{"id":4759,"date":"2026-05-12T16:47:57","date_gmt":"2026-05-12T22:47:57","guid":{"rendered":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4759"},"modified":"2026-05-12T16:47:57","modified_gmt":"2026-05-12T22:47:57","slug":"la-obsesion-gramsci-en-las-derechas-argentinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4759","title":{"rendered":"La obsesi\u00f3n Gramsci en las derechas argentinas"},"content":{"rendered":"\n<p>En febrero de 2024, Javier Milei, presidente argentino desde diciembre del a\u00f1o anterior, realiz\u00f3 un posteo en su cuenta de X que actualiz\u00f3 el reiterado recurso a la figura de Antonio Gramsci por parte de las derechas argentinas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tuit de febrero de 2024, pocos meses despu\u00e9s de asumir, que mostraba que segu\u00eda esa pasi\u00f3n derechista por Gramsci. El mismo llevaba un t\u00edtulo program\u00e1tico, sugiriendo un aspecto de un programa de gobierno en curso: \u201cDesarmando el Gramsci Kultural\u201d<sup data-fn=\"b9b4f030-b37d-429e-9678-7555da0619ca\" class=\"fn\"><a href=\"#b9b4f030-b37d-429e-9678-7555da0619ca\" id=\"b9b4f030-b37d-429e-9678-7555da0619ca-link\">1<\/a><\/sup>. All\u00ed se insiste sobre recurrentes t\u00f3picos de las derechas, en virtud de los cuales se encuentran en una batalla cultural en curso contra quienes vendr\u00edan utilizando las armas de la cultura, la educaci\u00f3n y los medios de comunicaci\u00f3n para auspiciar una decadencia moral que habr\u00eda conducido a la Argentina a un estado de putrefacci\u00f3n\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>No es un dato menor que la invocaci\u00f3n de Milei a la figura de Gramsci venga acompa\u00f1ada por el neologismo \u201ckultural\u201d. El \u201cGRAMSCI KULTURAL\u201d (as\u00ed en may\u00fasculas) que Milei se atribuye estar desarmando nos ofrece r\u00e1pidamente dos elementos a pensar: el orden de la cultura, porque se se\u00f1ala con \u00e9nfasis que se trata de ese Gramsci, el de la cultura y, por otra parte, la inefable letra \u201ck\u201d con la que se alude despectivamente al Kirchnerismo como proyecto y proceso pol\u00edtico, en lo que constituye una operaci\u00f3n que acompa\u00f1\u00f3 con \u00e9xito el empobrecimiento ling\u00fc\u00edstico de nuestras derechas estos \u00faltimos lustros.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Comencemos por la cultura. Se sabe, y se ha escrito bastante sobre ello, que no es ni remotamente la primera vez que las derechas colocan en Gramsci la cifra de su batalla. No lo es en el tiempo -sucede hace mucho- ni en el lugar -sucede en muchos pa\u00edses-. En todos los casos, Gramsci suele estar asociado a un cambio de estrategia que las izquierdas tomar\u00edan, posiblemente como efecto de una derrota. Derrotadas militar y\/o pol\u00edticamente, desplazan el campo de batalla hacia la cultura. Una especie de \u201cprimer ciclo\u201d de este argumento encuentra su origen en las mismas tierras italianas: el fil\u00f3sofo cat\u00f3lico Augusto Del Noce<sup data-fn=\"448be01c-0240-49c3-8b3e-7af5efb15e7d\" class=\"fn\"><a href=\"#448be01c-0240-49c3-8b3e-7af5efb15e7d\" id=\"448be01c-0240-49c3-8b3e-7af5efb15e7d-link\">2<\/a><\/sup> se confronta tempranamente con el pensamiento de Gramsci, bajo la hip\u00f3tesis de que la filosof\u00eda de la praxis -ese peculiar marxismo de Gramsci, apoyado en un intenso privilegio de la acci\u00f3n por sobre la estructura, de la pol\u00edtica por sobre la econom\u00eda- era un llamado a la destrucci\u00f3n de los valores trascendentes y por ello acompa\u00f1aba con \u00e9xito al proceso de modernizaci\u00f3n -y secularizaci\u00f3n- que se desplegaba aceleradamente en la segunda posguerra italiana: Maledetto 68. Aunque resulte algo parad\u00f3jico para nuestras derechas gramscianas (o anti gramscianas, es m\u00e1s o menos lo mismo en este punto), el Gramsci de Del Noce no disputaba las palabras desde la izquierda ni estaba embarcado en una \u201cbatalla cultural\u201d por los s\u00edmbolos, sino que dilu\u00eda &#8211;<em>historizaba- <\/em>todos los s\u00edmbolos. Gramsci no sab\u00eda, dice Del Noce con una inteligencia tan pol\u00e9mica como incisiva, que tambi\u00e9n su revoluci\u00f3n -cual cabeza de jacobino- caer\u00eda bajo la guillotina de una l\u00f3gica disolvente que conducir\u00eda a la sociedad toda al nihilismo, a la muerte de todo valor. Poco importa como sigue ese largo debate italiano, pero sirve tan solo para sugerir que hubo una \u00e9poca en la que discutir Gramsci con la derecha pod\u00eda ser interesante.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Los reaccionarios argentinos tambi\u00e9n iniciaron sus diatribas contra Gramsci en la defensa de los valores de la civilizaci\u00f3n occidental y cristiana, aunque con menos lectura, formaci\u00f3n y agudeza que Del Noce. Su <em>traducci\u00f3n <\/em>era simplemente la hip\u00f3tesis de una izquierda que, derrotada por las armas en la dictadura, volv\u00eda a la pol\u00edtica por la v\u00eda cultural. Aquello que se designaba como \u201cizquierda\u201d ya no era el efecto de una trama organizativa, o de un conjunto de lecturas, sino casi cualquier cosa que no entrara en el restringido mundo eclesi\u00e1stico-militar que resguardaba la herencia de Occidente. Ya en los a\u00f1os ochenta, en la inmediata posdictadura, compart\u00edan este tipo de argumento espacios como la conservadora revista <em>Cabildo<\/em>, porciones importantes de la Iglesia indignadas con la apertura democr\u00e1tica y, por supuesto, militares y civiles de la Dictadura que incluso en el escenario mismo en que eran juzgados por cr\u00edmenes atroces abjuraban contra el \u201cgramsciano\u201d presidente Ra\u00fal Alfons\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Similares manifestaciones se pod\u00edan leer, entre otros lados, en Brasil, sugiriendo una suerte de \u201ctono regional\u201d que todav\u00eda hoy se conserva. Al menos desde los a\u00f1os noventa Olavo de Carvalho, astr\u00f3logo y referente te\u00f3rico de la extrema derecha brasile\u00f1a, segu\u00eda las aventuras del Partido de los Trabajadores calific\u00e1ndolo como \u201cuna tropa de \u00e9lite de las ideas gramscianas\u201d. Esas \u201cideas\u201d se sintetizaban en una disputa por el sentido com\u00fan que tend\u00eda a demoler los valores, de nuevo, de la civilizaci\u00f3n cristiana y occidental. Gramsci como actitud: l\u00f3gicamente no es necesario leer a Gramsci, mucho menos afiliarse al comunismo, para ser gramsciano. Con Jair Bolsonaro, de quien Olavo de Carvalho era considerado el \u201cgur\u00fa\u201d, esa mezcla de prejuicio y teor\u00eda conspirativa devino palabra de Estado. Y la cosa sigue: en 2021, el Instituto Manuel Oribe del Partido Nacional uruguayo convoc\u00f3 a su concurso anual de ensayos, bajo el curioso t\u00edtulo: \u201cGramsci en Uruguay\u201d. Result\u00f3 ganador el libro \u201cInfluencia de Antonio Gramsci en Uruguay\u201d, de Juan Pedro Arocena. El libro contiene una revisi\u00f3n cr\u00edtica del itinerario de la izquierda uruguaya para pronunciarse en el presente contra el \u201cfeminismo radical\u201d y las \u201cagendas de derechos\u201d. Su prop\u00f3sito: disputar la \u201ccultura\u201d para ponerla \u201cal servicio de la libertad y la ciudadan\u00eda\u201d. Es evidente el di\u00e1logo con el libro \u201cLa batalla cultural\u201d, que su autor el polit\u00f3logo Agust\u00edn Laje -figura pr\u00f3xima a Milei y de gran influencia en las redes conservadoras (y ahora \u201clibertarias\u201d) latinoamericanas- subtitula \u201cReflexiones cr\u00edticas para una nueva derecha\u201d -\u00bf<em>Hic Rhodus <\/em>para las apasionadas b\u00fasquedas de \u201cnovedades\u201d en las derechas?-, y que contiene tambi\u00e9n cuantiosas referencias a Gramsci como centro de una hip\u00f3tesis \u201ccultural\u201d de disputa del sentido com\u00fan y conquista de lo \u201cpol\u00edticamente correcto\u201d que la izquierda estar\u00eda llevando adelante<sup data-fn=\"a38d819e-6159-492a-965c-3b1259812429\" class=\"fn\"><a href=\"#a38d819e-6159-492a-965c-3b1259812429\" id=\"a38d819e-6159-492a-965c-3b1259812429-link\">3<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se mira con cuidado, se ver\u00e1 que poco ha cambiado de los <em>contenidos <\/em>de la batalla en torno de Gramsci: defensa de valores conservadores contra una suerte de desquicio modernizador que todo lo trastoca. La mayor diferencia quiz\u00e1 est\u00e1 en las formas: Milei no es un cura conservador o un militar cat\u00f3lico, sino un exc\u00e9ntrico y auto percibido profeta que construy\u00f3 su potencia pol\u00edtica con un discurso que reun\u00eda conservadurismo cultural, ortodoxia neoliberal y, sobre todo, invitaci\u00f3n al goce de romperlo todo. Lo nuevo est\u00e1 en el tercer elemento, la vocaci\u00f3n destructiva. Porque, en rigor, liberalismo y fascismo, al menos en Argentina -y en Am\u00e9rica Latina-, no fueron incompatibles, m\u00e1s bien lo contrario. Hoy, aquello que Milei percibe como l\u00edmite, ya sean pol\u00edticos progresistas, figuras del espect\u00e1culo que lo critican o sindicalistas que resisten sus pol\u00edticas de austeridad, constituyen columnas del, textual de la publicaci\u00f3n del presidente, \u201cedificio de Gramsci\u201d (macabra suerte la del encarcelado por el fascismo, que tanto pele\u00f3 por expulsar a los edificios \u2013\u201cbase y superestructura\u201d- de las met\u00e1foras que dominaban el panorama te\u00f3rico del marxismo).<\/p>\n\n\n\n<p>En este punto convive la tentaci\u00f3n -algo absurda, del todo in\u00fatil y en parte inevitable- de denunciar las pobr\u00edsimas lecturas de Gramsci que entra\u00f1a la aproximaci\u00f3n de Milei a su figura con la m\u00e1s adecuada pregunta por las razones de esta obsesi\u00f3n. \u00bfQu\u00e9 es lo que encuentran las derechas en Gramsci para nombrar con \u00e9l a todo lo que perturba el despliegue de su <em>concepci\u00f3n del mundo<\/em>?<\/p>\n\n\n\n<p>La atracci\u00f3n entra\u00f1a, evidentemente, ambivalencias. Gramsci pareciera estar habitado por una especie de desplazamiento casi imperceptible: aparece como terreno de lucha, como suelo com\u00fan de una forma de la pol\u00edtica, la de la lengua y los s\u00edmbolos, claro que desgajados de un horizonte general, y m\u00e1s a\u00fan de un plano econ\u00f3mico-productivo (y estrictamente por eso es cultural, porque no es econ\u00f3mico), tanto como aparece, luego, como una de las partes de esa disputa, la que avanza perniciosamente conquistando el sentido com\u00fan porque sabe que en los otros terrenos perdi\u00f3, o perder\u00eda. En ese juego desanclado valen la pura irracionalidad, las pasiones tristes y el llamado a la violencia, porque se tratar\u00eda simplemente de palabras contra palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema de lectura est\u00e1, ciertamente, en esa concepci\u00f3n <em>pobre <\/em>de cultura. El inter\u00e9s de Gramsci en la dimensi\u00f3n cultural no es una sustituci\u00f3n de un inter\u00e9s por la econom\u00eda o por la pol\u00edtica, como si se tratara de un men\u00fa de batallas por elegir. Por el contrario, lo que Gramsci registra en su teor\u00eda pol\u00edtica es un desplazamiento en las formas del conflicto. Frente a la irrupci\u00f3n de las masas en la vida pol\u00edtica (1917 es el a\u00f1o que sintetiza aquello), la dominaci\u00f3n capitalista se enfrenta a la exigencia de incorporar de alg\u00fan modo -aunque sea subordinado- esas energ\u00edas, que llegaron para quedarse. Lo que trasciende a las lecturas simplificadas de las derechas como el problema gramsciano de la cultura es en realidad el problema del consenso que integra necesariamente las formas modernas de dominaci\u00f3n (enti\u00e9ndase bien: el consenso no es una estrategia que eligi\u00f3 la izquierda -mucho menos bajo el pobre tono conspirativo con el que revisten el asunto Milei y sus publicistas- sino un elemento central de la <em>reproducci\u00f3n<\/em> del capitalismo del siglo XX, y XXI). Y ese consenso no es un problema de palabras que convenzan o no convenzan, sino de im\u00e1genes de sociedad: hay hegemon\u00eda cuando la sociedad reconoce que quienes la conducen la llevan, de alg\u00fan modo, hacia adelante. Esa incorporaci\u00f3n de los dominados en el coraz\u00f3n de la dominaci\u00f3n es \u201ccultural\u201d, entonces, solo si se entiende a la cultura como parte de la trama de signos que atraviesa la sociedad toda -incluyendo la econom\u00eda, por supuesto-. El coraz\u00f3n del asunto est\u00e1 en que esa incorporaci\u00f3n fortalece la dominaci\u00f3n al mismo tiempo que inscribe en su interior su car\u00e1cter conflictivo y, por ende, inestable. Por esto Gramsci es un interesado por todos los rincones de la pr\u00e1ctica social, las minucias de la lengua, la ambivalencia de las palabras, los fragmentos de la vida en com\u00fan que dejan ver aquello que pone en cuesti\u00f3n el estado de las cosas. All\u00ed est\u00e1 el problema del \u201csentido com\u00fan\u201d, acaso uno de los sintagmas que con m\u00e1s sa\u00f1a las derechas alojan en la amenaza Gramsci: el sentido com\u00fan es una controversia por las palabras para nombrar el mundo tanto como por el mundo mismo. No est\u00e1 tan lejos del viejo asunto de la lucha de clases.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no colocamos este rodeo por Gramsci con af\u00e1n correctivo (o no solamente). Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n unos cuantos lectores honestos de Gramsci se vieron atrapados por la seductora figura del consenso, olvidando todo lo dem\u00e1s. Nos interesa preguntarnos si no est\u00e1 all\u00ed, en ese juego que desancla la cultura del terreno general de la vida en com\u00fan y de la forma de organizaci\u00f3n de la sociedad, el coraz\u00f3n de la obsesi\u00f3n derechista con Gramsci. Es preciso tomarse bien en serio la afirmaci\u00f3n que indica que la izquierda pasa a la batalla cultural porque perdi\u00f3 la batalla militar, o la pol\u00edtica. Con la atenci\u00f3n puesta, por decirlo de alg\u00fan modo, en mirar la parte llena del vaso y no la vac\u00eda: all\u00ed donde el discurso aparenta debilidad o un car\u00e1cter defensivo (\u201cla izquierda ha conquistado el sentido com\u00fan, debemos recuperarlo\u201d) deja ver en realidad lo contrario, una intensa agresividad: se considera que la guerra ya ha sido ganada, que los t\u00e9rminos de la organizaci\u00f3n de la sociedad ya han sido colocados. Y, sin embargo, el conflicto, de diversos modos, retorna. Y entonces la \u201ccultura\u201d aparece representando esa suerte de resto no domesticado, la parte que falta para terminar con el asunto. La intensidad del grito se corresponde con la indignaci\u00f3n por lo que resulta incomprensible: \u00bfPor qu\u00e9 vuelve la izquierda a trav\u00e9s de insumisos artistas pop si ya la derrotamos en los campos de concentraci\u00f3n?&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La K. Hay algo novedoso en la violencia que ofrecen los discursos del presidente Milei y, en general, los de la extrema derecha contempor\u00e1nea. Esa novedad debe ser pensada como tal, pero no desenlazada de lo que dentro de ella insiste como repetici\u00f3n de viejas ma\u00f1as. Cuando se ataca de ese modo a un sector de la sociedad, queda bastante claro que hay algo que se est\u00e1 intentando cancelar. Clausurar una parte de la historia mediante la pura moralizaci\u00f3n de su existencia (como origen de la \u201cdecadencia argentina\u201d) no es un procedimiento nuevo, aunque esta vez se est\u00e9 desarrollando en un nuevo contexto nacional e internacional, de consecuencias imprevisibles tanto como preocupantes. Tampoco Gramsci aparece por primera vez en todo esto. M\u00e1s bien lo contrario.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1956, Gino Germani escribe el texto \u201cLa integraci\u00f3n de las masas a la vida pol\u00edtica y el totalitarismo\u201d<sup data-fn=\"661bcb10-7e22-4000-bb88-236ba229cf83\" class=\"fn\"><a href=\"#661bcb10-7e22-4000-bb88-236ba229cf83\" id=\"661bcb10-7e22-4000-bb88-236ba229cf83-link\">4<\/a><\/sup>. El mismo es redactado a pedido de la auto denominada Revoluci\u00f3n Libertadora que hab\u00eda derrocado a Per\u00f3n un a\u00f1o antes, bajo el impulso de la pregunta -que tambi\u00e9n era un deseo- en torno de las posibilidades de pasar la p\u00e1gina de la pesadilla peronista y retornar al d\u00eda anterior a su advenimiento. Se le consultaba al experimentado soci\u00f3logo si se pod\u00eda considerar al peronismo tan solo un desagradable par\u00e9ntesis en la historia argentina, que entonces podr\u00eda ya retomar su senda de progreso y razonabilidad. Germani se resiste, con honestidad, a la respuesta que le solicitaban, a pesar de su confesa distancia con el peronismo. En su texto, se manifiesta decididamente en contra de las tesis que reduc\u00edan el peronismo a un acto de manipulaci\u00f3n o a la venta de la dignidad de los trabajadores \u201cpor un plato de lentejas\u201d, como se se\u00f1alaba desde\u00f1osamente en los c\u00edrculos cultos de la \u00e9poca.<\/p>\n\n\n\n<p>Germani define al peronismo -al que no deja de asociar con significantes como \u201cdictadura\u201d o \u201ctotalitarismo\u201d- como la primera experiencia de democratizaci\u00f3n de la participaci\u00f3n pol\u00edtica y social para los trabajadores y afirma dos cosas importantes acerca de la <em>libertad<\/em>, palabra clave de nuestros d\u00edas: \u201cLos trabajadores que apoyaban la dictadura [al peronismo], lejos de sentirse despojados de la libertad estaban convencidos de que la hab\u00edan conquistado\u201d y, luego \u201cLa libertad que hab\u00edan perdido [durante el peronismo] era una libertad que nunca hab\u00edan realmente pose\u00eddo\u201d\u00a8. Vale decir que, con el peronismo, seg\u00fan Germani, los trabajadores hab\u00edan perdido algo que nunca hab\u00edan tenido y, al mismo tiempo, hab\u00edan conquistado algo que antes no ten\u00edan. Pura ganancia, aunque atrapada en la resistencia del autor a conceder demasiado. Lo que en todo caso descubre Germani es una <em>experiencia <\/em>que ser\u00e1 el n\u00facleo de la <em>duraci\u00f3n<\/em> del peronismo. Y el texto se cierra entonces respondiendo, con enorme candidez, al gobierno acerca de la \u00fanica posibilidad realizable de \u201cdesperonizar\u201d el pa\u00eds: \u201cLa inmensa tarea a realizar consiste en lograr esa misma experiencia, <em>pero vincul\u00e1ndola de manera indisoluble a la teor\u00eda y a la pr\u00e1ctica de la democracia y de la libertad<\/em>\u201d. Retener la experiencia de la libertad, y democratizarla. Las clases dominantes argentinas, en general, no har\u00edan ni una cosa ni la otra.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando unos a\u00f1os despu\u00e9s, en 1961, Germani publique este texto como parte de su libro <em>Pol\u00edtica y sociedad en una \u00e9poca de transici\u00f3n<\/em>, le a\u00f1adir\u00e1 al inicio una llamativa nota al pie: \u201cEste ensayo constituye un an\u00e1lisis de un movimiento \u2018nacional y popular\u2019 t\u00edpico: el peronismo\u201d. Germani no explicita una remisi\u00f3n a Gramsci en el uso de esas dos palabritas tan argentinas, pero a nosotros nos interesa igual porque lo que deja abierto es precisamente la fecundidad de su escritura para confrontarse con el gran asunto argentino. La figura, algo enigm\u00e1tica, de lo \u201cnacional-popular\u201d entra\u00f1a una interrogaci\u00f3n en torno de los grandes movimientos pol\u00edticos, en una relaci\u00f3n tensa -de reconocimiento tanto como de reelaboraci\u00f3n- con las f\u00e9rreas marcas de las categor\u00edas clasistas de Marx que estructuraban la reflexi\u00f3n gramsciana. Las virtudes de lo nacional-popular estar\u00edan en su flexibilidad para trabajar en terrenos accidentados, donde las grandes clases modernas est\u00e1n en formaci\u00f3n, donde la naci\u00f3n presenta fracturas constitutivas, donde la cultura es fragmentaci\u00f3n antes que unidad (lo nacional-popular no es solo un asunto pol\u00edtico, es, para Gramsci, un problema que pertenece privilegiadamente al campo de la literatura: un pueblo sin una literatura capaz de narrarlo carece de la virtud nacional-popular). De all\u00ed su fortuna -la de Gramsci y la de su concepto- en Argentina y en Am\u00e9rica Latina: por el \u201caire de familia\u201d con los grandes movimientos populares que produjeron formas de unidad pol\u00edtica a partir de un pueblo \u201cdisperso y pulverizado\u201d, como dec\u00eda Gramsci a prop\u00f3sito de las tareas del Pr\u00edncipe.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya antes de Germani, mientras Ernesto S\u00e1bato se conmov\u00eda en el \u00e1rea cultural liberal de la revista <em>Sur<\/em> con la resistencia del h\u00e9roe antifascista encarcelado, el dirigente comunista H\u00e9ctor Agosti buscaba en las categor\u00edas de Gramsci la clave para repensar la historia nacional, e insertar astutamente al comunismo all\u00ed. Su \u00e9xito no fue tanto ese, sino m\u00e1s bien el de introducir a Gramsci en Argentina. Luego sus d\u00edscolos disc\u00edpulos, Jos\u00e9 Aric\u00f3 y Juan Carlos Portantiero entre otros, emprender\u00edan la m\u00edtica experiencia de la revista <em>Pasado y Presente<\/em>, en lo que constituir\u00eda un esforzado intento por aproximar al marxismo a los grandes dilemas nacionales (y, por esa v\u00eda, al peronismo). Y el arsenal te\u00f3rico de Gramsci a disposici\u00f3n de argentinos y argentinas crec\u00eda, animado tambi\u00e9n por otras zonas de la llamada \u201cnueva izquierda\u201d. Tambi\u00e9n el lado izquierdo de los peronismos tuvo su inter\u00e9s en Gramsci. Algo t\u00edmido en John William Cooke, mucho m\u00e1s elaborado en la escritura de Horacio Gonz\u00e1lez, siempre fascinado por el tema del mito como calve de lectura de la rica opacidad pol\u00edtica argentina. Tambi\u00e9n Ernesto Laclau podr\u00eda por supuesto ser encolumnado en las huestes gramscianas, y no solo por su afamado gesto con la \u201cHegemon\u00eda\u201d, sino tambi\u00e9n por todo lo que actualizaba de los viejos debates de la izquierda nacional, siempre ocupada en cancelar los automatismos para pensar las relaciones entre socialismos, clases y naciones. Del mismo modo, la cultura progresista de la posdictadura abreva en Gramsci, con algunos de los mismos nombres mencionados aqu\u00ed, pero con estrategias de lectura distintas. Un \u00e9nfasis en el autoexamen de las izquierdas para pensar el tema de la democracia aparece en el Club de Cultura Socialista de los a\u00f1os ochenta y se extiende de diversos modos durante varias d\u00e9cadas. Y en estricta intersecci\u00f3n con todo lo anterior: la infinidad de c\u00e1tedras, los grandes profesores, las bibliograf\u00edas, las agrupaciones pol\u00edticas, los cursos y los libros. Una historia sinuosa -evocada aqu\u00ed apenas superficialmente-, con aproximaciones de toda naturaleza (a su modo, tambi\u00e9n las aproximaciones de derecha son parte del \u201c\u00e9xito\u201d argentino de Gramsci), pero con una densidad innegable<sup data-fn=\"b0d0e340-7f7d-4086-9fa3-16fdf333e9d2\" class=\"fn\"><a href=\"#b0d0e340-7f7d-4086-9fa3-16fdf333e9d2\" id=\"b0d0e340-7f7d-4086-9fa3-16fdf333e9d2-link\">5<\/a><\/sup>.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que todo esto tiene de historia intelectual, que es dif\u00edcilmente hallable en otras geograf\u00edas -incluyendo Italia-, importa tanto como lo que deja ver en t\u00e9rminos de la vida pol\u00edtica argentina produciendo incesantemente poderosos y sofisticados esfuerzos por pensarla (a las dos cosas juntas, el objeto y los modos de decirlo, bien podr\u00edamos llamarlas \u201ccultura argentina\u201d). Todos esos nombres de las escrituras argentinas se trenzaron de diversos modos con el enigma del peronismo, acaso identificando en lo \u201cnacional-popular\u201d su potencia disruptiva (que ciertamente no es la \u00fanica de sus potencias). Desde fuera o desde dentro, y de muchos modos diversos, lo que se intent\u00f3 -y sigue intentando- fue pensar las coordenadas de esa incomodidad. Incomodidad para los conceptos, pero tambi\u00e9n para un orden excluyente. La pregunta que se le formul\u00f3 a Germani no dej\u00f3 de formularse desde entonces, y tambi\u00e9n con distintas modulaciones. Como genocidio, como proyecto de descorporativizaci\u00f3n de la sociedad o simplemente como intento por cancelar una aberraci\u00f3n, una y otra vez asistimos al intento por cerrar esa historia, que es, y en esto tiene raz\u00f3n el presidente, una historia pol\u00edtica pero tambi\u00e9n la de una extraordinaria cultura. Aqu\u00ed, en este punto, en esta vocaci\u00f3n destructiva, la expresi\u00f3n de Milei halla su tradici\u00f3n.<\/p>\n\n\n<ol class=\"wp-block-footnotes\"><li id=\"b9b4f030-b37d-429e-9678-7555da0619ca\">Posteo de Javier Milei del 16 de febrero de 2024:\u00a0 https:\/\/x.com\/JMilei\/status\/1758492144224895437?lang=es <a href=\"#b9b4f030-b37d-429e-9678-7555da0619ca-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 1\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"448be01c-0240-49c3-8b3e-7af5efb15e7d\">Ver especialmente Del Noce, Augusto (1978) Il suicidio della rivoluzione. Milano: Rusconi. <a href=\"#448be01c-0240-49c3-8b3e-7af5efb15e7d-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 2\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"a38d819e-6159-492a-965c-3b1259812429\">Sobre los usos de Gramsci por parte de las derechas, se puede consultar un cl\u00e1sico texto de Jos\u00e9 Aric\u00f3 de los ochenta: Aric\u00f3, J. M. (1988). <em>Gramsci y la cultura de derecha<\/em>. En J. M. Aric\u00f3, <em>La cola del diablo: Itinerario de Gramsci en Am\u00e9rica Latina<\/em>. Buenos Aires: Puntosur Editores. Para los usos m\u00e1s contempor\u00e1neos se puede leer: Molina Johannes, J. (2022, octubre). La batalla cultural: Usos de Gramsci por las derechas latinoamericanas contempor\u00e1neas. En <em>El ejercicio del pensar<\/em>, (35), 36-42. Buenos Aires: CLACSO.. Espec\u00edficamente sobre Brasil: Bianchi, \u00c1. (2021). \u201cOlavo de Carvalho e a guerra cultural das novas direitas: entrevista com \u00c1lvaro Bianchi\u201d. <em>Em Tese<\/em>, 18(2), 67-79.\u00a0 <a href=\"#a38d819e-6159-492a-965c-3b1259812429-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 3\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"661bcb10-7e22-4000-bb88-236ba229cf83\">Germani, G. (1962). La\u202fintegraci\u00f3n de las masas a la vida pol\u00edtica y el totalitarismo. En <em>Pol\u00edtica\u202fy\u202fsociedad en una \u00e9poca de transici\u00f3n. De la sociedad tradicional a la sociedad de masas<\/em> (pp.\u202f233-252). Buenos Aires: Paid\u00f3s <a href=\"#661bcb10-7e22-4000-bb88-236ba229cf83-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 4\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><li id=\"b0d0e340-7f7d-4086-9fa3-16fdf333e9d2\">Un paneo general de los itinerarios de Gramsci en la cultura pol\u00edtica argentina puede leerse en: Cort\u00e9s, M., &amp; Burgos, R. (2019). <em>Le eredit\u00e0 di Gramsci in Argentina<\/em>. En F.\u202fFrosini &amp; F.\u202fGiasi (Eds.), <em>Egemonia e modernit\u00e0. Gramsci in Italia e nella cultura internazionale<\/em> (pp.\u202f447-465). Roma: Viella. <a href=\"#b0d0e340-7f7d-4086-9fa3-16fdf333e9d2-link\" aria-label=\"Saltar a la referencia de la nota 5\">\u21a9\ufe0e<\/a><\/li><\/ol>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En febrero de 2024, Javier Milei, presidente argentino desde diciembre del a\u00f1o anterior, realiz\u00f3 un posteo en su cuenta de X que actualiz\u00f3 el reiterado recurso a la figura de Antonio Gramsci por parte de las derechas argentinas.&nbsp; Tuit de febrero de 2024, pocos meses despu\u00e9s de asumir, que mostraba que segu\u00eda esa pasi\u00f3n derechista &#8230; <a title=\"La obsesi\u00f3n Gramsci en las derechas argentinas\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=4759\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre La obsesi\u00f3n Gramsci en las derechas argentinas\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"[{\"content\":\"Posteo de Javier Milei del 16 de febrero de 2024:\u00a0 https:\/\/x.com\/JMilei\/status\/1758492144224895437?lang=es\",\"id\":\"b9b4f030-b37d-429e-9678-7555da0619ca\"},{\"content\":\"Ver especialmente Del Noce, Augusto (1978) Il suicidio della rivoluzione. 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