El domingo 4 de mayo se convocó a la VI Sesión del Consejo Nacional de Morena, órgano de dirección que entre cada Congreso Nacional tiene la autoridad para formular las recomendaciones, críticas y propuestas de plan de acción para el periodo siguiente. El encuentro requirió la presencia de los 364 consejeros nacionales, entre ellos, los provenientes de las bases del partido electos a través del Congreso Nacional, los presidentes y secretarios generales de Morena en las 32 entidades del país, el Comité Ejecutivo Nacional, los gobernadores emanados de Morena y los consejeros eméritos.
Los asistentes conocían previamente el orden del día y el punto único a tratar, los “Lineamientos para el comportamiento ético que deben tener las personas representantes, servidoras públicas, protagonistas del cambio verdadero y militantes de Morena”1 que desde ese día serán difundidos como los “Lineamientos éticos de Morena”. A unos meses del inicio del segundo sexenio de la Transformación, es más que oportuno reflexionar sobre las coordenadas para el siguiente periodo. Se trata de un nuevo capítulo de la añeja discusión entre principios y pragmatismo; entre vieja y nueva cultura política.
Entre pequeños grupos de consejeros comentaron, previo a la sesión, que se llegó a este punto porque, en sus recorridos a ras de suelo por todo el país, la Presidenta de México se ha encontrado con un cúmulo de inquietudes, quejas, dudas y observaciones sobre el actuar de diversos actores políticos, cuyos cargos obtuvieron electoralmente bajo las siglas de Morena. En ese tenor, la Dra. Claudia Sheinbaum ha realizado una interpelación puntual y contundente a través de una carta —que ya es de dominio público— dirigida a los dirigentes de Morena donde retoma los sentimientos de militantes y simpatizantes de la Cuarta Transformación del México profundo.
El cónclave del 4 de mayo nos remite a otros momentos significativos al interior del obradorismo, cuando también se hacía patente la disyuntiva entre refrendar la esencia del movimiento (luchar a conciencia por un cambio verdadero) o permitir que desviaciones y errores hicieran perder la brújula del barco colectivo.
En 1997, el entonces presidente nacional del PRD, Andrés Manuel López Obrador, había logrado los mejores resultados electorales para un partido de izquierda en la historia reciente (salvo 1988, pero ahí no fue un partido sino la coalición agrupada en el Frente Democrático Nacional FDN). Después de los comicios, el dirigente reunió a los alcaldes ganadores —pues el PRD se adjudicó el triunfo en la capital del país y en municipios tan importantes (hasta ese año bastiones priistas) como Ciudad Nezahualcóyotl —y les advirtió: “Quien empiece con fantocherías y faramallas, quien robe como los adversarios le vamos a hacer manicure con machete”. Fue un primer llamado desde el lenguaje coloquial del tabasqueño a la ética en la política. Fue célebre que, siendo presidente del PRD, López Obrador hubiera destinado la mayor parte de las prerrogativas —fruto del crecimiento electoral de 1997, pues pasó de obtener el 16.59% de los votos en 1994 al 24.96% en 1997— a un fondo para las viudas de los más de 670 militantes del PRD asesinados entre 1989 y 1997, a oficinas de atención a migrantes en Estados Unidos y a libros de texto gratuitos en los municipios gobernados por el PRD.
Desde la campaña de 2006, López Obrador refería su preocupación en público y en privado sobre la necesidad de un equipo vasto, incorruptible, ajeno al individualismo y con sensibilidad para la ardua tarea de reconstruir el país. “No bastan los dirigentes, Juárez estuvo rodeado de los liberales, una generación de hombres que parecían gigantes”, solía decir.
En 2010, en plena guerra de Felipe Calderón, desde el corazón del obradorismo se propuso la tesis de la república amorosa. Frente a odio y la violencia desatados por el panismo en el poder, se formuló que el pueblo retomara valores éticos, morales y comunitarios; habría que combatir la degradación moral alentada por el neoliberalismo, pero también retomar desde la trinchera personal la ética como esencia de la política, y deconstruir la vieja cultura política priista, aquella que actuaba bajo la máxima: “el que no transa no avanza”.
El 6 de diciembre de 2011, AMLO presentó los fundamentos para una república amorosa2, que en la primavera de 2012 fueron enriquecidos por intelectuales, académicos y artistas como Hugo Gutiérrez Vega, Enrique Dussel, Alfredo López Austin, Elena Poniatowska, Rafael Barajas “El fisgón”, Miguel Concha, Guillermo Briseño, Raquel Serur y Marta Lamas, entre otros, durante el Congreso por una república amorosa realizado en la UNAM. Entre otras discusiones, se abordó el papel del protagonista del cambio verdadero, pues AMLO hizo una referencia cardinal:
“En los pueblos de Oaxaca, por ejemplo, los miembros de la comunidad practican sus creencias religiosas y, al mismo tiempo, trabajan en obras públicas y en cargos de gobierno, sin recibir salario o sueldo, motivados por el principio moral de que se debe servir a los demás, a la colectividad. No domina el individualismo; la persona no vale por lo que tiene o por los bienes materiales que acumule, sino por el prestigio que logra después de probar su vocación de servicio, su rectitud y el amor a sus semejantes, y esa es su mayor recompensa en la tierra.”3
En la 6ª Sesión del Consejo Nacional hay expectación, pero también una sensación de triunfo, que recorre el ánimo de las bases del movimiento que han conocido el documento. La presidenta del partido, la secretaria general del CEN, el director del Instituto Nacional de Formación Política, y algunas gobernadoras y gobernadores dieron lectura a los ocho apartados de los Lineamientos éticos: Preámbulo, Considerandos, Disposiciones Generales, I. Austeridad republicana y vocación de servir, II. Independencia de los poderes fácticos, III. Respeto e igualdad entre la militancia, IV. Prohibición del nepotismo y V. Valores democráticos. El documento puntualiza conductas contrarias al movimiento, que en otras circunstancias podrían ubicarse en el sentido común para un partido surgido en las luchas sociales y de izquierda, sin embargo, hacerlas explícitas es quizá el valor de los lineamientos frente a quienes —desde la politiquería leguleya— actúan bajo la premisa de que “lo que no está expresamente prohibido, está permitido”.
Se señalan conductas contrarias a los principios del partido, por ejemplo: “Promover el consumismo o exhibir signos de ostentación material como joyería, ropa de marcas exclusivas, propiedades o automóviles de alto valor, restaurantes o turismo de lujo, entre otras extravagancias. La parafernalia del poder pertenece al pasado de corrupción y privilegios; morena es humildad”, o “Utilizar el encargo que se ostenta para solicitar o promover tratos exclusivos, privilegios o prebendas, comportarse con prepotencia o soberbia, o humillar o sobajar a las personas”.
En votación unánime, se aprobaron los lineamientos. Es indudable que se trata de un gran salto hacia adelante en la transición al segundo piso de la Transformación. Estallaron algunos aplausos y permearon las sonrisas —e incluso los abrazos—. Los consejeros se tomaron fotos y selfies mostrando el cartón con el sentido aprobatorio de su voto.
Curiosamente, el escepticismo figuró en los rostros de dos polos extremos: de un lado se encuentran quienes —desde sus orígenes priistas— han conducido su quehacer político con adicción a la parafernalia del poder, el amiguismo y cierta fantochería — misma que exhiben con sonrisas sarcásticas—; y, por otro lado, los militantes que han llegado como representantes de sus distritos al Consejo Nacional con un verdadero trabajo de base, pues se muestran satisfechos pero reservados, y cuya posición puede resumirse en una intervención posterior a la votación, donde diversas voces señalaron: “El papel aguanta todo, pero ¿quién nos dará garantías?”.
Los desafíos de mantener “principios y eficacia política”, de recuperar la ética en la política en tiempos de un vigoroso crecimiento político-electoral del —quizá— partido-movimiento más importante del mundo en la actualidad, y de construir una nueva cultura política sin los excesos de las viejas élites políticas son un aliciente profundo para la mayoría de los asistentes al Consejo Nacional. Los nuevos lineamientos se inscriben en la ruta de esfuerzos colectivos por “corregir a tiempo”. La tarea es difundirlos y que el movimiento los haga suyos4. Si bien Morena obtuvo grandes triunfos en el proceso electoral de 2024, no es un secreto que perdió 17 de las 29 ciudades capitales en disputa, en un contexto donde los señalamientos de reproducir las viejas prácticas de la política alejaron a núcleos urbanos de la transformación en ciernes.
- Consejo Nacional de Morena, Morena, publicado el 4 de mayo de 2025 ↩︎
- López Obrador, Andrés Manuel. “Fundamentos para una república amorosa,” La Jornada, 6 de diciembre de 2011. ↩︎
- Ibidem ↩︎
- “Es la presencia de los creyentes, finalmente, la que impide a los partidos ser hasta sus últimas consecuencias esos animales oportunistas descritos por Downs, prontos a moverse de izquierda a derecha y de derecha a izquierda por un puñado de votos” (Angelo Panebianco, Modelos de partido: Organización y poder en los partidos políticos (Madrid: Alianza Editorial, 1995), 72). ↩︎