SUBALTERNOS, ANTAGONISTAS Y AUTÓNOMOS

SUBALTERNOS, ANTAGONISTAS Y AUTÓNOMOS

portada_modonesiEl libro coordinado por el sociólogo e historiador Massimo Modonesi constituye un primer esfuerzo, abierto y heterogéneo, por ensayar el modelo teórico-metodológico propuesto por él en Subalternidad, antagonismo, autonomía. Marxismos y subjetivación política.1 En efecto, como señala la socióloga Maristella Svampa, tal propuesta “incluye no sólo una apuesta teórica sino, también, un programa de investigación”.2 Como apuesta teórica, supone construir una perspectiva marxista para analizar los movimientos sociopolíticos a partir de la recuperación y el desarrollo de categorías que han sido relevantes en la historia del pensamiento marxista de la subjetivación; como programa de investigación, comporta abrir vías de estudio y comprensión de las subjetividades políticas: de los sujetos que actúan políticamente, a partir de una dinámica procesual y relacional.

La tesis fundamental estriba en que “las subjetividades políticas son combinaciones desiguales de subalternidad, antagonismo y autonomía, entendidas respectivamente como experiencias de subordinación, insubordinación y emancipación surgidas de relaciones de dominación, conflicto y liberación”;3 es decir, todo sujeto político encarna (siempre) una combinación desigual y tensa de estos tres componentes, en sentido sincrónico; esto es, como simultaneidad y sobreposición; y, a la vez, en perspectiva diacrónica, que pueden establecerse pasajes o secuencias de un “estado” a otro en función del elemento que ordena y sobredetermina los demás, al caracterizar la formación de las subjetividades en un momento histórico determinado. Tales secuencias son alternas, pues no hay predeterminación o teleología histórica, aunque sí la constatación de que el encadenamiento subalternidad-antagonismo-autonomía, como plantea el título del libro, es la opción correspondiente a la formulación de un proyecto emancipador, aunque con más frecuencia asistamos a procesos de resubalternización. La virtud del modelo se halla en que nos permite dar cuenta de esto último, a partir de una explicación intrínseca al propio sujeto, a su concepción misma, revelando las contradicciones, impurezas y potencialidades inherentes a la configuración de la subjetividad, y no a partir de la constatación de la aparición o desaparición de los movimientos sociopolíticos, de su auge o caída, etcétera.

El enfoque triple provee un acercamiento sincrónico y diacrónico a los procesos de configuración de subjetividades políticas. Si bien el diacrónico es útil y necesario, me parece que la radicalidad y la fecundidad de la propuesta se encuentra en la posibilidad de la interpretación sincrónica: esto es, en la necesidad y en la pertinencia de analizar las subjetividades como procesos donde se combinan tendencias y disposiciones distintas; por tanto, en la comprensión del sujeto político desde la síntesis de múltiples determinaciones y relaciones, a partir de su complejidad y de su carácter relacional. Pero además, en segundo lugar, en la comprensión de esa síntesis como algo problemático, que implica tensiones, confrontaciones, desequilibrios entre los componentes que se enfrentan y que neutralizan ciertas disposiciones o bloquean su despliegue. Marx decía que en la negación de la negación va implícita la posición o autoafirmación y autoconfirmación, porque el “ser” se afirma a sí mismo al negar lo que lo niega, pero reconocía también que el proceso de afirmación lleva “en su entraña su contraposición”;4 es decir, las contratendencias, las tendencias a la negación.

Esta breve síntesis de la propuesta de Massimo permite evaluar en qué medida se logra una aplicación satisfactoria en los trabajos compilados en el libro, pues se plantean asumir el enfoque triádico para aplicarlo a sus respectivos sujetos de análisis. Se trata por ello de someter el “modelo” a la prueba de fuego y demostrar su capacidad analítica y comprensiva, verificar su potencial heurístico. Los trabajos muestran logros y límites que, sin embargo, no deben ser enteramente atribuidos a la propia propuesta, pues el grado de apropiación de las categorías y de su naturaleza relacional y política varía de un trabajo a otro. Además, la diversidad de temporalidades consideradas, desde unos pocos meses (como en el caso del movimiento #YoSoy132 o del que siguió al fraude electoral de 2006) hasta varias décadas; la amplitud de sujetos de estudio (desde movilizaciones poco estructuradas y efímeras hasta movimientos con mayor sedimentación, sindicatos e incluso partidos políticos), así como de disparidad de contextos sociales y de realidades nacionales (desde contextos de extrema violencia como Ciudad Juárez hasta países con gobiernos “progresistas” como Argentina), todo ello establece parámetros de análisis muy complejos precisamente por su disimilitud.

No podemos por ende soslayar la gran heterogeneidad de los artículos, no sólo por la diversidad y diferencia de los estudios de caso sino, también, por la propia flexibilidad y apertura con que fue empleado el instrumental analítico. Aquí advertimos una primera virtud de la propuesta: su capacidad de aplicación a procesos muy diversos. Su concreción, su aplicación a sujetos específicos, fuerza al investigador a precisar y delimitar qué es subalternidad, antagonismo y autonomía en cada caso; siguiendo con el ejemplo anterior, no es lo mismo resistir en Ciudad Juárez que en el gobierno de los Kirchner; tampoco es lo mismo desplegar el antagonismo en el ámbito de la defensa del territorio contra los envites del capital o hacerlo en el marco de la defensa de la educación pública y de calidad, aunque los dos puedan ser caracterizados como formas de defensa y construcción de lo común, en el contexto de renovados procesos de acumulación originaria. A la vez, esto marca un límite y un desafío para la propia propuesta, pues exige un ejercicio más sistemático de operacionalización y construcción de conceptos intermedios capaces de desagregar cada una de las categorías.

Ahora bien, más allá de la heterogeneidad presente en los trabajos y del grado dispar de apropiación del enfoque, que dificulta su comparación o el análisis transversal, hay un elemento emergente en todos ellos —de forma más o menos explícita, más o menos trabajada según los casos— y referido al corazón de la propuesta teórica: el carácter relacional y contradictorio del sujeto. Aunque los trabajos recurren con mayor frecuencia a la exposición diacrónica de las categorías, analizando distintas posibilidades de sucesión de una a otra condición, se constata de forma persistente la existencia de un sujeto múltiple y contradictorio: “sujeto múltiple”, “extraño sujeto polimorfo”, “sujeto múltiple, difícil de caracterizar y de representar, incluso, conceptualmente”, son caracterizaciones que aparecen con recurrencia.

Y, evidentemente, puede ser así sólo porque esta concepción está en la naturaleza de la propuesta. Contrariamente a los enfoques sobre movimientos sociales al uso, este enfoque provee una vía para comprender y dar cuenta de la heterogeneidad contradictoria constitutiva del sujeto. Esto es muy importante porque creo que ha existido una tendencia a entender a los sujetos políticos y, más claramente, a los movimientos sociopolíticos como una unidad que se presupone homogénea, forjada a partir de una identidad “pura”, lineal, sin contradicciones mayúsculas (como sucede con una vertiente del enfoque europeo que ha tenido y tiene gran influjo en Latinoamérica —me refiero al enfoque de Alain Touraine—). O bien, desde otras perspectivas, como las teorías estadounidenses, se han descrito y caracterizado las distintas vertientes (alas o tendencias del movimiento, las diversas organizaciones) como si de componentes alineados uno al lado del otro se tratara, sin dar cuenta de las dinámicas de confrontación entre ellas, de la relación y de la tensión.

Quien haya participado en un movimiento sociopolítico o lo haya estudiado sabe que las tensiones, las contradicciones, las contratendencias están presentes siempre, aunque adquieran mayor visibilidad en determinadas coyunturas. En los enfoques tradicionales sobre movimientos sociales, eso tiende a ser obturado, soslayado o excluido del análisis, y se incurre en una excesiva simplificación del fenómeno analizado, que redunda frecuentemente en su incomprensión. O, por el contrario, sucede que si se toma en cuenta su heterogeneidad real, entonces se postula que esos fenómenos concretos no pueden considerarse “auténticos” o “verdaderos” movimientos sociopolíticos. Y como toda definición implica una relación de poder –en el fondo, la disputa teórica y epistemológica lo es, como diría Bourdieu, por el “monopolio de nominación legítima”–, esos enfoques habilitan una justificación, una legitimación para la marginación de esos sujetos de los procesos políticos o para la negación de su potencial emancipador. Se trata de la “sociología colonial”, expresión que emplea Svampa parafraseando a Álvaro García Linera, quien ataca a sus críticos acusándolos por su “ambientalismo colonial”. Por eso, esta propuesta que abre el campo de los estudios marxistas sobre los movimientos sociopolíticos es muy necesaria, epistemológicamente valiosa y políticamente útil. Nos permite huir de la común unilateralidad presente en esos estudios: abordándolos desde la “heterogeneidad contradictoria”, como dice muy bien en su trabajo Claudia Composto.

Creo que los ensayos están atravesados, en medidas diversas, por esa preocupación; sin embargo, hay una dificultad para aprehenderla bien en el proceso de investigación, bien en el orden de exposición. Es decir, hay una dificultad real en asumir la complejidad del sujeto y, aun asumiéndola, en ser capaz de exponerla de manera clara y sustantiva. Por tanto, en ocasiones aparece una descripción un tanto desarticulada de las expresiones del movimiento, de sus componentes; o en otros momentos, una descripción de un sujeto que emprende o se involucra en un proceso de subjetivación, como si éste fuera algo externo al sujeto, y como si el sujeto preexistiera a dicho proceso, como si pudiera haber sujeto sin lucha. También se desliza en alguna oportunidad la impresión de que sólo hay sujeto cuando éste alcanza una configuración teñida por la autonomía; se habla entonces de ciertos límites del proceso de subjetivación en los casos en que esto no sucede. Debe tenerse cuidado en postular que sólo existe sujeto si éste es autónomo. En estos casos, que no sé hasta qué punto son deslices de los autores o posiciones más conscientes, se corre el riesgo de desaprovechar el instrumental analítico propuesto por la triada conceptual o de desvirtuar la propuesta teórico-metodológica.

Quiero detenerme aquí en otro aspecto que me parece insuficientemente trabajado en la propuesta y que aparece como una necesidad en los distintos trabajos. Los procesos de subjetivación política no sólo presuponen un sujeto múltiple y heterogéneo sino, también, relaciones y procesos de dominación, conflicto y liberación, frente a otro u otros sujetos que se le contraponen. En cierto sentido, por aquí va el comentario de Franklin Ramírez acerca de la exigencia de vincular la subjetividad política con el cambio social y de las necesarias mediaciones con otros actores políticos y, particularmente, con el Estado. Todos los trabajos reconstruyen la dinámica de configuración de la subjetividad política, a partir de mostrar el conflicto ya sea con las empresas transnacionales, con el narcotráfico, con el Estado neoliberal, con el Estado nacional-popular, o con varios de ellos.

La propuesta de Modonesi recupera la dimensión conflictual, y no una cualquiera sino la de capital-trabajo, que remite a una constitución estructural y subjetiva de la lucha de clases. Por ello, el antagonismo aparece como el motor de la subjetividad no sólo en el momento de la insubordinación y la rebelión abiertas sino, también, en las prácticas de aceptación relativa y resistencia en condiciones de subalternidad y en las de negación y superación de la dominación existente en condiciones de autonomía. Entonces, la propuesta alude a dos procesos imbricados que pueden ser separados sólo en términos de método analítico, pero que suceden simultáneamente en la realidad: el proceso de constitución interna del sujeto (proceso relacional, complejo, heterogéneo) y el proceso de lucha con otro u otros actores, en cuanto los sujetos no son entes preconstituidos relacionados entre sí y existentes de manera previa por sí mismos, “sino que sólo son y se constituyen en la relación”.5 A menudo, los trabajos hablan más de este segundo aspecto que del primero, o del primero a través del segundo, y aquí hay un conjunto de engranajes en niveles distintos que es necesario especificar. Porque si entendemos que el conflicto no es externo a la acción colectiva, que los sujetos se constituyen en la lucha, entonces tenemos que ser capaces también de proponer conceptos intermedios para captar y ordenar las determinaciones no sólo del sujeto sino de las propias relaciones de poder que constituyen a los sujetos.

Modonesi propone la categoría de experiencia para dar cuenta de la constitución de la subjetividad en función de las experiencias de subordinación, insubordinación y emancipación pues, efectivamente, la experiencia “designa la incorporación o asimilación subjetiva de una condición material o real que incluye ya un principio o un embrión de conciencia […] forjada en la acumulación y el procesamiento de vivencias, saberes y prácticas colectivas”.6 Pero aquí surge otra dificultad metodológica –y hasta cierto punto epistemológica–, relacionada con el acceso a la experiencia, pues no resulta sencillo observarla, analizarla y delimitarla, ya que no se refiere sólo a hechos sino a sentidos y significados, a cómo los hechos son interpretados e interiorizados. Debemos asumir entonces la mediación de la memoria, pues difícilmente podemos acceder de modo directo a la experiencia de los sujetos involucrados en la lucha; lo hacemos a los recuerdos y restos de esa experiencia. El registro de acontecimientos, acciones y discursos no siempre puede ser entonces la vía más fácil para acceder a esa experiencia e indagar cómo se fue tejiendo la subjetividad política. Desde el punto de vista de ésta, pueden ser más importantes los significados atribuidos a los hechos que los hechos mismos. Nos lo demuestra de manera magistral Alessandro Portelli, en su ensayo sobre la muerte de Luigi Trastulli.7 Un acontecimiento que, ocurrido de manera muy distinta de como se le recuerda, opera significativamente en la memoria colectiva. Sin embargo, explorar esta dimensión resulta más complejo metodológicamente, por eso con preponderancia los análisis reinciden en el análisis del discurso y en el análisis de algunas prácticas. Puede detectarse incluso la contradicción entre discurso y práctica, pero más importante para la constitución de subjetividades en general, y políticas en particular, puede ser desentrañar qué pensaban los actores que estaban haciendo o qué querían hacer, en lugar de lo que en efecto hicieron o dijeron que hacían. En este sentido, gran parte de los trabajos cae en un excesivo “empirismo”, consistente en describir y analizar prácticas y discursos.

En definitiva, la propuesta habilita una comprensión de los procesos de construcción de subjetividades políticas como procesos complejos, cambiantes, ambivalentes, reversibles, contradictorios. Esta preocupación atraviesa la mayoría de los trabajos, y el libro constituye un primer paso para desarrollar un enfoque relacional y procesual de las subjetividades políticas, capaz de ayudarnos a empujar los movimientos sociales en el sentido de la liberación.


Massimo Modonesi, (coordinador), Movimientos subalternos, antagonistas y autónomos en México y América Latina. México: Universidad Nacional Autónoma de México; Ediciones La Biblioteca.

1 Modonesi, Massimo (2010). Subalternidad, antagonismo, autonomía: marxismos y subjetivación política. Buenos Aires: Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales; Prometeo Libros.

2 Svampa, Maristella. “Subalternidad, antagonismo y autonomía en América Latina”, en Modonesi, Massimo (coordinador) 2015. Movimientos subalternos, antagonistas y autónomos en México y América Latina. México: Universidad Nacional Autónoma de México; Ediciones La Biblioteca, página 17.

3 Modonesi, obra citada, página 18.

4 Marx, Karl. “Manuscritos económico-filosóficos”, en Escritos económicos varios [traducción de Wenceslao Roces], de Karl Marx y Friedrich Engels, 1962, páginas 25-125, México: Grijalbo, página 110.

5 Osorio, Jaime. “Fundamentos de la superexplotación”, en Razón y Revolución, número 25, 2013, páginas 9-34.

6 Modonesi, obra citada, página 21.

7 Portelli, Alessandro. “Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli”, en Historia y Fuente Oral, número 1, 1989, Barcelona, España, páginas 5-32. Trastulli fue un joven obrero asesinado por la policía cuando los trabajadores salían de la fábrica para participar en una manifestación contra la Organización del Tratado del Atlántico Norte en 1949. Sin embargo, la memoria colectiva coloca esa muerte en el contexto de las luchas contra los despidos de 1952-1953.