{"id":3788,"date":"2023-04-13T20:52:52","date_gmt":"2023-04-14T02:52:52","guid":{"rendered":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3788"},"modified":"2023-04-13T23:50:45","modified_gmt":"2023-04-14T05:50:45","slug":"las-trabajadoras-sexuales-y-la-disputa-por-el-estado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=3788","title":{"rendered":"LAS TRABAJADORAS SEXUALES Y LA DISPUTA POR EL ESTADO"},"content":{"rendered":"\n<p>La lucha feminista en Am\u00e9rica Latina ha sumado victorias sin precedentes en los \u00faltimos a\u00f1os, entre las que destaca la despenalizaci\u00f3n del aborto a nivel federal o local en diversos pa\u00edses del continente. Esto tiene un significado may\u00fasculo porque representa la conquista de una mayor autodeterminaci\u00f3n y democracia para las mujeres latinoamericanas, y especialmente para sus sectores populares.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, algo que ha fragmentado severamente al movimiento es el debate en torno a la prostituci\u00f3n y los derechos de las trabajadoras sexuales<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>, que en t\u00e9rminos de estrategia suele reducirse a la discusi\u00f3n regulacionismo&nbsp;<em>vs&nbsp;<\/em>abolicionismo.&nbsp;Lejos estamos de llegar a los mismos consensos en el tema del trabajo sexual que hemos logrado alcanzar con el aborto. Y aunque ambas cuestiones se vinculan con la sexualidad y la lucha por la autodeterminaci\u00f3n de nuestros cuerpos, para muchos sectores del feminismo las trabajadoras sexuales no tienen derecho a decir \u201cmi cuerpo es m\u00edo, yo decido\u201d. M\u00e1s a\u00fan: algunas feministas, especialmente algunas ramas de las denominadas \u201cabolicionistas\u201d, consideran a las trabajadoras sexuales unas \u201cproxenetas\u201d (Galindo y S\u00e1nchez, 2007). Suman as\u00ed, como se\u00f1ala Paula S\u00e1nchez, una capa m\u00e1s a la estigmatizaci\u00f3n de estas trabajadoras, ya de por s\u00ed consideras unas \u201cviciosas, pecadoras, delincuentes o v\u00edctimas\u201d (2019), lo que ocasiona su marginaci\u00f3n sistem\u00e1tica de espacios de lucha.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a ello, putas feministas como las organizadas en la Asociaci\u00f3n de Mujeres Meretrices de la Argentina<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>(AMMAR) responden: \u201cSomos putas. Putas por elecci\u00f3n\u201d (Morcillo y Felitti, 2017). \u00bfY por qu\u00e9 no podr\u00edan serlo?<\/p>\n\n\n\n<p>El abolicionismo tiene sin duda muchas vertientes. Existen, incluso, quienes ya se denominan \u201cabolicionistas disidentes\u201d<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>, sea lo que sea que eso signifique. Pero una vena com\u00fan que parece unir a todas estas posturas, tambi\u00e9n emparentadas con el \u201cprohibicionismo\u201d, es que su an\u00e1lisis de las relaciones entre hombres y mujeres parte de dicotom\u00edas como la de libertad\/cautiverio (Lagarde, 2005) que conducen a un callej\u00f3n sin salida. Desde enfoques como \u00e9ste, generalmente de cu\u00f1o estructuralista o psicoanal\u00edtico, la prostituci\u00f3n representa el&nbsp;&nbsp;grado m\u00e1ximo de dominaci\u00f3n y \u201capropiaci\u00f3n\u201d sobre los cuerpos de las mujeres. Las trabajadoras sexuales son las m\u00e1s cautivas: aquellas que, aunque consientan tener relaciones sexuales por dinero, en realidad son reiteradamente violadas; esto seg\u00fan la&nbsp;&nbsp;teor\u00eda \u201cpol\u00edtica\u201d de Lagarde (Lamas, 2016). En el colmo del paroxismo, las trabajadoras sexuales feministas son, as\u00ed, consideradas v\u00edctimas y victimarias: violadas y proxenetas. Todo al mismo tiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tal reduccionismo es inaceptable, pues deja de lado la agencia de las mujeres y hace parecer a las muchas formas de subordinaci\u00f3n que vivimos como un destino fatal (y eso por m\u00e1s que estas teor\u00edas aseguren distanciarse del esencialismo). No sorprende que su \u00fanica salida, como la de muchas feministas y sectores ultras de izquierda que suscriben este tipo de an\u00e1lisis, sea la abolici\u00f3n del trabajo sexual, pues la cuesti\u00f3n se reduce a \u201cliberar\u201d a los cuerpos de un \u201ccautiverio patriarcal\u201d en las que el \u201cEstado-patriarca\u201d mantiene a las mujeres. Porque, siguiendo a Lagarde, \u201clas mujeres est\u00e1n prisioneras en el Estado\u201d (2005: 157). Cosa que se parece mucho a los an\u00e1lisis chatos de la ultra izquierda sobre el problema del Estado, casi siempre abordado como instrumento o \u201cjunta de administraci\u00f3n\u201d de la burgues\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Es curioso. La consigna \u201cmi cuerpo es m\u00edo\u201d usada en este sentido no soporta la prueba de la realidad concreta. Se vuelve parad\u00f3jica pues, \u00bfacaso la libertad no requerir\u00eda renunciar a ese cuerpo que ha interiorizado la represi\u00f3n en lugar de reclamarlo? Lo bueno que Marx no aplic\u00f3 el mismo criterio con respecto a los trabajadores asalariados, porque entonces habr\u00eda abogado por la inmolaci\u00f3n de los obreros y no por su organizaci\u00f3n.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si el abolicionismo no es la soluci\u00f3n tampoco lo es el regulacionismo. Si bien sus consecuencias no son ni de cerca tan nocivas como el abolicionismo, e incluso puede arrancarle al Estado algunas medidas que logran contener en alg\u00fan grado la violencia que viven las trabajadoras sexuales, el regulacionismo no es una soluci\u00f3n integral. Existe un sector mayoritario, que es el de las trabajadoras migrantes, que siempre queda fuera de los derechos que conquistan estos feminismos. Adem\u00e1s, en algunos casos, suelen recrudecer formas de control sobre el cuerpo de las mujeres (volveremos sobre esto). Ello sin contar que, desde las teor\u00edas casi siempre liberales de estos sectores del feminismo, las mujeres que lo defienden suelen caer en equ\u00edvocos lamentables. Por ejemplo, afirmar que no hay dilema \u00e9tico en el comercio sexual.<\/p>\n\n\n\n<p>Al respecto no dir\u00e9 sino una cosa: y es que no hay que olvidar que toda forma de producci\u00f3n, intercambio o consumo que involucre la forma dinero en el circuito del capital no puede ser, en \u00faltima instancia, \u00e9tica, pues conlleva la explotaci\u00f3n. No por nada el dinero era para Marx&nbsp;<em>el proxeneta<\/em>&nbsp;por excelencia<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>. Justo por eso es que para Alexandra Kollontai (1921) no pod\u00eda existir verdadera igualdad ni solidaridad entre hombres y mujeres en tanto existiera la prostituci\u00f3n. Y claro, aunque las soluciones que propuso la revolucionaria rusa al problema del trabajo sexual hoy resultan insuficientes, por no decir anacr\u00f3nicas, el n\u00facleo de su idea (la producci\u00f3n de nuevas relaciones \u00e9tico-pol\u00edticas entre hombres y mujeres), mantiene su vigencia frente al pragmatismo del regulacionismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Por todo lo anterior creo es necesario indagar en las relaciones hombre-mujer<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>&nbsp;desde una perspectiva relacionista del poder<em>.&nbsp;<\/em>Porque no podemos perder de vista que el problema en torno al trabajo sexual reside en las relaciones sociales de dominaci\u00f3n\/subordinaci\u00f3n y de explotaci\u00f3n entre hombres y mujeres que&nbsp;<em>sustentan&nbsp;<\/em>la existencia de la prostituci\u00f3n como una instituci\u00f3n<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>, misma que constituye un campo de poder. Un campo de poder que involucra a la sexualidad, al cuerpo, al tiempo y al espacio de las trabajadoras sexuales, pero que tambi\u00e9n involucra a todas las mujeres, por ser el \u201cestigma de la puta\u201d (Pheterson, 1996) la ideolog\u00eda dominante que consagra y legitima los poderes masculinos en todos esos \u00e1mbitos. Un campo, por ello, en disputa.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La prostituci\u00f3n es por ello una instituci\u00f3n que no desaparecer\u00e1 por decreto. Pero que, por su naturaleza en las relaciones de sexo y clase, tampoco podr\u00eda mantenerse en una sociedad donde el dinero no sea el mediador por excelencia de las relaciones humanas. As\u00ed, estamos sin duda ante un problema real y de muy dif\u00edcil soluci\u00f3n. Pero el debate regulacionismo&nbsp;<em>vs&nbsp;<\/em>abolicionismo jam\u00e1s otorgar\u00e1 las soluciones que \u00e9ste reclama.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>RELACIONES DE PODER Y TRABAJO SEXUAL<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Diez a\u00f1os antes de que Gayle Rubin escribiera su ensayo autocr\u00edtico intitulado&nbsp;<em>Reflexionando sobre el sexo<\/em>&nbsp;(1989), Nicos Poulantzas ya hab\u00eda planteado el car\u00e1cter pol\u00edtico de los cuerpos. En su \u00faltimo libro,&nbsp;<em>Estado, poder y socialismo<\/em>&nbsp;(en adelante EPS), el te\u00f3rico greco-franc\u00e9s apuntaba que \u201c[&#8230;] el cuerpo no es una simple naturalidad biol\u00f3gica sino una instituci\u00f3n pol\u00edtica: las relaciones del Estado-poder con el cuerpo son mucho m\u00e1s complicadas y extensas que las de la represi\u00f3n\u201d (2014: 28). El cuerpo, desde esta perspectiva, no es ning\u00fan \u201ccautiverio\u201d, sino que es producto de relaciones \u201ccomplicadas y extensas\u201d de dominaci\u00f3n\/subordinaci\u00f3n que son elaboradas, inculcadas y reproducidas por el Estado (Poulantzas, 2014). Sin embargo, el Estado desde la teor\u00eda relacionista del poder, no puede ser abordado como un \u201cEstado-patriarca\u201d ni un \u201cEstado-proxeneta\u201d externo a las luchas e impermeable a ellas. Es un Estado-relaci\u00f3n o, m\u00e1s precisamente, la \u201ccondensaci\u00f3n&nbsp;<em>material y espec\u00edfica<\/em>&nbsp;de una relaci\u00f3n de fuerza entre clases y fracciones de clase\u201d (155: 2014).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Para Poulantzas estas relaciones no se reducen ni a la dominaci\u00f3n pol\u00edtica ni a la dominaci\u00f3n econ\u00f3mica. La materialidad institucional del Estado \u201cdebe ser buscada, ante todo, en la relaci\u00f3n del Estado con las relaciones de producci\u00f3n&nbsp;<em>y<\/em>&nbsp;la divisi\u00f3n social del trabajo (53, subrayado nuestro)\u201d. Es decir que el Estado est\u00e1 presente en la constituci\u00f3n y reproducci\u00f3n de esos espacios, tanto como las relaciones de producci\u00f3n y la divisi\u00f3n social del trabajo est\u00e1n tambi\u00e9n constitutivamente ligadas al Estado y a las relaciones pol\u00edticas e ideol\u00f3gicas que las consagran y legitiman.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Este ser\u00e1 el basamento de su teor\u00eda relacionista del poder, cuya naturaleza indica que el poder&nbsp;<em>no se reduce al Estado<\/em>, sino que&nbsp;<em>lo desborda<\/em>: no porque se tratara ya de una relaci\u00f3n de exterioridad de los poderes (en plural) respecto al Estado, sino m\u00e1s bien porque las luchas, sean econ\u00f3micas, pol\u00edticas, ideol\u00f3gicas, tienen el papel&nbsp;<em>primero y fundamental<\/em>. As\u00ed el Estado no es un Estado totalizante, pero tampoco ausente o simple ap\u00e9ndice de relaciones econ\u00f3micas. Mientras que las relaciones de poder no se limitan a ser relaciones por fuera, sino que tambi\u00e9n constituyen y conforman la materialidad de la arquitectura estatal. Este es el significado preciso de que la lucha de clases sea el motor de la historia. Lo que es cierto, no obstante, s\u00f3lo a condici\u00f3n de entender que el poder pol\u00edtico, aunque est\u00e9 asentado sobre relaciones de explotaci\u00f3n, es primordial \u201cen el sentido de que su transformaci\u00f3n condiciona toda modificaci\u00f3n esencial de&nbsp;<em>los otros campos de poder<\/em>\u201d (46-47: 2014, subrayado m\u00edo).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los objetivos principales en EPS es explicar por qu\u00e9 hay relaciones de poder que no se agotan, no recubren exhaustivamente, las relaciones de clase. Mientras va avanzando en sus planteamientos, Poulantzas ahonda en su definici\u00f3n del Estado, que pasa a ser tambi\u00e9n \u201cla condensaci\u00f3n de una relaci\u00f3n de fuerzas, precisamente la de las&nbsp;<em>luchas<\/em>\u201d (183: 2014, subrayado m\u00edo), y no s\u00f3lo de una \u201crelaci\u00f3n de clases\u201d. A lo largo de su texto, Poulantzas va descendiendo y exponiendo c\u00f3mo funciona la condensaci\u00f3n en algunos aparatos y dispositivos de poder. Estos aparatos y dispositivos son, por ejemplo, la administraci\u00f3n, la f\u00e1brica, pero tambi\u00e9n la escuela, la Iglesia, la familia. Y yo agregar\u00eda, como ya dije antes, la prostituci\u00f3n. Se trata de aparatos y dispositivos que condensan una relaci\u00f3n espec\u00edfica de fuerzas y que por su encadenamiento complejo con el Estado tienen efectos, aunque sea \u201ca distancia\u201d, sobre \u00e9l (170: 2014).&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Poulantzas no desarrolla, sin embargo, esas otras relaciones de poder a profundidad, ni tampoco sus materialidades o fundamentos. \u00bfC\u00f3mo pensar entonces el lugar hipot\u00e9tico que podr\u00eda tener&nbsp;&nbsp;la prostituci\u00f3n como dispositivo o instituci\u00f3n dentro de su teor\u00eda relacionista del poder, as\u00ed como el lugar de la lucha de las trabajadoras sexuales?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En una obra anterior,\u00a0<em>Las clases sociales en el capitalismo actual\u00a0<\/em>(CSCA)<em>,\u00a0<\/em>Poulantzas se\u00f1ala que la divisi\u00f3n en clases tiene por efecto \u201cunas\u00a0<em>desigualdades sociales espec\u00edficas y concentradas<\/em>\u201d sobre las mujeres:<\/p>\n\n\n\n<p>Ello se debe a que, en el caso de las mujeres, no se trata simplemente de efectos sobredeterminados sobre ellas de la divisi\u00f3n de la sociedad en clases, sino, m\u00e1s precisamente, de\u00a0<em>una articulaci\u00f3n particular, en el seno de la divisi\u00f3n social del trabajo, de la divisi\u00f3n en clases y de la divisi\u00f3n sexual<\/em>. (p. 20, subrayado por el autor).\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1l es el significado de esta afirmaci\u00f3n, a primera vista tan suelta? Veamos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Desde la perspectiva de Poulantzas, la divisi\u00f3n social del trabajo reviste la primac\u00eda como fundamento del Estado y de las luchas pol\u00edticas<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>. Pero como no todas las luchas remiten exclusivamente a la clase, se debe buscar su fundamento en otro lado para evitar caer en equ\u00edvocos economicistas o reduccionismos pol\u00edticos que, por ejemplo, pueden conducir al error pol\u00edtico de \u201cdejar para despu\u00e9s\u201d la cuesti\u00f3n de las mujeres. Poulantzas cae en cuenta de esto al ser espectador de la potencia feminista en el marco del estatismo autoritario en la Europa de los 60-70, donde esta \u201cnueva lucha\u201d (en el sentido de su especificidad temporal) demostrar\u00e1 los l\u00edmites del estado autoritario frente a una reivindicaci\u00f3n generalizada de democracia. Por eso en EPS dejar\u00e1 otra indicaci\u00f3n que parece dar continuidad a su hip\u00f3tesis planteada en CSCA:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Las relaciones de poder no recubren exhaustivamente las relaciones de clase<\/em>&nbsp;y pueden desbordarlas [\u2026] su fundamento [de estas luchas] es distinto del de la divisi\u00f3n social del trabajo en clases, no siendo, por consiguiente, su simple consecuencia, ni tampoco hom\u00f3logas ni isomorfas respecto de esta divisi\u00f3n del trabajo: tal es el caso, en particular, de las relaciones hombre-mujer (2014: 45-46, subrayado por el autor).<\/p>\n\n\n\n<p>Y aun as\u00ed, Poulantzas se cuida muy bien de recalcar que ese poder no est\u00e1 por ello \u201cmenos intervenido, mediatizado y reproducido por el Estado\u201d (2014: 46). Con lo dicho hasta aqu\u00ed me gustar\u00eda elaborar dos hip\u00f3tesis complementarias:<\/p>\n\n\n\n<p>Hip\u00f3tesis -1. La divisi\u00f3n sexual del trabajo&nbsp;<em>es<\/em>&nbsp;el fundamento de las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Pero al ser \u00e9stas intervenidas, mediatizadas y reproducidas por el Estado, estas relaciones no escapan a su significaci\u00f3n de clase, por tanto\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Hip\u00f3tesis -2. Se debe hacer un an\u00e1lisis&nbsp;&nbsp;de c\u00f3mo estas dos divisiones se articulan, condensando determinadas relaciones de poder en diversos aparatos y consolidando lo que Bob Jessop (2003) llama \u201cselectividades estrat\u00e9gicas de g\u00e9nero en el Estado\u201d, mismas que refieren a la manera como el Estado mantiene y reproduce relaciones de poder asim\u00e9tricas entre hombres y mujeres,<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>&nbsp;las cuales dan pie a determinados \u201creg\u00edmenes de g\u00e9nero\u201d en periodos espec\u00edficos que tienden a privilegiar a ciertas identidades, intereses e incluso formas de cuerpo por sobre otras, y que pueden ser transformadas por la acci\u00f3n reflexiva de los agentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo anterior requiere del desarrollo de un concepto m\u00e1s trabajado de la divisi\u00f3n sexual del trabajo; pero provisionalmente podr\u00edamos definirla como una relaci\u00f3n que designa lugares espec\u00edficos, aunque inestables, contingentes y diferenciados, para las mujeres y los hombres<em>&nbsp;dentro de los aparatos y dispositivos que condensan las relaciones de poder hombre-mujer,&nbsp;<\/em>lo que incluye una asignaci\u00f3n&nbsp;&nbsp;tambi\u00e9n en la divisi\u00f3n social del trabajo y en las relaciones sociales de producci\u00f3n. Pero lo importante de diferenciar la divisi\u00f3n sexual de la divisi\u00f3n social del trabajo reside, siguiendo a Poulantzas, en la capacidad de distinguir entre diversas condensaciones materiales de los poderes y entender conflictos particulares que no remitan directamente a la clase (o a la relaci\u00f3n entre explotados y explotadores). Ello sin olvidar que la divisi\u00f3n sexual, como la social, tambi\u00e9n es constituida y reproducida por la ideolog\u00eda dominante que encarnan los aparatos de Estado, a la vez que es reproducida en el Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese sentido hay algo crucial que se puede entender de la cuesti\u00f3n de la lucha pol\u00edtica de las trabajadoras sexuales. La reproducci\u00f3n de la fuerza de trabajo en raz\u00f3n del sexo es&nbsp;<em>una cuesti\u00f3n estrat\u00e9gica<\/em>&nbsp;para las clases dominantes que reproduce una divisi\u00f3n sexual del trabajo en la cual, adem\u00e1s, los elementos pol\u00edticos e ideol\u00f3gicos est\u00e1n constitutivamente presentes. El principal de estos elementos es quiz\u00e1 el mencionado estigma de la puta, mismo que conforma la base de una ideolog\u00eda dominante que elabora e inculca el Estado y que tiene una funci\u00f3n eminentemente represora, as\u00ed como divisionista y desorganizadora, sobre las mujeres y su lucha pol\u00edtica. Al tiempo que tambi\u00e9n est\u00e1 ideolog\u00eda logra engendrar discursos, ideas, principios, valores y pr\u00e1cticas que conducen a una guerra de mujeres contra mujeres (las \u201csantas\u201d contra las \u201cpecadoras\u201d, las \u201cdignas\u201d contra las \u201cindignas\u201d): es decir, en \u00faltima instancia, sobre el uso leg\u00edtimo o ileg\u00edtimo de los cuerpos de las mujeres. O tambi\u00e9n que justifican la violencia de g\u00e9nero (\u201cla mataron por ir vestida como una puta\u201d). Y eso por pensar s\u00f3lo en dos de sus consecuencias materiales sobre las relaciones sociales de sexo.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente a esto creo que un bot\u00f3n de muestra basta para probar la importancia de la lucha de las trabajadoras sexuales: y esta es la batalla propiamente ideol\u00f3gica (pero en el sentido apuntado: una batalla creadora de nuevas pr\u00e1cticas, valores y principios) que implica asumirse como&nbsp;<em>putas feministas&nbsp;<\/em>y reivindicar el adjetivo \u201cputa\u201d para dotarlo de nuevos significados de ra\u00edz popular que sean el germen de otras relaciones sociales. \u00bfQu\u00e9 efecto puede tener esto frente a una ideolog\u00eda dominante que hace de la sexualidad de las mujeres el eje rector de su vida en todos los \u00e1mbitos?<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>&nbsp;Yo dir\u00eda que el de una tendencial reorganizaci\u00f3n de la divisi\u00f3n sexual del trabajo, pues un basamento de esta divisi\u00f3n, que la constituye, consagra y legitima, es el estigma de la puta. Si lo disputamos, estamos disputando la sexualidad, el cuerpo, el tiempo y el espacio de todas las mujeres, sobre las cuales pesa este estigma. Y en ese sentido, por ser una disputa no s\u00f3lo en el seno de la divisi\u00f3n sexual del trabajo, sino tambi\u00e9n, y por tanto, en<em>&nbsp;<\/em>instituciones y dispositivos estatales, se convierte en una disputa pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>Vale la pena recordar en este punto que el Estado capitalista es un campo estrat\u00e9gico, internamente fisurado y contradictorio, atravesado de parte a parte por las luchas y resistencias populares: un Estado en disputa. Por lo mismo, no se puede concebir que s\u00f3lo proh\u00edba, reprima, mienta o imponga (30: 2014). El Estado asume medidas materiales positivas porque la fracci\u00f3n del bloque en el poder debe establecer un equilibrio inestable para procurar su hegemon\u00eda. Por eso la ley no establece s\u00f3lo un \u201cmonopolio de la violencia leg\u00edtima\u201d, sino que \u201c[\u2026] organiza y consagra tambi\u00e9n&nbsp;<em>derechos reales<\/em>&nbsp;de las clases dominadas\u201d y \u201ccomporta, inscritos en ella, los compromisos materiales impuestos por las luchas populares a las clases dominantes\u201d (2014: 97, subrayado por el autor).<\/p>\n\n\n\n<p>La lucha de las trabajadoras sexuales ha sido capaz de inscribir determinadas conquistas en el Estado, al que han obligado a emprender medidas materiales en su beneficio: derechos laborales, pero tambi\u00e9n derechos humanos, a la salud, al libre desarrollo de la personalidad (contra las \u201cbuenas costumbres\u201d) y un largo etc\u00e9tera. Adem\u00e1s, su lucha ha estado presente en gran cantidad de otras luchas pol\u00edticas a trav\u00e9s de los siglos y a lo ancho del mundo, raz\u00f3n que les ha merecido ser consideradas las \u201cfeministas originarias\u201d (Mac &amp; Smith, 2020: 35).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero antes hemos dicho que no basta ninguna forma de regulaci\u00f3n (siendo el propio abolicionismo una forma de regulaci\u00f3n<a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftn10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>). \u00bfPor qu\u00e9? Porque la lucha pol\u00edtica debe ir m\u00e1s all\u00e1: debe disputar los poderes que concentra el Estado como campo estrat\u00e9gico, y no s\u00f3lo a sus instituciones. Sin eso, y como tambi\u00e9n lo apunta Poulantzas, toda \u201cintervenci\u00f3n\u201d del Estado tender\u00e1 a encaminarse al control pol\u00edtico-policial de las fuerzas sociales y, espec\u00edficamente, al control de la fuerza de trabajo. Esto encuentra su sentido en la constituci\u00f3n de un estatismo donde la \u201cdifusi\u00f3n capilar de los circuitos de control social\u201d (2014: 227) supone nuevas formas de control sobre los cuerpos pol\u00edticos. Ya no se trata tanto de encerrarlos, sino de vigilarlos, en orden de formar, gestionar y reproducir la fuerza de trabajo bajo las condiciones actuales del proceso de trabajo en el capitalismo neoliberal. As\u00ed, si el Estado concede ciertos derechos y no otros a las mujeres es porque hay lucha. Pero tambi\u00e9n porque hay reorganizaciones en la divisi\u00f3n sexual en su articulaci\u00f3n con la divisi\u00f3n social del trabajo, lo que ha tra\u00eddo contradicciones explosivas que deben gestionarse. Y es que las mujeres constituyen una porci\u00f3n cada vez m\u00e1s considerable del mercado laboral, incluso en el \u00e1mbito obrero (como demuestra la abrumadora mayor\u00eda de mano de obra femenina en las maquilas del norte de M\u00e9xico); no obstante, la divisi\u00f3n sexual del trabajo sigue asegurando su rol como cuidadoras en el aparato familiar, aunque eso implique acentuar a extremos inauditos su explotaci\u00f3n (este es el tema de las dobles y triples jornadas). As\u00ed, todo lo que promueva el Estado y que involucre a las mujeres debe apreciarse en su relaci\u00f3n con la divisi\u00f3n sexual del trabajo, as\u00ed como en su articulaci\u00f3n con la divisi\u00f3n social del trabajo y las relaciones sociales de producci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En este sentido se vuelve fundamental que las luchas pol\u00edticas no pierdan su significaci\u00f3n de clase ni viceversa. La de las trabajadoras sexuales es, indudablemente, una de las luchas feministas con mayor conciencia de lo que implica esta articulaci\u00f3n. Pero tambi\u00e9n es cierto que en este contexto hay putas feministas que asumen su lucha desde distintas perspectivas, siendo el sindicalismo y el autonomismo las dos vertientes principales. Ambas comparten, no obstante, tres objetivos: 1) la lucha contra la explotaci\u00f3n; 2) la lucha por la democracia y, finalmente, 3) un horizonte de extinci\u00f3n de la prostituci\u00f3n como instituci\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Una condici\u00f3n necesaria para llevar a \u00faltimo t\u00e9rmino todas estas luchas es la extinci\u00f3n del Estado. Porque como dec\u00eda Poulantzas, hoy nadie escapa al Estado ni al poder, y por eso es menester disputarlo y transformarlo. Pero, as\u00ed como pasa con la prostituci\u00f3n, esa disputa y su consecuente transformaci\u00f3n debe ir siempre orientada a una eventual extinci\u00f3n. Ello reclama una articulaci\u00f3n de las izquierdas, incluidas las putas feministas, que pueda asumir las nuevas reivindicaciones populares en una lucha m\u00e1s amplia por la democracia.<\/p>\n\n\n\n<p>Bibliograf\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Jessop, Bob. (2003).&nbsp;<em>The gender selectivities of the state<\/em>. Inglaterra: Department of Sociology, Lancaster University.&nbsp;Recuperado de&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.comp.lancs.ac.uk\/sociology\/papers\/Jessop-Gender-Selectivities.pd\">http:\/\/www.comp.lancs.ac.uk\/sociology\/papers\/Jessop-Gender-Selectivities.pd<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Kollontai, Alexandra. (1921).&nbsp;<em>La prostituci\u00f3n y los medios para combatirla<\/em>. Marxists Internet Archive. Recuperado de&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/kollontai\/1921\/001.htm\">https:\/\/www.marxists.org\/espanol\/kollontai\/1921\/001.htm<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Lagarde y de los R\u00edos, Marcela. (1990).&nbsp;<em>Los cautiverios de las mujeres. Madresposas, monjas, putas, presas y loca<\/em>s. M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p>Lamas, Marta. (2016). Feminismo y prostituci\u00f3n: la persistencia de una amarga disputa.&nbsp;<em>Debate feminista<\/em>&nbsp;(51) 18-35.<\/p>\n\n\n\n<p>Morcillo, Santiago; Felitti, Karina. (2017). \u201cMi cuerpo es m\u00edo\u201d. Debates y disputas de los feminismos argentinos en torno al aborto y al sexo comercial.&nbsp;<em>Revista Amerika<\/em>&nbsp;(16). Recuperado de http:\/\/journals.openedition.org\/amerika\/8061<\/p>\n\n\n\n<p>Rubin, Gayle. (1989). Reflexionando sobre el sexo: notas para una teor\u00eda radical de la sexualidad. En: Vance, Carole S. (comp).&nbsp;<em>Placer y peligro. Explorando la sexualidad femenina<\/em>. Madrid: Editorial Revoluci\u00f3n, pp. 113-190. Recuperado de https:\/\/museo-etnografico.com\/pdf\/puntodefuga\/150121gaylerubin.pdf<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e1nchez Perera, Paula. (2018). De la agencia a la vulnerabilidad en el ejercicio de la prostituci\u00f3n: tres argumentos y una estrategia.&nbsp;<em>Revista Encrucijadas<\/em>&nbsp;(17), 1-19.<\/p>\n\n\n\n<p>Tabet, Paola. (2018).<em>&nbsp;Los dedos cortados<\/em>. Colombia: Editorial Universidad Nacional de Colombia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mac, Juno &amp; Smith, Molly. (2020).&nbsp;<em>Putas insolentes. La lucha por los derechos de las trabajadoras sexuales.<\/em>Madrid: Traficantes de sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid Romero, Elvira &amp; Montejo, Jaime &amp; Madrid, Rosa Icela (2014).&nbsp;<em>Trabajadoras sexuales conquistan derechos laborales<\/em>. M\u00e9xico: UNAM; Programa Universitario de Estudios de G\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>Marx, Karl. (2009).&nbsp;<em>Manuscritos de econom\u00eda y filosof\u00eda<\/em>. Madrid: Alianza Editorial.<\/p>\n\n\n\n<p>Pheterson, Gail. (1996).&nbsp;<em>El prisma de la prostituci\u00f3n<\/em>. Madrid: Talasa Ediciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Poulantzas, Nicos. (2014).&nbsp;<em>Estado, poder y socialismo<\/em>. M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p>Poulantzas, Nicos. (2005).&nbsp;<em>Las clases sociales en el capitalismo actual.<\/em>&nbsp;M\u00e9xico: Siglo XXI.<\/p>\n\n\n\n<p><a><\/a>Rivera Ram\u00edrez, Juan Manuel &amp; Renard Hubert, Marie-Christine &amp; P\u00e9rez Nasser, Elia. (2021). \u00bfTrabajo o explotaci\u00f3n sexual? Objeciones a la visi\u00f3n reglamentarista sobre la prostituci\u00f3n.&nbsp;<em>Revista G\u00e9neros<\/em>&nbsp;(30) 413-440.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref1\"><sup>[1]<\/sup><\/a>&nbsp;En ingl\u00e9s&nbsp;<em>sex worker<\/em>. Es un t\u00e9rmino que acu\u00f1\u00f3 la activista y trabajadora sexual norteamericana Carol Leigh para evitar el estigma que despertaba la palabra \u00abprostituta\u00bb en el movimiento feminista de los 70.&nbsp;&nbsp;<br><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref2\"><sup>[2]<\/sup><\/a>&nbsp;Organizaci\u00f3n fundada en 1994, perteneciente a la Central de Trabajadores de Argentina (CTA) y, desde 1997, integrada a la Red de Trabajadoras Sexuales de Latinoam\u00e9rica y el Caribe (RedTraSex).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref3\"><sup>[3]<\/sup><\/a>&nbsp;Entre este amplio abanico de posturas la mayor\u00eda de abolicionistas sostienen que cualquier regulaci\u00f3n positiva sobre el trabajo sexual implica tres riesgos: 1) naturalizar la prostituci\u00f3n; 2) que aumente su pr\u00e1ctica exponencialmente; 3) que aumente el tr\u00e1fico ilegal de mujeres. No obstante, est\u00e1 comprobado que no hay, por lo menos hasta ahora, correlaci\u00f3n entre una cosa y otra. Juno Mac y Molly Smith desmontan magistralmente estos y otros argumentos abolicionistas en su libro&nbsp;<em>Putas insolentes<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref4\"><sup>[4]<\/sup><\/a>&nbsp;En los Manuscritos econ\u00f3mico-filos\u00f3ficos de 1844, Marx afirma que el dinero \u00abes la puta universal\u00bb; pero inmediatamente a\u00f1ade que es \u00abel universal alcahuete de los hombres y de los pueblos\u00bb. Una interesante aproximaci\u00f3n relacional que casi siempre se olvida en favor de que el dinero sea s\u00f3lo \u201cla puta\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref5\"><sup>[5]<\/sup><\/a>&nbsp;Me atengo a esta conceptualizaci\u00f3n porque me parece que, como en el caso de la burgues\u00eda y el proletariado, hombres y mujeres constituyen los polos principales (que no los \u00fanicos) de las relaciones sociales de sexo.<br><\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref6\"><sup>[6]<\/sup><\/a>&nbsp;La \u00fanica instituci\u00f3n ileg\u00edtima de aquellas que reproducen la relaci\u00f3n entre los sexos, sostiene Gail Pheterson (1996).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref7\"><sup>[7]<\/sup><\/a>&nbsp;Aunque el Estado \u201ctraza a su vez y reproduce en su propio cuerpo la divisi\u00f3n social del trabajo\u201d (2014: 65).<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref8\"><sup>[8]<\/sup><\/a>&nbsp;Insisto aqu\u00ed en la conceptualizaci\u00f3n de la relaci\u00f3n como de \u201chombres y mujeres\u201d,&nbsp;&nbsp;aunque Jessop, como puede verse, habla de g\u00e9nero, retomando una perspectiva te\u00f3rica&nbsp;<em>queer<\/em>&nbsp;de este concepto.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref9\"><sup>[9]<\/sup><\/a>&nbsp;Ser\u00eda interesante pensar en este contexto en la idea del intercambio econ\u00f3mico-sexual que Paola Tabet (2018) piensa como constitutivo no s\u00f3lo de la prostituci\u00f3n, sino de las relaciones sociales que entablan las mujeres con los hombres (su famoso&nbsp;<em>continuum<\/em>entre matrimonio y prostituci\u00f3n), en tanto que la sexualidad es&nbsp;recurso femenino esencial. Es otra forma de decir que todas somos putas: s\u00f3lo que unas ileg\u00edtimas y otras leg\u00edtimas.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"applewebdata:\/\/B78E96CF-5A15-4C4B-988D-ED2056F578C4#_ftnref10\"><sup>[10]<\/sup><\/a>&nbsp;A las formas de regulaci\u00f3n se a\u00f1ade la despenalizaci\u00f3n total del trabajo sexual que se ha conquistado en Nueva Zelanda y Nueva Gales del Sur. Es hasta ahora el mejor modelo. No obstante, deja de lado a trabajadoras sexuales migrantes, entre otros problemas (V\u00e9ase Mac &amp; Smith, 2020).<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La lucha feminista en Am\u00e9rica Latina ha sumado victorias sin precedentes en los \u00faltimos a\u00f1os, entre las que destaca la despenalizaci\u00f3n del aborto a nivel federal o local en diversos pa\u00edses del continente. 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