La agresión estadounidense a Venezuela. Las motivaciones estructurales

El mayor dilema existencial de las élites estadounidenses en la actualidad es cómo sostener el privilegio exorbitante que obtiene del predominio del petrodólar, la verdadera fuente de su poder, puesto que determina la capacidad para financiar su domino global, al permitirles intentar alcanzar objetivos vitales, sin los cuales la economía de Estados Unidos corre el riesgo de dejar de ser operativa desde una posición de dominio global:

  1. Imprimir dólares de manera prácticamente ilimitada exportando parte de la inflación generada al resto del mundo
  2. Sostener enormes déficits que puede financiar en su propia moneda y en sus propios términos en su mercado de bonos
  3. Mantener la enorme flexibilidad a su política monetaria -como la flexibilización cuantitativa (QE) que aplicaron para enfrentar la llamada “Gran Recesión”- al tiempo que consigue sostener la estabilidad y confiablidad de su moneda

Se trata, básicamente, de un privilegio monetario que permite a su economía sostener déficits sin tener que hacer los ajustes que cualquier otra economía se vería obligada a llevar a cabo. Requiere, sin embargo, de un equilibrio entre ciertas condiciones que hagan posible contar con un sistema financiero dominante, una moneda de reserva global y mantener la estabilidad política interna, incluso cuando el consenso en torno al American way of life ya se había diluido.

Centralidad y dominio de su sistema financiero

Alrededor del 60% de las acciones globales que se negocian en los mercados de capital son estadounidenses. Este dominio les proporciona dos ventajas estructurales muy significativas: Por una parte, las empresas estadounidenses se financian en mejores condiciones que sus competidores; por otra parte, tanto en condiciones de auge como de turbulencia en los mercados internacionales, tiene gran capacidad para atraer capitales del exterior.

Este dominio financiero gestado en la segunda posguerra con los Acuerdos de Bretton Woods y reforzado al desacoplar el dólar del oro en 1971 (inconvertibilidad unilateral decretada por el presidente Richard Nixon), se sostiene en la vigencia del dólar como moneda de reserva global, que dota a Estados Unidos de la capacidad de imprimir toda la moneda que el mundo necesite para comerciar, invertir, financiarse, apalancarse y especular en dólares y sostener, de esta manera, el propio dominio del dólar.

La crisis de 2008, sin embargo, cimbró las bases de este sistema, como no lo habían hecho crisis financieras previas desde la “crisis del tequila” (1994), todas ellas, crisis de la financiarización, es decir, el dominio financiero sobre la producción y el comercio para generar rentas y concentrarlas, por la que Estados Unidos optó a costa de su competitividad productiva e industrial, acumulando enormes déficits fiscales y de balanza de pagos y un gigantesco endeudamiento, solo que en su propia moneda y a un costo que podía fijar discrecionalmente con su política monetaria. Las bases de este mecanismo quedaron exhibidas y expuestas a una enorme fragilidad.

La flexibilización cuantitativa como norma o nueva normalidad

Sostener ese dominio, sin embargo, acarreó graves distorsiones para la economía mundial, de las que la economía estadounidense no quedó exenta, entre las que cabe destacar el desacople de las tasas de interés respecto del ciclo económico. Desde 2008, las tasas de interés cayeron a casi cero (0.25%), debilitando severamente la capacidad de maniobra de la política monetaria para conducir el ciclo económico; aunque la enorme estabilidad de precios (denominada eufemísticamente como “la gran moderación” por el Presidente de la Fed, Allan Greespan), sirvió como plataforma para lo que se dio en llamar la “exuberancia irracional1, en referencia a las manías especulativas, que dio un importante impulso al apalancamiento financiero a bajo costo y a una elevada rentabilidad a la especulación financiera, como estratagema para favorecer la concentración del ingreso con base en el rentismo, la especulación y la deuda que, de esta manera, pasaron a formar parte de los mecanismos de la acumulación por desposesión, junto al extractivismo y otras prácticas favorecidas por la desregulación.

Esta política conocida como quantitative easing (QE) o “flexibilización cuantitativa”, se mantuvo hasta años recientes cuando, a consecuencia de las políticas para enfrentar los efectos económicos de la pandemia del COVID, las presiones inflacionarias volvieron a hacerse presentes y las enormes burbujas financieras que se cultivaban en el sistema financiero amenazaban con estallar y provocar un nuevo colapso sistémico2

Esta bacanal especulativa-rentista de creación de riqueza enteramente ficticia que se pretendía ilimitada ha generado un sistema económico adicto al dinero barato, en el que los fundamentos de la vieja ortodoxia y su disciplina fiscal y monetaria se vieron seriamente cuestionados teóricamente por las llamadas “políticas monetarias no convencionales”, que han favorecido, en los hechos, la riqueza financiera.

La lógica especulativa y la cultura de la ganancia infinita y rápida se exacerbaron con la política de QE, al institucionalizar el llamado “riesgo moral”, consistente en la certeza de los agentes de instituciones financieras consideradas “muy grandes para quebrar” (too big to fail) de que su riesgo sería cubierto, contribuyendo a una enorme irresponsabilidad y aventurerismo en la toma de decisiones y la impunidad subsecuente de los agentes sistémicos. Este riesgo moral -originalmente fincado en las actividades financieras- ha pasado ahora a las industrias que están fuertemente integradas a la seguridad nacional de Estados Unidos, como la inteligencia artificial (IA) y el espectro digital, bajo una suerte de “riesgo moral geopolítico3.

Pero hay otras actividades que se han beneficiado de esta dinámica, sobre cuyo auge se han establecido los contornos del capitalismo realmente existente, en el que la lógica de ganancia infinita con riesgos que el Estado está dispuesto a cubrir o que se pueden transferir con relativa rapidez a los mercados emergentes, por medio de la alquimia financiera y las llamadas “operaciones de cobertura”, con el aval de las instituciones de ese inframundo, como las agencias calificadoras de riesgo, y una regulación financiera a modo (laxa). Estas actividades son principalmente las que se desarrollaron primero en la cibernética y la computación y, más recientemente, en las tecnológicas digitales, la inteligencia artificial y la robótica, que dan forma la cuarta revolución industrial. Es muy importante tomar nota de esta nueva hegemonía de la acumulación del capital, porque será muy relevante para entender el accionar geopolítico del régimen de Washington y sus socios del Occidente colectivo.

Mantener la paz social en el marco del deterioro y en un entorno convulsionado 

Todo este proceso provocado por la propia dinámica de un sistema financiero predominantemente especulativo permitió a Estados Unidos seguir acumulando desequilibrios que pudo financiar a bajo costo, en tanto los inversionistas en estos mercados se apalancaban barato para adquirir activos financieros tan rentables como riesgosos, de muy dudosa calidad, con fines puramente especulativos; es decir, sin conexión con las actividades productivas y generadoras de empleo que seguían rezagándose respecto de la expansión especulativa. Todo lo cual tornó muy inestable al sistema financiero, cuya rentabilidad ficticia se mantenía con operaciones dentro del propio sistema (empresas que compraban sus propias acciones para inflar su valor y ejecutivos que cobraban comisiones millonarias por dichos incrementos, o que realizaban operaciones de ingeniería financiera o de carry trade mediante la toma de créditos en mercados con muy bajas tasas de interés para invertir en mercados con elevados rendimientos esperados que suelen ser volátiles, contribuyendo a exacerbarla con este proceder). Lo óptimo y saludable es que la rentabilidad financiera tenga un soporte o referente en rendimientos de actividades que generan riqueza tangible; sin embargo, se especulaba incluso con los instrumentos de cobertura de riesgo, el precio de las materias primas en los mercados de futuros y hasta con las hipotecas y la deuda de los estudiantes universitarios. Esta dinámica perversa resultó ser muy destructiva.

En este marco, las deudas de los Estados se dispararon, especialmente, en las economías “más avanzadas”, que debieron aportar recursos para contener la vorágine que se desató cuando la euforia se detuvo abruptamente por el colapso de los mercados, y debieron inyectar liquidez para “evitar la quiebra del sistema financiero”, pero sin establecer los correctivos requeridos en el modo de accionar de los beneficiarios de esos recursos que se aportaron ya sea para rescatar a las instituciones financieras como, posteriormente, para estimular la recuperación. Para enfrentar potenciales crisis de deuda, se pusieron en marcha políticas de ajuste que consistieron básicamente en la transferencia de recursos destinados a atender necesidades de las clases trabajadoras hacia las instituciones financieras “rescatadas”, la cancelación de programas y derechos sociales y laborales, pero sin generar nuevos empleos o con empleos en condiciones muy ventajosas para la rentabilidad del capital, provocando una sensible pérdida de bienestar y expansión de la pobreza. El desempleo, en sí mismo, favoreció el abaratamiento de la mano de obra, lo que contribuyó a expandir las ganancias de las empresas, parte de las cuales se destinaban a la especulación financiera. La crisis sirvió para desmontar lo que el neoliberalismo hubiera dejado en pie del viejo Estado de Bienestar que permitió la recuperación del capitalismo tras la Gran Depresión de los años 1930. En esta ocasión, sin embargo, lejos de avizorarse un intento de compensar parte de la cuantiosa pérdida sufrida por las clases trabajadoras a manos de las plutocracias y oligarquías, sobre todo financieras, se radicalizó el discurso ideológico que daría sustento a la lógica económica de la acumulación por desposesión y pillaje: el libertarismo.

La subordinación de la economía real a los mercados financieros tiene consecuencias. La crisis y la respuesta que se dio ahondaron la deslegitimación del sistema acabando con el consenso que lo sostenía. A falta de mecanismos de contención que la dinámica económica era incapaz de proveer, será el Estado el que tuvo hacerse cargo. Entre 2008 y 2025 los receptores de los programas de asistencia alimentaria (SNAP) pasaron, aproximadamente, de 26 a 42 millones de personas4. El Medicaid (seguro de salud público para personas de bajos ingresos) pasó de 43 a 70 millones de personas, con un pico histórico de 90 millones de personas en 2023, cuando finalizó la disposición de inscripción continua5. Durante el COVID, se entregaron 931 mil millones de dólares en forma de transferencias directas a los ciudadanos6. Por su parte, la clase media y los boomers encontraban cierta compensación en el mercado de valores. Según encuestas de Gallup publicadas en 2024 y 2025, aproximadamente el 62% de los adultos estadounidenses declara tener dinero invertido en el mercado de valores, ya sea a través de acciones, fondos de inversión o de pensiones. Los boomers son el segmento más expuesto, pero también el que más vota en las elecciones. Para este grupo, la estabilidad de la bolsa es vital, toda vez que el 72% de los estadounidenses entre 50-64 años y el 61% de los mayores de 65 años tiene sus pensiones en la bolsa de valores7. Las pensiones públicas suelen ser del orden de los US$2,000 mensuales, apenas por encina del ingreso que demarca la línea de la pobreza, que es de US$ 1,304 mensuales. De manera que el dinamismo de la bolsa no solo está vinculado a la necesidad de mantener el dominio de su sistema financiero, sino que, dadas estas condiciones, es también una cuestión de estabilidad social.

En este marco, la Fed hará lo que sea necesario para sostener a los mercados financieros, incluso imprimir todo el dinero que haga falta para estabilizarlos. Lo que hace tanto más urgente sostener el privilegio exorbitante, que le permite pasar el costo inflacionario a “alguien más”. En este contexto, resulta imperioso mantener la flexibilidad cuantitativa, disfrácese como se disfrace.

La impunidad del privilegio exorbitante está llegando a su fin…

Pasarle los costos a “alguien más” ha estado a la base de la gestión del sistema financiero internacional centrado en el dólar, como requisito para sostener su dominio, que a su vez es condición sine qua non para la hegemonía estadounidense.

La superioridad del hegemón se establece sobre las propias fortalezas, pero también sobre las debilidades de los rivales. El sistema financiero centrado en el dólar ha dado a Estados Unidos, adicionalmente, la capacidad de gestionar la dinámica del ciclo económico internacional, de acuerdo con sus intereses inmediatos y estratégicos, impactando en los precios de los productos, especialmente de aquellos que son exportaciones estratégicas de los rivales o que compiten con sus principales productos de exportación, o simplemente como estratagema para desestabilizar sus mercados financieros, provocar crisis, golpear sus fortalezas y exacerbar sus debilidades. Esto se puede constatar en el manejo sinuoso y hasta punitivo que hacen de la bolsa de derivados y commodities, el Chicago Mercantile Exchange – CME)8, del SWIFT9, de las agencias calificadoras de riesgo10 y de las propios Organismos Financieros Internacionales (FMI, BM, BIS), e incluso de la ONU y sus agencias, así como de la panoplia de ONGs corporativas y de otras organizaciones llamadas de la “sociedad civil” a través, especialmente, de sus agencias financiadoras.

El privilegio exorbitante gozó de cierta legitimidad mientras Estados Unidos observó el compromiso asumido en los acuerdos de Bretton Woods, proveyendo liquidez con su propia moneda y a través de los organismos financieros internacionales allí creados, cuya sede se estableció en Washington, en el marco de un sistema monetario basado en un patrón oro-dólar por el que los países miembros cedían el control de sus reservas de oro a cambio de dólares que Estados Unidos debía emitir en la cantidad necesaria para sostener el sistema con base en el libre comercio, a cambio de lo cual, quedaba exonerado de los ajustes por inflación o desequilibrio en la balanza de pagos, con la posibilidad de financiarse en sus propios términos y en su propia moneda.

Después de 1971, cuando Estados Unidos repudia la libre convertibilidad del dólar en oro e impone un patrón dólar sin sustento en el oro, esa legitimidad se perdió y Estados Unidos recurrió a la fuerza que el propio sistema le permitió consolidar y extender. El sistema se sostuvo mientras Estado Unidos tuvo capacidad para mantener a los OFI apegados a su encargo originario, pero a partir de 1971, la instrumentación de estos organismos ha rebasado todo límite, convirtiéndolos en auténticos brazos armados financieros para orientar en función de sus intereses la gestión de las políticas económicas, sobre todo, de los países en desarrollo. La crisis de 2008 provocó que la grieta de 1971 se convirtiera en fisura que tiende a extenderse poniendo límites a su capacidad para ejercer la dominación.

En 2001 un grupo de economías emergentes (Brasil, Rusia, China e India) se agruparon formalmente en lo que se conoció como los BRIC que llevó a cabo su primera cumbre en 2009 en Ekaterimburgo, Rusia, buscando generar una nueva arquitectura financiera internacional, reformando las instituciones y los criterios de gobernabilidad, con el propósito de establecer los mecanismos que permitieran a las economías en desarrollo blindarse del pillaje especulativo y las prácticas predatorias de las élites de los países capitalistas dominantes, al tiempo que pudieran prosperar. Desde 2010, con la incorporación de Sudáfrica se constituyeron como los BRICS. Tras la incorporación de Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Etiopía, Irán e Indonesia, y otros 11 Estados asociados, se denominan BRICS+. Un conjunto que representa el 40,4% de la riqueza producida en el mundo (medidas por su PIB-PPA) y el 51% de la población mundial. Para 2025, 5 economías del BRIC+ se encuentran entre las 10 mayores economías del mundo; y tres de ellas entre las 4 primeras (China, India y Rusia).

En un primer momento, la reacción de las élites globales, sus operadores y voceros fue condescendiente; estaban seguros de haber impuesto al mundo un mecanismo de acumulación que no podría revertirse. Disponían, incluso, de instituciones como el CIADI para atender las controversias que pudieran generarse por la inconformidad de las partes, es decir, empresas transnacionales y Estados, con un sesgo favorable a las transnacionales que no se han esforzado demasiado en disimular.

Sin embargo, con mucha paciencia y enorme asertividad estratégica, China, sobre la base de su fabulosa plataforma industrial, fue gestando la infraestructura y los mecanismos institucionales; ante la renuencia de los poderes globales dominantes, debió abandonar el objetivo de reformar el viejo sistema hegemónico y gestar, en su lugar, un sistema paralelo en camino hacia un orden multipolar. Su componente central es la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés), un megaproyecto global de infraestructura y comercio que moderniza rutas terrestres y marítimas con inversiones masivas en ferrocarriles, puertos y energía, conectando Asia, Europa, África y América Latina para fortalecer el comercio y la inversión. Se trata de una nueva lógica económica basada en la producción de bienes y servicios, el desarrollo tecnológico, con mecanismos de financiamiento que operen como auténtica palanca para los proyectos productivos y no como medio de extracción de excedentes y saqueo.

la expectativa en torno a un nuevo sistema económico internacional basado en la creación de riqueza compartida, que promete, resultó muy atractiva para las economías de los países oprimidos y saqueados por los capitales dominantes, que contaban para legitimarse con el apoyo de sus Estados, academias, medios de información, aparato cultural y sus fuerzas armadas.

De esta manera, se ha abierto una brecha que sigue creciendo entre las economías capitalistas centrales y las economías emergentes, que con sus propios objetivos y métodos han incursionado exitosamente en el desarrollo y la innovación tecnológicos, terrenos otrora monopolio de los centros dominantes. Este quiebre estructural ha marcado la pauta de la transición en curso, lo que incide en la virulencia con la que actúan las corporaciones del Occidente colectivo y sus Estados, enrareciendo las relaciones internacionales al punto de generar conflictos y/o exacerbarlos con una geopolítica confrontativa.

Energías limpias, Inteligencia Artificial y panóptico digital

Partiendo de la constatación de que la producción de dispositivos digitales, de energías limpias y su almacenamiento, y las redes a través de las cuales operan, así como la producción de inteligencia artificial y la infraestructura material que hace que todo esto funcione están fuertemente amalgamados con los hidrocarburos fósiles, los minerales críticos, las tierras raras y el suministro de agua en grandes cantidades, se puede establecer el marco analítico para estudiar la relación entre estos nuevos centros de acumulación y el dólar; en el entendido de que su control es, en sí mismo, crítico para el poder estadounidense. Y es precisamente en este ámbito en el que China ha retado de manera directa el poderío estadounidense y está ganándole la carrera por dotarse de las infraestructuras y los insumos para producir y poner en operación con ventaja esas tecnologías. Por lo tanto, el control de las reservas de estos recursos sea donde que sea que se encuentren, es estratégico para Estados Unidos.

Veamos algunos datos para mensurar la magnitud de la ansiedad estadounidense en la carrera tecnológica y, más específicamente por la IA:

“Los centros de datos estadounidenses consumieron 183 teravatios-hora (TWh) de electricidad en 2024, según estimaciones de la Agencia Internacional de Energía (AIE). Esto representó más del 4 % del consumo eléctrico total del país el año pasado y equivale aproximadamente a la demanda anual de electricidad de todo Pakistán. Para 2030, se proyecta que esta cifra aumente un 133 %, hasta alcanzar los 426 TWh”11.

Se estima que la demanda de electricidad de los centros de datos en todo el mundo crecerá un 16% en 2025 y se duplicará para 2030, según Gartner, Inc., una empresa de información empresarial y tecnológica.

Los analistas de Gartner estiman, adicionalmente, que el consumo mundial de electricidad de los centros de datos aumentará de 448 TWh en 2025 a 980 TWh en 2030 (…) De ese crecimiento, el 64% corresponderá exclusivamente a servidores optimizados para IA12.

“Dado que los centros de datos gestionan diversos tipos de cargas de trabajo, resulta difícil determinar la proporción exacta de su demanda total de electricidad proveniente únicamente de la IA. Sin embargo, un hiperescalador típico centrado en la IA consume anualmente tanta electricidad como 100.000 hogares. Se espera que los centros de mayor tamaño, actualmente en construcción, consuman 20 veces más, según predice la AIE.”13

Como se puede observar, la IA necesita un suministro de energía constante, masivo y que se pueda expandir.

La importancia de Venezuela para los suministros asociados a la producción y desarrollo de la IA

Con 303 mil millones de barriles de petróleo, Venezuela posee las mayores reservas de petróleo probadas del mundo, equivalentes a casi el 18% del total del suministro mundial, superando a las de Arabia Saudita. Ahora bien, Venezuela está bombeando petróleo muy por debajo de su potencial, en parte debido a las sanciones económicas, y Estados Unidos está urgido de recuperar ese potencial para apropiarse de los beneficios.

Sin embargo, Venezuela tiene más que petróleo. En la selva venezolana, en el Escudo de Guayana14, tienen ingentes depósitos de hierro, bauxita, níquel, cobre, zinc, oro y tierras raras. Materiales que hacen posible que la infraestructura digital funcione: los centros de datos, las baterías que almacenan energía y la fabricación de componentes de servidores, turbinas eólicas y paneles solares.

“El gobierno venezolano declaró recientemente 340 millones de toneladas de níquel y enormes recursos de cobre en su base de reservas, cifras que, de verificarse, pondrían a Venezuela a la par de las principales jurisdicciones mineras. También se han reportado importantes «arenas negras» como coltán (niobio-tantalio) y minerales de tierras raras con torio”15.

Ahora bien, Estados Unidos posee apenas el 2% de las reservas de tierras raras del mundo, mientras China y Brasil detentan más del 70%; en la actualidad China controla el 48% de esas reservas, el 69.2% de la producción minera total de tierras raras, el 90% de su procesamiento y refinan el 99% de las tierras raras pesadas16. Se proyecta que para 2030, su dominio en el refinado de litio, tierras raras, cobalto y grafito será abrumador, superando el 60%17. Los chinos “ofrecen programas de química de tierras raras en 39 universidades de todo el país, mientras que Estados Unidos no cuenta con programas similares”18. Tienen normativas rigurosas para el control de las exportaciones con potencial uso militar, un factor de disputas geopolíticas con Estados Unidos. Por otra parte, con base en su abrumadora cuota de mercado, China puede impactar significativamente en los precios mundiales de estos recursos19. Adicionalmente, “China suministra más del 50% de la demanda estadounidense de 21 productos minerales no combustibles”20. Para Estados Unidos es estratégicamente inconcebible construir su infraestructura de IA dependiendo de los minerales chinos; pero eso, va a buscarlos a Venezuela.

La energía nuclear permitiría incorporar eficazmente a las energías renovables en la alimentación de los centros de datos; Venezuela también dispone de recursos para su producción.

El crecimiento esperado de la demanda energética de los centros de datos para 2030 será de 160%, de acuerdo con proyecciones de Goldman Sachs Research: Las energías renovables tienen potencial para satisfacer parte de esas necesidades, sin embargo, “en ciertos momentos del día, no producen energía con la suficiente regularidad como para ser la única fuente de energía para los centros de datos”, más allá de resolver los problemas de almacenamiento de las energías eólica y solar, “se necesita algún tipo de generación de carga base para satisfacer la demanda ininterrumpida», y aquí es precisamente donde la energía nuclear puede hacer una aportación muy significativa. Como sea, lo más probable es que se recurra a una combinación de fuentes de energía para mantener en funcionamiento permanente los centros de datos21. Esta es la razón por la que la administración Trump, se ha fijado el objetivo de “expandir la capacidad de energía nuclear de Estados Unidos de aproximadamente 100 gigavatios (GW) en 2024 a 400 GW en 2050”22.

De manera que la IA necesita energía nuclear para mantener los servidores encendidos permanentemente, así como minerales críticos para construir toda su infraestructura. La infraestructura física requiere de tres cosas en las que Venezuela puede aportar:

1. Energía constante y abundante para mantener los centros de datos funcionando sin interrupción

2. Minerales críticos para fabricar servidores, cables, baterías; la infraestructura física en su conjunto

3. Cadenas de suministro controladas sin dependencia de adversarios geopolíticos que puedan cortar el acceso, para lo cual su cercanía geográfica a Estados Unidos es una ventaja en sí misma, aunque habría que desembarcar a China de Venezuela.

Ahora bien, Obama declaró en 2015 a Venezuela una amenaza inusual y extraordinaria a la seguridad nacional y a la política exterior, aunque desde la llegada del Comandante Hugo Chávez a la presidencia en diciembre de 1998, pero más específicamente desde 2001, cuando se promulgó la Ley de Hidrocarburos, Estados Unidos ha intentado fallidamente socavar y aniquilar el proyecto bolivariano, incluso con un intento de golpe que fue derrotado por el pueblo venezolano en las calles, dando inicio a una auténtica guerra económica que incluyó huelga petrolera y empresarial, sabotaje, sanciones, intentos de magnicidio, intentos de invasión, guerra psicológica y mediática, así como esfuerzos por aislar internacionalmente a la República Bolivariana de Venezuela, hasta llegar a la intervención armada del pasado 3 de enero y el secuestro del Presidente Nicolás Maduro.

De manera que Estados Unidos se ha constituido en un enemigo activo de Venezuela como para pretender acceder a los recursos estratégicos venezolanos que necesita como socio. Adicionalmente, el narcisismo de Trump y la desesperación del imperio por su creciente rezago en la competencia tecnológica con China, la guerra que Rusia está ganado en Ucrania, la incapacidad para doblegar a rivales que percibe como menores o insignificantes, pero que no solo no puede derrotar, sino ni siquiera someter (Irán, Cuba, Corea del Norte), menos ahora que cuentan con mecanismos alternativos para establecer vínculos económicos no basados en la dominación, aunado a las presiones que generan las dificultades por las que está pasando la economía estadounidense y las urgencias que plantea la próxima elección de medio término, especialmente a Trump, que se juega allí la segunda mitad de su mandato, la probabilidad de una destitución y su obsesivo deseo de pasar a la posteridad como él, en su narcisismo, se percibe.

La ansiedad del imperio en declinación

Trump busca incrementar la reserva estratégica de petróleo de EU, así como «su» cuota de producción mundial, para poder impactar en la determinación del precio internacional y hacer de contrapeso a la OPEP para mantener elevada la cuota de petróleo que se negocia en dólares, incidiendo en las decisiones de moneda elegida para vender petróleo de otros productores, como Arabia Saudita. Lo que es vital para lo sobrevivencia del petrodólar y hegemonía global de Estados Unidos.

La nueva dinámica del imperialismo estadounidense fagocitada por la acelerada pérdida de capacidad para determinar unilateralmente el curso de los acontecimientos globales, en particular, de la transición en curso; lo ha tornado más agresivo, optando por un reposicionamiento global en el que la posesión exclusiva y excluyente del “Hemisferio Occidental” se convierte en su plataforma para la disputa global con sus mayores rivales, especialmente, con China, a la que pretende expulsar del Continente. Sin embargo, hay fuertes presiones sobre la economía estadounidense: una gigantesca deuda de 38 billones de dólares, que es una burbuja en sí misma que confluye con la burbuja digital, más específicamente de la IA; lo que complejiza aún más el panorama de la disputa global para Estados Unidos. Sin embargo, hay un trasfondo más amplio que no se debería de perder de vista: hay 2,400 billones de dólares de deuda especulativa en los mercados financieros. Tal es la dimensión de la burbuja financiera. En 2007, el monto era de 1,600 billones de dólares, pero el QE, la continuidad especulativa que lejos de corregirse tras la crisis de 2008 se intensificó y el boom de las criptomonedas, entre otras dinámicas perversas, lo multiplicaron. Aquí reside la urgencia de Trump por bajar las tasas de interés: si la burbuja no se alimenta con apalancamiento financiero, estallará.

Otra fuerza expansiva de la burbuja financiera es el gasto militar. Trump lo incrementó en 50% para este año, fijándolo en 1.5 billones de dólares, en un presupuesto total de 7 billones de dólares. El pago de intereses de la deuda es de 1 billón de dólares. En conjunto, gasto militar y pago de intereses, absorben el 35% de un presupuesto que tiene un déficit de 2 billones de dólares que deberán financiar. Ambos componentes del gasto terminan en las arcas de Wall Street debido a que las 5 mayores corporaciones financieras tienen participaciones mayoritarias en la propiedad de las 6 mayores empresas del Complejo Militar Industrial. De acuerdo con un estudio del Centro Delas d’Estudis per la Pau, la banca internacional ha canalizado a las empresas armamentísticas alrededor de 280 mil millones de dólares, entre 2022 y 2024. Los inversionistas han mantenido o aumentado su participación (acciones y bonos) en empresas que fabrican armas, superando los 500,000 millones de dólares en total invertidos en fabricantes de armas nucleares. A ello se suman los préstamos directos otorgados por la banca23.

Estados Unidos tiene que resolver su dilema: encontrar las fuentes de energía que le permitan sostener la carrera por la IA con China, en tanto sostiene los mercados de petróleo lo suficientemente vitales para que el dólar pueda intentar sostenerse en un contexto en el que está emergiendo una arquitectura financiera internacional alternativa que tiende a desplazarlo, mientras su sistema financiero acumula graves tensiones que podrían levarlo a la eclosión. Lo que plantea la posibilidad de acabar con el militarismo y la guerra derrotando al aparato financiero. De allí que China no tenga prisa por responder a las provocaciones, agresiones y bravatas del habitante de la Casa Blanca, puesto que avanza en la reconfiguración del sistema financiero. 

En su afán por apropiarse de Groenlandia “para que Rusia ni China lo tomen”, Trump ha provocado un cisma en el Occidente colectivo. Al imponer aranceles a los países europeos que se oponen a su pretensión ha conseguido que el canciller alemán Friedrich Merz recuerde que Rusia es un país europeo y abogue por una reconciliación; que el presidente francés Emmanuel Macron envíe un contingente militar a Groenlandia; o, incluso, que el primer ministro británico Keir Starmer se manifieste de parte de Dinamarca. Por su parte, el Parlamento Europeo ha dejado en suspenso la aprobación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos. Diera la impresión de que los europeos cobran consciencia de que, en conjunto, son un importante acreedor de Estados Unidos y, de hecho, su mayor fuente de inversión extranjera directa (alrededor del 60% del total a finales de 2024). La medida del fracaso de su guerra santa arancelaria la da el primer ministro canadiense Mark Carney visitando China, no solo para buscar una alternativa a su dependencia comercial de Estados Unidos, sino para “impulsar un nuevo orden mundial”. A despecho de la expectativa del mandatario estadounidense, la guerra arancelaria ya mostró sus límites y efectos contraproducentes: la reconfiguración comercial está orillando a sus socios comerciales a buscar alternativas, incluso con China; todo lo cual confirma a la potencia asiática que no necesita responder a cada espasmo del magnate estadounidense y que tejer vínculos económicos basados en el respeto mutuo a la soberanía podría conducir a una transición sin necesidad de otra guerra, porque después podría no haber futuro.

La aspiración de mantener la hegemonía unipolar muestra que el verdadero sentido del “America First” no es ocuparse prioritariamente por los problemas de Estados Unidos, sino “America Uber Allen”, prevalecer por sobre todos los demás. Más allá del panorama poco alentador para esta obsesión, el objetivo estratégico de Estados Unidos en Venezuela es derrotar el ejemplo de la Revolución Bolivariana, haciéndola fracasar.

Es este conjunto de elementos los que enmarcan la estrategia estadounidense frente a Venezuela.

  1.  La exuberancia irracional describe el entusiasmo desmedido de los inversionistas que infla los precios de los activos (acciones, bienes raíces, deuda, etc.) muy por encima de su valor fundamental, creando burbujas especulativas impulsadas por percepciones y tendencias sociales (lo que se conoce en el argot financiero como “efecto manada”), no por la razón o fundamentos económicos sólidos, y que eventualmente terminan en colapsos de mercado, como la burbuja puntocom o la crisis de la vivienda de 2007. El término fue popularizado por Alan Greenspan en 1996 y analizado a fondo por el economista Robert Shiller, ganador del Nobel de Economía, quien advierte sobre estos ciclos de euforia y pánico en los mercados financieros.  ↩︎
  2. Las tasas se ubicaron en un rango de 5.25%-5.50% en 2022-2023, pero volvieron a bajar a partir de 2024 para ubicarse en un rango de 4.50%-4.75%, que Trump exige a la Fed bajar más, ejerciendo presiones extremas como buscar la destitución de su presidente Jerome Powell, cuyo mandato concluye en mayo de 2026, con una investigación penal del Departamento de Justicia por supuesta corrupción y uso indebido de recursos. Tiene prisa el régimen de Washington. ↩︎
  3. El riesgo moral geopolítico se refiere a la situación en la que un país, actor estatal o no estatal adopta comportamientos más arriesgados, agresivos o irresponsables en el escenario internacional, porque cree que no asumirá todas las consecuencias de sus actos. Esta percepción de impunidad o respaldo por parte de una potencia superior o la comunidad internacional incentiva la imprudencia, trasladando los costos finales a terceros (contribuyentes globales, otras naciones o la estabilidad económica internacional).  ↩︎
  4. Pew Research Center, “What the data says about food stamps in the U.S.↩︎
  5. Elizabeth Willians, et all, “Medicaid Enrollment & Spending Growth: FY 2025 & 2026”. ↩︎
  6. US Government Accountability Office (GAO), “Stimulus Checks: Direct Payments to Individuals during the COVID-19 Pandemic”. El total de ayudas entregados a través de diversos programas, durante el COVID-19 podría superar los 4,2 billones de dólares, sin embargo, hay estimaciones que indican una pérdida del 10% de estos recursos por estafa y robo, que fueron posibles debido a la falta de control del gobierno. Hasta junio de 2013, se informó, que “el gobierno de Estados Unidos ha acusado a más de 2.230 personas de fraude relacionado con la pandemia, mientras que cientos de investigaciones adicionales están en marcha”.
    OCCRP, “US: Billions of Dollars Lost in COVID-19 Relief Fund Fraud↩︎
  7. American Stock Ownership Hits Near-Record Levels”. Gallup, “¿Qué porcentaje de estadounidenses posee acciones?↩︎
  8. El Chicago Mercantile Exchange es un mercado global de derivados financieros, parte del CME Group, donde se negocian contratos de futuros y opciones sobre tasas de interés, índices bursátiles, divisas, materias primas (agrícolas, energéticas, metales) e incluso inversiones alternativas como clima y bienes raíces. Es el mercado de derivados más grande del mundo, que permite a inversores y empresas gestionar riesgos y especular sobre movimientos futuros de precios en una plataforma electrónica (Globex) y física. ↩︎
  9. Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication es una red que los bancos utilizan para comunicarse entre sí de forma segura, principalmente para transmitir órdenes de transferencia de fondos entre cuentas. Aunque SWIFT es un componente fundamental del sistema de pagos mundial, la red en sí la utilizan 11.000 entidades financieras y más de 200 países y territorios únicamente para enviar y recibir mensajes.  ↩︎
  10. Las calificadoras de riesgo son agencias independientes que evalúan la solvencia crediticia de empresas, gobiernos e instrumentos financieros, asignándoles una calificación (o rating) para indicar la probabilidad de que cumplan sus obligaciones de pago, ayudando a los inversionistas a tomar decisiones informadas sobre el riesgo y la rentabilidad de sus inversiones. Las más conocidas son Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch Ratings, que usan escalas alfabéticas (como AAA, BBB, C) para reflejar el nivel de riesgo, desde bajo (grado de inversión) hasta alto (especulativo).  ↩︎
  11.  Pew Research Center, “What we know about energy use at U.S. data centers amid the AI boom”; IEA, “Energy demand from AI↩︎
  12. Gartner, “Gartner Says Electricity Demand for Data Centers to Grow 16% in 2025 and Double by 2030↩︎
  13. Pew Research Center, “What we know about energy use at U.S. data centers amid the AI boom”. IEA “Executive summary↩︎
  14. El «Escudo de Guayana» en Venezuela se refiere al Escudo Guayanés, una antigua formación geológica que ocupa el sureste del país, caracterizada por sus tepuyes (montañas de cima plana), selvas tropicales, abundante biodiversidad y ricos recursos minerales como hierro y bauxita, siendo una de las regiones más antiguas y salvajes del planeta, compartida con otros países sudamericanos. No es un escudo nacional (como el de Venezuela), sino una vasta región geográfica y geológica con un gran valor ecológico y de recursos naturales.  ↩︎
  15.  Investor News, “Venezuela’s Resource Paradox: Critical Minerals, Oil, and the Price of Mismanagement↩︎
  16.  Xataka, “La clave del éxito de China con las tierras raras no son las tierras raras: es el imán↩︎
  17. Cody Good, Visual Capitalist, “China Still Dominates Critical Mineral Refining in 2030↩︎
  18. Keith Bradsher, The New York Times, “U.S. Dependence on China for Rare Earth Magnets Is Causing Shortages↩︎
  19. China Briefing, “Elementos de tierras raras: Comprendiendo el dominio de China en las cadenas de suministro mundiales↩︎
  20. Le Grand Continent, “Desde Groenlandia hasta China, la geopolítica de Donald Trump está estructurada por una obsesión: las tierras raras↩︎
  21. Goldman Sachs, “Is nuclear energy the answer to AI data centers’ power consumption?↩︎
  22. Aparajita Dutta, para Zacks, “Will Trump’s Push to Quadruple US Nuclear Capacity Benefit OKLO Stock?↩︎
  23. Carbonell, Max y Jordi Calvo, “El negocio de los bancos en el belicismo global”. Centre Delàs d’Estudis per la Pau, marzo 2024. ↩︎