ANTES QUE HISTÉRICAS, HISTÓRICAS

Por el aborto legal en Argentina

I. No está bien, está mal

El final del primer recorrido legislativo es conocido: en Argentina, tras la sesión del 8 de agosto de 2019, el Senado de la Nación rechazó el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, que contaba con media sanción de la Cámara de Diputados.

El proyecto fue presentado por la Campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito por primera vez en 2007. Lo plantearon siete veces más, hasta que tomó estado parlamentario. La discusión en el Senado, pese al frío y la lluvia, fue acompañada de una vigilia histórica de miles de personas en las calles, la mayor que haya acompañado un debate legislativo.

Se considera que desde el retorno de la democracia en 1983 hasta 2016 murieron al menos 3 mil 40 mujeres por legrados clandestinos, según datos oficiales del Ministerio de Salud. Y en el país se practican entre 370 mil y 520 mil abortos anuales.

En el plenario de comisiones previo a la discusión en el Congreso, la senadora antiderechos por la provincia de Tucumán Silvia Elías de Pérez sugirió que el síndrome de Down es una enfermedad incurable y que los abortos se iban a recomendar como parte de una estrategia eugenésica. El biólogo e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas Alberto Kornblihtt le respondió en uno de los momentos clave del intercambio que lo sostenido por ella no está bien.

II. ¿Qué pasa cuando nuestra perrita se preña?

El aborto en Argentina es no punible en determinadas situaciones desde 1921: cuando se hace a fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la gestante o si se trata de un embarazo producto de violación o atentados contra el pudor de una “idiota o demente”, según el Código Penal.

Pese a esta larga data, las causales referidas eran recurrentemente vulneradas por equipos médicos u organizaciones autoproclamadas engañosamente “pro vida”, y se judicializaban los casos. Para dar claridad a las fallidas interpretaciones, en 2012 la Corte Suprema de Justicia de la Nación dictó el fallo FAL, que lleva las iniciales de la madre de una adolescente violada por el padrastro. La determinación ratifica que en todos los casos de violación, el aborto es legal y, por tanto, resultan innecesarias e ilegales las judicializaciones, que en definitiva demoran procesos necesitados de rapidez en las intervenciones.

Tras la sesión del 13 de junio de 2019, la Cámara de Diputados aprobó la media sanción del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo: 129 votos a favor. Alianzas entre diputados de diferente signo político, horizonte, lucha y organización feminista son algunas postales dejadas por el primer tramo a un paso de la ley. En términos generales, el proyecto proponía garantizar el derecho en todos los casos a la interrupción voluntaria del embarazo, incluso hasta la semana 14 de la gestación. La expresión pública era tal que ya cabía hablar de la despenalización social del aborto.

Entre quienes votaron contra el derecho al aborto se encuentra la diputada por la provincia de Corrientes Estela Regidor. En su exposición comparó a las embarazadas con perritas: “a las mascotas nunca las llevaríamos a abortar […] siempre se sale a ver a quién regalamos los cachorros”.

III. Abortamos hermanadas, abortamos en manada

En Argentina, la lucha por el aborto legal tiene una extensa genealogía. Imprescindible mencionar a Las Pioneras, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, las Socorristas, Católicas por el Derecho a Decidir, las reunidas en los más de 30 Encuentros Plurinacionales de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis y no Binarias, los jóvenes de pañuelo verde que salieron a la calle con el movimiento Ni una Menos, cuya primera edición fue el 3 de junio de 2015, quedando en la agenda feminista para siempre.

La marea verde que colmó los alrededores del Congreso durante los debates de diputadas y senadores, y que participó en las actividades de visibilización llevadas a cabo antes y durante el primer tratamiento legislativo, y tras él, puede ser pensada como el resultado de ese intercambio generacional que nutrió las vidas de todes.

La enorme organización que significó la movilización por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito amplió nuestra ciudadanía, en el marco de la lucha por la soberanía y la reivindicación de la sexualidad como fuente de placer. Logró cuestionar la clandestinidad en los diarios, la televisión, los ámbitos laborales y educativos. Confirmó que la historia era narrada de manera incompleta producto del silencio impuesto sobre el tema, que la competencia que siempre se intenta instalar sobre todo entre identidades feminizadas no es real. Que “salvemos las dos vidas” significa sólo disciplinar algunos cuerpos y dotar de impunidad a otros. El aborto salió del clóset y el negocio, y la sociedad salió del tupper.

IV. Nuestra llama no se apaga más

Cuando finalizaba el primer debate en comisiones se cumplían 12 años de la muerte de Ana María Acevedo, en Santa Fe, quien tenía 19 años y 3 hijos cuando los médicos la dejaron morir: ante el diagnóstico de cáncer en la mandíbula, no le dieron el tratamiento correspondiente porque estaba embarazada. Norma Cuevas, la mamá, reclamó un aborto terapéutico para salvarla; no se lo practicaron. A las 22 semanas de gestación le realizaron una cesárea. La criatura sobrevivió 24 horas, y Ana María murió días después.

A ese trato deshumanizante le dijimos que no. La hipocresía de una sociedad que pretende mirar para otro lado cuando se asesinan mujeres en nombre de la moral, cuando niñas son violadas, cuando se criminaliza la pobreza, se fue erosionando. Dijimos que no a la exigencia de cumplir el mandato de la maternidad obligatoria.

Es resaltable el carácter festivo que recubre la lucha: las muertas, mutiladas y criminalizadas por abortos clandestinos, crímenes de Estado, pero la lucha por torcer esos destinos reviste la alegría del encuentro, de saber que no estamos solas, de que es un tema de todes. La deuda de la democracia con los cuerpos gestantes será saldada con la lucha feminista y popular, y reducir de manera colectiva los márgenes del poder represivo supone siempre una fiesta.

V. Nacional, popular, democrático y feminista

El 10 de diciembre de 2015 asumió el gobierno nacional argentino la alianza Cambiemos. El entonces presidente, Mauricio Macri, manifestó que permitiría el debate sobre el aborto, y después aclaró que está “a favor de la vida”.

La política de Cambiemos en el gobierno se caracterizó por la transferencia de ingresos de los sectores vulnerables a los más privilegiados y el aumento exponencial de la pobreza, despidos masivos, endeudamiento externo galopante y aumento descontrolado de la inflación. Algunos ministerios perdieron ese rango y pasaron a ser secretarías. El primer paro a este gobierno lo hizo el movimiento feminista: travestis, trans, lesbianas y mujeres cis paramos por primera vez el 19 de octubre de 2016; fue el colectivo de mayor gravitación en términos de resistencia al embate neoliberal de Cambiemos.

Una de las senadoras que votó a favor del proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo en 2019, Cristina Fernández de Kirchner, fue presidenta de la nación durante dos períodos: criticada cuando estuvo al frente del Poder Ejecutivo por no saldar la deuda de la democracia con las personas con capacidad de gestar y no propiciar la creación de una ley de IVE al respecto, se le reconoció por fomentar y sostener desde el Estado políticas públicas que garantizaron la autonomía y la equidad de género.

En su exposición en el Senado, la ex presidenta exhortó a incluir en la propuesta nacional popular y democrática la cuestión feminista. Argumentó haber sido convencida por las miles de jóvenes que habían salido a las calles.

En la actualidad, Cristina Fernández de Kirchner es la vicepresidenta electa por el Frente de Todes. El nuevo gobierno, al mando de Alberto Fernández, devolvió el rango de ministerio a los asuntos de salud y creó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, entre otras medidas relevantes. El actual presidente y los funcionarios a cargo de ambas carteras se han manifestado a favor de una política que universalice el acceso a la salud pública y garantice la equidad de género.

La memoria es ese ejercicio a partir del cual construimos presente y futuro resignificando el pasado. El presente es feminista, y el Estado nos debe la reparación de una violencia sistemática que ejerció sobre nuestros cuerpos y subjetividades garantizando un derecho postergado. Que sea ley.