Conocemos a los sionistas que desacreditan a los antisionistas al acusarlos de antisemitismo. En cuanto a los verdaderos antisemitas, están divididos entre, por un lado, aquellos que pasan desapercibidos al presentarse como proisraelíes y, por otro lado, aquellos que atraen el odio hacia el pueblo judío al responsabilizarlo injustamente del genocidio en Gaza. Los genocidas también pretenden actuar en el nombre del judaísmo, pero muchos judíos exigen que la infamia no se cometa en su nombre.
Las confusiones entre las palabras impiden que nos entendamos entre nosotros y comprendamos la trama de los acontecimientos. Los malentendidos y la incomprensión dejan el campo libre para todo aquello de lo que somos testigos en relación con el pueblo palestino: la mistificación, el engaño, la manipulación, el abuso, la injusticia, la opresión, la violencia, el expolio y la muerte. Entre los múltiples requisitos que deben cumplirse para detener todo esto, uno es el de saber lo que significan los términos con los que designamos las identidades, las fuerzas y las posiciones involucradas en lo que está ocurriendo.
Aquí nos concentraremos en un término, el de “sionismo”, e intentaremos demostrar su vínculo esencial con otros dos, el de “antijudaísmo” y el de “antisemitismo”. Nos remontaremos primero al elemento antijudío característico del cristianismo proto-sionista, desde el siglo XIV hasta el XIX, para luego mostrar cómo el sionismo, tanto el cristiano como el pretendidamente judío, ha tenido un componente antisemita desde el siglo XIX hasta el presente. Antes de este recorrido histórico, habrá que recordar brevemente quiénes son en la modernidad aquellos a los que se llama judíos y antijudíos, semitas y antisemitas, y sionistas y antisionistas.
Judío, semita y sionista
Comencemos por los judíos modernos. Estos judíos se definen como tales por su cultura y a veces también por su religión. Su origen simbólico está en los antiguos israelitas de la Biblia y específicamente en Judá, hijo de Jacob, a su vez hijo de Isaac, hijo de Abraham. Si retrocedemos aún más en la ascendencia de Abraham, llegaremos hasta Sem, hijo de Noé.
La figura bíblica de Sem es la del ancestro común de todos los semitas. Al identificar actualmente a los judíos como semitas, estamos racializándolos al adscribirlos a un amplio grupo racial del Cercano Oriente que incluiría también a otros pueblos como los árabes. El principal denominador común de estos pueblos no es tanto su fenotipo como la familia semítica de sus lenguas, entre ellas el árabe, el hebreo, el arameo de Mesopotamia y el amhárico de Etiopía.
Además de las condiciones étnicas-lingüísticas semitas y religiosas-culturales judías, tenemos también la posición política nacionalista sionista. Esta posición, la que aquí más nos interesa, es la de quienes defienden la existencia de Israel como Estado nacional judío en los territorios palestinos. Justificando y promoviendo tanto la expulsión de los habitantes locales como el despojo y ocupación de sus tierras, el sionismo se ha convertido en una de las expresiones ideológicas más atroces de la violencia colonial en la actualidad.
Contra lo que suele creerse, el colonialismo sionista no es originaria y esencialmente ni judío ni semita. El suelo semítico y judaico no es aquel en el que brota un sionismo que hunde sus raíces en Europa y en la Cristiandad. Por un lado, para quien aún se interese en el incierto y peligroso tema de la constitución fenotípica-racial, basta escrutar la fisonomía de la mayoría de los sionistas para percatarse de que no tienden a ser los ejemplares más representativos del grupo étnico semita. Por otro lado, como lo constataremos ahora, los sionistas pueden ser y han sido históricamente, ya desde un principio, tanto cristianos como judíos, aunque tal vez de cierto modo, en su complexión cultural, suelan ser más cristianos que judíos, incluso cuando se presentan como judíos.
Antijudío, antisemita, antisionista
El sionismo no suele ser una expresión de semitismo y judaísmo, pero esto no le impide al sionista condenar el antisionismo como una forma de antisemitismo y antijudaísmo. Tal interpretación le sirve a quien la hace no sólo, a veces, para presentarse de modo retroactivo como semita y como judío, sino siempre, invariablemente, para descalificar a sus oponentes. La descalificación no podría ser más eficaz, pues en la historia moderna, tras el holocausto, no parece haber acusación más grave que la de antisemitismo y antijudaísmo, lo cual, por lo demás, resulta bastante comprensible.
Al acusar de antijudíos y antisemitas a los antisionistas, el sionista les gana la partida simbólica, desautorizando por adelantado todo lo que tengan que decir. Los vence así, pero de modo bastante paradójico, pues muchos de ellos podrían considerarse ya sea culturalmente más judíos o bien étnicamente más semitas que él. Piénsese, por ejemplo, en antisionistas como ciertos ultraortodoxos judíos o la mayoría de los activistas palestinos a los que podemos perfectamente caracterizar como los “indígenas” de sus territorios. ¿Acaso unos y otros no encarnan de verdad todo aquello que el sionista pretende falsamente representar y defender?
Pese a sus pretensiones judías y semitas, el sionismo es algo predominantemente cristiano y europeo. Tiene además una marcada orientación antijudía y antisemita que suele olvidarse. Recordándola en lo que sigue, mostraremos a grandes rasgos cómo se ha manifestado históricamente desde los tiempos del proto-sionismo cristiano.
Proto-sionismo cristiano antijudío
Remontándonos a los orígenes del antisemitismo sionista, quizás lo más lejos que lleguemos sea el siglo XIV. Es ahí donde encontramos los escritos proféticos del francés Juan de Rocatallada, también conocido como Jean de Roquetaillade o Johannes de Rupescissa (aproximadamente 1300-1370). Este alquimista y teólogo franciscano, seguidor de Joaquim de Fiore, profetizó que los judíos conversos reemplazarían a los romanos como pueblo elegido: reconstruirían Jerusalén, la convertirían en la nueva Roma y desde ella gobernarían el mundo a través de un Emperador que sería “de la simiente de Abraham”1. Hay aquí una clara anticipación del sionismo, pero también del antijudaísmo inherente al sionismo, pues los judíos tan sólo podrían cumplir su destino glorioso al esfumarse de Europa y al ya no ser verdaderamente judíos, al abandonar sus falsas creencias, al dejarse convertir, cristianizar, neutralizar como judíos.
La neutralización religiosa-cultural del judaísmo es un horizonte compartido por diversas escatologías proto-sionistas cristianas que surgirán en el contexto del reformismo, entre los siglos XVI y XVII, especialmente entre los puritanos calvinistas ingleses. Uno de ellos, Thomas Brightman (1552–1607), previó que los judíos se convertirían al cristianismo en 1650 y que retornarían a Palestina para transformarla en el centro del mundo cristiano2. Es aproximadamente lo mismo pronosticado por otro puritano, Thomas Goodwin (1600–1680), quien sólo rectificó el año, pronosticando que sería en 1656 cuando los judíos serían convertidos para volver luego a Palestina3.
La ecuación antijudía proto-sionista del retorno de los conversos fue avanzando, ganando terreno y adeptos, entre los siglos XVIII y XIX, primero en el pietismo y luego en el protestantismo evangélico. Uno de los principales exponentes del proto-sionismo cristiano evangélico del siglo XIX fue el pastor bautista inglés Charles Spurgeon (1834-1892), quien defendió con la misma firmeza la “conversión” religiosa de los judíos y su “restauración política” bajo la forma nacional de Israel en Palestina4. En Spurgeon, el tono profético se torna imperativo cuando insiste en que los judíos “tienen que ser restaurados” en Palestina y en que “también deben convertirse” al cristianismo, sin que importe el orden en que esto suceda, “si son restaurados primero y convertidos después o convertidos primero y luego restaurados”5. Lo importante es que se consigan los dos propósitos en los que se delata el antijudaísmo de Spurgeon: que los judíos se instalen en Palestina y que se vuelvan cristianos, es decir, que dejen de habitar en Europa y que dejen de ser judíos.
Lo que importa para los cristianos proto-sionistas, en suma, es deshacerse de los judíos como tales. Este núcleo de judeofobia, disimulado tras la apariencia de judeofilia, era tan claro en el siglo XIX como lo seguirá siendo en los siglos XX y XXI. Sin embargo, con el paso del tiempo, el tradicional proto-sionismo antijudío cederá su lugar al moderno sionismo antisemita de los fascistas y neofascistas.
Modernidad europea del sionismo antisemita
El sionismo y el antisemitismo son productos de la modernidad europea. Los dos manifiestan vectores ideológicos fundamentales de una Europa moderna capitalista y colonialista. El sionismo es una expresión típica de nacionalismo, así como el antisemitismo es una forma de racismo, de racialización de la diferencia, de biologización de la otredad cultural.
El antijudaísmo adopta una tonalidad racista y se torna antisemitismo con Wilhelm Marr (1819-1904), quien fundó en 1879 la Liga Antisemita, la primera organización alemana dedicada a combatir la supuesta amenaza judía. Marr se opone a la asimilación de los judíos a la sociedad alemana y apoya su migración de Europa a Palestina6. Esta forma de proto-sionismo secular, no cristiano, forma parte del componente racista antisemita del nacionalismo de Marr: es para salvar a Alemania como nación que los semitas como raza deben migrar a Palestina.
Sabemos que el racismo se encuentra presente de un modo u otro en la mayor parte de programas nacionalistas modernos europeos. El ejemplo mejor conocido es el nazismo que se nutre abiertamente del antisemitismo de Marr, pero hay muchos otros ejemplos, entre ellos el propio sionismo. El nacionalismo sionista, en efecto, se desliza incesantemente hacia el racismo, no un racismo defensivo dirigido hacia los arios o los europeos, sino uno ofensivo hacia los árabes y hacia los semitas en general, incluso paradójicamente hacia los judíos, como lo comprobaremos en un momento.
La propensión antijudía y antisemita del sionista parece explicarse por su profunda identificación con los europeos modernos, con sus valores y con su perspectiva moderna racista y colonialista. Identificándose con Europa, el sionista se distancia del mundo semita y judío hasta el punto de volverse contra él. Esto es algo que ya vislumbramos desde los orígenes del movimiento sionista.
Antijudaísmo y antisemitismo en la invención del sionismo
Uno esperaría que el inventor del sionismo, Theodor Herzl (1860-1904), fuera un sujeto especialmente apegado al judaísmo como tradición religiosa y cultural. En realidad, era todo lo contrario. Sabemos que se negó a circuncidar a su hijo Hans, que un rabino lo reprendió por celebrar la navidad cristiana con un árbol de Navidad, y que su primera solución para el problema judío fue una conversión masiva de los judíos austriacos al catolicismo7. Esta solución está en perfecta continuidad no sólo con el antijudaísmo de los cristianos proto-sionistas, sino con el ulterior sionismo de Herzl, el cual, por el simple hecho de ser nacionalista, es ya de algún modo antijudío, adoptando una perspectiva nacionalista moderna europea que resulta incompatible con el judaísmo y que no puede avanzar más que a través de una cierta desjudeización que terminará desembocando en una franca nazificación entre los siglos XX y XXI.
Ya en su época, Herzl es consciente de que el elemento judío-semita constituye un impedimento para su proyecto sionista. Es por esto que aprecia positivamente el antisemitismo europeo, hasta el punto de esperar que sea asimilado por los sionistas. Herzl considera, en efecto, que el antisemitismo es una fuerza de las masas que “no dañará a los judíos”, que es “útil para el carácter judío”, que “representa la educación de un grupo por parte de las masas y quizás conduzca a su asimilación”, que una educación como la antisemita “sólo se logra a base de golpes duros”, que “se establecerá un mimetismo darwiniano” y que “los judíos se adaptarán”8. Estas palabras son reveladoras y cruciales para nosotros, ya que reconocen explícitamente nuestro principal argumento: que el sionismo se educa en el antisemitismo europeo, que lo asimila, que lo adopta por mimetismo.
La adopción mimética del antisemitismo por el sionismo se confirma en otro pasaje de Herzl: un pasaje desconcertante, por decir lo menos, en el que se asocia el antisemitismo con una forma de tolerancia moderna que los sionistas aprenderían de los europeos. Herzl escribe literalmente que él y otros judíos han “aprendido a ser tolerantes en Europa”, y al percatarse de la enormidad que está escribiendo, advierte que no lo dice “con sarcasmo”, agregando que “el antisemitismo actual sólo puede confundirse en muy pocos lugares con la antigua intolerancia religiosa” y que es “en su mayor parte un movimiento entre naciones civilizadas que intentan exorcizar un fantasma de su propio pasado”9. El fantasma es claramente el del judaísmo, el de la tradición judía-semita, y los sionistas aprenden también a exorcizarlo con toda la tolerancia de su modernidad antisemita.
El antisemitismo de Herzl, el inventor del sionismo, es tan significativo como el proto-sionismo de Marr, el fundador histórico del antisemitismo. Así como la posición antisemita llevó a Marr a un posicionamiento proto-sionista, de igual modo la premisa del sionismo condujo a Herzl a una conclusión antisemita. Herzl y Marr quizás partieran de puntos diferentes e incluso opuestos, pero no podían sino terminar convergiendo al adoptar una misma perspectiva europea moderna decimonónica de tipo nacionalista y colonialista.
Considerando todo lo anterior, no debería sorprendernos que Herzl vaticine que “los antisemitas se convertirán en los amigos más confiables [de los sionistas] y los países antisemitas en sus aliados”10. ¿Acaso no es exactamente lo que ocurre hoy en día? Las dotes proféticas de Herzl pueden comprobarse también cuando prevé que los antisemitas, precisamente por su antisemitismo, “estimulen el movimiento migratorio” de los judíos hacia Palestina11. Esto se confirmará posteriormente en diversos lances de la historia, entre los que destaca el Acuerdo de Haavara, firmado en 1933 por el Tercer Reich y la Federación Sionista para facilitar la emigración de judíos alemanes a Palestina.
Si las profecías de Herzl se han cumplido, no es porque fuera capaz de ver el futuro, sino porque tuvo capacidad para determinarlo al imprimir al sionismo su orientación antijudía y antisemita. Esto lo consiguió Herzl no sólo en el plano ideológico, sino en el político, al apoyarse en personajes como el feroz antisemita ruso Viacheslav von Pleve (1846-1904), responsable del pogromo de Chisináu, y el primer ministro británico Lord Arthur James Balfour (1848-1930), que había emitido el Acta contra Extranjeros para impedir el ingreso a los judíos que huían de las mismas matanzas12. Con semejantes apoyos, el sionismo ya se perfilaba como lo que estaba destinado a ser desde el siglo XIX hasta el XXI: una forma de antisemitismo.
Antisemitismo sionista del siglo XIX al XX
La orientación antisemita del sionismo fue determinante ya desde los primeros pasos del sionismo. Fue entonces cuando el escritor austriaco judío Karl Kraus (1874-1936) denunciaba “las causas que se llaman sionistas o, por usar una palabra tradicional, antisemitas”13. El antisemitismo inherente al sionismo se evidenciaría para Kraus en la apuesta de los sionistas austriacos por la migración a Palestina, es decir, por “la simple expulsión de los judíos”, por la que los judíos se convertirían en “ejecutores”, no del Antiguo Testamento, sino del testamento cristiano, el Nuevo Testamento14.
Las palabras que acabamos de citar fueron escritas por Kraus en 1898. Es el mismo año del Segundo Congreso Sionista en el que Herzl disipó cualquier duda al celebrar “la amistad con los sionistas cristianos” y al enfatizar que no se trataba de una “mera cuestión de oportunismo”15. Si dejamos de lado el evidente oportunismo, no queda muy claro cuál podría ser la base de semejante amistad, excepto el antisemitismo de los sionistas cristianos tal como se expresa en su profundo anhelo de ver a sus amigos judíos esfumarse de Europa y emigrar a Palestina.
El anhelo antisemita de ver partir a los judíos parece haber sido una de las más profundas motivaciones del ya mencionado Lord Balfour, primer ministro británico, para declarar en 1917 el compromiso de su gobierno con el establecimiento de un “hogar nacional” para el pueblo judío en Palestina, causa a la cual brindaría su apoyo16. Es muy significativo que esta declaración, conocida como Declaración Balfour, haya sido rechazada por el político liberal judío Edwin Montagu (1879-1924), quien la consideró una capitulación ante el antisemitismo17. El elemento antisemita del sionismo fue perspicazmente percibido por el judío Montagu en el contexto británico, durante la Primera Guerra Mundial, tal como había sido antes detectado con la misma perspicacia, a finales del siglo XIX, por el también judío Kraus en el contexto austriaco.
La situación de Austria y de Gran Bretaña se repitió en Polonia en los años 1920 y 1930. Vemos entonces a un gobierno que apoyaba decididamente al sionismo para disminuir la población judía en el país. Esta situación fue denunciada por la Unión General de Trabajadores Judíos (Bund), un movimiento socialista judío marxista que luchaba por la emancipación de los trabajadores judíos y por una forma secular de nacionalismo basada en la cultura yiddish (Yiddishkeit) y en el combate en el país de residencia (Doykeit). El Bund condenó el sionismo porque “reforzaba el antisemitismo en Polonia” y se refirió explícitamente a los “antisemitas sionistas” y “sionistas antisemitas” como enemigos del judaísmo18.
El antisemitismo sionista se vuelve cada vez más evidente a medida que nos adentramos en el siglo XX. Tropezamos entonces con personajes tan siniestros como Vladimir Ze’ev Jabotinsky (1880-1940), fundador histórico del movimiento de Sionismo Revisionista que dará lugar sucesivamente a la organización terrorista Irgún, al partido Herut y al actual Likud al que pertenece Netanyahu. Para comprender el rumbo que ha tomado el sionismo en Israel desde su independencia en 1948, necesitamos remontarnos a su verdad originaria tal como se revela en diversas facetas de aquel Jabotinsky al que Benito Mussolini llamaba el “fascista judío”: su admiración por los nazis y la colaboración con ellos, su deseo explícito de alianza formal con el Tercer Reich, su concepción del sionismo como un proyecto “colonial”, su absoluto desprecio por la existencia de los “nativos” palestinos, su típica representación antisemita del judío como un ser “feo, enfermizo y falto de decoro”, y su remplazo por “la imagen ideal del hebreo de belleza masculina” que “debe aprender a mandar”19. Este hebreo, purificándose de lo judío y lo semita, es el sionista que podrá entregarse a su antijudaísmo y su antisemitismo en el actual ente político israelí.
Actual antisemitismo sionista en Israel
Israel puede concebirse como un Estado antijudío y antisemita no sólo por querer depurar al hebreo de lo judío-semita y por institucionalizar la expulsión de los judíos europeos, sino por intentar borrar lo yiddish y todo lo demás acumulado en la milenaria tradición cultural del judaísmo, tradición que se fue enriqueciendo y refinando en la errancia, en la diáspora, en el contacto con otras lenguas y con otros pueblos20. Esta experiencia única de los judíos produjo formas de cosmopolitismo, universalidad, secularismo, tolerancia, libertad y amplitud de miras que no tienen cabida en el estrecho provincialismo nacionalista y particularista de la idea sionista de Israel. Sin caber aquí, lo mejor de la herencia del judaísmo se ha refugiado en una izquierda judía consecuente que hoy participa en el movimiento antisionista internacional21.
Otro signo patente de antijudaísmo en el actual sionismo israelí es la instrumentalización y la corrupción del judaísmo como religión para justificar la existencia del ente político de Israel22. Esto último ha sido insistentemente denunciado por judíos antisionistas jaredíes ultraortodoxos de grupos como Satmar, Dushinsky y Neturei Karta23. Para ellos, el sionismo traiciona diversos valores constitutivos y distintivos de tradición religiosa-cultural judía, entre ellos el cosmopolitismo universalista y el rechazo de cualquier forma de violencia, estatización y nacionalismo. Algunos ultraortodoxos invocan tres principios fundamentales del Talmud que serían violados por Israel: no apoderarse de la tierra israelí ni en grupo ni por la fuerza, no sublevarse contra las naciones del mundo y no retrasar el advenimiento del mesías a causa de pecados como los cometidos actualmente por el gobierno israelí.
Además de su lado antijudío, el ente sionista de Israel parece tener también un lado antisemita. Este lado se manifiesta de modo racista incluso hacia algunos judíos: los más incontestablemente semitas. Los mizrajíes y sefaradíes padecen diversas formas de segregación y discriminación racial por parte de los israelíes sionistas de origen europeo asquenazi24. El antisemitismo de algunos de estos judíos arios no difiere mucho del de los nazis que exterminaron a sus abuelos.
El nazismo antisemita parece retornar sobre todo a través de las atroces violencias de los sionistas israelíes contra el pueblo semita palestino: su exclusión e inferiorización, su ridiculización y caricaturización, la expulsión de sus tierras, el robo sistemático de sus bienes, su confinamiento en enormes guetos como el de Gaza, su concentración en campos como el de Jabalia y su exterminio planificado y apoyado con la fuerza del hambre y de las últimas tecnologías. Todo esto debería bastar para convencernos del núcleo nazi antisemita del ente sionista israelí, pero hay más.
Hay un soldado israelí que lo dice todo al confesar: “Cuando entras en Gaza, eres Dios; me sentía como… como un nazi; exactamente como si nosotros fuéramos los nazis y ellos los judíos”25. Al mismo tiempo, en la cúpula del gobierno de Israel, el ministro Amichai Eliyahu se ha referido explícitamente a Hitler para justificar los excesos contra los palestinos26. Otro político israelí, Moshe Feiglin, estima que los israelíes, al no poder vivir mientras queden palestinos en Gaza, están en la situación de Hitler “que no podía vivir si quedaba un judío” en Alemania27. Hay finalmente declaraciones como la del activista sionista Itzik Zarka sobre el holocausto: “Estoy orgulloso de los seis millones que fueron quemados, ojalá quemaran a otros seis millones”28. Todo esto sólo puede tener sentido al reconocer el componente antisemita esencial del sionismo.
Quizás el ente sionista de Israel también esté revelando algo de su antisemitismo a través de su funcionamiento colonial como proxy, como posición avanzada, como bastión remoto del bloque judeocristiano europeo-estadounidense contra el mundo semita musulmán de Cercano Oriente29. ¿Acaso no hay un posible indicio de funcionalidad geopolítica estructural antisemita en los ataques israelíes contra los pueblos palestino, sirio, libanés e iraní? Lo que es seguro es que estas agresiones, además de ser perpetradas contra pueblos semitas y por un ente político no tan semita, benefician colateralmente al movimiento cruzado imperialista occidental contra el islam, un movimiento cuyo impulso antisemita resulta cada vez más evidente.
Actual antisemitismo sionista en el mundo occidental
El actual antisemitismo sionista se despliega también fuera de Israel. Se impone especialmente en la extrema derecha occidental, entre los herederos del nazismo, pero igualmente entre los cristianos en los que se prolonga el antisemitismo proto-sionista. En el cristianismo evangélico, el imperativo antisemita de conversión de los judíos persiste un tanto disimulado a través de la doctrina dispensacionalista, impulsada originalmente por John Nelson Darby (1800-1882), en la que se distinguen etapas o dispensaciones sucesivas en las que Dios interactúa de forma diferente con sus dos pueblos elegidos, el cristiano y el judío, a los que se aplican diferentes promesas y profecías.
En el dispensacionalismo que termina teniendo su capital espiritual en Dallas y que alcanza gran influencia entre los evangélicos estadounidenses de los siglos XX y XXI, se considera que Dios tiene un plan específico para los judíos como tales, como judíos, a los que encomienda la ocupación y colonización de Palestina. Sin embargo, al final de los tiempos, llegamos aquí también a la conversión. Esto es claro en el bestseller The Late Great Planet Earth del evangélico texano Hal Lindsey, el libro de ensayo más vendido en Estados Unidos en los años 1970, en el que se profetiza con Zacarías que un tercio de los judíos “se convertirán a Cristo y serán milagrosamente preservados”, mientras que los dos tercios restantes “serán segados y perecerán”30. Ahora el exterminio masivo se añade a la expulsión y a la conversión en el destino que los cristianos sionistas reservan para los judíos.
La macabra perspectiva de aniquilación total del judaísmo y de sus practicantes es la que da sentido, propósito y razón de ser al apoyo evangélico a Israel. Este apoyo no es en definitiva más que para llevar de la mano a los judíos hacia el abismo de la muerte y del infierno. Es así, por un segundo holocausto, por el que se movilizan los siete millones de miembros de la organización sionista más grande de Estados Unidos, Cristianos Unidos por Israel (CUFI), dirigida por el polémico pastor John Hagee, el más influyente de los amigos de Israel en los Estados Unidos, pero también quizás el más peligroso enemigo estadounidense del judaísmo.
El antisemitismo de Hagee se ha evidenciado más de una vez en sus declaraciones. Entre las más escandalosas, están las referidas a Hitler: por un lado, explicando sus crímenes por su linaje de “malditos judíos mestizos genocidas”; por otro lado, celebrándolo por cumplir la voluntad divina al volverse un “cazador” de judíos y al castigarlos así por su “desobediencia”31. Hagee no sólo ha justificado el holocausto, sino que también ha descrito al anticristo como un “homosexual medio judío” y ha denunciado a los “banqueros judíos” que controlarían la Reserva Federal32. No debe olvidarse que todo este antijudaísmo y antisemitismo es desplegado precisamente por el más importante sionista cristiano de Estados Unidos y del mundo entero.
Otro importante antisemita sionista estadounidense es el comentarista, polemista y activista político Glenn Beck. Este aliado incondicional de Israel culpa a los judíos por haber crucificado a Jesús y recomienda libros que detallan conspiraciones judías para instaurar el comunismo, apoderarse de la riqueza de Estados Unidos y favorecer la “mezcla racial”. Beck también se ha entregado a su propio delirio conspiracionista al acusar al millonario judío George Soros de ser el hombre más poderoso del mundo, gobernar “en la sombra” y convertir a los presidentes estadounidenses en sus “títeres”. Por si fuera poco, Beck ha criticado a los judíos por no parar de hablar, por no guardar silencio, como si fuera mejor que no se les escuchara.
Mientras que los estadounidenses tienen a Beck y a Hagee, Europa dispone de carismáticos líderes como Viktor Orban, primer ministro de Hungría y uno de los principales exponentes actuales del neofascismo en el mundo. Orban celebra su “amistad” con Israel sin dejar de rendir honores al colaboracionista nazi Miklós Horthy (1868-1957), quien envió a medio millón de judíos húngaros a campos de exterminio33. Hay también sionistas antisemitas europeos como el noruego Anders Behring Breivik, responsable de la muerte de 77 personas en los atentados terroristas de Oslo y Utøya en 2011. Breivik es abiertamente sionista y pretende “odiar” a Hitler, pero lo que le reprocha es que no consumara la “deportación de los judíos” europeos a Palestina, lo que habría significado para ellos la “devolución” de su “Tierra Santa”34. ¿Devolverles esa tierra implicaría entonces deportarlos a ella?
Conclusión
Refiriéndose de modo explícito a la deportación de los judíos a Palestina, Breivik está cometiendo una suerte de lapsus freudiano. Este lapsus confiesa la verdad subyacente al retorno a la tierra prometida. El territorio legítimo de los palestinos aparece entonces como el cómodo exilio que sionistas europeos como Breivik reservan para los judíos.
La visión de Breivik ha llamado la atención de Slavoj Žižek. El afamado filósofo esloveno advierte que “Breivik es antisemita, pero pro-Israel”, de tal modo que “encarna la paradoja definitiva de un sionista nazi”35. La paradoja, inherente al desarrollo interno del sionismo, toma forma en la propia entidad política israelí, como el propio Žižek lo vislumbra gracias a su mirada tan perspicaz. Es con la misma perspicacia que Žižek ha observado la existencia del “antisemitismo sionista”, pero considerándolo sólo en una de sus facetas, una especialmente patente para el hegelianismo žižekiano: aquella en la que se dirige contra los judíos que “encarnan la universalidad” cuando se resisten contra su “identificación” con la particularidad nacional de Israel36. El particularismo sionista revestiría la forma del antisemitismo al reaccionar contra el universalismo judío.
En realidad, como lo hemos constatado en este artículo, el sionismo es antisemita por sí mismo, casi por definición, desde un principio y no sólo al reaccionar contra los judíos antisionistas. Antes de cualquier antisionismo, ya hubo la aversión hacia lo semita en sionistas como Herzl, Balfour y Jabotinsky, así como hubo antes el rechazo de lo judío en los proto-sionistas cristianos Rocatallada, Brightman, Goodwin y Spurgeon, entre muchos otros. Es, en definitiva, como si el proto-sionismo y el sionismo no fueran sino formas insidiosas y subrepticias de antijudaísmo y antisemitismo.
- Robert E. Lerner y Christine Morerod-Fattebert, Johannes (de Rupescissa), Liber secretorum eventuum, Fribourg, Éditions Universitaires de Fribourg, 1994, pp. 78-79. ↩︎
- Crawford Gribben, The Puritan Millennium: Literature & Theology, 1550–1682, Dublin, Four Courts Press, 2000, p. 43. ↩︎
- Ibid., pp. 46-47. ↩︎
- Charles Spurgeon, The Restoration and Conversion of the Jews, Sermon preached in June 1864 for the British Society for the Propagation of the Gospel among the Jews, Metropolitan Tabernacle Pulpit 10, en https://www.ccel.org/ccel/spurgeon/sermons10.xxxvi.html ↩︎
- Ibid. ↩︎
- Francis R. Nicosia, Zionism in Anti-Semitic Thought in Imperial Germany, History of European Ideas 16 (4–6), 1993, p. 809. ↩︎
- Leon Rosselson, Theodor Herzl — Visionary or antisemite?, Medium, 23 de enero de 2019, https://rosselson.medium.com/theodor-herzl-visionary-or-antisemite-97bfbe92980 ↩︎
- Theodor Herzl, Book One, Of the Jewish Cause Begun in Paris Around Pentecost, 1895, en The Complete Diaries, Nueva York, Thomas Yoseloff, 1960, p. 10. ↩︎
- Ibid., p. 171. ↩︎
- Ibid., pp. 83-84. ↩︎
- Ibid., pp. 152-153. ↩︎
- Fabrizio Mejía Madrid, ¿Cómo escribir de Palestina?, La Jornada, 28 de junio de 2025, en https://www.jornada.com.mx/2025/06/28/opinion/012a1pol ↩︎
- Karl Kraus, A Crown for Zion (1898), Panarchy, en https://www.panarchy.org/palestine/karlkraus.html ↩︎
- Ibid. ↩︎
- H. Pereira Mendes, The Zionist Conference at Basle, The North American Review, 167 (504), 1898, p. 626. ↩︎
- Arthur James Balfour, Balfour Declaration 1917, The Avalon Project, en https://avalon.law.yale.edu/20th_century/balfour.asp ↩︎
- Edwin Montagu, Memorandum on the Anti-Semitism of the Present (British) Government – Submitted to the British Cabinet, August 1917, Jewish Virtual Library, en https://www.jewishvirtuallibrary.org/montagu-memo-on-british-government-s-anti-semitism ↩︎
- Emanuel Melzer, Emigration versus Emigrationism, en J. D. Zimmerman (Ed), Contested Memories: Poles and Jews During the Holocaust and Its Aftermath, Nueva York, Rutgers University Press, 2003, p. 27. ↩︎
- Alice Rotchild, Zionism’s uneasy relationship with antisemitism, Mondoweiss, 19 de noviembre de 2019, en https://mondoweiss.net/2019/11/zionisms-uneasy-relationship-with-antisemitism/ ↩︎
- Pablo Pérez García, Silvana Rabinovich desmenuza el lenguaje del genocidio en Palestina, Ojalá, 25 de octubre 2024, https://www.ojala.mx/es/ojala-es/silvana-rabinovich-desmenuza-el-lenguaje-del-genocidio-en-palestina ↩︎
- Benjamin Balthaser, El antisionismo forma parte de una venerable tradición judía, Sin Permiso, 6 de septiembre 2025, en https://www.sinpermiso.info/textos/el-antisionismo-forma-parte-de-una-venerable-tradicion-judia-entrevista-a-benjamin-balthaser ↩︎
- Silvana Rabinovich, La Biblia y el dron: sobre usos y abusos de figuras bíblicas en el discurso político de Israel, Ciudad de México, Heredad, 2021. ↩︎
- Yakov M. Rabkin, A Threat From Within: A Century of Jewish Opposition to Zionism, Londres y Nueva York, Zed Books, 2006. ↩︎
- Ella Shohat, Sephardim in Israel: Zionism from the standpoint of its Jewish victims, Cultural Politics, 11 (1997), pp. 39-68. ↩︎
- Citado por Frédéric Lordon, Destinos del sionismo, Jacobin, 18 de agosto 2025, en https://jacobinlat.com/2025/08/destinos-del-sionismo/ ↩︎
- Ministro israelí cita a Hitler para justificar el genocidio en Gaza, La Jornada, viernes 25 de julio de 2025, p. 20, en https://www.jornada.com.mx/2025/07/25/mundo/020n1mun ↩︎
- Far-right Israeli politician quotes Hitler while talking of wiping out Gaza, Haaretz, 16 de junio de 2024, en https://www.haaretz.com/israel-news/2024-06-16/ty-article/former-israeli-mk-quotes-hitler-while-discussing-gaza-war/00000190-224f-d231-a1b2-e65f76fe0000 ↩︎
- Likud seeks to oust member who said ‘6 million’ anti-overhaul protesters should burn, The Times of Israel, 16 de julio de 2023, en https://www.timesofisrael.com/likud-ousts-activist-who-wished-6-million-anti-overhaul-protesters-would-burn/ ↩︎
- Sonia Sánchez Díaz y Guillem Colom-Piella, 77 años de alianza estratégica: la evolución histórica de la relación entre Estados Unidos e Israel, Araucaria 27(59), 2025, pp. 111-139. ↩︎
- Hal Lindsey, The Late Great Planet Earth, Grand Rapids, Zondervan, 1970, p. 167 ↩︎
- Ellie Quinlan Houghtaling, March for Israel Rally Features Far-Right Pastor Who Once Blamed Jews for Holocaust. Pastor John Hagee once said Hitler was sent by God. The New Republic, 14 de noviembre de 2023, en https://newrepublic.com/post/176924/far-right-pastor-john-hagee-democrats-share-stage-march-israel ↩︎
- Henry Carnell y Sam Van Pykeren, He Claimed God Sent Hitler to Create Israel. Now He’s Speaking at the Pro-Israel Rally. What?, Mother Jones, 14 de noviembre de 2023, en https://www.motherjones.com/politics/2023/11/john-hagee-hitler-israel-rally-christian-zionist/ ↩︎
- Géza Molnar, Hungary’s ‘illiberal’ Orban, Israel’s staunchest friend in the EU, RFI, 3 de abril 2025, en https://www.rfi.fr/en/middle-east/20250403-hungary-s-illiberal-orban-israel-s-staunchest-friend-in-the-eu ↩︎
- Eleanor Kilroy, Right wing seeks to paint Breivik as neo-Nazi so as to disguise the truth, of shared beliefs, Mondoweiss, 26 de julio de 2011, en https://mondoweiss.net/2011/07/right-wing-seeks-to-paint-breivik-as-neo-nazi-so-as-to-disguise-the-truth-of-shared-beliefs/ ↩︎
- Slavoj Žižek, Anti-Semitism and Its Transformations, en Gianni Vattimo y Michael Marder (editores), Deconstructing Zionism: A Critique of Political Metaphysics, Nueva York, Bloomsbury, p. 2. ↩︎
- Ibid., p. 6. ↩︎