{"id":672,"date":"2015-12-05T10:46:31","date_gmt":"2015-12-05T04:46:31","guid":{"rendered":"http:\/\/revistamemoria.mx\/?p=672"},"modified":"2020-06-10T13:33:24","modified_gmt":"2020-06-10T19:33:24","slug":"luchas-y-movimientos-sociales-en-mexico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=672","title":{"rendered":"LUCHAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN M\u00c9XICO"},"content":{"rendered":"<p>El colectivo de la revista, convencido de la necesidad de reflexionar sobre las luchas recientes en M\u00e9xico y discutir sobre las dificultades e incapacidades existentes para superar la situaci\u00f3n en extremo deteriorada del pa\u00eds, quiere contribuir de manera cr\u00edtica y propositiva al an\u00e1lisis de los movimientos sociales en las coyunturas recientes de la lucha pol\u00edtica. El tema resulta relevante en sentido estrat\u00e9gico y complejo en lo pol\u00edtico, pero urge impulsar a prop\u00f3sito de \u00e9l un gran debate en todos los niveles y espacios. Se trata de un documento escrito a varias manos, donde distintas posiciones y formas de expresi\u00f3n se han conjugado a fin de presentar ideas que ponemos a la discusi\u00f3n de forma abierta y comprometida con las fuerzas sociales capaces de abrir el proceso de transformaci\u00f3n democr\u00e1tica que requiere el pa\u00eds.<\/p>\n<p><b><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-674 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-23mini.jpg\" alt=\"chavezm 23mini\" width=\"400\" height=\"571\" \/>I. Grandes luchas, dispersi\u00f3n y derrotas<\/b><\/p>\n<p>En un r\u00e1pido recuento de la \u00faltima d\u00e9cada identificamos viarios episodios trascendentes de movilizaci\u00f3n socio-pol\u00edtica en M\u00e9xico: en 2005, el movimiento contra el desafuero del jefe del gobierno de la Ciudad de M\u00e9xico y el arranque de la <i>Otra Campa\u00f1a<\/i>, impulsada por el Ej\u00e9rcito Zapatista de Liberaci\u00f3n Nacional; en 2006, el movimiento contra el fraude electoral y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca; en 2007, la lucha contra la privatizaci\u00f3n de las pensiones; en 2008 y 2009, la resistencia al golpe al Sindicato Mexicano de Electricistas; en 2011, los campamentos de indignados y el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad; en 2012, el movimiento #Yosoy132 y las protestas <i>antipe\u00f1a<\/i>; en 2013, las luchas magisteriales; entre 2013 y 2014, el estallido de las autodefensas en Michoac\u00e1n; en 2014, las movilizaciones por los 43 estudiantes de Ayotzinapa; y finalmente, en 2015, una nueva ola de luchas magisteriales.<\/p>\n<p>Paralelamente, y en medio de estos grandes conflictos sociopol\u00edticos, aparecieron o se mantuvieron decenas de acciones de resistencia frente a una gran diversidad de agravios puntuales. Todos dan cuenta de la riqueza y la complejidad de la respuesta social a los problemas estructurales del pa\u00eds; y \u00e9sta se expresa en un amplio abanico de luchas de naturaleza y magnitudes diversas: movimientos campesinos e ind\u00edgenas en defensa de la vida y el territorio frente a la ofensiva del capital; lucha armada de grupos guerrilleros y de autodefensas comunitarias en reacci\u00f3n a la penetraci\u00f3n del narcotr\u00e1fico; polic\u00edas comunitarias; luchas obreras en diversas partes del pa\u00eds; movilizaciones estudiantiles de alcance nacional o local; movimientos urbano-populares; protestas de organizaciones de derechos humanos y movimientos de v\u00edctimas de la violencia que azota todo el pa\u00eds; movilizaciones democr\u00e1ticas contra fraudes, imposiciones, corrupci\u00f3n y otras agresiones contra los derechos; y luchas diversas que han adquirido gran relevancia, como el respeto de los derechos de las mujeres, (especialmente contra la violencia de g\u00e9nero y por la despenalizaci\u00f3n del aborto), en defensa de la diversidad sexual y la ampliaci\u00f3n de los derechos de la comunidad LGBTTTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales, travestis, transg\u00e9neros e intersexuales), por ciudades m\u00e1s humanas que defienden el espacio p\u00fablico, promueven el uso de la bicicleta y otros transportes colectivos y sustentables, as\u00ed como la lucha por la despenalizaci\u00f3n de la mariguana.<\/p>\n<p>Aun si se valora esta vasta e irreductible capacidad de resistencia y lucha, pensar en las posibilidades de los movimientos sociales y pol\u00edticos en el M\u00e9xico de hoy implica situarse en perspectiva hist\u00f3rica y reconocer las importantes derrotas sufridas en las \u00faltimas d\u00e9cadas: 1988, 1994, 2006 y 2014 fueron momentos de extraordinaria movilizaci\u00f3n y fuerza que, sin embargo, se toparon \u2014antes que con sus l\u00edmites internos\u2014 con la sorprendente y contundente determinaci\u00f3n y capacidad de las clases dominantes y la burocracia estatal, respaldada desde el exterior, para impedir un cambio de r\u00e9gimen. Sin dejar de valorar las experiencias y el alcance social de las luchas, habr\u00eda que asumir claramente que, en relaci\u00f3n con los anhelos democr\u00e1ticos e igualitarios que las animaban, forman una estela de fracasos pol\u00edticos. En efecto, en paralelo y en comparaci\u00f3n, en muchos pa\u00edses latinoamericanos se desarrollaron procesos similares de movilizaci\u00f3n popular, los cuales lograron desestabilizar los reg\u00edmenes neoliberales, quebrar su acorazamiento hegem\u00f3nico y, en muchos casos, propiciar cambios de gobiernos en un sentido progresista, con lo que se abri\u00f3 un ciclo todav\u00eda en curso.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-675 alignright\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-24mini.jpg\" alt=\"chavezm 24mini\" width=\"400\" height=\"544\" \/>No s\u00f3lo las relaciones y estructuras de dominaci\u00f3n del capital y el Estado detienen o frenan a los movimientos sociales: es una realidad irrefutable que parte importante de la sociedad no se moviliza. Pese a que la hegemon\u00eda neoliberal y la legitimidad de la clase pol\u00edtica que la sostiene est\u00e1n resquebrajadas, la subalternidad difusa y arraigada socialmente sigue operando como inhibidor o ant\u00eddoto al cambio y constituye un piso firme para el ejercicio de una dominaci\u00f3n por periodos menos hegem\u00f3nica pero no menos eficaz y capaz de sostenerse en el tiempo.<\/p>\n<p>En todo el pa\u00eds hay continuas luchas y movilizaciones sociales, muestra de la persistente conflictualidad de sociedades capitalistas como la nuestra. Sin embargo, de modo simult\u00e1neo grandes sectores sostienen de forma activa o pasiva el r\u00e9gimen de la alternancia partidocr\u00e1tica PRI-PAN y la orientaci\u00f3n neoliberal y proimperialista que lo cimienta. Su base no es de modo exclusivo ni fundamental \u2014como anta\u00f1o\u2014 corporativa: involucra tambi\u00e9n a otros sectores, a los que el r\u00e9gimen ofrece ciertas bases materiales, beneficios de corto plazo y alcance pero tangibles; y no s\u00f3lo a los m\u00e1s pobres a quienes se distribuyen migajas y promesas, sino a amplias franjas de clase media con vocaci\u00f3n o aspiraci\u00f3n consumista en la cual germinan ideas conservadoras, con no pocos rasgos reaccionarios, racistas y clasistas.<\/p>\n<p>Por otra parte, en las dimensiones de M\u00e9xico, con su enorme diversidad, la movilizaci\u00f3n se ha concentrado, sin menospreciar otros fen\u00f3menos regionales, en las zonas sureste y centro. Es evidente que esa fuerza no alcanza para enfrentar una estructura estatal todav\u00eda s\u00f3lida, que en el sistema electoral y en la partidocracia y sus redes clientelares tiene recursos para legitimar y manipular que dificultan la tarea de quebrar inercias conservadoras arraigadas y promover la politizaci\u00f3n y movilizaciones masivas necesarias para imponer un cambio de r\u00e9gimen en sentido democr\u00e1tico e igualitario.<\/p>\n<p>Pese a este escenario poco propicio, ciertos discursos triunfalistas acompa\u00f1an los momentos de alza de la movilizaci\u00f3n y sirven eventualmente para motivar a los n\u00facleos militantes, pero terminan siendo contraproducentes, pues erigen expectativas ajenas a un an\u00e1lisis concreto de las fuerzas en juego. Es necesario abordar y sopesar los ciclos de flujos y reflujos de la lucha tanto en el per\u00edmetro mexicano como en el contexto latinoamericano y mundial. No se puede adem\u00e1s olvidar que el nuestro es un pa\u00eds integrado de distintas formas a Estados Unidos; esta potencia reorient\u00f3 sus estrategias en una l\u00f3gica de despojo, de renovada agresividad del capital, que tambi\u00e9n busca formas de eficacia y recurre a nuevas combinaciones de consenso y coerci\u00f3n. Habr\u00eda que pensar por tanto a qu\u00e9 tipo de guerra de posiciones corresponde la estrategia por dise\u00f1ar en aras de construir la posibilidad de una futura eficaz guerra de movimiento, en la cual retomar cierta ofensiva o contraofensiva, y entonces asumir la tarea de la proyecci\u00f3n hegem\u00f3nica como din\u00e1mica de transformaci\u00f3n social que se pueda expandir y retroalimentar del plano institucional y estatal.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed se observa, en t\u00e9rminos de coyuntura, un prolongado momento defensivo, de reflujo, de construcci\u00f3n y reconstrucci\u00f3n de trincheras, de acumulaci\u00f3n de fuerzas y de configuraci\u00f3n y reconfiguraci\u00f3n de subjetividades pol\u00edticas. A diferencia de lo que muchos sostienen y proponen, a partir de un equivocado an\u00e1lisis de Gramsci, la estrategia hegem\u00f3nica no inicia en el primer pelda\u00f1o de la escalada institucional, sino en t\u00e9rminos m\u00e1s cl\u00e1sicos, m\u00e1s <i>leninianos<\/i>, como reconstrucci\u00f3n de alianzas y articulaciones, desde la formaci\u00f3n de un sujeto social y pol\u00edtico aut\u00f3nomo, forjado como contrapoder al calor de la lucha contrahegem\u00f3nica. La vocaci\u00f3n hegem\u00f3nica se manifiesta desde la existencia de una subjetividad fuerte que empuja, tiene capacidad de politizaci\u00f3n y puede sumar fuerzas, produciendo una nueva y m\u00e1s favorable correlaci\u00f3n de fuerzas. S\u00f3lo en estas condiciones se proyectar\u00eda una eventual escalada en t\u00e9rminos de la lucha pol\u00edtico-institucional y pol\u00edtico-estatal.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-676 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-26mini.jpg\" alt=\"chavezm 26mini\" width=\"400\" height=\"548\" \/>De modo simult\u00e1neo, en los \u00faltimos tiempos ha aparecido en M\u00e9xico cierta radicalizaci\u00f3n desesperada de las formas de lucha, sin correspondencia con una maduraci\u00f3n de los procesos pol\u00edticos. La radicalizaci\u00f3n resulta un eficaz dispositivo antagonista si se finca en una politizaci\u00f3n que se difunda y arraigue en el plano social. En ese terreno existen, subsisten y se reproducen, en el M\u00e9xico de nuestros d\u00edas, sectores activos y avanzados pol\u00edticamente; grupos de larga tradici\u00f3n y otros recientes. La efervescencia y persistencia del movimiento social permitieron no s\u00f3lo la supervivencia sino la reproducci\u00f3n de n\u00facleos militantes, con un significativo recambio generacional. Pero no parece que este fen\u00f3meno de reproducci\u00f3n sea masivo o tenga tendencia expansiva, que implique profundos y ampliados procesos de toma de conciencia. La radicalizaci\u00f3n actual se centra en los n\u00facleos militantes, varios de ellos leg\u00edtimamente frustrados por la ineficacia de determinadas estrategias de lucha y el efecto de las derrotas pol\u00edticas mencionadas. Al mismo tiempo, esta radicalizaci\u00f3n voluntarista parece expresarse de manera fundamental en las formas de lucha y en la gestualidad revolucionaria, pero no siempre se refleja en estrategias y perspectivas pol\u00edticas m\u00e1s elaboradas.<\/p>\n<p>En efecto, el anticapitalismo no est\u00e1 siendo dominante ni siquiera en los sectores movilizados. Los grandes momentos de amplitud de la lucha no se basaron en ese horizonte ni difundieron ideas y perspectivas anticapitalistas, si bien generaron condiciones propicias para que esto pueda ocurrir. Son movimientos que se volvieron masivos y transversales a partir de cierta reacci\u00f3n moral contagiosa, \u201cviral\u201d se dice en nuestros d\u00edas, que se nutren de la indignaci\u00f3n contra la violencia, la corrupci\u00f3n, la impunidad, la injusticia y otros muchos agravios. En este contexto, se empobrece la apuesta pol\u00edtica de Morena centrada en la idea de adquirir una base electoral de masa, que apela a la moralidad y el repudio a la corrupci\u00f3n generalizada de la \u201cmafia en el poder\u201d y abandona o deja en segundo plano la cr\u00edtica antisist\u00e9mica, aunque sea s\u00f3lo antineoliberal. En el fondo, termina siendo una hip\u00f3tesis de cambio basada en el principio de una sana circulaci\u00f3n de elites (como lo demuestra el respaldo pol\u00edtico que ha ofrecido L\u00f3pez Obrador en m\u00faltiples momentos a pol\u00edticos que recientemente pertenec\u00edan al PRI y\/o apoyaban las reformas neoliberales y que hoy gobiernan estados como Tabasco, Oaxaca y Distrito Federal). Morena fue mucho m\u00e1s antineoliberal en sus or\u00edgenes, entre 2005 y 2006, que en su construcci\u00f3n posterior, a partir de 2010; ese lamentable desplazamiento es parte de un proceso pol\u00edtico general de retroceso del antineoliberalismo.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n es alarmante y nos coloca en la necesidad siempre m\u00e1s urgente de activar un proceso de acumulaci\u00f3n de fuerzas, por medio de un avance sustancial en el terreno organizativo y, fundamentalmente, en la incorporaci\u00f3n de nuevos sectores y grupos sociales y la generaci\u00f3n de rupturas y quiebres culturales y simb\u00f3licos.<\/p>\n<p>En esta direcci\u00f3n, pesa la experiencia del movimiento por Ayotzinapa, pesa y afecta la consigna de <i>Fue el Estado<\/i>. No tanto en t\u00e9rminos de experiencias organizativas o de convergencia y articulaci\u00f3n m\u00e1s permanente, pero s\u00ed de una politizaci\u00f3n antagonista, de experiencia de lucha y de la instalaci\u00f3n de un horizonte pol\u00edtico antisist\u00e9mico.<\/p>\n<p>Frente a un panorama disgregado y contradictorio, debemos emprender una discusi\u00f3n a fondo sobre c\u00f3mo pueden madurar no la hegemon\u00eda de un partido o un liderazgo sobre el conjunto de las expresiones de protesta y de lucha, sino proyectos de confluencia, convergencia, articulaci\u00f3n de los mismos movimientos y las organizaciones sociales en un caudal pol\u00edtico s\u00f3lido, duradero y con capacidad de incidir en las coyunturas y en el proceso hist\u00f3rico en general.<\/p>\n<p>Esto implica remontar algunas pendientes y frenar algunas derivas pol\u00edtico-ideol\u00f3gicas.<\/p>\n<p><b><a href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-63mini.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-677 alignright\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-63mini.jpg\" alt=\"chavezm 63mini\" width=\"400\" height=\"520\" \/><\/a>II. Crisis de los partidos y desaf\u00edos pol\u00edticos de la lucha social<\/b><\/p>\n<p>Una cuesti\u00f3n crucial y estrat\u00e9gica remite a la evidencia del enorme deterioro del \u00e1mbito pol\u00edtico y la profunda degradaci\u00f3n de los instrumentos organizativos cl\u00e1sicos de la pol\u00edtica de masas del siglo xx: sindicatos, organizaciones sociales y partidos pol\u00edticos. En esta crisis de la forma de organizaci\u00f3n se ha instalado una grave escisi\u00f3n entre lo social y lo pol\u00edtico, lo cual genera perspectivas que se conciben excluyentes y fomentan la separaci\u00f3n, en lugar de la complementariedad. Ello a su vez agrega dificultades subjetivas a los obst\u00e1culos objetivos que traban el camino de la transformaci\u00f3n igualitaria y democr\u00e1tica de la sociedad.<\/p>\n<p>Lo cierto es que, adem\u00e1s de responder a la fragmentaci\u00f3n social, la falta de vinculaci\u00f3n entre luchas y movimientos se alimenta de la situaci\u00f3n de los partidos de izquierda, que han dejado de ser expresiones fuertes y prestigiadas de los sectores populares: no cumplen m\u00e1s las tareas anta\u00f1o propuestas, como crear canales de comunicaci\u00f3n y articular los movimientos, organizar acciones que les dieran cobertura y proyecci\u00f3n nacional e impulsar una verdadera formaci\u00f3n pol\u00edtica. No s\u00f3lo no se proponen m\u00e1s estas tareas sino que, tendencialmente, le contraponen una estrategia de delegaci\u00f3n, electoralismo e institucionalismo, una estrategia que fomenta la desmovilizaci\u00f3n. Algunos sectores concluyeron que los partidos son prescindibles, sin preguntarse qu\u00e9 puede suplirlos o sin poder formular una propuesta distinta. Otros no dejan de apoyarse de manera circunstancial o instrumental en las estructuras y los recursos de los partidos y no han dejado de participar en las contiendas electorales. Otros m\u00e1s forman o sostienen agrupaciones partidarias o similares, concebidas como n\u00facleos de vanguardia ideol\u00f3gicamente compactos que no logran trascender su car\u00e1cter marginal y grupuscular.<\/p>\n<p>En medio de la crisis de la forma partido, la cuesti\u00f3n del instrumento pol\u00edtico ronda como fantasma las luchas y los debates estrat\u00e9gicos.<\/p>\n<p>En los partidos actuales que buscan cubrir el espacio de la representaci\u00f3n electoral de izquierda \u2014PRD y Morena\u2014 hay una din\u00e1mica que los ha entrampado en un electoralismo estrecho, el cual concibe los comicios como la exclusiva actividad relevante; y ello ha propiciado que tengan escasas, nulas o malas relaciones con las luchas y los movimientos sociales. Esto, junto al deterioro interno y descomposici\u00f3n de esas agrupaciones que, como lo demostr\u00f3 la tragedia de Iguala, aparecen imbricados con el narcotr\u00e1fico o con pr\u00e1cticas de corrupci\u00f3n o abuso de poder, hace que los movimientos y los ciudadanos se posicionen cada vez m\u00e1s contra cualquier v\u00ednculo con los partidos. Se agudizan as\u00ed el aislamiento y el empobrecimiento discursivo y program\u00e1tico de estas formaciones pol\u00edticas.<\/p>\n<p>Morena tiene su origen en un movimiento social que recurri\u00f3 a la lucha contra el desafuero y el primer intento de privatizaci\u00f3n del petr\u00f3leo del gobierno de Felipe Calder\u00f3n, as\u00ed como en las movilizaciones contra el fraude electoral de 2006. Tambi\u00e9n hay en \u00e9l sectores que apuestan por el movimiento social como recurso pol\u00edtico y valor en s\u00ed mismo, que ven con escepticismo la opci\u00f3n electoral si bien piensan que se debe aprovechar y agotar. El problema es que en la pr\u00e1ctica, y en cierta medida por el discurso predominante surgido de su liderazgo unipersonal, particularmente durante su institucionalizaci\u00f3n para optar por el registro electoral, Morena se alej\u00f3 de modo inexorable de la posibilidad de seguir un curso diferente del propio PRD y concebirse como partido-movimiento donde se privilegien la lucha y la movilizaci\u00f3n sociopol\u00edtica. Hay una contradicci\u00f3n interna muy fuerte entre la urgencia de construir una maquinaria electoral, de una direcci\u00f3n concentrada en esa actividad, frente a la voluntad de sectores dirigentes minoritarios o de bases sociales que intentan sumar y apoyar las causas de los movimientos y las luchas existentes en el pa\u00eds. Cuando esto \u00faltimo ocurre, se produce con suma torpeza, sin comprender que deben presentarse, frente a los potentes movimientos que se han producido, como un partido solidario, que no s\u00f3lo apoya, acompa\u00f1a y reivindica sus demandas sino que impulsa con absoluto respeto la independencia y autonom\u00eda de los movimientos. En la medida en que no se plantea en esos t\u00e9rminos, el acercamiento fracasa, como ocurri\u00f3 en meses pasados en Guerrero, estado con un movimiento social muy extendido por la lucha de los normalistas y maestros, y una candidatura de Morena que no logr\u00f3 3 por ciento en las elecciones para gobernador y qued\u00f3 muy por debajo de los votos nulos. Desde otra l\u00f3gica, en la que funcionara una avanzada relaci\u00f3n entre partido y movimientos sociales, no se debi\u00f3 haber participado en los comicios ah\u00ed. Esta experiencia mostr\u00f3 la existencia de una gran insensibilidad e incapacidad que no parece que, de aqu\u00ed a la elecci\u00f3n presidencial de 2018, pueda resolverse en una direcci\u00f3n distinta.<\/p>\n<p><b><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-678 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-64mini.jpg\" alt=\"chavezm 64mini\" width=\"400\" height=\"508\" \/>III. Elecciones, movimiento social y falsos dilemas de las formas de lucha<\/b><\/p>\n<p>Otro aspecto medular remite a reconocer que la tendencia hacia la despolitizaci\u00f3n y el impulso deliberado en este sentido de los medios de comunicaci\u00f3n han logrado que incluso entre las izquierdas haya enorme confusi\u00f3n sobre el tema de las formas de lucha y las estrategias para alcanzar la transformaci\u00f3n requerida. Se entiende, por ejemplo, que las estrategias democr\u00e1ticas pasan s\u00f3lo por las urnas y las estrategias insurreccionales por las armas o la violencia callejera. Tales esquemas, que no resisten el menor an\u00e1lisis hist\u00f3rico de los procesos de profunda transformaci\u00f3n ocurridos aqu\u00ed y en otras partes del mundo, tienen eficacia cuando hay ausencia de debate estrat\u00e9gico o deficiencias ideol\u00f3gicas; las miras se vuelven extraordinariamente cortas y se instala una l\u00f3gica pol\u00edtica funcional a la reproducci\u00f3n de las relaciones de dominaci\u00f3n establecidas.<\/p>\n<p>Si se consideran la diversidad de sectores y de problem\u00e1ticas y, sobre todo, las fases por las que atraviesan las luchas, es evidente que las formas de acci\u00f3n son siempre muchas, diversas y combinadas. Por eso, la cuesti\u00f3n electoral, entendida precisamente como forma de lucha y no como horizonte de la transformaci\u00f3n, muestra posibilidades que deben evaluarse siempre en lo concreto. Valorar en qu\u00e9 momento hay que participar, en qu\u00e9 momento hay que llamar a la abstenci\u00f3n y en qu\u00e9 momento hay que boicotear no es asunto que debe resolverse de antemano sino en funci\u00f3n de un an\u00e1lisis concreto del momento, de las fuerzas y condiciones de la acci\u00f3n. Las formas deben aspirar a construir la fuerza social suficiente para alcanzar la transformaci\u00f3n. Lenin, uno de los grandes revolucionarios del siglo pasado, se\u00f1al\u00f3 con contundencia que el camino para superar el capitalismo no pod\u00eda ser m\u00e1s que la democracia, entendida como la capacidad de incidencia de las masas en los asuntos p\u00fablicos y m\u00e9todo de formaci\u00f3n de voluntades mayoritarias, que permiten desarrollar capacidad autogestiva: el camino de la democracia participativa como pr\u00e1ctica de autodeterminaci\u00f3n y de autogobierno.<\/p>\n<p>Es relevante por tanto no abandonar el debate sobre la democracia ni confundirla con electoralismo e institucionalismo, pues se caer\u00eda en la trampa ideol\u00f3gica que h\u00e1bilmente el neoliberalismo logr\u00f3 transformar en sentido com\u00fan, al punto que sus partidarios y detractores comparten la misma definici\u00f3n.<\/p>\n<p>Decir en abstracto que las elecciones y el sistema representativo ya no constituyen un camino o que, si lo son, resulta in\u00fatil o \u2014al menos\u2014 limitado desde la perspectiva de una pol\u00edtica alternativa seria, donde se atiende en esencia el an\u00e1lisis de c\u00f3mo se mueven las fuerzas en cada momento, cu\u00e1l es el estado de \u00e1nimo social, qu\u00e9 demanda y cuales formas de acci\u00f3n unifican y acrecientan la movilizaci\u00f3n. Es innegable que en M\u00e9xico, el asunto de los comicios se ha convertido en una camisa de fuerza, por las estructuras mismas que los conducen y la cultura pol\u00edtica corporativa y clientelar largamente arraigada en las clases populares y cada tanto renovada por los partidos en el poder, incluso por el PRD donde ha gobernado.<\/p>\n<p>Como hemos se\u00f1alado, los partidos de izquierda o progresistas insisten desde hace a\u00f1os en presentar las elecciones como la \u00fanica forma pol\u00edtica v\u00e1lida y eficaz. Esto es, por decir lo menos, absurdo y conservador, y no deja de sorprender si se piensa en el dato objetivo de la persistencia de un r\u00e9gimen que impide que \u00e9stas sean una contienda pol\u00edtica equitativa, transparente y sin fraudes, que genere una representaci\u00f3n leg\u00edtima. Los partidos de las izquierdas no combaten, o han dejado de hacerlo con fuerza y claridad, por una transformaci\u00f3n, en primer lugar, de las reglas del juego para garantizar la transparencia y validez de los comicios. Tampoco se oponen de modo frontal al ignominioso hecho de que fluyan enormes cantidades de dinero en todo ese circuito, empezando por el propio Instituto Nacional Electoral.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-679 alignright\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-65mini.jpg\" alt=\"chavezm 65mini\" width=\"400\" height=\"518\" \/>Lo m\u00e1s grave es sin duda que sin ning\u00fan tipo de discusi\u00f3n ni balance cr\u00edtico de las experiencias pasadas se repita una y otra vez la f\u00f3rmula que, en esencia, apuesta a tener la cantidad de votos suficiente para que el r\u00e9gimen no pueda m\u00e1s que reconocer su derrota. Esta actitud ocasiona graves da\u00f1os en el campo pol\u00edtico en general y un malestar creciente entre los sectores movilizados que ponen el cuerpo cotidianamente en conflictos realizados al margen de la institucionalidad, en los cuales los poderes f\u00e1cticos y los estatales suelen operar con la misma l\u00f3gica impune, impositiva y violenta.<\/p>\n<p>A casi tres a\u00f1os de los pr\u00f3ximos comicios presidenciales en M\u00e9xico, la misma l\u00f3gica e inercia pol\u00edticas parecen estar instaladas en el escenario. Entre las fuerzas pol\u00edticas de las izquierdas electorales no parece relevante valorar c\u00f3mo se mover\u00e1 cada una, qu\u00e9 nuevas iniciativas pueden ponerse en juego, c\u00f3mo renovar y fortalecer los movimientos y las luchas sociales y pol\u00edticas. En cambio, hay un enorme desgaste en los partidos con registro, metidos de manera permanente en una intensa lucha interna por la disputa de candidaturas y prebendas. En ese sentido \u2014vaya paradoja\u2014, una de las actividades m\u00e1s despolitizadoras en estos momentos es justamente la electoral.<\/p>\n<p>En el campo de la lucha electoral hay en Am\u00e9rica Latina una enorme, compleja y contradictoria experiencia que debe analizarse. En particular, hay que evaluar el proceso por el cual ciertos gobiernos progresistas fueron absorbidos por la l\u00f3gica conservadora y autoritaria del ejercicio de poder de mando. Esto demuestra que el sentido com\u00fan no logr\u00f3 ser transformado y que, cuando las izquierdas se colocan en el terreno electoral e institucional, no parecen sopesar debidamente el alcance de la derrota pol\u00edtico-ideol\u00f3gica que permiti\u00f3 que se instalara el neoliberalismo, no s\u00f3lo como un conjunto de pol\u00edticas p\u00fablicas sino como un sentido com\u00fan conservador, mucho m\u00e1s resistente al cambio de escenario pol\u00edtico que las pol\u00edticas p\u00fablicas. Por eso, los gobiernos progresistas se han ido asentando en la l\u00f3gica de desmovilizaci\u00f3n y despolitizaci\u00f3n de la ciudadan\u00eda, las organizaciones y los movimientos sociales y son mucho m\u00e1s conservadores en sus pr\u00e1cticas pol\u00edticas de lo que pueden ser en sus pol\u00edticas p\u00fablicas, que pueden estar a cierta contracorriente del neoliberalismo, pero en sinton\u00eda con el conservadurismo profundamente instalado en las l\u00f3gicas y din\u00e1micas societales.<\/p>\n<p><b>IV. El \u00faltimo ciclo de luchas:\u00a0<\/b><b>abrir el debate<\/b><\/p>\n<p>No resulta sencillo hacer una valoraci\u00f3n precisa de la situaci\u00f3n por la que atraviesan las movilizaciones y las luchas sociales en M\u00e9xico, pero es evidente su necesidad. En las izquierdas hay distintas apreciaciones sobre el tema y no existen bastantes espacios o suficientemente amplios donde se puedan confrontar y enriquecer. Sopesar y analizar diversas opiniones y discutirlas con seriedad es una necesidad expresada desde diversos \u00e1ngulos en este ensayo abierto. En esta direcci\u00f3n, presentamos a continuaci\u00f3n, de forma en extremo sint\u00e9tica, algunos contrapuntos relevantes que forman posiciones diferenciadas que deben ser debatidas con mayor amplitud. Se trata de posturas, y formas diferentes de expresarlas, que muestran una parte de la diversidad de enfoques existente en los movimientos y que, pensamos, pueden y deben dialogar entre s\u00ed. De ah\u00ed esta forma de plantearlas.<\/p>\n<p>Por una parte, cierta mirada anal\u00edtica se\u00f1ala que pese al empuje y la irrupci\u00f3n de diversos frentes de lucha, en M\u00e9xico no se ha mantenido un movimiento de masas articulado como lo muestra que, tras la oleada de protestas por la desaparici\u00f3n de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, el reflujo de la movilizaci\u00f3n haya ocasionado un repliegue de los grupos o sectores organizados a sus respectivos nichos o trincheras, a sus intereses y sus luchas m\u00e1s inmediatas.<\/p>\n<p>Desde esta perspectiva, es relevante observar que se ha ido generando un formato de la protesta, donde los conflictos ocasionan coyunturalmente una participaci\u00f3n masiva, pero no provocan un avance en t\u00e9rminos organizativos ni generan un polo pol\u00edtico que sostenga e impulse la movilizaci\u00f3n. Por ello, en los momentos de reflujo, se mantienen s\u00f3lo los frentes de lucha anclados en demandas espec\u00edficas y a formas de organizaci\u00f3n e identidades gremiales o territoriales. Se siguen sosteniendo luchas sociales ligadas a demandas puntuales o asuntos coyunturales de alcance general que no atraviesan ni articulan de forma s\u00f3lida y duradera distintos sectores sociales ni ponen en cuesti\u00f3n el orden socioecon\u00f3mico y pol\u00edtico en su conjunto. Hay una administraci\u00f3n ordinaria de la conflictualidad, que tiene cierta rutina, sobre todo en un pa\u00eds que sufre una embestida privatizadora, de despojo y violencia. Se trata de un horizonte de lucha irreductible, pero no expansivo. Los focos de agresi\u00f3n generan reacciones y movimientos reactivos y defensivos; en torno a ellos, ocasionalmente, se trenzan y articulan coyunturas concretas, como Ayotzinapa, #Yosoy132 o la lucha del magisterio. Si bien se valoran las trincheras defensivas, tambi\u00e9n se se\u00f1ala que las grandes convocatorias no se han sostenido pese a no alcanzar sus objetivos ni se aprovechan para consolidar posiciones, acumular fuerza y dejar asentados espacios de organizaci\u00f3n y politizaci\u00f3n permanentes.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-680 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-68mini.jpg\" alt=\"chavezm 68mini\" width=\"400\" height=\"531\" \/>Al mismo tiempo, hay una intermitencia de la movilizaci\u00f3n que resulta por momentos dif\u00edcil de explicar. Las recientes convocatorias frente a iniciativas privatizadoras no han logrado una respuesta masiva, como ocurri\u00f3 con la defensa del petr\u00f3leo y la contrarreforma laboral del magisterio, salvo la combativa respuesta del sector sindical independiente. El magisterio disidente tiene en efecto una gran convocatoria propia, pero no ha logrado concitar un movimiento con la participaci\u00f3n de otros sectores, si bien la actual reforma en su contra es obviamente la antesala de un pr\u00f3ximo intento privatizador de la educaci\u00f3n. Frente a lo corporativo o parcial de ciertas luchas defensivas, es necesario pensar qu\u00e9 falta para escalar y politizar el conflicto. En este terreno interviene el factor analizado en relaci\u00f3n con el electoralismo de las izquierdas partidarias, que no est\u00e1n interesadas ni fungen como interfaz con la movilizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En general, las pasadas oleadas de movilizaciones sociales han significado una experiencia de lucha rica y variada y un conjunto de conocimientos compartidos que permiten vislumbrar las pr\u00f3ximas coyunturas. Sin embargo, habr\u00eda que preguntarse si aquello no se asimila m\u00e1s como una frustraci\u00f3n de lo que no se logr\u00f3, incluso como derrotas, o como experiencia que se sostuvo: una m\u00edstica de resistencia y de lucha. Un movimiento, por fuerte, significativo y creativo que sea, dif\u00edcilmente revierte lo sedimentado en d\u00e9cadas. As\u00ed, quer\u00e1moslo o no, se vuelve, en t\u00e9rminos gramscianos, a la guerra de trincheras en el mediano o largo plazos. Por tales razones, desde esta mirada, para salir de esa fase defensiva que vive el movimiento social emancipatorio, se requiere un proceso acumulativo que se anuncia lamentablemente largo pero que empieza hoy, a partir de las luchas, los recursos y las experiencias sociales y pol\u00edticas que tenemos. En este sentido hay que analizar el ciclo de movilizaci\u00f3n pol\u00edtica que, entre 2011 y 2014, protagoniz\u00f3 una nueva generaci\u00f3n de j\u00f3venes que apenas entran en la lucha y experimentan formas y din\u00e1micas de politizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Esta franja movilizada de la juventud mexicana, en su mayor\u00eda estudiantil y universitaria, marc\u00f3 la tendencia hacia una radicalizaci\u00f3n. Si comparamos el contenido pol\u00edtico de las protestas entre 2012 y 2014, es evidente que, en el \u00faltimo caso, hay un giro en la identificaci\u00f3n estructural del problema, del origen y la causa del agravio. El horizonte pol\u00edtico del #YoSoy132, que en un principio luch\u00f3 por la democratizaci\u00f3n de los medios de comunicaci\u00f3n y contra la imposici\u00f3n de Pe\u00f1a Nieto, d\u00edas antes de las elecciones presidenciales de 2012 declar\u00f3: \u201cDamos una \u00faltima oportunidad al IFE\u201d. Y el desencanto, una vez consumada la imposici\u00f3n, se expres\u00f3 en la rabia de algunos sectores juveniles en los enfrentamientos del 1 de diciembre. En un paso adelante, en el movimiento por los normalistas de Ayotzinapa, el movimiento estudiantil y la Asamblea Nacional Popular sentenciaron: <i>Fue el Estado<\/i>.<\/p>\n<p>Por supuesto, hay una distancia entre esas conclusiones y la posibilidad de que \u00e9stas irradien al conjunto de la movilizaci\u00f3n popular. En el movimiento por Ayotzinapa tambi\u00e9n se detectaron dos l\u00f3gicas, la del sector agrupado y organizado que lleg\u00f3 a conclusiones m\u00e1s profundas de car\u00e1cter antisist\u00e9mico y la de la movilizaci\u00f3n en las calles que gritaba <i>Fuera Pe\u00f1a<\/i>, sin sostener claramente la cr\u00edtica hacia el Estado y el r\u00e9gimen. En ese panorama es necesario preguntarnos c\u00f3mo saldar este desfase y c\u00f3mo el sector organizado del movimiento, al tiempo que progresa en la consolidaci\u00f3n de estructuras de organizaci\u00f3n y convergencia permanentes, involucra, incorpora y politiza a los sectores indignados dispuestos a movilizarse s\u00f3lo de manera ocasional.<\/p>\n<p>Por otra parte, desde una \u00f3ptica cr\u00edtica distinta, se sostienen con ah\u00ednco los logros y los alcances de las luchas y se considera que, visto el proceso en su conjunto, la efervescencia social de 2011 a la fecha es impresionante. Existen actualmente alrededor de 200 procesos de lucha en defensa del territorio. Se han generado coyunturas que permitieron articular hasta 70 comunidades en lucha. Aun cuando desde cierto punto de vista puede dar la impresi\u00f3n de que los movimientos socioambientales son meras expresiones locales, sin incidencia, cada uno de ellos ha provocado innumerables peque\u00f1as crisis y fracturas sociales y pol\u00edticas, pese a que las han atajado, pues los movimientos sociales en M\u00e9xico se enfrentan a las clases dominantes m\u00e1s cohesionadas de la regi\u00f3n. No obstante sus disputas internas, \u00e9stas han logrado contener los conflictos a trav\u00e9s de distintas estrategias, pero cada vez m\u00e1s con la represi\u00f3n.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-681 alignright\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-70mini.jpg\" alt=\"chavezm 70mini\" width=\"400\" height=\"527\" \/>Los movimientos socioambientales son experiencias donde, si bien no han producido un proyecto pol\u00edtico nacional, una estrategia pol\u00edtica fuerte, se han generado valiosas trincheras defensivas y experiencias comunitarias que muestran recursos y posibilidades de construcci\u00f3n aut\u00f3noma del movimiento social y popular. En este terreno se plantea el problema de las escalas de la edificaci\u00f3n hegem\u00f3nica, es decir, c\u00f3mo se genera la idea de que no s\u00f3lo se defienden un territorio o una comunidad en concreto o el territorio y la comunidad en abstracto, sino que se resiste en determinadas trincheras interconectadas, y de las cuales, eventualmente erigidas y solidificadas, plantear\u00eda una ofensiva de la que, aun cuando no est\u00e9 en el horizonte de corto plazo, se pueden ir colocando los cimientos.<\/p>\n<p>Desde este planteamiento, los movimientos son parte de los procesos sociales, pero tambi\u00e9n de las estructuras de dominaci\u00f3n emanadas tanto del \u00e1mbito estatal como del capital, lo cual ocasiona que sean movimientos reactivos, pero tambi\u00e9n que sus potencias y limitaciones est\u00e9n enmarcadas y constre\u00f1idas por los grandes procesos estructurales. Es decir, no se mueven s\u00f3lo ideol\u00f3gicamente, mediante programas, proyectos hegem\u00f3nicos o la ausencia de ellos: se mueven tambi\u00e9n de manera reactiva con relaci\u00f3n a sus contrapartes, y de ah\u00ed la relevancia de analizar estas expresiones del movimiento social como antagonista de las formas espec\u00edficas del Estado y del capital.<\/p>\n<p>Para valorar estas experiencias y sus alcances, es necesario rechazar estereotipos que relacionan incidencia pol\u00edtica con presencia en los medios de comunicaci\u00f3n o que eval\u00faan s\u00f3lo en funci\u00f3n de la presencia o no de un proyecto pol\u00edtico acabado. Tales se\u00f1alamientos son muy relativos, pues tenemos experiencias en Am\u00e9rica Latina y entre nosotros que escapan a estas simplificaciones.<\/p>\n<p>Los casos ejemplares de las luchas de los trabajadores, como en San Quint\u00edn, en la Fiat o en la Honda, forman parte de este trasfondo b\u00e1sico y fundamental de la forma de la conflictualidad en el pa\u00eds. Se trata de insurgencias democr\u00e1ticas locales, de lucha por la independencia sindical y rebeli\u00f3n frente al trabajo precarizado cuando en M\u00e9xico cualquier tipo de militancia y organizaci\u00f3n obrera, industrial precarizada o de trabajo inmaterial, es atacada y destruida. En el caso de los movimientos en defensa de la tierra, el territorio y los bienes naturales, de composici\u00f3n principalmente ind\u00edgena o campesina, se han generado procesos de destrucci\u00f3n de las estructuras autoritarias de la Confederaci\u00f3n Nacional Campesina a partir de peque\u00f1as insurgencias locales. Es el caso del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota en Guerrero, que muestra que hubo un proceso radical de erosi\u00f3n y destrucci\u00f3n de la Confederaci\u00f3n local. En varios conflictos contra megaproyectos, de represas o de minas a cielo abierto, como en el caso de algunas luchas obreras en curso, se ha erosionado este tipo de estructuras corporativas. Estos movimientos se enfrentan a la continuidad de las estructuras de control local y a las estructuras represivas de los gobiernos estatales.<\/p>\n<p>Por otro lado, en el movimiento de v\u00edctimas hay gran cantidad de organizaciones y grupos que se lanzan a la lucha exigiendo justicia y alto a la violencia; pero no se les puede exigir las mismas caracter\u00edsticas, pues las necesidades inmediatas de reclamar justicia para los asesinados, la b\u00fasqueda de los desaparecidos, o la demanda de presentaci\u00f3n y libertad de los detenidos hacen que las acciones se constituyan desde un tipo de referencialidad distinta. Resulta claro que ha habido errores de direcci\u00f3n, especialmente en el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, el cual expres\u00f3 un momento de gran explosi\u00f3n y efervescencia social, pero con un tipo de direccionalidad pol\u00edtica equivocada que no construy\u00f3 movimiento social, sino una agenda con la que confrontar al gobierno y los candidatos presidenciales de 2012. Esa estrategia alej\u00f3 a la dirigencia de las multitudes que salieron a movilizarse con gran indignaci\u00f3n y solidaridad con las v\u00edctimas.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-682 alignleft\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-71mini.jpg\" alt=\"chavezm 71mini\" width=\"400\" height=\"508\" \/>Algunos movimientos encierran evidentes errores de direcci\u00f3n y sectarismo; otros, condiciones estructurales dif\u00edciles de revertir. Una pl\u00e9yade de factores obliga a mirar m\u00e1s las particularidades de los movimientos para entender la situaci\u00f3n actual. Se podr\u00eda sostener que no falt\u00f3 tanto la voluntad de articulaci\u00f3n como que se manifest\u00f3 con claridad la crisis de las viejas formas de organizaci\u00f3n. En estos diez a\u00f1os se ha intentado, una y otra vez, crear espacios de convergencia y unidad, sin \u00e9xito debido, entre otras razones, a la falta de una cultura democr\u00e1tica. Desde ciertas f\u00f3rmulas simplistas se tiende a pensar que una gran asamblea aglutinar\u00e1 a todos, cuando \u2014por ejemplo\u2014 los movimientos campesinos e ind\u00edgenas no tienen recursos para seguir la l\u00f3gica del sindicalismo. Se necesita tambi\u00e9n una cr\u00edtica respecto a la pr\u00e1ctica de grupos y organizaciones que se mueven a partir de culturas pol\u00edticas dogm\u00e1ticas y cerradamente vanguardistas, que se erigen en censores de lo pol\u00edticamente correcto, menospreciando procesos y actores que pueden tener muchas contradicciones pero que avanzan en su lucha.<\/p>\n<p>El campesino de San Quint\u00edn o el ind\u00edgena de Xochicuautla no siempre toman partido en el debate entre hegemonismo o autonomismo, pero sobre la marcha y al calor de la lucha, efectivamente, aprenden los l\u00edmites de la pol\u00edtica hegem\u00f3nica y partidaria. Algunos, con mayor pragmatismo que otros, quieren y saben utilizar esta \u00faltima y aprovecharla. Otros se alejan. La experiencia de Cher\u00e1n, por ejemplo, es producto no de una ideolog\u00eda cosmog\u00f3nica auton\u00f3mica sino de los terribles fracasos de los partidos pol\u00edticos y del Estado all\u00ed experimentados. En la mayor\u00eda de esos procesos hubo un alejamiento del Estado, por la necesidad de autoorganizaci\u00f3n defensiva respecto a \u00e9l, no tanto por una penetraci\u00f3n ideol\u00f3gica autonomista. Es evidente que a\u00fan no surge una propuesta clara de c\u00f3mo aglutinar, fortalecer y organizar las luchas surgidas de modo aislado en el contexto de un r\u00e9gimen en descomposici\u00f3n.<\/p>\n<p>Frente al tema de la desarticulaci\u00f3n de los movimientos y las luchas dados a lo largo y ancho del pa\u00eds y respecto a la antinomia hegemonismo-autonomismo, una perspectiva diferente de la anterior considera que en la movilizaci\u00f3n popular opera una escaso entendimiento del problema del Estado basado en una concepci\u00f3n b\u00e1sica e inmediata del Estado como aparato, como Estado-m\u00e1quina, Estado-represi\u00f3n, lo cual tiene una grave consecuencia para los propios movimientos sociales: el abandono de cualquier proyecto hegem\u00f3nico. Quiz\u00e1 por las condiciones de la historia del Estado mexicano que le permitieron adquirir enorme capacidad de cooptaci\u00f3n y control sobre la sociedad, hay gran temor para afrontar el proyecto de construcci\u00f3n de la hegemon\u00eda; y ello impide la articulaci\u00f3n con otros movimientos, otras estrategias, otras formas de lucha. El abandono del proyecto hegem\u00f3nico, visto siempre como \u201chegemonizante\u201d o \u201chegemonista\u201d, predispuesto a borrar las diferencias, las especificidades, las autonom\u00edas, es el l\u00edmite m\u00e1s evidente observado desde esta perspectiva.<\/p>\n<p>En \u00e9sta, el l\u00edmite no es la desarticulaci\u00f3n sino la renuncia a cualquier posibilidad de superar la desarticulaci\u00f3n a partir del abandono del proyecto hegem\u00f3nico. Por eso, los maestros, si bien encarnan una demanda nacional, aparecen a los ojos de gran parte de la poblaci\u00f3n como un proyecto corporativo. Quiz\u00e1 no han logrado otra relaci\u00f3n con diversos sectores de la sociedad, o no les interesa, pues han tenido que remar a contracorriente y contra fuertes ataques gubernamentales. Pero tambi\u00e9n es cierto que, en general, las corrientes que insisten en lo que denominan una \u201cestrategia de autonom\u00eda\u201d la contraponen a la hegemon\u00eda.<\/p>\n<p>\u00c9se es uno de los grandes l\u00edmites: la escasa comprensi\u00f3n de la din\u00e1mica estatal. Ello remite al problema del sedimento organizativo, pues hay el enorme problema del temor, la duda y la desconfianza a la cristalizaci\u00f3n; es decir, a consolidar el movimiento en t\u00e9rminos institucionales, de conquista de espacios en la administraci\u00f3n estatal para generar otras experiencias de gobierno. Esta actitud de muchos movimientos contrasta con la experiencia de los a\u00f1os ochenta, cuando los movimientos se orientaron hacia la conquista de la democracia y de espacios institucionales, o a su creaci\u00f3n. En cierta medida, esto ha sido generado por la crisis institucional vivida en el pa\u00eds, que hace dudar si se tiene un narco-Estado, un Estado en disoluci\u00f3n o, simplemente, un Estado policiaco. Pero tambi\u00e9n porque ciertos sectores han renunciado sin mayor reflexi\u00f3n ni sopesar las consecuencias a la construcci\u00f3n de gobierno, de poder, incluso en las formas b\u00e1sicas de articulaci\u00f3n estatal que conoce el pa\u00eds, como el municipio.<\/p>\n<p>Lo anterior expresa un dilema en la comprensi\u00f3n del momento democr\u00e1tico: parece que se est\u00e1 ante la disyuntiva de ser dem\u00f3cratas liberales o dem\u00f3cratas comunitaristas que buscan resolver todo en asamblea, sin que parezca posible la construcci\u00f3n de mediaciones o alternativas. Seg\u00fan esta concepci\u00f3n, es un grave problema renunciar a las alternativas representativas, pues se entrega en bandeja de plata todo el espectro institucional. De tal modo, se apuesta a formas democr\u00e1ticas eficaces en la movilizaci\u00f3n, pero que no operan fuera de ella, que tienen caducidad, pues no se sostiene de manera permanente la movilizaci\u00f3n. En ese sentido, se juega mal con el momento o espacio democr\u00e1tico: o se es electoralista o se rechaza toda forma democr\u00e1tico-institucional. Por tanto, resulta necesario plantear que hay que reapropiarse de ese campo, volverlo \u00fatil; pensar en la necesidad de muchos movimientos locales de conquistar ciertos espacios de gobierno para mostrarse como alternativa ante el descr\u00e9dito de los partidos y de los pol\u00edticos.<\/p>\n<p>En conclusi\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de posturas diversas, muchas en potencia convergentes, se hace cada d\u00eda m\u00e1s urgente debatir y ensayar respuestas a la altura de un escenario donde la violencia estatal hacia los movimientos se ha recrudecido. En este momento, de manera particular, resalta el ataque hacia el movimiento de los maestros, quienes enfrentan una contrarreforma estructural de profundo calado y alcance, y est\u00e1n pr\u00e1cticamente solos en su lucha, lo cual resulta \u2014por decir lo menos\u2014 desconcertante. Frente a esto, no se trata s\u00f3lo de hacer gestos de solidaridad, por supuesto importantes: se requiere la capacidad de los maestros para ampliar la lucha e involucrar a otros sectores, de manera que, en primer lugar, se rompa el cerco de denostaci\u00f3n y caricaturizaci\u00f3n armado por los medios de comunicaci\u00f3n masiva para abrir y legitimar el camino de la represi\u00f3n. El actual linchamiento medi\u00e1tico desplegado contra los maestros democr\u00e1ticos hace parecer un juego de ni\u00f1os lo sufrido por los estudiantes del 68. La criminalizaci\u00f3n de la protesta social comienza actualmente en esos medios.<\/p>\n<p>Nuestra revista, de cr\u00edtica militante, abre sus p\u00e1ginas al debate comprometido y orientado a potenciar las resistencias, luchas y movilizaciones sociales y pol\u00edticas en las cuales amplios sectores sociales defienden derechos e impulsan proyectos emancipatorios democr\u00e1ticos e igualitarios.<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-77mini.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-683\" src=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/12\/chavezm-77mini.jpg\" alt=\"chavezm 77mini\" width=\"600\" height=\"407\" \/><\/a><\/p>\n<hr \/>\n<p><sup>*<\/sup> El presente escrito es la s\u00edntesis de un ejercicio de reflexi\u00f3n colectiva dado en una reuni\u00f3n del comit\u00e9 de redacci\u00f3n de la revista, donde participaron Elvira Concheiro, Samuel Gonz\u00e1lez, Massimo Modonesi, Jaime Ortega, Argel G\u00f3mez, Joel Ortega, V\u00edctor Hugo Pacheco, Matari Pierre y Enrique Pineda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El colectivo de la revista, convencido de la necesidad de reflexionar sobre las luchas recientes en M\u00e9xico y discutir sobre las dificultades e incapacidades existentes para superar la situaci\u00f3n en extremo deteriorada del pa\u00eds, quiere contribuir de manera cr\u00edtica y propositiva al an\u00e1lisis de los movimientos sociales en las coyunturas recientes de la lucha pol\u00edtica. &#8230; <a title=\"LUCHAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN M\u00c9XICO\" class=\"read-more\" href=\"https:\/\/revistamemoria.mx\/?p=672\" aria-label=\"Leer m\u00e1s sobre LUCHAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN M\u00c9XICO\">Leer m\u00e1s<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":25,"featured_media":678,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[25],"tags":[11],"class_list":["post-672","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mexico","tag-mexico"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/672","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/25"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=672"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/672\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":759,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/672\/revisions\/759"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/678"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=672"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=672"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/revistamemoria.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=672"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}