México y el dominio del capital bancario: entre la acumulación ficticia y la crisis

Leinad Johan Alcalá Sandoval1

  1. Introducción

La esfera financiera se ha constituido como un espacio estratégico de acumulación de capital en México, dentro del cual el capital bancario y el capital ficticio ocupan una posición central en este proceso. Esta centralidad se manifiesta en el incremento sostenido de las ganancias del sistema bancario y en el predominio de las formas de valorización relacionadas con la acumulación ficticia, es decir, desvinculadas de la producción de plusvalor. En este contexto, los reportes de estabilidad financiera del Banco de México insisten en describir al sistema bancario como sólido y en crecimiento, incluso en un contexto global atravesado por la crisis estructural del capitalismo contemporáneo (Banco de México, 2025). En este escenario, resulta necesario interrogar el papel que desempeñan los bancos en México —en su mayoría de origen extranjero— en la formación constante de capital ficticio, y el papel del Estado en este proceso, así como las contradicciones que se derivan de su dominio en la reproducción del capitalismo mexicano contemporáneo.

Marx señala que las categorías de capital bancario y capital ficticio son configuraciones del capital que derivan del proceso de enajenación de la relación de capital bajo la forma que devenga interés (Marx, 1894 [2011], págs. 499-509). A través de estas categorías es posible analizar cómo el capital aparece como una “fuente misteriosa y autogeneradora de interés” (Ibid., pág. 500). En este proceso, el dinero se manifiesta como una mercancía especial dotada del atributo de crear valor, de comprarse y venderse como una cosa que arroja interés: “tal como el atributo de un peral es el de producir peras” (Ibid., pág. 501). Así, el capital alcanza su forma más fetichizada y mistificada en la fórmula D-D´: dinero que genera más dinero, sin pasar por la mediación del proceso productivo, cuyo fruto es el interés. Por esto, el análisis del capital bancario y su vínculo con la acumulación ficticia es clave para caracterizar el movimiento del capital en el espacio financiero, donde —como advierte Marx— “cualquier capital parece duplicarse, y por momentos triplicarse” (Ibid., pág. 605), resultado de la capitalización de ingresos futuros esperados. Esta capitalización descansa en la promesa de apropiación de plusvalor futuro. La autonomización de este proceso consolida la contradicción inherente de la lógica de la acumulación, alimentando la sobreacumulación de capital dinerario y generando las condiciones que desembocan en la crisis.

Este trabajo parte de la hipótesis de que la acumulación en México, impulsada por el dominio del capital bancario, se encuentra estructuralmente articulada con la formación de capital ficticio y al comportamiento de la tasa de interés, cuyo alto nivel sostenido en los últimos años ha contribuido a una sobreacumulación de capital dinerario, ampliando y acelerando las condiciones para la crisis. Esta forma de valorización y acumulación se sostiene en gran medida a través de la intervención del Estado, expresada en una política monetaria orientada a mantener tasas de interés de referencia elevadas; en la emisión constante de deuda pública, adquirida principalmente por el sistema financiero; en el uso del erario para asegurar la liquidez de los bancos; y en la posición favorable que tiene los valores gubernamentales para ser comercializados en los mercados secundarios, que alimenta la formación del capital ficticio. En este contexto, las ganancias del capital bancario y ficticio descansan en buena medida sobre la gestión privada de recursos públicos, que actúa como soporte de la valorización en el espacio financiero y refuerza la subordinación del Estado a las exigencias del capital, limitando su capacidad para enfrentar una crisis.

Este trabajo se organiza en tres secciones. La primera ofrece un análisis breve de los fundamentos teóricos desarrollados por Marx en el tomo III de El capital, con el propósito de caracterizar la lógica del capital en sus configuraciones bancaria y ficticia. La segunda sección propone una taxonomía del capital bancario y ficticio en México a partir de datos sobre la ganancia del sistema bancario, su estructura de ingresos y el grado de concentración del sector, además de examinar la formación de capital ficticio vinculada con la comercialización de deuda pública. Este análisis busca evidenciar el carácter parasitario de estas configuraciones del capital y su vínculo con la sobreacumulación y las condiciones de la crisis. En la tercera sección se abordan los mecanismos a través de los cuales el Estado sostiene y reproduce la valorización en el espacio financiero, mediante políticas monetarias, fiscales y de endeudamiento que garantizan la reproducción y valorización del capital ficticio. Finalmente, en las conclusiones se sintetizan las principales consecuencias de la acumulación ficticia en México y se destaca su papel como detonante de una crisis.

  1. El capital bancario y el capital ficticio en la crítica de la economía política

En el tomo III de El capital, Marx examina las configuraciones del capital correspondientes a El proceso global de la acumulación capitalista. En particular, la sección quinta está dedicada a “desarrollar la figura autónoma del capital que devenga interés y la autonomización con respecto a la ganancia” (Marx, 1894 [2011], p. 457, énfasis añadido). El desarrollo teórico de Marx permite comprender cómo el capital alcanza su forma más enajenada y fetichizada (Ibid., pág. 499), se autonomiza progresivamente de su vínculo con la producción y asume una existencia aparentemente independiente de la formación de plusvalor, es decir, que tiene la capacidad de valorizarse sin la mediación de la explotación. Es en este contexto que Marx desarrolla las categorías de capital bancario y capital ficticio.

La fórmula D-D´sintetiza la lógica de valorización de las configuraciones del capital cuyo ingreso principal es el interés. En este sentido, el interés aparece como “el verdadero fruto del capital, como lo originario” (pág. 501). Sin embargo, esta representación está mistificada: el interés es sólo una deducción del plusvalor, es una parte de la ganancia transferida al propietario del capital dinerario2. Asimismo, Marx advierte que el interés es un precio del capital de expresión irracional, pues oculta el hecho de que el capital no produce valor por sí mismo, sino que se valoriza únicamente mediante la explotación de la fuerza de trabajo. Por esta razón, el autor señala que el límite superior del interés es la totalidad de la ganancia, y su límite inferior es cero (Ibid., págs. 468-470). En este contexto, el capital bancario y el capital ficticio constituyen configuraciones que responden a esta lógica, ya que se valorizan esencialmente a partir de la apropiación del interés como ingreso.

En los bancos se centraliza y se administra la circulación del dinero como capital. Son operados por los administradores generales del dinero, personificación del capital que se dedica exclusivamente al comercio dinerario, actuando como intermediarios entre los capitalistas industriales y comerciales y los prestamistas de dinero (Ibid., pág. 515). El negocio bancario se estructura sobre una lógica sencilla: el banquero “toma prestado a un interés menor al que, a su vez, presta” (Ibid.). Es decir, el fundamento de la ganancia bancaria proviene del diferencial entre la tasa de interés pagada por los depósitos y la tasa cobrada por los préstamos concedidos. A esto se suman otros ingresos, como las comisiones por operaciones técnicas del dinero (transferencias interbancarias, administración de pagos y depósitos), la emisión de coberturas de riesgo, las evaluaciones de créditos, y otras funciones específicas del sistema bancario.

Marx identifica al menos dos fuentes principales del capital prestable que se concentra en los bancos. La primera proviene de los fondos de reserva de productores y comerciantes, canalizados hacia el sistema bancario y transformados en “capital dinerario susceptible de ser prestado” (Ibid., pág. 516). La segunda son los depósitos de los capitalistas que entregan su capital directamente a los bancos con el propósito de obtener una ganancia bajo la forma de interés. A estas fuentes se suma también el dinero temporalmente desocupado de la clase trabajadora, así como los recursos captados mediante la emisión de deuda pública, es decir, los títulos emitidos por el Estado para financiarse. En todos estos casos, los bancos operan con dinero ajeno; por esto Marx señala que “los adelantos de un banquero a sus clientes se efectúan con el dinero de otras personas” (Ibid., pág. 518).

El capital bancario está conformado por el capital dinerario que administra y moviliza el banquero, acumulado como capital disponible para ser prestado. Este capital actúa como dinero crediticio: es dinero que no circula como medio de pago inmediato, sino como valor adelantado que busca ser enajenado para generar ganancia en forma de interés. Cuando este capital dinerario no se presta —es decir, cuando no encuentra demanda— se produce una sobreacumulación de capital dinerario, fenómeno que Marx denomina plétora de capital. La plétora expresa una sobreoferta de dinero disponible para ser colocado como préstamo (Ibid., p. 613), es decir, capital acumulado que no puede realizar su función de valorización y permanece en barbecho.

El movimiento del capital bancario se expande mediante depósitos, emite billetes de banco, ofrece crédito y realiza operaciones de descuento (Ibid., p. 519). El dinero crediticio puede multiplicarse mediante transferencias y registros contables en los libros bancarios, sin necesidad de mover dinero contante y sonante. Esta multiplicación se autonomiza respecto a su base material, es decir, pierde referencia directa con su propio origen y adquiere una dimensión ficticia. Por este motivo, Marx considera al capital bancario como el “capital par excellence” (Ibid., p. 597), pues en él se potencializa el desarrollo de la forma mistificada, enajenada y fetichizada del capital.

El capital ficticio se forma mediante la capitalización de flujos calculada a una tasa de interés promedio (Ibid., pág. 601). Marx define este proceso de la siguiente manera: “A la formación de capital ficticio se le denomina capitalización” (Ibid.). Esta forma de capital está vinculada con la mera posesión de títulos de propiedad o certificados de deuda, que otorgan a su tenedor el derecho a apropiarse de una fracción de la ganancia. Estos títulos se negocian por duplicado o triplicado en mercados financieros autonomizando su movimiento respecto a la formación real de capital. En efecto, todo capital dinerario que se adelanta con el objetivo de recibir un interés entra a un proceso de autonomización cuando el ingreso que garantiza el título que respalda ese derecho sobre cualquier capital, se capitaliza y se comercializa. El capital dinerario que se enajena para ser prestado puede ser gastado, o no, en capital real. Esto es, puede ser utilizado como capital real, es decir, ser parte de la producción de capital en su forma productiva o comercial y, posteriormente, comercializar el título. O el adelanto puede ser utilizado para adquirir directamente en el mercado títulos u obligaciones que no representan capital real y capitalizar su ingreso. En ambos casos, la capitalización conlleva la formación de capital ficticio.

Marx identifica como formas de manifestación del capital ficticio a la deuda pública, las acciones y las partes constitutivas del capital bancario. A estas se suman los instrumentos que resultan del desarrollo del sistema financiero: coberturas de riesgo, opciones de compra y venta de activos (call y put), fondos de capital privado, futuros y derivados. Estos instrumentos representan derechos que se comercializan sobre el valor futuro.

El análisis de la lógica de estas configuraciones del capital permite aprehender la naturaleza contradictoria de la acumulación en su dimensión financiera. La búsqueda incesante de la ganancia genera sus propias contradicciones. Cuando estas contradicciones se manifiestan a través de la sobreacumulación de capital dinerario, es decir, cuando el excedente en el espacio financiero no encuentra formas de valorización productivas y se canaliza hacia formas especulativas, se desarrollan sus propios límites que se manifiestan en crisis. En ese contexto, el movimiento del capital bancario y sus formas ficticias de valorización se multiplican sobre expectativas que no pueden realizarse, y la ganancia bancaria y ficticia se sostienen sobre promesas de valorización que no tienen base en el proceso de producción. El resultado es la ruptura de la acumulación ficticia, lo que conduce al el krach3: la crisis por quiebra financiera, en la que colapsan las formas no productivas de acumulación y se revela el carácter ilusorio del capital.

En la siguiente sección, se analiza cómo se reproducen estas formas de valorización en el capitalismo mexicano. De esta manera, se caracteriza el capital bancario, su estructura de ganancia y su vínculo con la formación de capital ficticio a través de la deuda pública.

  1. Taxonomía del capital bancario y ficticio en México

El capital bancario en México representa un espacio relevante para la acumulación. Su valorización está sustentada en el cobro de intereses y elevadas comisiones, además de la obtención de beneficios derivado de la administración de los recursos públicos. A partir del análisis de datos recientes, es posible identificar cómo esta configuración del capital obtiene ganancias superiores al promedio de otros sectores de la economía, y lo realiza sobre la base de un modelo de negocio altamente concentrado, extranjerizado y dependiente de la administración del dinero público.

Según los datos reportados por la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), en 2024, la totalidad de los bancos que operan en México obtuvieron ganancias netas históricas por más de 288 mil millones de pesos, con una rentabilidad sobre capital (ROE) del 18.08%, superior de la media de los sectores productivos. Esto se explica en buena parte por el diferencial entre la tasa de interés activa (la que cobran por prestar) y la tasa pasiva (la que pagan a sus depositantes), este amplio margen financiero constituye la base del negocio bancario. En efecto, el margen financiero permite a los bancos expandir sus carteras de crédito y realizar operaciones en las bolsas de valores, sin ofrecer tasas atractivas para captar recursos, es decir, los bancos en México no buscan captar el ahorro. A esto se suman las comisiones y tarifas cobradas por los diferentes servicios financieros, que representan entre el 20% y el 30% del ingreso total de los bancos de mayor tamaño, así como las ganancias que obtienen a partir de la inversión en valores gubernamentales y la administración del dinero público.

Entre enero y diciembre de 2024, el capital bancario en México obtuvo ingresos por intereses de 1 billón 704 mil millones de pesos, realizaron inversiones en instrumentos financieros por 3 billones 884 mil millones de pesos, con un margen financiero por poco más de 854 mil millones de pesos. Este modelo de acumulación se encuentra altamente concentrado: cinco bancos —BBVA, Banorte, Santander, Inbursa y Banamex— concentran 74.36% de la ganancia neta y los diez de mayor tamaño el 88.36%. Además, cerca del 60% del sistema bancario es de origen de capital extranjero, lo que refuerza la subordinación financiera y la extracción de rentas hacia el exterior.

Este desempeño del capital bancario en México se desarrolla en el contexto de una posición holgada de liquidez. Esta se calcula mediante un coeficiente de cobertura de liquidez (CCL)4 que indica la posición de los bancos en relación con su capacidad para enfrentar las exigencias de deuda y garantizar el acceso al mercado de dinero. En el último reporte de estabilidad financiera publicado por Banxico, se señala que todas las instituciones que conforman el sector bancario en México mantienen niveles holgados de liquidez y de capital con respecto a los mínimos regulatorios: “la banca cuenta, en su conjunto, con activos líquidos suficientes para hacer frente a cerca del doble de las necesidades de liquidez (…) Individualmente, cada uno de los bancos mantuvo un CCL mayor al mínimo regulatorio” (Banco de México, 2025). Al seleccionar los bancos que concentran la mayor parte de la ganancia bancaria (G10), se identifica que registran un CCL por encima del 100%, es decir, que todos superan el mínimo regulatorio:

Gráfica 1. Coeficiente de cobertura de Liquidez (CLL), promedio trimestral del periodo enero a marzo 2025


Fuente: Elaboración propia con datos de Banxico.

Entre los bancos que concentran más del 80% de la ganancia bancaria, se encuentran los que son considerados de importancia sistémica, es decir, aquellos que, en caso de incumplir con sus obligaciones de deuda o enfrentar problemas con su capacidad de capitalización, impactarían directamente en la acumulación financiera y productiva, detonando la crisis. En México, la CNBV identifica a BBVA, Santander, Banamex, Banorte, Scotiabank, HSBC e Inbursa como bancos de importancia sistémica (Comisión Nacional Bancaria y de Valores, 2024). De los cuales, HSBC, Santander y Banamex (Citigroup) son considerados también como instituciones financieras de importancia sistémica global (Global Systemically Important Financial Institutions) (Financial Stability Board, 2023).

Una de las fuentes centrales para la valorización del capital bancario es la tenencia de deuda pública, es decir, la compra de títulos emitidos por el gobierno federal —CETES, BONOS M, BONDES, UDIBONOS— que ofrecen rendimientos atractivos y respaldados por el Estado. Estos instrumentos son utilizados por los bancos no sólo para garantizar liquidez, sino como medio de acumulación. Estos títulos son comercializables principalmente en los mercados secundarios, por lo que la posibilidad de su valorización no proviene de formas productivas de acumulación, sino de la anticipación de ingresos fiscales futuros. Esta lógica constituye un caso de formación de capital ficticio, se capitaliza un flujo que depende de la recaudación estatal futura. Así, el capital bancario no sólo se beneficia de tasas elevadas fijadas por el Banco de México, sino que convierte deuda pública en mercancía, profundizando el proceso de autonomización del valor.

Este proceso se refuerza cuando el Estado actúa como garante de la rentabilidad en el espacio financiero, al emitir deuda de forma regular, mantener y cumplir su promesa de pago y sostener una política monetaria de tasas altas que aseguran la valorización de los títulos. La banca, al concentrar estos instrumentos, consolida su función como canal privilegiado para la acumulación ficticia. En ese sentido, los bancos no se limitan a financiar el consumo o la producción: operan como actores activos en la valorización ficticia del capital, participando en el proceso de capitalización y circulación ampliada de títulos de deuda.

En suma, el capital bancario en México opera como una forma parasitaria: no buscan captar el ahorro, no incrementan la oferta de crédito a bajo costo para inversiones productivas, son meros intermediarios de dinero ajeno que lo convierte en capital prestable (dinero crediticio), garantizan su estabilidad a partir del control de la liquidez, que proviene en gran medida del flujo constante de los recursos públicos; y obtienen ganancias extraordinarias por su posición oligopólica ofreciendo servicios financieros más costosos que en su país de origen (como es el caso de los bancos ubicados en el G5). Estos elementos permiten caracterizar el capital bancario en México estructuralmente articulada con la sobreacumulación de capital dinerario y la lógica especulativa del capital ficticio.

  1. El papel del Estado en la reproducción del capital bancario y ficticio

La valorización del capital bancario y ficticio no podría sostenerse sin el papel del Estado como garante de las condiciones necesarias para garantizar la capitalización del dinero y la acumulación ficticia. El Estado interviene activamente en este proceso de acumulación. Lo hace como emisor de deuda pública, como autoridad monetaria, como soporte institucional que respalda la estabilidad de las instituciones financieras y utilizando los bancos privados para la recepción (cobro de impuestos) y distribución (pago de programas sociales, nómina de las personas servidoras públicas y para el pago de la deuda pública nacional e internacional) del dinero público.

La emisión constante de valores gubernamentales es uno de los mecanismos centrales que garantizan la reproducción del capital bancario y ficticio. Estos instrumentos son respaldados por la capacidad recaudatoria del Estado, lo que garantiza el cumplimiento de los pagos de capital e intereses. En este proceso, el Estado convierte sus flujos futuros de ingresos fiscales en activos comercializables, transformando deuda pública en una forma de capital ficticio, disponible para su circulación en los mercados secundarios.

Las decisiones autónomas que toma el Banco de México sobre política monetaria refuerzan esta dinámica. En los últimos años, el banco central ha mantenido tasas de interés de referencia elevadas, con el objetivo de controlar la inflación y sostener la confianza de los inversionistas privados. Sin embargo, esta decisión fortalece la valorización del capital bancario, al permitir tasas activas altas para el acceso al crédito y rendimientos atractivos por la tenencia de deuda pública. De este modo, se puede afirmar que las decisiones de política monetaria que realiza Banxico están alineadas con las necesidades de valorización del capital ficticio, en detrimento de la inversión en la acumulación productiva y del acceso a bajo costo al crédito.

Además, el Estado interviene directamente en la reproducción del capital bancario mediante el uso del erario para garantizar la liquidez del sistema financiero. En México, los cinco bancos que tienen mayor participación en la ganancia neta del sistema bancario son los mismos que recaudan en promedio el 90% de los ingresos fiscales. A esto se puede agregar los rescates de la banca que se realizan con dinero público, como el caso del Fobaproa con el que se demuestra que, en momentos de crisis, el Estado socializa las pérdidas del capital bancario, trasladando a la población los costos de su quiebra. En efecto, el Estado no sólo sostiene la valorización ficticia del capital bancario, sino que canaliza recursos públicos para asegurar su reproducción ampliada. Este fenómeno encarna una forma de gestión privada de los recursos públicos, que son transformados en medios de valorización financiera.

Así, el Estado asume un rol subordinado a la lógica de valorización financiera. Esta subordinación es estructural: es parte de una arquitectura institucional diseñada para garantizar el movimiento ampliado del capital bancario en condiciones respaldadas por el Estado, incluso en un contexto de crisis. En este sentido, el Estado no busca actuar como contrapeso a la formación de capital ficticio, se convierte en garante, profundizando la dependencia de la reproducción social respecto a las exigencias de las ganancias.

  1. Conclusión: México y el dominio del capital bancario

El proceso económico de México está profundamente determinado por el dominio del capital bancario y ficticio, cuyas formas de valorización se desarrollan al margen de la extracción directa y ampliada de plusvalor y descansan sobre la apropiación de flujos futuros, el diferencial de tasas y la intermediación financiera.

Desde una perspectiva marxista, se ha mostrado que el capital bancario representa una configuración enajenada del capital que se valoriza mediante la administración del dinero ajeno y la obtención de un ingreso en forma de interés, el cual —como señaló Marx— no es más que una deducción del plusvalor generado en la producción. La capitalización de ese ingreso futuro da lugar al capital ficticio, cuya expansión ilimitada tiende a autonomizarse respecto al proceso de valorización real, incubando condiciones de sobreacumulación y, por lo tanto, crisis.

Empíricamente, esta lógica se manifiesta en México en un sistema bancario altamente rentable, concentrado y extranjerizado, cuya ganancia proviene en gran parte del diferencial entre tasas de interés y del acceso privilegiado a instrumentos de deuda pública. Esta deuda se convierte en vehículo de valorización financiera, profundizando el carácter ficticio de la acumulación al depender de ingresos fiscales futuros.

El Estado actúa como soporte institucional del capital ficticio: emite deuda, mantiene una política monetaria basada en tasas de interés elevadas, garantiza la liquidez del sistema financiero y convierte los recursos públicos en la base de la valorización privada. En lugar de disputar el dominio del capital en el espacio financiero, lo reproduce estructuralmente, subordinando su política económica a las exigencias del capital bancario y debilitando su capacidad para enfrentar los efectos sociales y económicos de una eventual crisis.

En este contexto, es posible identificar elementos estructurales que permiten anticipar el desarrollo de una crisis con características financieras en México. El Krach revela el agotamiento de la valorización especulativa, constituye la manifestación de las contradicciones de una acumulación ficticia, y exhibe el carácter parasitario del capital a partir del despojo de lo público. Comprender esta dinámica es clave para cuestionar el lugar que ocupa el Estado como garante de la acumulación ficticia, así como para repensar su función en el proceso económico abriendo el horizonte de alternativas que disputen el dominio del capital bancario.

Bibliografía

Banco de México. (2025). Reporte de estabilidad financiera. México: Banxico. Recuperado el 11 de Junio de 2025, de https://www.banxico.org.mx/publicaciones-y-prensa/reportes-sobre-el-sistema-financiero/reportes-sistema-financiero-s.html

Comisión Nacional Bancaria y de Valores. (03 de mayo de 2024). Obtenido de https://www.gob.mx/cnbv/acciones-y-programas/bancos-de-importancia-sistemica

Financial Stability Board. (2023). 2023 List of Global Systemically Important Banks (G-SIBs). FSB.

Marx, K. (1894 [2011]). El capital (Vol. 8). México: Siglo XXI editores.

  1. Profesor de asignatura, Universidad Nacional Autónoma de México. Correo electrónico: leinadalcala@hotmail.com ↩︎
  2. En el capítulo XXIII de la sección quinta, Marx analiza el proceso de escisión de la ganancia en interés y ganancia empresarial: por un lado, la ganancia empresarial es la que corresponde al capitalista que organiza la producción y la comercialización de las mercancías; y por otro, el interés corresponde al propietario del capital dinerario, es decir, a quien presta el dinero como una mercancía especial que funciona como capital. Así, el interés es el pago que debe hacer el prestatario al poseedor del capital dinerario porque este cede el dinero por cierto tiempo a cambio de una fracción de la ganancia que tiene siempre su origen en el plusvalor. ↩︎
  3. Krach es un término en alemán que Marx utiliza para referirse a la quiebra financiera (Ibid., págs. 622-624). ↩︎
  4. El coeficiente de cobertura de liquidez (CCL) se calcula con el objetivo de garantizar que los bancos cuenten con un fondo de activos líquidos y dinero de libre disposición (depósitos a la vista, títulos bancarios y valores gubernamentales de corto plazo), que les permita hacer frente a sus obligaciones y necesidades de liquidez durante 30 días para un periodo de estrés (CNBV, 2016). ↩︎