Entrevista realizada en 1959 y publicado por primera vez en México en 1988 en el semanario La Unidad.
Casi treinta años han pasado desde el 26 de septiembre de 1959 en que entrevistamos a Ernesto Ché Guevara en un aeropuerto aledaño a La Habana. Hoy, que se aproxima el vigésimo aniversario del asesinato, en Bolivia, hemos creído oportuno publicar nuevamente aquella entrevista, en la que el Ché compendió, en 20 minutos, su pensamiento sobre la Revolución Cubana, su trascendencia, su movimiento.
Gerardo Unzueta L.
Aquella madrugada eran las seis de la mañana — logré uno de los más valiosos frutos de mi actividad periodística. En escasas ocasiones es posible hablar con un hombre capaz de expresar en pocas palabras el profundo contenido transformador de un acto revolucionario como el realizado por los héroes de Sierra Maestra. La combatividad, el internacionalismo, lo humano se unían intensamente en esas palabras.
Comandante de la sierra, dirigente estatal ya, argentino de nacimiento, de 31 años de edad, respondió a mi primera pregunta:
—¿Por qué, siendo argentino, participó en forma tan decidida y destacada en la Revolución Cubana?
—La única pregunta que cabría, en el caso de haber alguna, es por qué participé en la lucha cubana. Lo de destacado o no, no tiene nada que ver con mi nacionalidad y lo dirá el futuro, lo dirá la historia, si tenemos oportunidad de entrar a ella, si es que hubo algo destacado. Nosotros consideramos que ésta fue una revolución hecha por el pueblo, y que la gran virtud de su líder Fidel Castro, fue la de compactar a todo el pueblo y llevarlo a la victoria.
Desde mi punto de vista personal, rechazo toda explicación que pretenda demostrar, de alguna forma, que un extranjero pueda venir a luchar en esta tierra. Para nosotros, los que vivimos al sur del Río Bravo, cualquiera de las patrias americanas es nuestra y sobre cualquiera de ellas podemos dar nuestra sangre, con la seguridad de que estamos luchando por nuestra patria.
Con primeras palabras, tan contundentes, del Ché nos situaban en el ámbito latinoamericano. De allí la segunda interrogante:
—¿Cuál es, en su opinión, la proyección que tiene la Revolución Cubana en América Latina?
—Ya hemos insistido en otras ocasiones en que la Revolución Cubana ha aportado a la mecánica de los movimientos sociales de América tres puntos fundamentales, tres teorías que se convierten casi en axiomas: primero, el pueblo en armas puede por la sola acción, convertirse de un pequeño núcleo hasta un ejército que derrote al ejército opresor en batallas campales; segundo, las condiciones totales para una guerra revolucionaria no se deben esperar sino que, en algunas ocasiones, se pueden precipitar por el establecimiento de un foco insurreccional que sirve como catalizador, acelerando las acciones del pueblo; y tercero, que en el panorama de nuestra América semicolonial y subdesarrollada, el escenario de las luchas por la liberación del pueblo es el campo, la montaña y no las grandes ciudades.
—También es importante saber la opinión que hay en países que luchan por su liberación sobre el movimiento que ha tenido lugar en Cuba. ¿Cuál es el juicio que hay en los países afro-asiáticos sobre la Revolución Cubana?
—La ven como algo completamente nuevo, una verdadera esperanza de América. Su nombre está unido indisolublemente al de Fidel Castro, a veces en tal forma que no conocen ni la situación geográfica ni las características de nuestra tierra y sólo saben que hay un jefe barbudo que representa algo nuevo en este continente, que se llama Fidel Castro. Pero en lo que todos los pueblos visitados por nosotros coinciden es en la abierta admiración por la figura de nuestro líder, por la fuerza y la pujanza de nuestro movimiento libertador y por la fe en las proyecciones americanas de ese mismo movimiento.
—De los problemas específicos a que se enfrenta la Revolución Cubana, comandante Guevara, ¿cuáles son los que tienen especial trascendencia latinoamericana?
—Creo que todos los problemas con que se enfrenta nuestra revolución, los problemas vitales, digamos, los que se alejan de las peculiaridades nacionales de cada país abarcan el total del Continente Americano. Nuestra lucha frontal contra toda tentativa de injerencia extranjera, nuestro derecho —expresado reiteradamente— a hacer oír la voz de Cuba como la de una nación libre en todos los organismos internacionales, nuestro derecho —reiterado una y otra vez— a realizar las reformas sociales, económicas y políticas, que nuestro pueblo anhela y para lo cual hicimos esta revolución, son evidentemente características con que más o menos intensidad seguirán todas las revoluciones de la América Latina que tengan, como nosotros, la libertad del pueblo como meta, su felicidad futura y su independencia total.
—Evidentemente, nuestros pueblos tienen interés en la existencia y triunfo de la Revolución Cubana, y por ello también tienen deberes que cumplir respecto al destino de esta isla. ¿Cuáles son los deberes de los pueblos latinoamericanos respecto de Cuba?
—Es difícil definir el deber; el deber nace, en general, de la conciencia social, de la necesidad de hacer algo para defenderse de alguna cosa o para concurrir hacia un fin común. Nuestros pueblos americanos tienen poca conciencia social de sus necesidades como un todo por la gran tarea de los colonialismos que los han oprimido, la división ha sido precisamente para efectuar, después, más cómodamente la repartición. Creemos que si hay algún deber que señalar, es el deber, que en realidad es un derecho, de subsistir. Si los pueblos de América ven claro cuáles sus grandes necesidades y cómo podrán subsistir como naciones que alcanzaron su independencia efectiva, lo demás, es decir, el apoyo real a nuestra revolución, la serie de medidas prácticas para hacerlo, vendrá sólo como un corolario de esa necesidad de subsistir.
—Sabemos que el día de hoy se ha dado a conocer un nuevo brote de conspiración, sorprendido en la provincia de Oriente. En días pasados he sido testigo de la captura de conspiradores. ¿A qué factores atribuye usted el que se sigan produciendo esos brotes? ¿Esos factores son exclusivamente internos?
—No le puedo decir en absoluto a qué se debe este nuevo brote que usted manifiesta. Le puedo decir, honestamente, es la primera noticia que tengo sobre el asunto. He estado trabajando hasta este momento en las oficinas del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) y no se me avisó de ninguna situación de peligro. Por eso no puedo juzgar exactamente a qué se debe. Usted conoce bien cuáles fueron los monitores de las tentativas anteriores. Aquí dentro no hay contrarrevolución que valga. Aquí no puede haber tentativa alguna de alzarse contra los designios del gobierno revolucionario, que es la voz del pueblo. Solamente de afuera pueden venir esos intentos; pero todo intento que viene desde afuera, y no cuenta con el calor del pueblo, está fatalmente condenado a fracasar.
—¿Cuáles son las realizaciones más destacadas de la Revolución cubana en los ocho meses de victoria que tiene?
—Hace unos meses, eso era fácil de contestar. Hoy es difícil extraer del cúmulo de realizaciones del gobierno revolucionario cuáles son sus leyes o sus hechos más importantes. Podemos colocar no obstante a la Reforma Agraria como la ley fundamental de nuestro gobierno, y al monumental INRA, como su realización más fecunda. Sin embargo, hay también algo que ha sido estructurado después de la victoria pero que fue el artífice del triunfo popular para colocarlo en esta nueva posición institucional que vino a ocupar y es el Ejército Rebelde, el ejército ligado al pueblo. «El Ejército Rebelde es el pueblo uniformado», ha dicho Camilo Cienfuegos. Es un ejército que trabaja, que rinde constantemente —en forma de trabajo manual o intelectual— el dinero que se le paga por defender a la nación. Está el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda. Tenemos leyes tan importantes como las que bajan las cuotas de alquileres, fluido eléctrico, teléfonos; la ley de playas populares; en estos últimos momentos, una serie de impuestos especiales al consumo de alcoholes, pero antes de ello la reforma completa a la tributación. Y por sobre todo este esquema de realizaciones tangibles, una nueva orientación revolucionaria; una nueva mentalidad revolucionaria, que está dando una nación pujante, dirigida fundamentalmente, en la política, a hablar el idioma claro de la independencia nacional y, en lo económico, llevando sobre sus hombros la tarea de realizar una de esas aspiraciones inmediatas del pueblo de Cuba: la liberación del monocultivo, representado por la caña de azúcar y del monomercado, representado hoy por Estados Unidos de América. La tarea futura es amplia y ardua. Solamente si no desmayamos, si seguimos apoyándonos en la fe del pueblo y consideramos siempre que el pueblo es nuestro mentor, nuestra guía y nuestro apoyo, nuestra razón de ser en una palabra, podremos arribar a las metas que aspiramos y decir al final de este camino que hemos logrado el triunfo para nuestra patria.
—¿Cuáles son los puntos programáticos más destacados que ha de realizar en los próximos meses, tanto en el plano nacional como respecto a las relaciones internacionales, el gobierno de la Revolución Cubana?
—Prácticamente le he contestado muchos de esos puntos en el pequeño esbozo que le hice anteriormente, muchos de estos puntos programáticos. Fundamentalmente, ya lo he dicho, en política internacional, tener abierta contra toda asonada de colonialismos, contra todo género de explotación de las naciones grandes contra las pequeñas, lucha enérgica por la paz del mundo y porque la voz de las pequeñas naciones sea escuchada en plano de igualdad en todos los focos internacionales. En el plano de nuestra política económica, ya le he dicho que estamos empeñados en la doble lucha por liberarnos del monocultivo y el monomercio. Estamos luchando por tener medios de comunicación cubanos, desarrollar nuestra flota mercante nacional, nuestras industrias pesqueras e iniciar luego el gran salto, apoyados ya en esta mejora de tipo bancaria, hacia la industrialización total del país. Ese es nuestro gran paso futuro, el que ha de marcar la posición entre este país colonial, sin desarrollo ninguno, y la gran nación industrial de mañana.
—Finalmente, comandante Guevara, usted que estuvo en México, seguramente tendrá algo que decir al pueblo de mi país, en esta hora de grandes decisiones para Cuba y América Latina.
—Solamente quiero recordarle al pueblo mexicano mi perenne y cálido homenaje que podría decir, en momentos en que era un perseguido político, un indeseable, perseguido por todo el mundo, sin embargo, un cálido recibimiento y un hálito de comprensión humana de parte del pueblo mexicano. Cuando nació mi hija, en la ciudad de México, podía optar por la nacionalidad peruana de la madre, por mi nacionalidad argentina, cualquiera de las dos cosas era lógica; estábamos de paso en México. Sin embargo, decidimos, de común acuerdo, darle la nacionalidad de la nación que nos había acogido en la hora amarga de la derrota y del exilio. Eso es lo único que podíamos hacer por México en aquel momento. Hoy, reiterarle el saludo que aquella vez quisimos darle con aquel gesto, y reiterarle la seguridad de que aquí, como en todas partes de América, el pueblo mexicano es valorado y querido como un gran hermano destinado a ocupar un lugar prominente en esta nueva estructura americana que asoma en el horizonte.