Esta conferencia sobre el comunista alemán Ernst Thälmann (1866-1944) merece un doble ejercicio de presentación. En si mismo el texto es una presentación de esa figura de la resistencia antifascista para un público mexicano en 1981. Pero, ahora, en 2025, hay que presentar también a Juan Brom (1926-2011), el autor de la ponencia. No es cualquier autor sino otro militante comunista, que de niño tuvo que huir de la persecución nazi y en México decidió afiliarse al PCM y estudiar historia como una forma de continuar esa lucha por transformar al mundo.
En el título de sus memorias “De niño judío-alemán a comunista mexicano. Una autobiografía política” Juan Brom definió muy bien su trayectoria. Nacido en Fürth, Alemania en 1926 en el seno de una familia judía Juan Brom vivió de niño el ascenso de Hitler y tuvo que huir de su país. Después de un largo periplo llegó a México en 1940. A los pocos años se acercó a organizaciones de emigrados y finalmente decidió afiliarse en la Juventud Comunista de México. Se acercó al grupo de José Revueltas y en 1960 fue orillado, junto con todo su grupo, a salir del PCM. Desde entonces se dedicó a la enseñanza de la historia y participó en diferentes procesos y movimientos sociales.
Muchos años después, cuando tomé clases con él y fui su ayudante, Brom insistía en recuperar la memoria de lo que fue el nazismo. Siempre daba un espacio en sus clases para platicar lo que había sucedido y estar alerta de su regreso. Su ponencia sobre Ernst Thälmann forma parte de esa lucha que Brom asumió por la memoria. Sin duda hay algunas cosas que habría que actualizar, aún así sorprende cierta mirada crítica al mundo socialista cuando llama a comprender, más que descalificar, las protestas que en esos días de 1981 comenzaban a darse en Polonia. Hoy que la extrema derecha crece en todo el mundo, incluso en la propia Alemania y con el genocidio que Netanyahu está efectuando en Palestina, es importante entender cómo se dio el ascenso del nazismo y de qué forma muchos lo enfrentaron y lo resistieron. Rescatar esta ponencia forma parte de esa lucha que hoy el propio Brom estaría encabezando.
Bibliografía:
Brom, Juan. De niño judío-alemán a comunista mexicano. Una autobiografía política., Editorial Grijalbo, México, 2010.
Conferencia dictada por Juan Brom en la Universidad Obrera
Agradezco mucho a la Universidad Obrera y a la Sociedad de Amistad México-RDA, que me hayan honrado con la invitación a dar esta charla, porque efectivamente considero que Thalmann es un personaje de lo más relevante. Y también es muy apropiado el lugar, la Universidad Obrera, ya que ésta tiene una relación directa con la vida y con la lucha de los alemanes antifascistas, un núcleo importante de los cuales estuvo asilado en México durante la guerra y que tuvo contacto con muchos de los mexicanos democráticos y revolucionarios destacados de su tiempo, desde luego, con el maestro Lombardo Toledano y con muchas otras personas que fueron entonces luchadores jóvenes y que hoy, muchos de ellos, son luchadores maduros. Esto hace este lugar especialmente idóneo para hablar de Thalmann, el gran dirigente antifascista alemán.
Hace poco más de 36 años cayó derrotado el fascismo, que había provocado su propia tumba al iniciar la Segunda Guerra Mundial, el mayor holocausto que ha sufrido la humanidad hasta hoy, y esperemos que sea el mayor holocausto de toda su historia, que no haya otro peor, peligro que evidentemente está a la vista.
Casi un año antes, el 18 de agosto de 1944, había sido asesinado Ernst Thalmann, principal dirigente del Partido Comunista de Alemania desde 1925 y que llevaba algo más de 11 años preso. Como es evidente con estos pocos datos, con estas simples fechas, Thalmann no llegó a ver el derrumbe del «milenio nazi», milenio que afortunadamente no duró más de 12 años. No llegó a ver el derrumbe del imperialismo alemán y menos, desde luego, la constitución de una Alemania Socialista en una parte de lo que había sido la Alemania anterior, ¿Por qué podemos decir entonces, por qué escogimos el título de «Thalmann», símbolo de la victoria
sobre el fascismo? ¿Quién fue este hombre? ¿Cuáles son las principales enseñanzas que podemos sacar de su vida?
Desde luego, hay muchas biografías de él, sobre todo en Alemania, como es lógico; unas extensas, otras breves, unas buenas, otras no tanto, otras francamente malas. No vamos hacer un análisis detallado, no sería posible en una plática de este tipo, sino solamente señalaremos lo más importante de la vida de nuestro homenajeado.
Ernst Thalmann nace en 1886 en Hamburgo. Como ustedes saben, Hamburgo es el principal puerto de Alemania, pertenece a lo que hoy es la República Federal de Alemania, y es un viejo centro del movimiento ebrero, cosa que es importante, si queremos ver el ambiente en que se desarrolla la niñez, la juventud e inclusive la mayor parte de la vida adulta de la persona de quien estamos hablando.
En 1886, cuando nace, todavía está en vigor la «ley contra los socialistas», ley que prohibía por subversiva la actividad del Partido Socialdemócrata Alemán, que era en aquel entonces el gran partido de la clase obrera alemana, proveniente directamente de las luchas de 1848, de la revolución burguesa con una fuerte incidencia ya proletaria, tanto en Francia (Talleres Nacionales), como en Alemania (en el ala izquierda de aquella revolución) y de las luchas de la I Internacional, que fueron en buena parte de aclaración ideológica entre el naciente socialismo científico encabezado por Marx y Engels y las tendencias del socialismo utópico, fundamentalmente las del anarquismo, que en ese tiempo tenían todavía una repercusión fuerte en el movimiento revolucionario y que fueron teórica y prácticamente derrotadas en lo fundamental en el periodo de la I: Internacional.
El pujante movimiento obrero causó temor en la burguesía alemana, fue prohibido, fue reprimido, y vivió en la clandestinidad con mucha fuerza. Cuando fue anulada la prohibición resurgió como uno de los partidos más fuertes dentro del espectro político de Alemania. Pero no vamos a hacer una historia de los partidos, lo que me interesa destacar es que Thalmann nace en una ciudad abierta al mundo, con un gran movimiento obrero, sobre todo de los obreros portuarios, y la primera impresión que recibe el niño a los 10 años de edad (1896) es una larga huelga (11 semanas) de los obreros portuarios de Hamburgo. La impresión que le causó aquello debe haber sido, seguramente, uno de los elementos determinantes de toda su vida.
Bastante joven empieza a trabajar ya fuera de la casa paterna. Su padre tenía una pequeña tienda que desarrolló un tanto. El estuvo trabajando como obrero portuario, como marinero por un tiempo, en que realizó varios viajes, cosa que seguramente le ayudó a tener una visión clara, directa, de experiencia proletaria, de que en todos los países, independientemente de que si hablan inglés, holandés, francés o alemán, unos son los obreros que crean la riqueza y otros son los empresarios que la aprovechan y la disfrutan.
Después, durante mucho tiempo, hasta llegar a ser revolucionario profesional es, sobre todo, obrero del transporte. Muy joven, en una época en que el movimiento juvenil partidista todavía era escaso, a los 17 años, empieza a ser activista sindical, precisamente en el sindicato del transporte e ingresa al Partido Socialdemócrata. Las dos cosas están ligadas. El gran movimiento obrero sindical estaba dirigido, en casi su totalidad (había algunos pequeños núcleos de otra orientación), por el Partido Socialdemócrata. El partido daba la orientación y la gran masa obrera votaba normalmente por la socialdemocracia.
Hay un desarrollo muy importante y muy interesante en la economía y en la sociedad alemanas del periodo, que va a tener repercusiones muy fuertes pocos años después. Por una parte, las grandes ganancias que obtiene el imperialismo alemán en las zonas que explota, en sus colonias, en las zonas de inversión, (por ejemplo, es poco conocido, pero es una realidad que el imperialismo alemán jugó un papel bastante importante en México, aunque casi nunca se menciona, tuvo una importancia relevante y nefasta en la época de la Decena Trágica), estas ganancias, decía junto con un incremento en la productividad, permiten, y el movimiento obrero obliga, a conceder mejoras importantes a los trabajadores. El resultado es lo que Lenin llamó la formación de una «aristocracia obrera», que olvida que en el fondo «no tiene más que sus cadenas que perder», citando aquella famosa frase casi final del Manifiesto Comunista. Tiene ya más cosas que perder, cierto bienestar no muy amplio, y un sector importante del proletariado olvida que la contradicción fundamental de clase sigue siendo la misma. Pero no es solamente esto, este fenómeno de aburguesamiento se da y tiene una base en la aristocracia obrera, como lo descubre Lenin en su tiempo. Tiene también una expresión muy fuerte en una burocratización, en un aburguesamiento de los elementos de la dirección. Dirigentes sindicales que consideran que ellos saben mejor lo que le conviene al proletariado que el proletariado mismo; que manipulan, maniobran y tratan de quitarle la decisión real sobre su destino a la clase obrera, para tomarla en sus manos. Esto llevará a la catástrofe en 1914. Se produce una larga lucha, no sólo en la socialdemocracia alemana, desde luego, sino en toda la socialdemocracia; donde con más fuerza se expresa eso es en la socialdemocracia rusa, en la que se produce ya desde 1903-1904 un agrupamiento, que es de hecho ya un partido, y que será el partido bolchevique; será el único capaz en su momento de llevar a la revolución al triunfo.
Esta lucha entre una tendencia cada vez menos revolucionaria y las tendencias por mantener y desarrollar la línea revolucionaria, se da a través de todos los partidos socialdemócratas.
Thalmann está entre los que se oponen a la enajenación de la clase a un partido, o mejor dicho, a un sector del partido que cada vez más tiende a suplirla, a enajenarla, a tomar las decisiones por la clase y a olvidar el papel histórico de esta clase.
Constantemente lucha por la decisión de los obreros mismos, por el respeto a sus asambleas, a sus decisiones, contra el reformismo que va olvidando, que va dejando en segundo lugar y después, eliminando de su visión a la esencia revolucionaria del marxismo.
En 1914 estalla la Primera Guerra Mundial; las direcciones socialdemócratas traicionan la decisión que se había tomado antes de luchar contra la guerra, y en caso de estallar ésta, transformarla en una guerra revolucionaria. Cada socialdemocracia, con la única excepción organizada de los bolcheviques rusos, se adhiere a su gobierno. En la socialdemocracia alemana hay desde el primer momento una oposición interna clara, visible, que muy pronto empieza a hacerse pública, que es reprimida, desde luego, y que es encabezada por dos personajes que posteriormente, cuatro años después, serán los fundadores del Partido Comunista de Alemania. Me refiero por supuesto a Carlos Liebvneche y Rosa Luxemburgo.
Thalmann es reclutado al ejército. Es un soldado muy molesto para sus oficiales porque protesta contra todo y no oculta que él considera que esta no es una guerra del pueblo alemán, sino de la burguesía, de la nobleza, del mando, de los explotadores de Alemania contra otros pueblos. Y él manifiesta continuamente su inconformidad. Recibe las sanciones, las represiones que se dan en los ejércitos en estos casos. Y recibe también, como lo recibe todo el mundo, y sobre todo los pueblos en lucha, con los tremendos sufrimientos, la noticia, el campanazo que significa la Revolución Rusa, las dos, la de febrero y con mayor razón la de noviembre, que como una de sus primeras medidas propone la paz sin anexiones, sin condiciones, sin sufrimientos para los pueblos, paz inmediata. Y el hecho de que los gobiernos de los países capitalistas no aceptan aquella paz, desde luego, impulsa más la indignación de los pueblos, e incrementa la tendencia revolucionaria.
En 1918, en octubre, empiezan a darse los primeros brotes revolucionarios en Alemania; se subleva la flota de guerra, y en noviembre, el emperador, que durante cuatro años había puesto heroicamente el pecho a cuanta condecoración le quisieron poner y que nunca se había acercado a menos de 20 kilómetros del frente (era el alcance de los cañones de la época), ahora si es el primero en emprender la marcha. Huye a Holanda al frente de sus fieles. Cae la monarquía alemana, triunfa la revolución, una revolución bipartita. Por una parte Liebvnecht, que proclama la República frente al pueblo; por la otra la socialdemocracia parlamentaria, los dirigentes tradicionales, que la proclaman en el parlamento.
Esta revolución, que es la recuperación de un deseo largamente incubado, fundamentalmente en el proletariado alemán, pero también en otros sectores del mismo pueblo, es traicionada desde el primer momento. El nuevo gobierno provisional, socialdemócrata en lo fundamental, celebra un acuerdo con el mando del ejército de mantener los oficiales en el mando, al contrario de lo que sucede en Rusia, donde los oficiales son, si se les mantiene como tales, asesores técnicos de los Consejos de Soldados. Y si esos consejos (en ruso soviets) tienen la impresión de que el asesor asesora mal o traiciona, se le fusila; en Alemania, el oficial mantiene el mando, salvo en algunas pocas unidades que se registra por un tiempo. Los consejos son consejos de asesores, más o menos controladores, pero sin tener una fuerza real, una fuerza profunda.
Sin embargo, esto no significa que esta revolución, desde el primer momento pierda importancia; es un movimiento profundo que revuelve, agita a fondo la sociedad.
La socialdemocracia es escinde, además de que se funda el Partido Comunista, se funda un partido que vive sólo unos cuantos años: el Partido Socialdemócrata Independiente, que es el ala izquierda, partido al cual ingresa Thalmann a fines de 1918 y donde destaca, no solamente como un dirigente sindical local, sino ya como un dirigente regional del proletariado, sobre todo de Hamburgo y de las zonas cercanas.
En 1920 hay un primer intento por cancelar definitivamente la revolución: el golpe de Estado de un militar noble, el General Kapp. Este golpe es derrotado en pocos días por una huelga general total en toda Alemania y por la acción armada del proletariado alemán en muchas partes del país. El golpe de Kapp demuestra quien es el luchador más consecuente, más firme, por el socialismo y contra toda restauración neomonárquica y todo reafianzamiento burgués: esa fuerza es el Partido Comunista.
En diciembre de 1920 (el golpe de Kapp había tenido lugar en marzo de 1920), ingresa Thalmann al Partido Comunista.
Con la misma combatividad, con la misma ligazón con los trabajadores; con la misma inquietud por discutir las situaciones, por aclararlas, por llegar a decisiones; esto lo aplica en el seno del partido, en el que hay luchas muy fuertes por elaborar la línea conveniente; lo aplica en la Comintern (la Internacional Comunista). Lo aplica frente a Lenin, a quien admira y con quien platica y discute.
Se va afianzando como uno de los cuadros importantes del Partido Comunista Alemán.
En 1923 se produce la última gran crisis revolucionaria en Alemania en todo este periodo. Por alianzas electorales, basadas en un gran empuje electoral, en dos de los Estados de la República de Weimar de la Alemania de la época, llegan al poder gobiernos obreros (alianza entre socialistas de izquierda y comunistas). Por cierto, estas dos provincias de aquel entonces forman hoy parte importante de la República Democrática Alemana: Sajonia y Turingia.
El ejército, viola la constitución; pero ya sabemos que los ejércitos, bajo palabra de honor muchas veces la violan cuando lo consideran importante de hacer, como se ve en el caso del señor Pinochet, que el 10 de septiembre de 1973 le dice a Allende que el ejército será fiel y tres días después da el golpe y lo asesina. Fue fiel a su convicción y a su tradición de clase, de traicionar la causa popular.
Volvamos: el ejército alemán interviene, ahoga
aquellos Estados, lo cual había sido perfectamente previsible. Y al preverlo, el Partido Comunista, junto con el ala izquierda de la socialdemocracia, junto con un sector importante del movimiento sindical, había planeado la sublevación en el momento de la intervención del ejército; aquello fracasa porque en el momento clave, la izquierda socialdemócrata, que se había declarado en favor de este movimiento, vacila y no se decide a lanzarse, y también la propia dirección del Partido Comunista no tiene la decisión suficiente. Hay sólo un lugar en toda Alemania: Hamburgo, donde los obreros toman el poder en una acción bien coordinada, bien organizada, de asalto a las fuerzas armadas, a la policía, con lo cual se arman y logran tomar en sus manos aquel puerto principal de Alemania.
Esta sublevación de Hamburgo (octubre de 1923) se queda aislada, a los 2-3 días ya es indudable para los dirigentes (el dirigente principal de la sublevación es precisamente Thalmann) que no se ha producido la sublevación en el resto del país. Quedan dos posibilidades: continuar con la lucha armada, en condiciones totalmente perdidas, sin ninguna posibilidad de que se desate en todo el país, sufrir una masacre; o retirarse y aprovechar las condiciones que ofrece la democracia contradictoria: fundamentalmente libertad para la reacción y represión contra el movimiento revolucionario, pero con cierta posibilidad de partidos, de organización de sindicatos, etc.
En una obra maestra de retirada estratégica, se desmantela el aparato militar, y cuando entra el ejército, dispuesto a aprovechar la oportunidad para hacer una limpieza lo más total posible, no encuentra prácticamente nada que reprimir, porque la organización ha llegado a un grado tal que los luchadores destacados pueden ser escondidos, pueden ser sacados clandestinamente y las bajas de aquella sublevación son muchísimo menores de lo que hubieran sido si no hubiera existido esa organización hábil y eficaz.
Se produce, a partir de 1923-24 una consolidación del capitalismo alemán, (no solamente el alemán, es un fenómeno mundial, pero estamos hablando de Alemania), y el Partido Comunista Alemán toma rumbo a una lucha prolongada de todo tipo: electoral, sindical, cultural o sea en todos los frentes en que esto puede existir. Dentro del partido hay desde luego una lucha fuerte, autocrítica, con la participación de la Internacional Comunista. Thalmann manifiesta siempre un punto bien importante: la insistencia en la ligazón con las masas, en la organización y el estudio profundo de la sociedad, no sólo de parte de una dirección para que dé una dirección, sino en todo el proletariado para afianzar, cientifizar, si se puede usar ese término, la conciencia de clase.
Lucha simultáneamente contra todo tipo de aventurerismo, contra las ideas de lanzarse en luchas suicidas que no llevarían adelante la lucha sino la debilitarían, y contra todo tipo de claudicación.
La situación de Alemania en todo este período es sumamente difícil. Hay además del ejército, reaccionario casi en su cien por ciento, tres núcleos armados: el «casco de acero» (grupo paramilitar reaccionario); el cuerpo armado de la socialdemocracia y una organización armada del Partido Comunista. Aunque no hay una guerra civil abierta, constante, la hay en cierto modo latente, con cuatro fuerzas armadas, más la del fascismo, la S. A. (tropas de asalto), y posteriormente la S. S.
Un problema central para el Partido Comunista Alemán es el de su relación con el Partido Socialdemócrata, que sigue conservando el dominio de la mayor parte de los sindicatos, una alta votación y una participación importante en el Gobierno. Oficialmente, a diferencia de la socialdemocracia alemana de hoy, que ya no proclama el ideal de un socialismo según la concepción marxista, de la socialización de los medios de producción y del gobierno proletario; la socialdemocracia alemana en la época de la interguerra se sigue declarando socialista, pero afirma que hay que llegar al socialismo fundamentalmente por la vía electoral, por la participación en el gobierno, por la modificación de leyes, por la aplicación de medidas paulatinas. De hecho, a título de evitar el desorden y el caos, solapa todo lo que hace la derecha y participa en la represión contra la izquierda.
En 1929, el año en que estalla la gran crisis económica mundial, la burguesía alemana ya se siente bastante fuerte para pasar claramente a la ofensiva. Quiere restringir, con la idea de eliminar los derechos de organización sindical, de participación en la dirección de las empresas, de libertad de organización partidista, etc. Una manifestación de ese desplazamiento a la derecha y de la actuación de la socialdemocracia es el 1º de Mayo de 1929: el gobierno municipal de Berlín prohíbe la manifestación. Hay que pensar que si nosotros estamos acostumbrados a un 1° de Mayo oficial, en que en dado caso unos luchan porque sea auténticamente obrero y otros lo toman como la «fiesta del trabajo» en vez del día de la lucha del trabajador. Esto es nuevo. Hasta los treintas el 1º de Mayo era siempre un día de lucha, un día en que los obreros que querían faltaban al trabajo, arriesgando el descuento de un día o una suspensión de varios días, y manifestaban. Si el gobierno respetaba la manifestación bien, y si no, solía haber golpes y trancazos.
El 1% de Mayo del 29, la policía de Berlín, en cuya dirección está la socialdemocracia, no solamente emplea golpes y trancazos, macanas y gases lacrimógenos, sino dispara. Hay decenas de muertos y se ahonda profundamente el abismo entre los dos grandes partidos del proletariado alemán.
En autocrítica que posteriormente hizo el Partido Comunista Alemán, señala que cayó hasta cierto grado en una provocación. Por una parte trató de aplicar una línea de unidad del proletariado y de llevar adelante la lucha común y al mismo tiempo se acuñó aquella frase desgraciada, y yo añadiría desgraciadamente cierta en determinados aspectos, pero en su acción política de consecuencias muy negativas, del «social-fascismo»; si ciertamente es un hecho objetivo que la socialdemocracia alemana ayudó de hecho al fascismo a subir, al no poner nunca en juego los grandes medios de lucha del proletariado que tenía en las manos porque dirigía el grueso de los sindicatos, y al participar en la represión en contra del propio movimiento obrero, también fue un error táctico gravísimo tachar a la socialdemocracia de «social-fascista», porque el resultado lógico fue dificultar en mucho el contacto con los obreros que veían todavía en la socialdemocracia su partido, y que con esta calificación tajante se sentían rechazados y cortados en el camino de reflexionar y de entrar de hecho en alianzas con el Partido Comunista Alemán.
Con la crisis económica del 29, se agudiza la situación política. Hay más manifestantes, huelgas, etc., y se produce una ilusión tanto en el PCA, como en la Internacional Comunista, que creen que hay ya una situación revolucionaria a la vuelta de la esquina; que ya las grandes masas están abandonando la tímida, tibia, podemos decir también traidora dirección socialdemócrata y pasándose al PC. Posiblemente esta ilusión se vio fomentada porque el PC tenía sus seguidores fundamentalmente en el grupo más desesperanzado del proletariado, es decir, en los desocupados. El hecho es que el movimiento sindical de los trabajadores en malas condiciones, con tiempo reducido, salarios reducidos, pero bastante menos malas que las de los desocupados; en lo fundamental siguió bajo la dirección de la socialdemocracia.
El PC incrementa su fuerza en una proporción muy importante: en julio de 1932 llega a tener 5 millones y medio de votos. Cada rato se disolvía el Parlamento y se convocaba a nuevas elecciones. En noviembre llega a casi 6 millones, lo cual era un número muy considerable en un país en que había 6 ó 7 partidos importantes. Frente a esto, por una parte la burguesía se siente cada vez más atemorizada y recurre a apoyar cada vez más a un partido radical y demagógico, dispuesto a saltarse todas las reglas de convivencia democrática o semidemocrática que se seguían. La burguesía busca la salida fascista.
Con todo y los errores que se pueden señalar al PC y que el propio partido se ha señalado autocríticamente, es un hecho que fue el partido que con más claridad vio el peligro del fascismo. Cuando la socialdemocracia dice: «para evitar que Hitler llegue a ser presidente votemos por Hindenburg» el PC dice: «votar por Hindenburg es llevar a los nazis al poder, y llevar a los nazis al poder es llegar a una nueva guerra», y postula como candidato a Thalmann. Gana el centro burgués aliado con la socialdemocracia. Llega a la presidencia Hindenburg y el 30 de enero de 1933 Hitler es designado canciller.
Desde mayo del 32 el PC lanza toda su fuerza en la acción antifascista. Un gran movimiento que abarca grandes masas, que logra arrastrar a un sector muy importante de la socialdemocracia, a pesar de que el propio PC no ha superado plenamente su sectarismo, a pesar de que la dirección socialdemócrata que no hizo ningún esfuerzo por superar su propio sectarismo, seguía manteniendo la prohibición para sus miembros de cualquier acción común con los comunistas, a pesar de todo ello, la acción antifascista llegó a tener un gran respaldo, una gran respuesta. Sin embargo, es demasiado tarde.
El movimiento obrero no llega a unificarse, aunque hay unidad en la acción en muchas regiones y en muchas zonas, pero no a escala nacional. El 30 de enero de 1933 Hitler es nombrado canciller por Hindenburg.
El PC en ese mismo momento propone una huelga general, siguiendo aquella tradición de la huelga general con la que se había derrotado el golpe de Kapp en 1920. El partido socialdemócrata rechaza esta proposición; dice que Hitler ha llegado legalmente al poder, -olvidando todos los asesinatos, toda la violencia tolerada por el gobierno- y que, por lo tanto, debe desacreditarse; cree que caerá parlamentariamente tal como subió. También hay personas en la democracia burguesa, en la socialdemocracia, entre los comunistas, que se hacen aquella ilusión catastrofista que encontramos muchas veces: por peor que sea la situación, mejor; los nazis actuarán de tal manera que al poco tiempo todo el pueblo reaccionará y los correrá. Un error fatal en el que cae muchas veces la izquierda, y que muchas veces ha demostrado ser eso: un error tremendo.
Hitler no está dispuesto a caer parlamentariamente, aunque subió parlamentariamente. El 27 de febrero de 1933 se produce aquel famoso incendio del Parlamento alemán, del Reichstag, del cual está demostrado que fue una cuestión organizada por el propio gobierno hitleriano y que sirvió de pretexto para declar el estado de emergencia durante el período electoral, cancelar las garantías individuales, prohibir al Partido Comunista, suspender por quince días, también en el período electoral, al Partido Socialdemócrata, encarcelar decenas de miles de dirigentes, desatar la primera gran ola de terror de este gobierno. El 5 de marzo tienen lugar las elecciones, los nazis, a pesar de todo, no logran mayoría absoluta. Pero logran, con el apoyo de los partidos burgueses y con la abstención de la socialdemocracia la cancelación de las diputaciones comunistas y posteriormente la prohibición de los demás partidos. La socialdemocracia saca a los sindicatos a desfilar bajo la bandera nazi el 1° de mayo del 33, como demostración de fuerza, y el 2 de mayo el parido nazi, mejor dicho el gobierno, asalta los locales sindicales y cancela el movimiento sindical como tal. Fue el pago por la ilusión que buena parte de la socialdemocracia y la dirección de ésta tuvo en la legalidad.
El 3 de marzo, dos días antes de las elecciones, Thalmann, que vivía en la clandestinidad, es apresado. El gobierno anuncia que le va a hacer un juicio para condenarlo por traidor a la nación. Pero antes se hace el juicio a Dimitrov, dirigente comunista búlgaro, asilado en Alemania, acusado de haber provocado el incendio del Reichstag. Nada más que Dimitrov tiene la habilidad y el valor por transformar aquello en un juicio en contra del gobierno alemán: en plena sala del tribunal del Estado en Leipzig (hoy Museo de Dimitrov), acusa a Goering de haber sido el incendiario. La cuestión es tan fuerte y tan pública que al gobierno no le queda más que absolverlo. Todavía tratan de mantenerlo en prisión. La Unión Soviética lo declara ciudadano soviético. No les queda más remedio que darle permiso de salir y llega posteriormente a ser el secretario general de la Internacional Comunista.
Los nazis aprendieron de esta situación y no le dieron oportunidad a Thalmann de un juicio, juicio para el cual se preparaba, y que indudablemente hubiera usado para desenmascarar con todo el vigor de un profundo conocedor, de un hombre valiente, lo que el nazismo estaba haciendo. Sigue preso los once años, con maltratos, muchas veces aislado, en determinados periodos puede recibir visita de sus familiares, las cuales aprovecha siempre para denunciar la situación en que se le tiene, aunque esto a su vez le significa nuevos maltratos; en 1944, indudablemente viéndose ya perdidos y queriendo privar al proletariado alemán de un dirigente de enorme prestigio, de un gran conocimiento y de una gran habilidad política, Hitler y Himler acuerdan eliminarlo. Se conocen los datos, se han publicado las notas de Himler de esa entrevista que tuvo con el jefe en crímenes de la Alemania nazi, con Hitler. El 14 de agosto, en ese acuerdo deciden eliminarlo, lo llevan de la prisión donde se encontraba al campo de Buchenwald, donde es asesinado el 18 de agosto.
La breve biografía que acabo de presentar nos muestra un luchador consecuente, sereno, firme. Pero los adjetivos solos no nos ayudan bastante para aprovechar sus enseñanzas. Es muy peligroso el llamado «juicio de la historia’, y si tratamos de hacerlo los historiadores profesionales, pues puede ser peor, porque tenemos siempre la tendencia a considerarnos jueces imparciales y, entre paréntesis, si somos marxistas como yo creo serlo y nos consideramos imparciales, caemos en un absurdo: en la sociedad humana no hay imparcialidad, simplemente no existe. Tendemos mucho a considerarnos infalibles, siempre sabemos mejor lo que deberían haber hecho los que estuvieron a la hora de los balazos en el frente, que desde luego, pueden haberse equivocado, pero tuvieron que tomar la decisión sin el gabinete y sin la calma con que nosotros podemos decir lo que otros deberían haber hecho; y esto resulta una falacia.
Por supuesto, debemos examinar el pasado, no sólo conocerlo, sino examinarlo con todo el cuidado, tomando en cuenta todas las circunstancias del momento, tomando en cuenta los distintos elementos, no caer en la simple alabanza. No hay ningún ser humano que actúe, que no se equivoque en algún o algunos momentos. El único que no se equivoca nunca es el que no actúa, y está equivocado globalmente. Si queremos ser consecuentes como revolucionarios científicos, tenemos que examinar críticamente lo que nos interesa. Podemos, para ello, especular, siempre y cuando tengamos la conciencia de que lo estamos haciendo; es decir, que no estamos pronunciando un juicio, que no estamos hablando de situaciones reales, sino que estamos imaginando situaciones, que estamos extrapolando algo, con mayor o menor certeza. Tenemos que volver después al examen de la realidad concreta, para llegar a conclusiones científicas que nos sirvan para aprender de situaciones y para enfocar nuevas situaciones.
Bueno, si queremos especular: ¿Qué hubiera hecho Thalmann si hubiera vivido en la postguerra? Indudablemente hubiera sido uno de los dirigentes principales, podría pensar el dirigente principal, pero esto nunca debe plantearse en una especulación con esa rigidez. Sin duda hubiera sido uno de los dirigentes principales en la lucha por la eliminación del fascismo, por la construcción de una Alemania socialista. No creo que la supervivencia de ese hombre, con todo y lo grande que fue, hubiera impedido la reconstrucción de una Alemania capitalista o imperialista en una parte de ese país. Eso no dependía ni de una persona, ni de un grupo de personas; sobre todo en una situación histórica compleja, en la cual no nos toca profundizar en este momento. ¿Hubiera hecho lo mismo de lo que se ha hecho en lo que al principio fue la zona de ocupación soviética, y que hoy es la República Democrática Alemana? Estoy convencido de que en algunos detalles hubiera tenido opiniones distintas; y estoy convencido de que las hubiera manifestado dentro de su partido. Estoy convencido, con certeza, de que hubiera estado de acuerdo con uno de los pasos más importantes en la formación y el desarrollo de la RDA, en la fusión de los dos partidos obreros. Ahí también sobrevivieron la socialdemocracia y el PCA y se fusionaron poco tiempo después de la liberación. Y esta fusión dio el núcleo político para la construcción de una Alemania democrática y socialista. Estoy absolutamente convencido, viendo todos los antecedentes, que Thalmann hubiera estado de acuerdo con todo lo fundamental de lo que se ha hecho.
Creo que entre las constantes de su acción se ve siempre la firmeza, la falta de pánico ante situaciones difíciles, la capacidad de autocrítica, el buscar las causas de las dificultades, de los problemas, no recurrir a la magia. Hay una frase de Lenin que muchas veces es muy mal interpretada. Cuando Lenin dice: «Hay que transformar las derrotas en victorias», cuando lo dice, y en la forma en que lo aplica como dirigente de su partido, es evidente de qué se trata: analizar a qué se debió la derrota, cuál fue la actuación que se tuvo y cual hubiera sido la actuación que se hubiera podido tener para evitar esa derrota; y entonces, en una siguiente ocasión histórica, -que la historia siempre vuelve a producir nuevas ocasiones-, haber aprendido de la derrota para obtener la victoria. Creo que de ninguna manera se puede interpretar aquella frase de Lenin, «transformar las derrotas en victorias» en el acto de magia que algunas personas quieren aplicar muchas veces y que dicen: «lo que todo mundo creyó que era una derrota, en la práctica fue una victoria». «Nos pegaron, con lo cual ya demostramos que el otro usa garrote». Bueno, si eso es una victoria, alguna vez en una discusión de ese tipo se dijo, en ese sentido la mayor victoria para el proletariado mundial fue la subida del nazismo al poder en Alemania, porque desenmascaró a la burguesía mundial. La peor derrota del proletariado alemán fue la revolución soviética que no desenmascaró a nadie, no, no desenmascaró a nadie, nada más tomó el poder. aquí llevamos al absurdo el intento de la transformación mágica de la realidad.
No creo que Thalmann hubiera caído en la formula fácil de simplemente atribuir al enemigo los problemas, como por ejemplo hoy lo hacen algunas personas respecto a Polonia. Por cierto, tuve oportunidad de hacer una visita a la RDA en mayo de este año, y como es lógico, hablé con mucha gente sobre Polonia. Son vecinos, hay muchas relaciones, hay mucha preocupación. Y no encontré ni una sola persona que me dijera: «todo aquello se debe a la infiltración de agentes imperialistas, a la CIA; o alguna cosa de esas. De que todo mundo está convencido que la CIA no se chupa el dedo y que interviene, claro que sí, pero lo que encontré y me pareció muy lógico y muy justo, y vuelvo a mi tema básico para decir que Thalmann hubiera compartido esa línea, es una preocupación profunda por encontrar las causas de esa situación difícil, delicada, que se está dando en un país socialista.
Para terminar, creo que el aspecto principal en la vida de Thalmann en su constante ligazón con su clase, su preocupación por no desligarse de ella, por recordar siempre que el motor de la historia es la lucha de clases, como lo señalan los clásicos del materialismo histórico; en nuestros días, la lucha del proletariado. No desligarse de la clase, no sobreponerse a ella, dirigirla auténticamente, políticamente, es decir analizando, exponiendo, haciendo ver, discutiendo, convenciendo, organizando, aplicando. Creo que esto fue lo que Thalmann aplicó durante toda su vida.
En una de sus últimas cartas de la cárcel dice que él siempre se ha considerado un hijo de la clase obrera de su país. Y creo que además de haber sido hijo de la clase obrera alemana fue también uno de sus más valiosos exponentes.
Después de la guerra, en una lucha dura, nace la RDA. Esto ya no es Thalmann. Pero si es Thalmann.
La RDA es el país continuador de las mejores tradiciones del humanismo alemán, país enemigo implacable del nazismo, de las raíces del nazismo, que a fin de cuentas es el capitalismo y de todos los intentos de revivirlo.
En la RDA está vivo el recuerdo de Thalmann, el gran luchador contra el fascismo, contra la guerra, por el socialismo que es la liberación del género humano.