ELECCIÓN 2021: LO QUE ESTÁ EN JUEGO

En los comicios de junio se elegirán 300 diputados federales por mayoría simple, 200 plurinominales, un senador, 15 gubernaturas, mil 63 diputados locales y mil 926 ayuntamientos y juntas municipales. Es decir, estará en disputa la Cámara de Diputados, la mitad de los ejecutivos estatales y la mayor parte de los gobiernos municipales.

A contrapelo de lo que pudiera sugerir la proliferación de siglas, colores y emblemas partidistas, las elecciones en puerta no son un ejercicio de múltiples opciones políticas, sociales y económicas sino la confrontación entre dos posiciones: la que respalda la continuación y profundización de la Cuarta Transformación y la que promueve la parálisis y, a fin de cuentas, la destrucción de los cambios realizados en México en los últimos dos años y medio. En  términos electorales no hay posturas intermedias. Hasta las autoridades electorales (el INE, el Tribual Electoral y la mayor parte de los organismos estatales) han tomado partido.

Esta polarización parece nueva pero no lo es. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador no la ha propiciado; simplemente ha puesto en evidencia la existencia de dos proyectos que desde 1988 se han disputado el poder político con propósitos antagónicos: una de ellas, el neoliberalismo oligárquico, utilizó el control de las instituciones (conquistado y refrendado a la mala, es decir con sucesivos fraudes electorales) para transferir la mayor parte de la propiedad nacional a manos privadas, someter al país a una dependencia estructural ante Estados Unidos, concentrar la riqueza en unas cuantas manos y conformar una clase política cohesionada por medio de la corrupción, los negocios ilícitos y los saqueos al erario; el otro, despojado de la Presidencia por adulteración de los resultados y distorsión de la voluntad popular en 1988, 2006 y 2012, busca restaurar en el gobierno el sentido de lo público, poner fin a las complicidades corruptas entre funcionarios y empresarios, recuperar la soberanía nacional, implantar una democracia efectiva y pacificar el país.

Se denomine PRI, PAN, PRD o Movimiento Ciudadano, la reacción neoliberal es autoritaria y  prohibicionista por principio, en tanto que el proyecto transformador es promotor de las libertades y los derechos; la primera es individualista y elitista, en tanto que la segunda se plantea como prioridad el cuidado del interés colectivo y del bien común; la primera promueve un modelo de desarrollo basado en la acumulación personal y corporativa, la explotación inmoderada del trabajo y la depredación del entorno humano y social; la segunda, en cambio, impulsa un desarrollo desde abajo y sin exclusiones, defiende los derechos laborales y el salario y propone la preservación del tejido social y del medio ambiente.

Aunque en 2018 la oligarquía reaccionaria perdió la Presidencia y el control del Legislativo, conserva el dominio de casi todos los medios informativos, invierte enormes sumas de dinero para crear tendencias en las redes sociales e impulsa campañas para desinformar y confundir a la opinión pública, y ha buscado posicionarse como ambientalista, feminista, legalista, democrática y promotora de los derechos humanos y del Estado de derecho, es decir, como lo contrario de lo que es y ha sido. Fuera de ese disfraz, no tiene nada que proponer al electorado.

La Cuarta Transformación, por su parte, ha estado empeñada en atender las necesidades más urgentes de los más desfavorecidos y de los grupos vulnerables, revertir el grave deterioro ecológico del país, ampliar las libertades, defender los derechos humanos, impulsar la observancia de las leyes, poner fin al saqueo del erario, y limpiar la corrupción en todas las instituciones públicas, pertenezcan o no a la esfera del Ejecutivo federal. En esas tareas ha resultado fundamental contar con mayorías legislativas que permitan aprobar presupuestos redistributivos, instituir políticas de justicia social, reformar leyes que fueron aprobadas por el régimen neoliberal para facilitar el despojo y el saqueo e impulsar la construcción de un marco legal realmente democrático y soberano.

Por eso, la oposición reaccionaria y sus partidos buscan arrebatarle a los partidos de la 4T la mayoría en las cámaras; si lo consiguieran, lograrían revertir los programas sociales, descarrilar el programa de cambios que recibió el respaldo mayoritario de la sociedad en 2018 y atar las manos al gobierno de López Obrador en la segunda parte de su mandato; con ello, calculan, podrían debilitar la 4T hasta el punto de desalojarla de la Presidencia en 2024 para regresar a México a los tiempos del Calderonato y el Peñato.

En realidad, el proyecto transformador no sólo necesita conservar las bancadas mayoritarias sino también ampliarlas hasta la mayoría calificada (dos tercios), con el propósito de emprender tres reformas constitucionales fundamentales: se requiere, en primer lugar, de una reforma política que quite el control de los organismos electorales al poder oligárquico y lo ponga en manos de la sociedad, es decir, con funcionarios y jueces electorales electos por el pueblo, y no en oscuros conciliábulos de la clase política; es necesario, además, emprender una reforma del Poder Judicial que permita fiscalizar a jueces y tribunales, tan proclives a la justicia a modo, la prevaricación y los fallos a favor de los económicamente poderosos; en tercer lugar, es impostergable una reforma energética para limpiar la Constitución de los injertos privatizadores y entreguistas que le fueron añadidos en el marco del llamado “Pacto por México”, a inicios del sexenio anterior.

Pero además, el rescate, la reconstrucción y la regeneración del país necesitan que los partidos de la 4T ganen el mayor número posible de gubernaturas, ayuntamientos y mayorías en congresos estatales, a fin de disolver pactos mafiosos como la “Alianza Federalista”, mediante la cual la oligarquía reaccionaria se ha atrincherado en diversas entidades para oponerse activamente a la transformación de México.

Por eso es fundamental olvidarse por ahora de descontentos locales (justificados o no) con las candidaturas de la coalición Juntos Hacemos Historia; cada sufragio, independientemente del nivel de gobierno, el estado o el municipio en que se emita, será un fallo a favor o en contra de los logros gubernamentales de los últimos cinco semestres; será un voto por el avance o por la regresión; por  el futuro o por el pasado; por la esperanza o por la impotencia.