Por una ética pública a contracorriente de la deshumanización que priva

Lesionan y desprecian no sólo el derecho de la hospitalidad sino también el de la humanidad./ El propio derecho de hospitalidad era ya una vergüenza para la humanidad./ En efecto, ¿qué mundo es éste en que un derecho especial debe fijar quién es el anfitrión y quién el huésped? (Joseph Roth, El Anticristo)

En muchos lugares del orbe, hoy soplan vientos neocoloniales de lesa humanidad1: en nuestro continente provienen del norte, pero también del sur… (siempre han soplado -con más o menos intensidad- en dirección del Norte hacia el Sur). En el mal llamado Medio Oriente, hace 15 meses se instaló un tornado. Huracanes privatizadores: privan de la vida, expolian suelos y subsuelos, roban y patentan semillas, arrebatan el agua, desmontan, desertifican, enferman a las mayorías en nombre de la salud, sofocan a la naturaleza imponiendo artificios… derrumban viviendas, arrancan la tierra debajo de los pies… los enriquecidos erigen muros para impedir el paso libre de sus empobrecidos que huyen buscando refugio. Se propusieron arrasar con los comunes: como si el agua, el aire y la tierra no estuvieran vivos. En plena temporada de ciclones supremacistas es preciso defender los espacios públicos. A continuación, algunas figuras que podrían ayudarnos a imaginar otras constelaciones (esto es, otras formas de configurar las fuerzas y de nombrarlas). Emulando el gesto de Dalí en aquel cuadro que causó tanto escándalo: aprender a mirar a la Gorgona desde arriba… incluso hacerle cosquillas en su espalda.

  1. Empezaré por señalar la política conocida como El Muro, en mayúsculas (Ritaine 19). Se trata de una política fundamentalmente aporofóbica, de segregación territorial que, además de la erección de muros físicos, se compone de onerosos dispositivos de control cuyo fin es dominar el movimiento de las poblaciones y amenazar la vida de las mayorías por ella empobrecidas. El miedo al otro, que la nutre, se cultiva en su deshumanización. En la política de El Muro, el espacio público deja de serlo en función de la protección del capital privado, pero veamos cómo semejante despropósito puede hacerse factible con procedimientos autoproclamados “democráticos”. A continuación, resumo una instantánea del “teatro del consenso” que logra la aprobación social de la construcción de un muro, pues -aunque no se diga- el muro encierra de ambos lados (para ello repaso la obra en tres actos que ya expliqué en otra parte)2:

Primer Acto: Un grupo que ve amenazados sus privilegios, determina que la entrada libre por la frontera de su país es un “problema político” (hacen que un asunto privado se vuelva público).

Segundo Acto: Al decir que ese “problema político” amenaza a todos los habitantes, exigen “protección” del gobierno en medios de comunicación y ante el poder judicial.

Tercer Acto: El Estado se ve obligado a “obedecer” los intereses privados de ese grupo como si fueran los de todos.

Desenlace:  Los gobernantes construyen un muro con el material que el Estado compra (con dinero público) a las empresas (privadas) de los pocos que inventaron el “problema político”.

(Este “aguafuerte” -con el perdón de Roberto Arlt- alerta sobre varios aspectos de la necesidad de recuperar lo público -intangible- contra la corriente privatizadora neoliberal, a saber: los medios y la justicia).

  1. Una promesa para tener en cuenta a contracorriente de la deshumanización que priva en el orbe reside en la polifonía del humanismo mexicano frente al bramido monocorde del supremacismo. Saberes múltiples carnavalescos (Bajtín) efervescen en nuestros más de 68 mundos lingüísticos y le “sacan la lengua” a la aplanadora de ese oxímoron letal conocido como “inteligencia artificial” (una monolingüe mercenaria genocida). Humilde humanismo mexicano: el humus común (cum munus) de lo humano, vacuna contra la deshumanización privatizadora. Recordemos a Roberto Esposito3: “communitas es el conjunto de personas a las que une, no una ‘propiedad’, sino justamente un deber o una deuda. Conjunto de personas unidas no por un ‘más’, sino por un ‘menos’, una falta, un límite que se configura como un gravamen, o incluso una modalidad carencial, para quien está ‘afectado’, a diferencia de aquel que está ‘exento’ o ‘eximido’. (…) La communitas está ligada al sacrificio de la compensatio, mientras que la immunitas implica el beneficio de la dispensatio.” (advertencia de la 4T para los adictos al erario que olvidaron que la política es servicio: tomen consciencia de que la “inmunidad” es perecedera… el pueblo ya lo sabe). La comunidad, por definición, se resiste a la apropiación.
  2. Si hablamos de lo común en estos términos ajenos a la propiedad, es importante pensar en las afinidades que nos unen, que nada tienen que ver con una identidad fija (evoco aquí la aclaración etimológica ofrecida por Viveiros de Castro4: “Etimológicamente, afín es el que está situado ad-finis, aquel cuyo dominio confina con el mío. Los afines son los que comunican por los bordes, los que tienen ‘en común’ únicamente lo que los separa”). Vacuna contra el esencialismo y los nacionalismos tóxicos que desprende. Este antropólogo nos sacude del opiáceo llamado “multiculturalismo” -que es hijo del relativismo cultural- y lo hace con el aguijón del “multinaturalismo”, que presupone una humanidad común: “es humano todo ser que ocupe la posición de sujeto cosmológico; todo existente puede ser pensado como pensante (existe, luego piensa), es decir, un ‘activado’ o ‘agentado’ por un punto de vista; por otro lado, una diversidad radical real u objetiva. El perspectivismo es un multinaturalismo porque una perspectiva no es una representación”. La puesta en perspectiva del concepto de representación es un respiro que ofrece el perspectivismo amerindio. Este último conforma al humanismo mexicano en el cual los pueblos de México imprimen saberes vivos en traducción. Perspectivismo, pues las perspectivas remiten al cuerpo, mientras que las representaciones se inscriben en el supremacismo racional cartesiano. En el humanismo mexicano perspectivista habita una práctica política más acá de la representatividad abstracta correspondiente a la gastada idea “occidental” (perdonen la imprecisión) de democracia. Otra democracia es posible, desde el cuerpo, honrando todo lo vivo (dicho con AMLO: con el pueblo todo…)
  3. Una propuesta humanista interesante de la 4T fue la Guía Ética para la Transformación de México, por cierto, muy criticada por aquellos que consideran a la democracia en términos de mercadotecnia y, cual consumidores exigentes, denostaron el gesto humilde de aquella mañanera en la cual el presidente AMLO ofreció el pre-texto para un diálogo intergeneracional e intercultural en torno a la dimensión pública de la ética, proponiéndola como condición de posibilidad para una política arraigada en lo social. Para decirlo con Viveiros de Castro, perspectivismo vs representación, parece despuntar otra política posible: una trama ética sobre una urdimbre de singularidades (que no es una simple suma de individuos). Una potente figura de las Tesis para la era atómica de Günther Anders5 late en el texto blanco, entre las negras letras de esa guía: la “internacional de las generaciones”. El filósofo, corresponsal del piloto de Hiroshima, conocido avisador del fuego en la era atómica, hace un llamado urgente a ejercer la imaginación. Se trata de una imaginación moral, capaz de sobreponerse y poner un límite al afán insaciable de producir. En 1959 Anders constataba que la capacidad humana de producción había roto el nivel de lo moralmente imaginable, calificándola como supraliminal (esto es, aquello que traspasa el umbral de nuestra capacidad de imaginar las consecuencias de lo que producimos). La producción y el crecimiento nos vuelven esclavos y amenazan la vida, hay un cortocircuito cuando la economía fabrica muerte. Basten 4 letras, 65 años más tarde: Gaza. 

La Guía Ética, que se recomienda leer de manera intersticial entre tímidos signos de interrogación, quiso ser un “detente” ante aquello que Roth describió en 1934 y hoy acecha tras el muro: “promete honrar el pasado y pronostica un futuro (porque sabe que tras él no habrá ya ninguno), asegura que ayudará a salvar la humanidad y el humanitarismo y, al mismo tiempo, liquida a los hombres, como si su lengua engañosa no supiera lo que perpetra su mano asesina”6. Cuatro décadas después de 1984, en la neolengua de hoy, el mundo entero atestigua pasmado, a plena luz del día, la aceleración técnica del genocidio vociferado como “defensa de la vida”.

  1. Una figura bíblica dolorosa (Números, cap. 13) acecha en la ética pública: la de una tierra que se come a sus habitantes. O mejor dicho: aquí en México hay quienes esconden en la tierra a los hijos de nuestro pueblo, de nuestros pueblos. Madres y familiares rasguñan el suelo con amor, con una esperanza temerosa y temblorosa. Es urgente que la ética pública atienda las sangres de nuestros hermanos que claman desde la tierra. Y cuando invoco el verbo “atender”, lejos de toda burocracia, pienso en Malebranche, que define a la atención como la “plegaria natural del alma”. Tierra anegada de lágrimas, de rabia digna, escarbarán en ella, dicen, “hasta que la dignidad se haga costumbre”. Atender implica entender que el doliente puede exhibir su herida abierta de maneras incómodas o poco convencionales (o, como hace poco escuché a unos jóvenes supuestamente descoloniales calificar “de mal gusto”). Atender implica escuchar al otro, a la otra, en algo que no es precisamente un diálogo en el cual puedan converger dos razones, en una invocación de la amargura (de ahí el mal gusto) que, al inicio, sólo puede abrazar en silencio. La atención es hospitalidad a sabiendas de que no tendremos la capacidad de comprender la experiencia del otro. Cuando el dolor se hace público, el cuidado sale a la calle para abrazarlo, para acompañarlo, y la ética del servicio público se vuelve una hoja en blanco para trazar juntos una cartografía de la esperanza.

Para concluir:

Las cinco figuras propuestas: 1- la política de El Muro al desnudo, 2- la comunidad sin propiedad, 3- el perspectivismo amerindio anti-supremacista, 4- el imperativo de la imaginación y 5- la atención, trazan una constelación de vulner(h)abilidades, esto es, de potencialidades que surgen a partir de la asunción de la vulnerabilidad propia de lo humano7

Frente a una cultura autodenominada “occidental” que, avergonzada de la fragilidad humana elemental, destruye y se autodestruye; ante el gesto sistémico de autoodio de los enriquecidos, que desprecian aquello que les es más íntimo (a saber, la humana menesterosidad), es preciso ensayar la ágil política de la alegría spinoziana. La creatividad de los pueblos de México es fértil e imparable (entre muchos otros, un aguafuerte perdura en mi memoria y por él me “naturalicé” mexicana: los campamentos de la dignidad y la resistencia de 2006). Para Spinoza, un sistema político se fortalece con la participación activa (corpórea) de la sociedad. Más acá de la “representación”: la vida comunitaria (Esposito) de los afines en sus diferencias (Viveiros) activa y fortalece a la política. 

En términos de la política spinoziana de las pasiones (cuya ética opone pasiones tristes -que alejan de la vida- a pasiones alegres, que la afirman) la política de El Muro se finca en la pasión triste por antonomasia que es el odio. Hoy las pantallas -ese espacio privado disfrazado de público- quisieran indicar que sólo la política de El Muro es real. Sin embargo, no es más que una fantasía… aunque es letal (la sedicente “política real” del neoliberalismo es la más fantasiosa y se alimenta de la industria de muerte; a contracorriente va la utopía, que es el oxígeno respirado por las mayorías). 

Siguiendo a Fabrizio Mejía-Madrid (desde Spinoza): el sedicente “cerebralismo” de los “comentócratas” es apenas una maraña de pasiones tristes (que, por definición, es perecedera) y la política perdurable está en las pasiones creativas de los que -sin prejuicio y desde el amor a la vida- ponen el cuerpo. La buena noticia es que para la ética spinoziana, que nos define como seres pasionales, la tarea de la razón consiste en transformar las pasiones tristes en pasiones alegres. Si nuestra frontera norte se cierra en un nacionalismo racista alimentado por el miedo al otro (hijo del odio), de “este lado” del muro (que también sabe mirar al “otro lado”), una sinfonía de pasiones alegres debe fortalecer el tejido de vida alimentado en las diferencias. Con la alegre sabiduría de los niños podríamos decir que de “este lado” del muro, le “sacamos la lengua” a las pasiones tristes (recuperando los sentidos vivos de las palabras). Ojalá sirva para ello esta constelación de figuras en aras de una ética pública, a contracorriente de la deshumanización que priva, al modo de una cosmopolítica que germina desde el desconcierto (porque se resiste a concertar con la máquina de muerte). A los depredadores de la vida en común, que de la ética pública sólo hicieron una fachada, sería bueno desplegarles -de su lado en el muro que erigieron- el acta de Roque Dalton8 con cuya palabras termino:

Acta

En nombre de quienes lavan ropa ajena
(y expulsan de la blancura la mugre ajena).
En nombre de quienes cuidan hijos ajenos
(y venden su fuerza de trabajo
en forma de amor maternal y humillaciones).
En nombre de quienes habitan en vivienda ajena
(que ya no es vientre amable sino una tumba o cárcel).
En nombre de quienes comen mendrugos ajenos
(y aún los mastican con sentimiento de ladrón).
En nombre de quienes viven en un país ajeno
(las casas y las fábricas y los comercios
y las calles y las ciudades y los pueblos
y los ríos y los lagos y los volcanes y los montes
son siempre de otros
y por eso está allí la policía y la guardia
cuidándolos contra nosotros).
En nombre de quienes lo único que tienen
es hambre, explotación, enfermedades,
sed de justicia y de agua,
persecuciones, condenas,
soledad, abandono, opresión, muerte.
Yo acuso a la propiedad privada
de privarnos de todo.

Y yo (Silvana Rabinovich), aquí y ahora, acuso a esa minoría privatizadora de lo político, de querer privar de la vida a las mayorías.  Ni sus muros ni sus bramidos amenazantes, ni sus armas letales lograrán arrebatarnos nuestra insumisa alegría.

Foro de Humanismo Mexicano INEHRM Ciencia y Tecnología

23 de enero de 2025

  1. Cf. Ritaine, Evelyne, “La barrière et le checkpoint: mise en politique de l’asymétrie”, Cultures & Conflits, 73, Printemps 2009, pp. 15-33 ↩︎
  2. https://www.iifl.unam.mx/uploads/justiciadelotro/digitales/catMuros/mobile/index.html ↩︎
  3. Esposito, Roberto, Communitas. Origen y destino de la comunidad, Amorrortu, Buenos Aires, 2007, pp. 29-30 ↩︎
  4. Viveiros de Castro, Eduardo, Metafísicas caníbales. Líneas de antropología postestructural, Katz, Buenos Aires, 2010, p. 56 ↩︎
  5. Aders, Günther (2019). Tesis para la Era Atómica. Estudios Latinoamericanos, (44), 171–184. https://doi.org/10.22201/fcpys.24484946e.2019.44.77205 ↩︎
  6. Roth, op. cit, p. 26 ↩︎
  7. Desarrollé este concepto en Rabinovich, Silvana, Trazos para una teología política descolonial, IIFL UNAM, CDMX, 2021, pp. 205 y ss. ↩︎
  8. https://www.cceba.org.ar/letras/dos-poemas-de-roque-dalton ↩︎