La soberanía brasileña en el cabestro del capital financiero: crisis política, dependencia y las elecciones de 2026

La idea de este ensayo parte de una intervención política en el Seminario Nuestra América “Elecciones en Brasil y Colombia: proyectos alternativos de nación”, realizado el 07 de abril de 2026, en Guerrero (Cuauhtémoc), Ciudad de México, DF.

 João Felipe de Almeida Ferraz1

Consideraciones iniciales

El gobierno que marca el tercer mandato del presidente Lula da Silva (2023-2026) viene intentando revertir el panorama de destrucción del Estado brasileño provocado por los gobiernos de (extrema) derecha de Michel Temer (2016-2018) y Jair Bolsonaro (2019-2022). Dentro de los límites que impone la coyuntura nacional e internacional, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) hace todo lo posible por reconstruir las agendas de políticas públicas que atiendan las demandas de las clases trabajadoras y por mejorar los principales indicadores económicos2

El principal obstáculo para una práctica política más audaz en pro de la justicia social se encontraría en el Congreso Nacional, el “Enemigo del Pueblo”3. La mayoría absoluta de los parlamentarios pertenece a partidos de derecha que, a su vez, están dirigidos por el bolsonarismo y atacan constantemente el Estado de derecho democrático y la reconstrucción de Brasil. En este mismo sentido, los intentos del gobierno federal por cambiar la política económica en dirección opuesta al neoliberalismo, sufrieron un sabotaje del Comité de Política Monetaria (COPOM) del Banco Central4. Aprovechando la autonomía del Banco Central (oficializada en 2021), la presidencia de Roberto Campos Neto (2021-2024) fue un vestigio del gobierno de Bolsonaro que obstaculizó las iniciativas de restablecimiento de las políticas sociales y la inversión pública, al mantener una política monetaria regresiva mediante el mantenimiento de la alta tasa de interés Selic.

El gobierno de Lula III (2023-2026) se encontró en un estado de ingobernabilidad durante la mayor parte de su mandato, rehén de las trampas de la (extrema) derecha en el aparato institucional del Estado.

Estos son algunos de los argumentos que ciertas organizaciones y grupos políticos en defensa del actual gobierno de centroizquierda utilizarían para justificar la insuficiencia de su estrategia política en orden de cumplir sus promesas de campaña y dirigir una política económica realmente alternativa al régimen de acumulación neoliberal. Sin embargo, estas justificaciones son insuficientes y no abordan diversos elementos que serán objeto de reflexión en este ensayo. Ante la crisis política permanente, es razonable explicar los límites del gobierno por las restricciones impuestas por los demás poderes de la República, ocupados por la oposición. Sin embargo, para que haya una reacción, es necesario que exista una propuesta táctica de enfrentamiento a los adversarios ideológicos en disputas políticas francas —lo cual, no obstante, ha estado poco presente, dado que la principal táctica de gobernabilidad ha sido la conciliación de clases.

Ante la crisis del neoliberalismo, la hegemonía del gran capital financiero en el bloque de poder del Estado brasileño y la fuerza social concreta de la extrema derecha en la escena política, se suman criterios aún más confusos a la clásica (y desequilibrada) tensión de la ciencia política entre agencia y estructura. Es evidente que las relaciones sociales de producción de la vida material de cada sociedad estructuran la práctica de cada ser colectivo o individual; sin embargo, no la determinan unilateralmente. Si así fuera, las bravuconadas de Francis Fukuyama (“El fin de la historia”) y de Margaret Thatcher (“No hay alternativa”)5 serían ciertas en lo que respecta al orden neoliberal globalizado del capitalismo. La interpretación del mundo con la intención de transformarlo, a través del materialismo histórico, requiere comprender que la vida humana está determinada por relaciones que escapan a su voluntad, sin ignorar la “ambivalencia crucial de nuestra presencia humana en nuestra propia historia, en parte sujetos y en parte objetos […]”6. En el contexto actual, un espacio en el que el tiempo social se condensa, no se debe subestimar el potencial de la intervención de los actores en los procesos políticos.

Parece que, con el objetivo de explicar la inmovilidad del gobierno de Lula III frente a las determinaciones de la financiarización al Estado brasileño, parte de la izquierda brasileña decidió aceptar que la situación institucional desfavorable haría casi imposible cualquier agenda económica que se desviara de la hegemonía del gran capital financiero. En distintos niveles de abstracción, argumentamos lo contrario: la crisis política actual no puede gestionarse mediante la política económica de austeridad fiscal que ha llevado a la sociedad brasileña a una decadencia constante desde 2015. Esta postura supone un riesgo para la población brasileña y, en términos electorales, abre la puerta al regreso del (neo)fascismo7 al Poder Ejecutivo.

Rastros de la crisis política

El golpe de Estado de 2016, durante el segundo mandato del gobierno de Dilma Rousseff, constituye un momento constitutivo fundamental para comprender la correlación de fuerzas de la coyuntura política actual. Este fue el acontecimiento más evidente, en el plano institucional, de una suma de contradicciones que desembocaron en una crisis política que persiste hasta hoy. Para que se produjera este golpe jurídico-parlamentario, hubo una combinación de diversos factores que presagiaron una crisis de gobierno: a) los efectos de la crisis financiera internacional de 2008 comenzaron a afectar los precios de las materias primas, principalmente la caída del barril de petróleo entre 2013 y 2014; b) una fuerte campaña de oposición por parte de los grandes medios de comunicación, que asoció la corrupción con el intervencionismo estatal en la economía; c) la fuga de capitales y los ataques especulativos; d) las manifestaciones en las calles y en las redes sociales, lideradas por sectores de la clase media; e) una coalición opositora mayoritaria en el Congreso Nacional; f) el activismo del Poder Judicial (lawfare), materializado en la Operación Lava Jato en 2014, que pasó a criminalizar a los líderes progresistas y las fuerzas aliadas, condenándolos por corrupción.

Como contradicción fundamental, se señalan los intentos del primer mandato del gobierno de Rousseff I (2011-2014) de fortalecer los sectores industriales de la gran burguesía interna mediante la inversión pública, lo que entraba en conflicto con las exigencias del gran capital financiero de una política neoliberal ortodoxa, basada en la contracción del gasto público8. La respuesta a las exigencias de los sectores financieros llegaría con el gobierno provisional del vicepresidente Michel Temer tras el golpe, quien anunció de inmediato la supresión de ministerios importantes para las clases trabajadoras.

Paralelamente, la radicalización de la lógica de la austeridad fiscal en la política económica tuvo su marco legal en la Enmienda Constitucional n.º 95, el “Techo de Gastos”, que congeló el gasto público por los 20 años siguientes. El apoyo de varias facciones de la burguesía interna a esta ruptura institucional a favor de la derecha legitimó una mayor agresividad en la extracción de plusvalía de la población brasileña mediante diversos métodos: por ejemplo, una amplia agenda de privatizaciones y concesiones estatales, una reforma laboral para flexibilizar los derechos y un aumento de la violencia política.

El clima de inseguridad pública, la gran inestabilidad en la política institucional y el malestar económico, reforzaron una orientación política reaccionaria en parte de la población, que se materializó institucionalmente en la elección de Jair Bolsonaro en 2019. Fue en medio de esta confluencia de crisis que surgió lo que se ha dado en llamar “bolsonarismo”, prometiendo un horizonte de carácter aparentemente radical y antisistémico. La manifestación brasileña del neofascismo se constituye como un movimiento reaccionario de masas de extrema derecha, con arraigo en los estratos medios de la sociedad (pequeña burguesía y clase media) y que reproduce una ideología antiigualitaria, autoritaria y de desprecio hacia las identidades y demandas de los sectores populares9.

Este movimiento respaldó la intensificación de la política económica neoliberal, un proyecto activo de desmantelamiento de las políticas públicas, grandes privatizaciones de empresas estatales estratégicas y la implementación de una reforma de la seguridad social que condenó el futuro de millones de trabajadores. Los incentivos y el ascenso cultural de las burguesías agraria, comercial y financiera marcaron la formación de alianzas y representaciones en el Poder Ejecutivo.

En este contexto de agravamiento de la crisis política, se formó una coalición de oposición para elegir a Lula da Silva, a partir de un gran frente amplio de espectros políticos muy variados. Con promesas de reconstruir las capacidades institucionales, recomponer el presupuesto de segmentos estratégicos y revocar las contrarreformas neoliberales y el “Techo de Gastos”, la campaña llenó a su base electoral de expectativas por un retorno hacia la justicia social.

Un gobierno de Lula III vulnerable por sus decisiones

Hasta el momento en que se escribe este ensayo (abril de 2026), el gobierno de Lula III ha reproducido en su política económica el mismo ideario de austeridad fiscal que los gobiernos de derecha a los que se opuso. Con un precedente inicial de reestructuración presupuestaria a través de la “PEC de la Transición”, el año 2023 marca una sensación de alivio y reactivación económica. Sin embargo, desde ese mismo inicio, el ministro de Economía, Fernando Haddad, ya le daba señales al mercado financiero de que la composición y la forma de gestionar el presupuesto federal no cambiarían tanto. El anuncio del Nuevo Marco Fiscal (Ley n.º 200/2023) (o Régimen Fiscal Sostenible) frustró a su base social.

 Aunque con reglas un poco más flexibles y acompañada de importantes reformas institucionales, esta política fiscal subordinada a los objetivos de resultado primario reproduce lo esencial del anterior “Techo de Gastos”, lo que da como resultado una composición presupuestaria insuficiente para generar una mejora concreta en la economía. Contrariamente a los discursos de los aliados del actual gobierno que alegan “sabotaje” por parte del presidente del Banco Central nombrado por el gobierno de Bolsonaro, el presidente Gabriel Galípolo, nombrado por el gobierno de Lula, siguió aumentando la tasa de interés, llegando a un máximo del 15% en 2025 y del 14,75% en este año.

Es decir, en la actualidad, el gobierno de Lula también beneficia a los inversionistas privados y/o extranjeros que especulan con los títulos de la deuda pública brasileña, tal como lo hicieron los gobiernos de Temer y Bolsonaro. La idea de la austeridad se utiliza como brújula de la política económica, donde el Norte es el compromiso con los intereses del capital financiero. En la medida en que se produce una contracción del gasto público en un momento de estancamiento económico, aún menor será la recaudación futura del gobierno, sus ingresos. Se trata de una obsesión fiscal para satisfacer los intereses del gran capital financiero.

Aunque sea cierta la mejora en los diversos índices económicos presentados al inicio de este texto, hay una persistencia negativa de otros que no se puede ignorar:

El nivel medio de endeudamiento de la población sigue siendo elevado (el 80,2% de las familias tiene alguna deuda y 81,7 millones de personas figuran en el registro de morosos, con el “nombre sucio”)10 y, para agravar aún más este dato, a pesar del aumento de los ingresos medios de las familias, el consumo no sigue el mismo ritmo; es decir, los ingresos se destinan más al pago de deudas que al consumo11.

Empleos con bajos salarios y un alto nivel de informalidad: a pesar de la baja tasa de desempleo del 5,5%, la mayoría de los nuevos empleos se remuneran con entre 1 y 1,5 salarios mínimos12 y la informalidad sigue siendo elevada, en torno al 40% de la población ocupada13.

Altos precios de los alimentos y los combustibles: la coyuntura de las guerras y el genocidio perpetrados por el imperialismo en Palestina, Irán y Líbano ha provocado un aumento de los precios en el sector energético mundial. Sin embargo, a pesar de la baja inflación, el débil avance de la renacionalización de las instalaciones de Petrobras y Eletrobras y los privilegios fiscales y tributarios intactos del agronegocio mantienen y alimentan la vulnerabilidad externa estructural de la economía.

Son efectos graves de la superexplotación de la fuerza de trabajo por una estructura económica mediada por la política estatal de altas tasas de interés, un sistema tributario regresivo y un presupuesto federal concentrado en amortizaciones e intereses de la deuda pública. El estrangulamiento de las clases trabajadoras por el endeudamiento es una de las formas de financiarización, con la incorporación del capital portador de intereses a la fábrica de la vida social14.

La dependencia y el Estado brasileño

Por lo tanto, teniendo en cuenta que la autonomía del Estado brasileño se ve atravesada por un régimen de acumulación financiarizada, tanto las relaciones sociales de producción como las relaciones de poder se ven sometidas a los impactos de la progresiva expansión de la riqueza financiera frente a la riqueza real. La gravedad y la prolongación de la crisis de 2008 habrían puesto de manifiesto la centralidad de la actividad financiera, así como el papel indispensable del Estado en la materialización del aumento de la participación del capital portador de intereses y del capital ficticio en la economía15. Esta nueva situación se agrava con la crisis del imperialismo y la reestructuración del orden internacional.

Las recientes acciones políticas de Estados Unidos en relación con los países de América Latina representan la estrategia de seguridad nacional del gobierno de Donald Trump («Doctrina Donroe»), ante la crisis del imperialismo en un orden internacional caracterizado por el protagonismo de China. El bloqueo criminal contra Cuba, las amenazas de intervenciones político-militares directas (llevadas a cabo en el caso de Venezuela) y la coacción tributaria (como en el caso del “Tarifazo”) materializan una postura violenta, que tiene como objetivo la subordinación de esta región a las necesidades materiales de reindustrialización y la recuperación de la hegemonía global por parte de Estados Unidos.

De este modo, ante esta coyuntura específica de elecciones presidenciales, que ponen de manifiesto las determinantes estructurales como la fase más visible de la realidad, la dependencia de la formación social brasileña se manifiesta de manera decisiva a través de la hegemonía del gran capital financiero en el bloque en el poder del Estado16. Con todo, la determinación dependiente no es una correspondencia directa de las exigencias imperialistas desde el exterior hacia el interior del Estado, sino que está mediada por el momento histórico y las particularidades de cada formación. En palabras de René Zavaleta Mercado, “el carácter de cada dependencia está dado por las circunstancias de la emisión pero también por el modo de recepción por parte de la historia nacional, es decir, por el compuesto primordial.”17

Enmarcado en el neoliberalismo, es notorio el proceso de reconfiguración del Estado brasileño y la alteración de los niveles de autonomía decisoria de los representantes políticos18. Al mismo tiempo, la práctica política de las clases dominantes nacionales hace que sus aparatos institucionales sean cada vez más vulnerables y se alineen con las presiones externas, siguiendo la lógica de la financiarización, como la privatización de empresas públicas, el fomento de la idea de la austeridad fiscal selectiva, la restricción de los gobiernos a la recaudación de impuestos sobre la producción y los ingresos, y las medidas para la privatización de los bancos centrales. En la práctica, “la deuda pública opera entonces como herramienta de expropiación de estas fuentes y —por vía de consecuencia — de la redefinición de la acción estatal.”19

Las elecciones de 2026 y la necesidad de un proyecto alternativo

Se puede decir que la incorporación de las demandas fundamentales del gran capital financiero en la política económica brasileña es un factor clave de la crisis política y el debilitamiento de la soberanía nacional. En el contexto electoral de este año, la contienda se centrará en los candidatos Lula da Silva (PT) y Flávio Bolsonaro (Partido Liberal), hijo de Jair Bolsonaro y representante de la extrema derecha. Aunque no representan toda la práctica política posible en la democracia formal, las elecciones presidenciales tienen un papel crucial en la definición de la coyuntura y la correlación de fuerzas.

Ante este escenario, se presenta la urgencia de detener el neofascismo, y para ello la izquierda debe reconocer que la táctica de conciliación entre clases con intereses irreconciliables ha fracasado. Con este objetivo inmediato, es innegociable romper con la política fiscal de austeridad, presionar políticamente al Banco Central para que reduzca considerablemente la tasa de interés y movilizar luchas políticas de impacto inmediato en la vida material de la clase trabajadora. Entre ellas se encuentran: el compromiso con la reducción de la jornada laboral y el fin de la jornada 6 x 1, que ya está en trámite; revisar puntos estratégicos de la Reforma Laboral con un proyecto de lucha contra la informalidad, con el objetivo de garantizar un mínimo de seguridad jurídica en las relaciones laborales; y presentar una política de créditos subsidiados para pequeños comerciantes. Es de suma importancia presentar un proyecto inmediato de renacionalización del sector energético; revisar los salarios de los trabajadores de la salud y la educación; y defender incondicionalmente la Amazonía y sus recursos naturales contra la expansión de la frontera agropecuaria y el saqueo imperialista.

Si es posible vislumbrar un mínimo de justicia social en el capitalismo dependiente brasileño, un proyecto de izquierda necesita vincular la expansión de la inversión pública a un conjunto de reformas sociales, tal como han logrado los proyectos de México y Colombia. Hasta que la superación revolucionaria del capitalismo brasileño esté en vías concretas, un proyecto socialista de hegemonía de la clase trabajadora es imprescindible para abrir un horizonte hacia la salida de la crisis política, poniendo en perspectiva la defensa de la soberanía nacional y el antiimperialismo.

  1. Es educador popular del Curso Preparatorio Comunitario Infantes del Lins y del colectivo Ao Povo em Forma de Arte. Actualmente, hace una estancia de investigación en el Programa de Posgrado en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, siendo estudiante de doctorado en Ciencias Sociales del Desarrollo, Agricultura y Sociedad en la UFRRJ y miembro del Grupo de Estudios en Cambio Sociales, Agronegocio y Políticas Públicas (GEMAP). ↩︎
  2. Entre ellos se encuentran la reactivación del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), la tasa de desempleo más baja de la serie histórica, la baja inflación, la salida del Mapa del Hambre y el aumento de los ingresos medios de las familias. ↩︎
  3. Creado por grupos políticos de apoyo al actual gobierno en 2025, este lema fue el eje de una campaña en las redes sociales y, sobre todo, de manifestaciones callejeras contra la obstrucción de iniciativas del Poder Ejecutivo, como la exención del impuesto sobre la renta para personas con ingresos inferiores a 5 mil reales y la imposición de impuestos a multimillonarios, bancos y casas de apuestas digitales; contra la amnistía de los autores del intento de golpe de Estado de 2023; entre otras. ↩︎
  4. PT na Câmara. “Terrorismo e Sabotagem: a política monetária do BC de Campos Neto”. Partido dos Trabalhadores, 10 dez. 2024. ↩︎
  5. Entre los años 1980 y 1990, estas fueron las ideas ideológicas que se impusieron como consenso en gran parte del discurso común, con el objetivo de proclamar que no existía otra posibilidad de sociedad más allá del capitalismo neoliberal. ↩︎
  6. Thompson, E. P., “A Miséria da Teoria ou um Planetário de Erros: Uma Crítica ao Pensamento de Althusser”, 1978, citado por Anderson, P., “Teoria, Política e História: um debate com E. P. Thompson”, Campinas, SP: Editora Unicamp, 2018. ↩︎
  7. Ver: Clara Mattei (2023). “A ordem do capital: como economistas inventaram a austeridade e abriram caminho para o fascismo”. Boitempo Editorial, 2023. ↩︎
  8. Souza, Angelita Matos; Martuscelli, Danilo. “Crise política e movimento pendular da burguesia interna industrial nos governos de Dilma Rousseff e Cristina Kirchner” em Boito Junior, Armando; Martuscelli, Danilo e Guilmo, Nátaly (Orgs.).(2025). Instabilidade e crise na política brasileira. Lutas Anticapital, 2025. ↩︎
  9. Gacic, Larissa G. Bolsonarismo: controvérsias sobre sua ascensão e caracterização. 2026. Tesis de Maestría – Universidade Federal de São Paulo. Guarulhos, 2026; Martuscelli, Danilo e Salomão, Arthur. “Crisis política y movimiento bolsonarista: el neofascismo a la brasileña”. Revista Memoria – Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (CEMOS), n. 297, 2025. ↩︎
  10. Serasa. “Mapa da Inadimplência e Negociação de Dívidas no Brasil”. 24 mar. 2026. ↩︎
  11. Furno, Juliane. “Endividamento das famílias e frustração da juventude impactam popularidade de Lula”. Intercept Brasil, 13 abr. 2026. ↩︎
  12. Agência Gov “Novo Caged: mercado de trabalho cria mais de 129 mil empregos formais em julho; no ano são 1,34 milhão”. Empresa Brasil de Comunicação, 27 ago. 2025. ↩︎
  13. Agência de Notícias IBGE. “PNAD Contínua: em 2025, taxa anual de desocupação foi de 5,6% enquanto taxa de subutilização foi 14,5%”. IBGE, 30 jan. 2026. ↩︎
  14. Chesnais, François. Finance Capital today: corporations and banks in the last global slump. Leiden: Brill, 2016. ↩︎
  15. Paulani, L. “Sobreacumulação, Financeirização, Rentismo e Assetização”. Lavinas, L., Martins, N. M., Gonçalves, G. L., & Van Waeyenberge, E. (org.). Financeirização: crise, estagnação e desigualdade. Editora Contracorrente, 2024. ↩︎
  16. Se adopta la concepción del Estado capitalista de Nicos Poulantzas, en «Poder político y clases sociales» (1968). ↩︎
  17. Zavaleta Mercado, René. René Zavaleta Mercado Ensayos 1975-1984 (Obra Completa II), Plural Editores, 2013, p. 563. ↩︎
  18. Bastos, Pedro Paulo Zahluth. Não existe alternativa? Considerações sobre o impacto econômico e a economia política do novo arcabouço fiscal (» Regime Fiscal Sustentável»). Revista NECAT-Revista do Núcleo de Estudos de Economia Catarinense, v. 12, n. 23, p. 26-46, 2023. ↩︎
  19. Pierre Manigat, Matari. El Leviatán Domesticado: las relaciones entre el capital financeiro y el Estado. Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Sociales, Ciudad de México, 2022, p. 221. ↩︎