{"id":556,"date":"2015-08-05T06:37:31","date_gmt":"2015-08-05T00:37:31","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=556"},"modified":"2020-06-10T13:33:25","modified_gmt":"2020-06-10T19:33:25","slug":"septiembre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=556","title":{"rendered":"SEPTIEMBRE"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-557\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/sismo19mini.jpg\" alt=\"sismo19mini\" width=\"600\" height=\"410\" \/><\/p>\n<p>Todo empez\u00f3 a moverse. Un ruido agudo de vidrios rompi\u00e9ndose que ocultaba el sonido de una turbina grave, era el terremoto mismo. Una nube de polvo oscureci\u00f3 todo y se hizo un silencio. Los animales quedaron callados y nosotros no pudimos hablar en minutos.<\/p>\n<p>Yo iba entrando a mi cub\u00edculo cuando una compa\u00f1era me dice: \u201cProfesor, est\u00e1 temblando\u201d. Se troza el muro donde estaba la compa\u00f1era y le cae encima. Me cubr\u00ed la cabeza con el portafolio y empiezo a caer, a caer. \u00a1Su pinche madre! \u00bfPor qu\u00e9 me toca morir ahora si no debo nada?<\/p>\n<p>Nunca hab\u00eda tenido miedo a los temblores. Cuando empez\u00f3, me qued\u00e9 en la cama pensando: \u201cSe pasa r\u00e1pido\u201d. Pero cuando arreci\u00f3, trat\u00e9 de pararme, pero se abri\u00f3 un boquete en la pared, por donde sal\u00ed disparada con todo y colch\u00f3n. Ca\u00ed en la calle, acostada, agarrada del colch\u00f3n con las u\u00f1as. \u00bfPero c\u00f3mo ca\u00ed en la calle si vivo en el cuarto piso?, pens\u00e9. Entonces entend\u00ed: los otros tres pisos de abajo se hab\u00edan desplomado debajo de m\u00ed.<\/p>\n<p>Evangelina Corona: A m\u00ed me agarr\u00f3 el temblor cuando dejaba a mi hija en la secundaria. Se empez\u00f3 a mover el piso y el agua en los charcos, pues hab\u00eda llovido el d\u00eda anterior. Cuando pas\u00f3 me fui con la idea absurda de no llegar tarde. Cuando llegu\u00e9 a San Antonio Abad 150, solo quedaba el anuncio de <i>Corona<\/i> sobre las ruinas. Fuimos a buscar al patr\u00f3n a sus oficinas, pero ah\u00ed ya no hab\u00eda patr\u00f3n<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>II<\/b><\/p>\n<p>Ese verano solo hice dos cosas: tirarme al sol sobre el cofre de un vocho abandonado frente a mi casa y ver c\u00f3mo se mov\u00edan las nubes. Pasaba ah\u00ed horas, a veces leyendo pero las m\u00e1s pensando. El mundo era un sinsentido. Mi familia no ten\u00eda sentido. La ciudad no ten\u00eda sentido.\u00a0 Yo no ten\u00eda sentido. Sobre el mundo no hab\u00eda gran cosa que decir: de un momento a otro, explotar\u00eda. Un bot\u00f3n rojo y la famosa explosi\u00f3n nuclear. Hab\u00eda visto <i>The Day After<\/i>. Sobre mi familia hab\u00eda un poco m\u00e1s: mis pap\u00e1s se acababan de separar y, en medio de la tempestad, acabamos mi madre y yo refugiados en un departamento en la colonia Portales donde no cab\u00eda la alfombra. As\u00ed que un extremo estaba enrollado contra la pared y sobre esa inestabilidad se sosten\u00eda apenas el est\u00e9reo. Eran los tiempos de los acetatos y, cuando pon\u00edas un disco, estaba sujeto al vaiv\u00e9n de las patas de la consola sobre la alfombra hecha rollo. La ciudad era para m\u00ed solo el trayecto entre la escuela y la casa: el Metro y un troleb\u00fas sobre Municipio Libre que, cuando llov\u00eda, te daba toques.\u00a0 Sobre m\u00ed tampoco hay mucho que decir: era un chavo de diecisiete, con una gorra sucia y una gabardina gris que jam\u00e1s me quitaba. Hasta ese momento solo tres cosas me interesaban: las mujeres, el tabaco, y el rock en espa\u00f1ol. A las mujeres las ve\u00eda pero nunca pod\u00eda conversar lo suficiente con ellas. Me tard\u00e9 tanto en hablarle a Mercedes que, cuando lo logr\u00e9, ya ten\u00eda novio. En el troleb\u00fas siempre me regresaba con una estudiante de la prepa de enfrente, pero salvo miraditas, nadie dec\u00eda nada. Me gustaban todas, ninguna m\u00e1s de unas cuantas semanas. El tabaco se reduc\u00eda a los cigarros que pod\u00eda robarle a mi padre, cuando lo ve\u00eda, un domingo de cada quince d\u00edas en el S\u00faper Leches. Fumaba en el ba\u00f1o del departamento en Portales, soplando el humo por la ventana. Mi madre era, desde entonces, antitabaco. Y el rock no pod\u00eda comprarlo. Solo o\u00edrlo en la radio e intentar grabarlo en casets, pero siempre la voz del locutor interrump\u00eda: \u201cEsto es Rock 101 y esto fue Radio Futura\u201d.<\/p>\n<p>Ese 19 de septiembre de 1985 era jueves. Ten\u00eda que haber le\u00eddo a David Ricardo para econom\u00eda y resuelto unos problemas de f\u00edsica. Pero me hab\u00eda tir\u00e9 a leer <i>Memorias del subsuelo <\/i>que me pareci\u00f3 casi a la medida de mi tristeza. Se sent\u00eda bien ser un miserable y entender que la vida no ten\u00eda sentido. \u00c9sa es la adolescencia: la primera vez que te despides de ti mismo, con rabia y congoja, del ni\u00f1o que fuiste. Y, as\u00ed, con todo y la gabardina, me qued\u00e9 dormido.<\/p>\n<p>A las 7:19 recuerdo haber tratado de correr por el pasillo del departamento, pero temblaba tan fuerte que me ca\u00ed, agarrado de un sill\u00f3n de la sala. Los trastes en las gavetas de la cocina se salieron y cayeron con estruendo ollas y platos, vasos que se quebraban. Afuera, los cables de luz chocaban unos con otros y el color del cielo tuvo \u2014por instantes\u2014 un tono anaranjado. Las paredes cruj\u00edan. Y justo, sin saber d\u00f3nde estaba mi madre, vi abrirse un boquete en la pared y la alfombra desenrollarse hacia el vac\u00edo, por primera vez, colgando como una lengua extenuada. \u201cLa ciudad nos agrand\u00f3 el depto\u201d, pens\u00e9. Me puse los zapatos y sal\u00ed a la calle.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-558\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/sismo11mini.jpg\" alt=\"sismo11mini\" width=\"600\" height=\"407\" \/><\/p>\n<p>En la esquina de V\u00edctor Hugo se hab\u00eda ca\u00eddo la parte de arriba de un edificio con una farmacia abajo. Parec\u00eda un helado al que solo le has chupado un lado. En bata, en pijamas, los vecinos empezaron a mover piedras, dec\u00edan que, entre la nube de polvo que todav\u00eda no se asentaba, hab\u00eda gente. La idea no me estremeci\u00f3. Sin pensarlo ayud\u00e9 a un se\u00f1or a mover una losa. Es curioso c\u00f3mo los edificios parecen estar construidos con cart\u00f3n, pero a la hora de levantarlos, aunque sea en pedazos, pesan. Cuando me vi la mano, ten\u00eda sangre; me hab\u00eda cortado.<\/p>\n<p>\u2014Necesitan guantes \u2014dijo alguien a mi espalda. Era Carlos Monsiv\u00e1is. Yo lo hab\u00eda visto en la tele hablando de Agust\u00edn Lara no m\u00e1s de cuatro d\u00edas atr\u00e1s. Le iba a dar la mano pero me mir\u00e9 la sangre.<\/p>\n<p>\u2014Voy al centro \u2014avis\u00f3 casi al aire\u2014. Parece que se cay\u00f3 completo.<\/p>\n<p>No hab\u00eda autobuses, ni\u00a0 Metro, ni trolebuses. Los camiones de redilas daban avent\u00f3n a cuantos pudieran subir, algunos colgando, con los pies sobre las defensas. Camin\u00e9 hasta la prepa y me top\u00e9 con maestras que se llevaban las manos a la boca, los ojos desorbitados, viendo una televisi\u00f3n en blanco y negro. Me asom\u00e9 a ver las im\u00e1genes: fierros retorcidos sobre Eje Central, un reloj entre ruinas con la hora detenida: 7:19, el anuncio del hotel Regis en la banqueta. El S\u00faper Leches donde, cada quince d\u00edas me encontraba con mi padre, derrumbado. La ciudad de mi infancia estaba en ruinas.<\/p>\n<p>Sal\u00ed de la direcci\u00f3n de la escuela y El Tito me extendi\u00f3 pala, guantes de carnaza, y cubrebocas. Ese ser\u00eda el uniforme del rescate. Nunca pregunt\u00e9 de d\u00f3nde sali\u00f3 todo ese equipo, tan pronto. Lo que s\u00ed s\u00e9 es lo que me dijo:<\/p>\n<p>\u2014V\u00e1monos a sacar gente del subsuelo.<\/p>\n<p>No, no era la novela de Dostoievski; eran personas de carne y hueso debajo de losas de concreto, aplastadas, entre el polvo y la negrura, desmayadas o gritando:<\/p>\n<p>\u2014Auxilio. Estamos vivos aqu\u00ed abajo.<\/p>\n<p>Nos fuimos en la parte de atr\u00e1s de una Estaquitas que era del director de la prepa. Recuerdo que sobre Tlalpan.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 es ese olor? \u2014murmuraba El Animal, viendo por las estrechas ventanas edificios aplastados.<\/p>\n<p>\u2014Es olor a muerto \u2014especul\u00f3 La Maddy, a quien el casco le quedaba grande y le ocultaba las cejas.<\/p>\n<p>\u2014Son fugas de gas \u2014dijo El Tito desde el volante\u2014.As\u00ed que aguas con fumar.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed vimos algo que no alcanzamos a entender: una fila de pasteles aplastados, con las cortinas al viento, como naufragios. No ten\u00edan el rostro de ninguna edificaci\u00f3n humana: era como una escena salida de <i>Mad Max<\/i>. Nunca me hab\u00eda puesto a pensar: \u00bfqu\u00e9 hab\u00eda antes ah\u00ed?. Y, salvo por el nombre de la calle, San Antonio Abad, no me dec\u00edan nada las ruinas. Pero ah\u00ed abajo estaban las costureras de talleres ilegales, a quienes pagaban nada por confeccionar ropa, acosadas por los due\u00f1os, explotadas a cambio de unas cuantas monedas. Las costureras saldr\u00edan de los escombros convertidas en un sindicato, con Evangelina Corona a la cabeza, una mujer de Tlaxcala que hab\u00eda llegado a la Ciudad de M\u00e9xico como sirvienta y que hab\u00eda terminado, sin saber ensartar una aguja siquiera, trabajando durante 12 horas sobre una m\u00e1quina <i>Overlock<\/i>. La indignaci\u00f3n crecer\u00eda con los d\u00edas: los due\u00f1os de las maquilas de ropa hab\u00edan preferido sacar sus m\u00e1quinas de los derrumbes antes que a las mujeres que trabajaban para ellos. Do\u00f1a Eva, como le dec\u00edan sus compa\u00f1eras, lo denunci\u00f3 y comenz\u00f3 a organizar un sindicato que, hasta la fecha, se llama 19 de Septiembre.<\/p>\n<p>El Tito decidi\u00f3 detener la camioneta en el Eje Central y Victoria. M\u00e1s all\u00e1 solo se ve\u00edan incendios entre nubes de polvo. Los edificios se hab\u00edan ca\u00eddo de frente, de costado, los vidrios rotos. Recuerdo que pens\u00e9 que parec\u00edan botiquines de medicinas abiertos, pero los botecitos de aspirinas eran tanques de gas, tinacos, mitades de autom\u00f3viles. Vimos a un hombre en medio de unas ruinas aferrado a un colch\u00f3n: lo cargaba sobre su cabeza, le daba vueltas tratando de asirlo con la axila, como no queriendo que se ensuciara de polvo, del terregal en el que hab\u00eda quedado vivo. Cientos en mangas de camisa, con cubrebocas, trepados en capas de concreto y varillas torcidas. Decenas llorando, sentadas, colapsadas al pie de esos mismos derrumbes. El edificio de Pino Su\u00e1rez hab\u00eda ca\u00eddo sobre un paso a desnivel y tomado su forma, como una capa m\u00e1s de esta ciudad de capas. Un hombre hincado pon\u00eda la oreja en una grieta. Nos acercamos.<\/p>\n<p>\u2014Creo que es mi mam\u00e1 \u2014nos dijo, los ojos desorbitados\u2014. Viv\u00eda en el segundo piso.<\/p>\n<p>Tra\u00edamos palas que no serv\u00edan para rescatar a su mam\u00e1. Necesit\u00e1bamos mazos, taladros, excavadoras, trascabos para sacar a su mam\u00e1. Pero se acercaron dos muchachos con picos y comenzaron a aguijonear la piedra. Recog\u00edamos las ruinas en cubetas de pl\u00e1stico o metal, hasta en una bolsa del mercado. La pas\u00e1bamos en una fila. Todo pesaba; la ciudad pesa mucho. Oscureci\u00f3 muy pronto y su mam\u00e1 no aparec\u00eda. Todos dud\u00e1bamos:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s seguro de que o\u00edste a tu mam\u00e1? \u2014le pregunt\u00f3 La Maddy\u2014. \u00bfNo la o\u00edste solo en tu cabeza?<\/p>\n<p>El hombre, que se llamaba Mario, ya no contestaba, frot\u00e1ndose el polvo sobre el sudor y las l\u00e1grimas. \u00c9l tambi\u00e9n dudaba. Esa noche sacamos algo: una jaula con un canario adentro. El metal estaba destruido, doblado, pero el p\u00e1jaro estaba vivo, nervioso, mir\u00e1ndonos de lado. Tom\u00e9 la jaula y me promet\u00ed cuidarlo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-559\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/sismo05mini.jpg\" alt=\"sismo05mini\" width=\"300\" height=\"439\" \/>Cerr\u00e9 los ojos despu\u00e9s de la media noche en una banca de la prepa, ahora convertida en un albergue con ni\u00f1os, se\u00f1oras, fogatas, peroles de agua hirviendo. Cruc\u00e9 los brazos y mir\u00e9 al\u00a0 canario dormido de pie. Su jaula se hab\u00eda venido abajo, pero nunca quiso abandonarla. Era como todos nosotros y esta ciudad. Ah\u00ed so\u00f1\u00e9 que entender esta ciudad era quedarse. Y que quedarse era entenderla. \u00c9ramos ese canario.<\/p>\n<p>Me despertaron los gritos de los ni\u00f1os en el patio de la prepa. Estaban subidos en las sillas y se dejaban caer, haciendo pffff con los labios.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 hacen? \u2014les pregunt\u00e9 mientras me quitaba las laga\u00f1as.<\/p>\n<p>\u2014Jugamos al temblor \u2014me dijo una ni\u00f1a tendida de panza en el patio de concreto.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os hab\u00edan perdido sus casas y viv\u00edan ahora en la prepa, pero \u00bfpor cu\u00e1nto tiempo? La comida de albergue eran tacos de arroz y agua hervida que ol\u00eda a le\u00f1a.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 la hierven? \u2014le pregunt\u00e9 a Adriana, una compa\u00f1era de segundo de prepa que me pareci\u00f3 atractiva en ese instante, con su cabello rizado cay\u00e9ndole sobre la frente, concentrada en servir arroz.<\/p>\n<p>\u2014La hervimos porque el agua tiene sangre.<\/p>\n<p>Le sopl\u00e9 al jarrito de barro y me sent\u00ed, por primera vez, un azteca.<\/p>\n<p>Le encargu\u00e9 el canario.<\/p>\n<p>\u2014Le das agua y arroz.<\/p>\n<p>Las cosas hab\u00edan cambiado en el transcurso de la noche. El Presidente Miguel de la Madrid hab\u00eda rechazado la ayuda internacional. Un avi\u00f3n de la Cruz Roja sobrevol\u00f3 el aeropuerto sin que le autorizaran aterrizar; hasta que se le acab\u00f3 el combustible. El regente de la ciudad, Ram\u00f3n Aguirre, aconsej\u00f3 a la gente quedarse en sus casas y no salir si no era indispensable. Dijo: \u201cAl parecer hay treinta presuntos ciudadanos colapsados\u201d. Carlos Monsiv\u00e1is dec\u00eda: \u201cHay una insurrecci\u00f3n de la sociedad civil que ha tomado en sus manos las tareas de rescate, tr\u00e1nsito, polic\u00eda, y decisi\u00f3n\u201d. Salimos a la calle en nuestra Estaquitas y sentimos el combate entre el poder y el deseo: el ej\u00e9rcito acordonaba zonas para impedir que los rescatistas sacaran gente viva; los rescatistas buscaban formas de llegar a los derrumbes sin pasar por los militares.<\/p>\n<p>El Animal manejaba ahora y se meti\u00f3 en sentido contrario en todas las avenidas que pudo para llegar a Tlatelolco. Ah\u00ed, el edificio Nuevo Le\u00f3n se hab\u00eda ca\u00eddo como ballena encallada. Los militares, como en 1968, cre\u00edan controlar la plaza, pero a lo lejos dos personajes corpulentos nos hac\u00edan se\u00f1as. Despu\u00e9s supimos que eran el tenor Pl\u00e1cido Domingo y el que ser\u00eda l\u00edder de los damnificados, Cuauht\u00e9moc Abarca. El Tito, que ya ten\u00eda un aire de la autoridad que te da medir 1.90 les dijo con voz ronca y un extra\u00f1o acento:<\/p>\n<p>\u2014Venimos con los franceses.<\/p>\n<p>Por el radio nos enteramos que Francia hab\u00eda enviado a una brigada de rescate con perros pastor alem\u00e1n. Un chiste entre los rescatistas frente a las fogatas:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 las de Tlatelolco est\u00e1n tan contentas?<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Porque los franceses vinieron a echarles los perros.<\/p>\n<p>Y nos dejaron pasar. Cuatro rescatistas adolescentes, de palas, picos, y cascos que no nos quedaban, en el horizonte, subiendo a lo alto del Edificio Nuevo Le\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014Vamos a abrir un boquete en esta loza para que sirva de t\u00fanel y se puedan meter.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9nes se van a meter? \u2014pregunt\u00f3 Tito.<\/p>\n<p>\u2014Pues \u00e9l \u2014me se\u00f1al\u00f3 a m\u00ed\u2014. O ella \u2014ahora se\u00f1al\u00f3 a La Maddy\u2014 que son flacos y chaparros.<\/p>\n<p>Hasta ese momento que entend\u00ed lo que pasaba en el subsuelo: hab\u00eda que meterse a la oscuridad, a las grietas, y exist\u00eda un momento en que enterrados y desenterradores se tocaban, se daban la mano, se jalaban. El enterrado pod\u00eda ser sacado, pero hab\u00eda una posibilidad de que el desenterrador se quedara bajo la tierra.<\/p>\n<p>\u2014Si no quieren, yo me vuelvo a meter \u2014dijo un hombre \u00ednfimo, en los huesos y muy bajo. Era La Pulga, Efra\u00edn Arellana, que ayudar\u00eda a rescatar gente gracias a su complexi\u00f3n.<\/p>\n<p>\u2014T\u00fa \u2014le dijo el tenor Pl\u00e1cido Domingo a La Pulga\u2014 tienes que salir a respirar. Ayer tragaste demasiado polvo.<\/p>\n<p>Con la duda de qui\u00e9n se meter\u00eda en ella, comenzamos a hacer una grieta. Los mazos ca\u00edan con golpes secos que pod\u00edan destruir a cualquiera, pero parec\u00edan no hacerle nada al concreto de los edificios de Tlatelolco. Trabajamos por turnos con los mazos, esperando una cortadora de concreto que tard\u00f3 en llegar. Por la tarde apareci\u00f3 un muchacho lleno de polvo blanco, que nos dijo con la boca seca:<\/p>\n<p>\u2014Soy Manlio y quiero ver si me ayudan a sacar algo.<\/p>\n<p>\u00c9l estudiaba en nuestra prepa, pero era dos a\u00f1os m\u00e1s chico. Entonces supe que viv\u00eda en el edificio Nuevo Le\u00f3n con su madre. Ambos cruzaron la explanada un poco antes del terremoto y se quedaron sin casa, pero estaban vivos.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfA sacar qu\u00e9? \u2014le dije, sentado sobre una cubeta, exhausto.<\/p>\n<p>\u2014Mi bater\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTu qu\u00e9?<\/p>\n<p>\u2014Mis tambores, mis platillos. Tengo un grupo de rock y ensayamos los s\u00e1bados.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-560 alignright\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/sismo12mini.jpg\" alt=\"sismo12mini\" width=\"300\" height=\"443\" \/>Volte\u00e9 a ver a los dem\u00e1s. El Tito dej\u00f3 el mazo recargado sobre su pierna derecha y se sac\u00f3 el cubrebocas, pero no dijo nada. Las ganas de regresar a la normalidad eran tan fuertes que la evidencia no las desment\u00eda: debajo de esas ruinas la bater\u00eda de Manlio ser\u00eda solo un mont\u00f3n de basura, aplastada, inservible, pero \u00e9l ten\u00eda la esperanza de que nada le hubiera pasado.<\/p>\n<p>Justo en ese instante se sab\u00eda que el rock en espa\u00f1ol hab\u00eda perdido a su \u201cprofeta del nopal\u201d, Rockdrigo Gonz\u00e1lez, en un edificio de la calle de Bruselas. Originario del puerto de Tampico, Rockdrigo hab\u00eda encabezado una corriente renovadora del rock, \u201clo rupuestre\u201d, que usaba lo m\u00ednimo para hacer m\u00fasica: una guitarra y la voz. Le hab\u00eda cantado justo a la Ciudad de M\u00e9xico, al Metro, a sus avenidas, a sus multitudes. A la hora del terremoto, acababa de llegar a su casa, tras un concierto. Suponemos que el edificio se le cay\u00f3 encima en medio de un sue\u00f1o profundo. La \u00fanica rescatada de ese edificio fue una se\u00f1ora Mari que sali\u00f3 a la superficie con su hijo muerto en brazos. Ella insist\u00eda en que no era su hijo sino un mu\u00f1eco de un vecino que era actor de teatro y que usaba marionetas en su espect\u00e1culo. Una enfermera la separ\u00f3 del cuerpo, sin insistir. En la camilla, Mari, la \u00fanica sobreviviente del edificio de Rockdrigo, le dijo a sus rescatistas:<\/p>\n<p>\u2014Alejen a la prensa. No voy a dar aut\u00f3grafos.<\/p>\n<p>A las 7:38 del viernes 20 de septiembre de 1985 vimos una ola de gente corriendo, descolg\u00e1ndose de los derrumbes. Nosotros tambi\u00e9n corrimos hacia un parque. No sab\u00edamos, pero los temblores tienen r\u00e9plicas y esta hab\u00eda sido de seis grados Richter. Lo que estaba inestable, se termin\u00f3 de caer. Lo que estaba polvoso, se remoj\u00f3: empez\u00f3 a llover. No supimos qu\u00e9 hacer m\u00e1s que abrazarnos. Nuca supe el nombre del voluntario que me abraz\u00f3: no hab\u00edan pasado ni tres minutos, volvi\u00f3 a las ruinas a seguir sacando piedras. Recuerdo que, en medio de la oscuridad, una linterna reflej\u00f3 algo como de cobre.<\/p>\n<p>\u2014Mira \u2014le dije a La Maddy\u2014. Ese debe ser uno de los platillos de Manlio.<\/p>\n<p>Pero no me contest\u00f3. Se hab\u00eda quedado dormida sobre mi hombro.<\/p>\n<p>Con los d\u00edas creci\u00f3 la idea de que, como dec\u00eda Monsiv\u00e1is, la ciudad la gobernaban sus habitantes. Dirig\u00edan el tr\u00e1fico, rescataban, cocinaban en peroles para miles, buscaban, acomodaban. Las autoridades, escondidas en sus oficinas, le hab\u00edan ordenado al ej\u00e9rcito una sola cosa: acordonar. Ni siquiera les dieron a los soldados picos y palas. Solo armas. Controlar la situaci\u00f3n no significaba para ellos rescatar vidas, mientras se pudiera, sino la inmovilidad. Hubieran querido que todos nos qued\u00e1ramos en nuestras casas para ordenar que las excavadoras entraran a arrasar con escombros, gente, objetos. Pero no pod\u00edan porque, a diario, a toda hora, todos est\u00e1bamos afuera, en las calles. Los damnificados marchaban a Los Pinos. Las costureras le respond\u00edan a la frase de la propaganda del Presidente: \u201cM\u00e9xico sigue en pie\u201d, con una burla: \u201cSeguimos en pie, pero \u00bftendr\u00e1n una sillita?\u201d \u201cM\u00e9xico sigue en pie\u2026dritas\u201d.<\/p>\n<p>De los 400 edificios que desaparecieron en el terremoto, el 90% eran del gobierno: cuatro secretar\u00edas de Estado, tres multifamiliares, tres hospitales p\u00fablicos, y muchas escuelas. Quedaba claro que, debajo de los derrumbes hab\u00edan responsables: la corrupci\u00f3n, los materiales adelgazados, las mordidas. El gobierno de Miguel de la Madrid lo sab\u00eda y por eso quiso contener a los habitantes de la ciudad, pero no hizo sino alentar la ira y una idea de rebeld\u00eda: nosotros podemos sin ustedes.<\/p>\n<p>Esos d\u00edas hicimos de todo: trasladar \u00e9ter para conservar los cuerpos, repartir ropa y comida. La ciudad era otra. Los sem\u00e1foros no serv\u00edan y los j\u00f3venes controlaban el tr\u00e1fico. Hab\u00eda campamentos callejeros por todos lados. La radio y la televisi\u00f3n empezaron a poner en contacto a familiares. Primero, estimularon la solidaridad; despu\u00e9s nos pidieron que no estorb\u00e1ramos.<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-561\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/sismo09mini.jpg\" alt=\"sismo09mini\" width=\"600\" height=\"407\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>III<\/b><\/p>\n<p>No ten\u00edamos mucha idea de qu\u00e9 hacer, pero ni falta qu\u00e9 hac\u00eda tener un gran plan. Las cosas se iban dando. Al rato ya ten\u00edamos una organizaci\u00f3n, comisiones, y una mesa directiva. La gente del PRI nos mand\u00f3 llamar y nos ofreci\u00f3 dinero, a cambio de que no sigui\u00e9ramos protestando. Pero no entend\u00edan: eran nuestras casas, nuestra colonia, nuestros vecinos. Eso no se puede comprar.<\/p>\n<p>Carlos Monsiv\u00e1is: Del jueves 19 al domingo 22, el nuevo protagonista son las multitudes forzadas a actuar por su cuenta, la autogesti\u00f3n que suple a una burocracia pasmada o sobrepasada. Una sociedad pospuesta se conforma de golpe en brigadas de voluntarios, casi ni\u00f1os que acarrean piedras con disciplina, los adolescentes que estrenan la ciudadan\u00eda, las enfermeras espont\u00e1neas, las se\u00f1oras que preparan comida, los m\u00e9dicos de un lado a otro, los ingenieros con sus brigadas de peritajes. Pero son los j\u00f3venes los que llevan el peso de la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo vimos Adriana y yo en Tepito. Al albergue de la prepa nos hab\u00eda llegado una talega de ropa: cobijas, paraguas, zapatos, hasta una peluca. Alguien ten\u00eda que acompa\u00f1arla y, aunque yo quer\u00eda regresar a Tlatelolco, perd\u00ed el volado. Y ah\u00ed vamos en un vocho que se jaloneaba, a las 11 de la noche, al barrio de Tepito. Las casas estaban en las calles: salas completas, televisores conectadas con diablitos, refrigeradores, ni\u00f1os corriendo, tiendas de campa\u00f1a. Tepito parec\u00eda un campamento gitano. Desde que entramos al barrio, por Jes\u00fas Carranza, unos chavos comenzaron a correr junto al vocho. En uno de los jaloneos, alguien nos abri\u00f3 la puerta trasera y comenz\u00f3 a sacar la ropa.<\/p>\n<p>\u2014Oigan \u2014oigan, esp\u00e9rense a que la repartamos \u2014les grit\u00e9 desde el asiento del copiloto.<\/p>\n<p>\u2014Ustedes no reparten nada aqu\u00ed \u2014me dijo uno de los chavos\u2014. Nosotros ya estamos organizados.<\/p>\n<p>\u2014Somos el comit\u00e9 de bienvenida \u2014dijo otro.<\/p>\n<p>Cuando terminaron el asalto, otro le toc\u00f3 la ventana a Adriana. Ella baj\u00f3 el vidrio.<\/p>\n<p>\u2014Tomen.<\/p>\n<p>Vimos los platos de unicel con un caldo rojizo, caliente. Lo probamos. Picaba como el demonio.<\/p>\n<p>\u2014Es sopa de migas.<\/p>\n<p>Y, en efecto, cuando a los tepite\u00f1os la vida les da migajas, se hacen una sopa.<\/p>\n<p>De regreso, le ped\u00ed a Adriana que pasara por mi casa. No hab\u00eda visto a mi madre en casi una semana y como los tel\u00e9fonos tambi\u00e9n se hab\u00edan ca\u00eddo \u2014igual que la red de agua, la electricidad durante dos d\u00edas, el transporte p\u00fablico\u2014 no hab\u00edamos podido hablar.<\/p>\n<p>Cuando llegu\u00e9 estaba con mi pap\u00e1, sentados los dos, en el sill\u00f3n de la sala viendo las noticias. La ciudad en ruinas, los discursos del presidente, el regente, el jefe de la polic\u00eda, Mota S\u00e1nchez, el ej\u00e9rcito. Vi que hab\u00eda cubierto el agujero en la pared con la consola del est\u00e9reo. La alfombra estaba, de nuevo, inc\u00f3modamente enrollada.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY eso? \u2014me pregunt\u00f3.<\/p>\n<p>\u2014Es un canario y lo que qued\u00f3 de su jaula.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo est\u00e1n?<\/p>\n<p>\u2014Tu abuela est\u00e1 bien, tus t\u00edas, tambi\u00e9n. \u00bfYa comiste?<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, algo; en Tepito.<\/p>\n<p>Yo sab\u00eda que la sola menci\u00f3n del barrio de mis abuelos, donde ella hab\u00eda nacido, en la calle de Tenochtitl\u00e1n, la tranquilizar\u00eda.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe quieres meter a ba\u00f1ar? El calentador est\u00e1 encendido. Arreglaron la fuga de gas que ten\u00edamos.<\/p>\n<p>\u2014Me est\u00e1n esperando para ir al albergue \u2014le dije\u2014. Solo vengo a dejar el canario.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfTe podr\u00edas quedar hoy aqu\u00ed, con nosotros? \u2014dijo mi padre.<\/p>\n<p>\u2014S\u00ed, claro \u2014Los abrac\u00e9 y los tres nos pusimos a llorar.<\/p>\n<p>Hab\u00edamos vuelto a ser una familia.<\/p>\n<p>El jueves 3 de octubre fuimos al \u00faltimo rescate. Fue una decisi\u00f3n del presidente: despu\u00e9s de dos semanas la autoridad no quer\u00eda que hubieran m\u00e1s sobrevivientes. Era la hora de meter los trascabos y acabar con la insurrecci\u00f3n de los rescatistas. La historia los desment\u00eda: de las cerca de 10 mil personas que fueron sacadas del subsuelo 16 eran reci\u00e9n nacidos que sobrevivieron sin agua ni comida debajo de las ruinas del Hospital General. Y si el gobierno aseguraba que en el terremoto hab\u00edan muerto 6 mil personas, nosotros est\u00e1bamos seguros de que eran m\u00e1s de 20 mil. Por eso cuando, ya en la noche, se avis\u00f3 que en Venustiano Carranza casi esquina con Anillo de Circunvalaci\u00f3n se hab\u00edan escuchado los gritos de un ni\u00f1o atrapado en el subsuelo, todos corrimos a rescatarlo. Seg\u00fan su padre, Ram\u00f3n Hern\u00e1ndez, su hijo se llamaba Edmundo. Todos le llam\u00e1bamos Monchito. Con pancartas de \u201cNo queremos m\u00e1quinas, queremos los cuerpos\u201d, las ruinas de la vecindad se iluminaban con las c\u00e1maras de televisi\u00f3n del mundo. Ah\u00ed est\u00e1bamos todos: los franceses y sus perros, los \u201ctopos\u201d de Tlatelolco, Pl\u00e1cido Domingo, do\u00f1a Eva Corona, El Tito, El Animal, La Maddy, el director de nuestra prepa, un brasile\u00f1o corpulent\u00edsimo que era capaz de cargar lozas muy pesadas, los de \u201crescate alpino\u201d con sus cuerdas, los taladros, las cortadoras de concreto que casi nunca vimos, las ambulancias, los m\u00e9dicos y las enfermeras. En el \u00faltimo rescate de 1985 no hab\u00eda ni un soldado. \u00c9ramos tantos que pas\u00e1bamos la mayor parte del tiempo alrededor de las fogatas esperando turno. Ah\u00ed escuch\u00e9 los chistes del terremoto, la forma que tiene el humor negro de aligerar las tragedias:<\/p>\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1n enojadas las ricas de Polanco con los de Tepito?<\/p>\n<p>\u2014Porque no las invitaron a su \u201cmovida\u201d.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 muri\u00f3 Rockdrigo?<\/p>\n<p>\u2014De una sobredosis de cemento.<\/p>\n<p>Un muchacho del CCH Sur hab\u00eda conseguido una m\u00e1quina en la UNAM que detectaba si hab\u00eda algo vivo, con calor, bajo la tierra. Se anunci\u00f3 por un meg\u00e1fono que hab\u00eda algo con vida ah\u00ed abajo. Aplausos.<\/p>\n<p>\u2014Puede ser una rata \u2014alegaron los franceses.<\/p>\n<p>Nos molestamos con los franceses, gente de tanta raz\u00f3n y poca fe.<\/p>\n<p>La Pulga se me acerc\u00f3 y sin saludar, me tom\u00f3 del brazo. Me ense\u00f1\u00f3 una grieta min\u00fascula.<\/p>\n<p>\u2014Los topos hicimos un t\u00fanel ah\u00ed dentro. Yo creo que t\u00fa cabes.<\/p>\n<p>Sin pensarlo, me quit\u00e9 la gabardina y en cuatro patas met\u00ed la cabeza y luego la mitad del cuerpo. El aire enrarecido apenas pasaba a mis pulmones. Suspir\u00e9 y grit\u00e9:<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Monchito!<\/p>\n<p>Se escuchaba un chorrito de agua caer ah\u00ed abajo. Nada, solo un agujero negro.<\/p>\n<p>\u2014\u00a1Monchito!<\/p>\n<p>De pronto, sent\u00ed c\u00f3mo alguien me sacaba de los tobillos.<\/p>\n<p>Sal\u00ed polvoriento en medio de La Pulga, un m\u00e9dico, y el brasile\u00f1o corpulento. Las luces de la televisi\u00f3n se apagaban, los equipos se doblaban, los rescatistas se sacaban los cubrebocas y los guantes. Dos excavadores aguardaban a que nos fu\u00e9ramos para entrar a recoger todo como basura.<\/p>\n<p>\u2014Pero el ni\u00f1o \u2014protest\u00e9.<\/p>\n<p>\u2014Ya van a entrar las m\u00e1quinas, carnalito \u2014me dijo El Animal\u2014; ni modo.<\/p>\n<p>Y salimos del derrumbe El Tito, La Maddy, El Animal y yo. Esa tarde la tele y los diarios amarillistas dijeron que Monchito no hab\u00eda existido, que su padre lo hab\u00eda inventado para sacar una caja fuerte con joyas.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n va a tener una caja fuerte con joyas en una vecindad perdida entre barrios de putas? Si a esa zona le decimos \u201cCincurvalaci\u00f3n\u201d por los cuerpos de las se\u00f1oras que ah\u00ed se alquilan por 20 pesos? \u00bfC\u00f3mo iba un se\u00f1or a convocar a medio millar de rescatistas, los medios, las ambulancias, solo para sacar una caja fuerte? \u00bfY c\u00f3mo esperaba esconderla de nuestra vista una vez que estuviera fuera? \u2014nos dec\u00edamos siguiendo a una ola de gente cabizbaja. Atr\u00e1s el sonido de las excavadoras entrando con brazos mec\u00e1nicos a levantar todo. Pero algo hab\u00eda cambiado: si la autoridad dec\u00eda que Monchito era falso, nosotros cre\u00edmos, aunque fuera por un d\u00eda, que exist\u00eda.<\/p>\n<p>Esa madrugada sub\u00ed las escaleras del edificio malhumorado, frustrado, exhausto. Pero la sola idea de que mis padres hubieran regresado a estar juntos me aliger\u00f3 el paso. Cuando entr\u00e9 se o\u00edan trastes en la cocina. Era mi madre lavando.<\/p>\n<p>\u2014\u00bfY mi pap\u00e1? \u2014le pregunt\u00e9 antes de besarla.<\/p>\n<p>\u2014Se fue. Te dej\u00f3 algo en tu rec\u00e1mara.<\/p>\n<p>Corr\u00ed por el pasillo y, en cuanto encend\u00ed la luz, lo vi: el canario silbaba en una jaula nueva.<\/p>\n<p>El de1985 fue un terremoto natural, seguido de uno pol\u00edtico. No te puedes explicar la organizaci\u00f3n de la Ciudad de M\u00e9xico sin esa tragedia. Supimos que pod\u00edamos solos y las autoridades se asustaron tanto, que jam\u00e1s se recuperaron del susto. Nos tuvieron que dar el voto.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-562\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/08\/sismo01mini.jpg\" alt=\"sismo01mini\" width=\"600\" height=\"406\" \/><\/b><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><b>IV<\/b><\/p>\n<p>1985 junt\u00f3 a dos tipos de damnificados: los del 19 de septiembre y los de la vida. De la tragedia emergi\u00f3 una ciudad de los sin casa que estaban dispuestos a protestar por tener que vivir en azoteas, sin servicios, amontonados en un cuarto. Sab\u00edamos que si M\u00e9xico dejaba de pagar un mes de deuda externa, pod\u00edamos dar a todo chilango una vivienda digna.<\/p>\n<p>Todav\u00eda, cuando tiembla, me acuerdo del 19 de septiembre de 1985. Y, todav\u00eda, cuando paso por una vecindad que tiene una pinta que dice: \u201cVivienda tomada por Super Barrio\u201d, me acuerdo de los d\u00edas de entrega, de ayudar sin mirar a qui\u00e9n, de calentarnos todos en la misma fogata.<\/p>\n<p>El resto de ese a\u00f1o segu\u00ed tirado en la cama. El vocho abandonado sobre el que sol\u00eda acostarme hab\u00eda desaparecido. Segu\u00ed oyendo rock en espa\u00f1ol \u2014me compr\u00e9 un caset de Rockdrigo en El Chopo\u2014, enamor\u00e1ndome secretamente de cuanta mujer ve\u00eda \u2014fui a casa de Mercedes durante dos semanas hasta que regres\u00f3 con su novio\u2014, y fumando cigarros robados. El mundo sigui\u00f3 estando al borde de desaparecer por una bomba nuclear. Mis padres nunca regresaron a estar juntos, y yo iba y ven\u00eda entre la escuela, el cine, y la casa en la Portales. El terremoto sigui\u00f3 durante a\u00f1os, los damnificados, sin casa, sin papeles, sin nada, yendo y viniendo de marchas a oficinas de gobierno porque los quer\u00edan reubicar en el estado de M\u00e9xico: el bur\u00f3crata que deb\u00eda financiar la reconstrucci\u00f3n de las viviendas ca\u00eddas, se fug\u00f3 con todo el dinero.<\/p>\n<p>Sobre la cama, viendo el techo de tirol, segu\u00eda pensando que la vida no tiene sentido, pero que, a veces, de vez en cuando, lo tiene porque se lo construimos, sac\u00e1ndoselo de las entra\u00f1as, a golpes de ganas, a golpes de suerte.<\/p>\n<p>Todav\u00eda tengo al canario. Se llama Septiembre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todo empez\u00f3 a moverse. Un ruido agudo de vidrios rompi\u00e9ndose que ocultaba el sonido de una turbina grave, era el terremoto mismo. Una nube de polvo oscureci\u00f3 todo y se hizo un silencio. Los animales quedaron callados y nosotros no pudimos hablar en minutos. Yo iba entrando a mi cub\u00edculo cuando una compa\u00f1era me dice: &#8230; <a title=\"SEPTIEMBRE\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=556\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre SEPTIEMBRE\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":41,"featured_media":558,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[11,101,102],"class_list":["post-556","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mexico","tag-mexico","tag-terremoto-del-85","tag-ciudad-de-mexico"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/556","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/41"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=556"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/556\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":563,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/556\/revisions\/563"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/558"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=556"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=556"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=556"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}