{"id":3339,"date":"2021-05-25T20:27:34","date_gmt":"2021-05-26T02:27:34","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3339"},"modified":"2021-05-25T20:27:36","modified_gmt":"2021-05-26T02:27:36","slug":"los-amos-invisibles-la-4t-y-las-mentalidades","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3339","title":{"rendered":"LOS AMOS INVISIBLES. LA 4T Y LAS MENTALIDADES"},"content":{"rendered":"\n<p>Visto como un movimiento cultural que cuenta con una expresi\u00f3n electoral y un estado de \u00e1nimo -el obradorismo-, la 4T es el inicio de un cambio de mentalidad. Las forma en que se dirige la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica y las formas en que nos pensamos dentro de una naci\u00f3n desigual han hecho aflorar formas censuradas de la enunciaci\u00f3n de los conflictos. A eso, los medios de comunicaci\u00f3n y los \u201cthink tanks\u201d incrustados en el Estado le han llamado \u201cpolarizaci\u00f3n\u201d. Primero, por supuesto, una idea del futuro social muy distinta al \u00e9xito personal. Esta apertura hacia el futuro como una construcci\u00f3n de lo pol\u00edtico, ha vuelto conflictiva su convivencia con el discurso neoliberal del \u00e9xito medido en dinero, el m\u00e9rito como puro esfuerzo individual, y la realidad como algo inevitablemente traspasado por varias formas de desigualdad. Este surgimiento de nuevas mentalidades va, por supuesto, en contra de la cultura del neoliberalismo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Desde su inicio, con Hayek, el neoliberalismo le ten\u00eda pavor a que alguien decidiera los objetivos sociales. Es un pensamiento del miedo a la pol\u00edtica y al Estado. Por eso opt\u00f3 por elevar a deidad al mercado como un mecanismo que supuestamente se autoregulaba y cuyo desenlace era incierto. La libertad consist\u00eda en ignorar el futuro. M\u00e1s tarde, la escuela de Chicago postul\u00f3 que lo que deber\u00eda tener autoridad sobre el resto de la sociedad era, no ya el mercado, sino su teor\u00eda econ\u00f3mica. Esa teor\u00eda impuls\u00f3 la competencia como deidad, por lo que importaba m\u00e1s la eficacia de resultados en las ganancias que su efecto en las sociedades. As\u00ed, ganar por ganar era la prueba del \u00e9xito social. Todo val\u00eda, hasta la ignorancia estrat\u00e9gica, nombre que se le da a todos los que dicen \u201cno saber\u201d, no haberse enterado de corruptelas, sobornos, da\u00f1os ambientales, despojos, muertes, detr\u00e1s de la acumulaci\u00f3n de ganancias. La competencia es una forma de normalizar la desigualdad porque espera un resultado que divide a todos en ganadores y perdedores. El competidor est\u00e1 obligado a perseguir la inequidad, tiene prohibido cualquier cooperaci\u00f3n o consideraci\u00f3n moral. Adem\u00e1s del acto de ganar, carece de cualquier idea de porvenir. Para los neoliberales, esa competitividad ya no reside en el mercado sino en la personalidad individual del \u201cemprendedor\u201d (ese t\u00e9rmino inventado por Joseph Schumpeter, quien no cre\u00eda en la igualdad entre los seres humanos) y es una situaci\u00f3n permanente, eterna, sin relaci\u00f3n con la justicia ni con la preocupaci\u00f3n moral o social por la crueldad que deja a su paso. Por eso, adem\u00e1s de carecer de proyecto colectivo, conf\u00eda mucho en la amnesia, en descartar el pasado, como si en cada ronda del juego, se olvidara lo que provoc\u00f3 en las pasadas. Cada competencia empieza de cero y no se piensa en las condiciones desiguales en la que est\u00e1n los que no tienen el poder para competir, los perdedores. Por eso, un reclamo de la oposici\u00f3n a la 4T es que \u201ctodo lo justifican con el pasado\u201d, es decir con la corrupci\u00f3n. El futuro tampoco existe. Si acaso, es el \u00edndice de competitividad, es decir, la potencialidad de alg\u00fan d\u00eda ser un ganador.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Max Weber, el desencanto de la modernidad habita en la ciencia positivista y en la burocratizaci\u00f3n; la forma en que la cultura pierde sus valores, creencias e ideales cuando son reducidos a un tipo de c\u00e1lculo que proviene de la econom\u00eda, el famoso costo-beneficio. Nos hemos habituado a que las cantidades, lo medible en n\u00fameros, dominen los argumentos sobre qu\u00e9 debemos hacer como sociedades, individuos, instituciones. Vemos como normal comparar n\u00fameros entre pa\u00edses para evaluar nuestra propia realidad. Todos los d\u00edas dejamos que el n\u00famero de vacunados, contagios, o \u00edndices de inversiones o del Producto Interno Bruto, gu\u00eden el orgullo o la verg\u00fcenza nacionales. El n\u00famero ha terminado por sustituir el juicio sobre qu\u00e9 es lo que se mide y por qu\u00e9. Como si no existieran esferas separadas de lo econ\u00f3mico, todo se eval\u00faa como si fuera un intercambio, todo es costo-beneficio, hasta la muerte. \u201cEl da\u00f1o colateral\u201d fue la expresi\u00f3n m\u00e1xima de esta despreocupaci\u00f3n contable que el sexenio de Calder\u00f3n y su guerra tuvieron con las v\u00edctimas. La tendencia de crecimiento econ\u00f3mico no mide la felicidad ni el n\u00famero de muertos por la pandemia la enfermedad cr\u00f3nica de los pa\u00edses obesos, diab\u00e9ticos, hipertensos. Pero la oposici\u00f3n sigue confiando en las cifras como las ve\u00edan sus abuelos positivistas, como neutrales y fr\u00edas representantes de lo real. Sin ser rec\u00edprocos por el afecto que les tienen los medios y los analistas, los n\u00fameros no han sido sus mejores aliados. Hasta la fecha nadie puede explicar racionalmente c\u00f3mo es que las calificadoras no pudieron advertir que a los fondos de inversi\u00f3n que honraban en el 2008 con una estrellita de buena conducta, eran la basura financiera que estall\u00f3 en una crisis global. En M\u00e9xico, las evaluaciones del \u00e9xito empresarial jam\u00e1s contabilizaban que los contribuyentes les pag\u00e1bamos a las grandes corporaciones los impuestos, las instalaciones, y hasta la luz. El costo social de tener millonarios en las listas de&nbsp;<em>Forbes<\/em>&nbsp;se convirti\u00f3 en algo inconmensurable. Ante la inmensidad de lo que nos cost\u00f3 a todos la corrupci\u00f3n a gran escala, la oposici\u00f3n nos quiso hacer creer que la compra de un avi\u00f3n presidencial equival\u00eda a la mordida de un conductor a un polic\u00eda. Ah\u00ed dejaban de importar las cuantificaciones. Pero quiz\u00e1s lo que m\u00e1s les molesta son \u201clos otros datos\u201d, es decir, no s\u00f3lo los que no pudo sumar la Auditor\u00eda Superior en el caso del vano aeropuerto de Texcoco, sino en las \u00e1reas en que usar las mediciones propias de la econom\u00eda no sirven: valores, creencias, ideales. Eso que a la oposici\u00f3n le suena a metaf\u00edsica y que, en efecto, lo es.<\/p>\n\n\n\n<p>El proyecto de sustituir a la pol\u00edtica por la administraci\u00f3n experta y a los juicios por los n\u00fameros fracas\u00f3 cuando el Estado volvi\u00f3 a hablar de inter\u00e9s nacional y prioridades para compensar la peligrosa desigualdad. Cuando estuvo en el poder como \u201cmodernizaci\u00f3n\u201d o como Pacto por M\u00e9xico, hab\u00edan creado una simbiosis funcional: el Presidente deb\u00eda comportarse como CEO de una corporaci\u00f3n llamada, por mercadotecnia, \u201cM\u00e9xico\u201d, y los CEO\u00b4s se dedicaban a la planeaci\u00f3n de una econom\u00eda que era s\u00f3lo para unas cuantas familias. El discurso neoliberal no tuvo para la mayor\u00eda de la poblaci\u00f3n una experiencia positiva. El \u201cderrame\u201d econ\u00f3mico nunca ocurri\u00f3 y los salarios bajos se presentaban como la \u00fanica forma de competir; nuestra \u201cventaja comparativa\u201d era el empobrecimiento. El cambio de coordenadas que signific\u00f3 la victoria electoral del lopezobradorismo hizo que los convidados de piedra hicieran su entrada en la pol\u00edtica. La oposici\u00f3n vio en ello algo llamado \u201cpolarizaci\u00f3n\u201d, es decir, lo que, en cualquier democracia, es que los conflictos se expresen de una forma p\u00fablica, que haya m\u00e1s de una sola voz expresando lo que se entiende por el pa\u00eds. Ellos, que desde hac\u00eda tres d\u00e9cadas, dec\u00edan c\u00f3mo deb\u00edan ser los negocios, se toparon con algo desconocido: la pol\u00edtica. Y se han tardado en entender que lo contrario a \u00e9sta, no es la econom\u00eda y sus mediciones, sino lo eterno.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estamos parados en un punto de inflexi\u00f3n de la cultura en el que se vislumbra el debilitamiento del individualismo y un cierto auge del inter\u00e9s por lo pol\u00edtico. Este arco que va del \u201cyo\u201d al \u201cnosotros\u201d ampl\u00eda la visi\u00f3n que nos dej\u00f3 el neoliberalismo con el dogma de que \u00e9ramos competidores solitarios, es decir, \u201canimales econ\u00f3micos\u201d. Hay muchas \u00e1reas de nuestra cultura que no se pueden simplificar al costo-beneficio y eso es lo que parece que empieza a iluminarse. Sin duda, lo pol\u00edtico no resuelve nuestra conflictividad pero s\u00ed la hace comunicable, a diferencia de lo econ\u00f3mico en donde la competencia es sorda. Para competir, hay que ser amoral y ocultar tus ventajas.<\/p>\n\n\n\n<p>En general, el neoliberalismo desconf\u00eda de la pol\u00edtica porque cree en un mecanismo \u201cinvisible\u201d llamado mercado. Es un lugar m\u00e1gico donde confluye todo mundo en igualdad de circunstancias, desde cero, armado tan s\u00f3lo de su propio inter\u00e9s. Una vez ah\u00ed, el resultado es una auto-regulaci\u00f3n, no s\u00f3lo de los recursos, sino de los fines de \u00e9stos. As\u00ed, los compradores dejan de comprar lo que no les satisface y los vendedores se adaptan. La idea del mercado feliz marc\u00f3 a la pol\u00edtica neoliberal: los ciudadanos eran consumidores y ten\u00edan empleados, no representantes. Lo pol\u00edtico se malentendi\u00f3 como un mercado m\u00e1s y, para competir, se usaron todas las inmoralidades para ganar. As\u00ed como la competencia, la obligaci\u00f3n de ganar, y la eficacia para lograr utilidades cada vez mayores, acab\u00f3 en el desastre econ\u00f3mico del 2008, la pol\u00edtica vista como mercado termin\u00f3 concentrando el poder en dos partidos &#8212;ahora aliados&#8212;, anverso de las corporaciones dominantes. Y le otorg\u00f3 el mismo peso a los ciudadanos que a los compradores: consumir la nueva mercanc\u00eda, la mejor publicitada, o dejar de hacerlo si no te gustaba. La cultura del \u201clike-unlike\u201d se hizo hegem\u00f3nica. Pero la instituci\u00f3n del conflicto, la representaci\u00f3n pol\u00edtica, la soberan\u00eda o la legitimidad, nada tienen que ver con ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hay leyes del mercado, no hay gobiernos soberanos, porque s\u00f3lo pueden adaptarse a sus dictados. As\u00ed, para el neoliberalismo radical, el de von Mises &#8212;ni siquiera Hayek y por supuesto Karl Popper fueron tan extremos&#8212; s\u00f3lo hay democracia en el intercambio de mercanc\u00edas. Es un pensamiento desencantado. Los humanos tenemos capacidades muy limitadas para entendernos en algo que no sea un precio y, adem\u00e1s, somos presas de nuestro propio inter\u00e9s. Esto explica por qu\u00e9 la insistencia antidemocr\u00e1tica de la actual oposici\u00f3n en M\u00e9xico. La instauraci\u00f3n del neoliberalismo comienza con Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, cuyo poder no tiene una legitimidad democr\u00e1tica. Ahora que el Presidente L\u00f3pez Obrador, es electo y apoyado por amplia mayor\u00eda, se insiste en que es un \u201cdictador\u201d. Esto viene de su lectura dogm\u00e1tica de los pensadores neoliberales, de los \u201cdue\u00f1os del universo\u201d, seg\u00fan la novela de Tom Wolfe. Para Hayek, \u00abno era la fuente del poder, sino la limitaci\u00f3n del poder lo que evita que sea arbitrario\u00bb. Por lo tanto, el mero control democr\u00e1tico general, como con Mises, no evitar\u00eda el abuso del poder coercitivo. Pero fueron m\u00e1s all\u00e1: no s\u00f3lo el mercado econ\u00f3mico era lo \u00fanico democr\u00e1tico sino que era un foro de la libertad. De ah\u00ed, no sorprende que, en 1976, la Suprema Corte de Estados Unidos haya considerado al financiamiento privado de las campa\u00f1as electorales como \u201clibertad de expresi\u00f3n\u201d. El dinero como comunicaci\u00f3n, la libre manifestaci\u00f3n de las corporaciones, desdibuj\u00f3 la idea de que los neoliberales defend\u00edan la democracia. De hecho, en su teor\u00eda no existe &#8212;como c\u00e9lebremente dijo Margaret Thatcher&#8212; algo llamado \u201ccomunidad\u201d, s\u00f3lo y, si acaso, parientes y algunos vecinos. Por eso, tambi\u00e9n la oposici\u00f3n mexicana que reedita ahora el Pacto por M\u00e9xico no puede hablar desde el \u201cinter\u00e9s general\u201d sin referirlo a una experiencia individual. Se toma un caso particular, un detalle, una an\u00e9cdota personal para desacreditar todo un proceso. Una jeringa no vaciada desautoriza toda la campa\u00f1a de vacunaci\u00f3n contra el Covid; un puro costoso en las manos de un delincuente reci\u00e9n salido de la c\u00e1rcel, la lucha contra la corrupci\u00f3n; un logotipo, a un nuevo aeropuerto en construcci\u00f3n. El \u201cno me gusta\u201d se disfraza de opini\u00f3n pol\u00edtica y hasta de an\u00e1lisis. La oposici\u00f3n no puede pensar m\u00e1s all\u00e1 de su fuero interno, sus apetitos, sus aspiraciones personales: \u201c\u00bfy yo?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El individuo del neoliberalismo es solitario: est\u00e1 obligado a elegir con base en una racionalidad que es su propio inter\u00e9s y esperar a salir beneficiado de un intercambio. No conoce los dolores de los otros; le est\u00e1 vedada la compasi\u00f3n, algo que el fundador del liberalismo, Adam Smith, hubiera echado de menos en una persona decente. El lenguaje de la ganancia, la eficiencia y el consumo reemplaz\u00f3 al de la ciudadan\u00eda, la solidaridad y el servicio p\u00fablico. El votante de esta posici\u00f3n neoliberal se extrav\u00eda en el misterioso espacio pol\u00edtico donde todo es conflicto. Quisiera \u201cque todos se pongan a trabajar\u201d, es decir, que lo dejen en paz para cumplir con lo que se espera de \u00e9l o ella: trabajar duro y aplicar el talento para lograr el \u00e9xito. Aunque abajo est\u00e9 lo informal y arriba las corporaciones que siempre ganan. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSon pobres porque quieren y, si les indignan los super-millonarios, es que les tienen envidia\u201d. La idea de que basta con el esfuerzo y el talento para subir la escalera social se promovi\u00f3 como algo tan evidente que no necesitaba comprobaci\u00f3n en la realidad. Fue la \u00fanica forma que tuvieron las \u00e9lites para defender la monstruosa concentraci\u00f3n de la riqueza en cada vez menos. De ah\u00ed se sucedieron ideas cada vez m\u00e1s humillantes: los de arriba merecen su \u00e9xito y los de abajo su propio fracaso; el talento es algo innato y merece ser recompensado; las credenciales universitarias, los doctorados en las paredes, son clara evidencia de superioridad sobre los que no las tienen; el valor de una persona, su contribuci\u00f3n a la sociedad, se mide por el precio de los bienes o servicios que vende. Durante los a\u00f1os del neoliberalismo, cuando se trat\u00f3 de discutir sobre justicia social, es decir, qu\u00e9 nos debemos unos a otros como ciudadanos, el debate se deslegitim\u00f3 con dos tipos de desprecio: la justicia social la definen los expertos \u201cneutrales\u201d en asuntos econ\u00f3micos que no entienden los ciudadanos comunes y, por lo tanto, no pueden tener opini\u00f3n sobre ellos y, segundo, que la eficacia para competir, el logro, el \u00e9xito, es una forma de la justicia. As\u00ed, hoy tenemos a los menos desfavorecidos creyendo que su posici\u00f3n es producto de su esfuerzo y talento innato, y a los m\u00e1s ignorados pensando que no se han esforzado lo suficiente. Los ricos y pobres pasaron a ser ganadores y perdedores; arrogantes y envidiosos. Confundir la desigualdad con una emoci\u00f3n nos devuelve a la ficci\u00f3n de que el lugar que ocupamos en la sociedad es una responsabilidad individual y no, como la realidad lo grita, de las condiciones y, en buena medida, de la suerte o el infortunio de haber nacido en ese lugar. \u201cTengo lo que merezco\u201d significa que los millonarios son m\u00e1s esforzados y talentosos que los pobres que son, si acaso, indolentes. Con esa idea se cre\u00f3 una fractura no s\u00f3lo en cuanto a la riqueza sino en la dignidad del trabajo, el reconocimiento social de la mayor\u00eda, lo que evaluamos como valioso en cada uno de los ciudadanos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Digo esto porque el discurso ideol\u00f3gico de la derecha tiene como base el infundir el miedo a que unos inmerecedores del privilegio que yo he obtenido con mi esfuerzo y talento, vengan a quit\u00e1rmelo. No importa si ese privilegio es tener lo m\u00ednimo indispensable o gozar de las condonaciones a mis impuestos, hay que defenderlo de los envidiosos. En el centro del miedo est\u00e1 la duda impensable para muchos de que el mundo est\u00e9 organizado con base en la suerte y el azar. Si as\u00ed fuera, no podr\u00eda justificar ante nadie que el precio que se paga por mis servicios o bienes no sea mi valor como persona. Supongo que esa duda le asalta al due\u00f1o del casino cuando se atreve a comparar sus ganancias con el salario de una enfermera. Pero prefiere no pensarlo y, mejor, atrincherarse en la idea de que \u00e9l tuvo el talento de ver una oportunidad en el mercado que la enfermera no vio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Si mi lugar fuera por el azar del pa\u00eds, la regi\u00f3n, la familia, la escuela, y el trabajo, entonces habr\u00eda que estar agradecido con \u00e9l, no sentirse arrogante con las cartas que te han tocado. Pero no es as\u00ed, la cultura neoliberal engendr\u00f3 una ficci\u00f3n sobre la humillaci\u00f3n colectiva que pens\u00f3 a la sociedad como una competencia entre gente que viene de cero, del \u201cpiso parejo\u201d, y cuyos destinos s\u00f3lo pueden ser ganar o perder. Jam\u00e1s se cuestion\u00f3 si los talentos que premiaba con comisiones o salarios se correspond\u00edan m\u00e1s con la desigualdad previa a la competencia que con los \u201cm\u00e9ritos\u201d individuales o el supuesto esfuerzo recompensado. Haberlo hecho habr\u00eda significado que los \u201cganadores\u201d pensaran en qu\u00e9 le deb\u00edan a los dem\u00e1s, es decir, en alguna idea de justicia, y no en celebrar su eficacia amoral en el mercado. A esto, el fil\u00f3sofo Michael Sandel le llam\u00f3 \u201cla Providencia sin Dios\u201d, donde uno no s\u00f3lo siente que sus \u00e9xitos son auto-provocados sino que hay una designaci\u00f3n divina en ellos. Es decir, que los ricos merecen m\u00e1s que los pobres porque su propia riqueza es signo de ese merecimiento. El discurso del m\u00e9rito se muerde la cola. La recompensa coincide con el m\u00e9rito, la salvaci\u00f3n es algo que te ganas; la desgracia es falta de esfuerzo, tu destino es fruto de lo que no hiciste bien. Se moraliz\u00f3 el \u00e9xito y el fracaso. Todo esto dicho en un contexto donde la \u00fanica movilidad social era para abajo -sin importar que te esforzaras y jugaras con las reglas-, donde los magnates del lujo ex\u00f3tico se paseaban por los medios exhibiendo sus riquezas al mismo tiempo que confesaban que eran como todos los dem\u00e1s, normales, esforz\u00e1ndose desde un puesto de tacos a fuera de un estadio de futbol que ahora poseen o desde un garaje con computadoras usadas. Sus millones eran por \u201cinnovar\u201d, por estar vigilantes a las oportunidades, por ser inclementes con los competidores. Algunos hasta llegaron a inventar una supuesta biolog\u00eda del \u201cgen ego\u00edsta\u201d, que hac\u00eda de algunos m\u00e1s astutos y al resto nos condenaba a revolcarnos en nuestra falta de innovaci\u00f3n. Hab\u00eda que ayudar con filantrop\u00eda -jam\u00e1s con programas sociales que universalizan la indolencia- a quienes, siendo pobres, morenos, o mujeres, se ajustaban al criterio del talento. Ese que decide que el due\u00f1o del casino gane m\u00e1s que una enfermera.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy sabemos que la ficci\u00f3n de la movilidad social no hizo sino enmascarar las desigualdades. Pensar que somos como sociedad una escalera con pelda\u00f1os que se suben con ingenio y esfuerzo, signific\u00f3 un enga\u00f1o individualista que evit\u00f3 el debate p\u00fablico sobre la justicia social y el inter\u00e9s general. Hay que empezar por la pregunta que Sandel hace a sus alumnos en Harvard:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>-Si antes de nacer no supieras si ibas a crecer en un hogar rico o en uno pobre, \u00bfqu\u00e9 tipo de sociedad elegir\u00edas?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Decir \u201cthink tank\u201d lo remite a uno a un tanque de guerra y a un estanque de acuario. Ah\u00ed dentro se a\u00edslan del mundo unas cuantas ideas. Separadas del resto, es mucho m\u00e1s lo que ignoran que lo que pueden explicar. En los inicios del neoliberalismo, el estanque fue la organizaci\u00f3n de Friedrich Hayek, von Mises, y Milton Friedman llamada Sociedad Mont Pelerin que se reuni\u00f3 por primera vez en 1947. En esos d\u00edas era tan s\u00f3lo la cristalizaci\u00f3n de la utop\u00eda del libre mercado y la competencia, dos cosas que se regulaban misteriosamente y que requer\u00edan la ignorancia de sus partes para actuar. Este primer grupo de economistas, periodistas, y directores de universidades fue financiado, hoy sabemos, por corporativos como General Electric, Du Pont, General Motors, y la cervecera Coors. Con el dinero a la vista, muy pronto las sociedades tipo Mont Pelerin se multiplicaron dentro de las universidades de Inglaterra y Estados Unidos; los acuarios se convirtieron en blindados de combate: se constituyeron en consultoras que se vend\u00edan entre los gobiernos que buscaban darle un aire de cientificidad a sus pol\u00edticas p\u00fablicas, como por ejemplo, los criterios inamovibles de una econom\u00eda \u201csana\u201d o de un \u00edndice de \u201ccompetitividad\u201d. As\u00ed, una parte de la academia fue consumida por su propia idea de competir y ganar. Al final, se fosilizaron en dogmas y crearon una red que enlaz\u00f3 a la \u00e9lite corporativa global con los funcionarios de gobierno, y obtuvieron a cambio dinero e influencia pol\u00edtica. Desde la ilusoria neutralidad de la ciencia econ\u00f3mica o estad\u00edstica, forjaron los criterios invariables y eternos que jusfificaron lo ya existente, y lo vendieron como pol\u00edtica p\u00fablica. Nadie los eligi\u00f3 para tal posici\u00f3n y mucho menos se transparentaron sus financiamientos. Todas las ideas que quedaron fuera del \u201ctanque\u201d fueron tachadas de pre-modernas, nacionalistas, totalitarias, no-cient\u00edficas. Curiosamente, tachadas de ignorantes, cuando lo que permit\u00eda el dogma neoliberal era excluir lo que no fuera la justificaci\u00f3n, ya no del mercado, sino del \u00e9xito medido en dinero, obtenido como fuera.<\/p>\n\n\n\n<p>La idea del neoliberalismo como \u201cciencia\u201d engendr\u00f3 varios monstruos. Uno de los m\u00e1s perniciosos fue el que la realidad s\u00f3lo era lo medible. Las cantidades adquirieron una relevancia cultural sin precedentes como \u00fanica fuente de verdad y, en su versi\u00f3n m\u00e1s obtusa, de neutralidad. Qu\u00e9 miden y c\u00f3mo nos representan los modelos y sus mediciones se esconde en la supuesta dureza de las cifras. La econometr\u00eda y la estad\u00edstica hicieron de los n\u00fameros una especie de poder soberano incuestionable, mientras, al mismo tiempo, los neoliberales recurr\u00edan a razones no-matem\u00e1ticas para justificar su \u00e9xito: la psicolog\u00eda del emprendedor o la \u201cvisi\u00f3n\u201d empresarial, el \u201cliderazgo\u201d. Lo que hicieron las teor\u00edas neoliberales y las metodolog\u00edas estad\u00edsticas fue crear un mundo compartido s\u00f3lo para acad\u00e9micos, empresarios, pol\u00edticos y analistas de la prensa, la radio y la televisi\u00f3n. En ese estanque se entend\u00edan y, mientras censuraban el resto de las ideas, aumentaban su ignorancia calculada contra todo lo que no justificara lo ya existente. Un ejemplo de esa ignorancia estrat\u00e9gica fue la \u201cutilidad marginal\u201d que justifica que el 1 % de la \u00e9lite acumule el 99% de la riqueza, de la misma manera en que los diamantes son m\u00e1s caros que el agua. El especulador financiero contribuye m\u00e1s al valor de la econom\u00eda que un agricultor. La desigualdad se confirma en el modelo matem\u00e1tico.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro monstruo fue el de una idea formalista de la democracia. En muchos pa\u00edses, como M\u00e9xico, la idea que se implant\u00f3 con \u201ctanques\u201d, cursos universitarios, y hasta en los institutos encargados de las elecciones, fue que la democracia no pod\u00eda ser m\u00e1s que un conjunto de reglas, sin contenido pol\u00edtico. Era la visi\u00f3n estrecha de la filosof\u00eda del derecho enunciada como mandamiento divino desde la Universidad de Tur\u00edn. Aterrorizada por las mayor\u00edas y la participaci\u00f3n ciudadana, la democracia de leyes y reglamentos justific\u00f3 a su manera lo ya existente: partidos, elecciones peri\u00f3dicas, tipos de representaci\u00f3n, resultados. Meti\u00f3 la cabeza en lo jur\u00eddico para no ver las desigualdades sociales, las emociones pol\u00edticas, y los fraudes a la voluntad ciudadana. La democracia de reglamentos es una tecnocracia. La pol\u00edtica como indignaci\u00f3n moral o esperanza no viene en el manual de procedimientos, por lo que califica de \u201cpopulismo\u201d la mera enunciaci\u00f3n de los conflictos en una sociedad. Decir que hay desigualdad genera \u201cpolarizaci\u00f3n\u201d, seg\u00fan esta visi\u00f3n burda, de la misma forma como decir que existe el racismo es racista. De ah\u00ed a la idea de que s\u00f3lo \u201clos que saben\u201d deber\u00edan de poder votar y ser votados hay s\u00f3lo un inciso. Es tecnocr\u00e1tico el pensar que s\u00f3lo la \u00e9lite con credenciales universitarias deber\u00eda gobernar o que las emociones detr\u00e1s de todo sufragio est\u00e1n mal porque se debe votar de acuerdo al modelo racional que nos dice cu\u00e1les son nuestros verdaderos intereses y deseos. Con un modelo de democracia basado casi exclusivamente en ignorar lo pol\u00edtico, es decir, el conflicto manifiesto, los \u201ctanques\u201d se dedican a medir la \u201ceficacia\u201d de las pol\u00edticas p\u00fablicas con criterios que ellos mismos dise\u00f1aron.<\/p>\n\n\n\n<p>Rara vez la ignorancia de la mayor\u00eda es tan perjudicial como la de la \u00e9lite. \u00c9sta posee miles de canales de distribuci\u00f3n cultural, desde los \u201ctanques\u201d hasta los expertos, y es un arma de poder. Lo que no se dice, desdibuja su modelo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>V<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este regreso de lo pol\u00edtico y sus conflictos expresados p\u00fablicamente ha resituado en las mentalidades de la 4T lo que el neoliberalismo desech\u00f3 como pre-moderno y atrasado: la naci\u00f3n, el inter\u00e9s general y el Estado. Eso reinserta a los individuos en un \u00e1mbito colectivo, en una imaginaci\u00f3n del arraigo, en una nueva ficci\u00f3n de la pertenencia al pa\u00eds. No es un \u201cnuevo nacionalismo\u201d, como han asegurado sin analizarlo algunos cr\u00edticos, sobre todo desde las izquierdas comunitarias, por la simple raz\u00f3n de que ahora el arraigo es un procedimiento que pasa por lo pol\u00edtico, no por la ausencia de \u00e9l. En vez de ser la repetici\u00f3n de celebraciones, estatuas y f\u00f3rmulas ret\u00f3ricas que hizo el viejo r\u00e9gimen, ahora el procedimiento de pertenencia es el reconocimiento social de las desigualdades: el racismo como una estructura invisible de poder sobre la apariencia, la pobreza como abandono de las labores esenciales del Estado, la corrupci\u00f3n como develamiento de la riqueza ileg\u00edtima, la historia como un pasado cuyos eventos ameritan pedir perd\u00f3n. Es cierto que la sola enunciaci\u00f3n de los conflictos no los resuelve, sino que le da una nueva dimensi\u00f3n emotiva a lo pol\u00edtico como imaginaci\u00f3n instituyente y a la pol\u00edtica como administraci\u00f3n instituida. Esas nuevas mentalidades se ponen en marcha al ser enunciadas y expanden la idea de lo que significa ser mexicanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Visto como un movimiento cultural que cuenta con una expresi\u00f3n electoral y un estado de \u00e1nimo -el obradorismo-, la 4T es el inicio de un cambio de mentalidad. Las forma en que se dirige la imaginaci\u00f3n pol\u00edtica y las formas en que nos pensamos dentro de una naci\u00f3n desigual han hecho aflorar formas censuradas de &#8230; <a title=\"LOS AMOS INVISIBLES. LA 4T Y LAS MENTALIDADES\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3339\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre LOS AMOS INVISIBLES. 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