ANTONIO GRAMSCI COMO PURGATORIO DE NICOS POULANTZAS

Después de Gramsci hubo un sin-número de usos y abusos del concepto de hegemonía. Aquí vamos a explorar la interpretación, crítica y desarrollo que Nicos Poulantzas elaboró sobre este concepto. Sin embargo, primero es necesario dedicar unas palabras para evitar encender las angustias que dicha operación podría motivar a causa de la vieja querella estructuralismo-historicismo. Es verdad que en Poder político y clases sociales en el Estado capitalista (PPCS), el teórico griego: 1) entiende a la economía como una región capaz de autovalorizarse externamente una vez asegurado el cerco del Estado; 2) subestima la complejidad de la práctica hegemónica y tiende a reducirla a la unión entre las burguesías; 3) encierra la constitución de las clases dominantes por su función en el modo de producción; 4) supedita la explicación de las transformaciones sociales a los desfases regionales; 5) es incapaz de teorizar las correlaciones de fuerzas históricas como internas a las instancias políticas. Todas estas son limitaciones irreductibles de su texto del 68. No obstante, la mayoría de estas problemáticas serán superadas en Estado, Poder y Socialismo (en adelante EPS), donde encontraremos una novedosa perspectiva sobre la diversidad e interacción de poderes dentro y fuera del Estado, y la relacionalidad del poder.

En EPS define al Estado capitalista como una relación, más exactamente como la condensación material de una relación de fuerzas entre clases y fracciones de clase.[1] Para entender esta afirmación es necesario distinguir entre aparato de Estado y poder de Estado. Como aparato, el Estado refiere a un entramado político de instituciones, centros de poder y prácticas vinculantes organizativo-nacionales que concentran y materializan las relaciones políticas en una forma específica al modo de producción. El poder del Estado, en cambio, evoca el equilibrio relacional de las fuerzas en lucha y las capacidades estratégico-relacionales del bloque en el poder. Entonces, el Estado no es un proceso o relación social, sino una condensación material y específica de esas relaciones. El concepto de relación remite al de poder de Estado, y el de aparato refiere al de condensación. El Estado cuenta con unas materialidades que poseen una memoria que privilegia ciertas fuerzas, prácticas, intereses, estrategias e identidades sobre otras; al tiempo que ciertas prácticas políticas son convocadas como orientación en el contexto estratégico de aquellas y su relación con la sociedad. Esta memoria no domina por sí misma, pues su activación requiere de fuerzas con estrategias de clase relativamente coherentes en una coyuntura. Como puede verse, en EPS nos encontramos lejos de una perspectiva estructuralista. De hecho, desde el 69 Nicos afirmó que: mediante la comprensión de las relaciones de poder como relaciones de clase, he intentado romper definitivamente con el estructuralismo, forma moderna del idealismo burgués.[2]

Ahora bien, aunque Poulantzas aprovechó la fase de máxima ascendencia o 1966 como año santo del estructuralismo, jamás perteneció al núcleo de los discípulos althusserianos. De hecho, ya desde su periodo existencialista desarrolló varios de los argumentos clave sobre la teoría materialista del Estado. Cierto es que desde 1965 se distanció del existencialismo, pero su crítica a Sartre fue menos sociológica que filosófica, pues la dirigió contra esa antropología que hacía posible alcanzar la universalidad a condición de mantenerse en la intersubjetividad. Para Nicos esto impedía la profundización analítica de los niveles históricamente determinados de la estructuración social. Por tal razón, de Althusser retomó ciertos medios filosóficos para superar la sobre-ontologización de la realidad; pero aun así fue Gramsci quien le proporcionó los conceptos sustantivos sobre la teoría del Estado capitalista.

Poulantzas se aproximó a Gramsci a través de su interés por los estudios sobre el marxismo italiano. Su acercamiento, no obstante, fue bastante desconfiado debido al difundido uso voluntarista de los Cuadernos y a la influencia historicista del italiano. De cualquier manera, Nicos trató a la hegemonía como la propiedad central del poder de clase y la dominación política de las democracias capitalistas contemporáneas. Destacó al Estado como un conjunto estructural específico que desarrolla sus efectos en la reproducción de la sociedad clasística a partir de la escisión economía-política. Lejos de derivar al Estado de unas relaciones de producción anteriores a la política, es la hegemonía como relación de universalización cristalizada en el Estado la que determina su forma y su función. Esta perspectiva la podemos encontrar en los textos de Hegemonía y dominación en el Estado moderno, PPCS y EPS; o sea, constituye una idea tan importante que es trasversal a todas las fases de Poulantzas.

En segundo lugar, Nicos estimó con justeza aquella tesis de que en el Estado la clase propietaria se unifica por sobre los choques de la competencia[3]. Para el griego, la autonomía del Estado respecto de las clases económicamente poderosas permite la suspensión del efecto de aislamiento en tanto que el Estado organiza y expresa la unidad de sus intereses políticos al interior de un bloque en el poder. Los sectores que participan de este bloque se llaman clases dominantes. Si la hegemonía popular depende de la capacidad de una clase para definir el interés general del pueblo-nación, la hegemonía sobre el bloque en el poder imbrica el lugar político que ocupa una fracción dominante para ordenar a las otras en el circuito del capital y controlar la asignación de capital monetario hacia los sectores de inversión. Es verdad que en los Cuadernos Gramsci descifra la hegemonía por la calidad del nexo dirigentes-dirigidos, y por ello resulta extraño que la unidad de las clases dominantes aparezca como atributo de la hegemonía independientemente del desglose de la construcción nacional-popular de la formación social entera. Pero si es posible entender el concepto de Poulantzas como una novedad, ello debería especificarse por referencia a su teorización sobre la densidad institucional como condición de la hegemonía.

En tercer lugar, Poulantzas también desarrolló la idea de que el Estado desorganiza a las clases dominadas. Mediante el derecho privado el Estado constituye a los agentes productivos en sujetos jurídicos libres e iguales. Aunque ahora son habilitados para participar en la dinámica del contrato de trabajo y los títulos de propiedad, se encuentran aislados o en grupos fragmentados, ya sea como trabajadores, capitalistas u otras clases. Cuando el Estado ratifica la atomización de los productores, asegura la fractura social y destruye las condiciones de auto-organización de esas clases. Esto produce el efecto de aislamiento cuya reproducción despliega una permanente despolitización. Pero sobre este aislamiento, mediante el derecho público, el Estado unifica a esos sujetos en el marco del principio formal de la soberanía. Esto constituye la identidad del Estado-nacional-popular-de clase.

En cuarto lugar, siguiendo a Gramsci, afirmó que la unidad que produce el Estado sobre las clases dominantes no es imaginaria sin más, sino que se trata de una construcción nacional planteada sobre compromisos que refieren a las condiciones de reproducción de los intereses económico-corporativos de las clases subordinadas[4]. En PPCS las clases dominadas refieren únicamente al proletariado, pero en realidad el Estado puede incluir los intereses de otros sectores dominados. Estas medidas no son inherentes a la reproducción del capitalismo como tal, y de hecho, para ser vigentes, deben ser compatibles con la dominación política a largo plazo. Aunque el Estado no sea una zona neutral de operación, tampoco es una configuración única de los intereses de clase, y por ello también es un terreno atravesado por la confrontación, las resistencias, los estancamientos, las derrotas y hasta las victorias momentáneas. Todo esto no contradice su propiedad clasística, sino que de hecho explica su especificidad: el Estado no traduce al nivel político los intereses de las clases dominantes, sino la relación de aquellos intereses con los de las clases dominadas.

En quinto lugar, el análisis poulantziano de la ideología está en deuda con Althusser, pero también con Gramsci. Aunque para el griego la unidad de las formaciones sociales no deriva de la cosmovisión de las clases dominantes, no le resta importancia a la perspectiva de que las relaciones de dominación deben aparecer como consensuadas mediante la ideología jurídica. Esta consiste en una relación imaginaria de los sujetos con sus condiciones de existencia, en tanto que oculta el fondo productivo y reconstruye un discurso relativamente coherente para dar forma a las representaciones en el marco de la unidad de esa formación. No obstante, la ideología jurídica no resulta de una segregación automática de la economía, pues sólo se desarrolla cuando enlaza con otros aparatos de Estado, funcionarios e intelectuales. Además, dado que no es producto de la imposición ideológica de los sectores dominantes, también presenta rasgos subordinados de otras ideologías o modos de vida. En PPCS no es posible ubicar, separadamente, la instancia ideológica de la dominación sin el Estado. De ahí que, como dice Graciela Inda, si antes de su autocrítica Althusser asigna el papel de cohesión social a la ideología dominante, sin relacionarla abiertamente con el Estado, Poulantzas se atreve a introducir una precisión valiosa: la ideología dominante es una ideología de Estado[5].

En sexto lugar, también retomó la idea de que la lucha política revolucionaria está orientada hacia el control del poder estatal auto-organizado. Para el griego, una de las dimensiones del Estado en el MPC es que constituye el punto de impacto de cohesión de las instancias y modos de producción, y también el sitio del equilibrio de los efectos contradictorios que potencialmente conducen a su crisis. Los mecanismos de acumulación no aseguran la reproducción automática de las relaciones sociales, y por ello la cohesión política tiene la finalidad de sujetar la reproducción de las relaciones de dominación capitalista. Y dado que los antagonismos de clase son inmanentes al capitalismo, el equilibrio ordena las contradicciones en el límite de la cohesión por su referencia a la actualidad de las relaciones de producción que son las relaciones de clase. El Estado condensa las contradicciones entre las instancias y las que se suscitan entre las clases, de forma que su análisis posibilita el desciframiento de la unidad particular de las formaciones. A su vez, asume el punto nodal del proceso de reproducción y transformación de las formaciones como tales. Si la dominación es vigente, ello indicaría que las prácticas clasísticas han tenido al Estado como su punto de impacto para la conservación. Al mismo tiempo, las prácticas dirigidas hacia la transformación del orden en su conjunto, deben tener como objetivo nodal de lucha sólo al Estado en el marco de una intensificación específica de los antagonismos. No se trata de un olvido de los otros frentes o sucesión de etapas de lucha, primero económica y luego política, sino de una primacía de la lucha política porque al orientarse al Estado como nudo de la concentración de los niveles de la lucha de clases, permite generar las transformaciones profundas. Esto constituye un abordaje directo de la pregunta: “¿por qué el problema fundamental de toda revolución es el del poder del Estado?”

En séptimo lugar, Nicos también extendió los conceptos de las notas gramscianas sobre el americanismo y el fordismo en relación con la definición de las clases sociales. Para el griego, más allá de la economía, la teoría de las clases debe partir de la reproducción extendida de las relaciones políticas e ideológicas de producción. En las sociedades donde domina el MPC la polarización entre la burguesía y la clase obrera es fundamental. En cambio, para conceptuar a los asalariados no productivos, lo político y lo ideológico se transforman en determinantes. La vigilancia, el control y la dirección administrativa pasan a ser momentos centrales para identificar la subordinación política laboral; mientras que la división del trabajo mental-manual, competencias técnicas y habilidades mecánico-universitarias se vuelven procesos sustanciales para comprender las relaciones ideológicas que se integran a los procesos de trabajo de manera subordinada. Todo esto resulta muy útil para explicar las relaciones de producción que no son directamente capitalistas o donde no es sencillo identificar la trama de la explotación.

En octavo lugar, expandió la teorización sobre los aparatos de Estado en su papel de organizadores de la hegemonía. Para Nicos existen cuatro tipos de aparatos: el aparato de Estado propiamente dicho, el represivo, el ideológico y el económico-administrativo. Poulantzas supera el funcionalismo engaño/prohibición, pues los entiende como enraizados en las modalidades de dominación capitalista y al mismo tiempo como productores de subjetividades. También afirma que presentan una resistencia o adecuación a las modificaciones sociales, al tiempo que se hallan atravesados por el equilibrio relacional de fuerzas. Además, examina los modos de relación del aparato central con los mecanismos internacionales y los comprende como los medios con los que se difunden discursivamente, y de manera pública, las tácticas de unificación de las clases dominantes.

Por último, en noveno lugar, se benefició de la definición gramsciana del Estado integral. En EPS sostuvo que el poder del aparato estatal se funda en las relaciones de producción y en la división social del trabajo. Esto significa que la separación economía-política es la forma de la presencia constitutiva de lo político en las relaciones de producción, y la reproducción de las condiciones políticas e ideológicas bajo las cuales se produce esa relación. Esto le permitió entender las formas complejas de intervención estatal y el rol ideológico de las unidades productivas. Aunque el fundamento histórico de la separación sea la mercantilización de la fuerza de trabajo y la exclusión formal de la violencia extra-económica de la política, Poulantzas abrió la posibilidad para analizar una serie de distinciones concernientes a los regímenes específicos de hegemonía y acumulación. La naturaleza relacional del poder depende de fuerzas no directamente clasísticas, lazos extra-políticos y redes de poder paralelas al Estado. Esto lo encaminó a considerar el peso de otras formas de opresión que sintetiza el Estado capitalista, como el patriarcado. Una última derivación que procede de la concepción ampliada del Estado, refiere a sus conceptos extendidos sobre los diversos modos de crisis: política, ideológica, de legitimidad o del personal del Estado.

Ahora bien, la recuperación de los conceptos políticos gramscianos por parte de Poulantzas implicó siempre el distanciamiento respecto de los conceptos filosóficos del italiano. A primera vista esto podría ser inocente, pero lo cierto es que hay por lo menos un residuo de inmunda pseudo-crítica althusseriana que deforma gravemente los conceptos políticos. Nos referimos al dúo Estado-sociedad civil, elaborado por Marx, y que Poulantzas abandona porque, según él, remite a un mundo de necesidades anterior al Estado o reductible al individualismo de la circulación mercantil. Por otro lado, el concepto gramsciano también es marginado debido a que lo entiende como esfera de organizaciones privadas externas al Estado, como si la coerción fuera el monopolio exclusivo del Estado, mientras que la hegemonía lo sería sólo de la sociedad civil. Paradógicamente, aquellas indicaciones de Gramsci acerca de que el Estado engloba tanto a la sociedad política y a la sociedad civil fueron ignoradas por Poulantzas, ya que las comprendía como residuos de la influencias neo-hegelianas. Este malentendido, en verdad, tiene unos efectos desafortunados en la teoría de Poulantzas que enumeraremos a continuación: 1) abandona el concepto de bloque histórico como unidad de estructura y superestructura, sociedad-política y sociedad-civil; 2) limita la hegemonía sólo a la relación entre las clases dominantes; 3) reduce el concepto de crisis de Estado, y admite sólo la crisis de hegemonía dentro del bloque en el poder; 4) desdibuja la distinción entre la hegemonía como tendencia a producir las condiciones para una futura situación de dominio y la hegemonía como dominación efectiva; 5) excluye la perspectiva de la guerra de posiciones —aun cuando el socialismo democrático tenía muchas coincidencias con esto.

No obstante, pensamos que la miseria más grande de Poulantzas refiere a que para él la separación economía-política propia del capitalismo aparece como la causa automática de la hegemonía. Esto se explica si tenemos en cuenta que desde Introducción al estudio de la hegemonía define este concepto como la fase del proceso de estructuración política en que la universalidad alcanza un grado determinante en las relaciones de dominación cristalizadas por el Estado y, en segundo lugar, indica que la clase dominante estructura sus intereses para presentarlos objetivamente como horizonte común de las fracciones dominantes e interés general de la nación[6]. No obstante, si en el capitalismo se vuelve necesario que la dominación de clase se halle mediatizada por la política, entonces la hegemonía resulta de la mecánica inherente del capitalismo. Esto explicaría afirmaciones como esta: [el Estado] toma a su cargo el interés político de la burguesía, que realiza por su cuenta la función de hegemonía política que ésta no puede desempeñar[7]. Con esto llegamos a la identidad de los conceptos de Estado y hegemonía, y al impedimento para distinguir entre formas de dominación hegemónica y no hegemónica en el capitalismo. El problema no se halla en la insistencia de la separación economía-política del capitalismo, sino en su abordaje anti-historicista que le conduce a naturalizara, como si no constituyera un proceso desigual entre su figura y la forma quebrada o insidiosa de su cumplimiento en relación con la sociedad civil.

En realidad, aquella crítica de los conceptos filosóficos gramscianos, sobre todo del historicismo absoluto, constituye de por sí un ridículo exceso. En los Cuadernos la expresión “historicismo absoluto” aparece explícitamente sólo tres veces[8], en el contexto de la denuncia contra los elementos especulativos que obstaculizaban la reflexión sobre la historicidad propia del marxismo. Gramsci criticó el historicismo de Croce porque el napolitano ambicionaba una filosofía exenta de elementos ideológicos que terminaba vedando a la realidad de su historicidad. El historicismo de Gramsci, en cambio, evoca al marxismo como una concepción que resulta de una síntesis revolucionaria de varias tradiciones y que se distingue por reconocer el carácter histórico y político de todo planteamiento filosófico, incluyendo el suyo. A Gramsci no le fue necesario establecer una diferencia cualitativa entre ciencia e ideología para teorizar los espacios complejos del bloque histórico en sus ritmos particulares, autonomía relativa y anudamientos no lineales. De hecho, Peter Thomas afirma que en los Cuadernos podemos encontrar el abordaje plural del tiempo en al menos cuatro asuntos relevantes: la personalidad, los Estados, el lenguaje y la lucha de clases[9].

Por eso es que consideramos que las críticas de Althusser contra el historicismo gramsciano son, si se nos permite utilizar una expresión popular, “un tiro que le salió por la culata”[10]. Pero aun así hay algo de verdad en el balance que hace Buci-Glucksmann sobre aquellas críticas: sería conveniente preguntarse si sus críticas, bastante injustas, no han liberado algunos aspectos inexplorados e inexplotados del pensamiento gramsciano”[11]. La posición anti-historicista simplifica y exagera los rasgos de su enemigo, pero facilita el estudio de las opacidades de las instancias que oponen una resistencia específica a la praxis y que el sujeto debe asumir como el in-put histórico y condicionante para la producción de los efectos deseados.A diferencia de otros asociados al althusserianismo, Poulantzas nunca evitó el diálogo con los conceptos y las preguntas de Gramsci. En los textos de Poulantzas hallaremos siempre aquella perspectiva gramsciana según la cual el Estado se involucra activamente en construir y modificar el equilibrio inestable de compromisos sobre el que funda su base histórica. Pero además, encontraremos un plus: la sensibilidad para preguntar cómo es que esto ocurre a través de las materialidades institucionales específicas del Estado en sus diferentes formas, etapas, coyunturas y fuerzas de clase que intervienen estratégicamente. O sea, encontramos un análisis del poder estatal como condensación determinada por la forma del equilibrio de fuerzas, mediada por la memoria selectiva del Estado y suceptible de ser activada por fuerzas con estrategias recursivas y micropolíticas prodigiosamente incoherentes[12].

Si esto es verdad, es posible afirmar que la teoría de EPS concentra los elementos necesarios para constituir una teoría del Estado a la altura de nuestros tiempos, en el sentido de que: 1) se fundamenta en las cualidades específicas del capitalismo; 2) atribuye a la lucha de clases un lugar fundamental al interior del proceso de acumulación; 3) establece las relaciones entre economía y política sin reducciones mutuas, derivaciones abstractas o tratamientos aislados; 4) admite las diferencias histórico-nacionales en la conformación de las funciones estatales; 5) reconoce la influencia de clases no capitalistas e incluso de fuerzas que no son clases en la determinación del Estado; 7) postula que no todo lo que hace el Estado será necesariamente en beneficio del capital; 8) indica que no siempre el Estado sabrá resolver de antemano todos los problemas de la acumulación y, 9) que aun cuando lo supiera, no siempre tendrá los recursos necesarios para su conservación. En todos estos puntos la teoría del Estado tiende a ser la historia de cada Estado. Tal vez, como han señalado Chantal Mouffe y Showstack Sassoon, una aproximación althusseriana a Gramsci tiene como resultado un enjuiciamiento de las tesis de Althusser[13]. Nicos podría ser entendido como un teórico de la praxis política e institucional que atravesó la problemática althusseriana para concretar preguntas de investigación en un terreno diferente[14], pero, por lo visto, bajo el espíritu gramsciano. ¿Quién podría negar que, después de Gramsci, Poulantzas es el mayor teórico del Estado a nivel mundial?


[1]Nicos Poulantzas, Estado, Poder y Socialismo, México, Siglo veintiuno editores, 2014, p. 154.

[2]Nicos Poulantzas, “El problema del Estado capitalista”, en Horacio Tarcus (compilador), Debates sobre el Estado capitalista, Buenos Aires, Imago Mundi,1991, p. 169.

[3] Antonio Gramsci, “La conquista del Estado”, en Escritos políticos (1917-1933), México, Siglo Veintiuno Editores, 2011, p. 93.

[4] Según Gramsci, “la vida estatal es concebida como un continuo formarse y superarse de equilibrios inestables […] entre los intereses del grupo fundamental y los de los grupos subordinados.” Antonio Gramsci, Cuadernos, México, Era, 1999, C13, §17. Tomo 5.

[5] Graciela Inda, (2021). “El encuentro Poulantzas/Althusser (1964-1968): resonancias sobre Estado y práctica política”. En Intersticios sociales, N°22, Jalisco, p. 44.

[6] Nicos Poulantzas, “Introducción al estudio de la hegemonía en el Estado”, en Hegemonía y dominación en el Estado moderno, México, Pasado y Presente, 1986. pp. 51-52.

[7] Nicos Poulantzas, Poder político y clases sociales en el Estado capitalista, México, Siglo Veintiuno Editores, 1973, p. 372.

[8] Cuadernos, C8, §204; C11, §6; C15, §61.

[9] Peter Thomas, The Gramscian Moment. Philosophy, Hegemony and Marxism, Boston, Brill, 2009.

[10] En el caso de Althusser su crítica al historicismo estaba muy vinculada a su disenso respecto del PCI de 1960, que justificaba la teoría en su práctica política como criterio de verdad: el tiempo homogéneo establece que la política del PCI va en el sentido de la historia. Althusser flexibilizó su postura frente a Gramsci veinte años después en su materialismo aleatorio

[11] Christine Buci-Glucksmann, Gramsci y el Estado. Hacia una teoría materialista de la filosofía, México, Siglo Veintiuno Editores, 1978, p. 90.

[12] Bob Jessop, “Althusser, Poulantzas, Buci-Glucksmann: The Elaboration of Gramsci’s concept of the integral state”, en Sonja Buckel y Andreas Fischer-Lescano (editores), Hegemony armoured by Force: Civil Society and Politics in Antonio Gramsci’s Understanding of the State, Baden-Baden, Nomos Verlag, 2007.

[13] Chantal Mouffe y Anne Showstack Sassoon, (1977). “Gramsci in France and Italy —a review of the literature”. En Economy and Society, N°1, p. 56.

[14] Peter Thomas, “Conjunctures of the Integral State. Poulantzas’s Reading of Gramsci”, en Varios, Reading Poulantzas, Londres, Merlin Press, 2011, p. 277.