Bolivia, el suicidio de la revolución democrátia y plurinacional

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La situación electoral de Bolivia nos indica que no importan los grandes resultados que los proyectos progresistas hayan acumulado durante sus años de gestión: la satisfacción popular y la aparente politización pueden desmoronarse con dos o tres años de crisis económica. Esto es lo que he advertido en mi reciente viaje a Bolivia y durante mi estadía en Santa Cruz de la Sierra, La Paz y Sucre.  El 17 de agosto del presente año terminará un ciclo de aproximadamente veinte años en Bolivia. Ese ciclo que comenzó con la guerra del agua en Cochabamba (2002), la guerra del gas en el entonces suburbio capitalino de El Alto (2003), culminó con la apoteósica victoria de Evo Morales en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005 cuando obtuvo en la primera vuelta el 53% de los votos. Este 17 de agosto el partido histórico de la revolución democrática plurinacional no solamente será derrotado, sino su votación será ínfima según las últimas encuestas que he consultado pues obtendrá entre 1.7 y 2% de los votos y por tanto perderá su registro como partido. Ese día los dos candidatos punteros de la derecha boliviana, Samuel Doria Medina y Jorge “Tuto” Quiroga estarán habilitados para pasar a la segunda vuelta electoral.

De acuerdo con las referidas encuestas Doria Medina obtendría ese día el 24% mientras Quiroga alcanzaría el 22%. Esto quiere decir que en las elecciones de segunda vuelta del domingo 19 de octubre el electorado boliviano tendrá que decidir entre dos candidaturas de factura abiertamente neoliberal. Una segunda encuesta nacional electoral publicada a mediados de julio le da un total de 51% de los votos a la suma de los candidatos de la derecha Doria, Quiroga, Villa, Paz, Fernández y Aracena mientras que los de izquierda Rodríguez, Castillo y Copa acumularían 15%. El voto en blanco, nulo e indeciso sumaría el 32%. Desvencijado el MAS y Evo Morales fuera de la contienda, la única alternativa de izquierda postulada por Alianza Popular con Andrónico Rodríguez obtendría un tercer lugar con entre 11 y 14%. No es un dato menor que las encuestas apunten que al momento de realizarse, el voto blanco, nulo e indeciso ascendía al 27% y en días posteriores alcanzó el 32%. Una tercera parte del electorado boliviano no tiene una candidatura, lo cual podría deberse al desencanto con la gestión del MAS y al escepticismo que provoca el retorno de la derecha. O bien, ese alto porcentaje de indecisos o nulos podría en alguna medida deberse al voto duro de Evo Morales que se ha quedado sin opción.

Las bases materiales del desastre político.

Los resultados de las encuestas y las probables tendencias del voto para el 17 de agosto no deben ser leídas solamente para el caso boliviano. Lo mismo puede suceder en México y estuvo a punto de suceder en Venezuela. La crisis económica es el primer factor de la debacle del proyecto plurinacional y posneoliberal que la gente común con la que he hablado engloba con la palabra “socialismo”. En mi trayecto desde El Alto a La Paz, después de haber aterrizado proveniente de Santa Cruz, Don Julio el taxista que me conduce a mi destino me lo dice con claridad: la inflación es alta, la devaluación es grande y la falta de combustible (gasolina y diesel) generan grave descontento. “La cosa ya no esta tan mala, ahora solo invierto tres horas al día para conseguir gasolina para mi taxi” afirma mientras para mostrarme que no miente, me señala una larguísima fila de vehículos que busca obtener el combustible en un expendio del mismo.

Oficialmente, se pueden conseguir 6.96 bolivianos por un dólar. Pero la escasez de dólares es tan elevada que aun las casas de cambio autorizadas que visité en Santa Cruz y La Paz dan entre 15 y 16 bolivianos por un dólar. La causa principal de todo esto es la drástica caída de las exportaciones y precios del gas – el principal producto de exportación del país- que hicieron desplomar los ingresos por este rubro de 6,000 millones de dólares en 2013 a 1,700 en 2024. Esto ha disminuido significativamente las reservas de dólares de 15,000 millones de dólares en 2014 a menos de 2,000 millones en 2024. Los datos que he conseguido y que acabo de consignar parecen increíblemente bajos, pero sean exagerados o no, lo cierto es que la escasez de dólares también contribuye a la inflación. La disminución de exportaciones de gas (60%) es atribuida a un agotamiento de los yacimientos y a una deficiente política de exploración de nuevos yacimientos. La disminución de los precios del gas de 100 dólares el barril a  50 dólares, se debe a un decrecimiento de las compras por parte de Brasil y Argentina y a la competencia del gas natural licuado. Durante muchos años, el gas representó entre el 40 y el 50% de las exportaciones de Bolivia. En 2015 empezó la declinación hasta llegar en 2023-2024 a un 25%.

¿Qué efectos tiene todo esto? Me lo explica con sencillez la dependiente de una farmacia en La Paz adonde he ido a conseguir una medicina. Se me hace muy cara y se lo digo.  Y ella me responde: “Las medicinas se compran con dólares y no los hay, por eso los precios. Pero eso va a cambiar en noviembre cuando venga el nuevo gobierno”. Asiento con la cabeza, pero en mis adentro dudo que las esperanzas de esta mujer se vean confirmadas. La crisis es estructural y el próximo gobierno de derecha dificlmente la resolverá. La mayor parte de las personas a las que les he preguntado por sus simpatías en las próximas elecciones me han hablado de Doria Medina y en menor medida de Quiroga. En Sucre la gente con la que he hablado dice que “el socialismo no funcionó”. En Santa Cruz, son más enfáticos “Aquí en Santa Cruz nunca hemos estado con el MAS”, a lo que agregan que Santa Cruz sostiene a Bolivia entera y recibe muy poco a cambio. En Santa Cruz he notado un regionalismo exacerbado que ya colinda con el separatismo.

El suicidio: la división del progresismo posneoliberal.

Siendo la crisis económica el primer factor de la debacle del MAS, el segundo factor es la irreparable división entre el bloque de fuerzas políticas y sociales que sostuvo a la revolución democrática y plurinacional durante dos décadas. A esto es lo que yo llamo el suicidio de las fuerzas progresistas. En varios de sus agudos análisis, Álvaro García Linera caracterizó a los dos sectores que hasta 2024 integraban al MAS. En primer lugar, un sector encabezado por el presidente Luis Arce, acantonado en el Estado y que hacía uso de la fuerza que de éste emanaba para agregar masas a su proyecto. En segundo lugar, el liderazgo nacional-popular y plebeyo que surgió tras la figura carismática de Evo Morales. García Linera ha deplorado la división y se ha pronunciado por un nuevo liderazgo, acorde a la nueva etapa del proceso boliviano, una en que la fuerza jacobina de la transformación ha cedido paso a la consolidación y a la institucionalización. En alguna entrevista le escuché pronunciarse por Andrónico Rodríguez como la figura ideal para encabezar a esta nueva etapa. García Linera varias veces se pronunció por la unidad, porque si esta no se daba “Ay de Bolivia, pobre Bolivia, los pobres serán arrasados”.

Nada de esto se observó. Luis Arce desde su gobierno ha practicado a partir de 2023 y todo 2024 de manera enjundiosa el lawfare contra Evo Morales a quien se le han abierto unos cinco procesos penales por trata, estupro, instigación, terrorismo y difamación. Hoy Evo se ha declarado en rebeldía, no ha comparecido ante la justicia y se ha atrincherado en El Chapare cobijado por la protección de sus partidarios. Hasta ahora la justicia no puede entrar a capturarlo, pero Evo tampoco puede salir de su zona de seguridad. La fuerza del gobierno también ha influido para bloquear una eventual candidatura. En noviembre de 2024 el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) reconoció como dirigencia del MAS al sector partidario del presidente Arce con lo cual Evo Morales se quedó despojado del instrumento político que lo acuerpó durante casi veinte años. En mayo de 2025 el TCP ratificó que ya había cumplido dos mandatos populares y que por tanto estaba inequívocamente inhabilitado para postularse de nuevo como candidato presidencial. Evo y sus seguidores fundaron un nuevo partido (Evo Pueblo) pero fue desestimado por plazos legales y número de afiliados. Buscó también avalarse con el partido Frente para la Victoria, pero el Tribunal Superior Electoral estimó que ese partido no tenía registro pues no había obtenido el 3% de los votos en 2020.

Ante el bloqueo a la participación de Evo Morales en las elecciones presidenciales, sus seguidores iniciaron movilizaciones significativas a partir de fines de mayo y principios de junio del presente año en Cochabamba, Santa Cruz, Potosí a través de marchas, bloqueos de vías de comunicación. En La Paz las movilizaciones fueron significativas en la Plaza Murillo y en el barrio de Sopocachi. Estando en Sucre recibí el 30 de junio las noticias de una amplia movilización de masas indígenas en La Paz en el espíritu de “sin Evo no hay elecciones”. Los videos de la movilización resultan impresionantes, pero es sabido que masivas manifestaciones no son suficientes para ganar elecciones. Más aun después de la violenta confrontación en Llallagua (departamento de Potosí) que dejó un saldo de cuatro policías muertos y un campesino además de 32 heridos. Este enfrentamiento con su saldo sangriento le sirvió a los enemigos de Evo Morales para criminalizar a su movilización social. Pero las movilizaciones también tuvieron efectos económicos y sociales en un país ya afectado por la crisis. En Llallagua los mercados se cerraron, el transporte se interrumpió y las actividades económicas quedaron paralizadas. Los bloqueos en rutas troncales como las que conectan Oruro, Potosí y Cochabamba interrumpieron la cadena de suministros de productos agrícolas, alimentos, minerales y combustibles además de afectar la producción minera y generar escasez de productos y atizar la inflación. 

Evo en su laberinto.

A diferencia de las grandes movilizaciones de 2002 y 2003, las que ahora observamos vinculadas a la demanda de una fuerza política en particular (el evismo) no representan el sentir de la mayoría del pueblo boliviano y eso repercute en el liderazgo de Evo Morales: después de ser un líder nacional, su empecinamiento en volver a ser presidente lo ha vuelto a su condición original, es decir la de ser líder indiscutido solamente de una región del país.

Pero Evo Morales no parece darse cuenta de ello. En una entrevista auspiciada por el programa de Alfredo Jalife-Rahme, Evo ha asegurado que si lo dejan participar en las elecciones ganará con el 60% de los votos. No ha desperdiciado la oportunidad para atacar a su antaño inseparable Álvaro García Linera (“Sin mí, Álvaro no hubiera sido vicepresidente”), también a su antiguo seguidor Andrónico Rodríguez y por supuesto al candidato del cascarón del MAS Eduardo del Castillo, un articulado mestizo blanco originario de Santa Cruz quien como ministro de gobierno de Arce se ha visto involucrado en los actos represivos contra los partidarios de Evo. Las resoluciones del  ampliado nacional  del partido de Evo Morales (Evo Pueblo) celebrado  el 12 de julio en la localidad de Lauca Eñe en Cochabamba además de denunciar la proscripción política de Evo Morales, exigir la investigación de Cesar Siles ex ministro de Justicia por presunta corrupción y la liberación de los preso/as político/as del evismo, ratifican a Andrónico Rodríguez como “el mayor traidor del siglo XXI” y reafirman que no avalarán el proceso electoral por carecer de legitimidad, transparencia y representatividad. Mientras, el progresismo posneoliberal se atempera apostando infructíferamente de esa manera ganar más votos (del Castillo) o se radicaliza en sus manifestaciones para lograr el improbable escenario de participar en las elecciones (Evo) o busca ser un tercero en discordia (Andrónico), los tres sectores se enfrentan encarnizadamente. Una cuarta candidatura derivada del fraccionamiento del MAS, la de Eva Copa, parece poco significativa.

El ocaso del carisma nacional de Evo Morales acaso tenga causas más profunda que sus propios yerros políticos.  O acaso tenga consecuencias más profundas que la afectación de su propia personalidad. En un artículo recientemente publicado  la socióloga boliviana Carla Espósito  parte de la noción de “clase universal” de Antonio Gramsci quien postula como tal a aquella clase que despojándose de su “espíritu económico-corporativo” encarna los intereses de las demás clases y capas sociales.[1] La “clase universal” de Gramsci, el gran pensador boliviano René  Zavaleta Mercado la convirtió en la tercera  y última etapa de su formación intelectual  (la fuertemente influida por Gramsci) en aquella clase que actuaba con “espíritu estatal”, es decir que actuaba con espíritu hegemónico porque hacía coincidir sus propios intereses con los de la sociedad en su conjunto. En la visión de Espósito, a partir de la década de los noventa del siglo XX y particularmente entre 2000 y 2005, fue precisamente la base social de Evo Morales, los campesinos cocaleros “los trabajadores del trópico” los que dándole continuidad a su condición de “clase nacional” como lo afirmara Zavaleta, actuaron como clase universal cuando sus reivindicaciones antiimperialistas y antineoliberales en defensa de la coca, el agua y el gas lograron capitalizar el apoyo campesino y popular urbano. Veinte años después, los campesinos cocaleros han dejado de actuar como clase universal porque la reivindicación de los agravios populares derivados de la crisis irresuelta por el gobierno de Luis Arce, han sido acompañados por una demanda política particular que no necesariamente comparte todo el pueblo boliviano: que Evo sea candidato y que vuelva a ser presidente de Bolivia. No solamente Evo ha dejado de ser la encarnación de lo nacional-popular, al menos en el sentido en que lo fue a partir del primer lustro del siglo XXI, sino el núcleo duro de su liderazgo dejó de tener la universalidad que antaño tuvo. El líder con su empecinamiento arrastró a su movimiento a una demanda puntual y el movimiento particularizado ha hecho devenir al líder universal en liderazgo localizado política y regionalmente.

La derecha que nunca se equivoca de enemigo.

La derecha como siempre no se equivoca de enemigo. En Santa Cruz he podido ver en las calles del centro pintas con leyendas que dicen “Evo Pedófilo”, “Evo violador de niñas” aludiendo a uno de los procesos que tiene Evo Morales en el que se le acusa de haber tenido una relación con una adolescente de quince años. Se trata de destruir al líder más representativo de la revolución democrática y plurinacional. En la primera vuelta, la derecha neoliberal y la derecha neofascista se han insertado en seis candidaturas, tres de ellas notorias: Doria Medina, Quiroga y Manfred Reyes Villa. La ultraderecha se inclina más por el banzerista Quiroga, pero el neofascista Luis Eduardo Camacho ya tiene acuerdos con Doria Medina. Las primeras dos son las viables y de entre ellas saldrá el próximo presidente de Bolivia. En un intercambio de opiniones organizado por la Cámara Agropecuaria de Oriente (CAO) que no llegó a debate, Doria, Quiroga y Reyes expresaron el consenso neoliberal que regirá al próximo gobierno: eliminación de la república plurinacional, la agroindustria como el corazón de la economía boliviana, transgénicos, represión de la protesta social,   privatización de las empresas estatales, apertura al capital transnacional, eliminación de subsidios a los combustibles, eliminación de la propiedad comunitaria de la tierra. En suma, la contrarrevolución en manos del partido del extranjero. Es un programa político que le da continuidad a lo que ya advertía en 1974 un joven René Zavaleta Mercado cuando escribió desde su exilio uruguayo que en Bolivia las clases nacionales (las que después de la guerra del Chaco y la revolución de 1952 habían desarrollado una conciencia nacional) eran el campesinado, el proletariado minero y las capas medias. La oligarquía latifundista y minera no era sino una “casta extranjera”, un “agente del imperialismo”. Esto lo llevó a decir que en Bolivia el nacionalismo desvinculado de la lucha de clases no era sino alienación.[2]

  En una entrevista televisiva que pude ver, el irrelevante candidato de la Democracia Cristiana Rodrigo Paz Pereira, expresó el complemento político del consenso neoliberal: liberación de los golpistas de 2019 Jeanine Añez y Luis Fernando Camacho y persecución de Evo Morales y Álvaro García Linera. Particularmente me sorprendió el odio de Paz Pereira contra García Linera debido a que lo considera el cerebro que estuvo detrás de Evo y ahora está detrás de Andrónico. Álvaro es el autor intelectual de la desgracia que según él azotó a Bolivia entre 2006 y 2025. No en balde Zavaleta en el libro antes citado consideró que la filofascista Falange Socialista Boliviana “tuvo una deslavada conversión hacia la democracia cristiana”, atavismo que ahora revela su candidato presidencial.

La derrota en Bolivia: lecciones para el progresismo latinoamericano.

Desde 2014-2015 la crisis económica causada por la disminución de las exportaciones en y de los precios del gas empezaron a minar a la revolución democrática y plurinacional en Bolivia. El golpe de Estado de octubre de 2019 y luego la pandemia iniciada en 2020 empezaron a poner en tensión la viabilidad del progresismo posneoliberal. Era el momento de cerrar filas. En lugar de ello, el MAS hizo lo contrario y con ello ha conducido a la izquierda posneoliberal al suicidio que se consumará el próximo 17 de agosto. Los resultados de las elecciones de agosto y la eventual segunda vuelta en octubre de 2025 significarán no solamente un revés para el progresismo boliviano. Será una victoria reaccionaria que alentará el triunfalismo ultra neoliberal y neofascista que ha despertado el triunfo de Milei en 2023 en Argentina de cara a las elecciones en Chile y Honduras a fines de este año y las que se realizaran Colombia en mayo-junio y en Brasil en octubre de 2026.

Las lecciones que nos deja Bolivia en la coyuntura actual son en primer lugar que la politización progresista de un pueblo resulta relativa cuando hay una crisis prolongada que afecta sus condiciones de vida. Este hecho refuerza la importancia del trabajo ideológico y organizativo de base que haga ver las causas del progreso en la calidad de vida y las desventajas de un regreso de la derecha. También que mire la continuidad del proyecto progresista no en una figura en particular por más carismática que sea sino en un proyecto político que va más allá de la personalidad. En Argentina la despolitización hizo que las clases medias le dieran una lectura neoliberal al ascenso social que tuvieron bajo el kirchnerismo: en su lectura no fueron las políticas sociales las que las hicieron ascender sino su esfuerzo individual.

Una segunda gran lección es que el progresismo posneoliberal no puede atemperarse para quedar bien con las derechas y con ello disputarle los votos en su propio campo.  Los electores deben tener claro las diferencias entre la opción progresista y la neoliberal porque un progresismo que se acerca al neoliberalismo pierde parte de su electorado y no gana el de la derecha. En Bolivia este fue uno de los puntos de confrontación entre Luis Arce y Evo Morales a propósito de la refuncionalización de los ministerios de Hidrocarburos, Energía y Cultura, política exterior y relación con los movimientos sociales. El caso argentino es más claro: los amplios sectores populares no vieron gran diferencia entre el neoliberal Mauricio Macri (2015-2019) y el progresista Alberto Fernández (2019-2023) por lo que en el contexto de una inflación de 150% votaron por Milei.

La tercera gran lección que deja Bolivia es que si el progresismo neoliberal quiere seguir gravitando en América Latina su unidad debe ser mantenida por encima de todo. La derrota progresista en Bolivia será consecuencia de la crisis económica y social pero también de la división política del progresismo. El progresismo latinoamericano a través del Grupo Puebla y las gestiones diplomáticas de los gobiernos de Cuba y Venezuela hicieron esfuerzos muy grandes para que los dos grandes sectores del MAS reconsideraran sus diferencias y lograran la unidad. Fue imposible lograrlo y el peso del juicio de la historia será implacable con ambos lados.

Escribo estas líneas desde México y en un momento cumbre de la Cuarta Transformación. Los éxitos electorales de Morena son incuestionables producto del gran gobierno de Andrés Manuel López Obrador y el peso de su carisma. La presidenta Claudia Sheinbaum tiene niveles de aceptación que oscilan entre el 70 y el 80% lo que es resultado de su buen gobierno. Las perspectivas para las elecciones de 2027 son hasta el momento halagüeñas. Pero México navega en aguas procelosas con un imperio bajo el mando de Trump. Las lecciones de Bolivia también nos conciernen.


[1] Carla Espósito (2025). “¿El ocaso de la universalidad?: anatomía de una hegemonía fragmentada en Bolivia” Correo del Alba https://www.correodelalba.org/2025/07/02/el-ocaso-de-la-universalidad-anatomia-de-una-hegemonia-fragmentada-en-bolivia/

[2] René Zavaleta Mercado (1990). Bolivia el desarrollo de la conciencia nacional. Edigorial “Los Amigos del Libro” Werner Guttentag. Cochabamba-La Paz, Bolivia

  1. Una primera versión de este artículo fue publicado a principios de julio de 2025 en diversos medios periodísticos con el título “Bolivia, en víspera del suicidio progresista”. Esta versión esta corregida y aumentada. ↩︎