{"id":4745,"date":"2026-05-12T16:18:02","date_gmt":"2026-05-12T22:18:02","guid":{"rendered":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4745"},"modified":"2026-05-12T16:18:03","modified_gmt":"2026-05-12T22:18:03","slug":"margarita-maza-de-juarez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4745","title":{"rendered":"Margarita Maza de Ju\u00e1rez"},"content":{"rendered":"\n<p>La esposa de don Benito fue, y es, paradigma de virtudes hogare\u00f1as y c\u00edvicas. Con la dignidad que da el cumplimiento de los deberes y la abnegaci\u00f3n, imprimida en los actos, su menuda figura se agiganta, a medida que se conoce el coraje con que supo ayudar, muchas veces silenciosa al esposo en la lucha tit\u00e1nica que el gran reformador libr\u00f3, con amigos y enemigos en las horas m\u00e1s terribles, que decidieron y pusieron el cimiento de nuestra soberan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo Ju\u00e1rez encontr\u00f3 a la compa\u00f1era insustituible de su vida, a la que soportara todos los rigores de la lucha y le fuera adicta en todos los momentos sin quejarse, sin lamentar ausencias, ni pobrezas? Supo de la existencia de Margarita, desde el d\u00eda que ella vio la luz primera, en la bella y perfumada atm\u00f3sfera de la ciudad de Oaxaca el 29 de marzo de 1826 (\u00e9l hab\u00eda llegado ocho a\u00f1os antes a la ciudad, buscando a su hermana Josefa, sirviente de los se\u00f1ores Maza). La vio crecer dentro de una familia austera, educada en r\u00edgidos y severos principios morales, sin que se descuidara la instrucci\u00f3n que se daba a la mujer. Conoci\u00f3 su concepto sobre el cumplimiento de los deberes y la fuerza para resistir los dolores. En ese ambiente se forj\u00f3 en principio, un lazo de sencilla y afectuosa amistad, que floreci\u00f3 en el amor que los uni\u00f3 toda su existencia. Celebraron su enlace en la ciudad de Oaxaca el 31 de julio de 1843.<\/p>\n\n\n\n<p>En la intimidad de la vida matrimonial madur\u00f3 la conciencia de esta joven, dulce, tierna y valerosa; fue acertada consejera en los momentos dif\u00edciles, colaboradora eficaz en los menesteres familiares y las empresas pol\u00edticas. Soport\u00f3 serena casi siempre la pobreza, la miseria, a pesar de los altos puestos que el esposo desempe\u00f1\u00f3. Uno de sus bi\u00f3grafos, refiere al respecto: \u00abun d\u00eda los visit\u00f3 Jos\u00e9, el hermano mayor de Margarita, un poco despu\u00e9s de la hora en que acostumbran comer. Le invitaron los esposos a comer aunque ellos ya hab\u00edan concluido; Jos\u00e9, ten\u00eda apetito, les dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bbNo se molesten por m\u00ed, porque ya saben que en comiendo coles fritas quedo conforme.<\/p>\n\n\n\n<p>Ju\u00e1rez y su esposa se miraron mortificados; ese d\u00eda, en efecto, no se hab\u00eda podido poner bitualla, ni por consiguiente coles en el puchero, y no lo hab\u00edan hecho por pobreza. Ju\u00e1rez era entonces, gobernador de Oaxaca\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El primero de los grandes dolores que ha de sufrir como madre, en donde ha de hacer constar la absoluta adhesi\u00f3n a las convicciones liberales del compa\u00f1ero de su vida, lo relata H\u00e9ctor P\u00e9rez Mart\u00ednez en <em>Ju\u00e1rez el impasible<\/em>, con estas l\u00edneas: \u00abSi antes sus palabras fueron a manera de faro, ahora sus actos ser\u00e1n lecciones inolvidables para el pueblo. \u2014Su hija Guadalupe \u2014aquella mestiza que salt\u00f3 en las rodillas del indio y acarici\u00f3 con torpeza la m\u00e1scara cobriza del padre\u2014 muere en 1850, y aunque la ley que prohib\u00eda el enterramiento de los cad\u00e1veres en los templos, exceptuaba a la familia del gobernador del Estado, \u00abno quise hacer uso de esa gracia, y yo mismo llev\u00e9 el cad\u00e1ver de mi hija al cementerio de San Miguel, para dar ejemplo de obediencia a la ley, que las preocupaciones nulificaban con perjuicio de la salud p\u00fablica.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMargarita Maza llora con l\u00e1grimas amargas tal empe\u00f1o legalista. Contempla c\u00f3mo por la esquina se pierde la figura negra de su esposo llevando bajo el brazo un peque\u00f1o caj\u00f3n pintado de blanco. Y se est\u00e1 en una silla hasta que los pasos seguros del indio resuenan de vuelta. Ju\u00e1rez llega en silencio a su esposa, la besa en la frente y sale a recibir una comisi\u00f3n de indios de su sierra. Desde este momento, con ese juicio de la mujer, har\u00e1 s\u00edntesis del marido: \u00abEs muy feo, pero es muy bueno\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1853 Santa Anna desat\u00f3 la persecuci\u00f3n contra Ju\u00e1rez, Margarita vigilante y sol\u00edcita acudi\u00f3 a prevenirlo, mand\u00f3 a uno de sus hermanos con el aviso; pero Ju\u00e1rez no pudo escapar a sus aprehensores; fue detenido, confinado en Jalapa, m\u00e1s tarde llevado a Tehuac\u00e1n, internado en San Juan de Ul\u00faa y desterrado. Busc\u00f3 refugio en Nueva Orleans en donde vivi\u00f3 a\u00f1o y medio.<\/p>\n\n\n\n<p>La esposa qued\u00f3 sola y sin dinero, hizo frente a la situaci\u00f3n para sostener a sus hijos, tej\u00eda fajillas, bordaba, cos\u00eda ajeno. Soportaba sola la muerte de su hija Amada, sexta de los hijos habidos en el matrimonio. En esta dolorosa situaci\u00f3n la tiran\u00eda que padec\u00eda el pa\u00eds, no conforme con perseguir a Ju\u00e1rez, lo hizo con la familia. Margarita sali\u00f3 con sus hijos de Oaxaca, acompa\u00f1ada s\u00f3lo por su fiel criado Juan Lazcano, para emprender a pie por intrincado camino, la fuga y burlar al conservador Cobos. Se escondi\u00f3 en la hacienda de su amigo don Miguel Castro. Pero hasta all\u00ed la siguieron los esbirros, y a pie con los hijos m\u00e1s peque\u00f1os en brazos de los mozos de la hacienda, lleg\u00f3 al pueblo de Santa Anita. Por la noche guiada por raro presentimiento, dispuso continuar la marcha apenas con el tiempo preciso para burlar a sus perseguidores que al fin la perdieron. En la hacienda de Santa Gertrudis, tambi\u00e9n propiedad de Castro, hall\u00f3 refugio seguro; all\u00ed permaneci\u00f3 la se\u00f1ora Ju\u00e1rez con sus hijos, algunos meses. Cuando el peligro de la persecuci\u00f3n cej\u00f3, volvi\u00f3 a Oaxaca. La situaci\u00f3n econ\u00f3mica era desesperada; el general Ignacio Mej\u00eda le propuso que se fuera con todos sus hijos a Etla, en donde \u00e9l le pondr\u00eda un tendej\u00f3n; ella acept\u00f3 y por alg\u00fan tiempo vendi\u00f3 pan y cigarros, ayud\u00e1ndose con tejidos y costuras. Apenas si con las exiguas ganancias de aquel comercio com\u00edan. Sab\u00eda que Ju\u00e1rez en el exilio deb\u00eda padecer hambre y privaciones, no s\u00f3lo por el poco salario que ganaba, sino porque \u00e9l, junto con los otros desterrados prosegu\u00edan la lucha incansable; con el mayor esfuerzo ahorr\u00f3 y le envi\u00f3 en una ocasi\u00f3n dos d\u00f3lares para que los empleara en sus necesidades m\u00e1s urgentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Ju\u00e1rez regres\u00f3 en 1855 al pa\u00eds; el partido liberal ganaba terreno y acab\u00f3 en el poder. La normalidad en la vida familiar del estadista no lleg\u00f3 a consumarse, el ritmo de la batalla contra la reacci\u00f3n s\u00f3lo le dejaba breves y fugaces instantes para sus seres queridos. El gobierno afront\u00f3 la guerra civil y finalmente la Intervenci\u00f3n francesa en 1862. Al declararse la guerra contra los extranjeros Margarita asumi\u00f3 su puesto en la retaguardia. Llam\u00f3 a las mujeres para arbitrar fondos a la instalaci\u00f3n de hospitales de sangre, organiz\u00f3 funciones a beneficio de los heridos y las familias de los que mor\u00edan. El gobierno de la Rep\u00fablica hubo de abandonar la capital. Carlos Obreg\u00f3n Santacilia en su delicioso librito <em>Del \u00c1lbum de mi Madre<\/em>, refiere c\u00f3mo fue el \u00e9xodo de la familia Ju\u00e1rez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCorre el a\u00f1o de 1864. Han pasado muchos meses desde aquella negra tarde en que, teniendo a los franceses en las puertas mismas de la Ciudad de M\u00e9xico y despu\u00e9s de arriar serenamente la bandera nacional en la Plaza Mayor, el Lic. Benito Ju\u00e1rez, Presidente de la Rep\u00fablica, tuvo que dejar la capital y llevar su gobierno y su legalidad en una dolorosa y larga peregrinaci\u00f3n, de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo, cada vez m\u00e1s al norte, hasta tocar la frontera con la espalda. No ha apartado, sin embargo, ni por un momento su mirada de la Naci\u00f3n, de su pueblo, de ese pueblo que \u00e9l mismo encarna y al que nunca, ni con la muerte, dejar\u00e1 solo.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Va con sus ministros en el viejo coche que le sirve de Palacio Nacional; all\u00ed traza planes y escribe proclamas; es el mismo coche del 58, aquel cuyo cochero al ser detenido e interrogado en las garitas respond\u00eda: es una familia enferma&#8230; va una familia enferma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLa familia, despu\u00e9s de varios d\u00edas, hace un alto en el Saltillo; la esposa de Ju\u00e1rez va a dar a luz. All\u00ed nace Antonio, el \u00faltimo hijo del Benem\u00e9rito. Contin\u00faa el viaje y al llegar a Monterrey se ve obligado a hacer otro alto, para que nazca Mar\u00eda, la primera nieta del Presidente, hija de Manuela su hija mayor y de Pedro Santacilia, su fiel y querido yerno y secretario, aquel que a\u00f1os antes, encontr\u00e1ndose con Ju\u00e1rez en Nueva Orle\u00e1ns, ambos desterrados por luchar por la libertad de sus respectivas patrias, le hab\u00eda dicho al despedirse: \u00bfd\u00f3nde nos volveremos a encontrar?, a lo que Ju\u00e1rez contest\u00f3: En M\u00e9xico libre, o en la eternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abVa Santacilia a la cabeza, \u00fanico que pod\u00eda haber acompa\u00f1ado en aquel trance a Margarita, la abnegada esposa de Ju\u00e1rez, a sus hijos peque\u00f1os y a los reci\u00e9n nacidos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abElla supo ya antes, de persecuciones: entonces, en las peregrinaciones, en los destierros, en la prisi\u00f3n, era cuando su esp\u00edritu prodigaba su perfume inagotable de ternura y de bien. Como el viejo soldado al o\u00edr el redoble del parche sonr\u00ede y se cuadra, as\u00ed Margarita se transformaba en hero\u00edna cuando la desgracia tocaba las puertas de su casa\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Al arribar a Matamoros, la familia Ju\u00e1rez recibe muestras sinceras de simpat\u00eda, por muchas personas respetables del puerto. All\u00ed hubieran permanecido alg\u00fan tiempo. Esta vez el se\u00f1or Santacilia tuvo el presentimiento de que algo los amenazaba y no estaba errado, pues tropas francesas estaban pr\u00f3ximas. Salieron violentamente hacia Punta Isabel con el objeto de embarcarse para Nueva Orleans, en el vapor Clington, al pasar frente a la desembocadura del r\u00edo Bravo vieron a lo lejos, en el Golfo, los palos de varios buques; despu\u00e9s supieron conduc\u00edan fuerzas francesas que acompa\u00f1adas del general conservador Tom\u00e1s Mej\u00eda ocuparon Matamoros.<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita permaneci\u00f3 en los Estados Unidos hasta la ca\u00edda del Imperio; instal\u00f3 su hogar en Nueva York. Mantuvo con dignidad y discreci\u00f3n la investidura de esposa del Primer Mandatario de la Naci\u00f3n. Sola aguant\u00f3 la p\u00e9rdida de dos m\u00e1s de sus hijos, Antonio y Pepe. Dolorida; pero no vencida por el sufrimiento, es ella la que consuela al esposo; \u00e9l no esconde, como se ve en su correspondencia con Pedro Santacilia, el dolor terrible producido por la muerte de sus v\u00e1stagos. M\u00e1s como siempre su convicci\u00f3n patri\u00f3tica, su pensamiento revolucionario son motivos centrales de su existencia que antepone a todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita en los Estados Unidos, no pidi\u00f3 consideraciones, exigi\u00f3 y reclam\u00f3 con su actitud, a los personajes que trat\u00f3, el reconocimiento a la forma de Gobierno y legislaci\u00f3n que su pueblo se hab\u00eda dado. Su conducta era la de una combatiente ideol\u00f3gica que expresaba su posici\u00f3n pol\u00edtica en cuanta oportunidad encontr\u00f3; como cuando el Ministro Seward dio una comida especial en su honor, con asistencia de todo el cuerpo diplom\u00e1tico acreditado ante el Gobierno Norteamericano. Entre los ministros que concurrieron se encontraban el espa\u00f1ol Garc\u00eda Tassara, encargado de hacer directamente los honores en la mesa a la se\u00f1ora Ju\u00e1rez, int\u00e9rprete entre \u00e9sta y Seward. En el sal\u00f3n en que se dio el banquete estaban dos grandes retratos, uno de Ju\u00e1rez y otro de Santa Anna, el ministro del Estado Norteamericano se dirigi\u00f3 a Margarita, por medio de Garc\u00eda Tassara manifest\u00e1ndole: \u00ab\u2014Mi mayor deseo es que pronto nos veamos en la Capital de la Rep\u00fablica como fundadamente lo espero; y tener la satisfacci\u00f3n de ir a saludar al patriota se\u00f1or Ju\u00e1rez. Mi mayor gusto, ser\u00eda ver unidos a mis dos amigos (se\u00f1alando a Santa Anna) y ya olvidadas las rencillas de partido que hasta hoy los han separado\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u2014Tendremos una gran satisfacci\u00f3n tanto mi esposo como yo en verlo por M\u00e9xico, pero que no espere encontrar all\u00ed reunidos al general Santa Anna y a Ju\u00e1rez. Si uno de los dos est\u00e1 en la Capital, el otro tendr\u00e1 que estar muy lejos, porque trat\u00e1ndose de principios pol\u00edticos un oc\u00e9ano los separa.\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Los dirigentes pol\u00edticos de Norte-Am\u00e9rica \u2014aparte su inter\u00e9s por impedir intromisiones de Europa en los pa\u00edses de habla latina, calibraron la voluntad ind\u00f3mita del pueblo mexicano a cuya cabeza se encontraba el Benem\u00e9rito en la obstinada defensa del subsuelo y de los principios liberales\u2014, comenzaron a manifestar con determinados actos su reconocimiento a la legalidad del Gobierno de la Rep\u00fablica. Ejemplo de esta batalla a muerte, irreductible en sus prop\u00f3sitos era la mujer sencilla iluminada en la seguridad del triunfo de los anhelos populares. Por eso una de las primeras manifestaciones, para externar la posici\u00f3n de ese gobierno fue la que ella, en\u00e9rgica, hab\u00eda demandado.<\/p>\n\n\n\n<p>Transcribimos de Ralph Roeder, en <em>Ju\u00e1rez y su M\u00e9xico<\/em>, las l\u00edneas que ilustran esto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abFue Margarita a Washington en marzo de 1866 a visitar a la madre del embajador de M\u00e9xico, Sr. Mat\u00edas Romero, que se encontraba enferma; y \u00abde repente se encontr\u00f3 con asombro suyo en plena actividad pol\u00edtica; las tarjetas de visita, d\u00e1ndole la bienvenida a la capital, llenaron la antesala de su Legaci\u00f3n; en la Casa Blanca se organiz\u00f3 en su honor una recepci\u00f3n, la primera funci\u00f3n social celebrada en la mansi\u00f3n ejecutiva desde la toma de posesi\u00f3n del Presidente Johnson.\u00bb\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Carlos Obreg\u00f3n Santacilia en su obra citada; comenta ese cambio:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abLe ofrecieron cenas \u00edntimas, la invitaron a visitar el Departamento de Estado, en donde el Ministro le ense\u00f1\u00f3 los documentos hist\u00f3ricos. El General Grant le ofreci\u00f3 un baile que produjo sensaci\u00f3n en el mundo oficial; la prensa se\u00f1al\u00f3 la presencia del Presidente e inclusive la asistencia del Ministro Franc\u00e9s. En todo hizo un gran papel, d\u00e1ndose a su visita la categor\u00eda de un suceso diplom\u00e1tico\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita escribi\u00f3 a don Benito para comentar los hechos y aclarar las exageraciones en que la prensa incurri\u00f3. Esta misiva pone al descubierto su claridad mental, criterio pol\u00edtico y atinado juicio sobre las personas. Hasta ahora es la \u00fanica carta publicada en la nutrida correspondencia que sostuvo con el c\u00f3nyuge, contenida en la cuidadosa selecci\u00f3n hecha por el Ing. Jorge L. Tamayo en el libro <em>Epistolario de Ju\u00e1rez<\/em>; fechada en Washington, el 28 de marzo de 1866.<\/p>\n\n\n\n<p>CARTA DE MARGARITA<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMi estimado Ju\u00e1rez: Ma\u00f1ana es el d\u00eda terrible en que cumplir\u00e9 40 a\u00f1os y tendr\u00eda mucho gusto en pasarlo a tu lado, pero no es posible y no hay m\u00e1s que conformarse como se conforma una con la muerte porque no hay otro remedio. Todos estamos buenos; yo todav\u00eda estoy por aqu\u00ed, pero la semana entrante me voy para Nueva York. Antes de anoche me llev\u00f3 Romero a la recepci\u00f3n del Presidente y como ver\u00e1s en el <em>Herald<\/em> dicen que estuve yo elegantemente vestida y con muchos brillantes. Eso no es cierto, toda mi elegancia consisti\u00f3 en un vestido que me compraste en Monterrey poco antes de salir, y con tantos cuidados y pesares no me hab\u00eda puesto el \u00fanico vestido que tengo regular y lo guardo para cuando tengo que hacer alguna visita de etiqueta nom\u00e1s; respecto de brillantes no ten\u00eda m\u00e1s que unos aretes que t\u00fa me regalaste un d\u00eda de mi santo porque mis dem\u00e1s cositas las tengo en Nueva York. Te digo todo esto porque no vayan a decir estando t\u00fa en el Paso con tantas miserias yo est\u00e9 aqu\u00ed gastando lujo; todo esto lo ha hecho la novedad y que a ti te quieren y tienen simpat\u00eda por ti; aqu\u00ed me han visitado muchas personas y la noche de la recepci\u00f3n me presentaron a muchas personas y al Sr. Hamersly que desde que llegamos a Nueva York nos ha visitado, como hac\u00eda aqu\u00ed. Toda la enfermedad de mi hijo Pepillo, los m\u00e1s d\u00edas, llevaba su tarjeta; \u00e9l y su Sra. me estuvo paseando por los salones; en fin, lo que s\u00ed es cierto que las personas a quienes me han presentado y que me conocen me consideran bastante. Toda mi mortificaci\u00f3n es no saber hablar, pero afortunadamente Margarita (su hija) que estuvo aqu\u00ed conmigo habla ya regular.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abMucho me alegro que los franceses se hayan retirado para que ustedes puedan ir a Chihuahua; all\u00ed tendr\u00e1n m\u00e1s recursos. Dios quiera tengan un feliz viaje; yo temo mucho por el invierno porque tienen que pasar algunas noches en el desierto; cu\u00eddense cuanto les sea posible.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abSaludos a los tres Lerdo, Iglesias, Goitis, Posadas, Contreras, Z\u00e1rate, D\u00edaz y Novoal (?); a Salom\u00e9 lo mismo dile que le agradezco mucho que te acompa\u00f1e y te cuide; no se parece a Secun, que se manej\u00f3 tan mal que tuve que echarla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abProcura mandar una ordencita para que estos comisionados Carbajal y Santos Ochoa se vayan porque son tan in\u00fatiles, y el segundo tan necio, que yo creo por lo que he o\u00eddo que a todos les ofrece millones como si fueran centavos; procura quitarlo de semejante comisi\u00f3n y procura mandar una persona que discurra, porque es una desgracia; hay aqu\u00ed una percha de mexicanos que dan verg\u00fcenza que toda su fortuna es no saber ingl\u00e9s sino ser\u00eda peor; para volver por nuestro honor perdido, manda una persona capaz de algo y no sigas mandando muchas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl \u00fanico capaz es el Sr. Baranda y veo que saldr\u00e1 pronto de aqu\u00ed. El pobre de Carbajal tendr\u00e1 muy buenas intenciones; no sirve, est\u00e1 hecho un viejo, encerrado todo el mundo sabe que est\u00e1, pero \u00e9l cree que est\u00e1 prestando un servicio muy grande estando encerrado. Se hace la ilusi\u00f3n que nadie lo sabe haciendo gastos, porque cada uno de sus hijos, est\u00e1n en distintos hoteles y \u00e9l se los paga por supuesto, y tambi\u00e9n los muchachos creo no son ni parientes de los que inventaron la p\u00f3lvora; no conozco m\u00e1s que a uno, pero me parece que su hermanito ha de ser lo mismo. Con esa percha de in\u00fatiles, que esperanza quieres que yo tenga en que hagamos algo; s\u00f3lo Dios nos puede sacar de este atolladero. Ya que te he quitado bastante tiempo con mis sandeces que te entrar\u00e1n por un o\u00eddo y te saldr\u00e1n por el otro como los consejos de Villalobos. Recibe expresiones de la familia de Romero y el coraz\u00f3n de tu esposa que te ama y desea verte. Margarita\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La discreci\u00f3n y decoro personal no son cosas que se adquieren al nacer, dependen del clima en que se cr\u00edan y desarrollan los seres. Estas cualidades se ahondan a medida que se comparten los anhelos y problemas con las personas amadas. Margarita tra\u00eda la semilla de su educaci\u00f3n familiar, en su vida conyugal germin\u00f3 y madur\u00f3 d\u00e1ndole la medida de lo transitorio, de lo ef\u00edmero, que suelen ser los halagos y homenajes rendidos a los hombres p\u00fablicos y sus familiares. Por eso la ostentaci\u00f3n no cab\u00eda en sus actos: Jam\u00e1s hizo alarde, ni aprovech\u00f3, como no fuera para la empresa patri\u00f3tica, el puesto en que el destino la coloc\u00f3 como esposa de un extraordinario estadista y pensador. Esto a pesar de amarlo tan profundamente, de estar tan orgullosa de su conducta, su manera de ser, se retrata en los detalles m\u00e1s intrascendentes, como este relatado por sus descendientes:<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita hac\u00eda las compras en un mercado norteamericano. En cierta ocasi\u00f3n, un vendedor de pescados estaba leyendo en el <em>Herald<\/em> noticias de M\u00e9xico, referente a la guerra que sosten\u00eda el partido liberal contra el llamado imperio. Al ver llegar a Margarita y a su hija Manuela, a quienes aunque no conoc\u00eda por sus nombres, sab\u00eda eran mexicanas, en un arranque de entusiasmo se dirigi\u00f3 a la se\u00f1ora Ju\u00e1rez y en un mal espa\u00f1ol le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u2014Ustedes son mexicanas, ustedes deben tener el honor de conocer al gran patricio, al Presidente Ju\u00e1rez, \u00bfno es verdad?<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u2014S\u00ed, lo conocemos, respondi\u00f3 con sencillez Margarita guardando modestamente el inc\u00f3gnito.<\/p>\n\n\n\n<p>Al volver de los Estados Unidos, en el trayecto de Veracruz a la capital, se hizo una recepci\u00f3n apote\u00f3tica a la familia, en cada pueblo, se la deten\u00eda por lo menos un d\u00eda. Ju\u00e1rez, pregunta, ante la tardanza \u00bfcu\u00e1ndo van a llegar? La esposa le responde: \u00abCuando se pueda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de sus bi\u00f3grafos, E. M. de los R\u00edos, asienta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs natural que a sus hijos impresionaran estas muestras de simpat\u00eda y las distinciones que se les dispensaban como reconocimiento a Ju\u00e1rez, Margarita cuidaba siempre de inculcarles la idea de que \u00abEsas distinciones concluir\u00edan cuando por desgracia su padre muera&#8230; No se enorgullezcan de ellas, dec\u00eda a las chicas, recuerden y no olviden nunca que la mujer vale sobre todo por sus virtudes y que la vanidad es uno de los m\u00e1s feos defectos en una se\u00f1orita. Acu\u00e9rdense de las \u00e9pocas sufridas en la escasez y consideren que las adulaciones de hoy pueden trocarse en indiferencia y hasta en desprecios, si la suerte cambia\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abInvariablemente, cuando concurr\u00eda a reuniones o festividades, advert\u00eda el motivo de su salida a los suyos con estas palabras: \u00abVoy a una comida que dan al Gobierno&#8230; o a una reuni\u00f3n a que han invitado al Gobierno&#8230; voy a presidir una festividad para la que ha sido solicitada la presencia del Gobierno\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en M\u00e9xico, instalada en sus habitaciones del Palacio Nacional, si bien disfrutaba de la dichosa compa\u00f1\u00eda de don Benito, en su hogar sufr\u00eda la miseria que la guerra dej\u00f3 al pa\u00eds. Angustiada no pod\u00eda a veces cumplir los peque\u00f1os antojos de su nieta Mar\u00eda, hija de Pedro Santacilia, como lo narra Carlos Obreg\u00f3n Santacilia en la obra que hemos citado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abUna tarde Mar\u00eda quiere unos dulces y se los pide a su abuela, pero en el Palacio Nacional no hay dinero para mandar comprar unos dulces para la ni\u00f1a y la abuela no sabe qu\u00e9 hacer ni c\u00f3mo dec\u00edrselo a su peque\u00f1a nieta, que seguramente no comprender\u00eda aquella m\u00ednima pero profunda situaci\u00f3n. Uno de los colaboradores del Presidente se entera y pone el insignificante dinero necesario\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El 2 de enero de 1871, abandon\u00f3 la vida dejando a Ju\u00e1rez sumido en la pena y la soledad m\u00e1s honda de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>La muerte de Margarita caus\u00f3 consternaci\u00f3n en todos los medios sociales. Los amigos del Benem\u00e9rito que hab\u00edan conocido su batallar y sab\u00edan de su profunda convicci\u00f3n liberal, hicieron p\u00fablica su conducta ejemplar en semblanzas como la oraci\u00f3n f\u00fanebre de Guillermo Prieto, publicada en <em>El Federalista<\/em> de 5 de enero de 1871. Reproducimos a continuaci\u00f3n algunos fragmentos de esa pieza oratoria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab&#8230; \u00a1Oh! no, \u00a1no puede ser! sentirse amada, derramar ventura, tener cerca de los labios la copa de la vida rebosando en d\u00edas felices generosa matrona, y disiparse y desaparecer, cuando se as\u00edan de tu cauda de \u00c1ngel del Se\u00f1or las manecitas del ni\u00f1o que saludaba la existencia, cuando te reten\u00eda el amor del esposo desolado y de los hijos, cuando la amistad tend\u00eda a tus pies como un tapiz de flores sus afectos y cuando, como un himno perpetuo, te ensalzaban las bendiciones de los pobres mil a quienes socorr\u00edas&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abCuando lanz\u00f3 sobre tu seno dardo emponzo\u00f1ando la persecuci\u00f3n inicua, castigando en ti el hero\u00edsmo de tu consorte, que enarbolaba en las playas de Veracruz la desgarrada bandera de la Reforma, por ensalzar la altura de su nombre, por no manchar con una sombra de debilidad la grandeza de su causa, atravesaste a pie, rodeada de tus ni\u00f1os inocentes, la fragosa sierra de Oaxaca y fuiste all\u00ed, donde ni lo mort\u00edfero del clima detuvo tu planta, ni los peligros mil te retrajeron del deber\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Ediciones de La Chinaca. M\u00e9xico, 1967.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La esposa de don Benito fue, y es, paradigma de virtudes hogare\u00f1as y c\u00edvicas. 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