{"id":482,"date":"2015-06-20T01:26:57","date_gmt":"2015-06-19T19:26:57","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=482"},"modified":"2020-06-10T13:33:25","modified_gmt":"2020-06-10T19:33:25","slug":"sigue-siendo-el-estado-las-elecciones-del-7-de-junio-como-operacion-conservadora","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=482","title":{"rendered":"SIGUE SIENDO EL ESTADO: LAS ELECCIONES DEL 7 DE JUNIO COMO OPERACI\u00d3N CONSERVADORA"},"content":{"rendered":"<p>Una aparente contradicci\u00f3n ronda el momento actual de la historia pol\u00edtica mexicana. El grito \u201cfue el Estado\u201d que retumb\u00f3 en las conciencias y en las calles a ra\u00edz de las desapariciones de Iguala coloc\u00f3, en la segunda mitad de 2014, el tema de la definici\u00f3n del Estado y la estatalidad desde la l\u00f3gica y la pr\u00e1ctica del antagonismo, de la protesta y la lucha, desestabilizando \u2014por lo menos a nivel simb\u00f3lico\u2014 el orden pol\u00edtico-estatal existente en M\u00e9xico. Por otra parte y en r\u00e1pida secuencia, la campa\u00f1a electoral y los comicios del 7 de junio de 2015 lograron estabilizar, en sentido conservador, este orden que puede ahora exhibir una recobrada normalidad institucional y vanagloriarse de la inexorable afirmaci\u00f3n de las rutinas electorales, m\u00e1xima expresi\u00f3n de la eficacia de la maquinaria institucional. El objetivo de fondo era y sigue siendo relegitimar lo deslegitimado para lograr el pleno restablecimiento de la relaci\u00f3n de subalternidad, asentar la subordinaci\u00f3n en la reconducci\u00f3n de las pr\u00e1cticas pol\u00edticas al ejercicio delegativo en el horizonte acotado del per\u00edmetro del sistema de partidos existentes. En este sentido, la del 7 de junio fue a todas luces una <i>elecci\u00f3n de Estado<\/i>, orientada al reajuste del complejo andamiaje sist\u00e9mico del poder de mando que hab\u00eda sido afectado por las secuelas de la desaparici\u00f3n de los 43 normalistas. El retroceso relativo del bloque oficialista y la aparici\u00f3n en escena del Morena son detalles menores, aunque no irrelevantes,<sup>1<\/sup> de un cuadro que tiene que entenderse, en primera instancia, desde una mirada de conjunto, en una perspectiva hist\u00f3rica y pol\u00edtica m\u00e1s amplia.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-578\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/terremoto04mini.jpg\" alt=\"terremoto04mini\" width=\"600\" height=\"400\" \/><\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de fondo por analizar es entonces, a mi parecer, la r\u00e1pida sucesi\u00f3n de dos situaciones y escenarios de signo opuesto. Primer acto, la denuncia movilizadora bajo la consigna \u201cfue el Estado\u201d, que revelaba el uso represivo y coercitivo del aparato p\u00fablico y que impulsaba la indignaci\u00f3n multitudinaria frente al agravio como acontecimiento disparador. Segundo acto, la resignada afirmaci\u00f3n \u201ces el Estado\u201d que acompa\u00f1a la poderosa inercia estabilizadora y conservadora desplegada en el proceso electoral, la reconstrucci\u00f3n del consenso pasivo \u2014real o simulado\u2014 desde las pr\u00e1cticas de gobierno, en el marco de las din\u00e1micas generales del r\u00e9gimen pol\u00edtico actual.<sup>2<\/sup> Adem\u00e1s de su funci\u00f3n de ritual legitimador, las elecciones intermedias fueron concebidas en esta ocasi\u00f3n como respuesta y ant\u00edtesis al \u201cfue el Estado\u201d, como un intento de superaci\u00f3n definitiva del ciclo de movilizaci\u00f3n y operaron concretamente, como ya es costumbre, por medio de mecanismos de despolitizaci\u00f3n, a trav\u00e9s de la proliferaci\u00f3n de formatos vac\u00edos que incrementaron el grado de delegaci\u00f3n frente a la capacidad de elecci\u00f3n consciente e informada: nombres de candidatos en may\u00fasculas, carteles con caras sonrientes, palabras y actos lo m\u00e1s ambiguo e insignificante posible.<\/p>\n<p>En el arco de menos de doce meses, el escenario parece haberse movido de un amplio cuestionamiento antagonista a una igualmente extendida aceptaci\u00f3n subalterna del cuadro estatal y lo que contiene: r\u00e9gimen pol\u00edtico, niveles de gobierno y sistema de partidos incrustados en los diversos \u00e1mbitos de la funci\u00f3n p\u00fablica y los \u00f3rganos legislativos.<sup>3<\/sup> Podr\u00eda sostenerse que, despu\u00e9s del vendaval de protesta, reaparecieron y se afirmaron fatalmente las pr\u00e1cticas y los recursos hegem\u00f3nicos para relegitimar el orden pol\u00edtico existente, desdibujando la sombra siniestra del Estado visto como mera dominaci\u00f3n, despotismo e imposici\u00f3n. Pero <i>consenso y coerci\u00f3n<\/i> son dos caras de la misma medalla estatal, dos aspectos que se combinan de forma diferenciada; se hacen m\u00e1s presentes y visibles seg\u00fan las circunstancias, marcando coyunturas variables de un mismo proceso general.<\/p>\n<p>Para interrogarnos sobre la naturaleza desigual y combinada del ejercicio del poder pol\u00edtico en M\u00e9xico, podemos apelar al alcance anal\u00edtico de la evocada distinci\u00f3n entre dominaci\u00f3n y hegemon\u00eda y vincularla con algunos de los argumentos del debate marxista sobre el Estado. En particular los que sostuvo la denominada <i>lectura instrumentalista<\/i> \u2014que insist\u00eda en caracterizarlo como aparato y en enfatizar su uso por las clases dominantes\u2014 frente a otra que destacaba la llamada <i>autonom\u00eda relativa del Estado<\/i>, en un enfoque estructuralista que asum\u00eda que la lucha de clases penetraba en el \u00e1mbito estatal, y \u00e9ste se convert\u00eda en un espacio en disputa, de equilibrios diversos que no exclu\u00edan la posibilidad de impulsar transformaciones de car\u00e1cter social-democr\u00e1tico.<sup>4<\/sup> En un nivel m\u00e1s concreto, si bien podemos considerar que ambas perspectivas iluminan aspectos\u00a0 coexistentes en la realidad, la segunda hip\u00f3tesis permite caracterizar mejor los matices de las experiencias de gobiernos progresistas de ayer y hoy, mientras que la primera parece m\u00e1s adecuada para dar cuenta del papel y el lugar del Estado cuando son las derechas quienes ejercen el Poder Ejecutivo.<\/p>\n<p>Siguiendo estas pistas, es necesario reconocer que la idea, que se generaliz\u00f3 a partir del movimiento en solidaridad con Ayotzinapa, sobre el Estado criminal, represor e infiltrado, sumada a la constataci\u00f3n de que el PRI regres\u00f3 en 2012 para imponer una agenda neoliberal <i>dura<\/i>, expresi\u00f3n de claros intereses clasistas e imperialistas, contribuye a sostener la tesis de que en M\u00e9xico, a diferencia de otros pa\u00edses latinoamericanos gobernados por fuerzas progresistas, se segu\u00eda, implantaba o incluso profundizaba el ejercicio de una <i>dominaci\u00f3n sin hegemon\u00eda<\/i>. Una dominaci\u00f3n sin vocaci\u00f3n hegem\u00f3nica, donde se volvieron secundarias o simplemente desaparecieron las intenciones, los elementos y los factores hegem\u00f3nicos, la b\u00fasqueda de legitimidad, el cuidado de las apariencias y las formas, el equilibrio y la mesura para que la dominaci\u00f3n sea tolerada y aceptada y toda la gama de dispositivos y procedimientos del arte de la pol\u00edtica, como se fueron concibiendo desde la irrupci\u00f3n de las masas en el escena hist\u00f3rica. La dominaci\u00f3n sin preocupaci\u00f3n hegem\u00f3nica se convierte en el imperio de la imposici\u00f3n c\u00ednica, sin pudor democr\u00e1tico \u2014como mencionaba en una intervenci\u00f3n en el debate publicado en el n\u00famero 254 de <i>Memoria<\/i>\u2014, donde el mandato electivo se percibe como oportunidad temporalmente acotada de enriquecimiento a trav\u00e9s del pillaje, al estilo de los gobernadores de las provincias romanas.<\/p>\n<p>En esta \u00f3ptica, el Estado, el r\u00e9gimen y los sucesivos gobiernos se tornan meros instrumentos en manos de las clases dominantes y aparecen como tales, herramientas al servicio de un bloque de poder cuyos contornos, en el M\u00e9xico actual, rebasan las fronteras nacionales y abarcan las esferas legal e ilegal de la acumulaci\u00f3n capitalista. \u201cEs el Estado\u201d como aparato represivo que criminaliza, encarcela, golpea, tortura y eventualmente desaparece, pero tambi\u00e9n el Estado como instancia jur\u00eddica que privatiza, que promueve y defiende los intereses privados de reducidos sectores de la poblaci\u00f3n. El Estado de la violencia represiva y la violencia del despojo, del uso de la fuerza para garantizar el orden o el desorden necesarios para la realizaci\u00f3n de las ganancias.<sup>5<\/sup> Violencia represiva que se desliza en la cotidianidad por medio de la militarizaci\u00f3n de la seguridad p\u00fablica y la criminalizaci\u00f3n de la protesta, procesos siempre m\u00e1s de fondo, de alcance estructural, de reestructuraci\u00f3n de la matriz estatal, que pol\u00edticas epis\u00f3dicas y selectivas. Este dise\u00f1o represivo sirve tanto para debilitar constantemente los contrapoderes existentes como para hacer frente a las coyunturas m\u00e1s cr\u00edticas y los eventuales y probables desbordes de movimientos de protesta que provoca la profundizaci\u00f3n de las pol\u00edticas neoliberales. Esto confirma que la actitud frente al disenso no es buscar el consenso, sino asumir los costos pol\u00edticos de la renuncia a la soluci\u00f3n hegem\u00f3nica, teniendo lista y operante la soluci\u00f3n coercitiva.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-579\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/terremoto07mini.jpg\" alt=\"terremoto07mini\" width=\"600\" height=\"404\" \/><\/p>\n<p>En el plano estrictamente pol\u00edtico, el Estado como instrumento y aparato de poder cobija un r\u00e9gimen y un sistema pol\u00edtico centrado en un sistema de partidos tendente al despotismo partidocr\u00e1tico. \u201cEs el Estado\u201d de las elecciones, del Instituto Nacional Electoral (INE), del multipartidismo de Estado. De la percepci\u00f3n de esta estructura de dominaci\u00f3n y de la mano de la denuncia de que \u201cfue el Estado\u201d se nutrieron e impulsaron, en ocasi\u00f3n de los comicios del 7 de junio, el movimiento de boicot, el <i>anulismo<\/i> y el abstencionismo de izquierda, distintas expresiones de un mismo rechazo. Es importante distinguir el <i>anulismo de izquierda<\/i> para no confundir, como intencionalmente algunos han hecho, los argumentos y las intenciones de los liberales de los socialistas y anarquistas, as\u00ed como habr\u00eda que desgranar tambi\u00e9n las diferencias entre estos \u00faltimos dos. Respecto de esta cuesti\u00f3n, ampliamente debatida en los medios, es necesario registrar la descomunal embestida de columnistas, intelectuales y opin\u00f3logos de todo tipo y color contra de la postura de quienes se propon\u00edan anular su voto o abstenerse de votar.<sup>6<\/sup> Si se puede entender el inter\u00e9s inmediato de los dirigentes y la intelectualidad org\u00e1nica de Morena, no dej\u00f3 de sorprender la virulencia de los ataques hacia los \u201cenemigos del pueblo\u201d y la l\u00f3gica autoreferencial, de patriotismo de partido, que los anim\u00f3.<\/p>\n<p>Dicho sea de paso, en aras de legitimar las elecciones se ha minimizado el impacto de la abstenci\u00f3n y del voto nulo. Las cifras indican que no fue masivo\u00a0 ni cuantitativamente m\u00e1s elevado que en elecciones intermedias pasadas. Sin embargo, \u00e9stos son argumentos internos en la l\u00f3gica estrictamente electoralista que no consideran elementos del contexto social y pol\u00edtico, por ejemplo, que tendencialmente y por el nivel de instrucci\u00f3n e informaci\u00f3n creciente, el voto nulo es siempre menos el resultado de un error a la hora de emitirlo, que son crecientes las pr\u00e1cticas de sufragio diferenciado por medio de los cuales se anulan unas boletas mientras eventualmente se opta por alg\u00fan candidato o, m\u00e1s importante a\u00fan, que se trataba de elecciones donde la oleada de movilizaciones del magisterio y las de solidaridad con Ayotzinapa, junto a las imposici\u00f3n de las contrarreformas, as\u00ed como el bautizo de Morena, introduc\u00edan elementos de disputa y politizaci\u00f3n contribuyendo a generar un ambiente de mayor politizaci\u00f3n potencialmente susceptible de aumentar la participaci\u00f3n electoral, la cual sin embargo no aument\u00f3, posiblemente porque distintas tendencias se neutralizaron la una a la otra. Pero, en este sentido, asumir que junto al PRD el gran perdedor de las elecciones del 7 de junio es el <i>anulismo<\/i> es una interpretaci\u00f3n simplista.<\/p>\n<p>El cierre de filas en defensa del valor democr\u00e1tico de estas elecciones intermedias agreg\u00f3 intereses distintos, pero cuya convergencia no deja de dar cuenta y de sostenerse sobre un piso com\u00fan, un acuerdo b\u00e1sico de principio. Si los partidos oficialistas de Estado defend\u00edan estrat\u00e9gicamente un orden pol\u00edtico y su mecanismo fundamental de reproducci\u00f3n, el \u00fanico de oposici\u00f3n defend\u00eda su perfil y su vocaci\u00f3n alter-estatalista: su apuesta por disputar el poder estatal a partir del respeto y la aceptaci\u00f3n t\u00e1ctica de las reglas del juego electoral. Morena, aunque su composici\u00f3n interna sea diversa y no termine de asentarse definitivamente, no adopta una postura clara respecto de un proyecto de transformaci\u00f3n <i>del<\/i> Estado existente, mientras que es expl\u00edcita su intencionalidad de impulsar reformas <i>desde<\/i> el Estado.<\/p>\n<p>Finalmente \u201ces el Estado\u201d y \u201csigue siendo el Estado\u201d el puntal de la relaci\u00f3n social primordial que reproduce el conservadurismo en la sociedad mexicana, la plataforma cultural que, viceversa, soporta la permanencia de las instituciones. En este terreno, las tesis instrumentalistas son incuestionables en su l\u00f3gica elemental \u2014el Estado es un instrumento de producci\u00f3n ideol\u00f3gica en las manos de las clases dominantes\u2014 y, al mismo tiempo, se desdibujan en la medida en que aparece la dimensi\u00f3n de la hegemon\u00eda, ya que la ideolog\u00eda no se impone groseramente, se difunde, se irradia, se siembra y se cosecha. Con el supuesto de la b\u00fasqueda de un ejercicio hegem\u00f3nico del poder, las clases dominantes mandan utilizando instrumentos tendentes a generar consenso y, por tanto, reconocen e incorporan demandas, utilizan formas tolerables y negocian constantemente con los subalternos los t\u00e9rminos del ejercicio del poder de mando. La imposici\u00f3n no es tal, sino el resultado de una determinada correlaci\u00f3n de fuerzas, o se realiza sutilmente, acompa\u00f1ada de una mezcla de concesiones y manipulaciones. En este sentido, Gramsci suger\u00eda no dejar de ver una versi\u00f3n ampliada o integral del Estado, \u201csociedad pol\u00edtica + sociedad civil\u201d, donde en \u00e9sta \u00faltima se realizaba plenamente la hegemon\u00eda necesaria para acorazar al Estado en sentido estricto, restringido, como \u00f3rgano del poder pol\u00edtico. Pero el Estado en M\u00e9xico dej\u00f3 hace d\u00e9cadas de ser concebido en clave ampliada, de basarse principalmente en la b\u00fasqueda del consenso, en la conquista hegem\u00f3nica de las trincheras de la sociedad civil.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-580\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/sismo04mini.jpg\" alt=\"sismo04mini\" width=\"600\" height=\"411\" \/><\/p>\n<p>Al mismo tiempo, no se puede negar que, en torno a los intereses de las clases dominantes y por tanto en aras de sostener la estabilidad del orden pol\u00edtico, se sigue realizando una serie de operaciones hegem\u00f3nicas, principalmente de propaganda y manipulaci\u00f3n, en una ampliaci\u00f3n instrumental y no org\u00e1nica, mediatizada, medi\u00e1ticamente amplificada, de la capacidad de persuasi\u00f3n. Dispositivos y pr\u00e1cticas de la que llamar\u00edamos hegemon\u00eda <i>negativa<\/i>, que no comporta adhesi\u00f3n activa, positiva, ni genera consenso real sino conformismo, salvo las franjas activas en defensa del modelo neoliberal y de su derrame consumista, en particular la intelectualidad org\u00e1nica que vertebra las estrategias de comunicaci\u00f3n. Las elecciones son el momento institucional por excelencia de estas pr\u00e1cticas de legitimaci\u00f3n pasiva y delegativa del orden pol\u00edtico. Han sido hist\u00f3ricamente pasajes peligrosos, donde excepcionalmente pueden irrumpir movimientos y proyectos progresistas (1988 y 2006). Pero generalmente demuestran, en particular las elecciones intermedias, la capacidad de control social y pol\u00edtico, la capacidad estatal de administraci\u00f3n y reproducci\u00f3n del <i>status quo<\/i>.<\/p>\n<p>La permanencia del conservadurismo pol\u00edtico en sectores mayoritarios de la poblaci\u00f3n mexicana es el reflejo y la contraparte de la eficacia real de estos dispositivos de construcci\u00f3n del conformismo. Sin necesidad de hacer tantas cuentas, es evidente que el 8% de 46% de votantes obtenido por Morena, m\u00e1s las fracciones de punto percentual de los <i>anulistas<\/i> de izquierda, dan cuenta de un oc\u00e9ano de pasivo conformismo y activo conservadurismo. Este oc\u00e9ano no es el producto de las circunstancias, sino una construcci\u00f3n hist\u00f3rica de mediana y larga duraci\u00f3n, bajo el cual se encuentran las profundidades societales del Estado. Esto no impide la persistencia de \u00e1mbitos de resistencia y el brote de episodios de rebeli\u00f3n, pero inhibe su extensi\u00f3n social, contrae su duraci\u00f3n y reduce su efecto. Al mismo tiempo, no es una maldici\u00f3n sino un dato duro, temporal y espacial de la vida pol\u00edtica mexicana, del <i>priismo eterno<\/i> como continuidad hist\u00f3rica de la matriz pol\u00edtico-estatal, el PRI como \u00fanico verdadero partido nacional de masas y el priismo difuso y omnipresente en el espectro de partidos en M\u00e9xico.<sup>7<\/sup><\/p>\n<p>La cuesti\u00f3n de la hegemon\u00eda sacada por la ventana de la estrategia del saqueo en el corto plazo reaparece por la ventana de los sedimentos culturales de la larga duraci\u00f3n. Al mismo tiempo, la capacidad persuasiva de los argumentos del instrumentalismo logra centrar y reconocer una tendencia epocal \u2014de mediano plazo\u2014, donde la l\u00f3gica de la <i>nuda<\/i> dominaci\u00f3n carcome los \u00e1mbitos de las residuales pr\u00e1cticas hegem\u00f3nicas, en particular las que no implican mera manipulaci\u00f3n ideol\u00f3gica sino que comportan una concesi\u00f3n real de reconocimiento y redistribuci\u00f3n material, aunque fueran corporativas o clientelares.<\/p>\n<p>Se trata de una tendencia de \u00e9poca surgida de equilibrios de poder entre clases que modifica la ecuaci\u00f3n constitucional; y por ello tiene que adaptar permanentemente la Carta Magna. Ya hace tres d\u00e9cadas, con la lucidez que lo caracterizaba, sosten\u00eda Ren\u00e9 Zavaleta: \u201cEl reclutamiento de la clase pol\u00edtica mexicana, por ejemplo, es cada vez m\u00e1s olig\u00e1rquico, en la misma medida en que decae el poder\u00edo hegem\u00f3nico del Estado\u201d.<sup>8<\/sup><\/p>\n<p>Un indicio de esta fractura creciente, posthegem\u00f3nica, entre el Estado mexicano como aparato al servicio de las clases dominantes y la vida y los intereses de las clases subalternas es justamente, en el oc\u00e9ano de conformismo y pasividad, el brote epis\u00f3dico de fen\u00f3menos masivos de protesta y, en su seno, el crecimiento constante del anarquismo y el autonomismo,<sup>9<\/sup> como reacci\u00f3n \u201cnatural\u201d al cierre de opciones en el marco del Estado hist\u00f3ricamente existente. Opera entonces una ecuaci\u00f3n b\u00e1sica: a mayor instrumentalismo estatal, corresponde mayor autonomismo de las formas y los horizontes de las luchas sociales. A diferencia de\u00a0 ello, en Am\u00e9rica Latina la presencia de varios gobiernos progresistas genera una doble tendencia: por una parte, \u00e9stos muestran m\u00e1rgenes de maniobra y de autonom\u00eda relativa respecto de las clases dominantes; por la otra, ponen en evidencia los l\u00edmites de estos m\u00e1rgenes.<\/p>\n<p>En el M\u00e9xico de hoy, frente a la persistencia y la renovaci\u00f3n en la alternancia de los gobiernos de derecha, ni el reformismo alterestatalista de Morena, ni las fuerzas antisist\u00e9micas, antagonistas y autonomistas parecen prosperar.<sup>10<\/sup> Morena porque, am\u00e9n de sus resultados, significativos y relevantes, as\u00ed como minoritarios y testimoniales, tiene por lo menos un pi\u00e9 en el pantano de la estatalidad actual en M\u00e9xico, causa y consecuencia de un perfil pol\u00edtico e ideol\u00f3gico que no deja de reproducir patrones del conservadurismo dominante aun cuando, simult\u00e1neamente, sea expresi\u00f3n y proyecte deseos y voluntades de transformaci\u00f3n y emancipaci\u00f3n. Las posturas abierta y francamente antisist\u00e9micas y antagonistas, por su parte, porque \u2014en su dispersi\u00f3n\u2014 no acumulan la fuerza necesaria ni configuran un proyecto que les permita constituirse en una alternativa viable en el corto plazo, el de las urgencias que ellas mismas plantean.<\/p>\n<p>Acierta Luis Hern\u00e1ndez Navarro cuando se\u00f1ala que se manifest\u00f3 en las recientes elecciones una crisis de representaci\u00f3n.<sup>11<\/sup> Agregar\u00eda que hay que reconocer la simult\u00e1nea crisis de participaci\u00f3n que la acompa\u00f1a, la crisis de los canales de organizaci\u00f3n, politizaci\u00f3n y movilizaci\u00f3n que las clases subalternas forjan y defienden como trincheras defensivas para sostener su resistencia, pero que no est\u00e1n funcionando de forma adecuada, no est\u00e1n a la altura del desaf\u00edo que plantea la coyuntura en clave antagonista, de ofensiva antisist\u00e9mica. En M\u00e9xico vivimos una crisis de la democracia en su sentido integral, en sus dos vertientes fundamentales, de representaci\u00f3n y de participaci\u00f3n. Salvo que la crisis de representaci\u00f3n parece estructural e irreversible, mientras que la de participaci\u00f3n podr\u00eda resultar coyuntural y reversible, bajo los buenos auspicios de la vitalidad y la intensidad de las movilizaciones masivas de 2012 y 2014, las cuales, aun espor\u00e1dica e inorg\u00e1nicamente, dieron cuenta de un fermento y una capacidad de convocatoria multitudinaria. Frente a una situaci\u00f3n parecida, la crisis de representaci\u00f3n del Porfiriato, la soluci\u00f3n ensayada por las clases subalternas mexicanas fue una revoluci\u00f3n social, un estallido de participaci\u00f3n donde las clases subalternas trataron de gobernar su destino, logr\u00e1ndolo solo parcialmente, incidiendo en el curso de la historia y abriendo una \u00e9poca de cambios. Ante la crisis actual, mientras impulsamos, sostenemos y defendemos los espacios de contrapoder, estamos buscando una alternativa a la barbarie, una barbarie que nos rodea y no tiene \u00fanicamente el rostro del narco, sino el m\u00e1s antiguo del capitalismo y tambi\u00e9n la cara bifronte del Estado.<\/p>\n<hr \/>\n<p><sup>1<\/sup> En particular no habr\u00eda que entramparse en el debate respecto del vaso medio lleno o medio vac\u00edo de la cosecha electoral de Morena. De forma ecu\u00e1nime y al margen de lecturas detalladas, a grandes rasgos es posible una interpretaci\u00f3n que no menosprecie su debut y en particular su resultado en la Ciudad de M\u00e9xico sin caer en un triunfalismo que no corresponde a los n\u00fameros reales y su distribuci\u00f3n a lo largo del territorio de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p><sup>2<\/sup> Un r\u00e9gimen presidencialista y partidocr\u00e1tico basado en la alternancia conservadora surgida en 2000, con la apertura hacia el PAN, y que tend\u00eda a incluir el PRD en una l\u00f3gica de tripartidismo de Estado, sin considerar los partidos sat\u00e9lite (el PVEM del PRI, PT y MC antes del PRD, ahora posiblemente de Morena).<\/p>\n<p><sup>3<\/sup> El \u201cescenario\u201d, es decir, la correlaci\u00f3n de las fuerzas en movimiento, se movi\u00f3 m\u00e1s que las opiniones de las personas concretas, aunque tambi\u00e9n individuos y grupos pasaron de una descolocaci\u00f3n antagonista a un reposicionamiento conservador, conforme a las coordenadas m\u00e1s profundas de una cultura pol\u00edtica dominante, cuya <i>suspensi\u00f3n<\/i> temporal no implica una ruptura m\u00e1s de fondo. El an\u00e1lisis de las culturas pol\u00edticas en el entrecruzamiento entre condicionamiento clasista y colocaci\u00f3n en la l\u00ednea progresismo-conservadurismo rebasa el alcance de este art\u00edculo, pero no deja de ser fundamental para sopesar todas las implicaciones del pasaje secuencial que queremos destacar.<\/p>\n<p><sup>4<\/sup> Otra corriente fundamental de este debate el llamado <i>derivacionismo<\/i>, que pon\u00eda el acento en la relaci\u00f3n entre capital y Estado, para una visi\u00f3n general del debate marxista con particular atenci\u00f3n hacia el derivacionismo cfr. Simon Clarke (coord..), <i>The State debate<\/i>, Palgrave Macmillan, Londres, 1991 o Mabel Thwaites Rey (coord..), <i>Estado y marxismo. Un siglo y medio de debate<\/i>, Prometeo, Buenos Aires, 2007.<\/p>\n<p><sup>5<\/sup> En este sentido se entiende el debate sobre el car\u00e1cter peculiar de un patr\u00f3n de acumulaci\u00f3n basado en el desborde de las actividades il\u00edcitas y de las que, aun cobijadas por una legalidad mercantilizadora, ileg\u00edtimamente violentan los territorios y las comunidades que los habitan, con el creciente imperio de la violencia estatal, paraestatal y criminal que acompa\u00f1a este ataque a los bienes comunes naturales, la tierra y el agua en particular.<\/p>\n<p><sup>6<\/sup> En las redes sociales aparecieron todas las posturas, de forma muy libre y ca\u00f3tica, como es propio de estos medios.<\/p>\n<p><sup>7<\/sup> Difuso y omnipresente por el origen de los dirigentes, por las pr\u00e1cticas pol\u00edticas y, como lo estamos argumentando, por el marco general del horizonte relativamente conservador del proyecto pol\u00edtico que defienden en el contexto de la estatalidad existente.<\/p>\n<p><sup>8<\/sup> Ren\u00e9 Zavaleta, <i>El Estado en Am\u00e9rica Latina<\/i>, Los Amigos del Libro, La Paz, 1990, p. 176.<\/p>\n<p><sup>9<\/sup> Sobre la difusi\u00f3n relativa del anarquismo entre la juventud mexicana hay cierto consenso (ver al respecto Carlos Illades, \u201cEl retorno del anarquismo. Violencia y protesta p\u00fablica en el M\u00e9xico actual\u201d en <i>Sociolog\u00eda Hist\u00f3rica<\/i>, n\u00fam. 4, Universidad de Murcia, 2014), el crecimiento del autonomismo resulta m\u00e1s dif\u00edcil de sentenciar si nos referimos a su definici\u00f3n estricta, ideol\u00f3gica. En este caso me refiero a una autonomismo en sentido laxo, atribuible a las posturas pol\u00edticas de rechazo a las mediaciones partidarias y tendencialmente a las instituciones estatales.<\/p>\n<p><sup>10<\/sup> Sobre el an\u00e1lisis de estos l\u00edmites v\u00e9ase mi art\u00edculo \u201cEntre la izquierda subalterna que no termina de morir y la izquierda antagonista que no acaba de nacer\u201d, en <i>Memoria<\/i> n\u00fam. 253, febrero de 2015.<\/p>\n<p><sup>11<\/sup> Luis Hern\u00e1ndez Navarro, \u201c7 de junio: crisis de representaci\u00f3n\u201d, <i>La Jornada<\/i>, 9 de junio de 2015.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una aparente contradicci\u00f3n ronda el momento actual de la historia pol\u00edtica mexicana. El grito \u201cfue el Estado\u201d que retumb\u00f3 en las conciencias y en las calles a ra\u00edz de las desapariciones de Iguala coloc\u00f3, en la segunda mitad de 2014, el tema de la definici\u00f3n del Estado y la estatalidad desde la l\u00f3gica y la &#8230; <a title=\"SIGUE SIENDO EL ESTADO: LAS ELECCIONES DEL 7 DE JUNIO COMO OPERACI\u00d3N CONSERVADORA\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=482\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre SIGUE SIENDO EL ESTADO: LAS ELECCIONES DEL 7 DE JUNIO COMO OPERACI\u00d3N CONSERVADORA\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":4,"featured_media":579,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[89],"tags":[11,56],"class_list":["post-482","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-devastacion-de-estado","tag-mexico","tag-elecciones"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/482","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/4"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=482"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/482\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":584,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/482\/revisions\/584"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/579"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=482"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=482"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=482"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}