REALISMO Y POLÍTICA EN LA HUNGRÍA SOCIALISTA. A PROPÓSITO DE LUKÁCS

El Lukács que regresó a Hungría tras el exilio moscovita era un intelectual lleno de esperanzas y expectativas en el futuro, pues sentía que pasaba “de un sentimiento de alienación a una oposición activa”[1]. Encontró un país y una ciudad, Budapest, destruida por la guerra y ocupada por el Ejército Rojo para garantizar un futuro socialista en Hungría. Si bien había presencia de fuerzas políticas no socialistas, el Partido Comunista y su aliado, el Partido Socialista, jugaban un obvio rol central. El Partido Comunista Húngaro albergaba en su interior dos almas: la primera, de estricta observancia estalinista, estaba representada por aquellos que habían emigrado a Moscú, como el secretario del partido, Mátyás Rákosi; la otra, estaba representada por quienes habían emigrado a Occidente y sostenían tendencias más abiertas y democráticas. Esta dicotomía reflejaba la de los primeros años del siglo, cuando la cultura húngara se dividía entre lo “popular” (nepiek), más ligado a las tradiciones nacionales húngaras, y lo “urbano” (urbanok), que miraba al Occidente más progresista y liberal. Por razones objetivas y teóricas, Lukács se encontraba en una posición intermedia entre estas dos corrientes: había emigrado a Rusia, pero era un comunista abierto y democrático. En las elecciones de noviembre de 1945 el Partido Agrario alcanzó la mayoría absoluta, pero el mando soviético impuso un gobierno de coalición encabezado por Rákosi.

Lukács regresó a Budapest el 28 de agosto de 1945, después de la liberación de su hijastro Ferenc Jánossy del gulag estalinista. Había estado desaparecido prácticamente por 25 años, más el periodo de clandestinidad por el que pasó en los años veinte. La vida intelectual húngara había estado profundamente marcada por el régimen fascista, que de alguna manera había obtenido el consenso entre las masas campesinas. Naturalmente, el consenso fascista apuntaba al distanciamiento de las masas mediante la fetichización de la psicología social y la pedagogía nacionalista. Cualquier tendencia liberal y progresista había sido cancelada. Para Lukács era necesario resanar “la separación general entre liberalismo y democracia y [superar] el progresivo debilitamiento y despojo de esta última que se refugia en el movimiento obrero socialista”[2]. Era el proyecto político y social que el Partido Comunista iba a proponer a la sociedad civil húngara.

Lukács, siendo un renombrado pensador comunista, Comisario de Cultura durante la República de los Consejos, y quien, al salir de Moscú, había tenido un fructífero período de estudios y publicaciones, tuvo que afrontar esta sorda hostilidad. En el fondo, le convenía la soledad de sus estudios puesto que en Budapest le esperaba una intensa actividad como profesor y político. Lukács estaba consciente de este clima de hostilidad sorda, sabía que encontraría pocos amigos, pero la idea de volver a su patria le atraía profundamente por lo que decidió afrontar esta enésima aventura de su vida. En Budapest encontrará los primeros y muy pocos estudiantes, no más de seis o siete, a los que consideraba “prometedores”. Estaba particularmente orgulloso de que su marxismo sea reconocido como “subjetivamente auténtico, no simplemente aprendido o aceptado”[3]. Se hizo amigo de importantes intelectuales como Tibor Déry y Gyula Illyés. Adoptó una posición prudente frente a la política cultural estalinista, participando en manifestaciones individuales y aprovechando también la sustancial indiferencia de los líderes del Partido Comunista por las cuestiones teóricas. Indiferencia calculada, porque la independencia teórica de Lukács[4] sirvió para acercar al Partido Socialista, aún independiente en los dos primeros años después de la guerra, y dar la impresión de una democratización interna del Partido Comunista; una vez unidos los dos partidos, Lukács será marginado como un intelectual antipartido.

En este periodo, la producción de Lukács en húngaro se vuelve mayor que la en alemán. Las cuestiones relativas a la situación política, social y sobre todo cultural en Hungría son el centro de su atención. Los esfuerzos de Lukács están dirigidos a indicar cuáles son las tareas del Partido Comunista para atraer a las masas de trabajadores húngaros, reemplazando la movilización fascista y antisemita de los años del régimen de Horthy. Es necesaria, por tanto, una cierta claridad para evitar confusiones y malentendidos que, en última instancia, marquen una ruptura definitiva con el pasado fascista del país. Lukács retoma el programa de sus Tesis de Blum, es decir, la alianza entre la clase trabajadora, los campesinos y los intelectuales que se da dentro del Partido Comunista, que él llama “democracia popular”, “en la que la propiedad capitalista privada subsiste, aunque esté sujeta a límites, controles, etc. pero en la que, sin embargo, los intereses vitales, materiales y culturales del pueblo son predominantes y decisivos”[5]. La democracia popular requiere la participación política de las masas en la política cotidiana, bajo la forma de juicio sobre el trabajo del Estado y en la transformación de la relación entre el Estado y la economía. La democracia popular debe basarse en la función de servicio del Estado y la economía frente a los trabajadores, es decir, los trabajadores y los ciudadanos deben poder considerar al Estado y la economía como sus órganos[6] y no como instrumentos de explotación.

Según Lukács, la democracia popular debe superar los intereses parciales, incluso aquellos de la clase trabajadora; debe tener una mentalidad crítica, de lo contrario se termina retomando o imitando los contenidos culturales del fascismo que se buscaba abatir. Sobre todo, hay que superar la barbarie fascista que trastornó, primero, el Estado de derecho, borrando abruptamente la formalidad burguesa con su contenido de clase. Lukács asigna a la filosofía marxista la tarea de equilibrar la prioridad de los contenidos sociales de la democracia popular con la formalidad institucional de la ley. Se trata, pues, de un problema de medida: “En efecto, la corrección del contenido de una medida, de una ley, etc. está siempre determinada por la función que pretendan tener, la medida o ley, dentro de la totalidad efectiva en la que serán aplicadas”[7]. Es necesaria la firmeza de la ley para evitar la superposición de contenidos sociales sobre formas jurídicas. Se trata de un concepto sumamente avanzado para la época, que también aborda estratos sociales que no son homogéneos con el comunismo y plantea básicamente un problema de apertura cultural y democrática: “Una sociedad de trabajadores busca conscientemente resolver la cuestión de cómo la adquisición de cultura y el progreso en la vida cultural pueden ser accesibles para todos”[8]. El objetivo era, por tanto, superar las diferencias de clase, integrar a toda la población en la vida cultural nacional y también sacar a los intelectuales y artistas del aislamiento respecto de la sociedad civil, típico de la cultura húngara hasta ese momento. Después de todo, la democracia popular, que Lukács, en 1946, propone construir en Hungría, es la reedición de la alianza social que había apoyado en las Tesis de Blum de 1929. En ambas situaciones históricas, Lukács retoma su propuesta política que, en aquel momento, debería haber permitido al Partido Comunista encontrar aliados en los estratos sociales donde tradicionalmente encontraba oposición.

Al mismo tiempo, el objetivo era también superar la situación que la sociedad burguesa construye en torno al ser humano, esto es, “colocar necesariamente al individuo en el vacío social y ofuscar en su conciencia el sentido del nexo real con los demás hombres, degradar y reducir a la impotencia el intelecto y la razón que estas relaciones reflejan y elaboran, transformando finalmente al hombre mismo en un bulto de instintos incontrolables”[9]. Es la descripción de la personalidad fascista, a la que Lukács contrapone “una armonía entre la colectividad concreta y la concreta personalidad individual, de modo que en definitiva se pueda siempre dar la posibilidad objetiva de una solución satisfactoria tanto para el individuo como para la colectividad, siendo necesario hacer converger, e incluso coincidir, las necesidades sociales, los deberes y tareas que surjan, los intereses internos y externos del individuo. Esto se hace realidad solo en la sociedad socialista”[10]. La armonía entre el individuo y la colectividad, la formación del ciudadano[11], es la meta a alcanzar en la sociedad socialista, en la nueva democracia popular, en la constitución de un in-divuum, un ser social indiviso entre el individuo y la comunidad; y solo el marxismo es la filosofía capaz de desarrollar tal ética. Es una superación de la personalidad burguesa, privada y enajenada[12], que no concilia la igualdad de derechos y las condiciones económicas y sociales[13].

Un peligro a evitar es pensar en las formas de democracia que han existido hasta ahora como las únicas posibles; misma forma de pensar que lleva a considerar a la democracia soviética como la mejor posible: “Esta interpretación es una de las razones ideológicas fundamentales por las que las condiciones políticas y sociales de la Unión Soviética son, comúnmente, falsamente evaluadas. Las formas de vida se reconocen como democráticas sólo cuando corresponden a esta unidad de medida”[14]. La democracia popular que se está construyendo en Hungría es algo absolutamente inédito, al punto que Lukács a menudo la indica como la “nueva democracia” y la concibe como una democracia que se desarrolla con prácticas democráticas. Este paso es de particular importancia, porque Lukács refuta explícitamente la consideración de la Unión Soviética como el modelo de cualquier otra democracia socialista, tal como sostuvo Lenin, y está en marcado contraste con la concepción estalinista que, por otro lado, sostenía que el modelo de construcción de las democracias socialistas tenía que considerar a la URSS y, por tanto, la democracia popular era considerada ya una dictadura. La única concesión que hace Lukács al modelo soviético es la adopción de una economía planificada, porque “un plan positivo y completo sólo es posible en el socialismo, es decir, cuando todas las fuerzas productivas están dominadas por la comunidad”[15]. Toda la planificación debe realizarse desde abajo, comenzando desde la comunidad, y no desde arriba, por las directivas del partido.

La presunta superioridad del modelo soviético se extiende también hacia el campo de la cultura: la cultura soviética era considerada por los comunistas de todo el mundo como la forma más elevada de cultura humana. Lukács está concibiendo una forma de democracia popular, que no es todavía una democracia socialista, pero que evolucionará para devenir en tal; está concibiendo una forma de transición democrática al socialismo. Naturalmente, los dirigentes del Partido Comunista no están de acuerdo, pero no lo niegan, le brindan margen de acción, para después, cuando ganarán el poder absoluto, poder liquidarlo como intelectual antipartido.

Lukács explica también que la democracia directa no se puede adoptar en estructuras estatales complejas, como las de la democracia proletaria soviética. Sin embargo, “una de las ideas fundamentales de la democracia proletaria es que la política está inmediatamente relacionada con la vida entera de cada hombre”[16]. Cada hombre es libre de decidir sobre los asuntos más inmediatos de su vida diaria. Ahora bien, esto no puede suceder de la noche a la mañana solo porque una revolución política derrocó al sistema político anterior, sino que los seres humanos deben estar acostumbrados a ejercer el poder político sobre su propia existencia. Lukács reconoce que su concepción deriva de Lenin, quien consideraba la tradición cultural como el verdadero patrimonio de la humanidad. “El ser humano se acostumbraría a una vida apropiada a los hombres, entonces, todos aquellos elementos y tendencias de la cultura moral de la humanidad, que fueron de ayuda durante miles de años en la lucha por la evolución y fueron vértices individuales de progreso, llegarían al superficie y se convertiría en la efectiva fuerza motriz de la vida cotidiana”[17]. Si bien es cierto que “las revoluciones son tempestades depuradoras, pero destruyen muchas cosas y hombres”[18], su poder depurativo produce cosas y hombres nuevos, con nuevas tradiciones, como una moral socialista fundada en la solidaridad y en el trabajo en común[19]. Y esta purificación también puede producirse como consecuencia de una colisión, de un contraste, que lleva a la transformación del carácter humano, a la formación de nuevos hábitos. Lukács se refiere a la concepción leniniana del hábito, expresada en El Estado y la Revolución, y que, así como la referencia a la vida cotidiana, se convertirá en un tema constante del último Lukács. 

A Lenin, sin embargo, Lukács une la teoría pedagógica de Makarenko, un autor no particularmente amado por los ideólogos estalinistas. Parece oportuno recuperar una cita de Makarenko, extrayéndola del análisis que Lukács realiza sobre su Poema pedagogico  [Poema pedagógico]: “El estilo se forma muy lentamente, porque él resulta impensable sin una tradición, es decir, sin principios ni hábitos, que no son adquiridos por pura conciencia, sino a través de la inteligente consideración de las experiencias de las generaciones mayores y de la gran autoridad de toda la comunidad, en tanto imagen de la época”[20]. Estos son los rasgos típicos de la ética lukácsiana, formada por hábitos que se convierten en principios reguladores, de armonía entre el individuo y la comunidad y también, de estilo. Lukács interpreta el estilo de Makarenko como un “principio de unidad y disparidad”, unidad entre individuo y comunidad, disparidad en la salvaguarda de la singularidad, para que surja la individualidad completa.

Lukács aclara su concepción política: “Si bien el carácter del sistema capitalista de producción no ha sido abolido, la democracia popular adopta sin embargo el objetivo de que en esta sociedad los trabajadores intelectuales, obreros y campesinos no solo estarán en posesión de la libertad y la igualdad sino que de una vez por todas, recibirán las garantías institucionales de que puedan vivir realmente con libertad e igualdad las cuestiones importantes de su existencia cotidiana”[21]. Cabe señalar que Lukács se enfoca en las garantías institucionales, entendidas como la articulación de leyes, partidos, instituciones estatales y la vida cotidiana de los ciudadanos, con el límite de la defensa de las instituciones colocadas, a su vez, en la defensa de los ciudadanos. Lukács da el ejemplo de la libertad de expresión que, como concibieron los propios jacobinos, no se puede dejar en manos de los enemigos de la libertad[22]. Para él, la realización de la libertad y la igualdad es la puesta en práctica de ideas y formas reales de la vida cotidiana del ser humano, formas de relación recíproca, de relación con la sociedad y con la naturaleza; por tanto, su realización presupone un cambio en las condiciones de vida de los seres humanos[23]. El peligro, que se realizó poco después, era que el partido, en tanto subjetividad colectiva, traicionara los contenidos sociales y políticos y subordinaría las formas del derecho. La democracia popular podría evitar este peligro a condición de que permitiera la participación de las masas en la vida política, en plena libertad e igualdad. De hecho, refiriéndose precisamente a Lenin como modelo a seguir, Lukács reitera que “en la visión de Lenin, el socialismo no es de hecho un estado de desarrollo de la estructura económica de la sociedad radicalmente diferente, radicalmente nueva, opuesta al sistema capitalista de producción, más bien, manteniendo esta oposición, el socialismo es la democracia más desarrollada. Este último punto de vista, a su vez, permite utilizar la crítica de Lenin a la democracia formal para la mejora de la nueva democracia popular, para la solución concreta del problema de cuál democracia”[24]. Lukács está haciendo una advertencia velada: si el Partido Comunista Húngaro, de carácter estalinista, piensa en abolir la incipiente democracia popular húngara y adoptar el modelo soviético, está traicionando descaradamente el dictado leninista de una verdadera y auténtica democracia socialista. Hay que tener en cuenta que entre las dos ediciones de 1946 y 1947 del ensayo que estamos citando,  “Lenin y las cuestiones de la cultura”, existen grandes diferencias. En la edición de 1947 se añadieron pasajes ausentes en la edición de 1946, se hicieron adiciones, probablemente, porque en 1947 había comenzado la toma del poder por el Partido Comunista Húngaro, encabezado por Matyas Rakosi, quien se autodenominaba “el mejor discípulo húngaro de Stalin”. Con las adiciones, el ensayo aún podría circular y la apertura de Lukács a la democracia popular podría permanecer en el centro del debate político del momento. Cabe señalar que Lukács no elimina oraciones que puedan parecer comprometedoras, sino que agrega oraciones, explicando más a fondo el significado de su pensamiento, de modo que el discurso antiguo permanece y el nuevo se agrega a medida que se desarrolla. A veces es necesario mencionar el nombre de Stalin para tranquilizar aún más a sus interlocutores en el partido.

La libertad consiste también en unir la vida privada con la vida pública, pero de forma activa, es decir, que en la vida pública el individuo pueda llevar su vida privada en la medida y en la forma que desee. El ejemplo práctico con el que interpreto este concepto de Lukács es que en la vida pública una mujer no debe renunciar a su feminidad. En este sentido, el otro individuo, en las formas en que vive toda su vida, es la culminación de mi propia individualidad. Lukács define esta relación Mitmensch: “El otro (el Mitmensch) no es un límite para el hombre sino un factor esencial de su propia libertad. Sólo en una sociedad libre el individuo puede ser verdaderamente libre”[25]. Estar con otro hombre es la característica necesaria de pertenecer al género humano; Lukács sostiene que este es uno de los fundamentos teóricos de la ética marxista pues el individuo debe ser consciente de esta co-pertenencia, consciente de que esta relación es absolutamente necesaria para la sociabilidad del individuo.

Queda claro que Lukács está pensando en abstracto qué formas políticas proponer a los posibles aliados del movimiento comunista, comenzando por la plena realización de la libertad y la igualdad, que forma parte del programa de Lenin, según el cual “la fundación de toda cultura es el tiempo libre de los seres humanos”; y reitera: “Cuando Marx habló del socialismo como el ‘reino de la libertad’, añadió con firmeza que la condición indispensable sería la reducción del tiempo de trabajo socialmente necesario”[26]. Así, el fundador del marxismo daba un indicio importante en la emancipación de la explotación del trabajo para un primer acercamiento a una vida más humana. Lukács puede, por lo tanto, establecer tres puntos programáticos para las instituciones socialistas: 1) superar la división ciudad/campo; 2) la distinción entre trabajo físico e intelectual; 3) darle sentido al trabajo. Nótese que Lukács está estableciendo tareas al Partido Comunista; más que a sus posibles aliados, está tratando de explicar a la dirección comunista cuál podría ser la forma de llegar a esos estratos y clases sociales que en Hungría siempre han sido hostiles al movimiento obrero.

Lukács también se plantea la cuestión de la prospectiva: “El sentido del desarrollo futuro (…) adquiere así un significado decisivo porque se coloca respecto del pasado como una realidad aún no realizada, y no como un ideal o un deber abstracto que es opuesto al ser”[27]. La prospectiva es una suerte de principio regulador de la acción política que se emprenderá en el presente para construir el futuro. Este principio regulador no es dogmático, no viene de arriba, sino de las necesidades de abajo, de los hombres y de sus relaciones sociales, está conformado por unos pocos, pero fundamentales, conceptos, todos inspirados en el mejoramiento de la condición humana. Un ejemplo proviene de Makarenko, quien consideraba la educación de los niños “anormales” como “una parte integral de la educación socialista”[28]. Cabe señalar que Lukács habla del tema de la minusvalía, habitualmente ausente de los programas de los partidos socialistas, al interior de un análisis crítico-literario, confirmando que no existen muros herméticos en el tratamiento de las cuestiones relativas al ser humano.

Lukács retorna luego a un tema que enfrentó en los primeros días de su adhesión al comunismo: la oposición entre civilización y cultura. En su opinión, el control de los trabajadores debe superar esta dicotomía de tal manera que “llegue a ser la cultura socialista y no la ‘cultura obrera’”[29]. A Lukács le gustaría superar el impasse del obrerismo en aras de una cultura abierta y universal, siguiendo, también en este caso, el ejemplo de Lenin. En el fondo es el capitalismo el que impone una cultura individual restringida, divide a los intelectuales de las masas, alienándolos esencialmente de la sociedad civil: “La ‘élite’ intelectual de la sociedad moderna está perdida y es orgánicamente incapaz de descubrir caminos y metas, nace el contraste moderno entre cultura y civilización”[30]. La principal consecuencia de este aislamiento es el aristocratismo, que puede conducir al racismo, como sucedió en Alemania en la década de 1930. La superación del aristocratismo -que para Lukács fue también un legado del jacobinismo- por parte de los intelectuales burgueses, por un lado, y la apertura a la democracia por parte de los comunistas, por otro, deberían evitar “un error fatal [el de] hablar de una separación entre el progreso de la civilización burguesa y el socialismo, entre la democracia oriental y occidental”[31].

Políticamente, el capitalismo concibe el retraimiento de lo público a lo privado, a los intereses particulares que se imponen a los de la comunidad. “Los defensores de la llamada ‘cultura proletaria’ han abandonado en general la cultura burguesa, la cultura de la sociedad clasista. Su programa era que el dominio de la clase obrera crearía una cultura, ciencia y arte ‘radicalmente nuevos’. En la práctica, y esto no es accidental, sino una necesidad, esto significa la asunción acrítica de las corrientes intelectualmente y artísticamente decadentes del período imperialista”[32]. Es claro que Lukács se refiere a su polémica contra el expresionismo, pero también está indicando que la toma del poder per se no representa un cambio cualitativo desde el punto de vista cultural, que el Partido Comunista debe convertirse en promotor de una superación efectiva y no en palabras de la realidad social que se encuentra gobernando tras la victoria militar. Para Lukács existe una estrecha relación entre las tendencias artísticas y las relaciones sociales, por lo que una superación total de las relaciones sociales de la antigua Hungría feudal, mantenidas vivas por el régimen de Horthy, debe pasar también por una crítica de las tendencias artísticas. Entre estas corrientes se encuentra también el anticapitalismo romántico, que había caracterizado su juventud, y que, por tanto, hay que abandonar por tratarse de una corriente no izquierdista.

La lucha que Lukács libra tanto contra las tendencias reaccionarias, fascistas y feudales todavía presentes en la sociedad y cultura húngaras posteriores a la Segunda Guerra Mundial, como contra las tendencias estalinistas dentro del Partido Comunista de Hungría, es de amplio alcance y concierne no solo a la estructura sociedad de clase, las instituciones políticas sino también a los estilos y contenidos literarios, en general a toda la literatura húngara del período anterior y el periodo actual. La cultura húngara era tradicionalmente dividida entre los que se llamaban “urbanos”, es decir, los que se referían a la capital, el mundo europeo y el progreso moderno, y los que se llamaban “populares”, que en cambio se referían al mundo agrícola húngaro, la provincia, el pequeño país, a la puszta -la gran pradera del sureste de Hungría-, a la tradición y el lenguaje muy particulares de ese pequeño pueblo, todavía ligado al “pequeño mundo antiguo”, al provincialismo protector que rehuía el mundo universal de los grandes europeos literatura. Lukács, que había pertenecido a la gran burguesía de Budapest, que hablaba alemán mejor que húngaro, era miembro de la primera corriente, lector habitual y crítico de los grandes realistas europeos: Balzac, Goethe, Dostoievski, Tolstoi, Thomas Mann. Lukács, sin embargo, también se había distanciado de lo “urbano”: “Mi crítica de lo ‘urbano’ culminó con la revelación de las deformaciones que los prejuicios liberales provocaron en el desarrollo húngaro de la democracia revolucionaria como la crítica a la reforma agraria radical”[33]. Por lo tanto, se consideró un cuerpo extraño a la cultura húngara, que durante el período fascista había visto prevalecer lo “popular” contra lo “urbano”. Como hemos señalado anteriormente, esta misma división se encontraba dentro del Partido Comunista. Lukács, sin embargo, se distancia de esta dicotomía: “El estilo de las controversias que se originan en estas corrientes (la renovación de la oposición urbano/popular) puede fácilmente retrasar nuestro desarrollo literario”[34]. La tarea de la nueva cultura socialista es superar esta dicotomía[35] y cerrar definitivamente esta triste página del pasado y fundar una nueva cultura húngara, abierta a la cultura europea y no solo a la socialista o soviética.

En el ensayo «Literatura y democracia», de 1946, Lukács supera esta contraposición y propone otra tendencia, la realista. Naturalmente, las diferencias de clase son inevitables, pero no insuperables, más aún lo son las diferencias culturales, por eso la gran literatura realista es capaz de representar a la humanidad en su complejidad, no las pequeñas diferencias y miserias humanas que distinguen a la periferia y que son el reflejo de exclusión. El artista no debe evitar la representación de todo lo que deshumaniza al hombre, no debe caer en la ilusión de restaurar lo que el desarrollo social ha destruido, no le corresponde al artista indicar la solución a la pauperización de la vida cotidiana, si acaso al filósofo, corresponde al político señalar las causas, fenómenos y estructuras desviadas y encontrar soluciones al malestar social. El artista en su producción estética debe apuntar a la superación de la deshumanización, el alejamiento y la exclusión. Es un programa político que se expresa en la breve síntesis que Lukács propone al lector húngaro: “Donde y en todo momento ellos [los grandes realistas] describen la totalidad humana y el ser humano total[36]. La representación del ser humano total no debe confundirse con la representación del tipo humano puro, por el contrario “los verdaderos realistas no representan un estado de ánimo puro, es decir, un estado de ánimo acentuado solo de manera indefinidamente sentimental”[37]. Lukács señala dos puntos críticos; el abandono de la representación sentimental y romántica de los personajes y el descenso de estos personajes a la realidad concreta de su vida cotidiana.

Si no comprendemos la naturaleza social del ser humano, su existencia en medio de las relaciones sociales, el riesgo es que “no experimentamos y no imaginamos estas interacciones sociales con otros seres humanos como nuestro destino, sino más bien, en nuestra propia autoconciencia, los transformamos fetichistamente en objetos externos y en cosas desprovistas de vida”[38]. Aquí tenemos en pocas líneas una expresión sintética de algunos temas fundamentales de la futura Ontologia dell’essere sociale [Ontología del ser social] y precisamente porque Lukács comienza a desarrollar temas ontológicos, podemos captar el valor político de sus afirmaciones. Desde la perspectiva ontológica, Lukács puede señalar el papel de la literatura, es decir, el de reflejar el empobrecimiento de la época actual para permitir que el usuario se forme una autoconciencia de sus propias relaciones sociales para salir de ese mundo interior fetichizado donde su distanciamiento se desarrolla. Lukács pretende señalar que la mala tradición cultural, la de la Hungría provincial del pequeño y antiguo mundo de la vida en el campo, con sus valores étnicos y racistas, es un mundo fetichizado, no es un mundo que permite la apertura a toda la “humanidad”. La prospectiva política está implícita en esta indicación, porque su intención es superar la fetichización particularista de la cultura húngara hacia la perspectiva ontológica de la pertenencia al género humano, que es el proyecto político contenido en su ontología.

Esta prospectiva política sólo puede madurar dentro de una democracia popular, porque en ella se estimula a las masas a la participación política, lo que conlleva como mayor consecuencia el crecimiento en el número de lectores y, por tanto, la intensificación del proceso de formación de una conciencia política, de una maduración política. Lukács llega a una conclusión que es inmediatamente política y ontológica, porque surge un nuevo tipo humano. “Las masas, en esta nueva vida, se vuelven seguras de su poder y autoridad, lo que las lleva a reconocer sus intereses genuinos y mostrarles la posible sintonía de sus intereses con los grandes intereses de la nación y también, en última instancia, de la humanidad. Los escritores, a su vez, se vuelven capaces de dar voz no solo a sus sentimientos individuales, ocultos y subjetivos. Esta nueva vida les hace ver y sentir todo lo que conmueve muy profunda y auténticamente al ser humano, a la nación y a la humanidad”[39]. Los escritores en particular, y los intelectuales en general, asumen también un papel social y político de mayor relevancia, además de estar estrechamente vinculados con la sociedad civil, a la que Lukács denomina “nación”. Por supuesto, este proceso no es inmediato y de hecho Lukács reitera: “La verdadera liberación de los campesinos, el surgimiento de las energías del pueblo húngaro y la unidad cultural de los trabajadores de Hungría hoy todavía empuja como la única meta a alcanzar, como objeto -y sujeto- de las luchas futuras”[40]. Lukács es consciente de que la lucha por la liberación del pueblo será larga, pero la unidad cultural de los trabajadores, hasta que se logre, será el principio rector de esta lucha. Lukács propone una unidad cultural que se basa en la identificación de los problemas concretos de los trabajadores húngaros, y que por tanto, permita fundar un verdadero internacionalismo con trabajadores de todo el mundo, y no vuelva a proponer, como lo hizo el fascismo húngaro, la particularidad nacional, que se fundaba sustancialmente en el nihilismo del sagrado egoísmo nacional, o peor aún en el individualismo zoológico nazi. 

Otra concepción lukacsiana que aparece en esta etapa de su producción científica y que tendrá un papel fundamental en trabajos posteriores es la del hombre entero. Lukács expresa su concepción sobre la cuestión de la poesía de partido, es decir, de la producción literaria, que podemos entender como producción intelectual en un sentido amplio, y que surge de la postura de un intelectual o escritor con respecto a la decisiva cuestión de la humanidad de su época y de la vida cotidiana de esa época. Lukács parte de una constatación, para él, obvia: “Todo escritor, en tanto escribe, está involucrado en política y, por lo tanto, toma partido. Es sólo cuestión de saber con qué conciencia lo hace”[41]. Por tanto, no se trata de un partido específico, sino de poesía política: “La poesía política existía mucho antes de los partidos organizados modernos. No hablemos de la lírica de las épocas primitivas: entonces, de hecho, prevalecía una vida de partido muy evolucionada”[42]. Es una expresión de conciencia de pertenencia a una época, de narrar situaciones concretas y problemas globales en los que los seres humanos se enfrentan a su humanidad, se comportan como hombres completos. En algunos casos estas expresiones pueden no ser plenamente conscientes y Lukács relata el caso de Balzac o Tolstoi que tenían ideologías reaccionarias, pero que en sus obras narran hechos en los que emerge el nivel más alto y más completo de humanidad de su tiempo. Esta discrepancia indica que no existe una total coincidencia entre la vida individual del artista y su producción artística. El poeta del partido puede estar atado a las directivas de un partido, pero siempre las expresa libremente, de acuerdo con su propia individualidad.

En la Hungría de 1946, los poetas del partido se sintieron atraídos por el Partido Comunista, que tenía un alma sustancialmente estalinista y, una vez que tomaran el poder, estos poetas se verían reducidos a la expresión poética más superficial y banal de las directivas del partido. Lukács, un veterano de la experiencia de la URSS estalinista, era muy consciente del peligro que debía evitarse y nuevamente en 1946 advirtió del necesario distanciamiento de las tendencias sectarias inherentes al partido: “Los sectarios consideran sólo al poeta del estilo cartelonesco. Cualquier desviación en la formulación se define como un acto hostil contra el partidismo”[43]. Tomar partido, este partidismo apenas referido, es un tipo de producción poética que se diferencia de la producción pura, porque el poeta participa en los conflictos sociales junto a las víctimas del sistema capitalista, los trabajadores. Los poetas que Lukács señala al lector húngaro son Petöfi, Ady y Attila József, que nunca estuvieron vinculados a ningún partido. El poeta puro, expresa problemas puramente estéticos, abstractos, desfasados, mostrando en su producción poética una adaptación sustancial a la asépcia que desea el sistema dominante, en cuya sombra puede encerrarse en su propio mundo íntimo.

Obviamente, el partidismo del poeta pone en cuestión la disciplina del partido: “La disciplina del partido, por otro lado, es un grado de fidelidad abstracto más alto”. El propio Lukács, en ese momento histórico, se verá envuelto en la lealtad al partido, pero poco a poco esta lealtad irá adquiriendo matices cada vez más diversificados, porque será el partido el que le impondrá posiciones que ya no corresponden a las cuestiones globales de vida diaria. Lukács, unas líneas por debajo de la cita anterior, muestra su conciencia de la situación: “Si la cuestión de la disciplina partidaria la plantea un burócrata sectario, entonces si se pierde la relación entre la disciplina partidaria y la vocación histórica y nacional del partido, si el principio de disciplina se vuelca precisamente en las pequeñas luchas cotidianas y así la disciplina de partido se convierte en una disciplina muerta, entonces este vínculo se pierde, ya no es la verdadera relación entre partido y poeta del partido, sino su caricatura sectaria”[44]. Era precisamente la situación que estaba ocurriendo en la Unión Soviética y que también se estaba extendiendo en Hungría[45]. Lukács recuerda la teoría leninista, según la cual las masas se acostumbran a la disciplina bolchevique a través de su propia experiencia y no por una orden de arriba[46]. De la misma manera, “es necesaria una prioridad de la variación política en la formación de nuevos cuadros. La formación de nuevos cuadros es absolutamente indispensable para todos estos fines”[47]. Hay que educar al burócrata para evitar que caiga en el sectarismo. Lukács indica claramente las características del sectarismo: “El sectario no veía más allá del campo de esos pequeños grupos de obreros y campesinos que habían alcanzado la conciencia de clase, o al menos el instinto de clase; era incapaz de percibir a las masas, aunque hablaba y soñaba continuamente con ellas”[48]. Es importante que Lukács hable del sectarismo como si fuera un fenómeno del pasado, mientras que -estas palabras son de 1947- se estaba extendiendo lenta pero constantemente en Hungría. 

La cuestión de la poesía de partido está, pues, íntimamente ligada a la de la libertad poética y la libertad de expresión que, en la práctica, es una cuestión estrictamente política. Lukács hace una importante distinción entre la libertad del arte y la libertad del artista, que debe ser reportada en su totalidad porque nos permite comprender el papel de la subjetividad del artista, entendida por Lukács en sentido negativo. Naturalmente, Lukács parte del supuesto de que el arte “es una forma particular de reflejo de la realidad, por lo que, sí es arte verdadero, refleja la realidad misma y sus movimientos, los factores esenciales del ser, su permanencia y transformaciones. Este espejo (…) en muchos casos es mayor y más amplio, más completo y más profundo, más rico y más verdadero, que la intención subjetiva, será, […] el gran arte del gran artista siempre más libre que sus convicciones y sentimientos, más libre de lo que parecen indicar las condiciones sociales de su génesis objetiva. Más libre precisamente porque está más ligada a la esencia de la realidad que a los actos que manifiestan su génesis subjetiva y objetiva”[49]. De la cita se puede ver cómo la cuestión estética es tratada con un léxico político, donde el léxico de la Ontología del ser social emerge ya como evidencia del estrecho vínculo entre estética, política y ontología, de acuerdo a la mejor tradición de la filosofía. Por otro lado, Lukács ya había expresado la creencia de que el arte era superior a las intenciones del artista en la capacidad de narrar la realidad, pero ahora hace una afirmación aún más fuerte: el arte es más libre que el artista. La objetividad del reflejo artístico, su usabilidad por otros, por las masas, lo convierte en un instrumento de conciencia, el primer paso hacia la liberación. Los comunistas continúan su batalla con las armas de la convicción ideológica.

Además, en la democracia popular húngara existen las condiciones mínimas para que el arte llegue a los trabajadores, es decir, la reforma agraria, la nacionalización de las minas, el desarrollo de las cooperativas. Las nuevas condiciones económicas y políticas liberan a los trabajadores de las condiciones laborales más alienantes, aumentan el tiempo libre, los empujan al crecimiento cultural. Ahora los trabajadores y campesinos húngaros están en condiciones de tomar posesión de la cultura húngara del pasado, juzgarla, superar los obstáculos a su usabilidad, están en condiciones de juzgar a los artistas del pasado, así como a los artistas del presente[50]. Los artistas húngaros también sienten que tienen un público mucho más amplio y diverso, el público de las masas.

El debate Lukács

En febrero de 1947 comenzó el rápido proceso de estalinización de Hungría y, en la práctica, el fin de la democracia popular, como la pensaba Lukács. Los comunistas se habían convertido en el primer partido del país y comenzaron a absorber en su organización a todos los otros partidos. El proceso se reforzó en junio de 1948, cuando el Partido Socialdemócrata se unió al Partido Comunista, y se completó en 1949 cuando los comunistas presentaron al electorado una única lista electoral, que obtuvo el 95% de los votos y el nuevo Parlamento aprobó una constitución que estaba redactada según el modelo de la Constitución soviética de 1936. En este sentido, en Hungría se imponía el modelo soviético, como ocurría en los demás países ocupados militarmente por el Ejército Rojo. En la práctica se imponía el modelo del “socialismo en un solo país”, precisamente el modelo que Lukács había tratado de evitar con su propuesta de democracia popular. El comienzo de la Guerra Fría eliminaba todo posible margen de maniobra y toda propuesta de cualquier otro modelo de Estado socialista era aniquilada. Para confirmar esto, llegó la condena estalinista de la diferencia yugoslava y todo partidario de cualquier propuesta política diferente a la estalinista fue acusado de “titoista”. En junio de 1949, el Ministro de Asuntos Exteriores László Rajk fue detenido, acusado precisamente de titoista, condenado a muerte y ahorcado en octubre del mismo año.

Paralelamente a la detención de Rajk, el tradicional enemigo de Lukács, László Rudas, publica en la revista Társadalmi Szemle un violento ataque contra las teorías literarias de Lukács[51]. El artículo de Rudas fue sugerido, revisado y aprobado por el mismo Rákosi. Es el comienzo del ajuste de cuentas contra cualquiera que haya defendido tesis diferentes de las admitidas por la línea política oficial y estalinista del Partido Comunista Húngaro. Las primeras señales del estrechamiento que se estaba preparando se dieron en una reunión de los partidos comunistas europeos en Polonia en el invierno de 1947, que fue retomada por Rákosi en marzo de 1948 en el diario Szabad Nép, en un artículo con el emblemático título “A kövertkező láncszem” (El siguiente eslabón de la cadena). Lukács no había permanecido inactivo ante estas primeras señales: en mayo de 1949 había pedido a la Secretaría del PCH que le liberara de los cargos de partido y académicos para dedicarse a sus estudios de estética y de ética marxistas.

En los archivos del Partido Comunista Húngaro se encontró una primera versión del artículo, en el que Rudas acusaba a Lukács de haber considerado a Hitler un héroe trágico y no un criminal, en un artículo publicado durante el exilio de Moscú. Rudas sostenía una imagen precisa del filósofo húngaro: “Lukács no ha cambiado desde 1925, ha permanecido el mismo idealista, el pensador doctrinario en su torre de marfil a la que todo análisis marxista es ajeno y sobre el cual Lenin ha escrito que su marxismo es puramente ‘sólo de palabras’”[52]. Esta versión fue abandonada, pero nos da el sentido de las intenciones de Rudas, ofrecer evidencia para un posible juicio contra Lukács, porque la alusión a Hitler como héroe trágico era suficiente para presentar cargos penales en contra de su odiado enemigo. En realidad, Lukács había tratado este tema en el ensayo “Schicksalswende” [“Punto de retorno”], publicado en la revista Internationale Literatur, en 1944, antes de que se conociera la amplitud y los detalles de los crímenes nazis. Sin embargo Lukács no había tratado a Hitler como héroe trágico, más bien trataba como héroe trágico a la humanidad víctima de Hitler, es decir, exactamente lo contrario de lo que Rudas había afirmado. Pero ese era el estilo de los estalinistas.

En general, Rudas se remontaba a Historia y conciencia de clase para realizar sus acusaciones, hasta el punto de citar fragmentos de su crítica a esa obra, publicada en 1924. Luego ataca también las Tesis de Blum y la antología de ensayos Literatura y democracia, sosteniendo que había tesis “cosmopolitas”, “titoistas”, “antiliteratura soviética”, antileninistas, idealistas.

En el siguiente número de Társadalmi Szemle, n°. 8/9 de agosto-septiembre de 1949, Lukács se vio obligado a publicar un artículo con un título nuevamente significativo “Bírálat es önbírálat” (“Crítica y autocrítica”). El contenido es fruto de una serie de compromisos con la dirección del partido: la primera contenía una autocrítica formal, en la segunda rebatía punto a punto los argumentos de Rudas. El carácter del compromiso se desprende de pasajes como el siguiente: a propósito de los contenidos de sus ensayos de 1946-1948, Lukács reconoce que “formas y contenidos correspondían a los puntos de vista que reinaban entonces entre los intelectuales y escritores húngaros […] Todavía hoy estoy convencido de que sobre muchos temas he razonado correctamente […] Pero también veo que más de una vez he avanzado demasiado sobre esta base, partiendo de la situación ideológica de entonces, pero no lo suficientemente lejos para sacar conclusiones […] Esta tendencia […] tuvo entonces la consecuencia prejudicial de permitir más de una vez a los indecisos, a los intelectuales que resisten sordamente, utilizar esta forma de expresión para justificar sus aptitudes”[53]. El Partido Comunista Húngaro no admitía, como todos los sistemas dictatoriales, la existencia de una zona gris, neutra, entre sí mismo y sus enemigos; la consigna era: “o con nosotros o contra nosotros”. La autocrítica de Lukács, sin embargo, reconoce el condicionamiento externo, el momento político, pero también la disposición a tergiversar, a disimular, de los intelectuales húngaros, por tanto, una culpa más del entorno cultural de referencia que de sí mismo.

El mismo Lukács reconoce que esencialmente fue un error publicar esa autocrítica, antes que nada por una cuestión externa a la autocrítica misma, es decir, Lukács no sabía que la purga, iniciada con Rajk, estaba dirigida exclusivamente a los comunistas que habían emigrado a Occidente. Otra cuestión era volver sobre lo que había dicho desde 1946 hasta ese momento: “En la autocrítica había introducido este elemento [el paso de la democracia popular al socialismo] como un no debe ser, aunque lo consideré simplemente como un no es. Aquí se oculta la esencia de la no-verdad de mi autocrítica”[54]. El error fue determinado por el temor: “Debo decir que también mi postura fue errónea: tras el caso Rajk creía que mi vida y mi libertad estaban en juego, y que no era justo correr ese riesgo por cuestiones literarias”[55]. En esencia, Lukács se consideraba un “Rajk literario”[56]. La autocrítica le servía para obtener por parte de partido el retiro a la vida privada, que era la manera más indolora de cerrar la polémica[57].

Como es costumbre en casos de este tipo, después del ataque del león siguen los chacales, las hienas y finalmente los buitres; así después de Rudas, siguieron personajes autorizados y menores, políticos e intelectuales, incluso estudiantes del mismo Lukács, como József Szigeti[58]. Para empeorar la situación de Lukács llegó también un ataque de la URSS, de Aleksandr Fadeev, lanzado durante la XIII asamblea de los Escritores Soviéticos, de la que era secretario. Fadeev atacó la concepción lukácsiana del poeta de partido, su partidismo, el no tener en cuenta la literatura rusa, su cercanía con pensadores burgueses como Sartre, la coexistencia entre marxismo e ideología burguesa. Montando las citas del ensayo lukácsiano, saca la conclusión de que Lukács “niega, de este modo, al partido la posibilidad de dirigir el arte” y reafirma “Lukács se esfuerza por desarmar a los intelectuales de los países de la democracia popular mientras edifican una nueva cultura socialista contra los elementos capitalistas”[59]. Además de un ataque, el de Fadeev era una invitación a los «intelectuales de los países de la democracia popular» a atacar a Lukács. La intención era aislarlo, quizás como primer paso hacia un juicio, aunque esta última hipótesis es más improbable, dada la notoriedad que Lukács había adquirido en Occidente.

La invitación de Fadeev fue aceptada por el dirigente, en la práctica el ideólogo, del Partido Comunista Húngaro, József Revai, que se decía amigo de Lukács. La crítica de Revai fue publicada en húngaro junto con el ataque de Fadeev. Revai inicia señalando que Lukács no está «silenciado», como afirman los intelectuales occidentales, confirmando así la sospecha que yo exponía anteriormente. Luego Revai reitera que “el fortalecimiento de nuestra democracia popular y su transformación en dictadura del proletariado […] liquida toda concepción (…) que conduzca a considerar la democracia popular como un camino particular y un régimen particular, como una especie de ‘tercera vía’ entre el capitalismo y el socialismo”[60]. Révai sigue condenando su coherencia (összefügges) y observa que “su actividad literaria formó una corriente específica, que podría considerarse desde el punto de vista político e ideológico como de derecha”[61]. Naturalmente el partido, en nombre del cual habla Révai, considera a Lukács un valor y desea que pueda contribuir al crecimiento de la cultura húngara, pero a condición de que haga autocrítica. “El camarada Lukács ya ha hecho una autocrítica, que sin duda constituye un paso adelante, pero que no es lo suficientemente profunda y consecuente”[62].Aquí se aclara la situación. Si de Moscú no hubiera llegado la condena de Fadeev, la cuestión habría estado cerrada; pero la voz del amo no puede permanecer sin ser escuchada y Revai debe pedir a Lukács otra autocrítica, más «profunda y consecuente».

La crítica de Revai toca algunos puntos clave de la concepción política y literaria de Lukács de los primeros años de la posguerra. En primer lugar, Revai no ve en Lukács un partidario del realismo socialista, sino que ve en él un adversario[63]. Lukács sigue siendo un partidario del realismo burgués, porque no ha comprendido que la democracia popular es ya la dictadura del proletariado, por lo que en ella ya no rigen las relaciones de producción del sistema capitalista[64]. Estos errores provienen del hecho de que Lukács permaneció firme en las posiciones de 1945-46, más aún, en las de la guerra, cuando la lucha era en primer lugar contra el fascismo y luego contra el capitalismo. Revai obviamente no tiene en cuenta que el fascismo causó la crisis de la democracia, de la idea de progreso, de la fe en la razón y el humanismo, según lo que Lukács había sostenido unos años antes[65]. Una vez caído el fascismo, se reanuda la lucha contra el capitalismo, mientras Lukács sostenía la democracia popular, fase de transición de la democracia burguesa, de la cual el realismo burgués era una de las formas supraestructurales. Prácticamente, Lukács intentaba retomar el discurso interrumpido por el fascismo acerca de la herencia de la Revolución Francesa, mientras Revai le reprochaba a Lukács que estas ideas eran las mismas que en los años veinte, cuando consideraba como sectario al partido comunista antes de la conformación de los Frentes Populares, es decir, lo llevaba a un contraste interno al Partido Comunista Húngaro. Atacar las ideas de Lukács de los años treinta representaba la voluntad de Revai de reanudar el debate sobre Lukács que se había celebrado en la URSS en aquellos años[66].

Revai retoma la acusación de Fadeev de que Lukács no ha prestado atención a la literatura soviética y la acusa de considerarla inferior debido al desarrollo desigual de la sociedad soviética, es decir, lo acusa de no tener en cuenta los grandes progresos que la sociedad soviética había conseguido en el tiempo del socialismo real. Luego la crítica se detiene sobre la permanencia en la crítica literaria de Lukács de elementos de la teoría burguesa del llamado «arte por el arte», que por otro lado Lukács había criticado. En realidad Revai se refiere al período juvenil pre-marxista de Lukács, que según él, sigue presente en su crítica literaria; en resumen, se reafirma la alienación del gran burgués frenter a la cultura popular, de lo urbano frente a lo popular[67]. Revai cuestiona la teoría lukacsiana de la distinción entre la concepción ideológica del autor y el contenido progresista de su obra. Su intención es hacer pasar a gran parte de los escritores húngaros populares de la zona neutral y gris al Partido Comunista, además estos escritores habían sido fieles al régimen fascista de Horthy y podían serlo también al régimen estalinista de Rakosi, acostumbrados como estaban a obedecer órdenes desde arriba y a encerrarse en el «intimismo a la sombra del poder».

Lukács responde al artículo de Revai con una intensidad que no había usado en la respuesta a Rudas. Revai es, en efecto, el ideólogo del Partido Comunista y debe ser tratado con más cuidado. En primer lugar, Lukács declara estar de acuerdo con todo lo que contiene el artículo de Revai y, por desgracia, admite: “Mis actividades político-literarias han contribuido, sin duda alguna, a crear tal punto muerto ideológico […] No creía que el choque decisivo entre las clases, la fase de la lucha revolucionaria por la realización del socialismo, pudiera cumplirse en nuestro país y en las otras democracias populares tan rápidamente como se produjo en la realidad”[68]. Lukács quiere decir que no se esperaba tal incisividad política por parte de los comunistas húngaros como para englobar a los demás partidos y pasar en sólo dos años de la democracia popular a la dictadura del proletariado, con purgas como en el caso de Rajk. Ahora parece clara la táctica de los comunistas, y por lo tanto de Revai, de considerar la participación en el frente popular una desviación histórica para apuntar a la dictadura del proletariado[69].

Lukács mantiene hábilmente su respuesta dentro de las cuestiones literarias, reconociendo la superioridad del realismo socialista sobre el burgués y de la literatura soviética sobre la clásica y admite: “Cuando se afronta un problema cultural, estético, tan esencial para nuestra época como lo es el del realismo socialista y de la literatura soviética que lo realiza, […] la búsqueda debe tener como principal objetivo aclarar cuál es la contribución estética y cultural de los cambios sobrevenidos en el contenido de la vida”[70]. Por lo tanto, el debate literario sobre sus obras es también un problema de la vida cotidiana. En el fondo Lukács traduce el lenguaje del realismo en el de la estética, mostrando sensibilidad por la producción artística, por la individualización y por una comprensión más elaborada de las formas y, como ya había afirmado en su período de juventud, la forma es la abstracción más alta. Lukács cierra esta segunda autocrítica, distanciándose de las intervenciones extranjeras occidentales sobre el debate, en particular arremete contra Merleau-Ponty[71], que con su intervención no ha ayudado en nada a su causa, que cuanto más se limite a la literatura húngara mejor para él.

En cambio, un apoyo notable le llegó en noviembre de 1950, por parte de Arnold Zweig, -secretario de la Asociación internacional “Amigos de la Paz”, de la que Lukács era miembro- que lo invitó a convertirse en miembro de la Academia de Berlín[72]. Lukács, para demostrar su prestigio en el mundo socialista, envió la carta de Zweig a Rákosi, añadiendo: “Estoy seguro que sabes que el último volumen de la Historia de la Filosofía rusa, editado por Alexander, contiene un capítulo sobre las democracias populares, que, junto con el capítulo sobre la filosofía húngara de la Enciclopedia Soviética, ha sido sometido a la revisión del centro del partido. Ambos escritos me conciernen (en relación con el debate); ambos van considerablemente más allá del artículo del compañero Revai (que hablaba de anti-marxismo)”[73]. Lukács le recordaba a Rákosi que sus amos, los rusos, no lo trataban tan mal como su esbirro, Revai, por lo que el debate podía considerarse cerrado y que lo dejaban en sus estudios. De hecho, la carta marcó prácticamente el final de los ataques del partido y lentamente descendió el silencio sobre su pensamiento y actividad, que desde entonces se desarrolló casi enteramente en el extranjero. En Pensamiento vivido recuerda: “Retirado. Sigo siendo solo un ideólogo, pero ahora solo personalmente, no como una función”[74]. Finalmente el filósofo había regresado a sus estudios.

El partido intentó utilizarlo, en 1952, contra el escritor Tibor Dery, en el centro de un debate análogo en el que había sido implicado. Rákosi en persona lo encontró dos veces pidiéndole que tomara posición contra Dery, pero Lukács argumentó con obstinación que Dery estaba del lado de la razón: el socialismo húngaro tenía una tradición muy diferente a la del socialismo ruso y el realismo húngaro era diferente del ruso[75]. Rákosi se vio obligado a abandonar su intento de convertir a Lukács en su aliado. Para Lukács el arte estaba comprometido en la lucha por la liberación y no era un instrumento de coerción.

Traducción del italiano: Mario Arellano


[1] G. Lukács, Magyar Irodalon Magyar Kultura [Literatura húngara y cultura húngara], Budapest, Magvetö, 1970, p. 5 [La traducción es del autor]. La mejor reconstrucción de este período en la vida de Lukács es la de Dénes Zoltai, Egy írástudó vivezatér. Lukács György 1945 utáni munkásságáról (Un intelectual vuelve. Sobre la obra de György Lukács después de 1945), Budapest, Kossuth, 1985, págs. 249. Zoltai fue alumno de Lukács en los años 1946-49 y luego su colaborador más cercano hasta 1956. Algunas otras referencias se pueden encontrar en István Toth, “Lukács György művelődéspolitikai nézetei a koaliciós korszakban (1945-1948)” (Le concezioni di politica culturale di György Lukács al tempo della coalizione (1945-1948) [Las concepciones de la política cultural de György Lukács en el momento de la coalición (1945-1948)]) en Lukács elő, editado por L. Sziklai, Budapest, Kossuth, 1986, pp. 295-305; y más brevemente en György Poszler, Az évszázad csapdái (Le insidie del secolo [Las trampas del siglo]), Budapest, Magvető, 1986, págs. 113 y siguientes. Generalmente la literatura secundaria sobre este período está en húngaro, los eruditos no húngaros se interesaron muy poco en este período o solo fueron anti-lukácsianos propagandistas ideológicos.Para la relación entre Lukács y la cultura húngara, véase I. Sanders, “Lukács and the Hungarian Culture”, en Hungary and European Civilization [Hungría y la civilización europea], editor Gy. Ranki, Budapest, Akadémiai Kiadó, 1989, p. 399-409. 

[2] G. Lukács, “Le visioni del mondo aristocratica e democratica” [“La visión aristocrática y democrática del mundo”] (1946), en G. Lukács, Testamento politico [Testamento político], editado por A. Infranca y M. Vedda, Milano, Punto Rosso, 2016, p. 29.

[3] G. Lukács, Pensiero vissuto [Pensamiento vivido], editado por I. Eörsi e E. Vezer, tr. it. A. Scarponi, Roma, Editori Riuniti, 1982, p. 223.

[4] Cfr. I. Mészáros, La rivolta degli intellettuali in Ungheria [La revuelta de los intelectuales en Hungría], Torino, Einaudi, 1958, p. 25.

[5] G. Lukács, “I compiti della filosofia marxista nella nuova democrazia” [“Las tareas de la filosofía marxista en la nueva democracia”], en G. Lukács, Testamento politico [Testamento político], editado por A. Infranca y M. Vedda, Milano, Punto Rosso, 2016, p. 51. Se trata de una conferencia que Lukács celebró en Milán en diciembre de 1947, por tanto en un país que no era de democracia popular, pero donde existía uno de los partidos comunistas más fuertes de Occidente. En efecto, Lukács enfatiza el papel del partido como portador de la conciencia de clase: “La vanguardia del pueblo trabajador ya posee hoy esta conciencia y sus organizaciones de masas tienden a introducirla cada vez más profundamente entre los trabajadores”, p. 58.

[6] CfrIbíd., p. 58.

[7] Ibíd., p. 53. 

[8] G. Lukács, “Demokracia es Kultura” [“Democracia y cultura”], ahora en G. Lukács, Magyar Irodalon Magyar Kultura [Literatura húngara, Cultura húngara], op. cit., p. 314 [La traducción es del autor]. El ensayo fue parte de Irodalom es demokracia (Letteratura e democrazia [Literatura y democracia]) Budapest, Szikra, 1947.  

[9] G. Lukács, “Makarenko. Il poema pedagogico” [“Marenko. El poema pedagógico”], en G. Lukács, La letteratura sovietica [La literatura soviética], tr. it. I. P., Roma, Editori Riuniti, 1955, p. 170.

[10] Ibíd., p. 194-195. 

[11] G. Lukács, “Le visioni del mondo aristocratica e democratica” [“La visión aristocrática y democrática del mundo”] (1946), op. cit., p. 47.

[12] Lukács también hace una insinuación autocrítica sobre las raíces teóricas de esta personalidad burguesa: “De la afirmación estética de la vida, predominante a finales de siglo, al sombrío endurecimiento de Heidegger en el ‘vacío nulo’” (Cfr. Ibid, p. 27). La afirmación estética de la vida es la referencia autocrítica y autobiográfica a su etapa juvenil.

[13] Cfr. Ibid., p. 31. 

[14] G. Lukács, “Irodalom és demokracia” [“Literatura y democracia”], ahora en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kultura [Literatura húngara, Cultura húngara], op. cit., p. 320 [La traducción es del autor] Este ensayo también formó parte Irodalom és demokracia [Literatura y democracia], op. cit., al cual dio título.

[15] G. Lukács, “I compiti della filosofia marxista nella nuova democrazia” [“Las tareas de la filosofía marxista en la nueva democracia”], op. cit., p. 55.

[16] G. Lukács, “Irodalom és demokracia” [“Literatura y democracia”], op. cit., p. 324 [La traducción es del autor].

[17] G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], Budapest, Uj Magyar Könyvkiadó, 1946, p. 8 [La traducción es del autor]. El ensayo pasó a formar parte de la colección de ensayos Irodalom és demokracia [Literatura y democracia], op. cit.

[18] G. Lukács, “Sciolochov. Il placido Don”, en G. Lukács, La letteratura sovietica [La literatura soviética], op. cit., p. 151. Este ensayo también es de 1949.

[19] Cfr. G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], op. cit., p. 11.

[20] G. Lukács, “Makarenko. Poema pedagógico”, op. cit., p. 199.

[21] G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], op. cit., p. 8 [La traducción es del autor].

[22] Cfr. G. Lukács, “Demokrácia és kultúra” [“Democracia y cultura”], en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kultura [Literatura húngara, Cultura húngara], op. cit., p. 313.

[23] Cfr. G. Lukács, “Le visioni del mondo aristocratica e democratica” (1946), op. cit., p. 25.

[24] G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], op. cit., p. 8 [La traducción es del autor; cursivas del traductor].

[25] G. Lukács, “I compiti della filosofia marxista nella nuova democrazia” [“Las tareas de la filosofía marxista en la nueva democracia”], op. cit., p. 70.

[26] G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], op. cit., p. 9 [La traducción es del autor].

[27] G. Lukács, “Makarenko Il poema pedagogico”, op. cit., p. 185.

[28] Ibid., p. 216. 

[29] G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], op. cit., p. 18 [La traducción es del autor].

[30] G. Lukács, “Le visioni del mondo aristocratica e democratica” [“La visión aristocrática y democrática del mundo”] (1946), op. cit., pp. 33-34. El término “civiltà” se encuentra aquí como Zivilisation del alemán, que también se puede traducir como “civilización”.

[31] Ibíd., p. 46. 

[32] G. Lukács, Lenin és a kultura kérdései [Lenin y los problemas de la cultura], op. cit., p. 20 [La traducción es del autor]. 

[33] G. Lukács, Előszó en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kultura [Literatura húngara, Cultura hungara], op. cit., p. 18.

[34] G. Lukács, “Régi és új legendák ellen” [“Contra viejas y nuevas leyendas”] en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kultura [Literatura húngara, Cultura hungara], op. cit., p. 414 [La traducción es del autor].

[35] Cfr. G. Lukács, Lenin és a kultura kérdéseiop. cit., p. 10.

[36] G. Lukács, “Irodalom és demokracia” [“Literatura y democracia”], Tarsadalmi Szemle, núm. 2, marzo 1946, p. 195 [La traducción es del autor].

[37] G. Lukács, “Fadeev La disfatta”, en G. Lúkacs, La letteratura sovietica [La literatura soviética], op. cit., p. 105. Hay que tener en cuenta que este ensayo es de 1949, poco antes del inicio de la Lukács vita (Debate Lukács) que lo llevó a abandonar la política y la docencia. 

[38] G. Lukács, “Irodalom és demokracia II”, en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kulturaop. cit., p. 328 [La traducción es del autor].

[39] Ibíd., p. 331 [La traducción es del autor]. 

[40] G. Lukács, “A népi irók mérlegen” [“Escritores populares en escalas”], en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kulturaop. cit., p. 373 [La traducción es del autor].

[41] G. Lukács, “Poesia di partito” [“Poesía de partido”], tr. it. F. Codino, in G. Lukács, Marxismo e politica culturale [Marxismo y política cultural], Torino, Einaudi, 1977, p. 51.

[42] Ibid., p. 53. 

[43] Ibid., p. 61.

[44] Ibid., p. 66. 

[45] “Los discursos o artículos comunistas que generalmente profesan argumentos correctos no siempre han encontrado el nivel más alto de lo que se requería de la época; a menudo mezclados con ellos había pequeños remanentes del espíritu sectario, generalmente anticuado” (G. Lukács, “A magyar irodalom egysége” [La unidad de la literatura húngara], en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kulturaop. cit., p. 351 [la traducción es del autor] Nótese la prudencia con la que Lukács expresa su crítica al “espíritu sectario”; todavía estamos en 1946.

[46] Cfr. G. Lukács, “Bek La strada per Volokolamsk”, en G. Lukács, La letteratura sovieticaop. cit., p. 300.

[47] G. Lukács, “I compiti della filosofia marxista nella nuova democrazia”, op. cit., p. 57.

[48] G. Lukács. “A giccs-ről és a proletkult-ról, Szemináriumi füzetek kultúrvezetők, Budapest, Szikra,1947, núm. 4, p. 12 [La traducción es del autor]. Debe tenerse en cuenta que esta es una conferencia dada a jóvenes activistas del partido y nunca se ha vuelto a publicar. 

[49] G. Lukács, “Szabad vagy iránított művészet?” [“¿Arte libre o directo?”] en G. Lukács, Magyar Irodalom Magyar Kultura [Literatura húngara, Cultura húngara] op. cit., p. 391 [La traducción es del autor]. 

[50] Sobre esta apertura de la cultura húngara a los estratos populares, cfr. B. Köpeczi, “Lukács György kultúrafelfogása” (“La percepción de la cultura en György Lukács”), en Lukács előop. cit., pp. 17-24.

[51] “Al estilo de Richelieu-Rudas” comentará Lukács en una carta del 18 de mayo de 1950 a József Revai [Traducción del autor] (Cfr. Irodalmi és Demokrácia. Az irodalmi (un. Lukács-)vita dokumentumai (1949-1951), a cargo de J. Ambrus, vol. II, Budapest, Lukács Archivum, 1982, p. 289; una edición reducida de esta colección se encuentra en A Lukács-vita, a cargo de J. Ambrus, Budapest, Múzsák, 1985, pp. 354).

[52] La cita es tomada del ensayo de Károly Urbán, Lukács György és a magyar munkásmozgalom (György Lukács y el movimiento obrero húngaro), Budapest, Kossuth, 1985, p. 131[Traducción del autor].

[53] G. Lukács, “Bírálat és önbírálat” (“Crítica y autocrítica”), en Irodalmi és Demokrácia. Az irodalmi (un. Lukács-)vita dokumentumai (1949-1951), vol. I, op. cit., pp. 72-73 [Traducción del autor].

[54] G. Lukács, Pensiero vissuto [Pensamiento vivido], op. cit., p. 154.

[55] Ibid., p. 151. 

[56] Así se autodefine en una carta a József Révai del 3 de enero de 1950 (Cfr. Irodalmi és Demokrácia. Az irodalmi (un. Lukács-)vita dokumentumai (1949-1951), vol. II, op. cit., p. 287) [Traducción del autor].

[57] En realidad la dirigencia del partido responderá con un genérico: “La Secretaría ha considerado su solicitud” (Cfr. K. Urbán, op. cit., p. 139) [Traducción del autor]. Mientras tanto Lukács obtuvo de la universidad un año sabático de suspensión de la actividad de enseñanza hasta septiembre de 1950 y pudo viajar al exterior (Weimar, Berlín, Roma).

[58] En un ensayo posterior “Párttevékenységem és Lukács György való egiüttműködésem kezdete” “(“Mi actividad de partido y cómo comenzó mi colaboración efectiva con György Lukács”), en Ezredvég, a. IX, n°. 8, agosto 1999, Szigeti recuerda toda su participación en el “Debate Lukács”, pero también el hecho de que Lakatos fue, a su vez, discípulo de Lukács y que polemizó fuertemente con el maestro. También en 1957-58 Szigeti vuelve a atacar a Lukács, recordando la polémica de 1949-50 (Cfr. J. Szigeti, “Nich einmal zur Lukács Frage” en Georg Lukács und der Revisionismus, Berlin, Das Arsenal, 1977, pp. 137-212).

[59] A. Fadeeev, “Az irodalmi feladatai” (“Las tareas de la crítica literaria”), en Irodalmi és Demokrácia. Az irodalmi (un. Lukács-)vita dokumentumai (1949-1951), vol. I, op. cit., p. 251-252) [Traducción del autor].

[60] J. Revai, “Megjegyzések irodalmunk néhany kérdéséhez” (“Sobre algunos problemas de nuestra literatura”), en Irodalmi és Demokrácia. Az irodalmi (un. Lukács-)vita dokumentumai (1949-1951), vol. I, op. cit., p. 214 [Traducción del autor].

[61] Idem. [Traducción del autor]. 

[62] Ibid., p. 215 [Traductor del autor]. 

[63] Lukács “vira a la derecha y comienza a luchar no por el realismo socialista, sino contra él”. (CfrIbid., p. 216) [Traducción del autor].

[64] Cfr. Ibid., p. 217 [Traducción del autor].

[65] Cfr. G. Lukács, “Le visioni del mondo aristocratica e democratica [“La visión aristocrática y democrática del mundo”] (1946), op. cit., p. 22.

[66] Cfr. I. Mészáros, op. cit., p. 30. Revai no aceptaba la similitud que Lukács defendía entre la literatura de la decadencia burguesa y el realismo soviético (Cfr. Ibid., p. 95).

[67] En realidad Lukács se sentía atraído hacia la cultura popular desde su elevación a la alta cultura: “reconozco la influencia que ejerce sobre mí, al lado de Ady, el democratismo popular del arte de Bartok (Cantata profana)” (G. Lukács, Előszó, in G. Lukács, Magyar Irodalon Magyar Kulturaop. cit., p. 20).

[68] G. Lukács, “Következtetések az irodalmi vitából” ( “Conclusiones sobre el debate literario”), en Irodalmi és Demokrácia. Az irodalmi (un. Lukács-)vita dokumentumai (1949-1951), vol. II, op. cit., p. 153 [Traducción del autor].

[69] Cfr. I. Mészáros, op. cit., p. 33.

[70] Ibid., p. 156 [Traducción del autor].

[71] El apoyo no solicitado de Merleau-Ponty se basaba en su desconocimiento del húngaro y, por lo tanto, en la gran mayoría de las intervenciones en el “debate Lukács”. Una prueba se encuentra en M. Merleau-Ponty, Le avventure della dialettica [La aventura de la dialectica], a cargo de D. Scarso, Milano, Mimesis, 2008, pp. 78-83.

[72] Las obras de Lukács continuaron publicándose en Alemania Oriental, mientras que en Hungría estaban prohibidas. Por orden de Rákosi, Luis Aragón se opuso a la publicación de las obras de Lukács en Francia (cfr. I. Mészáros, op. cit., p. 22).

[73] Carta citada por K. Urbán, Lukács György és a magyar munkásmozgalom [György Lukács y el movimiento obrero húngaro], op. cit., p. 149 [Traducción del autor].

[74] G. Lukács, Pensiero vissutoop. cit., p. 223. Agnés Heller, sin embargo, sigue defendiendo que “Lukács era un funcionario comunista y un burgués digno.” (A. Heller, Il valore del caso. La mia vita, tr. it. F. De Pascale, Roma, Castelvecchi, 2019, p. 61). ¿Cómo podía ser funcionario de un partido, como el húngaro, al que no estaba afiliado?

[75] Cfr. I. Mészáros, op. cit., p. 85.