{"id":4741,"date":"2026-05-12T14:50:58","date_gmt":"2026-05-12T20:50:58","guid":{"rendered":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4741"},"modified":"2026-05-12T14:50:59","modified_gmt":"2026-05-12T20:50:59","slug":"la-costumbre-del-cambio-a-veinte-anos-del-fraude","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4741","title":{"rendered":"La costumbre del cambio: a veinte a\u00f1os del fraude"},"content":{"rendered":"\n<p>Los nombres llegan siempre tarde. Y cuando llegan, suelen traer intereses que la experiencia original no ten\u00eda. Si eso vale para cualquier proceso pol\u00edtico que haya pasado de la calle al Estado, vale m\u00e1s para uno que se propuso, entre otras cosas, devolver su peso a las palabras. Para quienes participamos en una experiencia que todav\u00eda no ha terminado de volverse pasado, aunque ya haya empezado a volverse nombre, la cuesti\u00f3n rebasa la taxonom\u00eda. Que se nos convoque a escribir sobre ella, bajo la forma m\u00e1s sobria \u2014y tambi\u00e9n m\u00e1s ambigua\u2014 del aniversario es ya, inevitablemente, parte del problema, porque toda memoria tiende a fijar como pasado lo que a\u00fan gravita, con ropajes distintos, sobre el presente.<\/p>\n\n\n\n<p>I<\/p>\n\n\n\n<p>El desafuero de Andr\u00e9s Manuel L\u00f3pez Obrador en 2005 y el fraude electoral de 2006 abrieron un tiempo cuya clausura a\u00fan no termina de producirse. En aquellos d\u00edas la pol\u00edtica era cuerpo: pies hinchados, bronceado involuntario, lonas improvisadas, cartones en el asfalto, veladoras encendidas contra el viento de la madrugada. Una gram\u00e1tica de resistencia, curtida en la experiencia tabasque\u00f1a, se despleg\u00f3 en la capital y encontr\u00f3 ah\u00ed escala nacional. Todo parec\u00eda estar en juego, y esa sensaci\u00f3n \u2014ingenua, acaso, pero no por eso menos eficaz\u2014 sosten\u00eda la permanencia en la intemperie. La historia se dej\u00f3 ver en carpas de pl\u00e1stico y consignas que no ped\u00edan nada porque afirmaban presencia. Vivimos todo eso bajo la certeza compartida de estar participando en algo que nos exced\u00eda y, al mismo tiempo, nos implicaba por completo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl desafuero\u00bb y \u00abel fraude\u00bb corren hoy el riesgo de volverse estampas conmemorativas o, peor a\u00fan, an\u00e9cdotas edificantes de sobremesa politizada. Conviene recordar, sin embargo, que aluden a procesos que ense\u00f1aron, por la v\u00eda del agravio, hasta qu\u00e9 punto la legalidad puede divorciarse de la legitimidad sin dejar por ello de llamarse Estado. Fueron escuela. Y, como toda escuela que funciona, dejaron aprendizajes m\u00e1s all\u00e1 del programa. Los z\u00f3calos atiborrados y el Paseo de la Reforma convertido en plant\u00f3n no fueron, como se dijo entonces con suficiencia, excesos en coyunturas crispadas, propios del arrebato populista. Vistos en c\u00e1mara lenta aparecen como una instituci\u00f3n plebeya de la permanencia, una forma elemental \u2014y por eso mismo escandalosa\u2014 de decir: \u201caqu\u00ed seguimos\u201d. El plant\u00f3n condens\u00f3 ese desplazamiento cuando alguien pregunt\u00f3 a Jaime Avil\u00e9s si aquello iba a ser realmente una toma de la ciudad, a lo que respondi\u00f3 al vuelo: \u201ccreo que ya la tomamos.\u201d<sup data-fn=\"5d1a5527-84c5-49fa-bc33-ff33db30c079\" class=\"fn\"><a href=\"#5d1a5527-84c5-49fa-bc33-ff33db30c079\" id=\"5d1a5527-84c5-49fa-bc33-ff33db30c079-link\">1<\/a><\/sup> La frase val\u00eda como constataci\u00f3n repentina porque, sin propon\u00e9rselo, nombraba una alteraci\u00f3n en la relaci\u00f3n entre la multitud y el espacio com\u00fan. En la denuncia del agravio se produc\u00eda, al mismo tiempo, la experiencia de sabernos sujetos de la historia. Que esa experiencia tuviera densidad moral y simb\u00f3lica no garantiza, desde luego, que sus juicios fueran siempre correctos; garantiza que fueron propios.<\/p>\n\n\n\n<p>II<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que all\u00ed se produjo no se evapor\u00f3 con las carpas. Hubo, m\u00e1s bien, una interrupci\u00f3n perceptiva que con el tiempo sediment\u00f3 otro modo de habitar la vida p\u00fablica. Lo que hasta entonces se ten\u00eda por orden institucional empez\u00f3 a retirarse hacia el fondo, mientras aquello que sol\u00eda nombrarse con displicencia como masa se recortaba como figura. La figura fue el pueblo, entendido como multitud portadora de una intuici\u00f3n republicana elemental: si el poder se ejerce sobre nosotros, tambi\u00e9n puede ejercerse desde nosotros<sup data-fn=\"8332d76d-0f89-43b7-89b0-498f4db646d2\" class=\"fn\"><a href=\"#8332d76d-0f89-43b7-89b0-498f4db646d2\" id=\"8332d76d-0f89-43b7-89b0-498f4db646d2-link\">2<\/a><\/sup>. El fondo fue el viejo r\u00e9gimen, cuya persistencia volv\u00eda m\u00e1s visible la necesidad de transformaci\u00f3n. \u201cNo somos iguales\u201d trabaj\u00f3 ah\u00ed como l\u00ednea de contorno.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertas abstracciones morales tambi\u00e9n adquirieron relieve. La corrupci\u00f3n, por ejemplo, dej\u00f3 de aparecer como externalidad negativa y comenz\u00f3 a percibirse como quiebre moral del v\u00ednculo entre gobierno y pueblo. El privilegio, que se justificaba como premio al m\u00e9rito, empez\u00f3 a verse simplemente como distancia injusta. Y por contraste, gestos que antes pod\u00edan parecer menores \u2014la austeridad, la cercan\u00eda, la franqueza\u2014 adquirieron valor de signo porque daban coherencia a una intuici\u00f3n m\u00e1s amplia: el poder s\u00f3lo es leg\u00edtimo cuando se reconoce como servicio.<\/p>\n\n\n\n<p>A esa configuraci\u00f3n contribuy\u00f3 tambi\u00e9n la simplificaci\u00f3n, inc\u00f3moda s\u00f3lo para quienes confunden complejidad con profundidad. \u00abNo mentir, no robar, no traicionar.\u00bb Despachada a la ligera, la f\u00f3rmula puede pasar por moralina, pero vista desde la l\u00f3gica del conjunto oper\u00f3 como principio de claridad, al reducir la complejidad a un esquema reconocible. En medio de un campo pol\u00edtico replegado sobre s\u00ed mismo, estableci\u00f3 ejes, orient\u00f3 la mirada y ofreci\u00f3 un criterio comprensible para todos, m\u00e1s all\u00e1 de los circuitos especializados. La coherencia entre palabra y conducta \u2014predicar con el ejemplo\u2014 reforz\u00f3 esa percepci\u00f3n<sup data-fn=\"968a47cd-24de-44f6-b881-077aca18efc3\" class=\"fn\"><a href=\"#968a47cd-24de-44f6-b881-077aca18efc3\" id=\"968a47cd-24de-44f6-b881-077aca18efc3-link\">3<\/a><\/sup>. La buena forma, precisamente por su pregnancia, vuelve inteligible la realidad para quienes la habitan, a\u00fan sin agotarla<sup data-fn=\"2ddcd493-590e-4bc4-8068-7b16ee6bdbaa\" class=\"fn\"><a href=\"#2ddcd493-590e-4bc4-8068-7b16ee6bdbaa\" id=\"2ddcd493-590e-4bc4-8068-7b16ee6bdbaa-link\">4<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>La proximidad cumpli\u00f3 una funci\u00f3n semejante. El trato directo, las asambleas, las giras, las ma\u00f1aneras \u2014formatos que exasperan a los amantes de la intermediaci\u00f3n profesional\u2014 operaron como modos de suspender la distancia. Lo que hasta entonces aparec\u00eda disperso empez\u00f3 a reconocerse como parte de un mismo paisaje. Ah\u00ed fue tomando forma ese \u201cnosotros\u201d como comunidad de experiencia y aspiraci\u00f3n compartida que tanto inquieta a la sensibilidad liberal cuando no es ella quien lo pronuncia. Un nosotros recortado sobre un fondo que persiste.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, quiz\u00e1 m\u00e1s importante, el tiempo empez\u00f3 a adquirir espesor simb\u00f3lico y moral, exigi\u00e9ndole a la pol\u00edtica algo m\u00e1s que la mera gesti\u00f3n de coyunturas, el c\u00e1lculo inmediato y la politiquer\u00eda de siempre. Independencia, Reforma, Revoluci\u00f3n, Cuarta Transformaci\u00f3n: secuencia que la historiograf\u00eda puede discutir indefinidamente, y con razones atendibles, pero que en esta trama oper\u00f3 como trazo para vivir el presente en continuidad con las luchas hist\u00f3ricas del pueblo por justicia, democracia y soberan\u00eda; un trazo cuyo origen se pierde y cuyo t\u00e9rmino todav\u00eda no se deja ver.<\/p>\n\n\n\n<p>Los recorridos casa por casa que convirtieron el malestar disperso en diagn\u00f3stico compartido; las asambleas que fueron instalando rutinas de explicaci\u00f3n p\u00fablica; las manifestaciones contra la defraudaci\u00f3n y el saqueo; la organizaci\u00f3n para la defensa del voto; la insistencia en la v\u00eda pac\u00edfica, que oblig\u00f3 a sostener con argumentos lo que otros habr\u00edan querido reducir a pura emoci\u00f3n: la pr\u00e1ctica misma de esa revoluci\u00f3n de las conciencias encontr\u00f3 en un liderazgo la capacidad de nombrar lo que ya estaba ocurriendo antes de tener nombre y de articular esa experiencia sin agotarla.<\/p>\n\n\n\n<p>De este modo, \u00e9tica, historia, afecto e instituci\u00f3n fueron entrelaz\u00e1ndose en una configuraci\u00f3n cuyo sustrato m\u00e1s hondo era civilizatorio, que es lo que el Humanismo Mexicano, en su formulaci\u00f3n m\u00e1s exigente, intent\u00f3 nombrar<sup data-fn=\"b425470a-d478-4621-b8ba-52200bea1a66\" class=\"fn\"><a href=\"#b425470a-d478-4621-b8ba-52200bea1a66\" id=\"b425470a-d478-4621-b8ba-52200bea1a66-link\">5<\/a><\/sup>. Un cambio lento, orientado a durar, en la manera de comprender el poder, la pol\u00edtica y la propia responsabilidad frente a lo com\u00fan. Un criterio compartido para distinguir lo justo de lo injusto, lo digno de lo indigno, lo p\u00fablico de aquello que, sin demasiado pudor, se hab\u00eda vuelto privado. As\u00ed fue instal\u00e1ndose un horizonte moral desde el cual la pol\u00edtica pod\u00eda verse y sentirse de otra manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Esa es la configuraci\u00f3n que, con el tiempo, entr\u00f3 al Estado. Y ah\u00ed comienza la etapa \u2014inevitablemente m\u00e1s compleja\u2014 de sostener una forma nacida de la experiencia plebeya cuando se enfrenta a la inercia de las estructuras, a la pedagog\u00eda silenciosa de la rutina administrativa y a la siempre disponible tentaci\u00f3n de administrar la memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>III<\/p>\n\n\n\n<p>Algo cambia cuando esa configuraci\u00f3n nacida de la experiencia plebeya se instala en el aparato estatal. La experiencia plebeya funciona por exposici\u00f3n al juicio colectivo; la administraci\u00f3n p\u00fablica, por previsi\u00f3n y reducci\u00f3n de incertidumbre. Lo que en la plaza opera como presencia \u2014cuerpos, consignas, intuiciones morales compartidas\u2014 debe dejarse traducir en procedimiento, y el procedimiento delega, archiva, estabiliza. Esa traducci\u00f3n abre tensiones que ninguna declaraci\u00f3n doctrinaria resuelve.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed reaparece, con otros nombres y mejores modales, una vieja querella. En su reconstrucci\u00f3n de la democracia ateniense, C. L. R. James la llev\u00f3 al terreno de la evidencia hist\u00f3rica a partir de una frase atribuida a Lenin \u2014\u201ccada cocinera debe aprender a gobernar el Estado\u201d\u2014: ese r\u00e9gimen descansaba en la certeza elemental de que cualquiera pod\u00eda gobernar, y de ah\u00ed extra\u00eda una parte decisiva de su eficacia. A los fil\u00f3sofos profesionales, en cambio, el <em>demos<\/em> deliberante les parec\u00eda una aberraci\u00f3n. Esa inquietud persiste hoy, apenas desplazada, en otra fauna: la de los expertos convencidos de que la pol\u00edtica, si no se administra con <em>dashboards<\/em>, se descompone<sup data-fn=\"84a4fffc-c18a-4bc0-a178-b0f263e739c0\" class=\"fn\"><a href=\"#84a4fffc-c18a-4bc0-a178-b0f263e739c0\" id=\"84a4fffc-c18a-4bc0-a178-b0f263e739c0-link\">6<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>El contraste es real, aunque invite f\u00e1cilmente a la caricatura. De un lado, la pol\u00edtica como circulaci\u00f3n del poder: nadie manda siempre, nadie queda excluido para siempre; el cargo como turno; la decisi\u00f3n como asunto de juicio pr\u00e1ctico. Del otro, la pol\u00edtica como monopolio de quienes hacen del ejercicio del poder una carrera especializada, donde gobernar se entiende como problema de gesti\u00f3n y el error se registra como desviaci\u00f3n estad\u00edstica, rara vez como experiencia formativa. Esta \u00faltima postura ni siquiera necesita declararse antidemocr\u00e1tica; le basta suponer, con aire compasivo, que el pueblo necesita tutores.<\/p>\n\n\n\n<p>Viene a cuento una f\u00f3rmula en la que cierta sensibilidad contempor\u00e1nea termina reconoci\u00e9ndose casi con orgullo: \u201cizquierda con Excel\u201d<sup data-fn=\"ec8d2355-e4f4-434f-9358-ba6911975442\" class=\"fn\"><a href=\"#ec8d2355-e4f4-434f-9358-ba6911975442\" id=\"ec8d2355-e4f4-434f-9358-ba6911975442-link\">7<\/a><\/sup>. Se trata de la fascinaci\u00f3n por la buena pr\u00e1ctica, por el dato bien presentado, por la idea de que gobernar consiste en ajustar variables hasta que el modelo cierre. Desde luego, la administraci\u00f3n t\u00e9cnica resuelve problemas reales del mandato popular, por lo que nadie en su sano juicio propone prescindir de ella. El problema empieza cuando esa fascinaci\u00f3n introduce discretamente una inversi\u00f3n: la t\u00e9cnica, que deb\u00eda permanecer en el orden de los medios, se instituye como criterio de legitimidad. Quien sabe, decide; quien no, opina. Y opinar, se nos recuerda con una amabilidad apenas condescendiente, nunca equivale a decidir. Cuando la competencia t\u00e9cnica se vuelve la medida de todas las cosas \u2014cuando los indicadores ense\u00f1an a imitar la convicci\u00f3n en vez de sostenerla\u2014 el microcosmos pol\u00edtico ha consumado su repliegue sobre s\u00ed mismo, ajeno a cualquier criterio exterior al juego, empezando por el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo llamativo es que quienes mejor encarnan la nueva est\u00e9tica del poder no son necesariamente quienes gobiernan, sino int\u00e9rpretes oficiosos que, m\u00e1s que describir, buscan prescribir una mutaci\u00f3n del campo progresista. Su fantas\u00eda m\u00e1s \u00edntima \u2014versi\u00f3n amable del viejo sue\u00f1o plat\u00f3nico del fil\u00f3sofo-rey\u2014 consiste en tutelar el empuje plebeyo con la tranquilidad de una administraci\u00f3n competente. El elogio de la presidenta cient\u00edfica descansa sobre un fetiche reconocible: que decide con datos, que gobierna con l\u00f3gica, que no improvisa. Todo ello tranquiliza a los modernos guardianes de la raz\u00f3n, convencidos, con la mejor buena fe, de que el pueblo necesita orientaci\u00f3n experta. La forma plebeya, que funcionaba como irrupci\u00f3n, reaparece entonces como problema de gesti\u00f3n, traducible a un lenguaje que el campo pol\u00edtico ya sabe reconocer, medir y procesar. La izquierda con Excel no traiciona la causa popular. La domestica.<\/p>\n\n\n\n<p>La fantas\u00eda de tutela ilustrada se vuelve problem\u00e1tica cuando la continuidad del proceso descansa en figuras que, por trayectoria y formaci\u00f3n, encarnan el mundo del saber especializado. Esa operaci\u00f3n convierte discretamente a la raz\u00f3n en frontera entre quienes pueden decidir y quienes deben ser gestionados, en lugar de herramienta de lo com\u00fan. El problema nunca ha sido el saber. Lo que est\u00e1 en disputa es la pretensi\u00f3n de que el saber, por s\u00ed mismo, otorgue derecho a mandar<sup data-fn=\"c6f634e7-7b9e-4302-ad32-680920424dce\" class=\"fn\"><a href=\"#c6f634e7-7b9e-4302-ad32-680920424dce\" id=\"c6f634e7-7b9e-4302-ad32-680920424dce-link\">8<\/a><\/sup>. La vacuna contra el gobierno como monopolio cognitivo sigue siendo el encargo, porque la pol\u00edtica \u2014entendida como juicio situado sobre asuntos comunes\u2014 rebasa la experticia. La aparente apolog\u00eda de la improvisaci\u00f3n que incluso desde el campo progresista se quiso ver en la f\u00f3rmula \u201cno tiene mucha ciencia gobernar\u201d, le\u00edda con un poco menos de literalismo, recuerda que gobernar bien no requiere saber m\u00e1s que los dem\u00e1s, sino responder ante ellos. James habr\u00eda sonre\u00eddo.<\/p>\n\n\n\n<p>El tecnocratismo progresista abre una tensi\u00f3n que pasa inadvertida precisamente porque va al fondo. Se ofrece a traducir el mandato popular, a volverlo gestionable, a librarlo de fricciones. El problema empieza cuando esa traducci\u00f3n deja de obedecer al mandato y comienza a ocupar su lugar. Entonces la congruencia pol\u00edtica cede ante la consistencia administrativa: que todo funcione, que nada rechine, que la administraci\u00f3n siga su curso. En ese desplazamiento, la t\u00e9cnica deja de ser medio y se instituye como criterio dominante de legitimidad. El impulso plebeyo pierde ah\u00ed una de sus disputas m\u00e1s decisivas, porque el viejo r\u00e9gimen encuentra la manera de regresar sin necesidad de parecerse a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la forma nacida de la experiencia plebeya logra seguir respirando dentro de las instituciones \u2014imperfecta, ruidosa, expuesta al error\u2014 o si termina administrada bajo los par\u00e1metros de la sensibilidad tecnocr\u00e1tica, con la mejor buena fe, desde la tranquilidad del orden, no es una cuesti\u00f3n que vaya a resolverse en el plano doctrinario<sup data-fn=\"6cafc8dc-f87e-4f3a-ba53-f3d442c129ac\" class=\"fn\"><a href=\"#6cafc8dc-f87e-4f3a-ba53-f3d442c129ac\" id=\"6cafc8dc-f87e-4f3a-ba53-f3d442c129ac-link\">9<\/a><\/sup>. En todo caso, ah\u00ed se juega si el proceso conservar\u00e1 una relaci\u00f3n viva con la fuente que le dio impulso.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>IV<\/p>\n\n\n\n<p>Los procesos pol\u00edticos, cuando consiguen estabilizarse, tienden a olvidar el tipo de experiencia que los hizo posibles por un mecanismo m\u00e1s prosaico que la mala fe. La estabilizaci\u00f3n produce su propia pedagog\u00eda. Las instituciones ense\u00f1an a administrar, a prever, a minimizar riesgos; mucho menos a exponerse al error compartido, que es el terreno donde la pol\u00edtica, en su sentido m\u00e1s elemental, se juega.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En esas condiciones, la memoria pol\u00edtica tiende a degradarse en dos direcciones. Como monumento solemne, sacraliza la experiencia hasta volverla intocable: episodio fundador al que se rinde homenaje, pero que ya no orienta decisiones. Como an\u00e9cdota edificante, la trivializa en escenas pintorescas de una biograf\u00eda colectiva. En ambos casos aparece el ceremonial all\u00ed donde antes hubo perturbaci\u00f3n, y una condescendencia retrospectiva all\u00ed donde antes hubo urgencia. Los s\u00edntomas de esa deriva son discretos, pero reconocibles. La austeridad deja de guiar el comportamiento de los liderazgos y las pr\u00e1cticas institucionales para convertirse en ret\u00f3rica de austeridad. La cercan\u00eda se transforma en formato de comunicaci\u00f3n. Y f\u00f3rmulas que nacieron como criterio de congruencia y condici\u00f3n de confianza popular \u2014\u201cno mentir, no robar, no traicionar\u201d\u2014 migran lentamente hacia el repertorio de esl\u00f3ganes que decoran lo que ya existe. La fuerza subversiva del \u00edmpetu original deja entonces de operar.<\/p>\n\n\n\n<p>La herencia pol\u00edtica trae consigo ambig\u00fcedades que conviene no perder de vista. El Humanismo Mexicano, formulado como doctrina \u00e9tica y horizonte civilizatorio, opera tambi\u00e9n como mito pol\u00edtico en un sentido nada trivial: relato que da forma a una experiencia hist\u00f3rica, funda legitimidad y orienta expectativas colectivas. La pregunta es qu\u00e9 lo protege de degradarse en coartada discursiva o ceremonial identitario, y la cuesti\u00f3n se agrava cuando empiezan a aparecer signos de un subcampo empe\u00f1ado en explicarlo mejor de lo que lo vive. Tal vez, al final, importe menos teorizar, definir o caracterizar el Humanismo Mexicano que aprender a reconocer el momento en que empieza a cerrarse sobre sus fuentes plebeyas y deja de actuar como criterio exigente para medir decisiones<sup data-fn=\"be8a2d28-c7f9-4e93-920e-ebc2d19d92eb\" class=\"fn\"><a href=\"#be8a2d28-c7f9-4e93-920e-ebc2d19d92eb\" id=\"be8a2d28-c7f9-4e93-920e-ebc2d19d92eb-link\">10<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada de esto ocurre por decisi\u00f3n consciente, pero tampoco la forma plebeya sobrevive por inercia. El problema va m\u00e1s all\u00e1 del recuerdo de aquel tiempo. La pregunta es qu\u00e9 trabajo pol\u00edtico hace la memoria con ese recuerdo. Administrada como capital simb\u00f3lico \u2014la \u00e9pica convertida en recurso legitimador\u2014 pierde capacidad de interpelaci\u00f3n; como recordatorio de fragilidad \u2014de esa pol\u00edtica ejercida con el cuerpo antes que con el cargo\u2014, introduce una reserva frente a la siempre disponible tentaci\u00f3n de confundir continuidad con derecho adquirido.<\/p>\n\n\n\n<p>La memoria activa introduce una perturbaci\u00f3n saludable y cumple una funci\u00f3n estructural porque recuerda que la legitimidad es una relaci\u00f3n que se renueva. El riesgo m\u00e1s serio es la degradaci\u00f3n del legado por rutinizaci\u00f3n. Que quienes hablan en nombre del proceso confundan herencia con propiedad, que el Humanismo Mexicano se deslice hacia el ceremonial sin que nadie lo decida formalmente. Sin el fondo hist\u00f3rico de injusticia y exclusi\u00f3n sobre el cual se recort\u00f3 la figura del pueblo, esa figura se estiliza. Primero se vuelve concepto, luego consigna, despu\u00e9s ornato discursivo. Con ese fondo presente, en cambio, cada decisi\u00f3n se expone a una medida inc\u00f3moda y exigente. Por eso la memoria importa como ejercicio. Recordar el plant\u00f3n para preguntarse qu\u00e9 tipo de pol\u00edtica lo hizo posible. Recordar la derrota para medir qu\u00e9 se hace con el poder una vez conquistado. Recordar la multitud para no suplantarla.<\/p>\n\n\n\n<p>V<\/p>\n\n\n\n<p>Hubo un tiempo en que luchamos con la certeza de estar en algo grande. Cada manifestaci\u00f3n, cada palabra, cada voto abr\u00eda una fisura en la mamposter\u00eda del r\u00e9gimen de corrupci\u00f3n. A diestra y siniestra se nos miraba \u2014y a\u00fan es as\u00ed\u2014 con ese desprecio tan propio de la gente bien: que si hordas fanatizadas, que si las causas de los pobres son causas pobres, etc\u00e9tera. Lejos de rendirnos, marchamos, votamos, nos chingaron; nos organizamos, volvimos a votar, nos volvieron a chingar, resistimos, tomamos vuelo\u2026 y la historia, por un momento, se movi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que ayer empujamos bajo la expectativa de una ruptura se nos devuelve hoy como una continuidad salida ya del puro registro de la promesa y entrada en la zona ambigua del gobierno, del rito y de la costumbre. El pueblo la siente suya porque reconoce en ella, todav\u00eda, algo de obra propia. Y justamente por eso la pregunta ya no pasa s\u00f3lo por su persistencia, sino por la figura hist\u00f3rica que esa continuidad empieza a asumir.<\/p>\n\n\n\n<p>Ver a la propia causa crecer, mudar de piel, volverse otra sin dejar de ser la misma; verla heredar su pasado, sus pasiones y sus heridas, y avanzar hacia un futuro incierto que todav\u00eda no sabemos nombrar, cambia tambi\u00e9n algo en nosotros. Entre quienes la hemos acompa\u00f1ado desde el protagonismo m\u00e1s honroso \u2014el de la multitud\u2014, desde los a\u00f1os de terquedad y derrota, al paso del tiempo queda algo de eso que llaman saudade. A veces conserva filo para interpelar el presente; a veces deriva en superioridad retrospectiva; a veces, en dosis variables, ambas cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordamos con obstinaci\u00f3n, tambi\u00e9n contra la solemnidad que petrifica los proyectos, y con cari\u00f1o por un pueblo que sigue haciendo su propia historia, no pocas veces a pesar de sus int\u00e9rpretes. Lo dif\u00edcil es saber si quienes recuerdan siguen todav\u00eda en condiciones de exigir a la instituci\u00f3n que se deje interpelar por la multitud, y de impedir as\u00ed que la costumbre sustituya a la experiencia.<\/p>\n\n\n<ol class=\"wp-block-footnotes\"><li id=\"5d1a5527-84c5-49fa-bc33-ff33db30c079\">Jaime Avil\u00e9s, \u00abAquellos d\u00edas del plant\u00f3n\u00bb, en <em>Resistencia. Del desafuero al plant\u00f3n,<\/em> La Jornada, M\u00e9xico, 2007, pp. 5-7. Para el relato en primera persona de los d\u00edas del plant\u00f3n y el balance pol\u00edtico de la resistencia civil pac\u00edfica, v\u00e9ase Andr\u00e9s Manuel L\u00f3pez Obrador, \u201cEl plant\u00f3n de Reforma y el gobierno leg\u00edtimo\u201d, en <em>\u00a1Gracias!<\/em>, Planeta, M\u00e9xico, 2023, pp. 154-182. Elena Poniatowska, en su cronolog\u00eda del conflicto poselectoral, reconstruye ese clima moral de la movilizaci\u00f3n en <em>Amanecer en el z\u00f3calo. Los 50 d\u00edas que confrontaron a M\u00e9xico,<\/em> Planeta, M\u00e9xico, 2007. <a href=\"#5d1a5527-84c5-49fa-bc33-ff33db30c079-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 1\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"8332d76d-0f89-43b7-89b0-498f4db646d2\">La figura del pueblo se deja ver sobre un fondo hist\u00f3rico preciso: aquel en que una larga pedagog\u00eda liberal ya hab\u00eda trabajado para convertirlo, primero, en vestigio de una gram\u00e1tica pol\u00edtica anticuada, y despu\u00e9s en artificio de la demagogia populista. Tras 1985, por ejemplo, la \u201csociedad civil\u201d pas\u00f3 a ocupar el lugar de colectividad nacional respetable, mientras el pueblo era empujado a la condici\u00f3n de figura caduca. Cf. Alejandra Leal Mart\u00ednez, \u201cDe pueblo a sociedad civil: el discurso pol\u00edtico despu\u00e9s del sismo de 1985\u201d, <em>Revista Mexicana de Sociolog\u00eda<\/em>, 76 (3), 441-469, 2014. Una operaci\u00f3n an\u00e1loga puede advertirse en la elevaci\u00f3n de la \u201cclase media\u201d a sujeto privilegiado de inteligibilidad nacional, operaci\u00f3n cuya arqueolog\u00eda, hasta donde sabemos, sigue pendiente. En todo caso, que el pueblo volviera a recortarse como figura en el ciclo del desafuero y el fraude indica que ese fondo segu\u00eda ah\u00ed, pero tambi\u00e9n que empezaba a agrietarse. <a href=\"#8332d76d-0f89-43b7-89b0-498f4db646d2-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 2\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"968a47cd-24de-44f6-b881-077aca18efc3\">Bourdieu formul\u00f3 este problema a prop\u00f3sito de la izquierda francesa, lo que deja abierta una pregunta menos local de lo que parece: hasta qu\u00e9 punto la ejemplaridad de la conducta pertenece al orden moral y hasta qu\u00e9 punto constituye ya arquitectura pol\u00edtica. \u201cLa ejemplaridad de la conducta deber\u00eda imponerse a todo el personal del Estado, sobre todo cuando invoca una tradici\u00f3n de devoci\u00f3n a los intereses de los m\u00e1s despose\u00eddos.\u201d La convergencia con el vocabulario moral del obradorismo merece ser anotada. Cf. Pierre Bourdieu, \u201cNo hay democracia efectiva sin verdadero contra-poder cr\u00edtico\u201d, en <em>Intelectuales, pol\u00edtica y poder,<\/em> Eudeba, Buenos Aires, 1999, pp. 179-185. <a href=\"#968a47cd-24de-44f6-b881-077aca18efc3-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 3\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"2ddcd493-590e-4bc4-8068-7b16ee6bdbaa\">Que el pueblo volviera a recortarse como figura es un fen\u00f3meno que el an\u00e1lisis pol\u00edtico a\u00fan registra con incomodidad. Desde posiciones ideol\u00f3gicamente distantes, la dificultad termina formul\u00e1ndose casi en los mismos t\u00e9rminos: en Enrique Krauze, como advertencia contra \u201cla vuelta al pa\u00eds de un solo hombre\u201d; en cierta cr\u00edtica de izquierda, con m\u00e1s rodeos, como diagn\u00f3stico de un \u201cpa\u00eds que pende de un hombre\u201d. Vale la pena anotar la convergencia, en apariencia parad\u00f3jica, porque sugiere un l\u00edmite com\u00fan para dar cuenta de la constituci\u00f3n del sujeto pol\u00edtico plebeyo. Cf. Luis Prados, \u201cContra un M\u00e9xico de un solo hombre\u201d, <em>El Pa\u00eds,<\/em> 13 de mayo de 2018; C\u00e9sar Enrique Pineda, \u201cEl pa\u00eds que pende de un hombre\u201d, en Diana Fuentes y Massimo Modonesi (coords.), <em>Hegemon\u00eda y 4T. Un debate gramsciano,<\/em> UAM, M\u00e9xico, 2023. <a href=\"#2ddcd493-590e-4bc4-8068-7b16ee6bdbaa-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 4\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"b425470a-d478-4621-b8ba-52200bea1a66\">Lo que Guillermo Bonfil llam\u00f3 M\u00e9xico profundo aporta un repertorio disponible \u2014activado en ciertas coyunturas, disputado por actores, nunca autom\u00e1tico\u2014 cuyo n\u00facleo es la memoria de que la autoridad es encargo, el prestigio se construye en el servicio y los bienes comunes (la tierra por excelencia) no pertenecen a quien los administra. La pregunta de qui\u00e9n tiene derecho a invocar el M\u00e9xico profundo \u2014y c\u00f3mo se distingue la recuperaci\u00f3n de la ventriloquia\u2014 no tiene respuesta f\u00e1cil. Aqu\u00ed la dejamos abierta porque cerrarla requerir\u00eda otro ensayo, y probablemente otro autor. Cf. Guillermo Bonfil Batalla, <em>M\u00e9xico profundo. Una civilizaci\u00f3n negada,<\/em> Grijalbo, M\u00e9xico, 1987. <a href=\"#b425470a-d478-4621-b8ba-52200bea1a66-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 5\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"84a4fffc-c18a-4bc0-a178-b0f263e739c0\">C. L. R. James, \u00abEvery Cook Can Govern\u00bb (1956), en <em>A New Notion: Two Works by C.L.R. James,<\/em> editado por Noel Ignatiev, PM Press, Oakland, 2010. Cierta sensibilidad decolonial puede encontrar filo en el hecho de que esta reivindicaci\u00f3n de Atenas venga no de un intelectual europeo que reclama su herencia cl\u00e1sica, sino de un marxista trinitense y panafricanista vinculado con las luchas anticoloniales, la elaboraci\u00f3n pol\u00edtica de la cuesti\u00f3n negra en Estados Unidos y la solidaridad con los aparceros del sureste de Missouri. Conviene anotar \u2014para tranquilidad de las obsesiones filol\u00f3gicas del marxismo\u2014 que la frase aludida no es exactamente de Lenin, aunque condensa un punto central de \u00ab\u00bfSe sostendr\u00e1n los bolcheviques en el poder?\u201d, <em>Obras completas, <\/em>tomo 34, Editorial Progreso, 1985, pp. 297\u2013348. Fue popularizada por la imaginer\u00eda sovi\u00e9tica, y es muy cercana a un fragmento del poema que Maiakovski dedic\u00f3 al revolucionario ruso: \u201cA cada \/ cocinera, \/ \u00a1la ense\u00f1aremos a gobernar!\u201d <a href=\"#84a4fffc-c18a-4bc0-a178-b0f263e739c0-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 6\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"ec8d2355-e4f4-434f-9358-ba6911975442\">\u00a0El t\u00e9rmino es de Jorge Zepeda Patterson (\u201cClaudia Sheinbaum, izquierda con Excel\u201d, El Pa\u00eds, 3 de junio de 2024), quien lo utiliz\u00f3 como elogio del perfil tecnocr\u00e1tico-progresista de la presidenta.\u00a0 Aqu\u00ed interesa como cifra de una sensibilidad que excede tanto la figura de la mandataria como la cuesti\u00f3n del estilo personal. <a href=\"#ec8d2355-e4f4-434f-9358-ba6911975442-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 7\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"c6f634e7-7b9e-4302-ad32-680920424dce\">Dentro del propio obradorismo, la f\u00f3rmula \u201cprincipios con eficacia\u201d desarma el falso dilema entre eficacia y convicciones sin mundo. Merece rescatarse frente al tecnocratismo progresista, precisamente porque subordina la eficacia a un horizonte pol\u00edtico y no al rev\u00e9s. Cf. Luis Rodrigo Wesche Lira, \u201c\u00abPrincipios con eficacia\u00bb: la revoluci\u00f3n de conciencias en la Cuarta Transformaci\u00f3n\u201d, <em>Memoria. Revista de cr\u00edtica militante,<\/em> 18 de marzo de 2025. Otra cuesti\u00f3n, sin embargo, aparece cuando esa salida se traduce en la l\u00f3gica de la formaci\u00f3n pol\u00edtica como formaci\u00f3n de cuadros, porque la revoluci\u00f3n de las conciencias empieza entonces a rozar una pedagog\u00eda tutelar en un terreno donde el propio proceso plebeyo hab\u00eda producido ya, en la pr\u00e1ctica, una transformaci\u00f3n del sentido com\u00fan. <a href=\"#c6f634e7-7b9e-4302-ad32-680920424dce-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 8\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"6cafc8dc-f87e-4f3a-ba53-f3d442c129ac\">La base plebeya del proceso no parece haberse movido. Pero conviene no pasar por alto que el estilo m\u00e1s tecnocr\u00e1tico de Sheinbaum tiene su propio atractivo entre los sectores credenciados que se alejaron en la segunda mitad del mandato de AMLO. Cf. Edwin F. Ackerman, \u00abSheinbaum&#8217;s Mission\u00bb, NLR Sidecar, 5 de diciembre de 2025. Lo que no se sabe todav\u00eda es si esa base seguir\u00e1 reconoci\u00e9ndose en el proceso cuando el proceso termine de reconocerse en ella <a href=\"#6cafc8dc-f87e-4f3a-ba53-f3d442c129ac-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 9\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"be8a2d28-c7f9-4e93-920e-ebc2d19d92eb\">La distinci\u00f3n entre el mito como coartada de dominaci\u00f3n y el mito como orientaci\u00f3n colectiva liberadora es desarrollada por David Bak Geler en \u00abEl Humanismo Mexicano: entre dos mitos\u00bb, <em>Revista Transformaci\u00f3n Legislativa,<\/em> INESLE, M\u00e9xico, 2024. Su advertencia final coincide con nuestro argumento, aunque por otra v\u00eda. <a href=\"#be8a2d28-c7f9-4e93-920e-ebc2d19d92eb-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 10\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><\/ol>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los nombres llegan siempre tarde. Y cuando llegan, suelen traer intereses que la experiencia original no ten\u00eda. Si eso vale para cualquier proceso pol\u00edtico que haya pasado de la calle al Estado, vale m\u00e1s para uno que se propuso, entre otras cosas, devolver su peso a las palabras. 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Elena Poniatowska, en su cronolog\u00eda del conflicto poselectoral, reconstruye ese clima moral de la movilizaci\u00f3n en <em>Amanecer en el z\u00f3calo. Los 50 d\u00edas que confrontaron a M\u00e9xico,<\/em> Planeta, M\u00e9xico, 2007.\",\"id\":\"5d1a5527-84c5-49fa-bc33-ff33db30c079\"},{\"content\":\"La figura del pueblo se deja ver sobre un fondo hist\u00f3rico preciso: aquel en que una larga pedagog\u00eda liberal ya hab\u00eda trabajado para convertirlo, primero, en vestigio de una gram\u00e1tica pol\u00edtica anticuada, y despu\u00e9s en artificio de la demagogia populista. Tras 1985, por ejemplo, la \u201csociedad civil\u201d pas\u00f3 a ocupar el lugar de colectividad nacional respetable, mientras el pueblo era empujado a la condici\u00f3n de figura caduca. Cf. Alejandra Leal Mart\u00ednez, \u201cDe pueblo a sociedad civil: el discurso pol\u00edtico despu\u00e9s del sismo de 1985\u201d, <em>Revista Mexicana de Sociolog\u00eda<\/em>, 76 (3), 441-469, 2014. Una operaci\u00f3n an\u00e1loga puede advertirse en la elevaci\u00f3n de la \u201cclase media\u201d a sujeto privilegiado de inteligibilidad nacional, operaci\u00f3n cuya arqueolog\u00eda, hasta donde sabemos, sigue pendiente. 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Pierre Bourdieu, \u201cNo hay democracia efectiva sin verdadero contra-poder cr\u00edtico\u201d, en <em>Intelectuales, pol\u00edtica y poder,<\/em> Eudeba, Buenos Aires, 1999, pp. 179-185.\",\"id\":\"968a47cd-24de-44f6-b881-077aca18efc3\"},{\"content\":\"Que el pueblo volviera a recortarse como figura es un fen\u00f3meno que el an\u00e1lisis pol\u00edtico a\u00fan registra con incomodidad. Desde posiciones ideol\u00f3gicamente distantes, la dificultad termina formul\u00e1ndose casi en los mismos t\u00e9rminos: en Enrique Krauze, como advertencia contra \u201cla vuelta al pa\u00eds de un solo hombre\u201d; en cierta cr\u00edtica de izquierda, con m\u00e1s rodeos, como diagn\u00f3stico de un \u201cpa\u00eds que pende de un hombre\u201d. Vale la pena anotar la convergencia, en apariencia parad\u00f3jica, porque sugiere un l\u00edmite com\u00fan para dar cuenta de la constituci\u00f3n del sujeto pol\u00edtico plebeyo. Cf. 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Fue popularizada por la imaginer\u00eda sovi\u00e9tica, y es muy cercana a un fragmento del poema que Maiakovski dedic\u00f3 al revolucionario ruso: \u201cA cada \/ cocinera, \/ \u00a1la ense\u00f1aremos a gobernar!\u201d\",\"id\":\"84a4fffc-c18a-4bc0-a178-b0f263e739c0\"},{\"content\":\"\u00a0El t\u00e9rmino es de Jorge Zepeda Patterson (\u201cClaudia Sheinbaum, izquierda con Excel\u201d, El Pa\u00eds, 3 de junio de 2024), quien lo utiliz\u00f3 como elogio del perfil tecnocr\u00e1tico-progresista de la presidenta.\u00a0 Aqu\u00ed interesa como cifra de una sensibilidad que excede tanto la figura de la mandataria como la cuesti\u00f3n del estilo personal.\",\"id\":\"ec8d2355-e4f4-434f-9358-ba6911975442\"},{\"content\":\"Dentro del propio obradorismo, la f\u00f3rmula \u201cprincipios con eficacia\u201d desarma el falso dilema entre eficacia y convicciones sin mundo. 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Pero conviene no pasar por alto que el estilo m\u00e1s tecnocr\u00e1tico de Sheinbaum tiene su propio atractivo entre los sectores credenciados que se alejaron en la segunda mitad del mandato de AMLO. Cf. Edwin F. Ackerman, \\\"Sheinbaum's Mission\\\", NLR Sidecar, 5 de diciembre de 2025. Lo que no se sabe todav\u00eda es si esa base seguir\u00e1 reconoci\u00e9ndose en el proceso cuando el proceso termine de reconocerse en ella\",\"id\":\"6cafc8dc-f87e-4f3a-ba53-f3d442c129ac\"},{\"content\":\"La distinci\u00f3n entre el mito como coartada de dominaci\u00f3n y el mito como orientaci\u00f3n colectiva liberadora es desarrollada por David Bak Geler en \\\"El Humanismo Mexicano: entre dos mitos\\\", <em>Revista Transformaci\u00f3n Legislativa,<\/em> INESLE, M\u00e9xico, 2024. Su advertencia final coincide con nuestro argumento, aunque por otra v\u00eda.\",\"id\":\"be8a2d28-c7f9-4e93-920e-ebc2d19d92eb\"}]"},"categories":[25],"tags":[],"class_list":["post-4741","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mexico"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4741","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=4741"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4741\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4742,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/4741\/revisions\/4742"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=4741"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=4741"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=4741"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}