Jesse, una activista trans porta una sombrilla negra que usa en ocasiones como bastón andando por las calles del Downtown de Los Ángeles. Caminamos juntos al rededor de 4 calles y aún agitada por haber sido atacada por la policía, agita enérgicamente la sombrilla y me comenta: Con esto puedo entrar y sacar a mis compañeros heridos al mismo tiempo que me protejo de los petardos. Los policías no se tientan el corazón, disparan y nada les importa. Siempre han sido así, pero tenemos que resistir.
El sábado 14 de junio , miles de personas marcharon el el centro de los Ángeles en medio de la polémica marcha militar encabezada por el presidente Donald Trump, quien ocupa el aniversario de las fuerza armadas para festejar su onomástico número 79 acompañado de la cúpula conservadora de personajes siniestros que cada día arremeten contra la comunidad migrante a través del infame ICE, U.S. Immigration and Customs Enforcement, que hasta ahora ha separado decenas de familias para cumplir la promesa de campaña del mandatario.
La cita es a las 10 de la mañana, desde Chinatown, a 500 metros, ya ondean banderas mexicanas camino al centro y en estacionamientos cercanos se puede ver a grupos de jóvenes escribiendo mensajes en pancartas que después agitarán mientras caminan con sus compañeros. Los mensajes son claros:
-Fuck ICE
-CHINGA LA MIGRA
-FUERA ICE DE CALIFORNIA
-ICE ONLY IN MY HORCHATA
-NO KINGS ON THIS LANDS
Entre otros…
La marcha da banderazo frente al City Hall, un edificio vertical color marfil que surca el paisaje y es uno de los principales referentes arquitectónicos de la ciudad. Un puñado de policías vigilan tras una discreta reja, pero muestran armas largas y las que disparan gas en lata. Durante mas de 4 horas todo transcurre en paz y alegría, las multitudes cantan canciones latinas, bailan payaso de rodeo ( los mexicanos con maestría, los blancos como puedan) , hay familias, niños y el ambiente no puede estar mejor.
Una vez cansados y bajo el intenso sol californiano, las multitudes se comienzan a disipar y como punto final del acto, al rededor de 2,000 personas se concentran en un edificio federal a unas cuantas cuadras. Ahí, al rededor de 20 miembros del cuerpo de Marines, vigilan fuertemente armado y listos para actuar. Algunos evitan el contacto ocular, otros lo buscan y esbozan sonrisas hacia algunos participantes que buscan provocarles. Son unos cuantos. La mayoría incluso grita que se lleve la marcha en paz.
Aproximadamente a las 5 de la tarde, arriba la Policía de la ciudad. La infame L.A. PD. Que algunas series hollywodenses tratan de blanquear , pero que en realidad se trata de una corporación con serios índices de abuso policial e históricos actos de violencia. Rodney King en el 92 es uno de muchos.
-Tienen 5 minutos para irse o vamos a disiparlos, ¡Muévanse!- avisa un patrullero al tiempo que la caballería se encuentra arribando a sus espaldas. Eso solo significa una cosa: Ya no habrá tiempo para nada.
Oficiales de apellido: López, Hernández, Oviedo etc.. encabezan la primera línea y apalean a los manifestantes que a pesar de los golpes, continúan lanzando improperios y en actitud retadora hasta que los vaqueros de azul irrumpen con furia y golpean directo a la cabeza y al cuello una y otra vez. Comienza el caos.
Miembros de la prensa también son atacados. Nadie se salva y todo empeora con las descargas de gas. Ese aire picante y caliente que no permite respirar al tiempo que perfora la garganta y los ojos, como si uno respirara humo denso al mismo tiempo que fuego.
El saldo: Detenciones y heridos. Jóvenes veinteañeros con petardazos en los testículos y miembros de la prensa atacados directamente con balas de goma y latas de gas lanzados directamente entre las rodillas y el rostro. Casi nadie se salvó. Pero la solidaridad es absoluta, si te tiran, un grupo de muchachos flacos entra y te levanta para llevarte fuera y a salvo. Si tu herida sangra, una linda joven se te acerca y orece agua o limpiar la herida, si te golpean, hay un grupo de veteranos que retan a la policía y reciben un golpe para que puedas levantarte. Eso también es la comunidad. No solo violencia y racismo.
Más de 3 horas ha durado el enfrentamiento y todo indica que próximamente habrá más movilizaciones a pesar de los heridos y las detenciones de los participantes. Jesse, mi acompañante por unas cuadras, me regala una botella de agua y comenta: Esto no va comenzando, pero debemos hacer que termine. No podemos seguir envueltos en este fascismo. Que se jodan.