lleg\u00f3 a presidirla. Guarda recuerdos que marcan la evoluci\u00f3n de su pensamiento, como cuando, en su car\u00e1cter de especialista en primeros contactos, debi\u00f3 intervenir ante los Arar\u00e1s -un pueblo que se cre\u00eda desaparecido- porque atacaban a flechazos a los trabajadores de la carretera transamaz\u00f3nica o cuando un grupo de la etnia metyktire, que hab\u00eda elegido continuar viviendo como lo hab\u00edan hecho sus antepasados, debi\u00f3 trotar por la selva durante varios d\u00edas, para escapar de las balas de madereros y acercarse a una aldea de antiguos hermanos que hab\u00edan preferido integrarse, para pedir ayuda. Podr\u00edan haber sido exterminados sin que el mundo se enterara de que exist\u00edan.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Sydney se hizo cargo de que muchas poblaciones nativas a\u00fan no contactadas tienen su propio proyecto de vida, alejadas de la tribu blanca, y cre\u00f3 para ellas el&nbsp;<em>Departamento de Ind\u00edgenas Aislados<\/em>. Desde 1987 pas\u00f3 del contacto al no contacto, a la protecci\u00f3n, a reconocerles su derecho al aislamiento como la mejor manera de preservarlos y, m\u00e1s a\u00fan, su derecho a un reconocimiento pol\u00edtico y jur\u00eddico por parte de los Estados nacionales, a la propiedad colectiva de sus territorios, de sus recursos, de sus genes, de sus conocimientos culturales as\u00ed como el acceso a la distribuci\u00f3n equitativa de los beneficios que producen esos mismos conocimientos culturales. Parece tan l\u00f3gico, \u00bfno? La informaci\u00f3n sobre sus vidas, su din\u00e1mica social y sus pr\u00e1cticas culturales es escasa o inexistente porque su misma b\u00fasqueda vulnerar\u00eda su derecho al aislamiento o hasta podr\u00eda producir efectos catastr\u00f3ficos. Se trata de unos \u00e1lguienes que no siempre sabemos si existen, tocarlos es evanescerlos y conocerlos como objeto de estudio conlleva su destrucci\u00f3n. Son el tesoro escondido que la Humanidad guarda casi sin saberlo y reflejan, como en una bola de cristal que fuera espejo del pasado, la historia de nuestra especie. Desde ese&nbsp;<em>Departamento de Ind\u00edgenas Aislados<\/em>hab\u00eda llegado su amigo Rieli Francescato a Seringueira, al principio de esta nota, para entender por qu\u00e9 los n\u00f3mades aislados del r\u00edo Cautario, a quienes siempre hab\u00eda supervisado desde lejos, ahora se hac\u00edan visibles de este lado de la l\u00ednea que demarca su territorio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me enred\u00e9 en estos devaneos amaz\u00f3nicos recordando las explicaciones de Sydney Possuelo cuando describe las formas de cultivo de roza y quema tal como las practican las comunidades ind\u00edgenas; un peque\u00f1\u00edsimo espacio de bosque que se despeja bajo fuego controlado, se desbroza y se siembra con la ayuda fertilizante de las cenizas. El sembrad\u00edo se repetir\u00e1 hasta que la tierra, con la que viven en estrecha intimidad, les avise que necesita descansar, que es hora de abrir otro espacio, siempre reglado por los permisos que ella les d\u00e9. Porque la tierra sabia le ense\u00f1\u00f3 al indio la p\u00e1gina de la dial\u00e9ctica materialista donde dice que la acumulaci\u00f3n de cambios cuantitativos, inadvertidos y graduales, eclosiona de pronto en el cambio cualitativo, de manera que si no se la cuida, la selva, un d\u00eda, derivar\u00e1 en desierto.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el hombre blanco exportador maneja otras dimensiones de su derecho al fuego. En el descamino que lleva esta nota habr\u00e1 una india con nombre asom\u00e1ndose al borde de la espesura para mirar acongojada los incendios que, para algunos limpian, pero para ella van ahogando su selva, y escuchar\u00e1 la risotada de un pol\u00edtico sin nombre que importe -porque no es m\u00e1s que una de las tantas caras del fascismo neoliberal- diciendo que hay poco indio para demasiada tierra. Agreguemos que, gente de estos tiempos de recuperaciones retr\u00f3gradas, la administraci\u00f3n Bolsonaro ha puesto a un pastor evangelista al frente de la FUNAI, ansioso por hacer contacto con las tribus aisladas para cristianizar sus almas y enderezarlos por el camino de la salvaci\u00f3n como hace quinientos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s ac\u00e1 de la Amazonia no estamos exentos de los parecidos fuegos del negocio agrofinanciero y la especulaci\u00f3n inmobiliaria. En el Pantanal, el humedal m\u00e1s grande del planeta, ubicado en el centro oeste brasile\u00f1o que limita con Paraguay y Bolivia, arden m\u00faltiples focos de incendio. En su mayaor\u00eda originados en propiedades privadas y ayudados por la sequ\u00eda, destruyen la flora y la fauna y con ellas, la sustentabilidad de la vida ind\u00edgena. En las islas argentinas del Delta, en los humedales santafecinos de Jaaukanigas, en los bosques del valle de Punilla, en zonas ribere\u00f1as de Corrientes y Misiones, los fuegos estremecen la biodiversidad y asfixian los pulmones del pr\u00f3jimo expeliendo aires ennegrecidos por las humaredas, requemados o fumigados, espesados de cenizas. Los Ayoreo Totobiegosode &#8211;<em>Gente de la tierra de los cerdos salavajes<\/em>&#8211; van siendo desplazados por las llamas que soplaron y soplan los menonitas y los ganaderos locales y brasile\u00f1os en el Chaco Paraguayo; en el incre\u00edble \u00c1rtico, el fuego de la deforestaci\u00f3n sigue ardiendo sin llama durante un a\u00f1o, ablandando el&nbsp;<em>permafrost<\/em>&nbsp;y dejando escapar el metano que baila en el cambio clim\u00e1tico, da\u00f1os colaterales que el Capital manda a ganancias y p\u00e9rdidas.<\/p>\n\n\n\n<p>Del equilibrio de esa relaci\u00f3n dial\u00e9ctica entre la cantidad y la calidad del fuego depende nuestro camino a la transmodernidad, desde la actual era geol\u00f3gica que estamos viviendo y que Jason Moore dio en llamar&nbsp;<em>capitaloceno<\/em>, haciendo hincapi\u00e9 en que la destrucci\u00f3n del ecosistema planetario no es culpa individual de los seres humanos sino de que todo el trabajo humano y no humano est\u00e1 subordinado a la acumulaci\u00f3n ilimitada del capital, a los mega beneficios desorbitados que enriquecen al uno por ciento de los siete mil millones que somos. Parafraseando a dos que sol\u00edan hablar de econom\u00eda: es la fase superior del capitalismo, est\u00fapido. Y el indio tens\u00f3 el arco, apuntando al hombre blanco, s\u00edmbolo de eso que llamamos Occidente.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/45B637F9-0C6A-4ECD-BF0E-17641CB321D0#_ftnref1\"><sup>[*]<\/sup><\/a>Periodista independiente en\u00a0<em>P\u00e1gina 12<\/em>\u00a0y\u00a0<em>El cohete a la luna<\/em>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fue el mi\u00e9rcoles nueve de septiembre de 2020, como a las cinco de la tarde, cuando la tragedia interrumpi\u00f3 abruptamente el comienzo de esta nota. 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